(1). - Boletín informativo del SDEUM sobre CC.OO.. Mayo, 1968
(2).- Acción Universitaria. Organo universitario del Frente de Liberación Popular (FLP). 15 de mayo de 1968.
(3).-Hoja informativa número 25: "¿Por qué luchamos?. Las razones de la revuelta". . Departamento de Información del SDEUM. Facultad de CC.PP. y EE. 20 de mayo de 1968
ALGUNOS RECUERDOS
DEL MAYO DE 1968
En las semanas inmediatamente anteriode al mayo de 1960
, nuestra lucha estudiantil estaba aún orientada fundamentalmente, a sacar fuera de los centros universitarios a la policía instalada en ellos. La ocupación física de los establecimientos universitarios por la fuerza policial (con. -cuartelillos en las propias Facultades y Escuelas) establecía por sí sola una tension y actividad critica trente a ella casi
Después de la larga lucha de todo el curso anterior, el Sindicato Democrático de Estudiantes estaba reconocido de hecho en la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas, en la que yo era en ese momento delegado del Sindicato Democrático de Estudiantes de la Universidad de Madrid (SDEUM) en el quinto curso de Económicas.
Releyendo hoy las hojas informativas de nuestro eficaz Departamento de Información del sindicato estudiantil de aquellas fechas, parece que nuestra principal actividad en esas semanas intentaba mantener la necesaria unidad de acción entre los universitarios, en el momento en que aparecían otras formas de crítica y de lucha diferentes a la específicamente sindical, como la que se realizaba en aquellos momentos a través de los carteles y murales, contra el régimen político impuesto en España, o contra la figura del dictador (lo que forzaba casi de inmediato la intervención policial), y cuya decisión de colocarlos no había sido tomada por el propio sindicato de estudiantes, sino por la acción directa
Men aquellos días, las discusiones sobre la oportunidad de retirar o no dichos murales, nos llevaba a largas disputas teóricas sobre el derecho a la libertad de expresión, frente a los que nos exigían como delegados sindicales que retiráramos aquellos carteles, lo que desde luego, como demócratas, no estábamos dispuestos a hacer. Si habíamos conquistado parcelas de libertad, no era cuestión de usarlas para sólo escuchar las opiniones mayoritarias. Las minorías tenían también derecho a exponer sus propias opiniones, a
Francisco Alburquerque través de sus propios medios. No entendíamos de otra forma la democracia por la que estábamos luchando.
Frecuentemente, mientras discutía mos todo eso, la policía solía recibir órdenes de retirar inmediatamente los carteles, lo que nos unía a todos en la protesta, relegando para mejor momento nuestras interesantes discusiones sobre el ejercicio de la democracia y la oportunidad política de las diversas formas de crítica en cada coyuntura concreta.
Lo cierto es que, pese a todas las dificultades, en aquellos momentos el sindicato democrático de estudiantes avanzaba decididamente, llevado por nuestros compañeros y compañeras más capaces, hacia la conexión de nuestras reivindicaciones con las correspondientes a la organización más representativa de la clase trabajadora, que era, en ese momento, Comisiones Obreras. Creo que era esto, precisamente, lo que la dictadura intentó evitar a toda costa, sin éxito alguno.
En un Boletín Informativo del SEUM, de mayo de 1968, dedicado a las Comisiones Obreras, se puede leer que el sindicato estudiantil era solamente un medio de autoorganización hacia el objetivo de la Reforma Democrática de la Universidad. Pero la premisa fundamental de una universidad democrática es que ésta sea popular, es decir, abierta a todos los sectores que componen la sociedad(1). La reforma democrática universitaria por la que luchábamos no era pues posible sin una transformación profunda de las estructuras socioeconómicas del Estado. Y ello obligaba a iniciar, por tanto, los contactos con las organizaciones implicadas también en la transformación democrática y popular de la sociedad, como lo eran las organizaciones obreras.
El movimiento universitario -decía entonces el órgano universitario del Frente de Liberación Popular (FLP)-., a partir de las contradicciones específicas de los estudiantes en nuestra sociedad, y en la lucha por sus objetivos, se plantea ahora reivindicaciones que, superando el marco de la universidad burguesa, se dirigen hacia una crítica radical de toda la
estructura de la sociedad capitalista(2).
Tan solo unos años atrás, yo había decidido, como tantos otros (y otras) estudiantes, enfrentarnos a nuestro propio momento histórico, decididos a que no se nos negara nuestra propia identidad como personas y como ciudadanos (y ciudadanas) de pleno derecho. No queríamos el sindicato vertical impuesto, y desde luego, nos negábamos a ser otra cosa que lo que nosotros decidiéramos ser, por nosotros mismos. Acaso esa era nuestra fuerza principal.
Yo no tenía entonces ninguna formación política, de modo que me solía manejar con aquello que sentía como parte más interna de mí, esto es, unos planteamientos éticos humanistas elementales (no exentos de idealismo), así como mi propia fortaleza para afirmar una ancestral aspiración de libertad.
Muchos de nosotros (y nosotras) nos enfrentábamos a la dictadura sin ser "militantes" de nada. En ese momento, se trataba -como digo- de nuestra propia afirmación al intentar ser nosotros mismos. No era rebeldía; sino deseo de libertad.
Octavio Paz ha escrito que libertad es el derecho a decir NO al poder. Yo, efectivamente, lo viví entonces -y lo sigo viviendo aún ahora- de ese modo, bastante convencido de que la libertad debe situarse en el terreno de la práctica, y no sólo en el de las meras declaraciones filosóficas.
Pero, aunque no tuviera entonces formación bibliográfica, yo sí que había aprendido, casi sin darme cuenta, .mientras trabajé como auxiliar administrativo y encargado de un pequeño almacén de montajes eléctricos en Córdoba (mi ciudad natal), recién terminados los estudios de bachillerato y preuniversitario, cuáles eran la naturaleza y características de las relaciones laborales y el antagonismo social básico entre patronos y obreros: en los días que faltaba el patrón
(que no eran pocos), el taller seguía funcionando; pero no era así cuando los trabajadores paraban para exigir el pago de sus salarios. Muchas veces he notado posteriormente la diferencia entre los que hablan de la clase obrera cuando solo la han "leído" y mi propia concepción vivida, del lado de ella misma. He aprendido a desconfiar tremendamente de los primeros.
En aquellos años de la segunda mitad de los sesenta, mientras era estudiante en la Facultad de Ciencias Políticas y
Económicas de la Universidad (Complutense) de Madrid, aprendí también, fuera de las clases, en aquel entorno vivo que las autoridades llamaban "actividades extra-académicas" (y que a mí me enseñó y destapó quizás algunas de las cosas más importantes que una persona puede aprender en ese período de formación universitaria), en aquel entorno -digo-, aprendí algo que nunca he olvidado, y que ha sido acaso una de las reflexiones que más me ha acompañado, y a la que sigo teniendo, pese a todo, una irracional fidelidad: «cuando no se vive como se piensa, se acaba fácilmente pensando como se vive...».
Hoy mismo, mientras me ateitaba por la mañana, escuchaba por radio las palabras del representante del Ministerio de Educación y Ciencia, negándose a negociar con los sindicatos de profesores mientras éstos mantuvieran la huelga. Es ésta una afirmación de presunta "autoridad" que siempre he considerado tan inútil como estúpida; pero aunque la he escuchado miles de veces, siempre había sido a decanos, rectores o ministros franquistas; policías; militares; prensa conservadora; y antidemócratas en general. Ahora las escuchaba, sin embargo, de quien había sido conmigo -y viviendo en el mismo piso a escondidas de la policía- nada menos que delegado de actividades culturales del SEUM en la Facultad de Políticas.
Metidos de lleno en la lucha contra la dictadura, contra la policía, y contra una sociedad injusta, el recuerdo del Mayo francés que tengo en esos momentos es el de un movimiento paralelo a nuestro movimiento estudiantil en Madrid, realizado en un contexto cualitativa e históricamente diferente, pero que acertaba a expresar magníficamente, sobre todo a través de sus "slogans" y pintadas murales, gran parte de una lucha que era ciertamente común. Mucho antes de que leyésemos en los muros de París de 1968 que «la democracia no se vota, se hace», nosotros ya teníamos una buena práctica en ello.
El atractivo de nuestra propuesta de autoorganización sindical democrática, y nuestra fuerza principal, fueron siempre el carácter abierto de nuestros debates en asamblea, donde aprendimos de veras el funcionamiento de la democracia real, y quizás por eso, aún ahora a algunos sigue sabiéndonos a bastante poco su sustituto formalista
Pero, ¿por qué luchábamos aquí y allá los estudiantes en 1968?.
En un artículo publicado en el número
1 de "Action" el 7 de mayo de 1968, que fue reproducido por el Departamento de Información del SEUM en la Facultad unos días después(3), se exponen con claridad las razones de nuestra revuelta: los estudiantes rechazábamos una universidad cuyo único fin fuera el de formar los patronos del mañana; rechazábamos un sistema social autoritario y jerárquico; y rehusabamos ser los servidores de dicho sistema.
En el caso francés, el intento de reforma tecnocrática de la universidad del plan Fouchet, y las intenciones de introducir una selectividad de entrada en la misma, desencadenaron la protesta estudiantil en Nanterre, intentando evitar el normal funcionamiento de una universidad "fábrica de cuadros para la burguesía", y transfórmándola en un lugar de crítica permanente. A partir de ahí se interrumpen cursos, se discute a los profesores, y se critica el exámen como método irracional de control e incitador del individualismo.
Nosotros no teníamos aún, en este sentido, nada más que algunos intentos aislados, que posteriormente al Mayo francés se ampliaron considerablemente. Pero nuestras luchas coincidían también en una concepción global y solidaria ante el mundo, mediante la crítica a la intervención norteamericana en Vietnam; la defensa de la revolución cubana; el derecho legítimo de los pueblos (sobre todo los pueblos subdesarrollados) a su independencia y soberanía nacionales; etc... Por eso el "poster" Che Guevara estaba en nuestras habitaciones; era esa misma capacidad solidaria de identificación con los desposeídos, con los marginados, por una sociedad mejor, lo que nos movia, lo que nos interesaba, frente al futuro que ofrecía la sociedad actual, que no era otro que el de convertirse en "cuadros" encargados de aplicar contra los trabajadores un sistema al que nosotros mismos íbamos a
En Francia, aquel movimiento estudiantil, como es sabido, logró arrastrar consigo un amplio movimiento de masas, venciendo las importantes resistencias iniciales de las organizaciones de izquierda y obreras tradicionales, a quienes los estudiantes criticaron por su ineficacia y burocratismo. El Mayo francés, como he dicho antes, se desarrollaba en un contexto cualitativa e históricamente diferente al del Mayo de 1968 en Madrid. En aquel caso, la protesta de fondo se dirigía también contra una democracia formal en la que las organizaciones tradicionales de izquierda (sindicatos, partidos) estaban integradas de hecho, vaciándose con frecuencia en un parlamentarismo inoperante, y subordinando totalmente la acción de masas a la burocracia y a la acción electoral de los partidos. En otras palabras, el Mayo francés abrió también la crítica al burocratismo, dogmatismo y autoritarismo de las organizaciones de izquierda, denunciando su incapacidad para transformar la realidad.
En España, la resistencia y la lucha contra la dictadura, que como es sabido se prolongó bastantes años más, permitió demorar la aparición de dicha crítica en el seno de la izquierda, que siguió aglutinada, en esa lucha, manteniendo los viejos idearios y formas de orga-
Veinte años después de que los estudiantes del mayo de 1968, aquí y allá, evidenciáramos que la finalidad última de la izquierda no es tanto llegar al gobierno como cambiar la vida, parece que todavía no lo hayamos aprendido, o simplemente, aún estamos en ello.
Sevilla, abril de 1968