Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Lo que quiere "Carta 77"

· Inprecor n.º 60, abril de 1988 · pp. 21-28 · 6.596 palabras

Checoslovaquia LO QUE QUIERE

"CARTA 77"

Petr Uhl Enero de 1968: Alexandre Dubcek reemplaza a Antoni Novotny al frente al frente del Partido Comunista checo. Así nació la Primavera de Praga, sobre la que publicaremos un amplio artículo en nuestro próximo número. En abril de 1969, Gustav Husak reemplaza a Dubcek. Entre estas dos fechas, el 21 de agosto de 1968, las tropas del Pacto de Varsovia entraron en Checoslovaquia, llevando en sus maletas la "normalización".

Milos Jakés que ha sido nombrado secretario general del PC checo en diciembre pasado, tras la retirada de Husak, fue vice-ministro del Interior hasta 1967 y uno de los más virulentos opositores a la liberalización de 1968. De 1969 a 1977 fue presidente de la Comisión de Control del partido y como tal contribuyó activamente a purgar al PC de algunos centenares de miles de militantes, participantes a niveles muy diversos en la Primavera de Praga. Con este dirigente, parece que Checoslofvfaquia va a ponerse a la hora de la "perestroika"' y el "glasnost" a paso de tortuga. Checoslovaquia no es la URSS. Como ha declarado el propio Jakés: «Hemos sacado las lecciones de 1968-1969 y sabemos a dónde llevan esa clase de retrocesos»...

Desde hace muchos años existen en Checoslovaquia movimientos cívicos independientes: el principal es Carta 77, fundada hace ahora 11 años. En este movimiento se están desearrollando importantes debates, en particular, sobre la posición a adoptar ante la política de Gorbachov. Son numerosos los ex-comunistas

By apoyan por ello a Gorbachov la entrevista col

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NOTAS (1). Vasil Bilak, Secretario del Comité Central, dirigente de los "duros". Chnupek, Ministro de Asuntos Exteriores. (2). Así se llama, en lenguaje popular, al beso tradicional de los hombres políticos del Este. (3). Abril de 1945: Fusión del gobierno Benes, en el exilio en Londres desde 1940, y del movimiento emigrado a la URSS; formación del gabinete Fierlinger (socialista) en el que están representados cuatro partidos: socialistas, comunistas, social-demócratas y populistas. 1946:

Victoria del PC en las elecciones (38%) y gobierno de coalición de Klement Gottwald, Benes es Presidente de la República.

1948: oleada de huelgas, dimisión de los ministros no comunistas, después Benes, convirtiéndose Gottwald en Presidente de la República. Nueva Constitución y elecciones que aseguran el dominio burocrático del Partido Comunista: (4). Texto de la Carta, publicado en mayo de 1984, que provocó vigorosas polémicas. (5). Un tercio de los miembros de la Carta se declaran cristianos, una infima minoría de ellos practicantes, mientras que en el conjunto del país, dejando aparte Eslovaquia, un infimo porcentaje de la población es practicante (por ejemplo, un 1% en Praga). (6). De 1.300 firmantes, 200 se exiliaron, algunas decenas han muerto, algunos han retirado su firma.

El abanico de opiniones refleja bastante bien la variedad de ideas que existe en a población en general. Se encuentrar as opiniones más locas. Por eiemplo, st oye decir frecuentemente que los checos están dominados por los eslovacos, ya que Husak, Bilak, Chnupek, (1) son esovacos; que todo esto no es mas que una gran supercheria, a semejanza de 1968 cuando la dirección Dubcek se había puesto de acuerdo con Moscú para abrir las válvulas de liberalización, creando así las condiciones para la intervención soviética. Inversamente, se puede escuchar que Gorbachov echará pronto a los actuales dirigentes para instalar a Dubcek en su lugar, o bien que todo es culpa de los francmasones o del ateismo, etc... Pero fue precisamente la visita de Gorbachov la que puso fin a muchas de las ilusiones que tenían los checoslovacos "apolíticos". Pequeñas cosas, aparentemente sin importancia, irritaron a la población: "el doble Nelson" (2) entre Gorbachov y Husak en el aeropuerto de Bratislava o la frasecita del soviético, que se obstinaba en repetir en sus discursos que Checoslovaquia forma parte de los 10 países más desarrollados del mundo, lo que tenía la virtud de enfurecer a la gente. Efectivamente, considerando el retraso general adquirido respecto a Occidente, los checoslovacos creen encontrarse más bien entre los veinte o treinta países más desarrollados. Este retraso, ampliado más aún por el rumor popular, se atribuye generalmente a la dominación soviética y a la integración forzada en el seno del Comecón, es decir precisamente en el sistema que dirige Gorbachov.

A pesar de la diversidad de opiniones existente en cuanto a la evolución del país, incluso frecuentemente en ausencia de toda opinión, la población, en su conjunto, sigue unida en su hostilidad, llevada a veces al ridículo, hacia la actual dirección del Partido y del Estado. Prueba de ello, la cantidad de chismes que se propalan o el fantástico eco que encontró el discurso del actor Milos Kopecky, retranscrito y copiado clandestinamente por la gente. Pronunciado durante el Congreso de la Unión de Artis•tas Dramáticos en mayo de 1987, hace un llamamiento a los actuales dirigentes a salir "con honor" ahora que todavía están a tiempo: El llamamiento lanzado por algunos obreros moravos, de los que algunos son firmantes de la Carta 77, se había formulado de forma semejante. Una influencia positiva

Pero volvamos de nuevo a los ex-comunistas. Su influencia sobre la Carta 77 es objeto de numerosos rumores y de muchas ilusiones, especialmente entre los exiliados checoslovacos. Es cierto que ejercen una influencia relativamente grande, tanto por su número como por sus análisis políticos y económicos, muy elaborados. Sin embargo, quien esto escribe, conocido adversario de muchas de sus tesis, conceptos y estereotipos, estima que esta influencia es positiva y enriquecedora. Han aportado a la Carta 77 toda una serie de impulsos y de ideas. Algunas no son aceptadas y dan lugar a debates, lo que está bien de por sí. Retomando alguna de estas ideas y rechazando otras, la Carta se orienta, se delimita, se corrige y refuerza así su vitalidad. Por otra parte, lo mismo ocurre con la influencia de los medios conservadores y de otras corrientes de ideas que se manifiestan en su seno. Forzosamente, la razón de ser de la Carta no será comprendida por quien la conciba como una coalición opositora o una nueva especie de Frente Nacional checoslovaco de los años 1945-48(3). La Carta es un agrupamiento que defiende los derechos humanos, una iniciativa cívica duradera que parcialmente toma la forma de un movimiento - ique pueda reforzarse!- y que, precisamente, por existir como tal, renunció a elaborar un programa político común o a convertirse en base de una actividad política opositora.

Las razones de esta autolimitación original hay que buscarlas más en el deseo de mantener la cohesión interna que en el temor a una amenaza externa, aun cuando esta última existía y sigue estando presente. Una asociación pluralista así comprendida no excluye ni la posibilidad para sus miembros de reagruparse sobre una base política en otras esferas de actividad, ni la existencia de otros grupos, no solamente políticos, cuyas relaciones con la Carta son a menudo muy complejas. Pensar que en la Carta hay cualquier tipo de hegemonía es totalmente falso.

Los intentos de utilizar la Carta para los objetivos político o ideológicos de una parte de sus firmantes son frecuentemente objeto de críticas en sus propias filas. La ofensiva de los conservadores

Antes de examinar si, y cómo, estos intentos se manifiestan hoy en las tomas de posición de la Carta sobre la política de Gorbachov y sus consecuencias en Checoslovaquia, nos gustaría evocar brevemente la tormentosa discusión que tuvo lugar hace dos o tres años. La provocó la publicación de un documento de la Carta 77 titulado "Derecho a la Historia"(4) y, sobre todo, la publicación de una explicación posterior de sus autores, anónimos. Aun cuando todo se decía de forma encubierta, este texto manifestaba su hostilidad no solamente respecto al marxismo y al socialismo (en el sentido de los conceptos originales), sino también respecto a la modernidad, el Renacimiento, la Reforma y todo tipo

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de impiedad, y no ocultaba su inclinación por el feudalismo y el antiguo imperio austro-húngaro. Su publicación coincidía con el pretendido retorno de la religión a Checoslovaquia (tendencia que tiene causas socio-políticas mucho más profundas y que, sin duda, es estadísticamente menos fuerte que la ción" progresiva de la sociedad, o más

"agnostización") y con una tentativa de ligar los conceptos integristas y conservadores al catolicismo en particular y al cristianismo en general, de presentarlos como la única interpretación cristiana posible. Se puede una explicación de este acontecimiento en la sobre-representación de los cristianos, especialmente católicos, en el seno de la Carta, donde su número sobrepasa ampliamente su representatividad en el conjunto de la población, especialmente en Bohemia y Praga(5). La discusión se mantuvo durante varios meses y, evidentemente, no ha decidido si se debe o no rechazar "la ciencia positivista". Sin embargo, demostró perfectamente los límites de un reagrupamiento pluralista unido en torno a la defensa de los derechos humanos. Finalmente, el intento de los conservadores sirvió de lección a todo el mundo. Provocó lo contrario de lo que quería: la visión en blanco y negro del mundo fué rechazada una vez más, aun cuando todavía no está completamente muerta.

Otra tendencia, ésta menos violenta, representa una amenaza para la Carta: el nacionalismo. Los que consideran la nación y la patria como valores intocables son poco numerosos en el seno de la Carta y sólo algunas personas mayores se reclaman, con bastantes reservas por otra parte, de una visión nacionalista. Al igual que los ex-comunistas, no creen demasiado en la glasnost gorbachoviana, pero piensan que es buena táctica simularlo (porque las ilusiones se transforman a fin de cuentas en actos y porque la verdad no es aquí algo muy importante), hay gente de más edad en la Carta 77 que, sobre este tema del nacionalismo, está persuadida, frecuentemente tras contactos que han tenido con miembros de su generación, que estas tradiciones "funcionan" y que, en consecuencia, la Carta debería convertirse en conciencia o portavoz de la nación. Felizmente, este punto de vista no se manifiesta a menudo en los documentos de la Carta. Un cierto "nihilismo sano" de la población y especialmente de los jóvenes es demasiado evidente y se convierte en argumento convincente en los debates con quienes se sienten tentados a explotar el nacionalismo.

No faltan problemas en la Carta. Ultimamente, se discute mucho del ghetto en el que se encierra (precisamente a causa de la glasnost, de la que se habla por todas partes), de su influencia mínima, nula incluso, sobre la opinión pública checoslovaca, en contraste con su renombre en el extranjero. Este aislamiento de la Carta es ligado por alguno de sus críticos a la atmósfera de elitismo de espíritu, de paternalismo, de las costumbres cartistas, según las cuales todas las decisiones importantes son tomadas por un vago "núcleo activo" de la Carta. La crítica está a veces justificada, a veces no, y no faltan tentativas de cambiar este estado de cosas. La dificultad reside en la propia naturaleza de la Carta, que no es una organización. Su funcionamiento no está sometido a las reglas del juego democrático, es decir el derecho de la mayoría a tomar decisiones y el derecho de la minoría a organizar el rechazo. Funcionamiento por consenso

La Carta funciona sobre la base de un consenso general al que sus portavoces, antes de publicar un documento, etc, tratan de llegar - según su propio juicio y, sobre todo, según sus posibilidades-. Este principio de funcionamiento es muy vago y si se quisiera seguirlo al pie de la letra la Carta se vería condenada a la impotencia. En una asociación de más de 1.000 personas(6), siempre hay alguien que no está de acuerdo. Hay problemas peores: no hay contactos entre los portavoces y la mayor parte de los firmantes. Esta situación se debe en parte a que varios centenares de ellos están totalmente pasivos, no por miedo a la policía sino por razones diversas (desacuerdo con la actividad de la Carta, falta de cultura, edad, timidez, soledad en el sitio donde viven, etc.), en parte porque la policía les impide tener contactos, sobre todo a los que no viven en Praga, y finalmente a causa de la falta de Uhe y su compañera, hace unos años en Pragá.

cualquier tipo de organización en el inte-

Quizás a consecuencia del debate general, en la Carta y en el exterior, sobre la posibilidad de una democratización, se comienza a discutir sobre estas cuestiones en el seno de la Carta. Falta de espiritu critico, herencia estalinista de la

, voluntad conservadora de no tocar nada del insatisfactorio estado del funcionamiento interno de la Carta: muchos elementos que frenan la discusión; en consecuencia, una mejora real no puede imponerse más que dolorosa y muy difícilmente. Esta debilidad interna tiene también su vertiente externa: la Carta se lanza sólo con vacilaciones y lentamente a nuevas iniciativas y actividades, tanto las que entran directamente en sus atribuciones, como aquellas que podría apoyar y estimular, y sólo difícilmente integra nuevas formas de trabajo. Pero también en esto se ven hoy los primeros signos de renovación, un nuevo interés por la colaboración con movimientos independientes de Europa del Este (respecto al movimiento pacifista occidental, los contactos y el diálogo son una realidad desde hace varios años), un acrecentado interés por la ecología, llamamientos a la población, apariciones públicas de los firmantes, encuentros de discusión, y sobre todo el famoso "forum de la Carta", lugar de encuentro entre firmantes y no firmantes, lugar también donde se verifica el consenso de la Carta con los firmantes que no han tenido la ocasión de expresarse hasta entonces. A pesar de estos cambios positivos, es forzoso constatar que no se ha dado un giro decisivo. Sin embargo, hay que añadir que el hecho más significativo de los últimos diez años es la propia existencia de la Carta, ya que ella supone, en una sociedad relativa-

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(7). Uno de los dos textos publicados por la Carta en enero de 1987; el otro es "Carta a los firmantes". (8). Jan Hus: preconiza la resistencia nacional y religiosa al papado; quemado por hereje con Jerónimo de Praga en 1416. Sus discípulos, los hussitas, son excomulgados.

Thomas Massaryk (1850-1937): dirigente de la lucha de la independencia contra el imperio austro-húngaro, fundador del Estado checo. Influenciado por las ideas positivistas de Auguste Comte y el humanismo cristiano, piensa el modelo de una democracia ideal. Sigue siendo una referencia por su autoridad (9). Declaración de la Carta con ocasión del 19 aniversario de la invasión de las tropas del pacto de Varsovia, en la que se dice: «Para nosotros, la reconciliación nacional significa intentar una nueva salida, tentativa que sería aceptable por toda la gente de buena voluntad para quien el bienestar de su país es un asunto del mayor interés» (Palach Press). (10). El minúsculo Partido Socialista (oficial) fué traspasado en 1968 por la liberalización. Los partidarios de esta última fueron "normalizados" en 1969 o partieron por sí mismos.

mente no-libre, un espacio de libertad un medio de individuos relativamente libres y un lugar de debates libres. Un espacio limitado

Un fenómeno nuevo aparece en las discusiones que realiza la Carta: llamamientos a la democracia, a una demo. cracia política, aun cuando no le corresponda a la Carta definir la organización de un nuevo sistema. Este fenómeno nuevo es consecuencia de la evolución soviética y sobre todo obra de los ex-comunistas. El llamamiento a una democracia está contenido en el documento publicado en 1987 para el décimo aniversario de la creación de la Carta, titunos"(7). La formulación de un proyecto de futura organización política de Europa o el diálogo con los grupos de paci istas occidentales —proyecto y diálogo que están limitados por renuncia explícita de la Carta "a su propio programa de reformas y de cambios políticos y sociales" (Declaración fundacional de la Carta 77)- manifiestan hoy la necesidad de una organización democrática, postulada por la Carta. Sin duda no se trata más que de un simple marco general, pero justificado por los estrechos lazos que existen entre el sistema político del país y la situación de los derechos humanos. El interés que la Carta concede a las cuestiones de la paz se explica por la misma razón: las relaciones mutuas entre la paz y los derechos humanos. Pero, querer proseguir en esta dirección, querer precisar la naturaleza de la democracla propuesta (y no se trata solamente de la contradicción entre. parlamentaria y autogestionaria), es imposible para la Carta, a causa de las razones evocadas. Es tarea de formaciones políticas, hoy casi inexistentes, cuya aparición y actividad debería favorecer y defender la Carta. Ya este postulado de la democracia, cuya aparición explícita tan sólo data de este año en los documentos oficiales de la Carta, probablemente no encuentra en el seno de la Carta, ni sobre todo en sus márgenes, un consenso total: algunas tendencias corporativistas, que se traducen en cierta comprensión del papel de los portavoces y sus opciones, podrían reflejarse en una visión de conjunto de la sociedad Del mismo modo, concepciones teocráticas totalmente antidemocráticas han aparecido, fuera de la Carta ciertamente, pero sí entre sus simpatizantes, y han gozado de una cierta publicidad. Sin embargo, el peligro más importante para la plataforma democrática de la Carta proviene de las opiniones tecnocráticas que, mientras formalmente se reclaman, también ellas, de la democracia (representativa, por supuesto), en realidad realizan una gran propaganda para que expertos y profesionales tomen las decisiones. A pesar de ello, confesemos que el llamamiento a la democracia está plenamente justificado; esta necesidad es inherente al espíritu de la Carta, es producto de su declaración inicial.

Por el contrario, parece menos justificado reclamarse publicamente de ciertas tradiciones, por añadidura unilateralmente elegidas, como por ejemplo la divisa hussito-masarykiana "la verdad vencerá"(8), de las tradiciones del "islote de democracia" que el Estado checoslovaco de antes de la guerra se supone representaría o de Masaryk y su concepción de la democracia, ya sea realizada o simplemente postulada. Por mi parte, no sólo aprecio mucho a Masaryk, sino que estoy de acuerdo con él en muchos puntos en cuanto a su enfoque de los problemas sociales, y muchos de sus actos políticos fueron ejemplares. Dicho esto, no es obstáculo para que la personalidad históricamente determinada de Masaryk difícilmente pueda convertirse en símbolo unificador de la Carta 77, no sólo a causa de la autolimitación original de esta última, sino también por su pluralismo que implica que en su seno haya puntos de vista hostiles a la acción de Masaryk y a su pensamiento. Un peligro para la Carta

La filosofía política que acompaña al postulado de la democracia y de la democratización representa un peligro más grave para la Carta. Está esbozada en algunos documentos que la Carta ha publicado este año, aunque se encuentran ya huellas de ella en documentos anteriores, de forma más vaga a causa de las objeciones que algunos firmantes plantearon. Hablamos de la adhesión a la reestructuración democrática de la sociedad, de la concepción de una "democratización por arriba", incluso si va acompañada por una referencia a las presiones desde abajo, y eventualmente de un llamamiento a reformar las estructuras oficiales por la base. Expresa la voluntad de dirigirse a potenciales aliados entre los detentores del poder y en el aparato ejecutivo.

«Vosotros y nosotros, juntos, vosotros que estáis en el poder y nosotros que nos vemos excluídos, con todos los individuos de buena voluntad, debemos proceder a una democratización de la sociedad, de su sistema político, de acuerdo con la glasnost proclamada en la URSS y con vuestros propios proyectos de reestructuración». Esto no es un extracto de una cita de un documento de la Carta 77, sino un resumen de esta concepción reformista defendida en la Carta por los ex-comunistas, pero no solamente, también por todos aquellos que "toman la palabra" a las declaraciones inflamadas de un Gorbachov y a su prudente versión del grupo dirigente checoslovaco. Esta posición, a menudo

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expresada incluso de la forma más servil, desborda ampliamente el marco legítimo de la Carta 77. La oferta de una seudo-"reconciliación nacional" expresada por la Carta en dos documentos de 1987, la "Carta a los conciudadanos" y la "Declaración del 21 de agosto (9), es una de las traducciones concretas de esta posición. Sin embargo, Checoslovaquia no vive una guerra civil, ni está amenazada por ella; los conflictos sociales no son un gran problema, dada la pasividad de la población. En estas condiciones, hablar de una "reconciliación nacional" parece poco lógico. Es posible que esta consigna signifique que en caso de cambios en el país, la Carta no exigiría que se persiguiese a quienes están hoy en el poder o ejecutan las órdenes. Del mismo modo, se puede ver en ella una especie de generosidad consistente en proponer a los amos conservar el poder a condición de ceder una parte a los demás, o al menos, liberalizar el país. Tal "política" de poder no sólo es absolutamente ridícula, sino que además está en profunda contradicción con el espíritu y la vocación de la Carta y su declaración de constitución. Precisemos que esto no cambia nada al hecho de que los miembros de la Carta y los intelectuales opositores supongan efectivamente hoy, en caso de que se asistiera a una evolución política que no está muy a la vista, un amparo seguro para los actuales hombres políticos y sus lacayos. De ese medio se podría esperar al menos un esfuerzo para impedir un nuevo periodo de injusticia, violencia, venganza, etc. A quienes critican esta estrategia del "tomar la palabra" y la línea política defendida en la Carta por los partidarios (sinceros o tácticos) de la línea Gorbachov, estos últimos contestan habitualmente diciendo que, después de todo, la Carta se basa en la idea de un diálogo con el poder de Estado y que sería en consecuencia erróneo no explotar las actuales condiciones favorables, ahora que la propia dirección del Partido, en términos bastante vagos, es cierto, reclama una discusión política abierta. Diálogo sí, pero sobre los derechos humanos

Ahora bien, la Carta se basa en la idea de un diálogo sobre los Derechos Humanos porque «quiere llevar a cabo un diálogo constructivo con el poder político de Estado en el terreno que es el suyo, especialmente llamando la atención sobre los diversos casos concretos de violación de los derechos humanos y ciudadanos, preparar información sobre estos casos, proponer soluciones, presentar diferentes proyectos generales destinados a profundizar estos derechos y su garantía, servir de mediador en situaciones de eventuales conflictos provocados por lo arbitrario, (...)» ('Declaración de la Carta 77"). A continuación va lo que no entra en este diálogo, lo que no está en el terreno de la Carta. No habría nada que objetar si el diálogo fuera pedido por individuos, pero no en nombre de la Carta, independientemente del hecho de que sean o no firmantes. Va en beneficio de la Carta y de su existencia encontrar fuerzas suficientes, así ha sido hasta ahora, para rechazar cualquier interpretación política, o ideológica, unilateral y cualquier extrapolación ideológica autoproclamada, ya sean reformistas o comunistas-reformistas. Si bien es cierto que la cuestión de los derechos humanos va ligada al sistema político, también es totalmente cierto que apostar pos los partidarios de la perestroika gorbachoviana del aparato del partido checoslovaco -que no se definen claramente y no son muy honestos- o por cualquier otra fuerza política o ideológica, no es aceptable por la Carta en su conjunto. Sin embargo, es positivo que en su seno nazcan tales opiniones, que se discutan y que sean sometidas a la crítica, y de este modo, corrergidas.

Los ex-comunistas y los conservadores, en número muy débil, tienen una cierta base fuera de la Carta. Los ex-comunistas no cartistas son aún más reformistas que sus camaradas miembros de la Carta. Lo mismo ocurre con los conservadores que están fuera de la Carta, que son mucho más reaccionarios que sus amigos ideológicos del interior. Estas dos retaguardias son muy heterogéneas, no están organizadas y no representan ninguna fuerza influyente en el país, al contrario que la Carta, quien puede, a pesar de todo, ejercer su influencia por medio de diversas presiones del Los restos de la socialdemocracia

En la escena política, fuera de la Carta, encontramos los restos de la antigua socialdemocracia (la juventud socialdemócrata de la post-guerra ha envejecido) que todavía mantienen contactos entre ellos y con la Carta, por medio de algunos firmantes. Más numeroso, también permanece el grupo de los socialistas independientes que restablecen la tradición de Masaryk, del Partido Nacional de Benes, del sector progresista del Partido Socialista de 1968(10), y trata, sin gran éxito, de contactar más estrechamente con la Internacional Socialista y especialmente con el Partido Socialdemócrata alemán (SPD). Algunos firmantes de la Carta se reclaman de este grupo, otros simpatizan con él y se puede decir que los socialistas independientes ejercen cierta influencia sobre la Carta.

Como ya hemos subrayado, los cristianos, católicos y protestantes, han enriquecido y siguen enriqueciendo la Carta a nivel humano, extra-político. Es una pena que casi no presenten propuestas coherentes para resolver los problemas de la sociedad. Dejamos al margen las tendencias integristas que se contentan con criticar la decadencia moral, el divorcio, la anticoncepción y la nueva ley liberal sobre el aborto. Las corrientes modernas del catolicismo que intentan encontrar su expresión poláitica propia, como en Latinoamérica con la Teología de la Liberación o en Europa con un enfoque nuevo de la sociedad, de la moral y de la misma Iglesia, no han afectado a los católicos checos y eslovacos, aun cuando se pueden encontrar puntos comunes a los católicos de diversos países, Checoslovaquia entre ellos, en su esfuerzo por promover relaciones sociales más justas y hacer respetar la dignidad humana. Para los católicos checoslovacos, el principal obstáculo sigue siendo la posición de la misma Iglesia católica, su Jerarquía (a excepción del arzobispo de Praga, el Cardenala Tomasek) y la mayor parte de los miembros del clero, que no solamente se niegan a apoyar el compromiso social de los creyentes, sino que a veces incluso lo asEl síndrome de 1968

Antes de la visita de Gorbachov, la dirección checoslovaca era escenario de un enfrentamiento entre sus dos alas tradicionales: los conservadores (dogmáticos) y los progresistas (pragmáticOs).

Los conservadores rechazaban abier-

"calcar de forma mecánica" las experiencias soviéticas, es decir las reformas de Gorbachov, lo que resulta bastante cómico cuando se les ha visto durante veinte años gritar sin cesar en voz alta "¡La URSS es nuestro modelo!". La opinión pública conoce sobre todo a su portavoz, Vasil Bilak; los demás son poco propensos a "mojarse" en conflictos ideológicos. Esto no significa que los conservadores sean menos numerosos que los progresistas: el aparato del Partido, las fuerzas armadas, la policía, el aparato judicial, están dominados por la voluntad de conservar las cosas como están y entre ellos hay pocas simpatías por la idea gorbachoviana de que, precisamente para salvaguardar el sistema político existente que garantizara a los burócratas sus privilegiadas posiciones, hay que cambiar muchas cosas, suavizar, incluso "separarse" de los que son demasiado rígidos o están demasiado marcados por el pasado. Entre los burócratas, el síndrome de 1968 es todavía

En las condiciones checoslovacas, dicen los que temen perder sus funciones, cualquier liberalización amenaza con desencadenar un mar de fondo desde abajo que, al crecer, acabará barriendo todo

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el sistema. Sus temores son fundados y se basan en la experiencia. La mayor parte de los responsables de alto rango actuales trabajaban en 1968 en el aparato del Partido o en puestos importantes. La élite del poder constituye un complejo sistema. Hay quienes ya gobernaron gustosamente antes de 1968 y algunos de ellos vieron en peligro su puesto aquel año, continuaron tras agosto de 1968 y han proseguido hasta hoy sin interrupciones, como por ejemplo Strugal, Kapek, Bilak, Lenart. Tenemos después a las "estrellas ascendentes" dela Primavera de Praga cuando

Y, finalmente, los que fueron promovidos tras agosto de 1968, Indra, Hofman, Chnupek.

Esto explica la tardanza de la dirección Husak en adherirse, formalmente, a la política soviética de glasnost y perestroika. Algunos meses antes, esta dirección se había contentado con hablar de "una reconstrucción de los mecanismos económicos". Hoy, en Checoslovaquia se habla de una democratización, aun cuando sea con mucha prudencia. Pero si bien sigue habiendo ilusiones en cuanto a la reforma de la sociedad soviética (hay pocas informaciones sobre la URSS), en Checoslovaquia nadie se toma en serio los discursos de los diri-

Dada la longevidad de su función y su avanzada edad, estos últimos sólo están dispuestos a llevar a cabo, cho, algunas reformas económicas. En esta ocasión hay que recordar que, contrariamente a la idea normalmente difundida en el exterior, la dirección checoslovaca no fue instalada en sus funciones por el Kremlin tras agosto de 1968, excepto algunos individuos que Moscú impuso o dejó en sus puestos al principio de la normalización. Esto le da un cierto grado de independencia respecto a la actual dirección soviética. E incluso si la dirección checoslovaca se sometió finalmente a Moscú en la pasada primavera, contrariamente por ejemplo a los alemanes orientales, la tarea resultó más bien 1 Strugal y Kapek, representantes de lo progresistas, oponerse a los dogmas d confesando que también ellos tenían alguna responsabilidad).

Es difícil evaluar la amplitud del compromiso concertado por las dos corrientes bajo la égida de Gorbachov. El preclo a pagar era, sin duda alguna, más alto para el grupo conservador. Gorbachov algo debió de ganar como contrapartida, ya que la evolución tras su partida parece indicar que la dirección checoslovaca, especialmente su ala conservadora, hizo concesiones en el terreno de la represión: últimamente se encarcela menos, hay menos procesos políticos, las penas pronunciadas son menos elevadas y se manifiestan sobre todo en forma de suspensiones y multas. Dos conocidos militantes de la Carta 77, Petr

Popischal y Jan Dus, fueron liberados cuando estaban en prisión preventiva sin juicio. En esta petición de Gorbachov de atenuar la represión, con visibles efectos inmediatos, no hay que ver una voluntad de humanizar la sociedad, en Praga o en Moscú: se trata ante todo de mejorar la imagen del sistema en el mundo y, quizás, de ganar más partidarios de la reforma económica, de la modernización de la economía, entre los in-

La actividad de los independientes sigue estando igual de vigilada y "turbada" por la policía secreta. La represión contra quienes tienen pocas esperanzas de que su caso sea conocido y puedan beneficiarse de la solidaridad internacional sigue siendo casi idéntica. Pero también en esto se pueden esperar ciertos cambios, ya que según el Procurador General (Rude Pravo, 17 de septiembre de 1987), a partir de ahora algunos delitos, incluídos los políticos, deberían ser juzgados con menos severidad y las condenas tomarían forma sobre todo de multas, a condición de que estos delitos no fueran demasiado peligrosos para la sociedad. La represión brutal, las palizas, se siguen ejerciendo contra los jóvenes inconformistas, los amantes del rock, los punks, etc. Sería erróneo creer que la dirección Gorbachov, o una parte de la dirección checoslovaca, puedan sentir simpatia alguna por las actividades independientes de la Carta 77 o por los comunistas excluídos. El que las actividades independientes puedan gozar de un espacio más amplio es producto de una complicada evolución internacional y a causa de ciertos proyectos de cambios, especialmente en económico, que los reformistas querrían imponer. Las actividades independientes son siempre un peligro para el sistema político y es bastante evidente que, cuando se juzgue necesario, la represión retomará su vigor. Una lenta liberalización cultural

Otro campo que se beneficia en parte de la glasnost gorbachoviana es la cultura, aun cuando la liberalización en este

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Praga, 21 de agosto de 1968. terreno sea mucho más timorata que en la URSS. Esta tendencia a una liberalización cultural se manifiesta desde hace varios años, por cambios progresivos, pero no se había acelerado en los últimos meses. El esfuerzo realizado para hallar convenios, abrir espacios culturales nuevos (controlados, ciertamente, por el Estado), especialmente para los jóvenes, es sin embargo evidente. Esta tendencia liberalizadora se ha visto confirmada, incluso consolidada, por la nueva política soviética. La autocensura (más eficaz que la censura) es más suave, se encuentran cosas un poco más interesantes para leer, pero la diferencia respecto al pasado no es aún muy gran-

Las tímidas tentativas de mejorar la toma de decisiones a nivel administrativo en la URSS, dirigista y centralizada, (presentar dos candidatos en algunas elecciones, crítica pública a funcionarios de alto rango, todo lo que se toma, erróneamente, por una democratización), casi no han encontrado ecos concretos en Checoslovaquia. La dirección checoslovaca teme naturalmente tales "experimentos". Al contrario que en la URSS, la

Evidentemente, lo que sigue siendo tabú en la URSS lo es también en Checoslovaquia: el poder (su jerarquización), el funcionamiento anti-democrático del Partido, la dominación del aparato del Partido sobre las estructuras económicas, la Administración, la policía, el ejército, la sumisión de la Justicia al aparato incluso al de la policía,

Falta la economía, el terreno más importante y complicado. En él continuarán las divergencias entre conservadores y progresistas, aun cuando no sean públicas. El llamamiento de Gorbachov a una restructuración económica jugaba desde un principio a favor de Strugal, portavoz de los progresistas. Muchos de los elementos de esta perestroika hace ya algunos años que van siendo formulados por Strugal y algunos haombres políticos competentes en materia económica. Se veían obligados a evitar el empleo de la palabra "reforma", convertida en una "no-palabra" tras agosto de 1968, utilizada de nuevo por vez primera por Husak en la primavera de

Empresas más independientes, autofinanciación, participación trabajadores, sobre todo jefes pero también obreros, en los resultados económicos de la empresa, constituyen otros tantos elementos para aumentar la productividad, acrecentar la eficacia de la economía nacional, reducir el consumo de energía en la producción, etc.. Aun persiguiendo los mismos objetivos, mientras los conservadores se han limitado siempre a estimulantes no-económicos (órdenes y prohibiciones, llamamientos a la emulación socialista y al esfuerzo en el trabajo), los progresistas han comprendido mejor las correlaciones eccnómicas y han encontrado numerosos apoyos a sus concepciones reformistas entre los cuadros de las empresas. La influencia de los conservadores entre los "patrones" es mínima. El modelo soviético

Es políticamente divertido constatar cuántos proyectos semejantes, formulados a veces de forma idéntica, vieron la luz en la primavera de 1968 y precisamente es la denuncia política de la Primavera de Praga en los años 70 y 80 lo que constituía, hasta ahora, el principal obstáculo para poder formular una restructuración económica global. Los proyectos de mejora no eran más que semi-medidas, campañas a corto plazo que se estancaban regularmente.

En este terreno, la llegada de Gorbachov al poder cambió muchas cosas. Los progresistas encontraron un apoyo donde nunca lo habrían creído posible. Les tocaba el turno de utilizar el argumento que había sido siempre de los conservadores, el modelo soviético. He aquí por qué la dirección checoslovaca no reivindicaba a primeros de año más que una restructuración económica que a los progresistas les interesaba más que cualquier cosa y pudieron imponerla con el menor gasto. Sólo después, y de nuevo bajo presión de los progresistas guiados por su interés en una liberalización político-económica más amplia, apareció el aspecto político de la perestroika, bajo una formulación muy vaga. Los cambios económicos

El 18 de julio de 1987, tres meses después de la visita de Gorbachov, se publicaba el "Proyecto de Ley sobre la empresa estatal", análogo al de la URSS. Este proyecto permite ver mejor cómo concibe la dirección checoslovaca el funcionamiento económico en el futuro. La solución propuesta es totalmente tecnocrática: los trabajadores deben tener la impresión de que participan en las cuestiones económicas, lo que deberia incrementar su sentimiento de responsabilidad, mejorar su relación con la empresa y el trabajo y aumentar así la productividad, no solamente en el sentido de una intensificación. Este proyecto de ley no supone una participación real de los trabajadores; sigue siendo muy formal. La autogestión de los colectivos de trabajadores se limita prácticamente a un papel de control y se asegura la intervención de un organismo estatal a través de multitud de medios, en primer lugar el papel dirigente del Partido, proclamado de nuevo, o la codificación de intervenciones directas de organismos superiores, entre ellas la puesta bajo administración directa en caso de funcionamiento ineficaz. El poder económico debe ser desplazado en cierta medida, no del todo, de los ministerios hacia las "empresas" ", o más bien hacia los directores y sus equipos y no hacia los trabajadores. Esta ley tampoco implica la elaboración democrática del plan, sino solamente un acuerdo posterior de los colectivos de trabajadores a los planes quinquenales y del consejo del colectivo a los planes anuales. Aparte de algunas medidas que permiten cierto control obrero, pero que pueden ser neutralizadas por barreras burocráticas, entre los aspectos democráticos de la ley hay que mencionar la elección del director por todos los asalariados de la empresa. Pero también en esto se sabe muy bien cómo se puede manipular elecciones y

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listas de candidatos. La práctica dirá si esta ley abre nuevos espacios de libertad a los trabajadores. Hoy, el escepticismo es más bien de rigor: aun cuando los periódicos publican opiniones favorables e impregnadas de espíritu democrático, la mayor parte de las reacciones publicadas son sobre todo conservadoras y expresan el temor de que "el papel dirigente del Partido" pueda verse debilitado, que la responsabilización del director ante los colectivos de trabajadores reduzca su autoridad, etc. Peor aún, la discusión en los periódicos aparece como bastante artificial, a la gente no le interesa el proyecto de ley, lo considera una superchería, no se ha convertido er suyo. En fin, precipitadamente concebi do, este proyecto está lleno de contradicciones y de sombras.

¿Qué hacer entonces en estas condiciones parcialmente modificadas?. No hay más vía que la de proseguir con paciencia, coraje e inteligencia nuestro trabajo de iniciativa crítica. Para no estancarnos, nuestro reagrupamiento debe ampliarse, buscar nuevas vías, reflexionar sobre problemas nuevos e integrar a gente nueva, jóvenes ante todo. Es la unica salida posible para abandonar el ghetto en el que hoy se encuentra la Carta. La aparición de un nuevo ambiente, con las reformas gorbachovianas y su reflejo en Checoslovaquia, se presta a ello mucho mejor que la rigidez burocrática de antes. Nuestras tareas

La progresiva internacionalización de nuestro movimiento es uno de los aspectos de esta ampliación: contactos internacionales, declaraciones y acciones comunes, hasta ahora realizadas sobre todo con la oposición democrática polaca, y también con las iniciativas pacifistas y humanistas en la RDA y conrnuestros amigos húngaros, deberían ser profundizados y ampliados a los demás países del Este.

Sin embargo, no debemos despreciar la segunda vía posible, una democratización de la sociedad o una evolución que la hiciera posible, la vía de las "reformas desde abajo", es decir de cambios progresivos en el interior y en la base de las estructuras oficiales, y esto cada vez que aparece una posibilidad real de tales cambios. De momento, las condiciones de tal evolución no están dadas en Checoslovaquia.

Por el contrario, debemos oponernos enérgicamente a las ilusioness en "reformas desde arriba" , en el "despotismo ilustrado", apoyando al mismo tiempo y con espíritu crítico todas las manifestaciones de liberalizañción que pudieran acompañar a tales reformas, que mejorarán las condiciones de vida y crearán un clima más libre. Este apoyo sólo debe tener en cuenta los actos, no las pala bras. Conservemos el orgullo de nuestra independencia y no nos identifiquemos en ningún caso con los dominantes.

Y si de nuevo nos encontráramos más aislados, digámonos que, como en el pasado, nosotros salvaguardamos la continuidad del pensamiento crítico, única garantía de un futuro mejor.

Praga, septiembre de 1987