Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Kurt Waldheim o el vértigo de la memoria

· Inprecor n.º 59, marzo de 1988 · pp. 39-42 · 2.699 palabras

NOTAS:

(1). Foto publicada en Libération del 11 de abril de 1986.

(2). Un métier unique au monde (Stock, 1977), citado en Le Monde del 2 de abril de 1986.

Política internacional

O EL VERTIGO

Loehr

1944.(1)

puede re tenien o en inte escribir

KURT WALDHEIM

DE LA MEMORIA

Y interesado..

sin su nariz

Kurt Waldheim, antiguo de guerraen una

Un secretario general de la ONU que se memorias.

En ellas se rigida

Alain Brossat «Mi cuchillo se abre solo en el bolsillo cuando constato que, en los procesos actuales contra los nazis se presenta siempre al asesino como alguien que ha cumplido con su deber. Precisamente por esta razón habría que haberlo colgado alto y corto y en ese mismo momento, al día siguiente del 8 de mayo de 1945».

Peter Brückner. oriental, tui herido en la pierna. Enseguida fui repatriado, lo que me permitió volver a mis estudios de derecho desde 1942. Dos años después obtuve el doctorado tras presentar una tesis sobre los conceptos federalistas de Konstantin Frantz, un diplomático contemporáneo de Bismarck (...) A mi regreso a Viena, en 1942, ya no era posible abandonar Austria. Entre tanto, las fronteras habían sido cerradas herméticamente. Yo era vigilado por las autoridades militares que realizaban verificaciones pe riódicas, para asegurarse de que de verdad me consagraba a mis estudios».(2)

Primer vértigo pues: la ONU, esa vestal de nuestro duro y confuso mundo, fue didurante una década por mentiroso y un estafador de la memoria.

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Véase Hannah Arendt: Eichmann à Jérusalem (Gallimard, 1966). (4). En Le Monde del 11 de abril de 1986. (5). Véase por ejemplo el último libro de Lothar Baier: Un allemand né de la dernière guerre (Complexe, 1985). (6). Véase por ejemplo: Les Barbelés de l'exil, obra colectiva, Presses universitaires de Greno-

1979; Lion Feuchtwanger: Le Diable en France, J. C. Godefroy, 1985; David Diamant: Le Billet vert, éditions Renouveau, 1977. (7). Véanse al respecto las reflexiones de Pierre Nora en Les Lieux de mémoire (obra colectiva, Gallimard, 1984). (8). Véanse los efectos de resistencia en peliculas como "Le chagrin et la pitie" (Marcel Ophüls), Lacombe Lucien (Louis Malle) o en un libro como Des Juifs dans la collaboration de Maurice Rajsfus (EDI, 1980). (9). Véanse sus memorias: Le Flambeau dans l'oreille (Gallimard, 1982). (10). Véase Carl E. Schorske: Vienne fin de siècle (Seuil, 1983). (11). En Le Monde del 11 de abril de 1986. (*). Anexión: palabra utilizada para la política expansionista nazi y que se aplica oficialmente a la invasión de Austria en marzo de 1938. (**). Sturm Abteilungen, literalmente, secciones de asalto, nombre del "servicio de orden" de los nazis, creado en 1921 como grupos de choque y provocación, desempeñaron un papel funda-

Reichstag, el 27 de febrero de 1933. Perdieron mental, por ejemplo, en el incendio del influencia a favor de las SS, a partir de la llamada "noche de los cuchillos largos" el 30 de junio de 1934. Desempeñaron un papel impor-

Men todo caso, en los servicios militares de tante, información.

(***). Personaje central de una conocida obra antimilitarista. Una serie basada en él fue emitida hace unos meses por TVE.

Este es, digamos, un vértigo moral. Y vértigo político: amnésico pudo acceder a ese "oficio único en el mundo" sin que los dueños de la memoria en este mundo considerasen útil

Otro vértigo más: gracias a una cadena de frágiles azares, hemos descubierto hoy el pastel. De no haber sido por la inagotable ambición de Kurt Waldheim, arrastra a pretender, en este año de 1986, la eminente función de presidente de la República austríaca alzado sobre el escudo conservadora, habríamos sabido nada de ello. Ha hecho falta que Waldheim, en lugar de conformarse con una honorabilísima jubilación de primer funcionario del mundo, se lance a una áspera batalla política (en la que están en juego asuntos de primera importancia para el porvenir de Austria), para que su pasado vuelva a él como un boomerang. Superar el pasado

Es más que ocioso señalar que este asunto (como todos los demás de este género: proceso Eichmann(3), proceso Barbie, visita de Reagan al cementerio de revelador. Pero entendámonos: ¿revelador de qué? Lo que se desvela aquí en primer lugar, no es tanto el imponente paisaje de la falta de control del universo germano en general sobre su pasado nazi, como el dispositivo clave de los mitos y representaciones fundacionaRepública austríaca (la posterior a 1945).

recuerda Luc

Rosenzweig en un artículo de Le Monde(4)

que la memoria de Austria de después de 1945 se distingue radicalmente de la de la

RFA (en la RDA es otro problema y otra distintos) en que aquella fundamenta en la teoría de Austria como

"primera víctima del nazismo", obligada a pasar, atada de pies y manos, bajo las horcas caudinas de la Anschluss*. «Esta teoría», escribe Rosenzweig, «que hace las reconocimiento responsabilidad colectiva, fue fuente de numerosos malentendidos.

verdadera desnazificación del personal político y administrativo del país, y todo debate moral sobre la Vergangenheitsbewältigung, ese esfuerzo doloroso para superar el pasado al que se sometió, con verdadero coraje, la Alemania del canciller Adenauer».

Dejemos a Rosenzweig la responsabilidad de su homenaje a la Alemania de

Adenauer; han existido y existen muchos "malintencionados" que cuentan la historia de muy diferentes maneras(5).

Pero ahí está lo esencial: la leyenda de la

"victimización' de Austria entre 1938 y

1945 fue el cimiento, tan sólido como falso, de la conciencia, del ser en el mundo y de la historia de este país desde 1945, más o menos a la manera de la Dolchstosslegende, la leyenda de la puñalada por la espalda dada al valeroso ejército alemán por los traidores de la retaguardia, en la Alemania conservadora de la República de Weimar. Como si el austrofascismo anterior a 1938 no hubiese existido, y la entrada triuntal de Hitler en Viena, en 1938, hubiese rodada en los estudios berlineses de la

El sistema de defensa -o más bien de réplica- de mucha precisión, a escala autobiográfica, esta construcción de la memoria. En 1938 habría entrado en la SA**, digamos por reflejo de autodefensa, o como señala irónicamente "antinazismo". «Mirándolo bien - escribe todavía en sus memorias- prefería ser militar a ser civil. La policía vigilaba a los miembros de mi familia, espiaba nuestros hechos y gestos y podía detenernos en estaban menos expuestos en el ejército, en numerosos que en la administración civil y también porque la vigilancia era menos

En otra parte, Waldheim explica que si — destinándose para toda la eternidad a la diplomacia - quería practicar la equitación y en su pequeña ciudad la SA era el único dicen lo esencial: bajo la camisa parda, el joven católico conservador no colaboraba, sufría en espera de tiempos mejores, como un ateniense bajo administración cuando la suerte de los ejércitos arrastra, guerra, a su unidad de la a los Balcanes, el pobre Schweik*** actúa solamente como traductor, lejos, por consiguiente, del teatro de operaciones y de la guerra sucia contra los partisanos.

nada dicen los documentos publicados por el Congreso Judío Mundial. Oficial de información en unidades comprometidas directamente en la liquidación de partisanos y de rehenes y en represalias contra la población yugoslava. Parece ser que también en la deportación de judios griegos. Las virtudes del olvido

De manera general, a las naciones y a los pueblos — y no sólo a los explotadores y a los dominadores - no les gusta que echen abajo los mitos y las representaciones de las que está hecha su memoria del pasado, sobre todo del pasado reciente, y muy especialmente cuando este pasado está cargado de cataclismos. Por ejemplo, a los franceses (es decir, a su inmensa mayoría, de todas las clases) no les gusta que se les recuerde que los alemanes no tienen la patente exclusiva de los campos de concentración, que la administración francesa encerró la víspera de la Segunda Guerra

Mundial a miles de antiguos miembros de

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las Brigadas Internacionales y de antifascistas alemanes, en campos franceses (Durs, Le Vernet, Argelès, Saint-Cyprien, Les Milles...) que entonces no causaba vergüenza llamar "de concentración"(6). No les gusta que se les hable de Pithiviers, ni de Beaune-la-Rolande ni por supuesto de Drancy donde, bajo la ocupación nazi, miles de judíos esperaron bajo la custodia de policías franceses que se les trasladase hacia los campos nazis. Más aún: no es que no les guste que les hablen de ello; es que no saben. Su memoria, aquí, se llama el olvido, la amnesia, no convenida sino espontánea, automática(7). Y no les gusta que la historia, reactivada por los periodistas, venga a trastornar o a socavar sus consensos memorísticos(8). No viven en la consciencia (y el conocimiento) de la historia, sino en la relativa comodidad de los tópicos de la memoria.

Lo mismo les ocurre a los austríacos, y el asunto Waldheim es para ellos la ocasión de proclamarlo en voz alta. Cuantas más revelaciones se amontonan sobre los hechos y fechorías del Waldheim de las botas de cuero, más se incrementa su cota de popularidad. Según las últimas noticias (14 de abril de 1986), los sondeos le dan entre siete y diez puntos por delante de su único competidor serio, el socialista Steyrer. Un reflejo tan espontáneo como agresivo de autodefensa de la memoria depositada en la conciencia colectiva, un reflejo de plebe nacional, atizado naturalmente por la prensa sensacionalista y casi la totalidad de los medios de comunicación, y que arrebata por igual al campesinado de calzón de piel de las regiones tradicionalmente "negras" y a esa multitud-masa de la que habla un ilustre vienés, Elías Canetti(9). Vuelve ahora al galope una mezcla reprimida compuesta tanto por elementos de una cultura proteccionista, xenófoba, irracionalista y católica que nace con el cambio de siglo(10), como por restos de la fantasmagoria nacional-socialista, en primer lugar, el sentimiento de la "conspiración" extranjera, internacional, que actúa de acuerdo con esas figuras emblemáticas de la traición interior que son los judíos y los socialistas. Dice Rosenzweig: «Para algunos, sólo puede tratarse de un complot internacional, y pronto se franquea el paso que lleva a acusar al judaísmo mundial. "Sociatas y judíos de la mano, siempre la misma historia... , se oye murmurar en los mítines celebrados en el interior de Austria en favor del Sr. Waldheim(11)». Detrás de este olor a humedad, del clima de pogrom larvado que inquieta a la comunidad judía vienesa y de las inclinaciones abiertamente antisemitas de la prensa sensacionalista, se perfila la reactivación de dos motivos recurentes en toda mentalidad totalitaria: el fantasma de una comunidad (nacional, racial, social) homogénea, gleichgeschaltet según la jerga nazi -esto es, uniformizada-, y la construcción de una antinomia entre "nosotros", asediados y sanos, y los "otros", enemigos del exterior y traidores del interior. Este es el paisaje mental que servirá de telón de fondo a la probable elección de Kurt Waldheim a la suprema magistratura el 4 de mayo de 1986, aún cuando, —no lo olvidemos — hasta el desencadenamiento del "affaire" por las revelaciones del New York Times y del Congreso Judío Mundial, las posibilidades del candidato de la continuidad socialdemócrata parecian casi iguales a las suyas. De igual modo que Carl Schorske, en su obra clásica Viena fin de siglo, analiza la elección del antisemita católico Karl Lueger a la alcaldía de Viena en 1895 como el toque de difuntos del liberalismo vienés y, de un modo más general, de ese mundo imperial ordenado del que tan fuerte nostalgia hacen las últimas novelas de Stefan Zweig y Joseph Roth, del mismo modo el asunto Waldheim podría anunciar, en medio de la anécdota y de la politiquería, el final de un "mundo pasado" próspero y ordenado cuyo símbolo fue, durante decenios, Bruno Kreisky. Irrupción en el campo social de una irracionalidad, de fantasmas adormecidos, mantenidos a raya durante mucho tiempo por las gobernantas del Estado del bienes-

"Agresión" que vuelve como rito de tar, culpabilización. Pero, barriendo para casa, ¿no deberíamos ver nosotros también lo que se trama en la misma dimensión, más allá de las peripecias electorales, con el

10% de ese otro Schweik de una guerra sucia y. perdida, nuestro Le Pen nacional?. El juego de los dueños

Pero la memoria de Austria no es la única que trabaja aquí en el claroscuro; también la del mundo, y no sólo porque Waldheim fuera un funcionario cósmico. ¿A quién debemos el honor perdido de Kurt Waldheim? A la benevolencia de instituciones, de lobbies, de potencias estatales o paraestatales que, de repente, han propuesto levantar el velo. ¿Por qué? Desde luego, no por escrúpulos historiográficos. ciertos pequeños círculos de la izquierda austríaca, interesados, por buenas razones de política y moral interiores, en poner la zanca- • dilla al ex-apuesto teniente de Wehrmacht, hayan cebado la bomba de las • revelaciones, no es por ello menos evidente que su tentativa se habría visto abocada al fracaso más seguro de no haber sido por el pronto auxilio de poderosas instituciones de más allá del Atlántico, rápidamente relevadas a su vez por periódicos norteamericanos, yugoslavos, en alguna medida, el gobierno israelí... ¿Y por qué? ¿Por qué ahora? No se puede negarlo:

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(12). Véase al respecto el primer capítulo de libro de Lothar Baier.

pate Masero, 1919 comandantd Auschwitz

(14). En Le Monde del 9 de marzo de 1986.

seguramente por razones (de Estado) tan malas y tortuosas como cuando se echó tierra sobre los informes comprometedores para Waldheim en el momento de su elección para el secretariado general de la conciencia universal y la moral que ésta lleva consigo en sus vagones, esto es la moral de Nuremberg, aquélla que pretendía arrojar luz, toda la luz, sobre el genocidio y castigar hasta el final a los culpables para repeticiones, Waldheim, como dicen los últimos rumores vieneses, un protegido de la CIA, o haya sido, como dicen otros, que los yugoslavos se sentasen sobre los documentos en su poder a cambio de una actitud "'comprensiva de Waldheim en relación con ciertos informes de política internacional candentes, se ve lo que vale el recuerdo de la barbarie nazi, del genocidio - y las lecciones de moral y de historia que lleva consigo -tal como la comunican los dueños del mundo de todos los horizontes y confesiones. Ya sabíamos que la administración norteamericana habría preferido que los franceses no cogieran a Barbie, pues supo sacar partido de sus talentos a partir de 1945; que el gobierno alemán se apresuró a no reclamar la entrega del propio carnicero de Lyon -¿de qué sirve remover constantemente las viejas cenizas? -; que incluso en Francia son muchos los que no se alegran demasiado de la perspectiva de este proceso que amenaza echar abajo el mito sagrado de la unidad de la Resistencia(12). Con el asunto Waldheim, sabemos mejor que nunca que la memoria institucional de la barbarie nazi, de genocidio, está bajo alta vigilancia y que es ante todo instrumental,

Y para terminar preguntémonos: ¿qué es un puerco, un criminal de guerra? Es un ambicioso, un mediocre en situación, no un monstruo. Basta leer el testamento de comandante Auschwitz(13), para convencerse de ello. Jovencito de orden obsesivo desarraigado por la tormenta posterior a 1918, Hess se convirtió en funcionario de la muerte industrial movido por el sentimiento del deber y de la necesidad, con la mirada fija en el rendimiento y en las estadísticas. Sin duda Waldheim, por su parte, no mandó los pelotones de ejecución de los rehenes yugoslavos, ni hizo subir a los judíos cretenses a los vagones de la deportación. Estaba en su oficina, no vio otra cosa que papeles, puso algunas firmas, era como él

"soldado honrado" que ignoraba que a seis kilómetros de su oficina reunían a los judíos de Salónica para enviarlos al campo y al horno (partieron unas decenas de miles, volvieron algunos cientos). Por lo últimas semanas" no supo de la existencia de estas deportaciones(14).

No, la cosa está clara; Waldheim no tiene nada de un Eichmann ni de Barbie, no tiene una sola gota de sangre en las manos; sólo un poco de tinta en los dedos, como a menudo los chupatintas, los esclavos del informe y de la circular. Y un gran vacío en la cabeza que va de 1938 a llamaba, precisamente, un puerco?.O