Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Tema

La esclavitud y las mujeres

· Inprecor n.º 59, marzo de 1988 · pp. I-VIII · 7.237 palabras

La esclavitud y las mujeres

[La editorial francesa Le Brèche ha publicado un importante li- | cepciones sobre estas sociedades transitorias, estamos de

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NICOLE CHEVILLARD Y SEBASTIEN LECONTE bro sobre los orígenes de la opresión de las mujeres, des femmes. Pouvoir des hommes". Se trata de una obra colectiva que recoge una serie de artículos de diferentes especialistas en antropología, economía e historia,... de Francia y EEUU, bajo la dirección de Nicole Chevillard y Sebastien Leconte. Hemos elegido para publicar en INPRECOR uno de los textos más interesantes, "La esclavitud y las mujeres", apropiado por sus dimensiones para nuestra revista. Nos ha parecido necesario dar una idea delas bases metodológicas de los autores, y para ello hemos recurrido a algunos párrafos de la introducción del libro, donde se resumen los puntos de convergencia de los autores.

«El punto de partida que compartimos todos los autores es que la explicación de la desigualdad entre los sexos debe ser buscada en los imperativos sociales, antes que en los biológicos. Los factores biológicos no ordenan una invariable división del trabajo entre los sexos: una división de las tareas y las actividades, cuando se da efectivamente, no constituye la condición necesaria y suficiente de la desigualdad entre los

«En segundo lugar, y como consecuencia de nuestro rechazo de las interpretaciones biológicas de las relaciones sociales hombres-mujeres, los autores estamos de acuerdo en considerar que la subordinación delas mujeres nso tiene sus orígenes en las capacidades reproductivas, sino en su papel en la producción. Las mujeres están oprimidas como grupo social antes que como grupo sexual. Puesto que es innegable que las mujeres han desempeñado un papel productivo central en las primeras comunidades basadas en la recolección y el cultivo, los autores avanzamos la idea de que las fuentes de la dominación masculina están relacionadas con la lucha por controlar el trabajo de las mujeres y sus productos. El control del poder reproductivo de las mujeres ha derivado de ello. No existe razón demográfica, disociada de esta razón social, para que los hombres se pongan a oprimir a las mujeres por la simple razón de que ellas paren.

«Un tercer punto de acuerdo acompaña este rechazo de un determinismo biológico, en favor de una explicación que destaca la producción social. Los autores pensamos que la dominación masculina estaba ausente en las primeras sociedades comunitarias, pero estaba ya presente en las primeras sociedades de clases (en el sentido clásico del término, por ejemplo en las sociedades esclavistas). Rechazamos también los análisis que pasan directamente de las sociedades comunitarias a los sistemas de clases basados en la propiedad individual, sin identificar formaciones o modos de producción transitorios. Aunque los autores no compartimos las mismas conacuerdo en que las sociedades basadas en una real propiedad privada han sido precedidas por otras formas deorganización social basadas en el desarrollo de la propiedad colectiva o de grupo. En estas sociedades de linaje, las relaciones de parentesco organizan el reparto del trabajo y la apropiación de los bienes; es en estas sociedades donde primero se instauró la dominación masculina.

«De todo ello resulta que hay que tener en cuenta la dialéctica de las relalciones de parentesco en la definición de las causas primeras de la desigualdad entre los sexos. Los autores hemos buscado los orígenes de la dominación masculina en torno al ascenso de estas sociedades de linaje. Aunque nuestras reconstrucciones de los procesos implicados son divergentes, estamos de acuerdo en destacar la importancia crucial de las reglas de residencia post-marital en el análisis de las relaciones entre sexos en el marco de estas sociedades. Consideramos que la patrilocalidad -sistema en el cual las mujeres van a habitar al grupo de parentesco de su marido después del amtrimonio- ha permitido a los hombres utilizar y apropiarse el trabajo y los productos de las mujeres.

«En resumen, los autores estamos de acuerdo en considerar que, sin patrilocalidad, existen límites a la capacidad de cualquier linaje para utilizar o apropiarse del trabajo y los productos de las mujeres y destacamos la preponderancia de las reglas de residencia sobrelas reglas de descendencia(...)

«Habiendo situado la fuente de la opresión de las mujeres en los mecanismos de la patrilocalidad, queda por explicar por qué la patrilocalidad ha llegado a ser el modo predominante de organización de las relaciones sociales en este tipo de sociedad "de parentesco". Los autores estamos, una vez más globalmente de acuerdo en la dinámica de conjunto que ha llevado al reforzamiento y a la institucionalización de la dominación masculina, aunque tenemos divergencias sobre la manera en que esto se ha producido. Las socieades patrilocales, en las que las mujeres se desplazan después del matrimonio, ofrecen unmayor potencialde expansión porque presentan más ocasiones e incitaciones para la intensificación de la producción más allá del nivel necesario para la subsistencia cotidiana. Esto es el resultado del mayor valor del trabajo y del potencial reproductivo de las mujeres en estos sitstemas agricolas que preceden al empleo del arado.

«Cuanto más productivas son estas sociedades, son más susceptibles de llegar a ser expansionistas y absorber o conquistar sociedades más estables. Es conveniente precisar sin embargo que este análisis no implica ningún juicio de valor que considerara a las sociedades patrilocales como "mejores". En realidad, estas sociedades aparecen simplemente más aptas

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occidentales que las han hallado o estu- | se podría decir que ha sido integrado que los sistemas sociales más igualitarios para ejercer un poder coercitivo sobre sus propios miembros (hombres, mujeres, jóvenes, niños) con el fin de intensificar la producción.

«Los precedentes puntos de acuerdo conducen a un último terreno de concordancia. Los autores consideramos que la dominación de las mujeres ha precedido de hecho y ha servido de base a la aparición de una real propiedad privada y del Estado. Los procesos históricos varian según el lugar y la época, pero una vez puestos en marcha, las evoluciones de la estratificación sexual y social se imbrican estrechamente.

opresión de las mujeres ha suministrado un medio de llegar a una acumulación diferenciada entre hombres, lo cual a su vez da a ciertos hombres un acceso privilegiado al trabajo de las

La esclavitud está presente en la histo- | ria próxima o remota de muchos países y de la mayoría de los pueblos. Dejó su huella -a menudo brutal- en Africa,

América, el Caribe, Europa, Asia... En la medida en que es indisociable de la historia de la humanidad, no se puede "olvidar" la esclavitud en una reflexión sobre los orígenes de la opresión de las mujeres. Sin embargo se plantea una cuestión: ¿la aparición de la esclavitud no representaría el punto de partida de un cambio tan radical en la historia de las sociedades que, a fin de cuentas, poco importarían las formas anteriores de sometimiento de las mujeres, ante la magnitud de la ruptura que se habría operado?.

Esta contribución responde a tal objeción. Es posible, en efecto, demostrar que el papel, el lugar de las mujeres en el proceso histórico de la aparición de la esclavitud es totalmente fundamental. El sistema esclavista no se inventó de la noche a la mañana, no cayó del cielo, no estaba inscrito en la naturaleza humana.

Tenemos derecho a reflexionar sobre cómo pudo emerger de las estructuras sociales de linaje. Tenemos derecho a preguntarnos si en el momento en que se constituía una clase explotada compuesta por hombres y mujeres -los esclavos-, se constituyó también, y en el mismo movimiento, una clase explotadora también mixta; o si las mujers, incluidas las hijas y las esposas de los hombres dominantes, permanecieron globalmente sometidas a una misma relación de alienación.

Para abordar estas cuestiones, siguiendo la trama del cambio que conduce desde las sociedades de linaje a las sociedades esclavistas, hemos elegido mantenernos en el marco de las sociedades africanas. En efecto, Africa conoció no sólo sociedades de linaje, sino también reinos, imperios, caudillajes o grandes ciudades (las denominaciones varían al ritmo de la imaginación de los

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NICOLE CHEVILLARD Y SEBASTIEN LECONTE camente inseparables».] diado)... Estas sociedades, antes de la llegada de los colonizadores, practicaban la esclavitud bajo formas diversas, del mismo modo que Atenas o Roma.

De la cautividad a la esclavitud

Podríamos decir que un esclavo es, en primer lugar, alguien disponible, arrancado a su familia, a sus parientes, a su sociedad, privado del status que había adquirido; es un cautivo con el que se puede hacer lo que se quiera: destruirlo, canjearlo por un rescate, hacerle luchar, hacerle realizar ciertos trabajos, inventarle un nuevo status integrarlo...

Algunas sociedades de linaje que por medio de la guerra obtienen cautivos y cautivas, adoptan respecto a ellos un comportamiento que no concluye en la esclavitud en el sentido clásico del término, ya que tiende más bien a reinsertar al cautivo en las estructuras sociales de sus vencedores. Si es una mujer, la cautiva será esposa o madre y trabajará como las demás mujeres. Es integrada sin problemas en la relación dominante de explotación de la fuerza de trabajo feminista. Si por el contrario es un hombre, el caso puede parecer más espinoso: ¿cómo conservarle un status de dominado cuando en la estructura de linaje tal situación parece por principio imposible en virtud de su sexo? ¿Tendrá derecho, con el tiempo, a una esposa, a una descendencia?. Para responder a esta contradicción el cautivo masculino, salvo circunstancias particulares, será de hecho, considerado como una mujer: no tendrá derecho a una esposa, no tendrá descendencia y se verá obligado en la práctica a realizar "trabajos de mujeres". Si al cabo de cierto tiempo se le da una esposa, desde ese momento pierde su condición de cautivo; en cierto modo mujeres y a sus capacidades reproductivas, servicios de los demás hombres. A medida que se institucionaliza la estratificación por clases, se ve que el status de los hombres de las clases inferiores es asimilado frecuentemente al de las mujeres, mientras que se asigna a las mujeres el status jurídico de seres "sin propiedad", en un sistema basado cada vez más en la propiedad privada. Los autores de este libro proponen perspectivas históricas y sociológicas diferentes sobre estos procesos. Pero están de acuerdo en que la opresión de las mujeres ha constituído un fundamento de las opresiones de clase, y que a continuación, estas opresiones se han desarrollado según modalidades que las hacen práctisuavemente.

Por ello, cautivos y cautivas no son esclavos en el estricto sentido del término. Todavía no son propiedad individual de tal o cual jefe o guerrero; son propiedad del linaje. Y además, su descenden-

"cautiva". Por lo demás, el cia no será cautivo masculino no tiene descendencia hasta que no es integrado. Puede ciertamente tener relaciones sexuales;

pero no trasmite a nadie su status de cautivo. No es, socialmente hablando, más que una "mujer estéril". Por su parte, la mujer cautiva tiene hijos y estos son reinsertados socialmente a través de su padre, el dueño de la madre. El hijo no hereda el status de cautivo; si es una niña, será, como las demás, canjeada por su linaje; si es un niño, será practicamente consideraco como un hombre del linaje y tendrá derecho a una esposa. Como mucho, verá a veces, pero no siempre, limitado su acceso a ciertas altas funciones.

Así pues, en una sociedad de linaje el cautiverio puede resolverse por integración, sobre la base de una asimilación al status femenino y, en cierto modo, se extingue por sí mismo de una generación a otra. En este marco, la esclavitud no puede constituirse por sí sola y espontáneamente, aunque se hayan puesto sus primeras piedras. Para que se efectúe la transición es de hecho, necesario que el cautivo pase de una apropiación colectiva en el marco del linaje a una apropiación individual, por ejemplo de un jefe o de un guerrero, que se convierta así en un bien particular, susceptible de intercambio, y que su descendencia sea también cautiva.

De este modo, se pone de manifiesto con bastante claridad que la esclavitud no pudo constituirse en sistema estable y duradero (es decir, autorreproduciéndose gracias a mecanismos internos)

por un toque de varita mágica o sobre la

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única base de una intuición genial. Partiendo del modelo de la alienación de las mujeres en la sociedad de linaje, fue necesario poner en cuestión las propias estructuras del sistema de linaje, para que la esclavitud se desarrollara hasta el final de sus potencialidades. La esclavitud no pudo instaurarse como sistema coherente más que a través de la decadencia de las antiguas estructuras, por la emergencia de comportamientos de apropiación individual de los bienes y de los seres humanos que los producen, de derechos de dominación individuales y ya no colectivos. Es evidente que, como este proceso no tiene nada de automático ni de mecánico, no puede haber un determinismo histórico que estipule que todas las sociedades de linaje evolucionar hacia sociedades esclavislos mismos procesos, con las mismas consecuencias y al mismo ritmo. En cambio, en ciertas sociedades africanas se observa cómo las estructuras sociales evolucionaron, a tientas podríamos decir, hacia un modo de

Los "reinos" africanos pre-esclavistas

Un cierto número de reinos africanos pre-coloniales no constituyen, hablando propiamente, formaciones esclavistas.

elementos indican que Estados(1) se sitúan en una posición bisagra de transición. La organización del linaje no sobrevive, cuando sobrevive, más que en la periferia del sistema. En el centro, sede de la autoridad política, los linajes han desaparecido como tales. El parentesco ya no designa más que a un pequeño número de personas, muy cercanas por la sangre, y las relaciones entre individuos se establecen principalmente respecto a la autoridad centralizada, detentada por el rey o la familia

En el transcurso de sus periódicas correrias, estos reinos guerreros toman numerosos cautivos entre las poblaciones vecinas. Pero dentro del propio rei-. no, no hay reproducción social de la esclavitud: el hijo de cautivo es libre, el status de esclavo no se hereda. Sin embargo, en el exterior, estos reinos conocen la esclavitud; los comerciantes musulmanes originarios de los imperios Norte practican la trata y así compran, hasta 1.880, cautivos masculinos a los reyes Bandia, que habían hecho de ella, como del marfil, un monopolio real. El sistema de producción de estos reinos

59 NICOLE CHEVILLARD Y SEBASTIEN LECONTE se basa en el trabajo de las mujeres y en la importación masiva de mujeres cautivas. La clave del funcionamiento de las instituciones políticas reside en la organización de la circulación de las mujeres. Las mujeres son la riqueza principal de este tipo de sociedad. La economía de estos reinos se basa esencialmente en el trabajo femenino, a varios niveles. Las cortes reales y principescas son directamante abastecidas por los harenes, es decir por las esposas de los reyes y de los príncipes. Cada una de ellas tenía su propia cabaña y su propio jardín, en las cercanías de los lugares de cultivo. Las mujeres debían cultivar lo que necesitaban para ellas y sus hijos y preparar su sustento, así como el de los súbditos de las cortes reales. Al otro lado de estos jardines privados estaban las plantaciones reales, mantenidas por los guerreros (en tiempo de paz) y sus esposas(2).

aportación de alimentos y bienes provenía del tributo que el rey obtenía de sus súbditos, cuyos recursos provenían también en su mayor parte del trabajo de sus mujeres.

En estas sociedades, lo que caracteriza a los miembros de más rango de la sociedad (el rey, los príncipes, los nobles) es el número de sus mujeres y el hecho de que no realizan trabajos manuales. Cuantas más mujeres tiene un hombre, más hospitalidad ofrece, más

By guerreros tiene. El intercambio de mujeres ya no se hace de un linaje a otro, al haberse debilitado éstos. Es un hombre y uno solo quien, compensación, por captura o don del rey, recibe una esposa, ante todo para él. Los reyes y los príncipes detentadores del poder político instituyen así nuevos mecanismos de circulación de las mujeres, como por ejemplo el de la "mano", y se hacen así una clientela de obligados y de aliados: dan una mujer, a menudo cautiva o hija de cautiva (pero no necesariamente), a un hombre, sin contrapartida inmediata (no hay dote como en el sistema de linaje). Sin embargo el beneficiario deberá devolver la primera hija nacida de esta unión a la "mano" de su donante, o al heredero de éste, y adquiere respecto al donante las obligaciones de un

En los imperios Mossi del Yatenga, se encuentra un sistema bastante análogo, la institución del "napogoyure". Cada tres años las mujeres de la "mano" del rey son censadas; se hace el anuncio a las futuras familias beneficiarias y la donación se realiza en el curso de una ceremonia. Como contrapartida, los beneficiarios deben prestaciones de servicio y la entrega de la primera nacida de la unión así realizada. En los caudillajes Bamileke del Camerún también encontramos una institución similar, llamada "ngkap". Tambipen aquí, hay don de mujer sin compensación inmediata: el monio a una de sus hijas, o a cualquier otra mujer de su "mano", por una unión "tangkap" que la otorga el derecho a re-

"ngkap", en su "mano", a todas las hijas nacidas de tal unión. Se comprende fácilmente que estas instituciones no funcionan en un sentido igualitario y tienden a reforzar las posiciones dominantes establecidas. Permiten a los. miembros de las clases dominantes poseer un gran número de mujeres, asegurar la reproducción de este "capital-mujeres", o incluso aumentarlo y constituir en torno a ellos una clientela de obli-

Los estados esclavistas

Ciertamente, el sistema esclavista no se ha establecido aún pero ya se le ve esbozarse... La explotación y la alienación de las mujeres siguen siendo la base de las relaciones de producción y de los mecanismos de poder; todavía no hay una estructura duradera de explotación de los cautivos masculinos (estructura susceptible de autoreproducirse de una generación a otra), pero sin embargo, se comprueba que se han implantado nuevas estructuras de poder y de apropiación de la fuerza de trabajo. Las riquezas ya no son gestionadas y acumuladas en el seno de los linajes, sino por algunos hombres dominantes que las trasmiten a sus herederos directos (sus hijos si los tienen, no prioritariamente sus hermanos). La circulación de las mujeres ya no se hace según las reglas del intercambio desarrolladas en el sistema de linaje; son entregadas y puestas a trabajar en el marco de relaciones jerarquizadas y personalizadas entre hombres; ya no son un bien colectivo sino casi totalmente un bien individual, negociable, canjeable, heredable. «Su condición prefigura la de la esclava.

En el Africa negra existieron varias sociedades manifiestamente esclavistas, de las que damos aquí algunos ejemplos. El reino Nupe de Nigeria, estudiado por S.F. Nadel (Bizance Noire, Bizancio Negro), presenta una forma bastante acabada de esclavitud. «Antes de la llegada de los británicos, los nupe tenían millares de esclavos: normalmente un hombre importante tenía veiente o trein-

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ta; los artesanos acomodados de Bida, herreros y tejedores, los empleaban; incluso en los pueblos, algunas familias poseían uno o dos». S.F.Nadel explica en su obra que los nupe se proveían de esclavos de dos formas: la guerra y la compra, y estos últimos eran, en toda la acepción de la palabra, propiedad de su

La clase social dominante de las familias nobles y reales es la mayor oropietaria de esclavos. Estos sirven en la casa y en los campos. Algunos clavos de la corte" son promovidos a altas funciones, entre ellos un gran núme-

Así pues, en lo sucesivo el status de esclavo se aplica tanto a hombres como a mujeres y se transmite a su descendencia. El esclavo macho, como el cautivo de la sociedad de linaje, no es considerado como un padre, socialmente hablando. Los hijos de una pareja de esclavos pertenecen al propietario de la mujer. Gozan sin embargo de una condición ligeramente superior a la de sus padres: son esclavos pero teóricamente no pueden ser vendidos o matados...

Los principados de Kotoko, estudiados por Annie M.D. Lefoeuf, se basan en un sistema similar. Los Kotoko hacen correrías y, siendo grandes propietarios de esclavos, también proveen de ellos a los reinos vecinos. Los príncipes Kotoko poseen en los alrededores de su capital, vastos terrenos de cultivo trabajados por sus esclavos. Por otra parte, la esclavitud no se impone en bloque y sin matices al conjunto de la sociedad. Se practica sotre todo en el centro, por parte de las clases dominantes, en las ciudades. En la periferia, en las comunidades rurales y campesinas, los "cautivos de cabaña" son reintegrados en la sociedad tras dos o tres generaciones, son hijos de cautivos y no cautivos de guerra. Del mismo modo, el matrimonio entre un hombre libre y una mujer esclava es autorizado sin restricciones y el hijo de esta unión es libre, en virtud de su padre. Por el contrario, en el centro, tal tipo de unión, cuando sigue siendo posible,

Como puede verse, la esclavitud toma distintas a las que conoció en otros lugares, por ejemplo en la cuenca mediterránea. En cierto modo, emergió de las estructuras de linaje, modelo las antiguas formas de explotación y de subordinación de las mujeres.

Incluso podríamos decir que éstas han servido, a veces, de primer campo de experimentación y de acumulación. Conjunta y necesariamente, la totalidad de las estructuras sociales se modificó pro-

59 NICOLE CHEVILARD Y SEBAS TIEN LECONTE fundamente con la emergencia de relaciones de autoridad y dependencia radicalmente distintas a las propias de las estructuras de linaje. Así pues, como hemos visto, la esclavitud no cayó del cielo para entrar en la historia de las sociedades humanas. No se adhirió artificial y exteriormente a las formas anteriores de alienación de las mujeres(3). Se sirvió en primer lugar de la relación de producción en la que estaban encerradas las mujeres en el sistema de linaje, para después tomar su propia dinámica. Pero sólo pudo imponerse con el desarrollo de la propiedad privada, la extinción de las estructuras de linaje y la aparición de estructuras de supra-linaje (ya de carácter estatal o potencialmente), es decir a través de un cambio radical.

En el sistema de linaje el conjunto de las mujeres estaba sometido a la misma, relación de alienación, mientras que en el sistema esclavista la distinción entre mujeres libres y mujeres esclavas parece sugerir una ruptura radical y fundamental entre dos clases. ¿Significa ésto un cambio esencial?. plantearse esta cuestión para analizar las modificaciones que este cambio produjo en la condición femenina.

A primera vista, todo parece indicar que existe claramente un mundo, una barrera de clase entre las mujeres esclavas y las mujeres llamadas libres, es de-

Mujeres libres, mujeres.

esclavas: ¿cuáles sonlos antagonismos? cir las esposas o las hijas de los hombres dominantes. Las mujeres llamadas libres tienen mejores condiciones de vida material, están mejor consideradas socialmente, tienen el poder de mandar sobre esclavas femeninas e incluso a veces esclavos masculinos. Dan a luz a hijos también libres. Heredan algunos bienes, e incluso algunas de ellas desempeñan papeles eminentes a nivel político. Citaremos algunos ejemplos en Africa. Entre los Kotoko, tres mujeres tienen funciones principales: la Gumsu, primera esposa; la Magira, la madre; la Rolandumja, hermana mayor del rey o hermana del padre. Estas mujeres detentan una influencia real, dentro o fuera del palacio, sobre la población femenina. En el reino de Waalo en Senegal(4), se confía a mujeres dos dignidades eminentes. La Linger era la primera dama del reino y debía ser, la mayoría de las veces, la madre o la hermana materna del rey que la elegía. La Awo era la primera mujer del rey y ocupaba así el segundo lugar en la jerarquía de las mujeres. La Linger y la Awo gobernaban distritos hereditariamente ligados a sus títulos, dirigidos, bajo su tutela, por un cautivo de la corona nombrado por ellas.

A partir de estos datos ¿no parece relativamente evidente que en las sociedades esclavistas, al menos en su núcleo, en las clases dominantes, hay ciertas mujeres que gozan de una condición de dominantes? ¿No parece positivo, en cierta medida, encontrar así la demostración de que en esta época histórica el valor y la capacidad de ciertas mujeres eran socialmente reconocidos, aceptados, cuando tantos misóginos continúan pretendiendo aún hoy que las muJeres son, por naturaleza y desde siempre, inferiores a los hombres?

En nuestra opinión es evidente que, con la instauración del sistema esclavista, la decadencia de las estructuras de parentesco, linaje y la instauración de reinos centralizados, la condición de las mujeres se modificó profundamente. Es probable incluso que algunas mujeres no permanecieran pasivas en el momento de esta ruptura, que aprovecharan para sacar beneficio de acontecimientos que parecían liberarlas -aunque sea individualmente- de la vieja y opresora lógica

En cambio, no nos parece tan evidente que las mujeres llamadas libres se puedan colocar junto a las clases dirigentes, en antagonismo directo con las mujeres y hombres esclavos. Creemos que es necesario examinar algunos datos sorprendentes para ir más allá de las apariencias y profundizar nuestra reflexión. En primer lugar, ¿qué se puede pensar del término "mujer libre" si lo relacionamos con la condición real de las mujeres a quienes se aplica? La biografía de una mujer libre Hausa, Baba de Karo (5), nacida hacia 1890, antes de la ocupación inglesa de Nigeria y en pleno período esclavista, escrupulosamente transcrita por Mary Smith, nos ofrece un testimonio inestimable sobre la vida cotidiana y el status de las mujeres en el medio esclavista africano. Nadie, ni siquiera una mujer esclava, está tan encerrada, en el sentido literal y físico del término, como una mujer llamada libre, lo cual en sí mismo, comienza a plantear problemas. Resulta que el primer matrimonio de una mujer es siempre acordado por su familia (hacia los catorce años) y que sus eventuales matrimonios ulteriores precisan al menos el consentimiento de "sus padres" (su padre biológico y los hermanos de su padre).

En el caso ideal, el primer matrimonio

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se concierta con un primo por parte del padre. Baba de Karo relata: «Cuando tenía catorce años, llegó el momento de casarme. Yo había crecido con nuestros seis padres, los hijos de Ibrahin Dara y su hermano menor Maidamishi; cuando llegó el momento, acordaron mi matrimonio con alguien de la familia. Me casaron con Duma, hijo de Sidi: Sidi era el hijo de mi abuelo Mai Yana. Mai Yana e Ibrahin Dara eran hijos de dos hermanos». Cuando una mujer se casa, lleva consigo su dote, ofrecida por su propia familia: «Los padres de la novia aportaron esteras, tazones, piedras de afilar, un mortero y su maja, cántaros, una cortina y una estera para la puerta de su cabaña, una marmita para cocer y guisar y un pequeño tazón. Es la dote de la novia». La dote no es unilateral como en las sociedades de linaje. De hecho, en el momento del matrimonio habrá en lo sucesivo intercambio de bienes, servicios y regalos entre las dos familias políticas. En su primer matrimonio, Baba de Karo está triste. Llora. No ama realmente a este marido que ella no ha elegido. Se va a convertir en una mujer, es decir, ya no irá a los mercados ni a bailar con las otras jóvenes. En adelante, vivirá recluída en la concesión de su marido, sea quien sea. Para todas las jóvenes Hau-

Yes verdaderasa, el primer matrimonio suscripción anual:

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Dirigir toda la correspondencia a: INPRECOR, 2, rue RicharaLenoir, 93108 Montreuil, Francia

59 NICOLE CHEVILLARD Y SEBASTIEN LECONTE mente un paso irreversible, al que los divorcios y nuevos matrimonios contraídos durante su vida no cambian nada.

Como puede verse, los diversos elementos que condicionan la vida de una amujer llamada libre en el medio esclavista africano, se parecen extrañamente a los descritos para Atenas o Roma en pleno periódo clásico. Están en efecto directamente ligados a la esclavitud. En primer lugar, la reclusión de las mujeres Hausa sólo es posible gracias a la existencia de mujeres esclavas entre la gente que vive en la casa. Baba de Karo lo muestra perfectamente: «Cuando mujeres de los esclavos habían terminado de preparar el cocido con nosotras, se lavaban y después, con la azada al hombro, se iban al campo a llevar el alimento a los hombres; una vez que estos habían comido, también ellas se ponían a trabajar. Trabajaban hasta la oración de la tarde, Azahar. En ese momento paraban; las esclavas iban a buscar leña para el fuego. Nosotras permanecíamos en la concesión. Por la noche ellas traían la leña y cocinábamos juntas, luego ellas se lavaban y llevaban su alimento a su rincón de la concesión». Sin embargo, las mujeres Hausa llamadas libres no permanecen ociosas en su concesión. Realizan actividades artesanales. Hay división de tareas entre mujeres Edición internacional en francés

Numéro 250 5 octobre 1987 PHILIPPINES Assassinat d'un militant NICARAGUA Interview de Tomas BORGE Une économie HAITI en chute libre MEXIQUE Un parti en construction 12FF - 85FB-4FS esclavas y mujeres libres. Pero esto, en definitiva, se hace a entero beneficio de los hombres libres de la casa.

El término de mujer libre parece en verdad bien poco aceptado a esta condición en la que domina la reclusión. Los gineceos griegos jugaban el mismo papel. Así pues, ¿no es en cierto modo paradójico considerar que una mujer sometida a tal obligación es también parte integrante de la clase dominante, cuando su libertad tiene semejantes trabas? Esto recuerda la suerte de las mujeres chinas de los pies vendados, incapacitadas para toda marcha prolongada, prisioneras de una lesión impuesta sólo a las que están destinadas a no ser ni sirvientas ni campesinas, sino esposas de los propietarios ricos, comerciantes, funcionarios o mandarines. También recuerda la obligación impuesta a las mujeres de Arabia Saudita, aún hoy en día, de no poder viajar más que totalmente ocultas por un velo y acompañadas por un hombre de su familia; como queriendo imposibilitar cualquier huída, cualquier evasión...

Por otra parte, ¿qué podemos pensar de los poderes de que disponen algunas mujeres de alto rango, cuando comprobamos que, en la misma época, funciones muy relevantes eran otorgadas también a algunos esclavos?. Por ejemplo,

Correspondance de prosse Internatlonale

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en el reino de Waalo, del que ya hemos hablado, los roles de la Linger y de la Awo no difieren del de los funcionarios de origen servil. Ugo de ellos, el "jefe de los cautivos de la corona", • ocupa un lugar preponderante, equivalente al de un Primer Ministro. Otro ocupa un lugar similar al de Ministro de Asuntos Exteriores. En ambos casos, tanto el de las mujeres de alta condición como el de los funcionarios esclavos de alto rango, su poder deriva del del rey y no es autónomo de él. Todas las sociedades esclavistas desarrolladas funcionaron confiando a esclavos y a mujeres delegaciones de poder de las tareas de gestión y control, acordándoles condiciones de vida frecuentemente superiores a las de muchos hombres libres. Se trataba de mecanismos de delegación de poder y no de medidas de liberación o de reparto del poder. Todo sistema coercitivo se ve obligado, para tuncionar, a confiar tareas de control y de represión a algunos de los miembros del grupo dominado. Así mata dos pájaros de un tiro: divide a los oprimidos, dejándoles la ilusión de que hay otras puertas de salida individuales más allá de la rebelión; se asegura la fidelidad y los servicios de personas, al margen de las condiciones concretas de explotación. Y si estos delegados del poder no actúan satisfacto-

Suscripción anual:

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Dirigir toda la correspondencia a: Perspectiva Mundial 410 West Street. New York N.Y. 10.014. PERSPECTIVA MUNDIAL

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NICOLE CHEVILLARD Y SEBASTIEN LECONTE riamente, nada más sencillo que meterlos en vereda o cambiarlos: su condición inferior no les ofrece ninguna garantía, no tienen apoyo. Estos mecanismos funcionan a múltiples niveles en todas las sociedades de clases, a veces hasta los extremos más odiosos, como sucedió en el caso de los campos de concentración nazis donde el mayor trabajo cotidiano de represión y de exterminio recaía en una fracción de los propios detenidos, llamados "kapo" o "jefe de bloque colaboraban totalmente con las SS, a veces de forma aun más inhumana que algunos de ellos, si es que esto era posible...

Nuestra intención no es hacer una amalgama entre una sociedad esclavista y un campo de concentración, sino poner en evidencia que en el sistema esclavista, sistema que se basa en una forma de coerción, existieron mecanismos de funcionamiento del poder que implicaban procesos de "delegación" y de aparente integración de algunos dominados en el círculo de los dominantes, en este caso mujeres y esclavos en la jerarquía política y administrativa de los reinos y otras formas de Estados esclavistas.

Si no, ¿cómo se comprendería por qué, en algunos de estos reinos africanos, los monarcas, para ejercer su auto-

Perspectiva

Mundial

Revista mensual editada por el SWP de Estados Unidos.

Golpe de estado y

muerte de Thomas

Sankara grave revés

para la revolución

en Burkina Faso

ESTADOS UNIDOS

Cientos de

miles en marcha pro derechos de homosexuales ridad, acaban apoyándose principalmente en esclavos y mujeres, a la vez que desconfían y dejan de lado a miembros de su dinastía y a otros nobles? Así, a los parientes más cercanos del rey (sus hermanos o sus hijos adultos) es muy frecuente tenerlos alejados de la morada real. En los principados Kotoko, los hijos del Miaire (el rey), nacidos de un matrimonio oficial con una de sus cuatro esposas, son incluso automáticamente excluídos de su sucesión. Sólo los hijos de las concubinas pueden pretender al trono. En cierto modo, no se puede llegar a jefe más que a condición de tener una madre esclava... Así se evita al rey tener que sufrir la influencia de una familia materna o de una familia por alianza.

Estas reflexiones nos llevan a señalar qué débil aparece la frontera, inexistente podríamos decir en términos de derecho, entre la esposa llamada libre, la esposa esclava y la mujer esclava sin más. En el derecho romano (como por otra parte, poco más o menos, en el derecho consuetudinario africano en el derecho islámico aplicado a las sociedades africanas), el término alieni juris significa 'que está sometido al derécho ajeno", o al derecho del pater. Se aplica tanto a la mujer casada como a la esclava. El alieni juris no tiene patrimonio, ni capacidad

Thomas Sankara

NICARAGUA

Campesinos en

Nueva Guinea

discuten cómo

implementar

acuerdos de paz

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personal que le permita realizar actos jurídicos por cuenta propia; únicamente puede utilizar la capacidad del pater para realizar actos jurídicos que tengan efecto en la persona del pater. En derecho romano, los únicos alieni juris de por vida son las mujeres: como hijas, están sometidas en primer lugar a la patria potestad de su padre; en tanto que esposas, están sometidas al poder de su marido o del padre de su marido.

A fín de cuentas, las mujeres llamadas libres no gozan ni de propiedad ni de libertad. Y si sus hijos son libres, no es a causa de ellas; es su padre (o el reconocido socialmente como tal) quien les dá este status. No se puede traducir ni simbolizar este poder mejor que como lo hizo la costumbre romana: el recién nacido debía ser presentado al jefe de la familia, al pater, el cual tenía entonces el poder de vida o de muerte sobre el niño, poder de reconocerlo como suyo o de negarle la vida. Así pues, a nuestro parecer, no se puede decir que la mujer llamada libre en un sistema esclavista es la igual del hombre libre o que forma realmente parte de la clase dominante.

Men cierta medida, comparte la existencia de esta clase. Obviamente, según su carácter, las circunstancias, la importancia de la familia de la que proviene o a la que ha sido casada, puede llevar a veces una existencia cómoda, prestigiosa o excepcional. Pero también algunos y algunas esclavas vivieron brillantes trayectorias sociales. Más fundamentalmente, pensamos que el grupo de las mujeres llamadas libres es un grupo alienado, cuya función principal es permitir la reproducción biológica y social del grupo de los hombres libres. En una sociedad esclavista, es por una parte, necesario que "nazcan" esclavos (es decir individuos que heredan de sus padres el status de esclavo) y por otra, que "nazcan" hombres libres y entre ellos dirigentes y dominantes potenciales. Tampoco es bueno que "nazcan" pocos esclavos, ni demasiados; si no, las relaciones entre clases se desequilibrarían. Tampoco con-

"nazcan" demasiados libres

-o entre ellos demasiados pretendientes directos a las funciones del poder-, ni demasiado pocos. Así pues, no se puede dejar a los hombres libres total libertad para designar, cada uno por su parte, quién será esclavo, quién será libre; ni dejar al rey, a los príncipes y a los nobles una total libertad para elegir a sus herederos como mejor les parezca. Si así fuera, habría un desarrollo incesante de desequilibrios, tensiones, conflictos

59 NICOLE CHEVILLARO Y SEBAS TIEN LECONTE

Es necesario que se establezcan ciertas reglas, que sólo los hijos nacidos de algunas mujeres puedan ser considerados como libres, y que estas mujeres no puedan tener, en la medida de lo posible, hijos más que con hombres libres. Porque, evidentemente, estos últimos no tienen los medios de estar naturalmente seguros de su paternidad y poderlo probar públicamente. Así pues, los hombres libres conservan el poder de la paternidad (frecuentemente, en el mismo período se afirman las teorías que pretenden que la madre no hace más que llevar en su seno al hijo, mientras el hombre es el único que verdaderamente procrea...). A veces se permiten tener hijos con una esclava, pero conservan el poder soberano de liberarlos o no, así como a su madre(6). La reproducción social legítima de los hombres libres pasa de hecho por el matrimonio con estas mujeres llamadas "libres", a quienes por lo tanto es necesario vigilar y encerrar para que no se burlen públicamente de las reglas del juego así instituidas por encima de ellas y por medio de sus cuerpos. Este matrimonio ya no tiene más que lejanas relaciones con las formas anteriores de intercambio de mujeres. En la sociedad esclavista, las estructuras de linaje se han extinguido, sobre todo en el centro del sistema (sobreviven a veces en la periferia, entre los pueblos "sometidos").

El parentesco ya no se establece en el marco del linaje, sino en el de las líneas, más restringido y menos profundo. En una línea, la herencia y la devolución del poder se hacen de padre a hijo y no ya de hermano mayor a hermano menor, como lo exige la regla de los linajes que supone grupos de parentesco mucho más amplios, clases y no dinastías. Al morir el padre fundador de la línea, no es su hermano menor quien hereda y toma el control de sus bienes, sino uno de los hijos, designado por el padre(7). Y al morir este hijo, no es su hermano o su primo quien vuelve a tomar las riendas de la línea, sino uno de los hijos del hijo, etc. Tal estructura de parentesco era indispensable para que pudieran establecerse convenientemente relaciones de poder y de propiedad personalizadas, para que se segregaran pequeños grupos dominantes que acumularan riquezas y poder. Al mismo tiempo, tal estructura es más frágil que la del linaje, porque incluye menor número de hombres, porque se ve más fácilmente amenazada de extinción por falta de descendientes. La línea ya no basa su poder y

"capital-mujeres"

sino en sus bienes, sus tierras, sus esclavos y sus alianzas con otras líneas, y en el número de sus "clientes" y obligados. Tampoco es ya el matrimonio el medio de adquirir una fuerza de trabajo femenina (merece más la pena comprar cautivos o esclavos), sino un trato de línea a línea para establecer y afianzar alianzas. El matrimonio queda liberado de las antiguas reglas de la exogamia e, inversamente, de forma prácticamente "incestuosa" , se practica con cada vez más asiduidad entre primos. aporta dote para adquirir una mujer sino que se intercambian bienes con ocasión del matrimonio de dos líneas. Se ha podido decir que el sentido de la dote se invierte. Un padre no debe ofrecer bienes para casar a su hijo, sino que casando a su hija confía la gestión de algunos de sus bienes a un yerno (de hecho a la línea de éste) para ampliar el asiento social de su línea, desarrollar su red de influencia y de defensa.

Así pues, en tal sistema, las mujeres llamadas libres no son más que rehenes, instrumentos de reproducción de las relaciones sociales. No es de extrañar, por otra parte, que así sea: la "revolución social" que supuso la instauración del sistema esclavista nunca fué dirigida por ellas, ni hecha en su beneficio. fué un asunto de hombre, mal asunto en este caso para algunos, ya que a fin de cuentas varios de ellos terminarán como es-

En esta conmoción delas relaciones sociales que conducen a las sociedades esclavistas partiendo de la griega base del linaje, nuestra reflexión nos ha permitido ver que es "a costa de las mujeres", y por medio de ellas, como llegaron a liberarse, afinarse, experimentarse, algunos de los mecanismos esenciales para el funcionamiento de las relaciones de producción esclavistas. Precisamente porque así fué, no podemos sorprendernos al ver que en las sociedades de clases basadas en la esclavitud, las mujeres llamadas libres no tienen una verdadera relación de antagonismo con las mujeres esclavas y los hombres esclavos. Como ellas y como ellos, están en situación de alienadas y de oprimidas, debido a y en interés de, la clase dirigente, los hombres dominantes.

Así pues, para nosotr4os la sociedad esclavista no está cortada transversalmente en dos por criterios de sexo; no hay por una parte explotadores y expiotadoras y por la otra explotados y explotadas. Tampoco hay, y esto es lo nuevo en relación a las sociedades de linaje, una oposición basada únicamente en la distinción hombres-mujeres. Las mujeres vieron cambiar y diferenciarse su

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status de oprimidas y explotadas, pero en cierto modo fueron incorporadas por los hombres al campo de los alienados. La "guerra de sexos" ya no tendrá razón de ser, pero la opresión de las mujeres no se habrá aliviado ni desvanecido...

NOTAS

(1). Como los reinos Bandia y Zande, estudiados por E.de Dampierre y E.Pritchard.

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NICOLE CHEVILLARD Y SEBASTIEN LECONTE (2). Se provee a los guerreros de una esposa, sin que tengan que pagar dote. Lo deben por tanto en servicios (servicio militar) y en trabajo (esencialmente el trabajo agrícula de sus esposas). Así pues, el status de estas esposas se entronca con el de todas las esposas del centro del sistema (es decir, al de las esposas reales) y el de los guerreros al de un "cliente". (3). Por supuesto, esto no se dice más que a nivel general; porque para un pueblo, como fue el caso del Imperio de Roma o la trata en dirección a América, la esclavitud puede perfectamente haber sido impuesta, por la fuerza y la conquista desdeel exterior, repentina y brutalmente.

(4). Boubacar Carry, Le Royaume du Waalo (el reino de Waalo), Maspero, 1972. (5). Baba de Karo, publicado en francés como Terre humaine (Tierra humana), Plon, 1969. (6). El papel de este poder está notablemente descrito en el libro La Virgienne (La Virginiana), en lo que respecta a Thomas Jefferson. (7). O prioritariamente el primogénito, en caso de derecho de primogenitura. (*). N. del T. "maître" en francés tiene un doblesignificado, amo y maestro.