Historia LA CUESTION ANARQUISTA EN LA REVOLUCION ESPAÑOLA
J. Gutiérrez Alvarez Como es bien sabido, el anarquismo mundial tuvo en España su máxima representación e influencia. Esto ha llevado a decir a algunos que la presencia libertaria ha sido el trazo más original de su historia contemporánea. Lo que es mas seguro es que este hecho fue el mas singular de la guerra y la revolución de 1936-1939, fechas absolutamente cruelales en la historia de la anarquía. Después de numerosas derrotas, movimiento libertario internacional creyó encontrar en la contienda española su ocasión de oro para demostrar al mundo, y muy particularmente a los marxistas, cómo se hacía la revolución, o sea de una manera antiestatal y autogestionaria, siguiendo otras pautas a las del modelo bolchevique de 1917 que coincidían en descalificar(1).
NOTAS: (1). Esta descalificación es inicial en el caso de los más doctrinarios, comienza a crecer con la paz de Brest-Listovk y será definitiva con Kronstadt. Aunque este hecho no puede ser asimilado seriamente como un acto anarquista ción —, sí es revelador de la creciente hegemonía del aparato represivo dentro del Estado soviético. Sobre este punto hay un abundante material y sobre él se puede decir que es un debate inconcluso. (2). El anarcosindicalismo había protagonizado numerosas derrotas políticas — sin ir muy lejos la de la CGT en 1914-, pero nunca había tenido un papel tan descollante como en la guerra de España. Un caso muy poco conocido es el de la CGT portuguesa, muy potente en víspera del golpe de Salazar, ante el cual preconizó una linea abiertamente suicida: "neutralidad proletaria". No he encontrado nunca ningún cocrítico de esta actuación entre sus escritores. (3). En todos los países donde el anarquismo era importante, los PPCC se construyeron con un fuerte componente —en ocasiones decisorio- de dicha extracción, teorizada como preferente frente a la socialdemócrata por Lenin y Trotsky. No deja de ser significativo que algunos de los principales dirigentes del POUM —Nin, Maurín, Bonet, etc:- provenieran de la CNT y luego de las JJSS -Andrade-; esto es extensible a toda la Oposición de Izquierda Internacional. (4). Se puede decir, sin miedo a exagerar, que todo el anarquismo internacional tuvo "su guerra de España". Un ejemplo sencillo y dramático de lo que significó la derrota se puede encontrar en el film La historia oficial, de Luis Puenzo. (5). Federica Montseny llega a encontrar "huellas" de anarquismo hasta en la extre: ma derecha y el equívoco Saña relaciona esta naturaleza anárquica con la fuerte presencia de una sociedad precapitalista en el Estado español (¡como si esta característica fuera exclusiva!). (6). Maurin tomó parte de un amplio debate sobre este tema, ver El arraigo del anaredición de Albert Balcells (hay varias ediciones, la última en Júcar). Vuelve sobre el problema en su apéndice de Revolución y contrarrevolución en España (Ed. Ruedo Ibérico, París, 1966). (7). Puede ayudar a comprender la diferencia el análisis de Ernest Bloch sobre el lenguaje "caliente" '"frio". La literatura anarquista no tuvo una gran calidad, más bien todo lo contrario, pero tuvo la gran virtud de "llegar" hasta a los más analfabetos que escuchaban iluminados -en el mejor sentido- la lectura de La conquista del pan en las eras andaluzas. Para un estudio de esta importante cuestión: A. Triana Ferrer, Educación libertaria y revolución social, Univ. Nacional a Distancia; Madrid 1987.
En el momento en que estallan las "jornadas de julio", la Asociación In-
Trabajadores (AIT), creada en 1922 en Berlín en oposición a la Il y a la III Internacional, puede dividirse claramente entre su principal sección, la española, de medio millón de afiliados -que se ampliarán durante la guerra-, y el resto, en su mayor parte secciones Italia- o en decadencia —Francia, Argentina-, todas francamente mino-
Después de un efímero fulgor con la Internacional Antiautoritaria o Negra, animada por el propio Bakunin, anarquismo será desplazado de los principales centros industriales por la Internacional Socialista. A principios de siglo conocerá otro gran momento con el auge del sindicalismo revoluciuonario — encarnado por Pelloutier y por la Carta de Amiens-, pero la I Guerra Mundial y sobre todo, la revolución rusa, darán lugar a una nueva crisis en provecho de la Internacional Comunista en los países semiindustrializados; muchos de sus cuadros serán atraídos por el bolchevismo(3). España será la gran excepción. De ahí que cuando se implanta la República, y sobre todo cuando estallan la guerra y la revolución, el anarquismo mundial hace suya las esperanzas de la CNT-FAI y muchos de sus militantes más notables vivirán intensamente su guerra de España(4). La excepción española
Esta excepción española ha fascinado singularmente a toda una hornada de historiadores e hispanistas que han tratado de dar una explicación científica al fenómeno en base a un socioeconómico existencia de un oceáno de pequeñas industrias y de los latifundios—, a un trasfondo religioso —el anarquismo se explica como una variante de la herejía religiosa históricamente frussin olvidar la variante racial, tan cara a los propios anarquistas que han consagrado la singular idea —además arbitrariamente uniformado- lleva en su "idiosincrasia" unas dosis menores o mayores de anarquismo(5). Para estos historiadores se trata de asimilar lo que en buena medida consideran una anomalía —como si la historia en general y el movimiento explicar con moldes o paradigmas universales—, y para los anarquistas se trata de acentuar una gesta "racial" cuyo horizonte les parece eterno. Hay no poco de "patriotismo" militante en esta última concepción —que ha sido teorizado también por cierta derecha, y por gente como Heleno Saña-, y que hace del fenómeno anarquista español algo metafísico, intemporal.
Estos factores tienden por lo demás a ocultar los más importantes: los políticos. Algunos de ellos han sido subrayados por un maduro Joaquín Maurín, que ofrece una versión mucho más matizada del "arraigo del anarquismo en España"(6), afirmando que los anarquistas comprendieron mucho mejor que los "marxistas" el carácter radical de la cuestión agraria en el sur, la naturaleza de vanguardia obrera de Barcelona frente al Madrid burocrático, fueron propagandistas mucho más capacitados(7), tuvieron una actitud más receptiva hacia los intelectuales radicales y hacia ciertas características del pueblo español, supieron responder a la violencia institucional (Durruti) y actuar en la clandestinidad, poseyeron también más brio e imaginación que los sindicalismo revolucionario mucho más que las presiones parlamentarias por las mejoras en las con•diciones de vida y por la dignificación del trabajo; es más, serían las luchas por los anarcosindicalistas las que legales conseguidas. Su apoliticismo revolucionario no aparecía entonces como una posición sectaria dada la liviandad moral de los políticos libe.proyecto revolucionario parecía la consecución lógica de un proyecto democrático radical que había sido secular•mente traicionado por la burguesía.
Por otro lado, el anarcosindicalismo supo combinar diversas formas de lucha e integrar en su seno un amplio abanico de tendencias libertarias, desde las pedagógicas y pacifistas hasta las insurreccionales y justicieras, y finalmente logró capear la crisis creada en torno al polo tercerointernacionalista, apoyando al principio una línea de convergencia —sin olvidar los principios de Bakunin-, para desvincularse después de los acontecimientos de Ucrania y de Kronstadt y del peculiar informe de Angel Pestaña, cuando ya el PCE inisu crisis. Cataluña y Sevilla hubo problema comunista(8).
En su larga historia, el anarquismo español se había fortalecido superando las "pruebas de fuego" represión constante, muy superior a la que sufrió el PSOE. Sobrevivió al fracaso de la revuelta cantonal de 1873 mucho menor que la que le atribuyó Engels en su famoso folleto Los baku- . ninistas en acción(9)—; al "pronunciadel general Pavía en 1874; a las oscuras maniobras policíacaș en
torno a la "Mano Negra" y al atentado
La primera descabezó el del Corpus. amplio •movimiento jerezano la segunda trató de destruir el núcleo barcelonés e hizo célebre las torturas castillo de Montjuich(10); al fracaso de la huelga generai que representó el capítulo más profundo de la "Setmana Trágica"; al pistolerismo patronal de principios de los años veinte que acabó con un buen número de sus cuadros más capacitados(11), y finalmente a la dictadura de Primo de Rivera que trató de yugular a la CNT en tanto que permitió la legalidad, aunque mermada, del PSOE.
Todo esto ocurrió en un período en el que los baches aparecen como antesala de un poderoso resurgimiento, y en el que los conflictos internos no torcieron SU desarrollo como había ocurrido en otros países. Las controversias y enfrentamientos -personales mayormente- entre colectivistas - a la manera de Bakunin- y comunistas -a la de Kropotkin-, fueron bastante duros, no menos que lo fueron los existentes entre los individualistas -Urales y Mañe, Mella- y los sindicalistas - Lorenzo, Seguí, etc-, pero todas estas tendencias acabaron coexistiendo aunque las diferencias resurgieron con otros problemas de fondo y se acentuaron al final de la Dictadura, cuando un sector —la FAl- abogaba por una línea de ruptura e insurrección y otro —Pestaña, Peiró, López— se inclinaban hacia acuerdos puntuales con la izquierda republicana y auto-
Estas contradicciones van a atravesar todo el período republicano hasta la reunificación que consagrara Congreso de Zaragoza de enero de 1936, para reproducirse con otras variantes durante la contienda e instalarse como algo crónico en el exilio ruptura final "transición". En este sentido se puede hablar de "dos almas" del anarquismo y José Peirats, nos la presenta así durante la República:
«Entre los anarquistas había dos concepciones revolucionarias: la que podríamos llamar jacobina y la que pudiéramos tildar de oportunista. Los primeros jugaban todo al golpe de audacia; los otros creían que la revolución tiene sus plazos. Se hace (o no se hace) todos los días. El máximo historiador
Nettlau, JGA) llamaba a esto último la continuidad de la historia. Frente a la concepción conspirativa estaba oportunista. Los movimientos insurreccionales conspirativos de pusieron en evidencia a ambas tendencias. Falló repetidamente la revolución conspirativa. Los movimientos fueron fácilmente aplastados por el gobierno. Falló por falta de clima. Para unos la revolución se forja en frío. A. l costa de machacar el hierro este se caldea y se pone al rojo vivo. La minorías audaces dispuestas a ofrecer el ejemplo de su sacrificio. Caldeado por el ejemplo, el pueblo seguiría. Para los oportunistas esto es jugar a la ruleta rusa. Sí sale con barba... Ambas corrientes creen que la revolución no pueblo. Pero mientras aquéllos creen que esta intervención es voluntariamente provocable, éstos estiman que sólo un acontecimiento emocional imponderable puede crispar las multitudes. Nuestra misión consiste en estar preparados para soplar en el tuego y llevar la revolución siempre adelante. La conspiración jacobina puede abocar a la dictadura, que ambas tendenLa etapa de la ll República
Con la revolución política del 14 de abril de 1931, el dilema jacobinismooportunismo atravesará tangencialmente el poderoso desarrollo de la CNT. Para la corriente "moderada" agrupada en torno al Manifiesto de los Treinta (Angel Pestaña, Joan Peiró, Juan López, etc), no están creadas todas las condiciones para la revolución y se impone un trabajo de acumulación de fuerzas, de avance sindical y de concienciación cultural. Por tanto no se trata de buscar el enfrentamiendirecto contra el Estado y la burguesía sino de aprovechar posibles acuerdos con sus sectores más avancatalanistas izquierdas con los que los tienen bastantes puentes. El modelo social de esta corriente — en la que se insertan numerosas variantes menores como la municipalista, la pacifista tolstoyana, etc.—, será una traducción de las teorías Besnard y Christian Cornelissen que abogan por una fórmula de "todo el poder" para las federaciones sindicales, una idea muy en boga dentro de la corriente histórica sindicalista revolucionaria (IWW). Serán muy duramente tratados por la mayoría (Ricardo Sanz llega a escribir un panfleto llamado Los treinta Judas), y expulsados.
varios años permanecen marginados fuera de la CNT, aunque reintegrandose, excepción de la fracción que representa Angel Pestaña, que construye el ínfimo Partido Sindicalista que tratará de convencer a los confederales de la importancia de tener una formación política, sin éxito. Aunque durante la civil su política ampliamente la de un sector cenetista —de procedencia faístaencabezado por Horacio Prieto(13).
La mayoría que se impone prácticamente en todo el Estado se vertebra través del irregular esquema
NOTAS: (8). Es interesante constatar las diferencias entre las posiciones de la izquierda comunista - BOC, OIC- y el PCE estalinizado sobre la cuestión del trabajo de la CNT.
estos sólo lo concebían desde una posición instrumental CNT propia- y consideraban a los anarquistas como enemigos —anarcofascistas
"incontrolados"—, los primeros detendieron"la democracia sindical. la unidad con la UGT, y criticaron la concepción que hacía de la CNT patrimonio de los anarquistas y de los trabajadores que tuvieran opciones políticas organizadas. (9). Sobre este aspecto ver el prólogo de Manuel Sacristán a los escritos de Marx y Engels sobre España, Ed. Ariel, Barcelona, 1966. (10). Este tipo de provocaciones fueron bastante usuales. Se aprovechaba la existencia de algún desesperado, o a veces, ni siquiera eso. Como en Chicago en 1885, hay alguien que provoca una matanza o una serie de crímenes "vengativos". No hay ninguna prueba, y las que hay, como en Jeréz, no se sostienen. Pero la maniobra sirve para descabezar el movimiento. Algo por el estilo intentó Martin Villa con el "caso Scala'. (11). Eduardo Mendoza interpreta muy bien estos hechos en La verdad sobre el caso Savolta, presentándolos como un yo" de motodología fascista. Por el contrario, en el programa pasada- es adjudicado al "terrorismo" anarquista. Un ejemplo más del buen hacer de nuestros "expertos" en historia. (12). Prol. a Los de Barcelona, de H.E. Kaminski, Ed. del Cotal, Barcelona, 1977. (13). Cit, por Antonio Elorza, La utopía anarquista durante la lla República (Ed. Ayuso, Madrid, 1973). Obra indispensable, con el defecto de autonomizar del contexto él enfoque de los debates ácratas. (14). Ver en este sentido la obra de Elorza. Este dilema fue efímeramente relucido por un sector de las JJLL durante los hechos de mayo de 1937, pero a pesar de su carácter categórico no volvió a plantearse seriamente desde 1936. (15). Ver Inprecor extra dedicado a 1934.
orgánico de la FAl en base a la premisa de que la CNT es insensible sin una hegemonía anarquista. El ascenso del movimiento de masas en general y en particular de su expresión anarcosindicalista plantea teóricos de la "gimnasia revolucionaria" que ha llegado el momento avanzar en el camino de la revolución mediante un vasto movimiento de insurrecciones locales —a la manera de definidas por los "trentistas" como bolchevique (asimilando abusivamente el bolchevismo a una simple técnica de golpe de Estado a la manera grotesca de Curzio Malaparte), y que se debe caracterizar más correctamente como una variante anarquista putschismo. movimiento, iniciado en Figols, tendrá su capítulo mas celebre y trascendente en Casas Viejas donde las fuerzas de orden público hicieron una demostración de cómo cabía tratar este tipo de acciones que nunca duraron más que unas horas o unos días, aunque sus protagonistas estaban convencidos de que no eran unos ensayos sino el día D de la revolución. Sus razones teóricas más elaboradas fueron hechas por el Dr. Isaac Puente, principal intelectual cenetista de la época y que las expuso
«Una revolución política puede hacerse en el frente urbano... La revolu-
CNT FAI,
ción social necesita tener el más amplio frente, haciendo de cada villorrio un baluarte... Un puñado de camaradas audaces o un pequeño sindicato rural, pueden proceder fácilmente al desarme de los enemigos y al armamento de los revolucionarios. En un pueblo es fácil resistir muchos días un bloqueo, porque hay medios abundantes de subsistencia... Los compañeros de la ciudad tienen algo más importante que hacer. Traer en jaque a la tuerza armada para que no pueda acudir a someter a sus hermanos, los campesinos sublevados. Distraer las huelga revolucionaria y la lucha violenta. Hacer que la experiencia del campo dure el mayor tiempo posible para que nadie pueda negar la evidencia: lo realizable comunismo libertario(13)».
Esta línea de "acciones ejemplares" que suscitan el entusiasmo de gente como Federica Montseny, desdeña los programas —concebidos como una artimaña marxista que obstaculiza la libre iniciativa-, se justifican como una táctica en la que el campo cerca a las corruptas ciudades y sobre la inmediatez —en línea recta, sin procesos de transición- de un comunismo libertario que no transige con hegemonías sindicales ni con ninguna forma de Estado. Su objetivo es el regreso a la vida natural, precapitalista, en la que (no se precisa muy bien
CASA DEL PUEBLO
cómo) se restablecerá el equilibrio entre el individualismo y el colectivismo. No hay lugar por lo tanto para ninguna forma de colaboración con otras exdel movimiento obrero, el dilema es: O Estado o Revolución(14). El papel de la hegemonía faísta
Desde la historia, se ha presentado habitualmente esta experiencia como el producto de la hegemonía faísta, olvidándose a menudo que ésta respondía a un sentimiento muy extendido entre los cuadros medios confederales —el corazón de la CNT— los afiliados, y que se comprendía como una alternativa revolucionaria frente la mediocridad institucionalista y profesoral de la coalirepublicano-socialista mostró mucho más dura con el anarcosindicalismo que con la nueva extrema derecha (hubo guante blanco para Sanjurjo y Juan March). Tenía la virtualidad de plantear la actualidad de la revolución de una manera infantil y sectaria, pero no hay dudas de que la revolución se estaba gestando más lenta y ampliamente. Cuando esta revolución vuelve a llamar a las puertas de la CNT-FAI, ésta se encuentra en una grave crisis en la que inciden además el fiasco de la campaña de apoliticismo revolucionario que contribuirá (a los ojos de los trabajadores) a la victoria de las derechas — que tratarán mucho más duramente que el gobierno anterior a los anarquistas—, y la emergencia de un peligro fascista internacional que será (aisladamente) comprendido por un testigo ascenso nazi: Orobón Fernández(15). La mayoría "faista" aunque en retroceso todavía seguirá mostrando su sectarismo ante la Alianza Obrera.
La Alianza Obrera responderá a tres exigencias básicas: a)la unificación proletaria frente al ascenso fascista; b) la revolución contemplada como la destrucción del Estado burgués, y c) la democracia proletaria como fórmula postrevolucionaria... Animada en un principio de la izquierda comunista, la Alianza se extiende con otros grupos disidentes del PSOE y de la CNT -Pestaña-, y alcanza a la izquierda socialista cuyo proceso de radicalización es repudiado por la mayoría libertaria. La entrada de la CNT en ella hubiera sido históricamente decisiva, podría haber sido una alternativa determinante frente a la nueva coalición de izquierdas en la que los republicanos ponían el programa y los personajes rectores y el movimiento obrero, la mano de obra. Pero la CNT no consideraba la eminencia del peligro fascista, no se planteaba la destrucción del Estado con los demás y por tanto, tampoco la necesidad de un pluralismo revolucionario(16).
La CNT asturiana permanecerá trágicamente sola en aquel año del ¡UHP!, y mientras Federica Montseny clamaba contra los marxistas sin ningún esfuerzo de distinción, el astur José Mª Martínez proclamaba que dos anarquistas y dos marxistas eran
El tema del frente único es analizado como una mera maniobra política de los diferentes marxismos, y lo que se impone es la mano de hierro contra los que se "infiltran" dentro de la CNT, como Cipriano Mera trabajen en la UGT en algunos centros industriales —como Madrid— en donde los confederales no tienen arraigo. Por lo demás, el planteamiento unificador y unitario se encuentra en el espíritu de la primera CNT y alcanzó momentos brillantes como el de la huelga general de agosto de
Sigue siendo una vocación dentro de no pocas federaciones y tiene teóricos como Quintanilla y Orobón Fernández, con gran predica-
La unidad no es el tema central del Congreso de Zaragoza, se colateralmente. Tampoco lo será el "clima" de golpe militar que se adivina incluso en el ambiente, ni el nubarrón fascista que ha cobrado un sesgo alarmante desde la victoria de Hitler, y 'mucho menos la situación en la URSS donde Stalin ha efectuado su espectacular giro hacia la derecha, ni siquiera el impulso del Frente Popular que va a
By tácito de "faístas". El Congreso se consagra a la determinación de cómo va a construirse el comunismo libertario e Isaac Puente impone su potente vena lírica: el comunismo libertario no teme ni a la contrarrevolución ni al cerco internacional. Pero parece evidente que su logro no podrá hacerse al margen de las condiciones concretas (que se menosprecian y que cuando se —como el soviético- se describen "autoritarios"). voluntad lo es todo, las condiciones no son nada. Será en esta época cuando "procesos de Moscú", la prensa libertaria trata el hecho con indiferencia y lo explica como un ajuste de cuentas entre "camarillas" marxistas. Anarquismo y revolución
La revolución, por supuesto, no va a desarrollarse siguiendo las pautas del IDEAL sino en medio de una linea quebrada por unas condiciones
(16). Desde mucho antes de mayo de 1937, Comorera tiene claro esto, mientras que para la ERC el problema no radica en que piense de una manera ocurre es que sus planes pasan por una integración más a largo plazo -Companys estaba persuadido de que la CNT acabaría por claudicar — y tiene la precaución de no perder autonomía frente al centro. Empero, durante mayo el ERC olvidó esta precaución y reclamó ayuda policíaca a Valencia. (17). En su importante obra sobre el PCE de la postguerra, Gregorio Morán ironiza sobre la idea expresada por el Claudín de La crisis del movimiento comunista, en su capítulo sobre España sobre el hecho de que la derechización del PCE de 1935-36 dislocó el frente revolucionario. A nosotros la reflexión no nos parece tan descabeIlada tanto y cuanto respondía a exigencias externas a la revolución española y no a la propia evolución del movimiento o del propio PCE que se había acercado en 1934 a trancas y barrancas, a posiciones de frente único más nobles que las que mantuvo durante el "tercer período"
históricas dramáticas, y su consecución no va a ser el producto de una huelga general o de un conjunto de insurrecciones sino que va a tener que superar una doble muralla que se le opone con métodos muy diferentes:
—la de la contrarrevolución militar-fascista vertebrada desde el sector más reaccionario del ejército que está dispuesto a la aniquilacion total del movimiento obrero y de todas las libertades, incluso de las bases culturales progresistas más moderadas.
antirrevolución expresión: unidad pretendidamente legítima, antifascista" concretada en un Estado republicano que se sitúa en la onda del pacto que la URSS busca con las "democracias occidentales" y que por ende, rechaza —tal como se expresa claramente en SU documento constituyente— las reivindicaciones socialistas.
En relación al primer problema se constata claramente una abierta subestimación por parte del movimiento obrero en general y del anarcosindicalista en particular, a pesar de que existen los conocidos antecedentes represivos de 1909, 1917, 1923 y 1934, sin olvidar la intentona golpista de Sanjurjo en 1932. Esta vocación contrarrevolucionaria del ejército se refuerza cuando la clase dominante considera cerrada su experiencia "reformista" en la II República, y cuando el ascenso nazi-fascista la alienta hacia una "contrarrevolución preventiva". La oposición dentro del ejército será amplia pero desarticulada; no encuentra en su contra los nudos de un trabajo antimilitarista consecuente. Mola y Franco estaban preparados para aplastar una previsible huelga general; el hecho de que la respuesta sea mucho más amplia y profunda revela que existían las condiciones subjetivas para una revolución.
En cuanto a lo segundo hay que que el Frente Popular justificaba, desde la derecha azañista, como un medio para neutralizar con su moderación la posibilidad de un golpe de Estado. Pero era evidente que la reacción no sólo consideraba las inde Azaña y Prieto también la voluntad y la mirada de los
By campesinos. Cuando golpe militar se destapó -después de secreto de Polichinela que. Casares Quiroga menospreció con una patochada-, la derecha republicana fue totalmente desbordada, primero porque su actitud ante el ejército era ambivalente -temía sus tentaciones golpistas pero lo necesitaba trente a una revolucion- y segundo porque no era, en lo mas mínimo, consciente de lo que significaba un peligro como el fascista. Su actuación entonces fue grotesca, osciló entre la indiferencia (Quiroga), el pactismo (Martínez Barrios), la pasividad (negando las armas a los trabajadores), cuando no la claudicación o la complicidad. La confianza de los trabajadores en los gobernantes republicanos fue fatal en muchas capitales.
No había nada preparado, pero cuando llegó la hora el heroismo de las muchedumbres hizo el milagro de contrarrestar el golpe en la mayor parte del Estado, y aquí los anarcosindicalistas mostraron su valor en donde mejor se sabían batir: en las ba• rricadas. Nada se podía hacer sin la CNT, aunque la ingenuidad tuvo concreciones trágicas en Sevilla, Zaragoza y Oviedo, sin olvidar Mallorca y Canarias, situaciones claves para la guerra que venía. El resultado de todo ello fue un punto de partida victorioso con algunas derrotas. Pero la situación se iba a resolver progresivamente a favor de los que tenían mejores armas y una comprensión más clara de los medios necesarios para vencer. La contrarrevolución tenía la terrible certitud de la consecuencia. Las grandes opciones del anarquismo
Nadie dentro del movimiento obrero español se había preparado tanto para una revolución como los anarquistas. Habían comenzado su odisea en los tiempos de la | Internacional, y se habían forjado en una batalla contínua contra los poderes establecidos. La CNT condensaba en sus federaciones a una mayoría militante con una reconocida capacidad de lucha y una decidida voluntad de transformar el mundo. Su programa había sido la
"la más alta expresión del orden" (Eliseo Reclús). Por ello habían rechazado cualquier transacción con la clase dominante. Habían rechazado el juego parlamentario y la "política" tradicional en aras de la acción directa, de la lucha por la revolución.
Cuando durante las "jornadas" de julio lograron un protagonismo indiscutible en la derrota de los sublevados, todo parecía posible. Barcelona, diría Durruti, se había convertido "en la capital espiritual del mundo", y la palabra libertad se concretizó en un movimiento liberador que alcanzó a todos los oprimidos. El nexo entre la contrainsurrección y la revolución fue perfectamente natural; los burqueses supieron sin dificultad en donde estaban sus barricadas y sus posesiones fueron colectivizadas en medio de una fiesta igualitaria. Por su capacidad de organización, la revolución española se mostró mucho más profunda que la
soviética, todo funcionó desde el primer día. Sin embargo había un punto débil: el del poder. La revolución había dado la "vuelta a la tortilla", , pero, ¿quién tenía que mandar ahora?
Con la revolución en las manos, a la cúspide de la CNT se le plantearon al menos tres grandes opciones funda. mentales:
1. La del Congreso de Zaragoza, sea la proclamación del comunismo libertario, o dicho de otra manera: la Revolución contra el Estado.
2. Una en la onda de la Alianza Obrera, o sea, la unidad de la izquierda revolucionaria (confederales, caballeristas y poumistas), defensa de la revolución, democracia proletaria...
3. Llegar a un acuerdo con las autorepublicanas dentro frente antifascista que no cuestiona legitimidad del régimen del Frente Popular.
En el Pleno desarrollado en Barcelona después de los hechos revolucionarios, el dilema se resumió en dos. Los defensores del primero no estuvieron muy convincentes, lo siguieron planteando desde la misma óptica de antaño, nosotros solos y en linea recta hacia más conocido fue García Oliver que pasaría a ser a continuación el defensor más consecuente de una tercera opción —según él mismo, no quiso hacer de Trotsky-, que se justificaba en base al reconocimiento de las "condiciones objetivas": había un enemigo terrible que era el fascismo y existían otras fuerzas políticas y sindicales que eran predominantes en otras zonas del Estado. La primera opción, se dijo, implicaba —había que decir que les descubría— una dictadura anarquista, y eso era una contradicción con sus principios. El interrogante que se nos ocurre es, ¿pensaban antes que su programa de comunismo libertario se iba a imponer por consentimiento?. Es evidente que no, los anarcosindicalistas nunca habían dudado que la revolución no se hacía por "consenso" sino mediante la violencia revolucionaria —la forma autoritaria que diría Engels— y la aplicaron rotundamente
Pero además de las incuestionables "condiciones objetivas"| "subjetivas" determinantes porque para los anarquistas era un principio que el poder "estaba maldito" (Louise Michel), y que al ocuparlo el más santo se podía sanguinario (Proudhom). Sin embargo, el principio tenía otro lado: había que abolir la subsistía sino que se reforzaba desde el momento en que los anarcosindicalistas le reconocían una legitimidad y consentian en integrar en ella a sus milicias y sus colectividades. Entoncuando Solidaridad Obrera escribió que se trataba de otra clase
Durante las "jornadas" de julio ellos lo habían heredado de las barricadas,
Use lo reconoció Companys cuando, en un alarde de inteligencia política burguesa, fue a ponerse al servicio de la revolución siguiendo al frente de la Generalitat. Companys tenía ya en mente toda una maniobra política de largo alcance. Primero ponían una "colchoneta" a los pies de la CNT-FAI para que estos se acomodaran, luego coexistiría con ellos, recuperando progresivamente la iniciativa en todos los terrenos, apoyándose en su legitimidad, su dominio sobre los recursos financieros y sobre todo, en el desgaste de la revolución; en este plan lo más inteligente era inteque pasaban a depender de las instituciones. Para ello contó con un aliado militante y radical, el PSUC, que de acuerdo con la política del PCE en el resto del Estado, no tardó en tomar una iniciativa más dura que no tardaría coexistencia(16).
Fueron los propios anarcosindicadescabellada la primera opción —sin cuestionar toda su trayectoria-, y optaron por una "intermedia". Ahora preguntarse las razones de por qué no lo hicieron por la segunda opción que habría contado con la conde la izquieda —que fué más lejos que la CNT en su oposición a Giral— y del POUM(17). Esta opción tenía detrás la referencia de la Alianza Obrera y respondía al sentimiento de la mayoría de la población que había rechazado al fascismo.
La respuesta a esta pregunta nos lleva a la cuestión de la naturaleza de la CNT. Era una organización muy poderosa que se había educado en competencia con los marxismos, y que había planeado un proyecto revolucionario solitario y al margen del tiempo y del lugar. Miraba a las otras tendencias obreras con más desconfianza que al ERC con el cual había tenido enfrentamientos muy graves durante la República. Temía que los marxistas •le pisaran su terreno, y no concebía por tanto un frente revolucionario bajo su iniciativa. Al rechazar la posibilidad de un poder revolucionario, se orientaba hacia una posición aparentemente más en consonancia con su rechazo del poder. Pensaban que colaborando en diferentes instituciones, o en diversos órganos de gobierno -a los que patéticamente quisieron cambiarle el nombre- podrían tener las manos libres para lo que consideraban consolidación de las colectividades., En aras de este planteamiento el Consejo de Aragón buscó sus aliados en Companys y entre los "caballeristas", descuidando También creían que esta coexistencia —"perfecta" según Santillán — no iba ejemplo, su alegria cuando el gobierno de la Generalitat se desprendió de un partido (el POUM) y dió entrada a tres
UGT, ique eran
También es cierto que esta opción no tuvo otra vanguardia que la impusiera. La izquierda socialista podría
(18). Emma Goldman fue una de las pocas voces del anarquismo internacional —junto con el malogrado Berneri- que criticaron
"circunstancialistas", sobre todo la acción ministerialista, sin embargo las excuso con el argumento de que los cenetistas eran honrados y actuaban de buena fe. Durante los "procesos de Moscú"
CNT se hizo eco de sus posiciones, expresadas en múltiples escritos suyos y sobre los cuales ilustra bien el título de uno de ellos: Trotsky habla demasiado. Venía a decir que aquello no era mas que la mera continuidad de lo de Kronstadt o Ucrania. Después de mayo defendió al POUM. (19). Estas posiciones se encuentran bastante bien expresadas en el libro de César M. Lorenzo —hijo de Horacio Prieto— Los anarquistas españoles y el poder (Ed. Ruedo Ibércio, París, 1972)
haberla suscrito desde una posición de derecha, y muy preocupada por su papel en el aparato del Estado y el POUM no tenía el potencial suficiente para hacer que sus propuestas fueran acompañadas por la fuerza de los movimientos. Ni la CNT ni nadie -al margen de los "trotskystas" que eran un factor externo- imaginaban siquiera lo que iba a significar un PCE• PSUC convertido en la vanguardia más implantada, más consecuente, y mejor abastecida de la derecha republicana. Iban a asistir a lo nunca visto, al ascenso irresistible de un partido que utilizaba los símbolos y determinados métodos del bolchevismo -la disciplina, la eficacia, la unidad del ejecutivo, la agitación y la propaganda a gran escala, etc— para derrotar a la revolución e implantar un gobierno en consonancia con la política de Stalin de alianza con las "democracias occidentales"
Esta incomprensión no justifica una actitud de complicidad. Los dirigentes de la CNT pensaron que podrían conseguir un mejor trato en la cuestión del armamento, lanzando loas a Stalin y a la URSS, y practicando una política de buena vecindad con el PCE-PSUC... La integración gubernamental
La revolución española, animada principalmente por los anarcosindicalistas, no acabó nunca de concretarse. Fue profunda en el ámbito de las industrias y del agro, tuvo desarrollos muy importantes en el ámbito de las costumbres y conoció una importante de la mujer, a sobre todo de las "Mujeres libres". Su potencial fue tan indiscutible que sus más irreductibles adversarios, los comunistas oficiales, no la atacaron abiertamente sino por sus flancos. Planteaban estos que era mucho mejor dejarla para después de la. guerra, y cifraban su inoportunidad en el hecho de que obstaculizaba el esfuerzo de guerra, asustaba a los moderados, y "last not but least": ahuyentaba a los aliados internacionales, a unas "democracias" que, como era de esperar, temían más al "comunismo" que a Franco. Los comunistas tampoco atacaron directamente a la CNT, cifraron su presión hacia los llamados "incontrolados", saco muy 'amplio donde metían a los poderes locales y regionales "rebeldes" —el más importante de los cuales era nada menos que el Consejo de Aragón-, a los sectores de izquierdas presentes en las milicias o en la retaguardia, junto con los que se dejaban llevar por la tradición anticlerical más primaria y quemaban templos y perseguían al fascismo detrás de cualquier manifestación de religiosidad.
La fuerza del PCE y de la derecha republicana era por tanto también la debilidad del sector revolucionario y: de su componente mayoritario, la CNT-FAI. Estos no tenían una estrategia Horacio M. Prieto primero y Mariano
"Marianet" reflejaron la inclinación cuadros dirigentes hacia la política pragmática, o sea a través de unas instituciones que eran las de un Estado en reconstrucción. Estos dirigentes llegaron a enfrentarse abiertamente contra las colectivizaciones y contra los que criticaban la política republicana oficial. Se habían convertido, a su manera, al credo de primero la guerra...
La culminación de este proceso hacia la política institucional sería la integración de cuatro cabezas del anarquismo en el gobierno de Largo Caballero, un gobierno de "transición". en el que, como en Cataluña, el equilibrio se fue torciendo irreversiblemen•te a favor de una derecha republicana que iba reconstruyendo las institucio. nes "legítimas" frente a una revolución inconclusa y descabezada.
No todos aceptaron el cargo con el mismo entusiasmo. Joan Peiró y Juan López, que habían sido dos cualificados "trentistas", no tuvieron ninguna duda (aunque Peiró hizo luego un balance muy autocrítico), pero García Oliver no quiso dar el paso sin contar también con Federica Montseny que encarnaba mejor que nadie la tradición purista. Montseny se planteó lo que había sido una —sino la principal— de las señas de identidad de su corriente como una cuestión de honor personal, pero en la medida en que se encontraba inserta en las posiciones "circunstancialistas" acabó aceptando, no antes de haber recibido la bendición de su padre, Federico Urales, que estimaba que había que apoyar la democracia contra el fascis-
Integrada gubernamentalmente, la CNT sufría el embate entre sus dos almas, y mientras la llegaba a teorizar con entusiasmo la participación gubernamental, espontaneista, sumergida sobre todo en la base militante, contemplaba con estupor cómo eran destruidas una a una todas las conquistas revolucionarias. Ambas posiciones iban a aflorar cuando el proceso de "normalización" republicana se encontró con que había llegado el momento de acabar con las. ambivalencias y que había que llegar hasta el fin. Esos obstáculos en este sentido eran varios, pero primordialmente pueden resumirse en dos: en el peso todavía determinante de la revo. lución en Cataluña y en Aragón, y en la
actitud ambivalente, "centrista", Largo Caballero y de la Ezquerra. medio de todo esto se encontraba el POUM dentro del cual el PCE-PSUC encontraban dos problemas suplementarios: representaba una opción revolucionaria más consecuente, y por lo tanto era el peligro potencial de situación, y además era lo suficientemente antiestalinista para ser catalogado como
Desde finales de 1936 el "clima" político se había ido tensando por la actitud cada vez más audaz del comucontradicciones estaban a flor de piel y el estallido surgió durante las "jornadas de mayo pueden diferenciar tres fases: a) la pro- dentro de las cuales se vocación de Telefónica da lugar a una situación revolucionaria, externamente muy parecida a la de julio pero internamente situada a la defensiva; b) la llegada de los ministros anarquistas -en particular Federica Montseny, más escuchada por su pasado revolucionario-, y la actitud vergonzante de los dirigentes de la CNT barcelonesa, da lugar a un repliegue del movimiento que no construye ninguna salvaguarda; c) el movimiento retrocede y comienza una nueva ofensiva de la derecha republicana... Sus consecuencias son harto conocidas, por el mismo boquete de la derrota del mayo
Nin y muchos otros militantes (Berneri, Wolf, Landau, etc.), es ilegalizado el POUM, se acentúa el declive de la CNT, cae manu militari el Consejo de Aragón, se desmontan numerosas colectividades, cae Largo Caballero y Cataluña pierde su amplia autonomía. La CNT, que se había esforzado sobre todo en desautorizar sus "enrages" de Los Amigos de Durruti —cuyo valor esencial es el expresar el malestar y la voluntad de resistencia de la masa militante, carente por otro lado de unos mínimos instrumentos de políticos-, llega tarde a la hora de comprender que la persecución del POUM también va con ellos. Curiosamente, Emma Goldman, la más esforzada teórica de la idea de que bolchevismo y estalinismo eran si"verdaderos bolcheviques"
El desconcierto de la CNT-FAI en la etapa final de la guerra civil se trasluce por ejemplo en su voluntad de contrarrestar la hegemonía comunista a través de diversas maniobras —visitan a Azaña para que éste, débil y agónico, destituya a Negrin— y acciones desesperadas como la última y más significativa, la del apoyo a la Junta de Casado que se enfrentó con el más que dudoso numantinismo de Negrin y el PCE -que limitaron su resistencia aislados tan la que se trato, inuti- la Junta a algunos mente, de conseguir un final un tanto digno de una guerra que, en el interior republicano, combinado primero con una "guerra" contra la revolución con el consenso de toda la derecha republicana y finalmente, con otra "guerra", esta vez entre comunistas oficiales y la tendencia de Negrin en el PSOE de un lado, y
-republicanos, socialistas de Prieto y Besteiro, nacionalistas y anarquistas— por el otro.
"guerra" también tuvo sus diferentes traducciones en el campo libertario.
Obviamente obsesivamente, la historia del anarcosindicalismo durante la guerra civil española pasaría a ser la cuestión de las cuestiones de todos los grandes debates anarquistas ulteriores. Es difícil encontrar un sólo teórico de este movimiento que no haya producido uno o varios textos sobre las lecciones de la revolución
Grosso modo puede hablarse de una posición más o menos oficial y de una posición constructiva de la revolución —autogestión-, y justifica su actuación política como inevitable dadas las condiciones históricas, incluso se llega a afirmar (Federica Montseny) que no hay una ruptura en la continuidad sino una reafirmación de los principios. La segunda reconoce como formidable la experiencia de autogestión sin Estado —lo cual no es totalmente justo-, pero hace notar que el "circunstancialismo" provocó la ruina de la revolución, aunque desconozco a algún autor que haya hecho alguna vaalternativa. posición, la más revisionista, es la pestañista-prietista que teoriza que el error estuvo en no haber llevado el circunstancialismo y la acción política con más coherencia(19).
Este debate, incesante y extremadamente variado, se inserta ya en otra coyuntura histórica para el anarcosindicalismo. Radicalmente dividido en la resistencia, nuevas generaciones desde los años cincuenta, el anarcosindicalismo sobrevivió en el exilio en confianza de que con el marco de las libertades democráticas —se llegó a teorizar de que ya no era apropiado para la ilegalidad, olvidando que lo había sido en otros tiempos- iban a resurgir gloriosamente por ser "inherentes" a la naturaleza del "español". La "transición" dió al traste con este sueño. El movimiento obrero y popular ya estaba básicamente ocupado. Las relaciones industriales y sociales eran muy diferentes a las de antes de la guerra. El peso de la "vieja guardia" ahogaba a las nuevas promociones y el choque entre el anarquismo clásico -AIT— y el marcado por los nuevos tiempos, dió lugar a una historia de
By depuraciones realmente
Ciertamente, el anarcosindicalismo no había desaparecido, pero se había convertido en una pálida sombra de las glorias de antaño y su militancia, voluntariamente marginalizada salvo excepciones, contempla tanto más la música del pasado cuanto más dificultades encuentra en comprender la del presente y la del futuro.
Con esto no quiero decir que la del anarcosindicalismo sea una historia muerta, una pieza de arqueología. El pasado nunca muere definitivamente y suficientemente rico y esplendoroso para que podamos encontrar lecciones de gran valor y efectuar lectura del mayor interés, porque el principal error del socialisquerer demasiada libertad sino el haber renunciado con excesiva frecuencia a ella. Por eso, en muchos sentidos, hay que reivindicar lo libertario.O