Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Centroamérica: Los conflictos de baja intensidad

· Inprecor n.º 56, octubre de 1987 · pp. 12-22 · 8.803 palabras

NOTAS:

(1). Cifras sobre el presupuesto militar de los Estados Unidos.

a) Gastos Militares (en millones de dólares, en precios de 1980).

1978

1979

1976

1977

137.126

131.712

137.938

138.796

1980

1981

1982

1983

186.544

143.981

153.884

167.673

(Porcentaje del b)

Gastos Militares

PNB).

1976

1977

1978

1979

5.3

5.1

5.1

5.4

1983

1980

1981

1982

5.6

5.8

6.5

6.9 c) Estimaciones de los aumentos del gastos militares (Aumentos volúmen de anuales en porcentajes).

1980-1981

1979-1980

3.2

6.9

1982-1983

1981-1982

9.0

11.3 d) El presupuesto militar para el año fiscal 1986 marca el octavo año de creciel gasto militar de los miento real en

Unidos.

Esto constituye un

Estados desarrollo sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial.

Fuentes:

(a), (b) y (c) son del "World Armaments and

1984,

Disarmament"..

SIPRI

Yearbook

(Stockholm International Peace

Research

Institute); (d) está basado en la información del anuario de SIPRI y las cifras del Time

International, 11 de febrero, 1985.

Centroamérica

LOS CONFLICTOS

DE BAJA INTENSIDAD

Por primera vez en su historia el gobierno de los Estados Unidos tiene un presupuesto militar para realizar los sueños más grandes del Imperio. En para lograr la superioridad militar mundial, basados en una vision muy similar a la que el equipo de Reagan ha traído al poder, pero nunca se contó con tantos recursos financieros(1). Además, muchos de los arquitectos del actual presupuesto son los mismos estrategas militares de la década de los cincuenta, que hoy día están firmemente atrincherados en el poder. Se trata de los integrantes del poco conocido organismo "Comité del Peligro actual" , que incluye personajes como Paul Nitze, el negociador con la Unión Soviética; George Shultz, Secretario de Estado; William Casey, Director de la CIA; Fred Charles Ikle, Sub-Secretario de Defensa y Richard Stillwell, Sub-Secretario Adjunto para la Política de Defensa (Sanders, 1983).

La conjunción de estos dos hechos y sus implicaciones son enormes Entre otras cosas, significa una revita lización de las Fuerzas Armadas norteamericanas y la producción sin precedentes de armamento bélico en tiempo de paz. Pero, como es bien sabido, esto toma forma en un mundo muy diferente y mucho más complejo que el período de referencia ideológica para los estrategas mencionados: la década de los cincuenta. Entre otras

Estados Unidos han entrado en un período en donde su poderío mundial no se basa en las mismas condiciones estructurales de

Stres décadas: ni en el plano económico —cuando no enfrentaban competencia mundial significativa—, ni en lo militar. De igual manera no enfrentaban procesos —como hoy— en los países del Tercer Mundo y, sobre todo, no los percibían "seguridad"

Uno de los cambios principales en la visión estratégica superioridad militar, es el resurgimiento de la estrategia de contención militar, como exterior de los Estados Unidos, con un

Deborah Barry fuerte presupuesto y con la decisión política de implementarla. La contención militar de hoy supone el objetivo de revertir (rollback) el proceso de influencia de la Unión Soviética en todos los teatros de "competencia"

Con esta doctrina, la amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos no se limita a lo militar ni estriba en la expansión de la Unión Soviética en Europa Central y el Medio Oriente, sino que se plantea principalmente como una amenaza ideologica en todas partes del mundo(2). Según esta visión, la "seguridad nacional" supone que el mundo está dividido en dos modos de existencia contrapuestos —el modo occidental, "en libertad" y el modo comunista, "no libre" -que subordinan a las naciones dentro de sus órbitas de influencia. El primer mundo se refiere al "mundo y cultura occidental y cristiano" hegemonizado por los Estados Unidos,

El creciente nacionalismo y los cambios en los regímenes políticos en el Tercer Mundo que no son controlados las mismos Estados Unidos, constituyen amenaza a la hegemonía mundial de Norteamérica. Por encontrarse en el "espacio vital" de los Estados Unidos, son objeto de una nueva estrategia ofensiva diseñada específicamente para garantizar su permanencia dentro de la llamada "esfera de influencia de los Estados Unidos". Reagan asumió el poder, el aparato trabaja concienzudamente en la elaboración de planes y programas para la implementación de esta estrategia denominada Guerra de Baja Intensidad envergadura de los cambios realizados en las Fuerzas Armadas estadounidenses y en las del Tercer Mundo, demuestran la importancia de esta tarea para los Estados Unidos. aplicación en Centroamérica y ha sido poco estudiado fuera de los altos perspectiva teórica como de su implementación. Basados en la revisión

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Por la Vide:

contrata Querra

crítica de un cúmulo de experiencias, guerra mundial, la inglesa en Malaya, Kenia e Irlanda, la del gobierno filipino los franceses Argelia y especialmente la propia en Vietnam, (Pomeroy, 1967: cap. 9) los norteamericanos emprenden una ofensiva contrarrevolucionaria en el Tercer Mundo esperando haber superado los errores del pasado con una readecuación estratégica de su política. En los últimos cuatro años, Centroamérica ha sido transformada en la región por excelencia para la prueba integral de esta ofensiva basada en la contrainsurgencia activa y preventiva y el fomento de una contrarrevolución re-

El impacto de la política hacia la región ha transformado ya las realidades de cada uno de los países del Istmo y ha incidido en una redefinición de las relaciones políticas, diplomátisocio-económicas y militares entre los países. Entre otras cosas, lo

Contro ia Muerte

regional se concretiza en la reestructuración institucional de las Fuerzas Armadas y cuerpos de seguridad al adecuarlas para un doble papel: uno, hacia adentro, de carácter contra-insurgente activo o preventivo, según la presencia o no de una guerra, y el otro, con una función regional, derivado de su ubicación geográfica en el Istmo (en relación a Nicaragua y El Salvador), en combinación con la naturaleza del régimen de su propio país. Existe una cierta división de trabajo entre los los cuales en permiten el desarrollo del proyecto contrarrevolucionario de los Estados Unidos para la región. El país que ejemplifica claramente esta política es Honduras.

Durante los últimos cinco años, se producen importantes transformaciones en las Fuerzas Armadas determinadas principalmente por la conflictiva situación de la región centroamericana -donde Honduras juega el papel significativo dentro de la estrategia estadounidense por el proyecto contrainsurgente que al interior del país desarrolla el instituto armado (INSEH, 1985:3).

Las modificaciones de las Fuerzas Armadas (además del incremento en material y equipo bélico, número de efectivos e infraestructura militar) llevadas a cabo durante una serie de maniobras militares norteamericanas continuas desde 1981 hasta 1985, incluyen la creación de nuevas unidades de combate y su especialización técnica en la contrainsurgencia moderna. En gran medida, este crecimiento de la infraestructura militar en Honduras ha sido orientado hacia Nicaragua. En concierto con utilización del territorio hondureño como retaguardia estratégica para las fuerzas armadas contrarrevolucionarias nicaragüenses, ha transformado radicalmente las relaciones entre los dos países vecinos que hasta hace poco habían convivido relativamente sin conflictos fronterizos.(3)

Iniciamos con esto un estudio que pretende mostrar algunas de las motigenerales e instrumentos concretos de la llamada Guerra de Baja Intensidad. El desarrollo de la guerra en la región y las respuestas populares a las trabajo solamente pretende algunos elementos que puedan guiar ¿Por qué los Estados Unidos recurren a la estrategia de GBI para el Tercer Mundo

Después de sufrir una derrota tan profunda e importante en un país de relativamente —como fue el caso de Vietnam— los estrategas militares y civiles norteamericanos tuvieron que analizar a fondo sus errores, no solamente en cuanto a los problemas del despliegue militar, sino en relación con toda la concepción y percepción estratégica del conflicto. Según el Coronel Harry Summers, los análisis militares de la guerra del Sureste Asiático revelaron

Uno de los aspectos más frustrantes de la guerra de Vietnam, desde el punto de vista del ejército, es que, en relacion a la logística y tácticas, nosotros fuimos exitosos en todo lo que intentamos hacer... En el campo de batalla el ejército era invencible... Sin embargo, al final el ejército Vietnam del Norte y no los Estados Unidos, salió victorioso. ¿Cómo pudimos haber avanzado tan exitosamente y a la vez haber fallado

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NOTAS: (2). Las premisas de esta política se apartan de la diplomacia y la negociación y se acercan al militarismo y el rollback (que ubica todo movimiento bajo el rubro del conflicto Este-Oeste: tanto el mo" en Europa como el nacionalismo en Centroamérica y el fundamentalismo religioso en Oriente Medio). c.f.: Sanders, 1983. aumento y diversificación de la capacidad militar para una política soviética suponiendo un aumento sin techo en el gasto militar.

Caso distinto es el de E/ Salvador, donde el conflicto armado más reciente, la guerra de 1969, dejó en enemistad

Honduras y El Salvador. No obstante, según los planes norteamericanos, ambos ejércitos deberían reconciliarse para actuar en conjunto contra las fuerzas revolucionarias de la región. Por el convertir al viejo ejército de en un modernizado ejército de campaña, con movilidad en todo el territorio nacional, "uso" del territorio hondureño para operativos en conjunto con las mismas fuerzas armadas hondureñas. (4). Hacemos referencia a la importancia de la participación religiosa para diferenciarla caso de, por ejemplo, Vietnam, y tomando en cuenta que en previas revoluciones en América Latina la teología de la liberación no tenía un arraigo tan extenso. (5). Ni aún después de la campaña antisandinista recién desatada por la Administración Reagan, ni por el efecto acumulado de proyectar a Nicaragua como una amenaza directa a la seguridad nacional de los Estados Unidos, se ha logrado transformar la opinión pública. En una encuesta del Washington Post, a finales de febrero de 1985, se demostró que el involucramiento de los Estados Unidos en el intento de izquierdista" derrocar al Nicaragua, tiene una oposición abrumadora en todo el país y entre todos los sectores apoyan firmemente a Reagan. A la pregunta de que si los Estados Unidos deberían involucrarse en un intento de derrocar al fueron: 18% a favor, 70% en contra y un ninguna opinión. cf.: Evans,

1984:167-191. (6). cf.: Heritage Foundation, capítulo sobre la guerra de baja intensidad fue escrito por Richard Shultz y consiste en implementación inmediata (Págs. 264-270).

tan miserablemente?... Por lo menos una parte de la respuesta se encuentra en el hecho de que nosotros vimos a Vietnam en un contexto singular y no en un contexto estratégico. (Summers,

En su libro On Strategy ("Sobre Estrategia"), el Coronel Summers resume la guerra como una victoria táctica y una derrota estratégica para los Estados Unidos, entre otras cosas debido

1. Una confusión, de parte de las fuerzas de los Estados Unidos, entre la teoría de la guerra en sí, y el desarrollo y uso de los medios para la guerra. (Faltaba el vínculo en el estratégico de cómo usar los medios militares para conseguir los fines políticos deseados).

2. En el campo de batalla existió una confusión entre los requerimientos administrativos para la preparación de la guerra y los requerimientos operativos para la guerra en sí.

3. El gobierno de Estados Unidos falló al no reunir el apoyo de la opinión pública a la política de guerra Vietnam, antes de comprometer

4. Que en los conflictos amigos cuyos emprenden una guerra insurgente, inherentes a lo que fuerzas externas a la sociedad misma pueden lograr. Estados Unidos descubrió que la tarea contra-insurgente tiene que ser realizada principalmente por las fuerzas lo-

En gran medida, las reflexiones fueron producto de una revisión del pensamiento y la experiencia militar norteamericana durante los años de análisis exhaustivos de las guerras de Vietnam, Camboya y Laos. Summers y otros militares, tal revisión al "redescubrimiento" del Clausewitz e incluso a las reflexiones de Lenin admitieron que habían perdido de vista el axioma clásico de Clausewitz —"la guerra es la continuación de la política por otros medios"- ahora quedaba el redefinir exactamente qué papel debería jugar lo militar en este tipo de guerra no-convencional.

Para los estrategas civiles se planteó la necesidad de un proceso de estudio y reflexión similar, que, otorgó más peso a las causas internas de los trasladando el enfoque del problema de lo militar a lo socio-económico.

Existe cierta divergencia en estudios sobre la validez de dar mayor o menor énfasis a los llamados "factores internos" - como la desigualdad socio-económica, la existencia de extrema pobreza, la falta de reformas y la corrupción gubernamental- como causantes de las guerras insurgentes. Sin embargo, la conclusión principal es que los analistas han subestimado. el papel de las fuerzas externas en estos conflictos, y de allí viene el énfasis actual en los estudios sobre las intenciones y la política exterior de la Unión Soviética.

Mientras los factores internos y regionales permanecen como causas de largo plazo de los conflictos, el papel de las fuerzas externas en facilitarlos ha crecido a tal grado de importancia que deberían ser entendidos en el sentido causal. (Shultz, 1983). 'Esta misma explicación del problema en el Tercer Mundo volverá a aparecer como justificación de la política de Reagan para Centroamérica en el co-

"Informe Kissinger". Según éste las causas internas de las revoluciones —o las "revoluciones internas"- son prácticamente relegadas como insignificantes frente al hecho más importante: el avance del conflicto Este-Oeste. Si una revolución interna busca soberanía, un mayor grado de autodeterminación y no-alinea miento ello, a la vez, significa cuestio. nar la hegemonía norteamericana y forma parte del plan de expansionismo soviético. (Ibid.)

Para la política exterior de los Estados Unidos, los movimientos revolucionarios en Centroamérica han significado un desafío aún mayor que va mucho más allá del simple hecho de su ubicación geográfica espacial. Las fuerzas revolucionarias en la región demuestran que han logrado mayor madurez y avances estratégicos en la conducción de sus luchas. El éxito de la Revolución Sandinista rompió con los esquemas del mundo bi-polar que la Administración Reagan intenta proyectar, especialmente para el Tercer

Mundo, y constituye un reto de los viejos esquemas reformistas norte americanos, exigiendo respuestas más atractivas que los programas tipo

"Alianza para el Progreso"

Los Sandinistas lograron fortalecer su movimiento con una coalición amplia de apoyo con bases pluralistas en el país. El apoyo a nivel internacional, especialmente entre las fuerzas políticas "de centro" en Europa y de los países no-alineados (un fenómeno relativamente nuevo) ha sido sumamente importante para la sobrevivencia de la revolución, obstaculizando los intentos norteamericanos de aislarla.

La participación de los sectores religiosos en las luchas de liberación de

Centroamérica —otro factor nuevoha significado su mayor fortalecimiento interno con la creciente masificación de los movimientos. También, entre otras cosas, por tratarse de reli-

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giones occidentales (católica y protestante) han abierto la posibilidad de que sectores religiosos de los . Estados Unidos y Europa puedan entender e identificarse con los procesos internos en Centroamérica.(4)

Frente a la rígida y estrecha visión del mundo, recargada ideológicamente, que va forjando la Administración Reagan, el gobierno de Nicaragua y revolucionarios de Centroamérica propónen una alternativa que rescata los valores nacionapaíses dependientes, amplían la definición del pluralismo político al mantener una política exterior e interna que permite relaciones con todo el espectro de las fuerzas políticas, profundizan el concepto de los derechos humanos con el trato de sus prisioneros de guerra y hasta la abolición de la pena de muerte, etc. En fin, la imagen que proyecta la Revolución Sandinista es ejemplar, dificultando a los Estados Unidos justificar una política de intervención directa como en el pasado.

Otra razón que incita a los Estados Unidos a recurrir a la estrategia de la Guerra de Baja Intensidad para el Tercer Mundo radica en la creciente aposición que se registra en la 'opinión pública mundial hacia políticas intervencionistas de alto perfil para resolver los conflictos armados.

La opinión pública norteamericana en particular es de singular importancia para el gobierno estadounidense. La perseverancia de la opinión doméstica en contra de las formas de intervención directa en el Tercer Mundo se ha demostrado ya como una oposi-

La soportar otra guerra "estilo Vietnam" , aumentando así los costos de la alternativa intervencionista tradicional. La oposición política es mucho más amplia; no sólo ahora una vasta parte del sector reli- abarca los sectores progresistas gioso, sino que también está vigente dentro de la misma burocracia estatal y aún en las fuerzas armadas. (Barry y Sol, 1984:20).

Posiblemente la razón de mayor peso es el hecho de que la intervención directa de tropas militares norteamericanas y el empleo escalonado de tecnología bélica sofisticada, no garantizan una victoria política ni militar sobre las guerras de liberación. Por razones intrinsecas a estas guerras, tal respuesta sería inadecuada y plantearía la posibilidad de un fracaso insoportable para la moral y la imagen propia de los Estados Unidos.(5)

La reactivación del interés en la contrainsurgencia ha incitado también al estudio de los grandes teóricos de los movimientos revolucionarios, como Mao Tse-Tung, Giap, Guevara,

Marighella y recientemente surge un marcado interés en los sandinistas y

FMLN. Ahora, a la luz de su experiencia en el Sureste Asiático, los norteamericanos búsqueda de una respuesta adecuada a la naturaleza de la lucha te". Sobre la base de estos estudios se remonta la revisión y la reflexión sobre experiencias acumuladas en la historia moderna, partiendo de las experiencias de Asia y Africa, de los autores ingleses como Sir Robert Thompson y Frank Kitson como Blaufarb, Luttwak y Shultz. Este último ha tenido una marcada influencia en la crítica a la manera en que las fuerzas armadas norteamericanas han conducido las guerras no-convencionales, llegando al nivel de hacer propuestas concretas a la administración Reagan de una nueva alternativa orientada hacia el Tercer Mundo.

La preocupación del gobierno sobre este tema se revela en los esfuerzos realizados desde los años 70, para evaluar y criticar su propia actuación en el Tercer Mundo. Su intención de adaptar la visión doctrinaria y las estructuras organizativas de las fuerzas armadas para combatir mejor las guerras revolucionarias en el Tercer Mundo, también indica la seriedad y la perspectiva de largo plazo con que las estructuras de poder de los Estados Unidos están tratando de proteger sus intereses. Tal reforma institucional implica que el gobierno estadounidense contempla un cambio en la naturaleza de su relación con los gobiernos y las fuerzas armadas de los países del Tercer Mundo. El carácter de la GBI

Clave en la caracterización de la Guerra de Baja Intensidad, es que el desarrollo de su concepción e implementación debería ser un proceso altamente interrelacionado. Es unrequecríticas a la experiencia contra-insurgente previa(6). De acuerdo con los coordinación con los gobiernos de los "países clientes", y el esfuerzo requerido por parte de todo el aparato civil y militar estadounidense, país en conflicto como en Washington, es clave para el éxito de este tipo de guerra (Blaufarb,

Sus componentes principales incluyen el mantenimiento y abastecimiento para las operaciones militares de un gobierno contra-insurgente o de "insurgencias" contrarrevolucionarias; operaciones de rescate y asistencia militar en condiciones de conflicto, pero no para los enfrentamientos proIncluye, además la implementación de acciones encubiertas y planes de de sestabilización económica, política y

Esto se evidencia claramente en la aplicación de la estrategia en Centroamérica, donde la guerra se desarrolla en tres planos simultáneamente y de una manera articulada; uno, en Centroamérica con sus instituciones politico-militares; dos, dentro de las instipolítico-militares, Estados Unidos y tres, hacia la opinión pública de la región en guerra y, en particular, la opinión doméstica dounidense.

Si se quiere, los anteriores planos se presentan como los tres frentes principales de la guerra. En cada uno se puede verificar cómo, la misma implementación de políticas y medidas contrainsurgentes responden y retroalimentan una concepción de la guerra altamente dinámica y que, sin perder de vista el marco ideológico central, va adquiriendo mayor capacidad de responder a las especificidades de los conflictos en Centroamérica.

En el fondo, las fuerzas contrainsurgentes operan desde una premisa

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(7): El análisis sobre el papel de los retugiados dentro de la guerra está sintetizado de varias fuentes, entre ellas: el Manual del ejército de los Estados Unidos sobre la GBI

(Manual FMOO-20) y Shultz y Hunts, s.f.

de descubrir la lógica de la lucha enemiga, descifrar y aprender sus tácticas para aplicarlas en defensa de los propios intereses, y destruir al adversario en su propio campo y con sus mismas armas políticas. Como comenta Frank Kitson, estratega brita-

«Es posible que el enemigo emplee una combinación de medidas políticas económicas, sicológicas y militares; entonces el gobierno tendra que nacer derrotarlo. (cf.: Summers, 1981 y Luttwak, 1983)». frentes de la GBI ahondaremos en sus término de baja-intensidad se deriva del lenguaje empleado para distinguir las denominadas guerras convencionales de los conflictos que involucran la represión de "movimientos subversivos y gobiernos revolucionarios". Es por el relativamente menor volúmen de fuego empleado y por la poca magnifuerzas desplegadas en se denomina así a las contra-insurgencia. También las formas de agresión tienen un perfil mucho más bajo que en las guerras tradicionales.

Como línea general, las fuerzas contrainsurgentes manejar la guerra sin provocar la necesidad de grandes incrementos en el nivel tecnológico de los medios de combate (esto es, el aumento de volúmen de fuego, o el empleo masivo de medios bélicos sofisticados). La rápida escalada bélica, con una pronta y numerosa participación de tropas norteamericanas, puede perjudicar el desarrollo "natural" de la guerra. La GBI replantea cómo lograr el objetivo estratégico de la guerra; no busca la eliminación física del enemigo por medios militares sino, más bien, deslegitimarlo, aislarlo y sofocarlo, a tal grado que los insurgentes y los gobiernos revolucionarios dejen de considerarse como una alternativa política posible o estable. El ganar o perder la guerra se mide en el plano político, al cual queda subordinado el elemento militar.

superioridad combate, como garantía de la victoria, tal como sucede en la guerra convenconflictos de baja-intensidad. Se parte del principio que la GBI es una guerra principalmente política e ideológica, lo cual significa que la victoria se obtievariables políticas, hasta que el enemigo se vuelve ineficaz. (Kitson, 1971:7).

La invasión directa de tropas y el uso de la fuerza militar de gran escala se reserva para una supuesta y eventual toma del territorio de fuerzas enemigas incapaces de presentar una resissignificativa.

lentos preparativos y la constante amenaza de una invasión sirven como parte de la misma lógica de la GBl, en el plano de la guerra sicológica, y simultáneamente obligan a las fuerzas revolucionarias a mantenerse siempre en tensión para tal eventualidad contribuyendo así a su desgaste.

Al sustituir la fuerza militar como factor principal, se opta por una visión de guerra integral que revaloriza igual los planos político-ideológicos, socioeconómicos, sicológicos y militares y se le conduce en todos los planos simultáneamente, tanto dentro del país en guerra como en Washington. (Luttwak, 1983:16).

Traducido en los términos de una doctrina militar, entonces, la adopción de la GBI significa que las fuerzas contra-insurgentes (en el sentido genérico) deberían tomar la ofensiva estratégica cuando conduce directamente al objetivo político. Cuando no, es subsidiario y su valor es tactico y no estratégico. La ofensiva estratégica también significa tomar y mantener la iniciativa en la guerra. La defensa táctica básicamente orienta las acciones hacia la destrucción paulatina de las fuerzas del enemigo (en todos los campos) hasta que se le obliga a renunciar a sus intenciones (la resistencia es una forma de defensa táctica).

"Uno de los propósitos de la defensiva", según Clausewitz, "es mantenerse firme hasta que las condiciones 1981:67 y 69). Esto implica que, al contrario de la lógica de la guerra convencional aplicada a un país militarmente mucho más débil que los Estados Unidos, donde se pronosticaría una "victoria rápida", el marco tempo•ral de la guerra se alarga mucho, mientras se amplían, reorientan y reorganizan las fuerzas contra-insurgentes y contra-revolucionarias para asumir su nuevo rol. Y como no se concibe la victoria sino en términos de la ventaja política contra-insurgente, avances en la guerra se medirían en otro plano y no sólo en lo relacionado al accionar militar. Los indicadores tradicionales para medir las batallas quedarían obsoletos, siendo reemplazados con la necesidad del análisis multidimensional. Los tres frentes de la GBI

La guerra en el terreno

Retornando a la cuestión de los tres frentes de la guerra, observamos lo que implica la aplicación de esta estrategia en los países de Centroamérica. La meta concreta de la guerra es disputar las masas a la guerrilla. Para las fuerzas armadas contrainsurgentes esto significa, como hemos men-

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cionado de manera general, incorporar la lógica de la guerra irregular dentro de su estrategia y sus estructuras militares, y:

•reducir el tamaño de sus unidades,

•reorganizarlas internamente •incrementar su capacidad de movilización en el terreno,

•inculcar en las tropas una mayor sensibilidad socio-política hacia la población civil,

•lograr mayor inserción en la vida social y comunitaria de los pueblos,

•incrementar el adoctrinamiento ideológico de la tropa,

•adquirir una capacidad de conducir programas de contenido no militares con la participación de la población civil (tales como acción cívica,' ayuda humanitaria y médica, etc.), relacionarse adecuadamente con los medios de co-

•facilitado por lo anterior, redefinir los sistemas de inteligencia sobre la guerrilla y la población civil, y

•reorientar y aumentar el papel de las fuerzas de seguridad (policía).

Otro elemento de la GBI consiste en la reconceptualización del papel de los refugiados para que logren ser insertados dentro de la lógica contra-insurgente(7). La población afectada por la guerra, ya sea la desplazada dentro del mismo país en conflicto, como en el caso de El Salvador, o la que se vea forzada a asentarse fuera de las fronteras en agrupaciones "controlables" (mejor ejemplificado con Guatemala), juegan un papel clave en la batalla de quitarle esta población como base social a los movimientos guerrilleros. Existe una necesidad de provocar el surgimiento de refugiados, quienes después serán reubicados geográfica mente por las fuerzas gubernamentales para que funcionen como cordones programas diseñados especialmente para esta población consisten en la implementación de reformas locales, acompañadas de una guerra sicológipara neutralizarla como base de apoyo a la guerrilla, y en e

"ganarla" a largo plazo. (en Summers, 1981:67 y 69).

En el ámbito de la política nacional del país en conflicto, el gobierno contrainsurgente tendría que ampliar las fuerzas sociales involucradas en la guerra para incluir la participación de agentes no propiamente militares. Los distintos cuerpos de policía asumen una importancia primordial áreas urbanas, el papel de las autoridades civiles locales se vuelve clave en las provincias, los grupos religiosos cobran un significado especial en el plano de la lucha ideológica y comienzan a aparecer más oficinas, direcciones y expertos en los medios de comunicación y relaciones públicas.

con apoyo especializado pro-norteamericanas y de las organizaciones internacionales afines a los propósitos políticos, se lanza esta ofensiva orientada a contrarrestar el apoyo civil a las fuerzas revolucionarias

La política estadounidense para E Salvador ilustra claramente la implementación de esta estrategia contrainsurgente en su forma más avanzada con el gobierno demócrata-cristiano de Napoleón Duarte, mientras en Costa Rica cobra la forma de una política preventiva hacia el interior del país, y contra-revolucionaria en su política exterior anti-sandinista. Claro es, que al incluir estas dimensiones dentro del ámbito de la guerra de manera consciente y activa, y en función de cambiar la actitud, convicción y hasta lealtad de la poblacion civil, implica que la guerra contra-insurgente está pensada en término de largo

La participación de las fuerzas militares norteamericanas será principalmente con las Fuerzas Especiales, y no las tropas regulares de la guerra convencional. Altamente preparadas para tener una inserción de mucho más bajo perfil, las Fuerzas Especiales desempeñarían funciones de entrenamiento y, cuando fuera necesario, trabajar en las áreas de logística e inteligencia. Ya hemos mencionado que el nivel tecnológico de los medios de combate no debería aumentar rapida mente. Puesto que la mayor parte de las tropas de combate deberian ser locales — el ritmo de escalamiento del poder de fuego y de sofisticación del equipo belico debe estar de acuerdo con la capacidad local para absorberlo y dominarlo— se evade así la nece sidad de introducir cada vez más recursos humanos norteamericanos, correr el riesgo de que, a mayor sofisticación del armamento (ejemplo: la aviación), menor capacidad de ejercer una represión selectiva (cf: Kitson, 1971). Por el contrario, en las áreas de logística y de inteligencia, norteamericano puede ser mucho más directo, sin que esto presente una imagen "intervencionista"

A diferencia de lo que ha pasado en contra-insurgentes pasadas, debería participar también toda la representación oficial del gobierno de los Estados Unidos dentro del país en pero coordinada con las Especiales. La referencia a "toda la representación oficial" incorpora desde la Embajada, los programas de la AID (Agencia Internacional para el Desarrollo), USIA (Agencia

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(8). El desafío Estados Unidos encuentra en el Tercer Mundo no es, por süpuesto, el único que estimula la necesidad de la reforma, sino más bien surge del replanteamiento global de la guerra nuclear, y el rearmamentismo convencional y convencional más los cambios que implican una creciente sofisticación del armamento nuclear en el espacio. Ver la discusión en The New York Times y Washington Post, entre mayo y julio de 1984, y Halliday, 1983. (9). Aumento medido en términos de díashombres de trabajo. (10). Realmente el problema más profundo gira en torno al debate sobre las formas organizativas e institucionales necesarias para poder responder al tipo de guerra de guerrillas, o a la que llama Luttwak guerra de "relational maneuver" Vs. La guerra de desgaste, cf.: Luttwak, 1983.

Estadounidense de Información) hasta la CIA (Central de. Inteligencia Americana). No obstante, lograr esta coordinación en Washington y en el terreno de la guerra es un problema de mucha más importancia de lo que aparenta, derivándose, en principio, de diferencias institucionales sobre la concepción de la guerra y rivalidades interagenciales. El frente de guerra en las instituciones estadounidenses

Desde la perspectiva del gobierno de los Estados Unidos, adoptar la GBI como la forma principal de lucha en el Tercer Mundo, significa implementar una readecuación o reforma institucional de gran envergadura, militares(8). A la vez, como la guerra adopta una forma integral, el aparato civil de la política exterior tiene que instituciones militares. no resulta una tarea fácil dada la misma historia del desarrollo institucional norteamericano, la creciente complejidad de la burocracia del ejecutivo, y la orientación hacia la alta tecnología por parte de la industria y burocracia

Por ambas razones —doctrinarias y organizativasrevolucionaria tiene una lógica que contradice la de los militares estadounidenses. El problema doctrinario es que en la institución militar siempre ha existido la convicción de que los asuntos militares son y deberian ser tratados como algo separado de lo

El problema organizativo es que la institución militar estadounidense es una institución de grandes unidades y de alta tecnología. Las contra-insurgentes, unidades pequeñas y tecnología más o menos simple. (Evans, 1984:187).

La segunda administración Reagan ha definido con mayor precisión sus implementar conducción Washington. Aunque estas reformas requieran más tiempo que un período presidencial para su implementación, se están dando pasos importantes en este sentido, readecuación institucional. El debate, sin embargo, no existe todavía un consenso global en los círculos de poder sobre la prioridad y las formas de conducir la guerra.

Un primer paso ha consistido en la reactivación y desarrollo de las denominadas Fuerzas de Operación Espedientes que fueron prácticamente desmontadas al término de la guerra del Sudeste Asiático. Los nuevos contingentes tendrán por función central actuar contra los planteamientos de liberación en el Tercer Mundo. Como fuerzas élites, con entrenamiento muy especializado, forman parte del ejército, las fuerzas navales y de la fuerza aéres, como comandos. Desde el inicio de la primera administracion de Reagan están experimentando una expansión sin precedentes en tiempos

Globalmente ha habido un aumento de tropas: 30% desde el año de 1981 proyecciones aumentarlas en 80% más para el año 1990. En términos de aumento presupuestario para financiar su crecimiento, desde 1980 hasta el presente ha aumento de (Pastore, 1984:8). Dado que esta forma de participación directa de las fuerzas militares requiere menos hombres que la forma intervencionista tradicional, revela la importancia que han cobrado los conflictos en el Tercer Mundo.

El entrenamiento de las Fuerzas Especiales es precisamente para partici-

"la guerra de guerrilla", acciones encubiertas y actividades "contraterroristas". Hasta ahora la manera técnica de insertarse en el Tercer Mundo ha sido a través de los llamados "Equipos de Entrenamiento Militar" (EEM). En la actualidad constituyen 25-30% de todos los EEM entrenando a los ejércitos locales en Centro y Latino América, Africa, Medio Oriente, Asia y Europa. Como una demostración de su importancia se anotar que aumentado 400% desde 1980 (Ibid:9). Estos comandos en tres servicios de las Fuerzas Armadas estadounidenses cubren las "especialidades" guientes: a)Boinas verdes, expertos en asuntos cívicos, especialistas en operaciones sicológicas, alto-secreto para antiterrorismo, "cazadores nocturnos" y Rangers, los proyecta tener 6.000 hombres para 1985); b) De las fuerzas navales salen las tropas del Mar-Aire-Tierra o los llamados SEALS, descendientes de los famosos "hombres-ranas" de la segunda guerra mundial (1.400 hombres); c) Los comandos de las fuerzas aéreas son principalmente pilotos 4.400 hombres incluyendo a las reser-

Como hemos mencionado antes, las forma principal de la participación militar norteamericana en las guerras de baja intensidad. Supuestamente esto implica tres "avances" para el gobierno de los Estados Unidos: 1) estas fuerzas deberían ser más efectivas debido a su entrenamiento especial para la contra-insurgencia; 2) SU presencia en las guerras de liberación contra gobiernos revolucionarios tendría un perfil público bajo, evadien-

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DONDE SE HA DICHO NO

A LA SUBVERSION COMUNISTA do así las acusaciones y reclamos incontra las políticas intervencionistas; 3) además, expondrá mucho menos al riesgo directo a los norteamericanos, quienes no tendrán que sufrir las bajas infligidas por las guerrillas, punto clave para neutralizar la potencial oposición política de la opinión pública del pueblo de los Estados Unidos.

A pesar de su capacidad potencial para resolver estos problemas político-militares, la reactivación de las estructuras de las Fuerzas Especiales dentro de la burocracia de Defensa ha provocado contradicciones y resistencia de parte de algunas de las estructuras militares tradicionales.

La resistencia proviene de varios factores. Además de lo mencionado, existe un sentimiento tradicional en las fuerzas armadas de que el énfasis en unidades, entrenamiento y fondos especiales significa una amenaza a convencionales. El énfasis en muchas actividades no propiamente militares, que son parte de las especialidades de sospecha entre cierta oficialidad en el sentido de "distraer" recursos de las acciones orientadas a la "gran seguDIC. 84 esta iniciativa porque no están convencidos que sea la forma más adecuada de combatir al "enemigo" en el Tercer Mundo, por el de que Estados Unidos involucre sin la legitimidad necesaria para desplegar mayores fuerzas si no funciona este "método".

Todavía existen los que argumentan en contra de las Fuerzas Especiales y de toda la estrategia de la GBl, porque sus programas no generan mayores contratos para la producción en masa de armamento y equipo bélico. Por supuesto esta oposición proviene no sólo de la burocracia de Detensa, sino también de ciertos sectores con intereses económicos.

El problema es complejo y significa un ajuste institucional de gran envergadura, si agregamos que además existen grandes rivalidades entre los distintos servicios de las fuerzas armadas sobre equipo, áreas de responsabilidad y formas de mando, todos los cuales tienen que ser alta y armónicamente coordinados en el terreno de la guerra para poder ser efectivos(10).

Esta misma problemática se repite para las instituciones armadas locales al adoptar la nueva doctrina.

Mientras la lucha sobre la GBI

SIENVENDOS A

ALDEA OJ0 DE AGUA

continúa dentro de las fuerzas armadas, es importante notar que uno de los pasos organizativos más importantes para las Fuerzas Especiales fue tomado justo en los días previos a la invasión a Granada, en octubre de 1983: La creación de la Agencia de Operaciones Especiales Conjuntas (JSOA-Joint Special Operations Agency) formada por los Jefes Conjuntos de las Fuerzas Armadas para asesorar en todos los aspectos de las operaciones, desde estrategia, planificación, programación y presupuesto hasta recursos, doctrina y el uso de las fuerzas. Lo significativo de esta estructura es que se ubica a los niveles más altos dentro de la jerarquía militar norteamericana para garantizar un comando unificado.

El segundo aspecto de la lucha en Washington se relaciona con la orga nización y funcionamiento de las otras instancias oficiales para asegurar el control burocrático en la ejecución y seguimiento de la política global hacia los países en conflicto. Si la misma naturaleza de la GBI tiene un carácter altamente político-ideológico, requiere que todo el aparato militar y no militar esté muy bien coordinado y controlado garantizar efectividad en el

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(11). Se elaboraría más sobre este aspecto de la implementación de la GBI en próximo trabajo. (12). Esto sigue siendo una manifestación del problema de la coordinación conceptual y operacional entre las distintas instituciones. Kissinger propuso establecer una organización financiera nueva (ODCA), Organización para el Desarrollo en Centroamérica, que debería manejar de forma integral las relaciones económicas internacionales de los países de la región, teniendo un poder de decisión política sobre los proyectos a implementar. Tal institución sustituirá de hecho el papel de la AID, Agencia de Desarrollo Internacional, y llevaría al gobierno de los Estados Unidos al mero seno de la decisión económica de los países por ser miembro de la misma ODCA. Hasta la fecha la propuesta sigue siendo rechazada por AID y otras agencias financieras. El abordaje parcial del problema económico de fondo perdura.

terreno del país en guerra, y en el caso de Centroamérica, en la región entera.

En términos concretos esto significa una clara definición de responsabilidades y funciones en medio de una creciente interdependencia entre el Departamento de Estado (DOE), el Departamento de Defensa (DOD) y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) con el Consejo de Seguridad Nacional (NSC) y la Casa Blanca. No es casual la demora de la discusión interna sobre cómo canalizar los fondos a la contra nicaragüense. Para el caso de El Salvador ha pasado lo mismo, pero sin que tuviera cobertura de prensa.

En el "Mandato para una Segunda Jefatura", la Heritage Foundation (1985) presentó una propuesta para ayudar a la administración Reagan a concretizar sus políticas domésticas y

. Para el manejo burocrático de la Guerra de Baja Intensidad, recomendada como la columna vertebral de la política exterior hacia los países del Tercer Mundo en conflicto, específicas para las distintas organizaciones y agencias involucradas, y parte del Consejo de Seguridad NacioEl frente de guerra este frente incluye opinión internacional y particularmente la de los países en guerra, las siguientes páginas se centran en el opinión doméstica de los Estados Unidos.

problemática que enfrenta Washington al "manejar la guerra tan de cerca en todos los frentes" es la contradicción política regional y la justificación de ésta ante el público norteamericano. La opinión y la presión pública contra la política exterior de la Administración Reagan en Centroamérica ha sido un factor de mucha más importancia reformulación de comúnmente se aprecia. En general el conocimiento público sobre Centroamérica es pobre, pero en la manera que los norteamericanos están mejor informados, tienden a ser más críticos:

Las encuestas de opinión sobre Centroamérica creencia de la administración ha sido

Men el sentido de que oposición a su política es un problema mayor, y un impedimento serio a la profundización de norteamericana. El dilema se exacerba aún más por el hecho que a mayor atención pública oposición (Leogrande, s.f.:56-57).

El debate y votación en el Congreso constituyen otro foro importante para medir la opinión pública. Al incrementarse la dependencia del pensamiento y la técnica militar norteamericana en los países del Ejecutivo debe aumentar y justificar sus peticiones de asistencia ante el "guerritas" a un escrutinio constante del Congreso y, por ende, del público. Además de la contradicción que surge democráticas" bajo el lema de la "democracia", adicionalmente se presenta el problema de que son guerras que se conducen en "tiempos de paz". permitiendo entonces contar con un cheque en blanco para todas las neCongreso pueden ser grandes o dilatarse en la toma de decisiones; ambos factores perjudican a este tipo de guerra altamente sensible al "tiempo político" que exigen.

El caso de El Salvador ejemplifica el tipo de condicionamiento especial que la Administración tuvo que exigir para poder seguir con el financiamiento de la guerra: la implementación de la "Certificación de la mejoría de los derechos humanos" y la campaña de sobre el financiamiento contrarrevolucion nicaragüense y "acción encubierta" de los grupos armados demostro, entre otras cosas, cuán necesarios eran los esfuerzos para legitimar su política, y cuánto tu-j vo que reformular sus propuestas para lograr el financiamiento.

Es cada día más obvio y también se refleja constantemente en puestas de políticas del ejecutivo, que existe un interés profundo en buscar las formas de implementar la política exterior de manera que evite el escrutinio del Congreso y logre el apoyo táctico de un público convencido.

El mismo hecho que el canal para parte del financiamiento de la contra nicaragüense sea ahora el Departamento de Defensa y no la CIA, es una fondos desembolsados por la CIA para 'la "acción encubierta" están sujetos a revisión por parte de los comités de inteligencia de la Cámara Baja y del Senado. Con el Departamento de Deno existe esta clase de con-

Con el inicio de la segunda administración Reagan se hace más evidente la importancia de este frente de la

Intensidad" opinión pública), con la puesta en marcha de una enorme cantidad de mecanismos para influir en ella. Proliferan ahora los ensayos, artículos, estudios y propuestas de política ema pensamiento". de la derecha en los

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Estados Unidos, cuyos propósitos son la justificación o legitimación de la posición gubernamental frente a Nicaragua, Angola, Etiopía y Afganistán, pero sobre todo Nicaragua.

Aparece un nuevo fenómeno llamado la diplomacia pública orientada a persuadir, sobre todo a la opinión pública doméstica, para que apoyen la política exterior de Reagan. Se dirigen fondos y esfuerzos oficiales para cultivar grupos de apoyo a las guerras de "liberación contra el comunismo". La línea entre el apoyo oficial y privado se borra; caso ejemplar es el de personajes políticos y ex-oficiales militares que están organizando campañas para influir de una manera decisiva en la opinión pública, como el caso del Senador Jessie Helms quien organiza a inversionistas conservadores para comprar acciones del canal de televisión nacional CBS, con el fin de "combatir el sesgo liberal del canal" (Wall Street Journal, 1985). Otro es la rápida expansión de organizaciones privadas derechistas formadas por ex-oficiales que pretenden influir y hasta participar en la implementación de la guerra en Centroamérica, tales como National Defense Council, Council for a National Policy y Friends of the Ameri cas (cf. Boletin de Pensamiento Propio, 1985:55-60).

El caso de la relación del gobierno norteamericano con Centroamérica de nuevo ejemplifica mejor el desarrollo del trabajo de la administración con la opinión pública. Uno de los sectores más influyentes a nivel de base, cuyo trabajo de proveer información y educación sobre Centroamérica ha sido muy efectivo en combatir la distorsión, es el sector religioso. En los últimos años se ha visto un incremento considerable en la campaña gubernamental contra los grupos de este sector que no estan de acuerdo con la política de Reagan. La campaña se conduce a varios niveles, incluyendo desde reuniones organizadas por la misma Casa Blanca para los líderes religiode todas las denominaciones (donde reciben orientaciones sobre la "amenaza de los movimientos de liberación"), hasta ataques contra el status legal de organizaciones que apoyan programas de reconstrucción en Nicaragua, o bien difunden información y análisis sobre los acontecimientos en Centroamérica que cuestionan la perspectiva del gobierno norteamericano.

En el caso de la opinión pública norteamericana es cada día más claro que, para poder dominar este frente de guerra, Reagan tendría que fomentar una creciente ignorancia del pueblo norteamericano sobre lo que realmente pasa en la región, y modificar el sistema legislativo de tal manera que el poder de decisión e implementación de la GBI quede casi exclusivamente en manos del poder ejecutivo. Conclusiones

Si bien de manera general se ha expuesto cómo está conceptualizada la Guerra de Baja-Intensidad y cuáles son algunas de las políticas, instácticas concretas empleadas por ella, falta todavía estudiar y analizar el fenómeno más a profundidad para entender cuál puede ser el alcance de la nueva doctrina de guerra para el Tercer Mundo, o lo que algunos, la Tercera Guerra Mundial. Los de la Administración actual que priorizan estos conflictos considerándolos la amenaza más seria a la proyección y prolongación de hegemonía norteamericana, la plantean, en esencia, como una guerra de desgaste. Un desgaste de los recursos, la autoridad popular, la habilidad política, el apoyo moral, la solidaridad internacional y hasta de la misma convicción de las fuerzas revolucionarias. En el fondo es la construcción del aparato político para librar una guerra constante, una guerra anti-popular prolongada contra la posibilidad de una alternativa revolucionaria/popular a la crisis que desatan los países del Tercer Mundo.

A continuación planteamos nas reflexiones que no pretenden ser conclusiones sino preguntas, sobre el desenlace de la Guerra de Baja Intensidad en Centroamérica, donde no sólo se esta poniendo a prueba la nueva doctrina, sino que está siendo elaborada en el terreno mismo de la guerra. Lo económico no está resuelto

Al analizar la implementación de la GBI en Centroamérica, surge la pregunta central: ¿cómo encaja esta estrategia dentro del proyecto de re: cuperación o reestructuración económica de los países de la región?. Una guerra prolongada supone que ella se desarrollará paralelamente a cualquier plan de modernización económica.

Propuestas elaboradas y públicamente conocidas que se dirigen a la problemática de manera global son escasas, comenzando con la Iniciativa de la Cuenca del Caribe, cuyo éxito como fórmula económica para la resolución de la crisis en la región ha sido del todo insuficiente.

Las recomendaciones del Informe

Bipartidista para Centroamérica (Informe Kissinger), constituye un intento posterior de mayor alcance y con el aporte de un marco analítico, integra los aspectos económicos, políticos y militares Hasta la fecha se observa que la logica de la propuesta Kissinger bien puede ser la que opera como base fundamental para la política exterior de los Estados Unidos hacia la región, aunque varias propuestas concretas del informe han sufrido modificaciones, o han sido descartadas en lugar de contrapropuestas parciales(12).

Si la GBI pretende revertir el proceso revolucionario en la región, se enfrenta necesariamente con la tarea de creciente descontento social de la población en general, no sólo de los afectados "directamente por la guerra". Esta doctrina de guerra tendrá que formar parte de una alternativa contrarrevolucionaria. largo plazo, una guerra de desgaste tiene que ofrecer una alternativa capaz de superar las políticas de reforma del pasado y evadir el recurso de la repre-

El conjunto de programas adscritos a la doctrina de la GBI que se dirigen de una manera u otra a lo económico (la acción cívica, ayuda humanitaria, operaciones sicológicas, programas de desarrollo local, etc.), forman parte del concepto de nation building, jerga burocrática para la creación de instituciones nacionales estables y capaces de garantizar, sobre todo, la seguridad del Estado. No responden a los problemas económicos de fondo.

Todavía no está claro cómo estos programas y campañas contrainsurgentes que tienen un carácter local se van a articular con una política económica global para cada país, y luego para la región. O sea, cómo encajan dentro del trato a los problemas

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REFERENCIAS

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Wall Street Journal (1985) "Helm Group 1o Urge Purchase of Stock in CBS to Fight Network Liberal Bias". January 11.

Publicado en "Cuadernos de Pensamiento Propio" Managua. Febrero 1986 macro-económicos de mayor importancia como son la crisis fiscal, deuda externa y creciente fuga de capitales desde la región. Las respuestas parciales que siguen operando -aprobaciones presupuestarias del. Congreso, préstamos y reestructuración de las deudas por parte de las agencias multilaterales- no se presentan en su conjunto como resolución adecuada. Al extender la guerra a mas largo plazo, preguntamos si no enfrentarían una creciente contradicción económiLa coordinación institucional no es un simple reto de procedimiento

Implementar una guerra de desgaste y no de enfrentamiento de tuerzas militares convencionales ha desatado conflictos dentro de las fuerzas armadas, policíacos, y agencias civiles de los Estados Unidos. El librar una "guerra total' implicando un accionar coordipolítico-diplomático, económico, social, militar e ideológico ¿quién va a dirigir la guerra? ¿qué papel tendrá y bajo qué estructura de mando va a participar cada institución norteamericana? ¿cuál de las fuerzas debería tener el papel principal dentro de los países en conflicto? ¿quiénes toman las decisiones últimas? En caso de que sean los estrategas y políticos del Consejo de Seguridad Nacional en Washington, ¿cómo garantizar la "correcta y implementación" decisión? Estos son problemas que apenas comienzan a desarrollarse dentro del aparato de la política exterior estadounidense y sin embargo, son determinantes para la marcha" de la guerra contrainsurgen-

Como se demostrará en algunos de los trabajos siguientes, estos mismos problemas se reflejan dentro de ias instituciones armadas y civiles de los países de Centroamérica. Cambiar el papel que tradicionalmente ha tenido una institución en el ejercicio del poder no es problema pequeño, hemos mencionado. La resolución de estos cambios formará un frente de la misma guerra y tendrá que ser tomado en cuenta para medir su avance o reso-

Los conflictos internos en las instituciones estadounidenses y en las locales y la rivalidad entre las fuerzas armadas mismas demuestran diferencias tan serias que, como declaró el mismo Kissinger, no se resolverá solamente al nivel práctico, sino que también requiere la existencia de un componente teórico en la doctrina de la GBI.

Esto, sobre todo, cuando el grado de desarrollo de las instituciones estatales y la naturaleza de su relación con el poder dentro de un país imperial altamente desarrollado es tan distinta en comparación con los países del Tercer Mundo.

Por ejemplo, resulta que muchas veces el diseño y la implementación de una táctica específica de la guerra en Centroamérica responde más a las necesidades institucionales internas de los Estados Unidos, que a la situación objetiva de la guerra "en el

En su nueva definición contrainsurgente, después de los estudios sobre la naturaleza de su fracaso en la gue rra del Sureste Asiático, los Estados Unidos remarcan más la importancia de una visión regional de los conflictos. Las definiciones de su enemigo principal y de los secundarios se vuelven de suma importancia en el diseño e implementación de la estra-

Si aplicamos la lógica y las "nuevas reglas del juego" de la GBI a un plano regional se evidencia que Estados Unidos opera en Centroamérica con políticas específicas por país, pero lo regional es el marco principal que determina el desarrollo de su ofensiva contrainsurgente.

En estos momentos del proceso de militarización de la región o de la guerra se trata de una ofensiva contra las retaguardias regionales de las fuerzas revolucionarias y la construcción y profundización de las retaguardias regionales de las fuerzas contrarevolucionarias y contrainsurgentes.

Para este tipo de guerra hay que entender las retaguardias como políticas, logísticas y militares. Un ejemplo del modo de operación actual contra lo que los norteamericanos consideran una retaguardia política es la campaña de destrucción de santuarios. El objetivo de separar a la población civil de las fuerzas revolucionarias es visto en el plano regional, donde los retugiapersonas desplazadas deberían ser controladas por las tuerpro-estadounidenses manera que no puedan construir san revolucionarios en ninguna parte del istmo. Esta visión interpreta a Nicaragua como santuario para las fuerzas del FMLN, dictando entonces una política internacional de separar y aislar el FMLN del FSLN.

Cuando trasladamos la lógica y las reglas del juego de la GBI al plano de la región, aparece otra lectura de los objetivos específicos de cada acontecimiento de la guerra. Inclusive, puede contribuir a una interpretación más acertada de la guerra, sus etapas y el largo plazo que involucra la