Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Debate: De la colonización a la liberación

· Inprecor n.º 56, octubre de 1987 · pp. 32-33 · 897 palabras

(A propósito del artículo de Michael Lequenne sobre la

Michel Lequenne es un hombre valiente. Nunca duda en lanzarse a explorar en terrenos históricos o teóricos poco frecuentados por los marxistas de la Europa occidental. El artículo que dedicó a "La otra colonización"(1) es más una introducción al debate que una reseña de la película. Estas líneas intentan menos entablar una polémica que aportar elementos complementarios al sujeto abordado — ya sea por el artículo

NOTAS:

(1). Ver Inprecor, n° 54, mayo 1987.

(2). Paul Lafargue, Der jesuiten Staat in Paraguay, ed. Packpapier Versand, Box 2521,

D-44 Münster, RFA. Sin fecha.

Debate

DE LA COLONIZACION

A LA LIBERACION

película La Misión) o por la propia película La Misión. «Si bien esta colonización no era ideal —y no podía serlo, por definición —, al menos no se mataba, y de este comunismo primitivo, paternalista, moralista y burocrático habría podido nacer un porvenir original para los pueblos autóctonos», escribe Michel' Lequenne. Pero la república jesuíta no debe ser comparada únicamente con los esclavistas asesinos de Sao Paulo. Es conveniente detenerse en la condición de los indígenas antes de la llegada de los europeos, por una parte, y en la naturaleza real del Estado jesuíta, por la otra. Lo cual supone popularizar ideas expresadas Lafargue en su panfleto titulado "Der jesuiten Staat in Paraguay" (El

Estado jesuíta en Paraguay), ublicado en el libro de Kari Kautsk

"Vorlaüfer des Sozialismus (Precursores del socialismo)

«En la época de su conquista por Alvaro Núñez en 1536, el Paraguay estaba habitado por varias tribus salvajes •que se diferenciaban esencialmente por la lengua. El pueblo de los guaranis, el más importante de ellos con diferencia, ocupaba un territorio muy extenso que iba desde la Guayana al norte, hasta la desembocadura del rio de la Plata por el sur, limitado en el este

Czes/aw Wilko por el océano Atlántico y por los Andes en el oeste. Los guaranís poblaron Brasil y otras numerosas naciones vivían entre ellos. Azara señala que "se podía visitar todo Brasil, venir a Paraguay, ir a Buenos Aires y subir después al Perú sin necesidad cambiar de idioma"»(2). Las costumbres de estos indígenas eran pacíficas, la agricultura estaba en sus inicios, incluso la esclavitud en las tribus enemigas como los M'bayas era relativamente suave: «Los M'bayas nunca daban órdenes a sus sirvientes (...); se remitían a su buena voluntad, se contentaban con lo que hacían por propia iniciativa y compartían con ellos todo lo que poseían»(2). Así pues, si había •comunismo primitivo se situaba donde señala el teorizador del Derecho a la pereza, y no en las misiones.

La empresa jesuíta fue en primer lugar una auténtica colonización que se benefició de circunstancias externas excepcionalmente favorables, no siendo de las menores el salvajismo de los colonos ordinarios. Pero los indios que iban a refugiarse én las misiones dejaban de acudir en cuanto cesaban las campañas de caza de los "mamelucos". Y para que no pudiesen regresar eran encerrados y apresados. La culturización ideológica, incluso

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realizada con mano blanca, sólo tenía influencia en sus descendientes. Los indios de las misiones fueron ante todo mano de obra al servicio de los dueños del reino de Dios.

"La república cristiana", que había sido fundada segun las lecciones del Evangelio y de la vida de los primeros cristianos, «no era en modo alguno una sociedad comunista, en la que todos sus miembros participaban en la produccion agricola industrial tenían los mismos derechos sobre los bienes producidos. Era más bien un Estado capitalista en el que hombres, mujeres y niños eran condenados al trabajo forzoso y al látigo, todos sus derechos eran confiscados y vegetaban en la misma miseria y en la misma depravación, cualquiera que fuese el potente auge de la agricultura y de la industria, cualquiera que fuese tamimportancia mercancías que ellos producían»(2).

Como lo dice explícitamente uno de los personajes de la película: los jesuítas no eran demócratas. proviene también de su excesivo éxito económico en el mercado mundial que se estaba gestando. La hipótesis de un porvenir original formulada por Michel Lequenne se pone en tela de

La Misión (la película) constituye por otra parte un gran guiño a las teologías de la liberación. De hecho se trata de una falsa impresión y, más allá de analogías ciertas, es importante recordar lo que separa a la empresa jesuíta de los siglos XVII y XVIII de la práctica actual de algunas corrientes de las iglesias latino-americanas.

Los cristianos que se reconocen en estas corrientes han abandonado el viejo proyecto jesuíta de «realizar la unidad cristiana de todo el mundo bajo su dominio teocrático»(1). Su compromiso se inscribe en una realidad político-económica muy estructurada (sean cuales sean las crisis que afectan a esta estructura). Un Tischner o un Helder Cámara se apegan a inscribirse de forma crítica en este concreto. Hablan más normalmente de sindicalismo o de reforma agraria que de teología y esto vale a fortiori para los curas que trabajan en la base, sobre el terreno. Los curas-obreros han tenido que hacerse reconocer como obreros; y, según el conocido adagio marxista de que la existencia determina la conciencia, esto no ha dejado de tener consecuencias. A decir verdad, quienes actúan ahora no tienen gran cosa que ver con los inteligentes colonizadores del Paraguay de

Las indiscutibles cuatidades de la película de Roland Joffé no deben hacer olvidar el sentido crítico a los militantes.D