Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Teoría: La conciencia ex-comunista

· Inprecor n.º 52, enero de 1987 · pp. 4-11 · 4.297 palabras

"Todas las ilustraciones de este artículo, salvo el dibujo de la página 10, están tomadas de revistas de oposición de Europa Oriental". LA CONCIENCIA EX-COMUNISTA

Isaac Deutscher El presente texto de Isaac Deutscher forma parte de la obra publicada por el autor en 1957, bajo el titulo Rusia in Transition. En él, el autor de la biografía clásica de Trotski analiza una obra colectiva que acababa de ser publicada en aquel momento, The God Thatfailed, (El Dios que cayó) en el que Koestler, Silone, Gide, Louis Fischer, Richard Wright y Stephen Spender, todos ellos antiguos compañeros de ruta o militantes del stalinismo, se retractan de su compromiso, autocriticándose.

La increible actualidad de este texto escrito hace treinta años nos ha asombrado. En él, Deutscher muestra de forma luminosa en qué atolladeros y en qué renuncias desemboca la funesta labor de todos los "herejes y renegados" del stalinismo que abandonando toda ligazón con el comunismo, el marxismo y el pensamiento utópico, acaban convirtién. dose frecuentemente en los mas encarnizados defensores de un pensamiento ultra-conservador y restauracionista, reconciliado con el mundo burgués. Leyendo a Deutscher, descubrimos lo poco que innovan los

"decepcionados" de Mayo del 68, de la URSS, de China, de la nuevos autogestión y del "socialismo": siguen amparándose en Koestler y repiten los estereotipos "antitotalitarios".

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Cuenta Ignazio Silone que un día bromeando con el dirigente comunista italiano Togliatti le dijo: «La lucha final tendrá lugar entre comunistas y ex-comunistas». En esta broma hay una brizna de verdad, aunque sea amarga. En las batallas de propaganda contra la URSS y contra el comunismo, el ex-comunista o el ex-compañero de viaje es el tirador de élite más activo. Con el mal humor que le diferencia de Silone, Arthur Koestler dijo la misma cosa: «Siempre pasa lo mismo con vosotros, anticomunistas insulares, bien instalados. Detestáis nuestros gritos de Casandra y nos los únicos de quienes están a vuestro lado que conocemos verdaderamente el problema...». Ahora seis escritores -Koestler, Silone, André Gide, Louis Fischer, Richard Wright, y StephenSpender- se han unido para desenmascarar y destruir a los dioses

La legión de los ex-comunistas no es compacta. Está diseminada y muy diferenciada. Sus miembros se parecen mucho unos a otros, pero difieren entre sí. Tienen rasgos comunes y caracteristicas individuales. Todos han abandonado un ejército y un campo, algunos como objetores de conciencia, otros como desertores, y otros finalmente como merodeadores. Algunos de ellos se atienen tranquilamente a su objeción de conciencia, mientras otros exigen medallas en un ejército al que antes combatieron. Todos llevan trajes raidos y trozos de su antiguo uniforme, adornado con nuevos andrajos desparejados. Y todos llevan consigo su común resentimiento y sus reminiscencias personales. El Dios que cayó

Algunos entraron en el partido en un cierto momento, otros más tarde; la fecha en la que entraron está relacionada con toda su experiencia. Aquellos que, por ejemplo, entraron en los años veinte lo hicieron en un movimiento muy abierto. Las estructuras eran muy fluidas; entraban entonces en un molde totalitario. En un comunista todavía tenía valor la integridad intelectual; todavía no había sido abandonada en beneficio de la "razón de Estado" impuesta por Moscú. Los que entraron al partido en los años treinta comenzaron experiencia en un nivel muy inferior. Desde un principio, fueron tratados sargentos mayores en los cuarteles del partido.

Esta diferencia se hace notar en la calidad de los recuerdos de los ex-comunistas. Silone, que entró en el partido en 1921, recuerda ardorosamente su primer contacto; relata la excitación intelectual y el entusiasmo moral que animaban al comunismo de esos primeros momentos. Las niscencias de Koestler y de Spender, que entraron en el partido en los años treinta, muestran la total ausencia y la esterilidad intelectual de su primer contacto con él. A Silone y sus camaradas les interesaban intensamente las ideas fundamentales antes y despues de haber sido absorbidos por las fastidiosas tareas cotidianas.

En la historia de Koestler, su "asignación" al partido, ya desde un principio, borró cualquier tipo de convicción personal y de ideal. El comunista de los primeros reclutamientos era un revolucionario, antes de convertirse, o esperar que se con virtiera, en un pelele. El comunista de reclutamientos más tardíos tenía pocas posibilidades de respirar el verdadero aliento de la revolución.

No obstante, en un principio las razones de su compromiso eran seme-

1920$5

jantes, si no idénticas, en casi todos los casos: experiencia de la injusticia o del envilecimiento social, comprensión de la inseguridad consigo las crisis económicas y sociales y ardiente deseo de un ideal o de un objetivo o de una guía intelectual segura para salir del carcomido laberinto de la sociedad moderna. Los recién llegados sentían las miserias del antiguo orden capitalista como intolerables, y el foco incandescente de la Revolución rusa resaltaba estas miserias con una agudeza extraordinaria.

El socialismo, la sociedad sin clases, la desaparición del Estado: todo parecía estar a la vuelta de la esquina. Pocos entre los recién llegados tenían una idea premonitoria de la sangre, el sudor y las lágrimas que estaban por llegar. El intelectual converso al comunismo tenía la impresión de ser un nuevo Prometeo, con la diferencia de atado a una roca por las cadenas de Zeus. «En lo sucesivo nada puede turbar (es Koestler quien recuerda de este modo su estado anímico de entonces) la paz y la serenidad interior momento el miedo a perder de nuevo ex-comunista denuncia ahora amargamete sus traicionadas esperanzas y esto le parece algo casi sin precedentes. A pesar de todo, cuando describe con elocuencia sus esperanzas y sus ilusiones de antaño, se puede detectar un tono extraña. mente familiar. De un modo similar Wordsworth y sus contemporáneos, una vez perdidas sus ilusiones, contemplaban retrospectivamente su inicial entusiasmo juvenil por la Revolución francesa:

«La felicidad era vivir ese nuevo

Y ser joven era un don del cielo».

El intelectual comunista que rompe partido puede reclamarse de un noble

Beethoven hizo pedazos la "Heroica" ue llevaba por

Men la que dedicaba su sinfonía a Napoleón, cuando supo que el primer cónsul estaba dispuesto a sentarse en un trono. Worsdsworth denominó la coronación de Napoleón "un triste revés para el conjunto del genero humano". A través curopa los entusiastas partidarios de la Revolución francesa se quedaron estupefactos al descubrir que el libertador corso de los pueblos y el enemigo de los tiranos era, él mismo, un tirano y un opresor.

Del mismo modo, a los Wosrdsworth de nuestra época les sorprendió ver a Stalin confraternizando con Hitler y Ribbentrop. El que en nuestros días no se haya creado ninguna nueva 'Heróica" , no es obstáculo para que se hayan destrozado muchas páginas

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con dedicatorias de sinfonías no compuestas.

En El Dios que cayó Louis Fischer trata de explicar con algunos remordimientos y de forma no muy convincente por qué había adherido durante tanto tiempo al culto a Stalin. Analiza las diversas razones, algunas de las cuales toman forma lentamente, otras más rápidamente, que determinan el momento en el que los comunistas se "recuperan" de su entusiasmo por el stalinismo. La fuerza del desengaño europeo respecto a Napoleón era poco más o menos así de desigual y caprichosa. Un gran poeta italiano. Ugo Foscolo, que había sido soldado de Napoleón y había compuesto una Oda a Napoleón el Libertador, se volvio contra su ídolo tras la paz de Campo Formio, paz que debió de anonadar a un "¡acobino" de Venecia, del mismo modo que el pacto germano-soviético pudo anonadar a un comunista polaco. Pero un hombre como Beethoven permaneció aún siete años bajo los encantos de Napoleón, hasta que vió al déspota despojarse de su máscara republicana, lo cual tuvo un efecto revelador semejante a las purgas de Stalin en los años treinta.

No puede haber mayor tragedia que la de una gran revolución que sucumbe ante la fuerza armada que debía defenderla contra sus enemigos. No puede haber espectáculo más repugnante que el de una tiranía postrevolucionaria revestida banderas de la libertad. El ex-comunista está tan justificado moralmente estaba el ex-jacobino. revelar y revolverse contra este espectáculo. Un abrazo mortal

Pero, ¿es cierto, como pretende

Koestler; que los ex-comunistas los únicos... " que conocen verdaderamente el problema?. Se podría apostar REFORMBÜRO bittewarten

"Oficina de reformas. Esperen, por favor"

a que la afirmación inversa es la única cierta: los ex-comunistas son los que menos lo conocen.

De todos modos, las pretensiones pedagógicas de los hombres de letras ex-comunistas parecen totalmente exageradas. La mayoría de ellos (Silone es una notable excepción) nunca han estado en el interior del verdadero movimiento comunista, en lo más profundo de su organización legal o clandestina. Como norma general, pertenecían a la franja literaria o periodística del partido. Sus nociones de ideología y doctrina comunistas provenían de su propia intuición literaria, penetrante a veces, pero frecuente-

Todavía peor es la característica tomar ciertas distancias. Su reacción emocional frente a su entorno precedente le mantiene en un abrazo mortal y le impide comprender el drama en el que estuvo parcialmente implicado. La imagen que saca del comunismo y del stalinismo es la de una gigantesca cámara de horrores intelectuales y morales. Viendo esto, los no-iniciados tienen la impresión de que no se trata de política sino de pura demonología.

À veces el efecto artístico puede ser fuerte, el horror y la demonología forman parte, evidentemente, de numerosas obras poéticas, pero polítipeligroso. Por supuesto la historia del stalinismo abunda en horrores. Pero éste no es más que uno de sus elementos; e incluso debe ser traducido en términos de motivos, de intereses humanos. El ex-comunista ni siquiera intenta esta traducción. autocrítica real, Koestler confiesa: «Como regla general, nuestras memorias novelan el pasado. Pero cuando se ha renunciado a una creencia o se ha sido traicionado por un amigo, el mecanismo opuesto se pone

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en marcha. A la luz de este nuevo conocimiento, la experiencia original pierde su inocencia, se estanca huele a rancio. En estas páginas he tratado de reencontrar el espíritu en el que las experiencias (en el partido comunista) relatadas fueron originalmente vividas— y sé que he fracasado. La ironía, la cólera y la vergüenza no han cesado de aparecer, enmascarando la realidad; las pasiones de aquel tiempo parecen transformadas en perversión, las más fuertes tezas interiores en universos de drosombra de las alambradas atraviesa el patio de recreo abandonado por la memoria. Los que han compartido la gran ilusión de época y han vivido su corrupción moral e intelectual, caen en pagarlo a través de una convalecencia que durará toda su vida».

Quizás esto no sea cierto para todos los ex-comunistas. Algunos pueden muy bien tener la impresión de que su experiencia estuvo libre de toda tonalidad morbida, tal como Koestler la describe. No obstante aquí Koestler ha dado una caracterización honesta y verídica del tipo de ex-comunista al que él mismo pertenece. Pero es difícil hacer encajar este retrato con su otra pretensión, la de una confraternidad en nombre de la cual él forma parte de las "únicas personas... que conocen verdaderamente el problema". Del una víctima de un "shock" traumático podría pretender ser la única persona que verdaderamente sabe qué son las heridas y la cirujía. Lo máximo que un intelectual ex-comunista sabe, o más bien siente, es su propia enfermedad; pero ignora la naturaleza de la violencia exterior que la ha producido y, más aún, cual puede ser su curación.

Sentimientos irracionales dominan evolucion de numerosos ex-comunistas. «La lógica de la oposición a cualquier precio, dice Silone, ha llevado a muchos ex-comunistas lejos de su punto de partida, en algunos casos hasta el fascismo». ¿Cuáles eran estos puntos de partida? Casi con su partido en nombre del comunismo. Casi todos se alzaron en defensa del ideal del socialismo frente a los abusos de la burocracia subordinada a Moscú. Casi todos comenzaron por tirar el agua sucia de la Revolución rusa para salvar al bebé.

Estas intenciones se abandonaron u olvidaron, más o menos rápidamente. Tras romper con la burocracia en nombre del comunismo, el hereje llega a romper con el propio comunismo. Proclama haber descubierto que las profundas de lo que en principio había imaginado, aún cuando el trabajo realizado para descubrir estas pueda haber sido muy vago y muy superficial. Ya no defiende al socialismo frente a los abusos y la falta de es crúpulos; ahora defiende a la humanidad frente a los mitos socialistas. Ya no se contenta con tirar el agua sucia del baño de la revolución rusa para salvar al bebé; descubre que el bebé es un monstruo que hay que estrangular. El hereje se convierte en renegado. Un stalinista arrepentido

La distancia que el hereje recorra desde su punto de partida (tanto si acaba en el fascismo, como si no) depende de sus inclinaciones y de sus gustos; y la estúpida "caza al hereje"' que los stalinistas realizan lleva frecuentemente a los ex-comunistas a los extremos. Pero como norma, sean cuales sean las actitudes individuales, el intelectual ex-comunista deja de oponerse al capitalismo. Frecuentemente milita en su defensa y pone

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en este trabajo falta de escrúpulos, el ánimo obtuso indiferente a la verdad y ese odio inmenso aprendido del stalinismo. Sigue siendo un sectario. Se Seguirá viendo el mundo en blanco y atribuyendo de forma diferente los colores. Cuando era coveía diferencias fascismo y socialdemocracia. Como anti-comunista no ve diferencias entre nazismo y comunismo. Antes aceptainfalibilidad partido; ahora es él quien se cree infalible. Habiendo sido víctima de

Use ve ahora obsesionado por el mayor desencanto de nuestra época.

Su ilusión precedente implicaba al menos un ideal positivo. Su desencanto es totalmente negativo. En lo sucesivo, su papel intelectual y político es estéril. También en esto se parece a napoleónica. Coleridge estaban fatalmente obsesio-

"peligro jacobino"; su miedo empañó incluso su genio politico. Fue Coleridge quien denunció ante la Cámara de los Comunes una ley que animales, por ser "el mejor ejemplo de legislación jacobina". El ex-jacobino se había convertido en el más diligente de los reaccionarios anti-jacobiindirectamente, se ve su influencia tras la ley contra actos sediciosos y la correspondencia traidora, la ley sobre prácticas de traición, la ley sobre las agrupaciones sediciosas (1792-1794), de la reforma Parlamento, la suspensión del habeas corpus y la postergación para toda una generación de la emancipación de las minorías religiosas Como el conflicto con la Francia revolucionaria no permitía "realizar experiencias aventuradas", la trata de esclavos también obtuvo una prórroga... ¡en nombre de la libertad!.

mismo modo, por las mejores razones, nuestro ex-comunista va a llevar a cabo las tareas más indefendibles. Encabeza bravamente cualquier caza de brujas. El odio ciego que lleva en su seno hacia su antiguo ideal es una levadura para el conservadurismo contemporáneo. No es raro que denuncie el más modesto elemento de la política del "Estado del bie nestar" como "legislación bolchevique". Contribuirá en gran medida al clima moral en el que surge el equivalente moderno del anti-jacobinismo inglés. Sus ridículos logros reflejan el callejón sin salida en que se encuentra. Este callejón no es sólo suyo; pertenece generación cuya vida es incoherente y

El paralelismo histórico aquí bosquejado puede ser ampliado al trasfondo histórico de las dos épocas. El mundo está dividido entre el stalinismo y una alianza anti-stalinista de forma muy similar a la escisión entre la napoleónica Alianza. Se trata de una escisión entre una revolución "degenerada", explotada por un déspota, y un grupo que mayoritaria pero no exclusivamente es conservador. En términos de práctica política, al igual que en la época prece dente la opción parece confinada a esta alternativa. Lo falso y lo verdade confusos en esta controversia que, sea cual sea la opción que se pueda tomar y sus razones, existe la casi certeza de que será falsa a largo plazo,

Para un hombre honesto y con espíritu crítico era tan difícil reconciliarse con Napoleón, como lo es hoy hacerlo con Stalin. Pero, a pesar de la violencia de Napoleón y de sus imposturas, el mensaje de la Revolución Francesa sobrevivía, con una poderosa resonancia, a lo largo de todo el siglo XIX. La Santa Alianza liberó a Europa de la opresión napoleónica y durante un cierto tiempo su victoria fue aclamada por la mayoría de los europeos. Rápidamente se vió que todo lo que Castelereagh, Metternich y Alejandro | ofrecían a la Europa "liberada" no era más que la defensa del viejo orden en descomposición. De este modo, los abusos y la agresividad de un imperio engendrado por la Revolución dieron nuevos bríos al feudalismo europeo. Fue el triunfo mas inesperado por el ex-jacobino. Pero el precio que pagó fue que él mismo y su causa antijacobina pasaron a ser un anacronismo ridículo e indefendible. El año de la derrota de Napoleón, Shelley escribia

«Desde una noble pobreza, tu voz cantos dedicados a la verdad y a la Al abandonar esto, me has dejado

[sollozante. Has cesado de ser, ya no eres como

Si nuestro ex-comunista tuviera un mínimo sentido histórico, reflexionaría sobre esta lección... La filosofía del mal menor

"Aún más abyecto es tu enemigo", habría podido ser el lema de El Dios que cayó y de su filosofía del mal menor expuesta en sus paginas. El ardor con que los autores de este libro defienden a Occidente frente a Rusia y el comunismo, se enfría a veces a causa de la incertidumbre o de una inhibición ideológica residual. La

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incertidumbre aparece en sus fesiones entre líneas, o en curiosas disgresiones.

Por ejemplo, Silone aún describe a la Italia pre-musoliniana, cual se habia rebelado cuando era comunista, como "seudodemocrática" Le cuesta creer que tras Musolini Italia vaya mejor, pero ve el stalinismo como enemigo "aún más abyecto". Silone conoce seguramente mejor que los demás autores de este libro, el precio ya pagado por los europeos de su generación por haber filosofías del mal menor. Louis Fischer se convierte en abogado del "doble rechazo", del comunismo y del capitalismo, pero su rechazo de este último más parece una fórmula destinada a salvar el tipo; y el nuevo culto que acaba de adoptar, el ghandismo, no impresiona más que una huída.

Por su parte Koestler muestra, en un momento dado, en medio de su muy afectado frenesí anti-comunista las reservas más curiosas:

«Si contemplamos la historia (es él quien habla) y comparamos los elevados objetivos en cuyo nombre co menzaron las revoluciones desdichado fin en que concluyeron, vemos una y otra vez cómo una civilización corrupta corrompe a sus pro. pios hijos». (La negrita es de I.D.). Si estos "hijos" , es decir el comunismo, han sido realmente "corrompidos" por la civilización contra la que se habían alzado, por repugnante que caracter que ellos puedan tener, la fuente del mal no está en ellos, sino en esa misma civilización. Y entonces es evidente la inconsecuencia Koestler, con su afanosa actitud erigirse en abogado de los res" de la civilización, como Chamber Whitaker.

Aún más pasmosa es esta reflexión, con la que concluye de forma inesperada confesión: «He servido al comunista durante siete mismo tiempo que Jacob cuidando las cabras de Laban para merecer a su hija Raquel. Pasado este tiempo, la novia fue llevada sombría tienda; sólo al amanecer se dió cuenta de que sus ardores no habían sido compartidos por la bella Raquel, sino por la horrible Lea. Me gustaría saber cómo pudo sobreponerse al choque de esa noche vivida con esa ilusión. ¿Pudo llegar a creer en ello?. Me pregunto si podrá repetirse el final feliz de esta leyenda; al precio de otros siete años de trabajo, Raquel fue entregada a Jacob y la ilusión se hizo carne. Y como la amaba tanto, los siete años le parecieron días».

Se podría pensar que JacobKoestler se pregunta, con embarazo, si no habrá dejado demasiado rápida-

Laban-Stalin, pacientemente a que su "ilusión se hiciera carne". No escribo todo esto por simple afán de crítica o castigo. Mi contra la objetivo, repitámoslo, es mostrar la confusión de las ideas, confusión que no sufren únicamente los intelectuales ex-comunistas.

En un reciente manifestaba su irritación ante esos viejos liberales que, sorprendidos por el exceso de celo anti-comunista del ex-comunista, aceptado las disgusto que la gente normal siente ante el "ex-cura que saca a una chica puede aparecérseles como un ex-cura que saca a bailar a una chica que además es prostituta. La total confuel con

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Después de todo, es posible que los liberales tengan razón:

anti-comunistas política.

БЕНЗИН sion intelectual y moral del ex-comu-. nista le incapacita para cualquier actividad. Le atormenta un vago sentimiento de traición a sus antiguos ideales y a los ideales de la sociedad burguesa; como Koestler, puede incluso tener la ambivalente sensación de traicionado los dos. continuación, trata de suprimir este de culpabilidad y de incertidumbre, o de camuflarlo dando muestras de una extraordinaria seguridad en sí mismo y de una frenética agresividad. Insiste en que todo el mundo reconozca su desdichada conciencia como una de las más claras que pueda haber. Puede sentir que ninguna causa le concierne, salvo una: su auto-justificación. Y éste es el motivo más peligroso de cualquier actividad

Pienso que la única actitud digna que el intelectual ex-comunista puede

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Literatournaïa Gazeta.

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adoptar es situarse "por encima de la pelea". No puede incorporarse ni al campo stalinista, ni a la Santa Alianza anticomunista, sin violentar lo que en él hay de mejor. Así pues, que permanezca al margen de ambos campos, que intente reencontrar un crítico y un despego intelectual, que consiste en tener una pequeña porcion del pastel político, que al menos esté en paz consigo mismo, si el precio a mundo es renunciar a sí mismo y autodenunciarse... Esto no significa que el de marfil es reminiscencia de su asado). Pero puede retirarse a una torre de observación. Para observar con desapego y vigilantemente el caos de un mundo bullicioso, estar muy atento a todo lo que surge e interpre tarlo sine ira et studio (sin ira y como estudioso. NDT). En adelante, este es el único servicio que el intelectual ex. comunista puede ofrecer a una gene la que la observacion escrupulosa y el análisis honesto se han vuelto tan tristemente raros. (¿ No es chocante constatar qué pocas observaciones e interpretaciones vIaz aparecen en los libros escritos por esta pléyade de escritores ex-comunistas y, por el contrario, cuanto les gustan los sermones y los discursos filosóficos?). La otra tradición

¿Pero puede hoy realmente el intelectual ser un observador despegado del mundo?. Aunque al tomar partido se vea obligado a identificarse con causas que no son realmente las suyas, ino debe comprometerse siempre en el mismo sentido?. De hecho, se puede recordar a grandes "intelectuales" que, en situación semejante, en el pasado, rechazaron identificarse con una causa establecida. Su actitud pareció incomprensible a muchos de sus contemporaneos, pero la historia ha demostrado que su juicio fue superior a las fobias y a los odios de su época. Tres nombres deben ser mendionados: Jefferson, Goethe y Shelley. Los tres, a sU manera, se vieron confrontados a una elección entre Napoleón y la Santa Alianza. Todos ellos, cada uno a su manera, rechazaron elegir.

Jefferson fue un amigo probado de la Revolución francesa en su inicial

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dispuesto a perdonar al Terror; pero asco el "despotismo militar" de Napoleón, a la vez que rechazaba enemigos, 'hipócritas libertadores" de Europa como llamaba él. Su abandono no fue únicamente dictado por los intereses de una joven república; era resultado natural de su convicción republicana y de su pasión democrática.

A diferencia de Jefferson, Goethe vivia en el corazón de la tormenta. Las tropas de Napoleón y los soldados de Alejandro se instalaron, unos después de otros, en su ciudad, Weimar. Como ministro del Principe, Goethe se inclinó de forma oportunista ante cada invasor. Pero como pensador y como independientey distante. Conocía bien la grandeza de la Revolución Francesa y estaba sorprendido por sus horrores. Escuchó el sonido de los cañones franceses en Valmy como la obertura de una época nueva y mejor y contempló con ojos clarividentes las locuras de Napoleón. Aclamó la liberación de Alemania de la también muy consciente del carácter "miserable" de esta liberación. Su distanciamiento, en éste y en otros acontecimientos, le hizo ganar su reputación de "olímpico", calificativo que no siempre era un cumplido. Pero su apa-

"olímpica"". era debida, primer lugar, a su indiferencia interior hacia el destino de sus contemporáneos. Ocultaba un drama; su incapacidad y su repugnancia a identificarse compuestas todas ellas inextricablemente de bien y de mal.

finalmente, choque entre los dos mundos con la ardiente pasión, la cólera y la esperanza de que su joven alma, plena de grandeza, era capaz: no era en modo alguno "olímpico". No obstante, ni por instante aceptó proclamaciones y pretensiones cualquiera de los beligerantes. A dife. rencia de los ex-jacobinos, mayores que él, creía en el ideal republicano jacobino. Como republicano, no como patriota de la Inglaterra de Jorge III, aplaudio la caída de Napoleón, ese "esclavo realmente sin ambición" que "bailó y festejó sobre la tumba de la libertad". Pero también sabía como republicano que la "virtud posee un enemigo aún mayor" que la fuerza y el fraude bonapartista, en "el derecho antiguo, el crímen legal y la fe sangrienta" encarnados en la Santa Alianza.

Los tres, Jefferson, Goethe y Shelley fueron en cierto sentido extraños a los grandes conflictos de su tiempo y por ello comprendieron su época de forma mas verdadera y penetrante que los temibles partisanos llenos de odio de cada orilla...

Qué lastima y qué vergüenza ver a la mayoría de los intelectuales ex-comunistas eligiendo la tradición de Wordsworth y Coleridge en vez de la de Goethe y Shelley. O Nota: los títulos de cada apartado son de la redacción.