Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Cartas: A propósito de la postmodernidad

· Inprecor n.º 52, enero de 1987 · p. 12 · 1.193 palabras

Cartas

A propósito de la postmodernidad [El artículo "Crítica de la postmodernidad" que publicamos en nuestro número anterior es el motivo de una carta que nos ha enviado Javier Sádaba. No es, ni será, nuestra costumbre publicar correspondencia en Inprecor. Esta vez hacemos una excepción porque pensamos que Sádaba tenía derecho a responder en la forma que considerara oportuna. Todavía una aclaración más: parece que Javier Sádaba nos atribuye cierta responsabilidad por las opiniones sobre él contenidas en el artículo de Alba y Fernández Liria. Debe haber un malentendido: Inprecor es una revista marxista, militante y abierta, que, como es natural y como suele decirse, no comparte necesariamente las opiniones de sus En el número 51 de la revista Inprecor, y en un artículo firmado por S. Alba y C. Fernández Liria, se hace una crítica a la posmodernidad rematada por algunos nombres de este país entre los cuales me encuentro yo. El que se me cite no es razón para que conteste. No es del todo irrelevante que aparezca mi persona para bien o para mal. No es esa, repito, la razón de esta carta. La razón estriba en que comparto con los autores del artículo una actitud común: la importancia de la discusión política. Y desde ahí pienso que la cita es errada y que el análisis contiene una buena porción de confusión. Estoy, en principio, de acuerdo con mucho de lo que se dice acerca de la posmodernidad. Un buen trozo de ésta no es sino el regodeo en la no por tópica menos presente razón instrumental. En este sentido, la posmodernidad es el fingido regocijo en las apariencias de libertad que otorga un capitalismo casi divinizado. Pero ocurre que no es ese el único análisis interesante de la posmodernidad. Autores marxistas, como es el caso de Jameson, dan a la posmodernidad un valor positivo que por ningún lado aparece en el artículo en cuestión. Porque una cosa es esa modernísima posmodernidad que consiste en decir: «señores modernos: si lo que nos han dado es tales y tales cosas basándose en unas creencias que nadie cree, seamos descarados, reconozcamos que no creemos en nada y vivamos como ustedes, sólo que con todo el cinismo del mundo» y otra la posmodernidad que critica en serio a la razón moderna porque le importa la razón. Un breve ejemplo. Cuando un posmoderno lúcido y no entregado distingue entre razón dramática y razón normalizada está señalando algo sumamente decisivo. La primera sabe que cuando descubre algo, topa al mismo tiempo con el enigma, mientras que la segunda allana todo, no permite sombra crítica alguna y se impone como, real y brutalmente, se ha impuesto. De la primera razón puede salir un relativismo fuerte. De la segunda, la victoria total de aquella seudorazón instrumental antes mentada. Foucault es un ejemplo de esta concepción dramática posmoderna y difícilmente se le puede tachar de reaccionario, débil o condescendiente. Más aún, pienso que es uno de los pocos estudiosos que no sólo no han dicho adiós a la lucha emancipatoria sino que sigue proponiendo sus modos y realizaciones de manera admirable. Si, ahora, echamos un vistazo atrás nos encontramos con que un Althusser, por ejemplo, no ha sido "superado" porque propia destrucción. Su "ciencia de la historia" no deja de ser un pío deseo. Que no se le siga no es traición alguna ni a algunos posmodernos pensaran mal sino porque, entre otras cosas, habló con esos tonos apocalípticos que anuncian la Marx ni a otros autores o experiencias que nos siguen pareciendo ejemplares. Es, simplemente, una deficiencia de su obra. Los ejemplos podrían multiplicarse pero no es esa mi intención. Paso inmediatamente a la cita final en la que se me coloca junto a otros supuestos posmodernos, con los cuales no tengo nada que ver (sólo con uno me liga la amistad personal). Y no tengo nada que ver porque mi ideología —pace Althusser— es otra. Es completamente distinta. Y si no, me remito a la praxis (prueba de cualquier teoría para todo

En este punto se me podría objetar, o bien por lo que hago o bien por lo que digo. Y por lo que hago se podría señalar que he aparecido mucho en la TV estatal, que escribo en un diario liberal-conservador como "El País" ', que hablo en radios igualmente entontecedoras y cosas por el estilo. Aquí me gustaría recordar una distinción fundamental. Yo hablo o escribo en tales medios porque esos medios me posibilitan —o al menos lo intento— conectar con la gente que a mí me importa y que no es otra que el pueblo con el que vivo. La objeción tendría fuerza si yo tuviera un programa de TV, trabajara en ella, en "El País", en una radio o sitios por el estilo. Y si se me contesta que se puede estar sin contradicción en tales medios, ¿por qué yo no he de poder siquiera colaborar?. En los últimos tiempos he sido tachado poco a poco de muchos de esos medios (el día que me pasaron esta revista para mostrarme el artículo que comento, me hablaban del enojo de Peces Barba, presidente del patronato de un Colegio Mayor, precisamente por haber estado allí dando una conferencia. En este sentido parece que aprenden más los socialistas y su engrudo que otros). A pesar de toda la sutileza de la represión, ésta no suele ir sólo por ahí. Una vez que detecta que no es fácil la conquista, ataca por otro flanco. Frivoliza todo lo que uno haga. Es una pena que una revista que, teóricamente, no debería cometer tales dislates se coloque, por parte de sus colaboradores, en la misma línea. Y si se me dice que yo he dado lugar a tales críticas (aparecer de determinada manera en tales y tales sitios) he de contestar que si de cien actuaciones me he confundido en diez el error no es excesivo. No es fácil, muchas veces, sustraerse a la presión de amigos o gente que necesita confeccionar cualquier cosa. Es cierto que en más de una ocasión debería haber dicho que no a algo que ni me gustaba ni me producía el más mínimo bien. Pero curiosamente, nunca he recibido una crítica decidida de una persona realmente comprometida en la izquierda. Como mucho han preguntado. Jamás me han confundido con los que votan que sí a la Otan, porque los del NO comen tortilla. El día que me pasaron esta revista estaba yo en un mítin en el que, en un ambiente afortunadamente lleno y cálido, hablábamos contra la tortura. No ví a los que escriben este artículo. Me imagino que estarían manifestándose a favor de la existencia de Riaño. De ahí no deduzco que hayan dimitido del pensamiento. Finalmente, se podría decir que si no el estilo de vida (¿cuál?) sí mis escritos abogan por su tesis. Me imagino que no será, por ejemplo, la polémica sobre Euskadi o tantas cosas más. Les desafío a que encuentren una página en la que puedan sustentar su posición. Ni siquiera en ese libro circunstancial que se llama (y del título es quizás de lo único que me alegro) "Saber vivir".

Javier Sádaba