«Somos perfectamente conscientes de que nadie nos librará de los pañales y de la vajilla, ni de la necesidad de hacer cola y de llevar la compra. Además esto es normal». «A pesar de lo que se diga, el hombre
Podríamos tener la tentación de considerar estas dos declaraciones como chocheces de nuestras abuelas. Desgraciadamente no es asi. La primera está sacada del editorial publicado en Lacznosc, el periódico de los sindicatos oficiales polacos, con ocasión de la conmemoración del 8 de marzo de 1981. La segunda está sacada de un artículo publicado en
1983 por Rabotnitsa, uno de los principales periódicos destinados a las mujeres soviétivas. Ello no impide a esos mismos periódicos alabar las cualidades de la trabajadora emérita, de la pionera que no duda en efectuar "trabajos de hombre" a la vez que se parte el alma para ser una perfecta ama de casa. La editorial aparecida en el periódico polaco afirma por otra parte: «sabemos lo que tenemos que hacer: queremos trabajar fuera de casa, pues no nos resignamos a nuestro papel en el seno de la familia y del matrimonio. No nos dejamos encerrar en la
EL "SOCIALISMO REAL"
EN FEMENINO
es el defensor del hogar y la mujer su guardiana». cocina o con los niños». «Trabajar como un hombre y además como una mujer», afirma el dicho. Así se resume la situación —muy contra-
Men la que se encuentran las mujeres de los países del "socialismo real" de Europa del Este. Ciertamente, la legislación referente a los derechos de las mujeres es muy progresista, en el plano económico y social, comparada a la que prevalece en los países occidentales y todos estos países insisten en los progresos, reales, lleva. dos a cabo desde la Segunda Guerra Mundial en el terreno de la educación y del trabajo de las mujeres, de su participación en la vida económica y
En todos estos países, salvo hace ya una veintena de años que las mujeres constituyen mas del 40% de la mano de obra. En la mayor parte de los casos esta proporción era superior al 45% a comienzos llegando incluso a sobrepasar el 50% en la URSS y la
Paralelamente, el nivel de formación se elevó hasta el punto que las chicas son casi en todas partes más numerosas que los chicos en los institutos de secundaria, y a menudo tambien en la enseñanza superior. Su presencia en las ramas técnicas, en particular, es nucho mas elevada que en el Oeste es arzos especificos en este sentido, En la RDA, país en el que se han hecho adolescentes representaban las tres cuartas partes de los alumnos del
Jacqueline Heinen técnico secundario en 1983. En Polonia, 23% de los estudiantes del técnico superior eran mujeres en 1984, cuando en los países occidentales raras veces se supera el 10%.
Dicho esto, la segregación profesional es poco más o menos tan fuerte como en Occidente, con una concentración de las trabajadoras en los servicios y en las ramas industriales traelectrónica, en ciertos tipos de empleos (educadoras, enfermeras, secretarias, etc). La única diferencia reside en que se encuentra una mayor proporción de mujeres médicas — pero se trata aquí de una profesión que ha perdido todo prestigio a los ojos de los hombres, en razón de los bajos salarios— y que en un país como la URSS, las mujeres hacen trabajos que requieren un importante esfuerzo físico como la construcción donde ocupan empleos de peón de los que los hombres no quieren ni oir hablar. La división sexual del trabajo tiene aún un radiante futuro ante sí. La realidad cotidiana de las mujeres
«Aquí, ya no es el proletariado, sino las mujeres la clase explotada. Ellas lo son, y doblemente», afirma una trabajadora del servicio del transporte
NOTAS:
(1). Femmes et Russie 1981. Ed. des femmes Paris p. 22.
(2). Femmes et Russie 1980. Ed. des femmes Paris p. 49.
(3). Scinteia, Bucarest, 1 nov. 1983.
postal de Petrozadovsk, en la URSS. Y continúa: «no es visible en las leyes, pero existe en la realidad. Según los aunque los paquetes no superan este peso, aqui se considera, que las mujeres pueden levantarlos un número incalculable de veces. Aquí la norma por día y persona es de 300 kgrs., pero en época de fiestas —por ironía de la suerte— puede pasar a 500 kgs. Cada paquete pesa de 1 a 10 kgs, pero cada mujer debe levantar y transportar mas de 2.000 kgs. por día y entre 4 y 5 toneladas los días "de fiesta". Esto supone que, por ejemplo, el 1º de mayo o el 7 de noviembre —fiesta de la gran revolución socialista— cada mujer bate el récord mundial de levantamiento de pesos y halteras. ¡Aunque esto no le embargo, los aplausos que acompañan a los resultados de portivos de los atletas!». Aún hay que añadir que cada mujer hace de 2 a 5 con su carga, lo que supone arrastar entre 350 y 1.000 kgs diarios, sola, sin hablar, dado que las como de día en este distrito, y además, durante 12 horas(...). Esto mucho al trabajo en las minas de sal o de carbón antes de la revolución»(1).
Por otra parte, los empleos ocupan las mujeres cualificadas están lejos de corresponder a su nivel de formación: ocupan un número más que limitado de los puestos de responsapequeños porcentajes de los directores de empresa —incluso en los sectores en los que forman el grueso de la fuerza de trabajo- y son muy poco numerosas entre los puestos honorificos de las facultades. Los obstáculos ideológicos siguen presentes. Se desconfía de las mujeres responsables. «No será capaz... ¿ Y si tiene un niño?».
Todo esto, concluye lógicamente en diferencias salariales que son del orden del 30%, es decir, un desnivel más elevado que en los países del Norte de Europa capitalista (Dinamarca, Suecia, etc) donde las tasas de actividad femeninas están cerca de las de los países del Este y donde la proporción de trabajadoras a tiempo parcial es sin embargo muy elevada (y en general, quien dice tiempo parcial dice
Sin embargo, estas discriminaciones en el salario y en el tipo de empleo, no resultan extrañas a la luz de las doméstico citadas anteriormente. En todos los países del Este, las tareas domésticas y la educación de los niños siguen siendo privativas de las mujeres y el número de horas que se les dedica diariamente casi no ha disminuido: de 4 a 5 horas en 1970, y un poco menos en 1985, a juzgar por las cifras más recientes. En cuanto a los hombres, «te ayudará (atención al verbo) a lavar los platos o a cuidar al niño; te "ayudará" , "cegado" por su propio desinterés».(2)
Hay que subrayar sin embargo que la situación económica y social varía enormemente de un país a otro. Por poner un ejempio, no se pueden comparar las condiciones de existencia de las mujeres checoslovacas con las rumanas. Mientras que las primeras viven en un país, en el que los almacenes estan relativamente bien surtidos y disponen de equipos de cocina segundas se ven confrontadas a una penuria sin precedentes, al racionamiento de todos los alimentos de base (pan, leche, azúcar), a los cortes cotidianos de agua, de gas, y de electricidad. No se coge el ascensor por miedo a quedarse bloqueado: es fácilmente imaginable el problema cuando se vive en un piso alto y se tiene que llevar un niño.
Además, está prohibido calentar un apartamento a mas de 14 grados, los programas de TV están reducidos a dos horas y media por día, etc. Todo ello porque el gobierno decretó que había que ahorrar energía. Ciertamente, esto afecta a toda la población, pero las mujeres son las primeras afectadas, como lo atesti-
guan las opiniones de ciudadanos modelos expresándose en las columnas del periódico del partido: «Si es necesario, toda mujer, a poco hacendosa que sea, puede lavar la ropa la bañera. Así pues, podemos renunciar a la lavadora. ¡ Y qué decir de barrer! ¿Acaso no se ha utilizado la escoba durante centenares de años, antes de utilizar las aspiradoras?.(3)
Tampoco se pueden comparar las cosas en términos de equipamientos colectivos. Menos del 10% de las mujeres polacas dan su ropa a lavar fuera del hogar, dado el precio y la muy mala calidad del servicio, mientras que el recurso de tales servicios está ampliamente extendido en la RDA. Igualmente, el número de comidas (calientes) consumidas en restorán es de apenas el 10% en Polonia, cuando es del 70 al 80% en RDA. Esto es una diferencia apreciable para las mujeres que vuelven a su casa por la tarde tras su trabajo. En fin, mientras que el 65% de los niños de menos de tres años de la RDA tienen acceso a guarderias y más del 90% de los niños de tres a seis años a escuelas maternales, estos porcentajes son respectivamente de 4% y 45% en Polonia. Así pues, la posibilidad para las trabajadoras polacas de tener acceso a una guardería es casi nula, y ello tanto más en la medida que las pocas plazas disponibles van en general a mujeres privilegiadas que se benefician de "recomendaciones" y no a las obreras que tendrían más necesidad de ellas, es decir, las que trabajan en equipos o de noche, que son muy numerosas.
Las condiciones de vivienda varían también enormemente de un país
La otro. En las provincias soviéticas, aún es normal que toda una familia viva en una sola •pieza. En Polonia, por el contrario, aunque las carencias son enormes y la espera para disponer de su propio apartamento increible (una "joven" pareja puede estar de 15 a 20 años en las listas si está obligada a pasar por los conductos oficiales), como media, el espacio por persona es, al menos, más amplio. Podría añadirse que en el plano ideológico y cultural tampoco las situaciones son las mismas. Según que se habite una frontera en Hungría o en la RDA y que se tenga acceso a las televisiones extranjeras occidentales; según que se esté frente a la férula de la burocracia rumana o a la política relativamente liberal de los húngaros, no se vive en un ambiente idéntico. En todas partes están negadas las libertades de expresión y de organización, pero no de la misma forma y en el mismo grado. La doble jornada de trabajo, siempre
Sin embargo, más allá de estas profundas diferencias, lo que es común a todos estos países, es el mantenimiento de las relaciones patriarcales en el seno de la familia, la perduración de ideas seculares sobre el papel de la mujer, el carácter inmutable de la dominación del hombre en el seno de la pareja aunque las mujeres expresan una voluntad de realizarse como mujeres y como trabajadoras. Esto es cierto en la RDA igual que en otras partes, a pesar de los avances subrayados más arriba en un cierto número de terrenos sociales. Así se manifies. ta claramente en una serie de testimonios de mujeres de la RDA a las que se les solicitó "confesarse" en entrevistas muy libres. «Mis padres, eran gente progresista, sí, pero la educación que hemos tenido fue horrible. Las chicas tenían que hacer todo y los chicos, a la buena vida», cuenta una
joven de 24 años. «Tengo que ser yo quien haga todo: los deberes de clase, el sindicato, ocuparse de los viejos en casa, todos los papeleos» dice otra un poco mayor, madre de un niño, que șin embargo da pruebas de mucha indulgencia hacia su compañero y se pregunta, «¿Para qué sirve a las mujeres emanciparse contra su (...) Si se rompe una relación, hay que escapa nadie. Y las dificultades recomienzan con otro». (4)
Esta idea de la pareja y del matrimonio que parece darse por supuesta, como la interiorización de su papel refleja de idéntica en las manifestaciones de las mujeres de los demás países del Este. En Polonia, las tres cuartas partes de las trabajadoras interrogadas en diversas encuestas se dicen convencidas de que su tarea esencial es educar a sus hijos. Cómo extrañarse de la percuando se sabe que en la Unión Soviética, en 1980, los trabajos manuales eran aún distintos en la escuela primaria para las chicas y los chicos: cocina y trabajos de casa para ellas, trabajo con madera y metal para ellos.
En la mayor parte de los países de la del Este, después de una primera fase tras la 2ª Guerra mundial en la que las autoridades dedicaron una atención especial al trabajo asafemenino (trabajo indispensable, hay que decirlo, en las tareas de reconstrucción de la economía), en que los gobernantes insistieron en la emancipación de las mujeres y los deberes de la sociedad hacia ellas, en la puesta en pie de equipamientos colectivos etc., se constata un verdadero giro sobre el tema de la familia en los años 60. Ello se traduce en medidas y argumentos variados, pero el efecto es, en todas partes, frenar un proceso que tendía a conceder a las mujeres una independencia económica y social
En 1965, en la RDA, las tareas domésticas dejaron de ser presentadas como un freno a la actividad profesional y a la cualificación de las mujeres. Lo discursos vuelven a honrar el
1o a pora de pante montal
Shola: LucIanand Guten Morgen, du
(5). Leyes sobre el trabajo, 1977.
sus responsabilidades familiares particulares, no pueden trabajar a tiempo completo». (5)
Las declaraciones oficiales afirman que las trabajadoras sólo trabajan a tiempo parcial excepcionalmente. Pero diversos especialistas de la RDA estiman que el 25-30% de las mujeres hacen una semana acortada de seis horas, además de las que trabajan media jornada. Todos los estudios, tanto en el Este como en el Oeste, muestran que una reducción del tiempo de trabajo, cuando no afecta más que a las mujeres, no supone una reducción del horario de trabajo do. méstico, pues los maridos trabajan en general aún menos que antes en estas tareas. En cambio, el trabajo a tiempo parcial, además de un salario menor, implica status diferente y una serie de obstáculos en
En Hungría en 1967 se introdujo el principio de un permiso pagado, una especie de "salario maternal" equiva. lente a casi la mitad del salario, para las mujeres que acababan de tener un hijo. Una medida similar se adoptó en Checoslovaquia tarde. En Polonia, a partir de 1969, se estableció un permiso sin sueldo de un ampliado posteriormente en casos similares, pero rápidamente se pasó a reglamen. tar un permiso pagado que existe desde 1981 (oficialmente, se trata de un permiso "parental", pero todo el mundo habla del permiso "maternal" como por casualidad). En estos tres países, las tres cuartas partes de las mujeres han recurrido a esta posibilidad, y es fácil comprender la relación entre este tipo de medidas y el mantenimiento de las discriminaciones en el terreno profesional y salarial evoca-
En fin, en la Unión Soviética, donde se propuso introducir el tiempo parcial desde los años 60, sólo recientemente ha obtenido eco y los soviéticos han introducido igualmente un permiso maternal de un año, prorrogable seis meses, para las madres jóvenes.
Si insistimos en estas medidas, es porque expresan la quintaesencia de la renuncia oficial, en todos estos países, a una política que apunte a poner verdaderamente a los hombres y ruptura con la tradición marxista y leninista a la que estos regímenes se referían en el momento tauración no puede estar más clara. Ciertamente, Marx y Engels —y Lenin tras ellos— pusieron mucho más el
Men la explotación que en opresión específica de las mujeres, convencidos de que la entrada masiva en el mercado de trabajo, tal como se esbozaba en los países capitalistas a partir de mediados del siglo XIX con-
llevaría el estallido y luego la desaparición de la institución familiar a breve plazo. Al hacer esto, subestimaban no sólo la capacidad de la clase dominante de intervenir para reglamentar el empleo de las mujeres y de los niños y familia a fin preservar el sistema capitalista. Subestiman también obstáculos vencer, más allá de las conmociones ,económicas y sociales, para cambiar las mentalidades dentro de la dominada. El movimiento feminista de los años 70 ha contribuido a mostrar que el trabajo asalariado de las mujeres — si bien es una condición neceindependencia económica- no es en absoluto una condición suficiente para asegurar su emancipación, mientras no se acompañe de un proceso social y cultural que ponga en cuestión los fundamentos mismos de su opresión específica. Pero a las burocracias de los países del Este no les tipo de consideraciones y las medidas retroceso respecto a la política que habían promulgado en el terreno del trabajo asalariado de las mujeres. La familia: un punto importante en la política de la burocracia
¿Cómo explicar este retroceso tras el entusiasmo que había prevalecido en el período inmediatamente posterior a la II G.M. y los cánticos a la aparecían en los carteles de propaganda conduciendo tractores y manejando soldadoras?. Sin duda alguna, por el cambio que se ha operado en el seno de estos regímenes. En aquellos años, por muy stalinistas que fueran, encarnaban una ruptura radical con el sistema de clase y la ideología de la anterior a la guerra. Tras haber renunapoyarse en las masas, proceso de burocratización, de cristalización de una capa privilegiada, por no decir de fosilización difícilmente imaginable hace cuarenta años (sólo hay que pensar en el "reino" de la familia Ceaucescu en Rumania).
En la Unión Soviética, el esquema es un poco más complejo puesto que ya en 1934, el nuevo Código de la familia había significado un brusco retroceso con la prohibición del aborto (legalizado de nuevo en 1955), la condena de la unión libre, las trabas puestas al divorcio, etc. Pero la guerra vino a conmocionar los proyectos de Stalin decidido a glorificar el papel de la mujer-madre. Los imperativos econó.
-durante la guerra primero para reemplazar a los hombres que estaban en el frente; tras la guerra,. para asegurar las tareas de la reconsprincipios enunciados solemnemente. Stalin tuvo que esperar a 1949 para conceder una medalla de oro a la mejor "paridora".
Pero más allá de estas peripecias, no había dudas para los burócratas soviéticos (y las burocracias de los demás países lo comprendieron tras que la familia punto central de la estabilidad de su régimen. Hay varias razones para ello. Por una parte, razones económicas: una de las características de las lla.
sociedades "socialistas" reside —¡Oh ironías!— en su incapacidad permanente para poner en pie infraestructuras ligadas a la reproducción de la fuerza de trabajo. Por mucho que digan los discursos sobre las reformas necesarias, las prioridades acaban siempre por ir a la industria pesada, ayuda del juego de las camarillas y la ley del más fuerte. Esto es cierto también en la RDA donde las mujeres de los grupos pacifistas reclaman que las subvenciones atribuídas al ejército se utilicen para resolver las carencias de equipamientos colectivos.
Pero el interés de la burocracia por la familia se debe sobre todo a razones políticas. Como instrumento del orden establecido, le permite canalizar las aspiraciones individuales marco privado. El modelo de relaciones afectivas y sociales propuesto en el Este no tiene mucho que envidiar al que prevalece en el Oeste. Tal orientación remite evidentemente al carácter profundamente conservador de la
(6). La Nouvelle Alternative num. 1 abril
Te, mes Pais p.S Russie 1980. Ed. dos
(8). Gegenstimmen num. 4, Viena, 1981.
burocracia y a su necesidad, para guardar un poder usurpado, de impedir toda expresión colectiva de las necesidades sociales, toda puesta en común de ideas por ejemplo, sobre una verdadera política de socialización en el terreno de los equipamientos colectivos, que podría cuestionar los fundamentos de su dominación.
El paternalismo que impregna todos los poros de estas sociedades es particularmente evidente sobre la cuestión del Rumanía es un caso aparte, y hay que desear que lo siga siendo. Desde 1966 las mujeres de este país no tienen derecho de abortar salvo en casos físicos o psíquicos muy graves, o si tienen más de 5 hijos. Además, 1984, tienen que hacerse exámenes ginecológicos obligatorios sobre todo en fábricas de composición mayoritariamente femenina. Estos exámenes se efectúan de varias restricciones. En algunos países, depende de una comisión de "expertos": este es el caso de Hungría y Checoslovaquia (en lo que se refiere a este último país ver el recuadro). A veces es objeto de procedimientos humillantes, como en la Unión Soviética. derecho a la vida del feto" no circulan en el Este, se adelantan otros argumentos para intentar desanimar a las mujeres de abortar: secuelas físicas eventuales, riesgo de esterilidad. Si todo aborto es una experiencia traumática, especialmente en el terreno psicológico, la experiencia muestra sin embargo que efectuado suficientemente pronto y en buenas condiciones, puede hacerse sin peligro. Por el contrario, esta descripción, hecha por
Arkhangelsk (URSS) sobre las condiciones que esperan a las que en su ciudad perseveren tras
"oficina sociolegal" encargada de examinar su caso, hace temblar. Cuando llegan a lo que se llama la "picadora de carne" mujeres se desplazan en fila ante la sala de operaciones. De dos a seis mujeres abortan a la vez en la misma sala. Las camillas están dispuestas de tal forma que cada una ve lo que pasa enfrente... El rostro deformado por el sufrimiento, el bulto sangrante que se extrae de la mujer (...) Sin anestesía, la mujer experimenta un dolor atroz (...) Al día siguiente, casa si preocuparse por su estado, que deja mucho que desear»(7).
Frente a tal estado de cosas, en un país que se vanagloria de su medicina preventiva, no se pueden sacar más que dos hipótesis. O bien, poner en duda la calidad de sus servicios de
salud, máxime considerando que en la Unión Soviética asi como en los demás países del Este, la propaganda para incitar a las mujeres a utilizar medios contraceptivos es casi nula, que éstos sólo existen en cantidad totalmente insuficiente y además son de mala calidad. O bien afirmar que se trata de una política deliberada para culpabilizar a las mujeres. De hecho, probablemente se trate de las dos co-
En todo lo que concierne a la sexualidad, el moralismo y la mojigatería impuestos por la ideología dominante alcanzan un grado extremo. Sirva prueba de ello la prohibición de la honosexualidad en la Unión Soviética y puede valer hasta cinco años de prisión; en otros países donde la pena es menos severa, regularmente aparecen rechazos histéricos sobre este tema en los medios de comunicación, como se ha visto recientemente a propósito de los debates sobre el SIDA. Y por supuesto toda esta hipocresía tiene como contrapunto ineluctable el florecimiento del mercado negro de la pornografía, por ejemplo en Hungría; los espectáculos de strip-tease y las prostitutas toleradas en todos los grandes hoteles y mas o menos al servicio de los organismos estatales, a los que sirven a menudo como chivatas, por ejemplo en Polonia. O también, el periódico oficial del PC húngaro que, para desear las felices navidades a sus lectores en diciembre de 1981, ponía en primera página y en toda su edición fotos de mujeres desnudas, grupos de "girls" etc., acompañadas de "chistes" para acelerar el co-
Este moralismo tiene también como corolario fenómenos de violencia en el seno de la familia. Los casos de mujeres golpeadas son particularmente numerosos, igual que los casos de violaciones de los que apenas se habla. Y el número de estos casos aumenta con el grado de alcoholismo, como ocurre en la Unión Soviética, también en otros países del Este. «En la RDA, la violencia contra las mujeres sigue siendo un fenómeno social de masas» afirman opositores estealemanes(8). En todos estos países, la tasa extremadamente elevada. En los dos tercios o los tres cuartos de los casos, la mujer es quien presenta la demanda, muy a menudo por razones ligadas a la violencia o al
Sin embargo, a la vez que la familia representa un instrumento en manos de la burocracia y un campo de conflictos a veces dramáticos, constituye un dominio que escapa parcialmente a su control, una célula relativamente independiente en la que se puede expre sar libremente y encontrar un mínimo
«Un gran número de leyes de este país protegen la vida de las plantas, de los animales y del ambiente, pero ninguna protege la vida humana tación; el feto sin defensa no se beneficia de ninguna protección», afirma una carta dirigida al Primer Ministro de Eslovaquia firmada por más de 6.000 personas. Esta petición apoyada por el arzobispo de Praga, fue lanzada tras la propuesta de introducir una enmienda a la ley sobre el aborto en Eslovaquia.
¿Contenido de la enmienda? Abolir las comisiones por las que las mujeres debían pasar para obtener la autorización de eran satisfechas en el 95% de los casos, pero con tales plazos que la interrupción del embarazo tenía lugar a menudo tras las 12 semanas, lo que aumentaba notablemente los riesgos. Dicho de otra manera, una modificación de buen sentido que las desearían ver introducida en las leyes numerosos restrictivas que sufren. de relaciones afectivas, un abrigo que permite resistir relaciones sociales marcadas por el autoritarismo y las prohibiciones de todo tipo. También es sentida como un lugar de refugio para la mayoría de los individuos y de las mujeres en particular. Esto se explica perfectamente dado el carácter extremadamente represivo de estas sociedades, y debemos comprender cómo esto marca todos los pasos de las mujeres que comienzan a plantear sus
Petición para "proteger la vida
humana" en Checoslovaquia
La jerarquía católica, arrogándose una vez más el derecho a hablar en nombre de las mujeres, anima a las actitudes más retrógradas hablando de "el asesinato de un ser humano". Pero, cómo extrañarse de la influencia de la Iglesia cuando se sabe que, Hombre, del humanismo y de la democracia" el régimen defiende la enmienda propuesta. En el país en el que la mentira y donde cualquier oposición declarada al gobierno puede saldarse por muchos años de prisión, tales declaraciones por parte de las autoridades no pueden sino suscitar inquietud en los espíritus. Las firmantes de la petición afirman que si los diputados se niegan a escucharlas, exigirán al gobierno que el proyecto de ley sea objeto de un referéndum. Se puede esperar que la ley sea liberalizada. Pero que la burocracia nos haga creer que se preocupa verdaderamente de los intereses de las mujeres, es otro asunto. O problemas en voz alta en los países del Este. Los primeros signos de revuelta
Las primeras en reagruparse públicamente a fines de los años 70 en el Este —y esta iniciativa encontró inmediatamente un gran eco— fueron las mujeres de Leningrado que publicaron
(9). Sobre las "Mujeres por la paz" en la
RDA ver la edición francesa de num. 164 del 9 de enero de 1984 y 166 del 6 de febrero de 1984.
(10). Cahiers du feminisme, num. 27 invierno 1984.
un "samizdat" (nombre genérico de las publicaciones clandestinas de la oposición) el Almanaque Rusia" reproducido en el Oeste en 1980. «El primer periódico socialmente a la ofensiva» afirmaba una de sus redactoras. diversos testimonios de mujeres sobre su vida cotidiana - sobre el trabajo, el parto, la familia, campos, las niñossensación. En primer lugar, a los ojos de los militantes de la oposición democrática. Descubrieron que numero-
"Mujeres en
Un periódico que reunía la prisión, los los relaciones con y también poemas. Causó hacia sas mujeres que participaban plenamente a su lado en el movimiento, tenían también cosas muy particulares que decir sobre su opresión, y que entendían que tenían que hacerlo de forma y en términos diferentes que los samizdat tradicionales.
Pero este almanaque "impresionó" igualmente al poder, que no se equivocó sobre su importancia. Tras algunos números, comenzaron las pesquisas y luego los arrestos, las amenazas de encarcelamiento por varios años, de privación del derecho de las madres sus hijos, las incitaciones al
exilio. En una palabra, el chantaje y las violencias que son el pan cotidiano de los y las que osan aunque sólo sea reclamar la aplicación de los derechos democráticos inscritos en la Constitución. Una represión que no podía dejar de ejercerse hacia las que, por la simple descripción de sus condiciones de existencia, denunciaban —directa o indirectamente— un poder que no soporta ninguna contestación. La actuación de estas mujeres, lo hayan reivindicado o no, tenía una dimensión claramente política.
Sin embargo en modo alguno tenían todas la misma orientación. Unas, agnósticas, como Tatiana Mamonova, no rechazaban incluso la tradición leninista, aún sin reclamarse de ella. Otras, profundamente creyentes y antimarxistas, fundaron el "club María" (alusión a la Virgen) tras la ola de represión que golpeó a las iniciadoras del Almanaque en 1980. Este segundo grupo apareció rápidamente como el
Avanzaban discurso religioso sobre la liberación de las mujeres, expresando un repliegue sobre valores espirituales, religiosos y humanistas que sorprendieron a las feministas del Oeste. Pero hay que comprender este fenómeno religión —por no decir de la religiosidad— a la luz del cambio que han conocido todas las Iglesias del Este desde el fin de los años 70, la iglesia ortodoxa en la Unión Soviética, la protestante en la RDA, la católica en Hungría, por no hablar de Polonia. Hay que ver ahí una búsqueda de soluciones alternativas en corrientes de oposición en las que existe un pesimismo profundo y que no ven otras perspectivas que refugiarse en valores misticos. No debe extrañar que frente a la corrupción, el alcoholismo, la violencia ambiental, una parte de las mujeres que han comenzado a radicalizarse por sus propios problemas se encaminen en esta vía. Más allá de la dispersión de estos primeros reagrupamientos de feministas en la Unión
-que la KGB desarticuló por sus procedimientos habituales en relativamente poco tiempo- lo que perdura, es que las mujeres hayan osado romper los tabús de la esfera
De Varsovia a Berlin
Las estudiantes polacas que, en el otoño de 1980 crearon un grupo feminista en la Universidad de Varsovia, lo comprendieron bien y se alegraron del apoyo recibido de mujeres soviéticas del Almanaque forzadas a la emigración. De entrada la orientación de estas jóvenes mujeres se afirmó radical, reivindicándose explícitamente del movimiento feminista occidental. Militantes del sindicato independiente de los estudiantes creado tras los pasos de Solidaridad, afirmaron sus exigencias específicas y tradujeron sus aspiraciones en un programa centrado en cuestión de la opresión específica.
Pero si fuimos muchas en Occidente las que nos alegramos por el nacimiento de este grupo, es preciso señalar que su influencia quedó de lo más limitada y que no llegó a hacerse oir por las trabajadoras que militaban embargo estas últimas no constituían sólo una parte esencial del fantástico conmocionó Polonia 18 meses. Fueron igualmente su ala más activa en más de una ocasión. En las "marchas del hambre" en Lodz y en otras ciudades, marchas de protesta contra la política del poder de provocar la penuria en la población para intentar sabotear el movimiento, o en las huelgas como las de las obreras de Zyrardow, cerca de Varsovia, que fueron unas de las primeras a retomar a su cuenta la idea de la huelga activa, en el otoño de ese mismo año.
Pero la mayor parte de estas mujeres no llegaron a plantear sus propios problemas. Hay que señalar que no eran más que el 6% entre los delegados del primer Congreso nacional del sindicato independiente y que, incluso a escala local, estaban muy lejos de tener el lugar que les hubiera debido corresponder a la cabeza de las estructuras de dirección de Solidaridad. Las mujeres estaban escindidas entre la fábrica, el sindicato y el hogar. Por razones que tienen que ver funel peso de Iglesia católica en Polonia y la influencia de las ideas reaccionarias que transmite sobre el papel de las mujeres, de la familia, etc., estas mujeres no llegaron a asumir un cierto número de verdades enunciadas por el grupo de las estudiantes de Varsovia.
Como acabamos de ver, el camino que conduce a una toma de conciencia de las mujeres de los países del Este de la opresión particular de la que son objeto está sembrado de dificultades. Pero la experiencia de las "Mujeres por la Paz" de la RDA rechazando el alistamiento de las mujeres ejército ha mostrado que un movimiento que al comienzo se situaba exclusivamente en el marco del resto del movimiento pacifista independien. te de ese país, podía desembocar en un inicio de puesta en cuestión de su situación específica(9). Estas mujeres no se reivindican del feminismo. "¿Por qué hacer de la emancipación un tema únicamente femenino?. ¿No quiere emanciparse todo el mundo en la RDA?» dice Barbel Bohle, una de las animadoras del grupo, detenida y luego puesta en libertad por la policía política debido a sus actividades(10) Pero añade luego: «Muchas mujeres se dirigen a nosotras porque quieren agruparse para debatir problemas que encuentran como mujeres». Y es significativo que diversos grupos "Mujeres por la Paz" hayan acabado por decidir reunirse en reuniones no mixtas, a la vez que permanecen como miembros del movimiento, a fin de impedir a los hombres monopolizar la palabra de poder discutir libremente de lo que las preocupaba. «Numerosos mujeres, entre nosotras, sentimiento de insatisfacción» escribe la novelista Christa Wolf, que escribe en el prefacio a uno de sus libros: «Nuestra sociedad ha dado a las mujeres la posibilidad de hacer o qus conduce, como era previsible, a plantearse la siguiente cuestión: pero, al fin y al cabo, ¿ qué hacen los hombres?
Peso lo que verdaderamente yo