DE LA SOCIALDEMOCRACIA
Este artículo es una transcripción —con leves retoques gramaticales— de una grabación de la conferencia que pronunció Perry Anderson el pasado 6 de marzo en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Autónoma de Madrid. Los primeros minutos de la conferencia no contenido a partir de notas tomadas por asistentes al acto; esta parte del texto figura entre paréntesis y en cursiva. Pese a estas deficiencias,
LAS ANTINOMIAS
quedaron grabados por lo cual hemos considerado análisis de la socialdemocracia. [El fracaso de la socialdemocracia en la consecución del objetivo de la construcción del socialismo no puede comprenderse solamente por la propia dinámica de la sociedad capitalista en general, por las leyes que rigen el movimiento del modo de producción, sino también por los propios errores ricos de la socialdemocracia clásica que pueden resumirse en tres. El primero, la ilusoria creencia en la posibilidad de construir el socialismo sin utilizar para ello como herramienta fundamental la vía de la movilización de masas, "desde abajo". Los partidos de la Il Internacional consideraron la pouna revolución "por arri-
Perry Anderson nos vemos obligados a resumir su útil ofrecer a nuestros lectores este brillante ba", utilizando para ello el parlamento y las instituciones del Estado burgués capitalista, como si fuera una máquina neutral, susceptible de ser utilizada al servicio de intereses de clases antagónicas. En segundo lugar, su estrecha concepción de las leyes que rigen el movimiento de la economía capitalista, que les llevaba a considerar que la eficiencia en el funcionamiento del sistema, la igualdad económica y la mayor prosperidad general podían ir de la mano). No es un accidente que esta perspectiva idílica no se haya concretado jamás, puesto que desconoce la dina-
mica de la acumulación de capital en una economia de mercado en su conjunto.
La vitalidad y prosperidad de un orden basado la libre empresa depende del nivel de la inversión privada que mantiene. Cualquier introseria en las prerrogativas del capital en un sector, repercute inevitablemente a través del conjunto del sistema, desencadenando un mecareactivo en todos los demás sectores, es decir, una crisis de confianza cuyos rasgos invariables son el atesoramiento, la fuga de capitales, la desinversión.
Sectores de la propiedad privada de los medios de producción no pueden desgajarse pacíficamente en unidades desmontables, como si el modo de producción capitalista fuera un mero tabique pasivo sosteniendo unas es-
Unas medidas genuinamente sociaescala que desborde los límites puramente formales, afectando a industrias enteras y no sólo a algunas empresas; a sectores rentables, en vez de a los deficitarios; a productores de finales en vez de a los de con confiscación y sin indemnizaciones— medidas características serían necesariamente la señal para una guerra entre las clases, en la que el capital va a actuar con armas económicas que que la economía global continuará siendo por definición capitalista. Las consecuencias de desinversión como represalia de la burguesía, serán necesariamente un aumento del desempleo, una depreciación de la moneda, una caída del nivel de vida, una amplia carestía,.., en otras palabras, exactamente lo contrario de la perspectiva socialdemócrata. No hay modo de evitar una crisis de este tipo en un país capitalista avanzado.
Si se quiere comenzar en serio una transición al socialismo, no es posible -reemplazar un sistema económico altamente integrado y completo por otro, sin un desgarro drástico de los mecanismos normales de reprodución social. No existe ninguna esca
'blanda" de la lógica impla cable de un cambio tan básico como el que va de la propiedad privada a la propiedad colectiva de los medios de producción. El sueño de una socialización sin costos sociales solamente sirve para desposeer, no a la burguesía de su capital, sino a la socialdemocra-
Llevada hasta este punto, la vía parlamentaria se cierra: las ganancia se derrumban, los circuitos del capital se paralizan y el apoyo elec. toral a la socialdemocracia se contrae, en vez de ampliarse, en condiciones cada vez peores para todos.
La tercera realidad que ignoraba la integridad del propio capitalista. Se concebía al Parlamento como una sala de control legislativo que mandaba sobre los aparatos ejecutivos de la. administración. Así, la socialdemocracia asuque el Estado existente era un instrumento neutro, capaz de realizar distintas políticas de clases. Un "burro
"; según la famosa fórmula de la socialdemocracia alemana de la "belle epoque"
En este terreno, la ilusión era doble. Por una parte, se aceptaban y exalta ban los aparatos representativos del Estado capitalista (municipios, asambleas elegidas,...) como encarnaciones de una democracia aclasista. De este modo quedaba suprimida la conside. ración de la desarticulación estructural de estas instituciones respecto a la lucha de clases (diputados no revocables, distritos electorales puramente territoriales, consultas quinquenios o aún más infrecuen-
A la vez, los aparatos represivos y reguladores del Estado capitalista (Fuerzas Armadas, policía, burocracia,...) eran 'excluídos también del campo de visión política de la socialdemocracia y eran considerados como meros servidores de la voluntad popular. Pero la realidad es que el centro de gravedad de los Estados burgueses se sitúa siempre en estos aparatos, más que en las instituciones representativas, a las que flanquean. Y estos aparatos, ni siquiera están sometidos a la alternancia formal de las mayorías electorales y sus cuadros organizadores se reclutan masiva y permanentemente en las clases poseedo-
Si la fuerza del Capital frente a un verdadero programa de socialización de la economía se localiza, en sentido negativo, en la Bolsa, los mercados financieros, etc., su fuerza en sentido positivo se ha localizado siempre en el núcleo coercitivo del Estado, las fuerzas militares y paramilitares del orden burgués. En cualquier afrontamiento social decisivo, estos aparatos represivos, necesaria e invariablemente, desplazarán a los aparatos representivos del puesto de vanguardia como los guardianes determinantes de la propiedad privada y la sociedad civil De la teoría a la práctica
Así, la esperanza en una transición paulatina al socialismo naufragaría fatalmente en la unidad dinámica de la acumulación capitalista. El sueño de una transición pacífica iba a quebrarse inevitablemente contra la
barrera, más o menos escondida, de regimientos burgueses situados en la base de parlamentos y presidentes.
El capitalismo no habría triunfado en ningún país importante del mundo con insurrecciones y guerras guerra de la EEUU, la guerras de unificación en Alemania, el resurgimiento embargo, su victoria lismo significó solamente la transformación de una forma de propiedad privada en otra. No era por ello verosímil que la victoria del socialismo sobre el capitalismo —que supone un cambio histórico mucho más profundo, o sea la sustitución de la propiedad privada por la propiedad medios de producción- pudiera ser lograda con menos convulsiones políticas y sociales.
Pero, ¿cuál fue la actuación efectiva de la socialdemocracia clásica a la luz de sus concepciones teóricas?. En la practica, la socialdemocracia pronto consciente de las realidades que ignoraba su doctrina formal. La hora de la verdad varió de un país a otro, pero en general se concretó casi siempre ante una irrupción en escena tumultuosa, y no parlamentaria, que là masas, imprevista obligó a definir su actitud hacia el capitalismo de un modo más realista.
La revolución de noviembre de 1918 en Alemania o la huelga general inglesa de 1926 fueron ejemplos de estos momentos claves. Enfrentada con ataques populares directos, desde abajo, contra el viejo orden que amenazaban con llegar a una colisión frontal, y al mismo tiempo, comprobando la capacidad burguesa resistir contra estos ataques, la socialdemocracia descubrió el realismo. Dejó de creer en la posibilidad de una transición parlamentaria al socialismo. Y en vez de abandonar el Parlamento, renunció al socialismo.
A partir de los años 20, ningún partido socialdemócrata en la Europa del Norte ha mostrado nunca el más mínimo interés real en abolir la propiedad privada de los medios de producción, ni ha defendido programas que siquiera se aproximaran a este obje. tivo. La distancia entre las principales organizaciones de la || Internacional y cualquier perspectiva de este tipo se demostró 50 años más tarde, cuando un partido socialista trató por una vez de realizar algo original; es significativo que el PS chileno rechazara entrar en la II In. ternacional porque no la veía ya como una fuerza anticapitalista. Ahora todo el mundo sabe el resultado de la experiencia de los socialistas chilenos en el poder: el gobierno de Allende trató realmente de inaugurar una transición legal y gradual al socialismo. Y ¿que sucedió?. Exactamente las tres realidades básicas que la socialdemo. cracia clásica había ignorado precipiexperiencia en el desastre. lugar, las masas chilenas no pudieron metidas dentro de los cauces parlamentarios; desbarataron los planes de la UP. En segundo lugar, la economía sufrió una caída de producción; la burguesía local saboteaba la producción y la inversión y sus aliados internacionales torpedearon
comercio, el crédito, desencadenando la penuria y la inflación. Finalmente el Ejército chileno barrio el parlamento, aplastó a la UP y a las propias masas con su fuerza contrarrevolucionaria.
Nunca ocurrió nada parecido a esta secuencia de acontecimientos en la Europa del Norte; ahí los partidos de la Il Internacional abjuraron de antemano de esa línea; su práctica gubernamental fue muy diferente.
En el período de entreguerras, se li-
La realizar reformas sociales menores y tentativas ineficaces; fortalecieron la ortodoxia financiera neocontinuaron la política del liberalismo
"belle epoque". Durante la recesión, se aplicó política algo menos convencional para mantener el empleo, pero sin crear el compañía civil privada fue nacionaliningún gobierno socialdemócrata antes de 1939 en la Europa De Marx a Keynes
Solamente después de la 2ª guerra mundial, la socialdemocracia descubrió un horizonte nuevo: la teoría económica keynesiana emergió para cuadrar el círculo que ella había intentado conseguir en vano. La manipulación anti-cíclica de la demanda podía restaurar la tasa de ganancia del capital y a la vez subir el nivel de vida real de las masas, por medio de una expansión del consumo interno, través de los gastos de un Estado aparentemente neutral. A partir de ahora, el bienestar sustituyó a la socialización como principio real de la política socialdemócrata. Se trataba de realizar un complemento al mercado, no una alternativa a él. Durante los años de expansión capitalista inédita, ahora podemos considerar "típicos" administraron el pleno empleo y servicios sociales muy avanzados en sus países. La nacionalización fue relegada a industrias deficitarias cuya función era suministrar insumos baratos para la acumulación privada: así establecía una "mezcla" sector público y privado en el funcionamiento de la economía burguesa, sino que se organizaban sus márgenes. Por otra parte, el modelo de más éxito de la experiencia socialdemócrata, Suecia, prescindió casi por completo de nacionalizaciones.
El capitalismo fue a la vez suavizado y fortalecido por estos administradores, cuyas realizaciones deben ser enfocadas sin ilusiones, ni menospre-
La presencia de gobiernos socialdemócratas en el timón del Estado no fue la determinación primaria de la mejora relativa de las condiciones de vida de las masas en los países capitalistas
estos años. Hubo transformaciones mucho mayores en los niveles de vida de los explotados en Japón o España, bajo gobiernos conservadores o fascistas, que en Noruega o Inglaterra bajo gobiernos laboristas. Lo decisivo fue la tasa de crecimiento global del capitalismo nacional de que se trate. Y, a fin de cuentas, el keynesianismo no fue una creación de la socialdemocracia, sino del liberalismo burgués y podía ser utilizado por cualquier régimen capitalista de la época. Y la primera gran experiencia práctica se dio en la Ale mania nazi, con los aplausos propio Keynes en la edición alemana de su obra maestra.
Pero lo que si realizó la socialdemocracia en estos años fue la construcción de un Estado del bienestar incorporando avances materiales reales para las clases trabajadoras en salud, vivienda, educación, pensiones, etc., que hasta la fecha no tienen equilos países capitalistas avanzados sin la presencia de partidos socialdemócratas en los gobiernos.
Por otra parte, la socialdemocracia, incluso cuando más trató de transformarse en un partido populista, conserde identidad de clase, que sobrevivió y sobrevive a todos sus abandonos de los ideales socialismo. sentido, es significativa la situación en EEUU donde en ausencia de una socialdemocracia a escala nacional ha proletariado cualquier sentimiento una clase separada comparable a la situación europea.
Pero más allá de estas dos realizaciones básicas, el balance de la actuación de la socialdemocracia de la Europa del Norte ha sido de una mediocridad y conformismo generalizado. Ningún partido socialdemócrata ha creado jamás un sector público amplio como el PRI en México ni ha redistribuído el ingreso nacional de un modo efectivo como el peronismo en Argentina. Hace 80 años los partidos de la Europa del Norte surgieron para cambiar la sociedad capitalista en una sociedad socialista. Hoy resulta evidente que estos cambio cualitativo en la sociedad; por el contrario, es la sociedad burguesa la que ha impuesto cambios cualitativos en estos partidos, neutralizandolos y absorbiéndolos como meros amortiguadores del statu-quo capitalista, en contradicción completa con sus metas originales. Hay aquí un contraste histórico profundo con los partidos herederos de la III Internacional que cambiaron la faz del mundo en la tercera parte del globo.
La crisis del capitalismo keynesiano de los años 70 detonó fatalmente
"listas
una crisis de la socialdemocracia de la Europa del Norte. Hacía ya tiempo que abandonadas las políticas de nacionalizaciones; ahora la inflación y la recesión se instalaban, aumentaba de nuevo el desempleo y ganaban influjo teorías económicas monetaristas. Las políticas de bienestar tenían que ser desechadas. El declinar de la socialdemocracia británica y alemana en los años 70, sus salidas sumarias del gobierno después de experiencias gubernamentales desmoralizadas, fue el ciclo más claro de un creciente atolladero regional.
Hoy las direcciones mayoritarias de la socialdemocracia del tienen recetas originales propias para la crisis del capitalismo avanzado. Oscilan entre el maniano y ráfagas de su pasado keynesiano.
Los partidos clásicos de la Internacional Socialista se encuentran hoy en su mayor parte desorientados política e ideológicamente. Habrá sin duda recuperaciones electorales, pero no hay todavía señales de que las direcciones socialdemócratas brújula para el futuro comparable con la gloria perdida con el declinar de la fórmula keynesiana.
Sin embargo, la socialdemocracia como fenómeno internacional no está en modo alguno en retroceso. Por el contrario, está conquistando nuevos terrenos y ganando nuevas simpatías en otras partes del mundo. ¿Cuales son las razones para ello?. Las antinomias Norte/Sur
Como hemos visto, la socialdemocracia clásica fue esencialmente una creación de la Europa del Norte. Las más avanzadas económicamente y las Inglaterra, Bélgica y Alemania eran los tres grandes éxitos de la industrialización europea del siglo XIX. Escandinavia y Holanda eran su periferia privilegiada. En estos países, la clase obrera industrial era o más fuerte o más numerosa que en cualquier otro país (como ocurría Alemania), o gozaba de alianzas sociales favorables con una población rural pequeños campesinos independientes (caso de Escandinavia), dentro de un orden político donde el liberalismo constitucional y el sufragio universal llegaron relativamente tempra-
Fue esta configuración la que produjo los partidos socialdemócratas de masas que ha dominado los movimientos obreros de estos países hastà la fecha, llegando en el caso de Alemania a resurgir inalterado después de las devastaciones del III
En la Europa del Sur la industrialización arrancó en general más tarde o mas despacio, en un ambiente mucho menos propicio al movimiento obrero. Un capitalismo urbano más atrasado o viscoso se desarrolló junto a una retaguardia rural de campesinado y ciero más conservadora. Lo que resultó fue una correlación de fuerzas completamente distinta. Por un lado, la clase obrera generaba tradiciones políticas más revolucionarias que en el Norte reformista; por otro lado, el peso del bloque dominante con su componente ultramontano y reaccionario era proporcionalmente mayor. Y así mientras que en los países del Norte vivieron períodos extensos de gobiernos socialdemócratas durante el largo auge del 47 al 72, dentro de un marco de alternancia regular de partidos en el gobierno, los países del Sur no vivie ron ninguna experiencia parecida, ni de alternancia partidaria, ni de admicualquier tipo. España fue regida por la dictadura franquista hasta el 75, salazarista hasta el 74, Grecia sufría bajo su régimen militar hasta el 74, Italia era gobernada por coaliciones democrisininterrumpidas, Francia fue sometida al dominio incontestado de de De Gaulle y sus aliados durante más de 20 años. En todos
estos países, fueron partidos comunistas, y no los socialdemócratas quieorganizaron y representaron clase obrera en esta época. Pero a la vez, estos PCS eran reprimidos o empujados al ghetto en
De los años 50 en adelante los países de la Europa del Sur conocieron un desarrollo económico generalizado y muy rápido, que transformó tanto los niveles de vida como las expectativas de las masas populares. Al comienzo de los años 70 era obvio que cambios suceder para acomodarse a las nuevas realidades sociales creadas. En este fondo histórico debe ser entendido un fenómeno como el eurocomente en el abandono por los PCs de la Europa del sur de las tradiciones de la Ill Internacional, (ya muy alteradas años 20, pero todavía visibles en los años 60) y su evolución a perspectivas estratégicas semejantes partidos socialdemocratas del Norte en la época clásica, es decir, antes de la 1ª guerra mundial, cuando todavía hablaban y creían en una transición al socialismo. El eurocomunismo
Casi todos los temas del nuevo discurso eurocomunista de los años 70 eran de hecho resurrecciones del discurso socialdemócrata tradicional sobre lâ vía paulatina, pacífica, constitucional al poder. No es difícil comprender porque este cambio ocurrió de
En efecto, las sociedades capitalistas de la Europa del Sur habían desarrollo económico y social más o menos análogos a los de la Europa del Norte, llegando en algunos casos a superar a sus vecinos, como puede verse con cualquier comparación entre digamos la Francia y la Inglaterra de hoy. Era probable por ello que estos entrarían más pronto o más tarde en un ciclo político semejante, lanzándose a su vez a su propia experiencia socialdemócrata. Obviamente, el espacio para reformas de bienestar y redistribución fiscal era en principio muy grande en estos países. Entonces el eurocomunismo representó objetianticipación de nueva coyuntura y un esfuerzo sostenido por adaptarse a ella. Pero fataleurocomunismo desbordado, pues aunque su discurso
Use aproximaba tara con ni en nominada clásicos, burocratizado y sus lazos internacio- movimiento economicista nales, pese a ser más amplios o ambiguos, que en el pasado, los ligaban a las sociedades postrevolucionarias del Este.
El resultado fue que el eurocomunismo en su conjunto, simplemente preparó el camino para el ascenso del "eurosocialismo", es decir, el crecimiento súbito de los partidos de la lla Internacional, desde posiciones muy modestas o marginales a posiciones centrales en el escenario político, a costa de los propios PCs. Este ha sido el patrón típico aquí en España, donde el PSOE a pesar de su contribución mínima a la resistencia contra Franco, electoral al PCE. También en Francia, sumergió al PCF. Y aún más reciente.
Men Italia, donde el PSI está ganando rápidamente terreno institucional, si bien en un grado mucho más limitado, mientras el PCI se estanca o
La razón es obvia. Si las masas tienen que elegir entre dos partidos, cada uno de los cuales proclama una política básicamente socialdemócrata, probablemente van a optar por la versión más coherente, es aquella basada en un modelo de organización socialdemócrata y que ha sacado más claramente las lecciones de la experiencia histórica de la socialdemocracia. Así la correspondencia que podemos establecer entre las posiciones de los partidos eurocomunistas de la Europa del Sur con las de los partidos socialdemócratas de la Europa del Norte de antes de 1914, puede establecerse también entre la postura actual de los PS del Sur con la de sus homólogos del Norte hacia el final de la misma parabola historica.
Por supuesto, esto se aplica desde el principio al PS italiano de Bettino Craxi, que tiene una formación cándidamente pro-capitalista, cantor de las alabanzas del mercado, o al PS portugués de Mario Soares. Pero lamentablemente, se aplica también cada día más al PSOE, portavoz de la integración española en la OTAN y al PS francés, administrador de la política de armamentos y austeridad
Mitterrand. aplicarse este modelo al PASOC griego, donde sectores importantes, aunque minoritarios tienen una visión cercana a las perspectivas originarias de una transición más allá del capitalismo, lo que da a este partido un carácter más híbrido. La dinámica de la socialdemocracia del Sur
En todo caso, parece claro que la Europa del Sur está ahora experimentando su propio ciclo retrasado de ad-
ministración reformista por partidos
Pero ninguna experiencia histórica es jamas exactamente una copia de otra y podemos estar seguros de que un cicio socialdemócrata en la Europa del Sur, es decir en una región con un pasado y un conjunto de tradiciones muy diferentes a los del Norte, no será idéntico a sus predecesores. Sin embargo, queda completamente incierto si el ciclo del Sur, cronológicamente mas tardio, se mostrará políticamente más menos avanzado. Sería prematuro hacer cualquiera predicción fiable en este aspecto. Lo que podemos hacer es señalar algunos contrastes claves entre las dos zonas, a partir de conjuntos significativos de las experiencias del Sur, ahora en des-
El primero de estos contrastes se burguesías locales. En los países de la Europa del Sur, el Capital se acos. tumbró durante monopolíticos: dictadura militar o la prepotencia "de facto" de un sólo partido, han sido sus instrumentos característicos de poder político. Por consiguiente, su sensibi-
BLA
BLA
BLA
BLA
lidad y sus instintos son mucho más agresivamente reaccionarios, sin me diaciones ni disfraces. En general, en los países de la Europa del Sur, aún después de la democratización de los años 70, es normal que las organizaciones de derechas conserven aspectos fascistas y que exista una mayor presión del aparato militar. Por otro lado, a causa precisamente de su larga habituación a formas relativamente rudimentarias de coacción o clientelismo, esta derecha es comparativamente inexperta en el terreno de la competencia electoral normal y la producción hegemónica del consenso, y no posee la inteligencia y sofisticación de clase de las burguesías más antiguas del Norte, ejemplos típicos de virtuosismo en el arte de domesticar, neutralizar y cooptar a la oposicion popular.
Es probable que este contraste pueda tener consecuencias importantes en las sociedades del Sur desde el momento en que la derecha comienza a reagruparse, como está haciendo de un modo evidente, por ejemplo, en Francia.
Una segunda diferencia entre las dos zonas se encuentra en el carácter de la izquierda en cada una de ellas. A
¡¿ QUE PASSA?
pesar de todo el conformismo actual de los partidos eurosocialistas, y de los intentos de imitarlos de los partidos eurocomunistas, permanece el hecho histórico de que las tradiciones populares de luchas de clases y nacionales en el Sur han arrastrado en sus rebeliones muchos más militantes, mucho más radicales contra la explotación y la opresión que en el Norte. Después de todo, estos han sido los paíse que han conocido resistencias armadas de masas contra el nazismo en Francia, Italia y Grecia, dirigidas en cada caso por el PC local y han conocido también las luchas heróicas de las guerras civiles en España y Grecia, las revueltas de mayo del 68 en Francia, la tempestad de la revolución de abril en Portugal. Nada comparable a esta cadena de acontecimientos vive en la memoria de • los obreros de Inglaterra, Alemania o Escandinavia.
Existe así en el Sur una tradición política e ideológica, aún relativamente fresca de verdaderos enfrentamientos de clase con el orden burgués en las calles y en las montañas. A su vez, esto da potencialmente una tonalidad mucho más aguda a los conflictos entre el Trabajo y el Capital
BLA
BLA BLA
BLA
Kihaw?
VJ
en esta zona. Por otro lado, como una herencia más ardiente, hay que considerar el hecho innegable de que la autoorganización fundamental de las trabajadoras mente mucho más débil en el Sur que
Los nuevos partidos socialistas son.
ninguna práctica tancia, abrumadoramente dominados en sus niveles parlamentarios por abogados, profesores, economistas, técnicos,..., en resumen, por una capa de profesionales en ascenso social, sin más importante, operan condiciones de impresionante debilidad de los movimientos sindicales, respecto a la situación del Norte. Aún en Francia o en Italia, la tasa de sindicación es mucho más baja que en Inglaterra u Holanda, por no hablar de Suecia o Austria. La fuerza industrial efectiva de la clase obrera organizada de la Europa del Sur no se puede comparar hoy con la de los grandes movimientos de trabajadores de la Europa del Norte en su apogeo. Estos contrastes definen las diferencias de naturaleza de los dos principales campos de la lucha de clases en el Sur. profundo en cuanto a las condiciones en que esta lucha tiene que lanzarse.
Las experiencias de la socialdemo. cracia del Norte se desarrollaron en condiciones constitucionales estables y con unas tradiciones en las que la democracia burguesa era fruto de una larga evolución del capitalismo. socialdemocracia, dentro del marco de las relaciones capitalistas de producción, heredó instituciones liberales y las utilizó tranquilamente para fines sociales y económicos de bienestar moderado. En el Sur, por el contrario, el nuevo ciclo socialdemócrata encontró estructuras de Estado alejadas de una democratización plena, según los la realización de Europa del Sur ha obtenido unas ciertas posibilidades inmediatas por el espacio objetivo creado por las carencias de las direcciones burguesas democráticas de sus países.
Pero por otro lado, y esta será la última antinomia que planteemos, también comprometiendo en tareas de gobierno en una época de profunda crisis económica mundial, en la cual el reformas de bienestar de tipo clásico han virtualmente desapareçido.
En este aspecto, el contraste entre los años 80 y los años 40, 50 y 60 es total. Además estos son países cuyas posiciones en el mercado mundial son Alemania o Suecia.
Por lo tanto las perspectivas de éxito en la construcción de estados de son mucho menores en estos países, más aún teniendo en cuenta que la recesión de la economía capitalista internacional se extiende y se agudiza. No es un accidente que haya en España los niveles de desempleo más altos de toda la Europa occidental. Y dada la primacía inevitable de las determinaciones económicas en cualquier experiencia reformista, es difícil imaginarse que la parábola socialdemócrata vaya a mejor, es decir más cercana a una verdadera transición mas allá del capitalismo, en la Europa del Sur que lo hizo en la Europa del Norte.
Sin embargo, las coordenadas que han enumerado no son fatalidades. Podemos ver esto muy claramente si miramos a una dimensión final de las experiencias actuales en la Europa del Sur: es decir, su contexto diplomático, militar y político internacional.
Ningún cambio fundamental de tipo reformista fue jamás realizado por la socialdemocracia del Norte dentro del marco directo de la 1ª guerra fría. Una vez que ésta se consolidó después de abruptamente por ejemplo en mi país,
Hoy el régimen de Reagan está montando una nueva guerra fría, una políconcertada y brutal, y de escalada ¿Cuáles han sido las posturas de los gobiernos del Sur frente a la ofensiva norteamericana?. Aquí podemos notar contrastes muy fuertes.
El gobierno de Mitterrand, controlando la economía y el Estado más rico y poderoso de lejos de la zona Sur, con las mayores posibilidades objetivas de resistencia al imperialismo norteamericano, se ha mostrado como el aliado de los EEUU. en Europa, incrementando su propio arsenal nuclear, construyendo una fuerza de intervención rápida para el 3er
mundo, enviando sus paracaidistas para operaciones
Chad, etc. Por el contrario, el gobierno griego ha adoptado pacificas destinadas a detener la cade rrera zona no nuclear en los Balcanes y, al menos, proyectos para terminar con las bases
Grecia.
Que pais mucho más pobre y pequeño que haya
Francia, genuina
Washington y de los supuestos impede rativos la demuestra al neocoloniales iniciativas armamentos, en pro de una americanas en la propia esta socialdemocracia, en un una más mostrado independencia de
Alianza
Atlántica que aún dentro de los la socialdemócrata cia política.
mismo tiempo
40 años.C limites de lo que he llamado la paráboexiste una gama de opciones históricas con importan-
España en estos días se encuentra en una encrucijada de éstas. Aunque el gobierno del PSOE se desplaza cada día más a la derecha y se consolida al
Men el poder, no hay ningún destino inexorable que dicte la permanencia de España en la OTAN. El pueblo español puede rechazarlo y dar un ejemplo moral y político decisivo a todos nosotros europeos, que quedamos cautivos de la maquinaria militarista atlántica construida hace