UHP: La lucha por
la unidad obrera en la revolución del 34
Miguel Romero
Octubre del 34 fue una revolución abortada, mas que derrotada. Las causas del fracaso estuvieron mas en las debilidades y los errores de izquierda, que en la habilidad o fortaleza de la burguesía española. Sólo en Asturias los trabajadores pudieron poner en marcha el proyecto insurreccional que había masus conciencias desde finales del 33. Y Asturias pudo comenzar, pero no podía ganar sola la revolución. El grito de Asturias, UHP, no se hizo realidad fuera de la Comuna asturiana. ¿Por qué?
La respuesta hay que buscarla, en primer lugar, en las diversas estrategias que desarrollaron los partidos y organizaciones obreras, confrontados a la prueba de la práctica en su nivel más elevado: la lucha por el poder.
Este artículo va a tratar del problema estratégico más importante de Octubre: la lucha por la unidad obrera. Respecto a él aparecerán otros temas, pero nos centraremos en estudiar qué significó en la práctica "UHP" para la izquierda española de la época. Los origenes de las Alianzas Obreras
Son conocidas las condiciones exteriores e interiores que hicieron avanzar rápidamente la voluntad unitaria de la mayoría de los trabajadores desde 1933: ascenso del fascismo en Europa; contraofensiva de la derecha y peso creciente de su ala más reaccionaria, la CEDA, que se confirmaría en las elecciones de noviembre de 1933; comprensión de la necesidad de superar la grave división existente en el movimiento obre-
Desde comienzos de 1932 se habia agudizado el enfrentamiento entre las dos grandes organizaciones obreras de masas, UGT y CNT, cada una con más de 1 millón de afiliados (en un país de 23,5 millones de habitantes y 4 millones de trabajadores asalariados). En plena crisis económica, UGT mantenía una linea de apoyo al gobierno republicanosocialista, en especial a la política de Largo Caballero desde el ministerio de
Trabajo. La CNT a partir del fracaso de la insurrección del Baix Llobregat en enero del 32, y de la terrible represión que le siguió, había pasado a una posición de enfrentamiento frontal con el gobierno. Esta radical división política entre los dos grandes sindicatos estaba acompañada de una división territorial: en zonas de hegemonía CNT, las fuerzas de la UGT eran muy débiles, y otro tanto ocurría a la inversa: la única excepción significativa era precisamente Asturias. Para agravar más aún el problema, la toma de control de la CNT por la FAl iba a provocar, a lo largo de 1932, una cadena de expulsiones de las federaciones influídas por el BOC y de los "tren-
, opuestos al curso insurreccionalista de la dirección. Y enfin, el PCE realizaba una política perfectamente consciente e irresponsable de escisión sindical, que había desarrollado un fuerte sentimiento anticomunista en "victimas" las bases de UGT y CNT: a mediados del 32, el PCE constituyó "su" sindicato, al que llamó "unitario", con el cinismo habitual en estos casos; la CGTU contaba con unos 100.000 afi-
Este gravísimo problema de división sindical no encontraba respuesta en los partidos políticos de izquierda, por otra parte mucho más débiles que los grandes sindicatos (en cifras aproximadas, que intentan ser realistas, se puede estimar así el número de afiliados de los distintos partidos, incluyendo a la FAl a finales de 1933: PSOE, 75.000; PC, 3.000; FAI, 5.000; BOC, 3.000; ICE, 800). (1):
El BOC, una organización relativamente fuerte en Catalunya, pero prácticamente inexistente fuera de ella, iba a demostrar la inteligencia táctica y la capacidad de iniciativa para hacer avanzar la unidad en la práctica.
El punto de partida fue un problema concreto: el paro, que afectaba a cerca de 500.000 trabajadores, entre los cuales más de 34.000 en Barcelona, donde ademas, la cifra se había duplicado en 2 años. La CNT no planteaba una política decidida de lucha contra el paro y los intentos del BOC de crear sus propias organizaciones de parados tampoco funcionaban. Se pasó entonces a plantear el problema con un enfoque unitario. En
febrero del 33 se realizó en Barcelona la 'Conferencia Obrera contra el Paro forZOsO". No reunía ni lejanamente a todas las organizaciones obreras: UGT, CNT y PC no participaron en ella. No aprobó un programa muy ambicioso: reducción de jornada, aumento de subsidios para los parados y seguro de paro. Pero presionando sobre el gobierno de la Generalitat, consiguió que éste creara un "Instituto contra el Paro Forzoso", con 67,5 millones de pts. anuales para obras públicas. Este primer éxito fue entendido por muchos trabajadores como un ejemplo de la utilidad de la lucha obrera unitaria, por modesto que fuera su punto de partida. En los meses posteriores, se hicieron experiencias importantes y victoriosas de "frente único sindical" en los sectores de "luz y fuerza" y empleados de comercio. La experiencia unitaria progresaba y el BOC trató de darle una expresión electoral, formando una candidatura unitaria con la minúscula Federación Catalana del PSOE, para las elecciones de noviembre del 33; el resultado fue malo (18.000 votos, es decir menos de los obtenidos por el BOC. sólo en las elecciones constituyentes). Pero la victoria de las derechas y las amenazas inmediatas que se derivaban de ellas iba a dar el empujón definitivo al nacimiento de la primera Alianza Obrera: en diciembre del 33 se constituía la "Alianza Obrera de Catalunya" como una organización "antifascista" de carácter defensivo, compuesta obreras y el sindicato campesino "Unió de Rabassaires" ; con la auto-exclusión de CNT y PC.
El BOC ha conseguido realizar el papel que correspondía a un partido revolucionario minoritario en aquella situación: •comprender la fuerza de las äspiraciones unitarias de las masas; •responder a ellas con una iniciativa concreta que permite su cristalización: la "conferencia contra el paro"; •volcar todas sus fuerzas militantes en la extensión práctica de la experiencia: los "frentes únicos sindicales'"; •una vez conseguida la relación de fuerzas suficiente, darle forma organizada: la AO. El resultado es una experiencia ejemplar y generalizable. De hecho, en las semanas posteriores irán surgiendo otras AO en distintas ciudades del país, de forma semi-espontánea. Pero la realización plena de la AO exigía buscar la incorporación de las dos grandes corrientes de masas a escala de Estado: los socialistas y la CNT: Asturias fue la excepción En febrero del 34, un manifiesto del comité nacional de la CNT exponía con el lenguaje mesiánico tradicional de la FAl, la oposición frontal a la AO: "Repetimos, habida cuenta de las lecciones tomadas, la CNT no pactará con nadie que amase propósitos inconfesables. Respondiendo intensamente a sus postulados de progreso, de libertad y amor humano, ha demostrado que su revolucionarismo es de pura savia; que allá donde alguien quiso elevar al pueblo moral, económica y libertariamente, la CNT fue constantemente a la vanguardia, sin que a nadie subsignase programas exclusivistas" (2). La autoafirmación realmente "exclusivista" era la respuesta defensiva de la dirección confederal a la presión unitaria y al fracaso de la insurrección de diciembre del 33, que había hecho entrar en crisis la estrategia aventurera de la FAl. Pero ya se oian otras voces dentro de la confederación: la regional de Asturias, León y Palencia (unos 25.000 afiliados) se dirigía a sus camaradas el 13 de Marzo afirmando: "La realidad, la experiencia amarga de los movimientos de enero, mayo y diciembre del 33, nos enseña que la CNT por sí sola no es suficiente para triunfar de (sic) un movimiento revolucionario, que es preciso que en él cooperen todas las fuerzas obreras organizadas hispanas, el pueblo entero, como lo atestigua el movimiento último, en el que se han puesto en juego todos los elementos de combate, obteniendo resuitados catastróficos" (3). En el mismo sentido, uno de los delegados de la AIT ante la CNT, Valeriano Orobón Fernández, afirmaba en aquellos dias: "La conjunción del proletariado español es un imperativo insoslayable si se quiere derrotar a la reacción. Situarse de buena o mala fe frente a la alianza revolucionaria obrera es situarse frente a la revolución" (4). A finales de Marzo, CNT y UGT constituían la Alianza Obrera de Asturias que constituye el modelo definitivo que va a servir de referencia al movimiento obrero desde entonces: unidad obrera sobre una base de independencia de clase ("aque•Itas organizaciones que tuvieran relaciones orgánicas con partidos burgueses las romperán automáticamente"); programa ofensivo ("conseguir el triunfo de la revolución social en España, estableciendo un régimen de igualdad económica, política y social, fundado sobre principios socialistas y federalistas"); objetivo de constitución de un Comité Nacional ("que será el único que autorizadamente podrá ordenar al que quede en Oviedo los movimientos a emprender en relación con el general en toda Espana") (5). La AO asturiana podia servir de base a una política unitaria hacia el con-
TA A PUNTO DE TODO EL SE INICIA LA PUESARSENAL PREVIAMENTE ALMACENADA junto de la CNT y, de hecho, tuvo un impacto cierto y creciente en las bases cenetistas, pese a la oposición de los órdirigentes confederales, cuyo sectarismo tiene una grave responsabilidad en el fracaso de Octubre. Pero es inevitable preguntarse qué hubiera ocurrido en la Conferencia Nacional convocada para el 20 de Octubre, en la que iba a discutirse una vez más sobre la Alianza Obrera, en condiciones de creciente presión unitaria de la base cenetista. La insurrección llegó antes, pero hay que recordar que no era inevitable que lo hiciera. la absurda orientación del PSOE, según la cual la insurrección era la respuesta automática a la entrada de los ministros de la CEDA en el gobierno, dejó la iniciativa en manos del gobierno. La posibilidad de incorporar a la CNT a la AO era una razón más que suficiente para reconsiderar la fecha de la insurrección, desde un punto de vista responsable y revolucionario. Pero este no era, desde luego, el punto de vista de la dirección del PSOE La instrumentalización de las Alianzas por el PSOE
En principio, la AO obtuvo una buena acogida en la dirección del PSOE, controlada por el bloque Largo CaballeroPrieto. Desde mediados del 33, el discurso dominante de los socialistas era el de su "ala izquierda" que, tras las elecciones de noviembre, pasó a plantear abiertamente el agotamiento de la via pariamentaria y la necesidad de luchar por la dictadura del proletariado. En febrero del 34, Largo Caballero decía a Maurin: "como las derechas para sostenerse necesitan su dictadura, la clase trabajadora, una vez logrado el poder, ha de implantar también su dictadura, la dictadura del proletariado. La hora de los choques decisivos se va acercando. El movimiento obrero debe prepararse para la revolución" _ (6). Es normal que un lenguaje de este calibre en boca de uno de los baluartes de la política de reformas moderadas del primer bienio republicano y dirigente clave del PSOE y la UGT en aquellos momentos, despertara ilusiones en el movimiento obrero, incluso entre los revolucionarios. Pero la amarga experiencia iba a demostrar que las palabras revolucionarias se superponían con una continuidad socialdemócrata en aspectos esenciales. La posición práctica ante las AO es la mejor prueba.
Para incorporarse a las Alianzas, el PSOE puso dos condiciones e incumplió un compromiso que iban a lastrarlas decisivamente. Las dos condiciones fueron: •que las AO no tuvieran organizaciones de base, limitandose estrictamente a un frente de representantes de partidos y organizaciones; •que su función política se limitara a las tareas inSurreccionales, sin ninguna participación en las luchas cotidianas de los trabajadores. Estas condiciones se justificaban con argumentos "radicales"': Largo Caballero decía que las AO no debían
luchar por "las reivindicaciones del mo-
, ya que "tendrían una funcion histórica trascendentalísima, tanto al menos como la que desempeñaron otros organismos en otro país" transparente alusión a los soviets y demostración no menos transparente de la deficiente información del dirigente socialista sobre el papel real de los soviets en la preparación de Octubre del 17. Pero en realidad, estas condiciones servían a objetivos más a ras de tierra: evitar que la base socialista pudiera sufrir el "contagio" de los militantes de otras organizaciones y asegurarse el control, y la instrumentalización de las Alianzas por el PSOE. Estos objetivos de aparato explican además, por qué los socialistas sólo tuvieron interés real en el desarrollo de las AO en las localidades en que eran débiles; en las demás, especialmente en Madrid, se limitaron a una presencia formal. El compromiso incumplido fue la constitución de la Alianza Obrera Nacional, petición expresa de la AO asturiana e instrumento necesario insurreccional coherente. Este incumplimiento se explica por razones similares a las planteadas anteriormente: el PSOE quería tener el control absoluto y exclusivo del proyecto insurreccional, en buena lógica con su concepción de la insurrección, más como un "golpe de Estado republicano", que como un levantamiento armado de masas (8).
Las consecuencias de esta política sólo formalmente unitaria fueron desastrosas para la revolución y constituyeron un grave obstáculo para la tarea central de atraerse a la CNT a la Alianza. No es extraño que las AO constituyeran, en estas condiciones, sólo un breve episo dio en la política del PSOE y que fueran abandonadas inmediatamente después de Octubre: respondiendo a una carta de la UGT de Málaga, Largo Caballero escribía en abril del 35, "la UGT no tiene nada que ver con los trabajos que en ésa puedan realizar las Alianzas Obreras, toda vez que nosotros sólo estamos en contacto con nuestras secciones y Federaciones (...). Ello quiere decir que nuestros compañeros en esas y en las demás localidades de España deben realizar la propaganda necesaria dentro de los Sindicatos para llevarlos por el camino que a nuestras tácticas conviene" (9). Véase lo que queda de la "trascendentalísima función".
Para terminar, es interesante considerar otro aspecto de la política socialista en el 34, relacionado con el anterior: el carácter "secreto" del programa de la insurrección. Recordando aquellos acontecimientos, Largo Caballero hizo tiempo despuéș una afirmación sorprendente: "la experiencia nos habia demostrado la inutilidad de los programas en estos casos" (10). Francamente, es dificil saber a qué clase de "experiencia" se refiere Caballero, él mismo no particularmente experto en insurrecciones, como demostró la práctica. Pero además, hubo un programa, pactado entre Prieto y él, que sólo se dió a conocer en enero del 36, el cual, como dice Tuñón, "no afectaba al sistema capitalista ni a la economía de libre mercado, ni al sistema democrático parlamentario" (11). ¿Cuál es la explicación de este vodevil? La que nos parece más razonable es que la función del programa para la direcsocialista fue exclusivamente sellar el compromiso interno entre Largo Caballero y Prieto y, más precisamente garantizar a éste que, si la insurrección triunfaba, se guardaría el "iZquierdismo" bajo siete llaves y se volveria a poner en marcha la experiencia reformadora del primer bienio. Y la razón de ocultar el programa fue que su publicación hubiera demostrado la falsedad del radicalismo verbal de Caballero: en efecto, el programa no solamente está en las antípodas de la "dictadura del proletariado" o del programa de la AO asturiana, sino que además está en contradicción con la línea editorial que desarrollaba "El Socialista": por poner un solo ejemplo, el órgano oficial socialista decía en julio: "La república se muere de una enfermedad contagiosa. De suciedad (...) Y en este trance, ¿qué decir?, ¿qué hacer? Nosotros decimos esto: que se muera. Y hacemos esto otro: prepararnos para la nueva conquista" (12); pero lo que hacía realmente la dirección era prepararse para un 'golpe de fuerza' cuyo programa respetaba estrictamente la Constitución del 31.
Lo que demuestra la experiencia — incluyendo la experiencia del 34- es que la lucha por el poder necesita un programa revolucionario, es decir, un conjunto coherente de tareas asumidas por una amplia vanguardia y que puedan traducirse entre las masas trabajadoras en los objetivos concretos que las lleven a luchar por destruir el viejo poder y construir el poder revolucionario. En la situación concreta del 34, un programa así era la condición para desarrollar una política de alianzas dentro de la clase obrera y con el campesinado y la pequeña burguesía nacionalista. La "ausencia" de programa sirvió solamente para que el PSOE pudiera hacer la política de Prieto, con el lenguaje de Largo
Caballero.
Los virajes del PCE
La historia oficial del PCE le presenta como el único partido que desarrolló una coherente política unitaria desde 1933, en la que sólo aparecen 'errores tácticos de importancia secundaria. Además, los historiadores respetables presentan normalmente la línea del PCE como una expresión de "la política de Frente Unico de la Internacional Comu-
. No estamos de acuerdo con ninguna de estas dos posiciones. Empecemos por la primera. La entrada en funciones del equipo de José Díaz y Jesús Hernández al frente del PCE, impuesta por la IC en octubre del 32, sólo supuso un cambio parcial de la línea ultrasectaria desarrollada hasta entonces por el "depurado" ex-secretario general, José Bullejos. En julio del 34, cuando ya se habían desarrollado las AO, el PCE envió una carta abierta al PSOE, proponiéndole un "frente único antifascista", con un programa de siete puntos que incluía desde la lucha por la libertad del dirigente comunista alemán Thaelman, encarcelado por Hitler, hasta la defensa de la URSS, la semana de trabajo de 44 horas, la liberación nacional y social de Catalunya, Euskadi y Galicia, etc., etc. (13). La carta abierta no incluia una sola referencia a las Alianzas, pero por aquellas fechas la dirección del PCE decía también, por ejemplo, "la AO está inte. grada por el Partido Socialista y la UGT (...) y unos grupitos diminutos de renegados del comunismo (...) ella ha surgido en el momento que los obreros socialistas y comunistas, bajo el fuego de la grandiosa campaña de frente único lle vada por el Partido Comunista, tomaban acuerdos y realizaban las luchas en común. La creación de estas Alianzas fue un obstáculo que se interpuso a la fraternización creciente de los obreros de distintas ideologías" (14). Hernández era todavía más explícito y respondia ası a la propuesta del PSOE de que entraran en la AO: "plantearnos como condición previa e indispensable (para el trente único) el ingreso en la AO es lo mismo que pedirnos que reneguemos de lo que para nosotros, partido de la revolución, es la médula de nuestra lucha y nuestra existencia" (15). Esta línea se dría hasta el 12 de Septiembre de 1934.
Esta política sectaria de 'frente únicorresponde con las resoluciones del VI Congreso de la Internacional Comunista realizado en septiembre de 1928 (16), que codificó la desastrosa línea ultraizquierdista, entre cuyos peores resultados está la derrota del proletariado alemán frente a Hitler. Pero las tesis de este VI Congreso constituyen una revisión radical de la línea de frente único elaborada por la IC en sus III y IV Congreso, entre 1921 y 1922 que es la única que merece el nombre de "comunista" (17). Lo que hacía el PCE en el 34 con su línea de "cartas abiertas" gramas abstractos y absurdos, éxitos imaginarios de los que se burlaba cualquier obrero consciente, denuncias de los partidos revolucionarios puestas de fantasmales 'frentes únicos por la base" , era oponer al camino real de unidad que los trabajadores estaban construyendo un modelo de unidad inexistente, presentado además en forma de ultimatum. La función de las propuestas unitarias del PCE de la época era realmente que fueran rechazadas destinatarios, para poder así pasar a la 'segunda fase' de denuncia del "divisionismo" de todos pintoresco único": la los que no estaban de acuerdo con el PCE, es decir, el conjunto de la izquierda del país. Esta politica punto a punto, exactamente lo contrario
"leninista" si puede de cirse así, de "frente único" en cuya base está conseguir experiencias unitarias de masas reales y prácticas, por medio de acuerdos sobre tareas actuales y concon las demás fuerzas obreras, en la dirección y en la base.
El giro de Septiembre en la política del PCE trató de encubrir los errores del período anterior. Así el informe de José
Díaz al CC afirmaba: "somos el único partido de la revolución que tiene una táctica y una orientación revolucionaria sostenida consecuentemente"...
Díaz mantenía también las principales críticas concretas que el PCE había hecho a las AO en el período anterior para justificar su no participación en ellas.
Alguna de estas críticas tiene muy poca base: por ejemplo, la ausencia de organizaciones campesinas en las Alianzas, lo cual era falso para la AO de Catalunya, en la que participó hasta el último momento la "Unió de Rabassaires" y era relativamente secundario en el caso de
Asturias, por referirnos a las dos Alianservían de referencia a las demás. Otras críticas eran correctas:
por ejemplo, la necesidad de que las direcciones de las AO fueran elegidas por la base, pero hay que tener en cuenta que nada impedía defender esta posición desde dentro de las Alianzas y que, además, una vez en ellas, el PCE no hizo el menor esfuerzo por realizar este objetivo, ni siquiera en las comarcas asturianas que llegó a controlar.
Lo que permitió al PCE recuperarse
sobre la marcha de sus errores anteriores, fue tener una implantación significativa en el único lugar en que se realizó la insurrección: Asturias. Desde el 4 de Octubre, los militantes del PCE asturiano, cuya combatividad y espiritu militante no pueden ponerse en duda, se vieron confrontados a una situación en la cual los valores políticos mas importantes eran la voluntad de resistencia, la capacidad de organización, la disciplina..., valores de los que el PCE estaba bien dotado. Esto les permitió conectar con un estado de espíritu de muchos jovenes trabajadores asturianos, que podemos resumir en las palabras que Molins i Fábrega pone en boca de uno de ellos: "-Qué tantos escrúpulos, dijo uno de los miembros del comité, ya estoy harto de discutir. Si han llegado tropas a Oviedo, menos motivo todavia para huir. Un buen revolucionario queda allá y se hace matar. —¡Hecho!, saltó el más joven de los hermanos. ¿No vais allí? Pues dejad que el padre, la madre y los hermanos se queden aqui o vayan hacia N., y nosotros vendremos con vosotros. Si tenemos que morir, moriremos todos. En definitiva, tanto da. La revolución ha sido vencida, nosotros hemos luchado aquí todos estos días y el resto de España no ha hecho nada. Vamos a Oviedo a morir. Los de allá habrán de pasar por la vergüenza de habernos dejado solos. Para morir de vergüenza por la derrota, más vale morir de un tiro" (18).
Pero ni la experiencia asturiana sirvió al PCE para seguir posteriormente una correcta política unitaria. Sin solución de continuidad, pasó después de Octubre de la defensa propagandistica de las Alianzas a la realización práctica del Frente Popular, que no fue ni una superación, ni una extensión de las AO, sino una política opuesta por el vértice a la que habían dado vida las Alianzas Obreras y que fue utilizada para enterrarlas. El BOC, la IcE y Asturias: por la unidad, de verdad
El partido más preparado políticamente para desarrollar una política unitaria efectiva fue el BOC y, en la medida de sus fuerzas, la ICE. Recordando la referencia que hicimos antes a las distintas
Internacional Comunista sobre el "frente único", puede decirse que quien puso en práctica, muy eficazmente, la política de "frente único" según el IV Congreso de la IC fue precisamente el BOC a lo largo de 1933, como vimos al comienzo de este artículo. El único aspecto discutible de la orientación del BOC en este terre no es la presentación de las AO como e tipo de "soviet" que convenía a la realidad española. Sin pretender fijar un modelo universal de soviet, pensamos que las AO carecieron de uno de los aspectos esenciales de un "consejo obre ro": las organizaciones de base, abiertas a todo el pueblo trabajador, cualquiera que sea su afiliación política y sindical. Esto es lo que permite al "consejo" representar realmente la unidad más profunda del pueblo alzado y, sobre todo, es lo que permite que los revolucionarios luchen y conquisten la hegemonía en un marco de unidad. Un frente de partidos no permite realizar esta función, decisiva para el triunfo revolucionario; la experiencia del 36-37 lo confirma, aunque esa sea otra historia.
El BOC tuvo que intentar sacar adelante la insurrección en las condiciones más difíciles del 34: en Catalunya, que era el único lugar donde contaban con suficientes fuerzas militantes. Sus fallos estuvieron no tanto en la política de unidad obrera, sino en la táctica que utilizaron para la necesaria unidad de acción con la Generalitat, que dejó todo el poder de decisión en manos de Companys. Sería aventurado pensar qué otra cosa pudo hacerse. Molins y Fábrega indica que la AO debió organizar antes de la insurrección un "ejército obrero arcomo fuerza de vanguardia capaz de atraerse en la insurrección misma a las masas que seguían a Companys (19). Lo cierto es que la AO no se procuró la relación de fuerzas capaz de determinar el comportamiento de Companys. Y sólo con la presión popular, no se puede volcar del lado de la revolución a una institución de Estado dirigida por una fuerza política pequeñoburguesa.
Después de Octubre, el BOC y más adelante el POUM se quedaron solos luchando realmente por la continuidad de las AO. La tarea resultó excesiva para sus fuerzas.
Así se perdió una experiencia de inmenso valor que sólo Asturias habia llevado hasta sus últimas consecuencias. Alli, realización efectiva del "frente único" permitió establecer un verdadero poder local, en el cual pudieron coexistir sin grandes problemas, concepciones aparentemente antagónicas sobre el "modelo de sociedad": entre el Comité de La Felguera, dirigido por los anarquistas, y el de Mieres, de dirección socialista, no hubo finalmente enormes diferencias prácticas. Claro que lo que hizo la Comuna asturiana fue destruir a nivel local el poder burgués, establecer un poder obrero de excep-
ción, en condiciones de guerra, y resistir. No podía hacer más, en aquellas condiciones. Pero hacer triunfar la insurrección a escala de Estado, planteaba tareas mucho más complejas. Cuando el primer manifiesto de la Alianza asturiana reclamaba la creación de una "Alianza Obrera Nacional" estaba exigiendo cumpliera una de las condiciones políticas, no sólo organizativas, para la victoria de la insurrección: es decir, la existencia de una dirección central del movimiento revolucionario, capaz de dirigir la batalla contra el poder
Esa batalla se perdió, pero la lucha sigue y para ella deben servir las lecciones de nuestro Octubre, del cual queremos representar el relevo, continuando Molins i Fábrega: "El padre de un bravo muchacho que luchó en Oviedo y Campomanes dió a su hijo la misma arma que el año 17 le sirvió para luchar contra las tropas que invadieron Asturias a cañonazos y, con esta arma, el hijo luchó hasta que la insurrección fue vencida. El arma vuelve a estar en el mismo sitio donde el padre, cuando no la pudo utilizar, más por agotamiento físico que por ancianidad, la había tenido escondida a la espera de la revolución que había de llevar al proletariado a la victoria. En el escondite donde ha estado tanto tiempo -dicen ahora padre e hijo- esperará algún tiempo más. ¿Mucho? No lo sabemos; pero si mi hijo no la puede utilizar otra vez, mi nieto que estos días de la insurrección ha aprendido mucho, sabrá funciona y sabrá contra quien apuntar" (20). También la Alianza Obrera es un fusil escondido.a
NOTAS
(1) Para los datos se han tenido en cuenta, además de otros libros que figuran en estas notas, Pelai
Pagés "El movimiento trotskista en España"
tristoria del PE la, ed
Peninsula; J. Estruch,
Viejo Topo; G. Hermet, "Los comunistas en España", ed. Ruedo Ibérico.
(2) "'Octubre del 34". M. Bizcarrondo, ed. Ayuso. p.
(3) idem. p. 35.
(4) "'La Alianza Obrera". V. Alba. ed. Júcar. p. 194.
(5) Ver los documentos que publicamos en este IN-
(6) "Octubre del 34", p. 27.
7) "Origenes del Frente Popular en España". e
(8) COMBATE 356.
(9) "UHP: La insurrección proletaria de Asturias".
M. Molins i Fábrega. ed. Júcar p. 224. Tambien puede consultarse la "Polémica Maurin-Carrillo".
Olañeta editor, ap. 1834. Barcelona.
(10) "La Comuna de Asturias". B. Díaz Nosty. ed.
(11) "'La Il República" (tomo II). M. Tuñón de Lara.
(12) "Örigenes..." p. 6
(13) "Orígenes..." p. 175.
(14) "Origenes...
(15) "Origenes..." p. 21.
(16) "VI Congreso de la Internacional Comunista".
ed. Pasado y Presente.
"Los 4 primeros Congresos de la IC". ed
(18) "UHP..." p. 166.
." p. 163.
(19) "UHP...
(20) "UHP..." p. 123.