Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

"Madrid no era Asturias": entrevista a Enrique Rodríguez

· Inprecor n.º 40, noviembre de 1984 (número especial) · pp. 11-13 · 2.086 palabras

"Madrid no era Asturias, aquí

Enrique Rodríguez, el protagonista de esta entrevista es un revolucionario de toda la vida, militante del POUM y un amigo entrañable de nuestro partido. Fue dirigente de la organización de Madrid de las Juventudes Comunistas, hasta que rompió con ellas a finales de 1933, adhiriendo a la Izquierda Comunista. La razón fundamental de su ruptura fue el sectarismo de los stalinistas de la época y la voluntad de Enrique, junto a un puñado de revolucionarios más, de luchar por el

Frente Unico Obrero, cuya ausencia había provocado unos meses antes la tragedia de Alemania. Fue miembro del comité de Madrid de la IC y la representó en el comité de la Alianza Obrera, después de la dimisión de Munis y la detencion de

Fersen, que lo había sustituído. Militó en el POUM desde su fundación y para siempre. Ha recordado con nosotros los acontecimientos que vivió en 1934, con la excelente memoria que suelen tener los militantes de la época y con una sinceridad ejemplar. Ha sido una alegría contar con él para este número especial de

INPRECOR, como nos alegramos también de encontrarlo junto a nosotros en las apenas había armas"

manifestaciones y en los actos del partido. P.- ¿Qué ambiente existía antes de los | sucesos de octubre en el Madrid obrero y popular?.

R.- Yo creo que el clima político que se respiraba en Madrid entonces, era completamente distinto al que se conoció durante el primer bienio republicano, en que la clase obrera estaba casi paralizada por la política reformista de la Unión General de Trabajadores. Una vez que los socialistas salieron del Gobierno y perdieron las elecciones del 33 pues se operó una radicalización profunda, a lo que contribuyó poderosamente Largo Caballero con sus discursos y mítines en los que defendía la acción insurreccional y la necesidad de derroçar el Estado burgués, puesto que no había posibilidad dentro del marco de ese Estado para mantener. conquistas y llegar al socialismo. En éste terreno se operó de una manera rapidísima, a una velocidad enorme, una radicalizade los trabajadores. Largo Caballero popularizó por todo el país, no solamente en Madrid, una serie de principios revolucionarios que no se hasta entonces, porque naturalmente él tenía una audiencia que no teníamos entonces los revolucionarios. La evolución de la situación interior en España iba paralela también con la evolución en Europa: el fascismo avanzaba en Austria y aquí, en el interior de España, pues el fascismo se fortalecía igualmente, y las pequeñas y pocas conquistas que en el primer bienio habían logrado los trabajadores, las iban mermando: por ejemplo, los juzgados mixtos dictaban ya sentencias desfavorables a los trabajadores, cosa que no ocurría en el primer bienio. Todo esto produjo una radicalización profunda en la clase obrera, ayudado también por la propaganda de los "caballeristas"; sobre todo, fueron un factor muy importante que contribuyó a ello, las Juventudes Socialistas, entonces un tanto "trotskistizantes"

P.- Tú crees que esto era un sentimiento profundo en las masas populares de Madrid, porque hay gente, como Ramos Oliveira, que dicen que la gente estaba dispuesta a luchar contra la entrada de la CEDA en el Gobierno, por ejemplo con una huelga general política, pero que no había un ambiente insurreccional en Madrid.

R.- El sentimiento era justamente liquidar la sociedad burguesa y por la única vía posible, que era la acción violenta. Esto decían los dirigentes socialistas del sector de Largo Caballero y las masas estaban convencidas de ello. Otra cosa es lo que había en la cabeza de los que dirigían el "Comité revolucionario" del Partido Socialista, que empleaba un lenguaje revolucionario, aunque no tuvieran intención de justamente derrocar la sociedad burguesa, y eso lo utilizaban como un arma de presión para evitar que la CEDA entrara en el Gobierno. Pero la prueba de que había una radicalización enorme fueron huelgas como la del 22 de abril en respuesta a la concentración de la CEDA en El Escorial, que fue casi espontánea de la clase trabajadora, y también la gran manifestación de las Juventudes Socialistas y Comunistas, cuando el entierro de Joaquín Grado, que era de Cuatro Caminos y amigo mío,

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y la respuesta aquí el 8 de septiembre del 34 a la llegada de los terratenientes catalanes del Instituto San Isidro de Cataluña: fueron apedreados los trenes a la llegada y hubo también una huelga general espontánea. Las masas en ese terreno estaban muy por encima de la dirección; la dirección socialista no se proponía realmente la insurrección. Recientemente, el historiador socialista Amaro del Rosal ha dicho que ha habido 2 proyectos de Octubre, y que el movimiento de Octubre que se produjo no era el suyo, "el movimiento que preparamos era otro, y el proyecto político era otro". Ni Largo Caballero ni Prieto creían que Alcalá Zamora daría entrada a la CEDA en el Gobierno.

P.- He leído que en Madrid los únicos grupos obreros armados en Octubre, eran milicianos del PSOE. ¿Que hay de cierto en esto?. Por ejemplo en tu barrio, en Cuatro Caminos, ó en otros ba. rrios populares, ¿teníais armas?.

círculos socialistas que había en cada barrio, pues tenian organizado su grupo de milicias, pero sin armas; luego cada cual se procuraba como podía un arma corta, por ejemplo, se la quitaba a un sereno, y de las maneras más diversas la gente se agenciaba las armas. Pero el Comité Revolucionario Socialista tenía una concepción conspirativa de la insurrección, y se dedicaba a tener relaciones con militares en el Ejército, con la Guardia Civil, con sargentos etc., y quería realizar una revolución a su medida, para no ser desbordados por las bases. La mayor preocupación que tenía es que se declarara algo como lo que ocurrió en Asturias y

Peso hacía que el comité no tratara de preparar insurreccionalmente a las de Madrid. Lo primero que faltaba eran las armas. El 4 de octubre no hubo necesidad de llamar a la huelga general; la gente la hizo espontáneamente; la gente nada más que se enteró de que habían entrado los ministros de la CEDA en el Gobierno que acababan de formar la noche esa, pues automáticamente a la calle, y la gente se estuvo paseando en torno a los cuarteles de Argüelles y Moncloa, a derecha e izquierda, porque según los socialistas, había gente comprometida, que respondió. Horas después,

Madrid se llenó de guardias de asalto y de policía, que registraban y detenían a la gente que andábamos por ahí. La mayoría tuvo que esconderse como

P.- Y la preparación política, ¿hubo algo más que decir que cuando entraran los cedistas en el Gobierno se lanzaba la insurrección?. ¿Hubo, digamos, una propaganda y agitación de objetivos concretos, de un programa revoluciona. rio?.

R.- Eso era intuitivo, si quieres, en la gente, porque no había un programa, no había un proyecto político; los socialistas tenían un proyecto, pero lo conocían nada más que ellos, ni siquiera la base del Partido Socialista lo conocía. En el pueblo, no lo conocía nadie, entonces había que fiarse de las declaraciones mitinescas, y los articulos de prensa, lo que decia "Renovación", organo de las Juventudes Socialistas; 10 : que decía "El Socialista", todo esto, que era, eso sí, una cosa totalmente radical. O sea que la gente tenía una conciencia instintiva, como ocurrió también luego en julio del 36. La gente estaba mentalizada con arreglo a la propaganda que durante dos años habían tenido los socialistas, Caballero principalmente; con ese espíritu, fué a la huelga general, y lo que ocurrió es que no pudo hacer más, aquí no pudo ser lo de Asturias. Madrid no era Asturias. Aquí apenas había armas. Sólo algunos alijos, en la Ciudad Universitaria, en círculos socialistas, pero eran grupos reducidos y de gente de mucha confianza del PSOE. Como te decía, en la misma noche del 4 de octubre, por el bulevar de la calle de Alberto Aguilera, pues nos paseábamos todos, comunistas, socialistas y de la Izquierda Comunista, pero eso hacíamos, pasear, pasear. Por allí desfilaron muchos dirigentes de las Juventudes Socialistas, y también de las Comunistas, pero nada mas. (en este momento se incorpora al dialogo Antonio Rodríguez, hermano de Enrique, mi„litante de nuestro partido que, como suele decirse, no necesita presentación...). Lo que pasaba en Madrid también es que se transmitían noticias, que nadie sabía de dónde venían, que creaban un optimismo artificial. Yo formaba parte de una de esas "milicias desar-

', y. los socialistas nos decian: "quietos, tranquilos que viene una columna desde Badajoz" , y claro, daba la impresión de que todo estaba resuelto. La gente sí que tenía iniciativas: uno de mi milicia quería volar con un obús momentos eso estaba muy bien Peros dijeron que no, que esperara, que no era el momento, que estaba todo ganado...

P.- Está claro que había un protagonismo sobre todo en Madrid de los socialistas, pero en esa situación, qué era lo que podíais hacer, la Izquierda Comunista o el PCE, es decir las fuerzas de izquierda más minoritarias, ¿hacíais alguna cosa diferente a los socialistas ó I empujábais en la misma dirección?.

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R.- Realmente si quieres, había bastante impotencia, porque la Izquierda Comunista era una fuerza muy minoritaria, y el Partido Comunista pues realizaba una política, sí, dinámica, activa, pero entonces todavía preconizaba el

"Frente Unico por la base". La Alianza Obrera pues francaorganismo rutinario, muerto, no existía la Alianza Obrera nacional, nunca existió. Los socialistas no tuvieron interés real en Alianza Obrera de Madrid; mandaban un delegado, pero simbólico. Por eso la Alianza no tenía ninguna influencia ni hacía nada; por esta razón Munis se marchó, porque no pintaba nada. El Frente Unico fué el fallo principal a mi modo de ver, de Octubre fuera de Asturias, y en Asturias triunfó justamente porque el Frente Unico se realizó, y se realizó porque había una fuerza que contaba, que pesaba, como era la CNT que se había entendido con la UGT.

P.- Bueno, la CNT no era una gran fuerza en Madrid pero tenía un peso; entonces qué hizo en Madrid la CNT durante la preparación del 34, ¿hizo una política "a la catalana", quedó al margen del asunto,...?.

R.- Si quieres, quedó al margen como quedamos todos; incluso la Izquierda Comunista, que estaba en la Alianza, quedó al margen y el Partido Comunista también estaba al margen, aunque participamos en todas las acciones anteriores. El PCE era una organización activa y las Juventudes especialmente, pero en Octubre no jugaron ningún papel, estaban perdidos igual que nosotros.

P.- En Madrid hay huelgas, enfrentamientos armados, etc., hasta el día 8 ó el día 9, durante esos 4 ó 5 días, ¿qué es lo que pasa, hay algún acontecimiento significativo?.

R.- Realmente nada, en Madrid había guardias por todas partes y la gente paseaba de un lado a otro en el centro de Madrid, se encontraban los militantes para comentar que pasa, que pasa en Catalunya, cómo vá lo de Asturias, en ese plan. Te limitabas a comentar lo que decía la prensa, y lo que oías en la radio, pero impotentes, completamente convencidos que eso termi-

P.- Pero, cómo vivistéis lo de Asturias, ¿había una gran esperanza en lo que pudiera pasar allí, ó había quizás un cierto escepticismo?.

R.- Lo de Asturias despertó una gran esperanza en la clase obrera, además convencidos, como se estaba entonces, que Catalunya iba a responder de una

La como respondió. Creíamos que Catalunya se voicaria completamente y entonces las cosas hubieran cambiado. Una vez que cayó Catalunya el 6 de octubre, pues ya lo de condenado porque las columnas que bajaban hacia aquí, que iban a bajar hacia León, se tuvieron que retirar, y francamente no había ya esperanzas, quedaba como una gesta.

P.- Tú entrastes en el comité de la Alianza Obrera inmediatamente después del fracaso de la insurrección. ¿Cómo era entonces la Alianza Obrera, qué posibilidades de trabajo encontras-

R.- En la Alianza Obrera, realmente no había apenas posibilidades de trabajo, no disponía de una fuerza. La única fuerza real de la Alianza Obrera en Madrid era la UGT y el Partido Socialista, y ellos, naturalmente, se administraban por su cuenta, dictaban su política y no se sometian a ningún control, ni a ninguna proposición de las otras fuerzas de la Alianza, porque no eran prácticamente más que la Izquierda Comunista en Madrid y una pequeña representación de los sindicatos de oposición de la CNT y el PCE, pero no teníamos fuerza para determinar nada. O

(Entrevista realizada por J. Babiano y M. Romero el 1.10.84)