(1). Muy popular por su accion antimilitarista y la construcción de su feudo "rojo" de Saint Denis, Doriot, tras su oposición a la dirección del PCF en enero de 1934, acabará durante la mundial como dirigente de la gión de voluntarios
Bolchevismo".
Poco después Tours que ratifica la escisión tiene lugar ei congreso de la CGT. En él, la mayoría sindicato dominada excluirá a la minoría en la que se encuentran comunistas y sindicalistas revolucionarios, minoria que funda la Confederación
General del Trabajo Unitaria (CGTU).
Francia: el giro de 1934
Arianne Pérez 1934 es una de esas fechas importantes que jalonan la memoria del movimiento obrero. Es el símbolo por un lado de la ofensiva fascista y a la vez del reencuentro con la unidad obrera que iba a permitir invertir la correlación de fuerzas entre las clases en favor de los trabajadores para conducir, dos años más tarde, a la victoria del Frente Popular. La gran depresión
Contrariamente a Alemania o Inglaterra, Francia sufrió con retraso las consecuencias de la crisis económica reve lada por el crack bursátil de Wall Street en 1929. Durante más de un año la burguesía francesa se creyó al abrigo de los males que golpeaban a todos los países capitalistas. El franco guardaba su sacrosanta estabilidad, el imperio colonial - el más hermoso fruto de la 3ª República- permanecía estable y la producción industrial continuaba aumentando regularmente. Sin embargo, rapidamente tuvo que desengañarse. Al comienzo de 1931, de forma lenta pero segura, la crisis se instaló en Francia y sus efectos se hicieron notar en todos los sectores de la vida económica. El índice de la producción industrial pasó de 100 en 1928 a 76 en 1932. El valor de las exportaciones disminuyó en un 42%. Al mismo tiempo, los precios al por mayor cayeron, lo que fue catastrófico para los agricultores. Por "desgracia", las cosechas de 1932 y 1933 furon excelentes: los precios del trigo se desmoronaron.
Las cifras oficiales, más suaves que realidad, no pudieron ocultar el aumento vertiginoso del número de trabajadores sin empleo a los que había que añadir además cientos de miles en paro parcial. Toda la clase obrera vió reducidos autoritariamente sus Entre 1929 y 1935, el índice de los salarios pasó de 100 a 75; el de las rentas agrícolas de 100 a 41 y el de las rentas del comercio de 100 a 54. La crisis esquilmó a la pequeña burguesía campesina, rentista y comercial que era hasta entonces el apoyo más firme de la
República dirigida por el Partido radical.
Una clase obrera dividida
A diferencia de la pequeña burguesía que se había aprovechado ampliamente del período de prosperidad de después de la guerra, estos ataques brutales contra la clase obrera se añadieron a largos años de refuerzo de su explotación. La introducción de la "racionalización del trabajo" se llevó a cabo sin suscitar reacciones entre los trabajadores. Desde el fracaso de la huelga general de 1920, el movimiento obrero vivió un período de reflujo que no se acabó en 1931 con las huelgas del textil contra las disminuciones de salario. Y sobre todo, nunca estuvo tan dividido política y sindicalmente.
Mientras que en el momento de la escisión de 1921 los comunistas eran mayoritarios, la política del "tercer período" redujo al partido enormemente. Muchos sindicalistas llegados a la Internacional Comunista después de la Revolución rusa, abandonaron la sección francesa tras el dominio de la burocracia sobre el partido, que no aparecía ya sino como una correa de transmisión de Moscú. Su influencia no paró de decrecer. Pero tras la victoria de Hitler en Alemania, la denuncia del Partido Socialista como "social fascista" suscita una crisis hasta en la dirección del PC: Doriot(1), el más popular de los líderes del partido comenzó a plantear el problema de la unidad con la socialdemocracia para oponerse al ascenso de las ligas fascistas, traduciendo así el sentimiento que prevalecía entre la clase obrera. Las repercusiones de esta crisis se sintieron aún con más fuerza en la CGTU(2) controlada por el PC y cuyos efectivos no cesaban de dis-
Quienes se aprovecharon ampliamente del ascenso obrero que comenzaba, fueron la SFIO (Partido Socialista) y la CGT. Mientras que la CGTU pasaba de 500.000 miembros en 1922 a 200.000 en 1935, la CGT dirigida por el socialista Jouhaux conocía el camino contrario: de 373.000 en 1922, a los 750.000 adherentes que decía tener en 1932. La victoria de los nazis, que refuerza las ilusiones democráticas en el seno de la
claramente.
La danza de los ministerios de su base electoral
(3). La mayoria aca.
tela de fondo.
barán en el gobierno de Vichy con su
Déat, lider Marcel que será condenado a muerte con la
Liberación.
(4) Astavisky, que cientos de estató a millones pequeños ahorradores, se le enconlas Ligas Fascistas.
"suicidado".
tró
Las ramificaciones
El ascenso de las de la estafa se extendian a la magisorganizaciones fascistas el parlatratura, mento... y provocadescrédito ron el general del personal del estado.
clase obrera, combinada con el rechazo a la política sectaria, arrastra un poderoso movimiento hacia la socialdemocracla, cuyas contradicciones aparecen
Las aspiraciones obreras, que se concretizarán en la formación de un ala izquierda, sobre todo en la región parisina, se enfrentan con la política de la dirección de la SFIO que apoya o busca el consenso con los gobiernos burgueses. Esta presión de la base que obliga a la dirección a concesiones — al menos verbales— por la izquierda, lleva a la ruptura con el ala más derechista del partido, que se escinde a finales de 1933 para formar el grupo "neo-socialistas" (3), en el preciso momento en que la crisis política conoce una brusca acelera-
Las elecciones de 1932 habían llevado al poder al partido radical sostenido por los socialistas. Pero este acuerdo es precario: el partido radical, partido de la pequeña burguesía, el partido por excelencia de la III República, que conoció sus momentos de gloria antes de la guerra, se ve confrontado a la doble presión campesina y de pequeños comerciantes diezmada por la crisis por un lado, y por el otro por la gran burguesía industrial que quiere hacerle seguir una política conforme a sus son los tiempos en que las diferentes fracciones de la burguesía y de la pequeña burguesía podían repartirse el producto de una prosperidad ampliamente mantenida sobre las espaldas de la clase obrera. Los años 1932 y 1933, ven cambios contínuos de los ministe.
rios con dominante radical a merced de las presiones populares o patronales, cia.
con las tensiones internacionales como
A este baile, se añade la corrupción abierta del personal político: cada vez más, la república radical se identifica con la "república de los ladrones". Empobrecida, asqueada, la pequeña burguesía, a la que no puede arrastrar una clase obrera dividida, se vuelve hacia las organizaciones de extrema derecha,
A las organizaciones de extrema derecha tradicionales antisemitas y antirepublicanas del siglo XIX, que conocieapogeo en el momento del asunto Dreyfus, se añaden las asociaciones de antiguos combatientes, las poderosas "Cruces de Fuego" que reagrupan a toda una franja de pequeño burgueses desclasados, nacionalistas y que sueñan con acabar con "la podredumbre democrática y parlamentaria" y con instaurar un régimen corporativo y militarista como los que han triunfado en Italia y Alemania. Con complicidades confesadas en las altas esferas de la policía, las Ligas Fascistas se hacen impunemente las dueñas de la calle: manipuladas y subvencionadas por la patronal, su utilización por ésta tiene dos vertientes: por un lado, contra los asustados radicales que aceptan así las órdenes de la gran burguesía industrial aún con riesgo de apartarse un poco más de su base social; por otro lado, directamente contra las organizaciones del movimiento obrero multiplicando agresiones cuyo objetivo es arrebatarles en los hechos todo derecho de ex-
La gran burguesía quiere acabar con el parlamentarismo paralítico de la III República. Tuvo su utilidad en el período de expansión que siguió a la Primera Guerra mundial pero es incapaz de oponerse al ascenso obrero que se esta fraguando. Esta fracción de la burguesía quiere, no el fascismo, que no le es todavía necesario, sino un estado fuerte que, aumentando los poderes del ejecutivo a costa de los del parlamento, permita salir de la inestabilidad política y escapar de las presiones que se reflejan, aunque de manera muy deformada, en los diputados burgueses.
El escándalo Stavisky(4) que salpica a una buena parte del personal político radical y levanta una ola de indignación en el país, le ofrece la ocasión de dar lo que piensa que va a ser el golpe de gra-
El 6 de febrero de 1934
La destitución de Chiappe, pretecto de Policía ligado a los grupos fascistas, por el radical Daladier, prende fuego a la mecha. Toda la derecha-dura llama a manifestarse contra el gobierno. Los manifestantes quieren converger hacia la cámara exigiendo su disolución y la dimisión de Daladier. El ataque de los fascistas es violento. El gobierno ordena cargar a la guardia móvil: habrá varios muertos y centenares de heridos.
El asalto a la Cámara retrocede, pero el motín se extiende por París.
El día siguiente, la histeria de la derecha no conoce límites para fustigar "al
(5). Asociación de los patronos de la siderurgia, que sim. burguesia indus. bolizaba a la trial que estaba representada políticamente por hombres como Tardieu y Laval. (6). .De hecho, el PCF estaba en la calle el 6 de febrero de 1934. Habia llamado a manifestarse contra la corrupción parlamentomado por la manifestación de extrederecha, apresuró a hacer olvidar este episodio poco glorioso, que. desapareció com. pletamente de de historia. (7). La dirección de la CGT intentará retrasar la fusión sindical que se producirá en 1936. Temía la influencia de los militantes comunistas entre la base sindical... Ya en las elecciones de 1932, había apa. recido una espectacular progresión del PS en el campo a costa del partido radical, y a la vez un retroceso entre la clase obrera industrial en beneficio del PC.
gobierno de los fusiladores". A pesar del voto de confianza concedido por una Cámara muerta de miedo, Daladier se ve obligado a dimitir. El "Comité des Forges"(5) parece que ha alcanzado su objetivo: el gobierno de "Unión Nacional" formado por Doumergue incluyendo a líderes del partido radical, Herriot (la derecha) y Daladier (la "izquierda"), los "neo-socialistas" todo, el hombre fuerte de la burguesia industrial, Tardieu, parece capaz de aplicar la política deseada desde hacía mucho tiempo.
Pero el 6 de febrero actuó como una descarga eléctrica obrera hasta entonces ausente de la calle(6). El peligro fascista hizo brutalmente irrupción: después de Italia, y sobre todo, de Alemania, ¿le tocaba a Francia?. La división de las filas obreras como algo intolerable, pero a pesar de todo la dirección del PC sigue con su política. El 9 de febrero de 1934, el Partido comunista y la CGTU llaman ellos solos a una manifestación que, aislada, es violentamente reprimida. La CGT llama a la huelga general y a manifestarse el 12 de febrero. Obligada y forzada por su base, la CGTU también llama. El país está paralizado. Por primera vez en muchos años, la clase obrera es la que ocupa la calle. Salidos de lugares diferentes, los dos cortejos sindicales convergen espontaneamente uno hacia el otro. Para todos los obreros presentes significa volver a encontrar la unidad... Sin embargo, al día si-
PC dá marcha atrás. Concede así a Doumergue un plazo de algunos meses que van a permitirle intentar llevar a cabo su proyecto. El gobierno Doumergue
Este proyecto está clarísimo. Un hombre como Tardieu siempre lo dijo claramente: restaurar el "orden" llevando a la práctica una política represiva, reforzar los poderes autoritarios del ejecutivo agitando la amenaza fascista contra el partido radical, esto a fin de imponer medidas más severas de deflación a la clase obrera por medio de decretos-ley. Doumergue se presenta como el "salvador de la nación" contra los fascistas y contra la clase obrera, pretendiendo situarse por encima de las clases y las fracciones. Por supuesto este juego de balanza se traduce en la realidad en políticas al menos diferenciadas.
Mientras que la patronal continúa subvencionando ampliamente a los grupos fascistas, los ataques contra los trabajadores no cesan. Las medidas de una deflación drástica no se hacen esperar: reducción del número de funcionarios (salvo en el ejército y la polícia), disminución de los sueldos de los funcionarios, de las pensiones de los combatientes, escuelas, despidos de 5.000 maestros; el Estado marca el camino. Hay que añadir a ello las medidas puramente policiales: reorganización de la "surété" (seguridad del Estado), decreto contra el sindicalismo en la Función Pública (administración), etc...
medidas "prometedoras" desde el punto de vista de la burguesía industrial sin embargo no tienen efecto: la crisis económica sigue avanzando. Peor aún, al cabo de seis meses, el gobierno Doumergue se ha desgastado. Eje de la coalición, el Partido radical intenta salvar lo posible: amenazado por su derecha por las Ligas que reclutan prioritariamente en su base social tra dicional y por su izquierda por la clase obrera que afirma su poderío y atrae hacia ella a una parte de la pequeña burguesia, su propia existencia está en peligro. Condenado a desaparecer por el propio desarrollo del capitalismo, el partido radical va a encontrar un (breve) respiro gracias a la ayuda de los partidos obreros. Del pacto obrero al Frente Popular
En los meses que siguen al 6 de febrero del 34 y la subida de Doumergue, las burocracias obreras del PC y del PS intentan oponerse, por razones diferentes, a la aspiración unitaria que plantea la clase obrera. El PC prosigue su línea del "socialfascismo" sin saber que un nuevo giro se prepara en Moscú: Stalin, que comprende por fin el peligro que hace correr a la URSS la victoria de Hitler, se vuelve hacia las democracias occidentales. Por lo que se refiere al PS, 'teme que su ala izquierda se refuerce y sobre todo, la fusión de las dos organizaciones sindicales deseada por muchos militantes(7). Pero frente a los ataques del gobierno Doumergue, las direcciones obreras no pueden vacilar por más tiempo so pena de graves crisis. Como consecuencia del giro de 180º decidido por Moscú, el PCF toma la iniciativa. El 23 de junio, el consejo del PCF reunido en Ivry decide "la unidad de acción a cualquier precio". Las Federaciones socialistas de la región parisina, en las que la izquierda es mayoritaria, les toman la palabra y concluyen un acuerdo de unidad de acción
con la dirección del PCF, contra la vo- | luntad de los dirigentes del PS. Sin embargo estos últimos se ven obligados a aceptar y el 27 de julio, el "pacto de unidad obrera" se firma entre los dos partidos. Pero por parte del PCF no basta. En la alianza que busca la URSS con la burguesía francesa, alianza que se concretizará en 1935 con la firma del pacto Laval-Stalin, se trata de dar garantías a esta burguesía. Ahora bien, desde el punto de vista de la clase dominante, el pacto obrero está lleno de peligros, pues da un inmenso impulso a la clase obrera devolviéndola la confianza en sus propias fuerzas y favorece con ello un ascenso revolucionario. Y ya no se trata del combate contra la burguesía, se trata ahora de convencerla de la necesidad de una alianza duradera con
Esta es la razón última de la alianza propuesta a los radicales por el PCF en Octubre de 1934. Argumentando sobre una "ampliación a las clases medias" del pacto obrero, se trata, tendiendo los brazos al principal partido burgués, de dar garantías de moderación: ya no es la hora de la revolución. Poniendo a la clase obrera a remolque de la burguesía "democrática" ', el PCF desvía la unidad obrera por los carriles de la colaboración de clases.
Las consecuencias de esta política que se bosqueja a finales de 1934 son de sobra conocidas. Reforzada con este apoyo por la izquierda, la dirección del PS se aprovechará de él para excluir de sus filas a las corrientes revolucionarias que se desarrollan en su seno. Las elecciones de 1936, la victoria del frente popular, que confirman el formidable ascenso obrero y el hundimiento de los radicales animan a los trabajadores. El movimiento huelguístico que estalla en toda Francia plantea directamente la cuestión del poder. Pero, Maurice Thorez, secretario general del PCF, explica que "todo no es posible". Dicho de otra manera: basta ya de ocupaciones de fábricas, ahora le toca gobernar a la burguesía. Después de la siniestra mascarada de la "no intervención" en España, llevada Blum, la Cámara del Frente Popular acabará vergonzosamente su carrera votando los plenos poderes para Petain en 1940. •