Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Austria

Febrero de 1934: cae "Viena la Roja"

· Inprecor n.º 40, noviembre de 1984 (número especial) · pp. 25-27 · 1.950 palabras

Febrero de 1934: cae "Viena la

Roja"

Antonio Moscato El mes de febrero de 1934 supone un momento. crucial en la historia del movimiento obrero. Ha transcurrido poco más de un año desde la "irresistible ascensión" de Adolph Hitler; el fuerte partido comunista alemán ha sido liquidado, prácticamente sin lucha, junto con el partido socialdemócrata que, debido a su ilimitado oportunismo se había hecho. ilusiones de que el nazismo le dejaría en paz.

Los gravísimos errores de los partidos comunistas estalinizados y de las socialdemocracias dejaban el camino libre a una ofensiva reaccionaria que se articulaba a nivel europeo.

Austria, sobre todo, contempla una derrota del movimiento obrero aún más catastróficas —proporcionalmenteque la ocurrida un año antes en Alemania. Tras duda, concesiones, retrasos, combativas sin concreción alguna, el partido socialista más fuerte de Europa se ve obligado a enfrentarse a una prueba de fuerza y la pierde en un terrible baño de sangre. De hecho, el 12 de febrero de 1934 las organizaciones paramilitares del socialismo intentaron, ya demasiado tarde, oponer a la ofensiva reaccionaria una resistencia armada que sus dirigenvenido retrasando constantemente; comienza la épica insurrección de Viena que concluirá con la masacre de 1.200 trabajadores vieneses y más de 5.000 heridos y con la consolidación de un régimen clerical-fascista. Una lección que no hay que olvidar

El Partido Obrero Socialdemócrata Austriaco (SDAPO) había salido de la primera guerra mundial como el más fuerte de los partidos socialistas; partido de mayoría relativa con una fuerza que suponía una tercera parte del electorado, tenía como punto de apoyo la "Viena roja", en la que siempre conservó el 60% de los votos y en la que llevó a cabo reformas sociales avanzadas, desde una gigantesca y moderna inurbana que ofrecía óptimas viviendas a bajo precio para los obreros; a una política fiscal incisiva, el desarrollo de una red de iniciativas asistenciales, sanitarias, culturales, sin precedentes ni parangón en el mundo capitalista. Si se piensa que Viena tenía dos millones y medio de habitantes sobre un total de seis millones de Austria, no era precisamente poco.

Todo esto fue construído en un momento en que las condiciones eran inmejorables: el gran prestigio de su dirección, la debilidad y escasez de la oposición comunista, minada en un primer momento por la "enfermedad infantil" y posteriormente por la insensatez de las directrices del Comintern stalinizadas, el retraso en la construcción de una frágil y dividida oposición marxista revolucionaria, factores que hacían innecesaria toda coartada al socialdemócrata, permitiendo así que "se viesen sus cartas" en los he-

La consolidación de una derecha fascista o fascistizante y el desplazamiento gradual hacia oposiciones cada vez más reaccionarias del Partido socialcristiano, no resultaron fatales: las fuertes respuestas espontáneas masas se concretaron en 1923 en una estructura paramilitar de extraordinaria

El "Republilkanischer Shutzbund", la liga de defensa republicana constituida para hacer frente a las bandas de la derecha, alcanzaba ya en 1924 una fuerza de 120.000 hombres armados, cifra enorme no sólo en relación con la población austriaca, sino sobre todo si tenemos en cuenta la modesta entidad de las fuerzas armadas del Estado, que habían quedado limitadas a 30.000 hombres por el tratado de paz.

Por otra parte no se trataba de una milicia de Carnaval, sin preparación técnica ni voluntad de lucha: se había encargado de su formación oficiales de carrera atraídos al Partido Socialista durante la revolución de 1918 y que habían abandonado el servicio activo a raíz de la expulsión del socialista Julius Deutsch del Ministerio de Asuntos Exteriores, en 1923. Tampoco el armamento había sido descuidado: en parte provenía de los primeros años tras la revolución de noviembre de 1918, pero en parte era mucho más moderno y había șido facilitado a principios de los años trein-

Página 26

ta por Checoslovaquia, cuyos socialispreocupados ascenso de un movimiento de tipo fascista en el país vecino.

Lo que impidió a esta fuerza extraordinaria —tanto desde el punto de vista social, como militar— obtener la victoria o, al menos, impedir el triunfo de sus más directos adversarios, fué la estrategia paralizadora de sus jefes, especialmente nociva porque aparecia camuflada por una fraseología de izquiersolo demagogo del Comunista Italiano) ha osado jamás utilizar: de hecho, para mantener controladas a las amplias franjas del proletariado que estaban precisamente preocupadas por las maniobras de la derecha, los dirigentes "austro-marxistas" hablaban abiertamente del recurso a la violencia insurreccional como "último recurso defensivo". Mucho más a la izquierda de los cobardes eurocomunistas que explican a las masas que el recurso a la violencia ha sido siempre "extraño al movimiento obrero", Otto Bauer y los austro-marxistas admitían la posibilidad de un choque armado con la burguesía: mantendrá pasiva la gran burguesía viendo como nuestro crecimiento político agrieta gradualmente su dominio? ¿ No intentará arrancarnos los votos con la violencia antes de que los votos nos confieran el poder en el Estado?. ¿No intentará destruir la república democrática antes de que caiga en nuestras ma-

Pero veámos las razones por las cuales, a pesar de estar mejor armados, tanto teórica como prácticamente que nuestros "comunistas" del PCI, los diriconcluyeron experiencia con una bancarrota total. Las premisas de la derrota

La dirección de la socialdemocracia había alcanzado una habilidad insuperable en el mantener a raya a los sectores revolucionarios existentes conseguido impedir, no sin claras concesiones al extremismo verbal, que el movimiento de los consejos obreros, de soldados y de campesinos, se centralizasen bajo una dirección única contrapuesta al poder burgués: liquidó, o redujo a su mínima expresión, a las oposiciones de izquierda partido. Eran victorias fáciles debidas a la debilidad de los adversarios en el movimiento obrero, a su inexperiencia, a sus errores.

Sin embargo, toda esa gran fuerza organizada de la que disponía casi sin competidores, fué pésimamente utilizada en el enfrentamiento de clases. Especialmente cuando la crisis mundial del capitalismo golpeó también a Austria, los fuertes sindicatos socialdemócratas acordaron la aceptación, como mal menor, de un retroceso tras otro en el terreno de la defensa del salario y del puesto de trabajo. La inexistencia de un compromiso real en el terreno de la redel horario (prácticamente fuera de la refinada elaboración ideológica de los austromarxistas) y una serie acuerdos reducciones del salario real, terminaron por corroer la fuerza estructural de la clase obrera austriaca.

Un índice alarmante de la progresiva erosión del potencial revolucionario del proletariado, se obtiene a partir de los datos de la afiliación sindical: si en el momento álgido del choque de clases en Austria, en 1918, los afiliados en los sindicatos dirigidos por SDAPO eran 412.910 y llegaron hasta 1.079.777 en 1921 (debido a un conocido fenómeno inercial que permite recoger los frutos electorales y organizativos de un momento histórico dado algunos años después) descendieron a 772.762 en 1927 y a 520.162 en 1932, a pesar de que en 1930 los socialdemócratas habían reconquistado la mayoría relativa en las elecciones políticas, por efecto de la crisis de los social-cristianos, impregnados por la nueva derecha.

Pero lo que se les escapaba a los dirigentes socialdemócratas era ante todo la quiebra de la capacidad de lucha de los militantes, incluso entre los menos dispuestos a la capitulación debido al efecto conjunto de la crisis económica y de las ocasiones desperdiciadas en los años precedentes. Lo confirman dos datos sintomáticos: por un lado, un gran número de combatientes del Schutzbund se habían retirado a la vida privada tras la experiencia de julio de 1927: una grave provocación burguesa había sido el detonante de una respuesta popular reprimida por la policía con un saldo de 94 muertos y 2.000 heridos y durante la cual el Schutzbund había sido inmovilizado o, peor aún, había sido empleado para controlar las protestas de las masas. Por otra parte, muchos de los que habían permanecido fieles al partido y a su organización militar no podían ignorar la precariedad de su posición en el trabajo, en un contexto de ataque contra el empleo que no obtenía respuesta alguna.

De esta manera, en las heróicas jor-

Página 27

nádas de febrero de 1934 se asiste a la paradoja de que algunos de los trabajadores que responden a la llamada del Schutzbund y que combatirán en sus filas, al término de su turno en las barricadas, en lugar de descansar, volverán al puesto de trabajo para no arriesgarse al despido en el caso, más que previsible de que la insurrección, tardía y mal preparada, fracasase. Puede parecer esquizofrenia, pero lo es sólo en parte. Esos trabajadores sabían que en esas condiciones no combatían para vencer, sino para evitar ceder sin lucha; luchaban para crear las condiciones de la revancha, de cuya imposible inminencia eran perfectamente conscientes. Tenían el valor de arriesgar la vida, pero no el de arriesgar el puesto de trabajo en un periodo en el que desde hacía años el empleo iba en franco retroceso sin hallar respuesta alguna. Las causas de la derrota

Naturalmente la trágica derrota del proletariado vienés no puede ser explicada tan sólo por causas objetivas, por las premisas surgidas de años de capitulación del movimiento obrero. Existen concretas que merecen también una atención específica.

A pesar de estar mejor preparado (y armado en todos los sentidos) que cualquier otro partido obrero de entonces (por no hablar del presente) y a pesar de las teorizaciones de Bauer sobre la "violencia defensiva" a la que hubiese recurrido en caso de necesidad, el partido socialdemócrata y sus organizaciones paramilitares afrontaron el choque inevitable en las peores condiciones posibles. El famoso "en el momento oportuno sabremos responder" revelaba toda su inconsistencia y su finalidad mistificadora. El "momento oportuno" no lle-- mocracia.

aria nunca, pero ya habian llegado lo:

taques armados contra el movimient obrero, despidos, cierres de periódicos de la izquierda, registros en sedes (a veces con el descubrimiento de imprescindibles depósitos de armas, reservadas precisamente para el "momento opor. tuno").

Por otra parte, el 12 de febrero no fue a dirección socialdemócrata la que de.

cidió que ya no se podía esperar más. Fueron algunas direcciones locales, de ciudad y de ramo las que respondieron a las innumerables agresiones de las fuerzas "del orden" a sedes socialdemócratas, rechazando con las armas las detenciones y la capitulación.

Los enfrentamientos empezaron en Linz, y, vista la inercia de la dirección del partido, se transformaron'en el detonante de una batalla general a la que se unían las fuerzas más combativas sin esperar a una decisión final que posiblemente hubiese sido, una vez mas, postpuesta. El precio pagado por una

"desde abajo" y que fue avalada muchas horas después por la cúspide que no se atrevía a tomar la iniciativa, pero que al tiempo no quería desligarse completamente de su base, fue la ineficacia: cuando el grueso de los combatientes llega posiciones, encuentra en perfecta formación a las fuerzas de la represión que, a menudo, han bloqueado a tiempo los presuntos depósitos de armas. La mayor parte de los puntos cuya ocupación había sido prevista (puentes, edificios públicos, centros neurálgicos de comunicación) estaban ya bien defendidos. El "momento oportuno" había sido decidido por las fuerzas reaccionarias que habían decidido desembarazarse de un movimiento obrero aún demasiado fuerte y combativo, si bien totalmente neutralizado por la estrategia colaboracionista de sus dirigentes.

Los dirigentes social-cristianos, cada vez más en la línea de un verdadero "austrofascismo" con fuertes tintes clericales y estrechamente ligado a la Italia mussoliniana más que a la Alemania nazi, de la que con razón temían su expansionismo, triunfaron con facilidad e instauraron a régimen de terror sanguinario que destruyó todo residuó de de-

El movimiento obrero no recuperó sus fuerzas de aquella derrota hasta después de la guerra, como efecto del cam bio de la correlación de fuerzas a nive internacional. (reproducido de "Bandiera Rossa", órgano de la LCR italiana, 19.2.847