Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Documento n.º 12

"El balance de las Juventudes Socialistas" (extractos)

· Inprecor n.º 40, noviembre de 1984 (número especial) · pp. 36-39 · 4.659 palabras

DOCUMENTO N.° 12 (EXTRACTOS) "El balance de las Juventudes Socialistas"

Tras la intensa campaña del P. S. y su prensa, se constituye en Barcelona la primera alianza de los trabajadores del Poder político. Además de los socialistas y federados de la Unión, se revolucionarios para la conquista incorporan los comunistas del Bloque Obrero y Campesino, los treintistas, los "rabassaires" y la Unión Socialista

La Confederación Nacional del Trabajo se niega a ingresar, alegando que toda la campaña del P. S. por la "insurrección armada" es una plataforma demagógica. Certifican la defunción del Partido y de la Unión. Realizan nuevos llamamientos a la clase trabajadora para que se incorpore a sus filas y aprovechan la ocasión para arremeter contra nuestros camaradas, dando facilidades a la obra gubernamental de Lerroux.

En parecido sentido se manifiesta el Partido Comunista. Con mejor visión, los afiliados a la Tercera Internacional advierten el cambio de rumbo en la política española. Los acontecimientos de Alemania, primero, y de Austria, después, les conduce a pregonar con mayor insistencia el frente único bajo la "dirección férrea del P.C.". Sus ataques contra el P.S. se recrudecen. Se apresuran asimismo a crear la C.G.T.U., central sindical comunista, que no es otra cosa que una entelequia. Sus primeras consignas son para luchar contra las "leyes represivas promulgadas por el Partido Socialista". "Las Alianzas Obreras y la insurrección armada sálvese quien pueda del socialismo español para evitar el éxodo de sus militantes hacia la bandera roja del comunismo", dicen sus dirigentes más caracterizados. El P.C. cree llegada su hora y acentúa su actividad. Absorberá al P.S. y realizará la revolución soviética. LUCHA A FONDO CONTRA LAS ALIANZAS OBRERAS

Manifestada resueltamente en contra de las A.O., la C.N.T. se considera suficiente por sí sola para establecer

Para sus fines, tan repudiable es una dictadura fascista como la dictadura del proletariado. Ni entiende de política ni quiere hablar de política. A lo sumo, si la Revolución se produce su comunismo aprovechará las circunstancias para conducir a los obreros más allá del socialismo...

"superación" de los socialistas, se apropia de todo cuanto puede para sus fines

El Partido Comunista, en su particulares. Comienza el tiroteo de resoluciones y encuestas; se remiten cartas a todos los organismos políticos y sindicales de carácter obrero; crean el frente antifascista, en colaboración con los republicanos; se dirigen a los obreros parados; especulan con los sin partido.

—dicen los comunistas—, la creación de estas Alianzas entraña un manifiesto propósito de escindir el movimiento antifascista. De la garantía que ofrecen dichas Alianzas contra el fascismo podríamos remitirnos, a falta de otros elementos, a su actividad en las últimas grandes luchas del proletariado y de los campesinos. Su actuación ha sido plenamente negativa o simplemente nula." "Mundo Obrero", 25 julio 1934

El Partido y las Juventudes Socialistas siguen firmemente su política de llamamiento a todos los trabajadores. Conforme se perfila la acción de las A.O., los organismos reaccionarios se desplazan de ellas, en tanto que la necesidad de su ingreso hace carne en el pensamiento de los trabajadores. A la A.O. de Barcelona sigue la constitución de la de Valencia, Madrid y otras. En Barcelona se separa Pestaña con sus amigos; la influencia de la Esquerra hace retirarse a los campesinos ("rabassaires"). La claudicación hacia el reformismo más exacerbado excluye también a la Unión Socialista de Cataluña.

Pero esto no entibia la fortaleza aliancista. La C.N.T. advierte cómo en su seno se introduce la semilla de la Alianza; pero la Confederación maniobra y consigue extirpar los elementos favorables a esta inteligencia. Sin embargo, sus deseos fracasan en Asturias, Palencia y León. En aquellos lugares los cuadros confederales se incorporan a las Alianzas decididamente.

EI P.S. sigue adelante con su política, y la burguesía comienza a temer por sus privilegios.

El grado de agresividad del P.C. es el mejor termómetro de la solidez aliancista. "Alianza, no. Frente único, sí." Es el folleto que los comunistas dedican a combatir las A.O. Sin embargo, a pesar de la dureza en la crítica, a pesar de las burlas y mofas de los comunistas, las Alianzas Obreras se extienden por todo el país, recogiendo las masas obreras, camino de la insurrección. EL PRIMER VIRAJE DE LOS COMUNISTAS HACIA LAS ALIANZAS OBRERAS

El 26 de julio de 1934 se iniciaron las primeras conversaciones entre las Juventudes Socialistas y Comunistas para tratar de la unidad de acción. Mientras comenzaban este primer acercamiento, y en el mismo día, "Mundo Obrero" publicaba un artículo del que son los siguientes párrafos:

Es el Partido Socialista quien, después de su desvergonzada colaboración ministerial, nada más comenzó el período electoral se presenta a las masas como un partido revolucionario. Comienza a sembrar su demagogia, que nosotros no fuimos capaces de desenmascarar. Hablan de revolución y de dictadura proletaria...

...EI P.S. derrocha demagogia para permitir que la burguesía vaya a la instauración de la dictadura fascista, y por esto nosotros les llamamos socialfascistas."

Las conversaciones se realizaron durante los días 26 y 30 de julio. No se llegó a un acuerdo y quedaron rotas las negociaciones. ¿Cuál era la posición de los jóvenes comunistas?

"La lucha por el Poder. Pero ¿cómo se lucha por el Poder? Luchando diariamente, movilizando las masas en los lugares de trabajo, contra la ofensiva del capital, por sus mejoras, contra los despidos, contra la militarización de las industrias de guerra, etc. Es imposible pensar en luchar por conquistar el Poder de una forma que no sea a través de la lucha cotidiana, debilitando el poder de la burguesía. Consideramos que sólo organizando a las masas, creando sus organismos de lucha, solamente así se lucha por la insurrección. No creemos en la insurrección como algo al margen de la lucha cotidiana. No creemos que se pueda guardar la fuerza del proletariado para las acciones de carácter decisivo. Estas se aseguran sobre la base de la lucha cada vez más intensa, diaria, por la creación de los Comités de fábrica y de campesinos, por los soviets."

Frente a esta premisa, las Juventudes Socialistas afirman:

"Nosotros opinamos que el frente único en España es el producto de la maduración de las circunstancias revolucionarias, y sólo pueden tener un objetivo central: la conquista del poder político para la

En las dos conferencias se extiende la crítica a los movimientos parciales recientemente ocurridos y a los que entonces se estaban desarrollando. Los jóvenes comunistas marcan una vez más su oposición irreductible a las Alianzas Obreras, y como objeción se pone la falta de democracia en la elección de delegados para las mismas.

Es en este período cuando el P.C. se aprovecha para interviuvar a los hombres del Partido Socialista sobre la unidad de acción y el frente único; los comunistas siguen creyéndose el eje de la revolución proletaria.

"Una vez más marcamos el camino, una vez más nos colocamos en la vanguardia de la lucha por la unidad." 'Mundo Obrero", 31 julio 1934.

Su ataque contra las Alianzas se intensifica. El 1 de agosto, el diario del P.C. escribe:

•"...Las Alianzas Obreras son órganos fantasmas, creados a espaldas de las masas, entre los cuatro muros de una secretaría y con el fin de impedir el verdadero frente único."

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¿QUÉ SON LAS ALIANZAS OBRERAS?

Las Alianzas Obreras fueron constituidas para un fin y usadas para otro. Las A. O. eran el punto de convergencia de todas las organizaciones proletarias que estuvieran dispuestas a participar en la insurrección armada. Las A. O. eran, propiamente dicho, los órganos de la insurrección. A pesar de que el Partido Socialista constantemente advertía que las Alianzas no habían sido organizadas para preparar, dirigir y desarrollar los conflictos diarios que con carácter económico se planteaban en toda España, los Comités de las Alianzas no lo comprendían. Influenciadas de un sentimiento anarquista, las Alianzas no se dedicaban a "organizar la insurrección". Su intervención en las huelgas de Madrid, Valencia у Barcelona; su predisposición a plantear y dirigir conflictos en otras provincias, condujo a las Alianzas obreras a una degeneración táctica.

No es extraño, pues, que los comunistas oficiales tampoco comprendiesen la finalidad política insurreccional de las Alianzas. Frente a ellas oponían su consigna soviétiça. La explicación del funcionamiento de los soviets. La aplicación de los soviets en la Revolución rusa no era otra cosa que el intento de la destrucción teórica de las A. O. Sin embargo, ellos tampoco supieron evitar su contagio después de su incorporación. A pesar de propagar constantemente la frase de Lenin "la revolución no se hace, se organiza", incurrieron en el mismo error que reprocharon a los demás. La incorporación ulterior de los comunistas a las Alianzas Obreras no influyó en nada para organizar la insurrección. Consecuentes con sus consignas de mejoras inmediatas, se preocuparon más de ampliar las luchas de la clase obrera contra los poderes económicos que de organizar la insurrección armada contra el Poder del Estado.

Si las A. O., en lugar de dedicarse a estas intervenciones secundarias, que correspondían por entero a los Sindicatos, los cuales, estableciendo comisiones de enlace, podrían conducir las huelgas de carácter económico, se hubiesen dedicado de lleno a preparar y organizar la insurrección, muchas de las fallas ocurridas durante las jornadas de octubre no hubieran sucedido. Pero la táctica del P. C., en su crítica contra las A. O., no ha valido más que para destacar fuertemente su falta de comprensión de la historia revolucionaria.

Así, cuando los comunistas atacan a las Alianzas y a la táctica del Partido Socialista, no hacen más que subrayar sus errores, hoy enormemente destacados. Cuando "Mundo Obrero" dice el 2 de agosto que "el coraje y la buena voluntad no bastan para vencer los cañones y las bayonetas del enemigo"; que los que "hablan de revolución y no organizan a los trabajadores son los peores enemigos de los mismos", no hacen otra cosa que su

Estos camaradas, que nos acusaban de "charlar en una secretaría a espaldas de la masa", venían retardando la organización insurreccional. Sus consignas no eran otra cosa que una forma de eludir la cuestión. Mientras el Partido Socialista preparaba a todo vapor el armamento del proletariado para contener el fascismo y lanzarse a la conquista del Poder, la fuerza del P. C. se difuminaba por las columnas de "Mundo Obrero"...

La constitución de la A. O. ha estado sujeta a los principios democráticos seculares en el movimiento obrero. ¿Puede alguien dudar de la confianza que inspiran a sus organizadores los Comités respectivos? Pues si estos Comités representan indiscutiblemente la confianza de sus federados, es indudable que tienen plena jurisdicción al nombrar sus delegados en las Alianzas Obreras, en nombre y representación de sus organismos correspondientes. Pero si además se alega la representación proporcional, los quejosos no pueden ser, ni mucho menos, nuestros críticos, ya que cada Alianza local o provincial tiene la representación de los organismos ponemos por caso, hay un representante del P. C. y otro del P. S., ¿no es cierto que la representación socialista es más reducida en orden a sus efectivos representados que la comunista? ¿No ocurre exactamente igual, en mayor escala, con la representación trostkista? Y si nos referimos al movimiento sindical, ¿no está en inferioridad de condiciones el representante de las organizaciones madrileñas de la U. G. T. al de las demás organizaciones sindicales adheridas a la Alianza? De cualquier forma, la democracia en el orden aliancista no ha sido jamás regateada por nuestros organismos en ninguna localidad española. Podemos afirmar muy alto que ha existido siempre gran democracia, y si acaso hubiera alguna merma de ella en la representación las únicas que pudieran reclamar. La Alianza tiene en su constitución orgánica un representante por cada núcleo adherido. Las facultades representativas a los grupos minoritarios no pueden ser más amplias.. DE FRENTE A LAS ALIANZAS OBRERAS

Cuanto más cerca está el Partido Comunista de las Alianzas Obreras, más se enardece su política contra ellas. Ahora se trata de algo más: de creer a su prensa, y a sus militantes más calificados, el Partido y las Juventudes Socialistas se desmoronan. Militantes aislados, grupos y hasta secciones se incorporan a las "filas de hierro" del Partido Comunista; "partido de la vanguardia revolucionaria"... Los obreros sin partido "manifiestan sus simpatías por el comunismo", Trabajadores de fábricas y talleres "censuran" al P. S. y se "solidarizan" con la táctica y principios del Partido Comunista. De creer a "Mundo Obrero", el P. S. se disuelve en las filas de la sección española de la Tercera Internacional.

Que se convoca a un Pleno ampliado del Partido Comunista para discutir la siguiente cuestión: "¿Frente Unico,

Y ante los ojos atónitos del proletariado español, el Partido Comunista, después de leído el informe del Buró Político de su Partido, resuelve unánimemente ingresar en las Alianzas Obreras.

¿Qué ha sucedido?

Que detrás de la "firme posición" del Partido Comunista no había otra cosa que el vacío. Que su error político al apreciar las circunstancias de la revolución en orden a la insurrección armada y en orden a la unidad de acción era manifiesto. Que la tensión combativa del P. C. frente a la acción común de todos los explotados habíase agotado de tal manera, que sólo le quedaban una de estas dos conclusiones:

O el P. C. quedaba en cuadro frente a la política del Partido Socialista o daba un viraje y se sumaba a ella. La ley de conservación le indujo a lo segundo.

Con esta resolución, las A. O. se fortalecían más. Otro sector del proletariado se sumaba a la lucha por la conquista del Poder político desde las A. O. Sólo los intransigentes de la C. N. T. quedaban al margen. Pero esta intransigencia no era absoluta. Quebrada en algunas provincias españolas no muy aceptada en otras, la C. N. T. resolvió manifestar públicamente que "en las calles o en las barricadas se encontraría el proletariado confederal junto a sus hermanos de clase". Hechos posteriores han quebrantado esta ligera afirmación, salvo honrosas de igual modo que evidenciaron cómo la charlatanería de los comunistas contribuyó en grado sumo a retrasar la preparación revolucionaria por la unidad del proletariado.

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LAS ALIANZAS OBRERAS EN LA INSURRECCION DE OCTUBRE Asturias es la única provincia que, conjuntamente con la zona minera de Palencia y del Alto León, había comprendido con exactitud el papel insurreccional de las A. O. Sus esfuerzos se dedicaron exclusivamente a la constitución de la organización revolucionaria. Desde los cuadros armados hasta los cuerpos de sanidad y abastecimiento, todo fue escrupulosamente controlado. Sus esfuerzos económicos y materiales se redujeron por entero a la preparación armada del proletariado. Los conflictos secundarios de carácter económico apenas jugaban. Toda la intensidad proletaria estaba del lado del armamento. Las jornadas del 9 de septiembre de 1934 fueron un avance muy cumplido de la preparación insurreccional de la clase trabajadora asturiana. Con distribución metódica, las Alianzas asturianas irradiaron toda la zona minera, invadiendo el norte de León y parte de Palencia. Cada sector tenía sus atribuciones según la industria de su trabajo. El blindaje de trenes y camiones acreditan elocuentemente cómo venían cuidándose todos los detalles utilizables. El tejido de la Alianza respondió perfectamente. La Alianza fue una realidad. Los sectores comunistas y anarquistas trabajaron con toda voluntad y su rendimiento no fue el producto de ninguna maniobra fraccional, sino el del interés común: sorprendió a las Alianzas en pleno período de iniciación. Dedicadas a los conflictos obreros contra los patronos, el del objetivo aliancista. Sin embargo, en Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza y otras provincias importantes, el movimiento Cataluña, donde la C. N. T. quedó al descubierto por su falta de armas y municiones, pasó sin que las A. O. abandonaron casi por completo su cometido fundamental. La ausencia total de armamento proletario en plantearan urgentemente la cobertura de esta necesidad, sorprendiéndoles el movimiento sin poder prevenirse ni hacer uso de su poca o escasa fuerza. El armamento de la Generalidad no fue para las Alianzas.

Conviene hacer constar que las actividades anarquistas quedaron plenamente descubiertas. Pensaban realizar la revolución, pero ¿con qué? En este trozo de España acreditaron los ácratas su tradicional charlatanería. Pensaban acudir a la revolución... del Partido Socialista, que "jamás había usado un arma para combatir al Estado" con discursos. Y lo hacían precisamente aquellos que combatían la demagogia" En Valencia tampoco pudieron ponerse en juego los trabajos de la Alianza. Valencia acababa de salir de una huelga general que había cuarteado el movimiento obrero valenciano; del mismo modo que estaba cuarteado el de Zaragoza después de cuarenta días de paro absoluto. Las municiones de Valencia quedaron intactas; los funcionaron; los resortes de enlace se embotaron. La Alianza valenciana puso al descubierto la ineficacia de su labor. A pesar de la suma de los Sindicatos de la Confederación Nacional del Trabajo, que se habían declarado autónomos; a pesar de la excelente disposición de la clase trabajadora, la A. O falló por completo. Igual o muy parecido sucedió en otras provincias. Las A. O. del mediodía no eran otra cosa que una entelequia después de las jornadas campesinas del 5 de junio. Desde entonces la clase trabajadora, desarmada, con sus mejores combatientes encarcelados, fortalecidos los cuadros represivos del Gobierno, las A. O. no tuvieron nada que hacer. Su vida se reflejaba solamente en las planas impresas de la prensa obrera; sus consignas eran otras tantas utopías que no cristalizaron en ninguna realidad. Las Alianzas no murieron inmediatamente después de nacer; es que no se emplearon a fondo en los objetivos para los cuales se

En Madrid han sucedido hechos muy semejantes. La Alianza dedicó su actividad a una campaña de agitación de carácter sindical. Con ocasión de la huelga de metalúrgicos, la A. O. creyó conveniente inmiscuirse en el movimiento y después intervenir en varios conflictos, abandonando casi por entero su labor de preparación insurreccional. Así pudo ocurrir que algunos depósitos cayeran en manos de la Policía, que otra parte de material se inutilizara o se construyese demasiado tarde, a causa de la poca atención prestada. La falta de organización, en cuanto a la entrega del armamento a las milicias de choque, se manifiesta más tarde con lo sucedido en uno de los centros de armamento militar. De igual modo que en las demás provincias, la A. O. de Madrid tampoco se empleó de lleno en su cometido. Aceptó las batallas parciales que le brindaba el adversario y abandonó el objetivo central que reclamaba la insurrección. EL ARTE DE LA INSURRECCION

La crítica de los epígonos se ha mostrado siempre frente a la táctica insurreccional del Partido y de las Juventudes Socialistas. Primero negaban la lealtad de nuestros organismos a preparar la insurrección armada.

"demagogia" no servía para otra cosa que para evitar la huida de nuestros militantes a los campos comunistas y anarquistas. Más tarde, sin dejar de negar la resolución del proletariado socialista por la conquista violenta del Poder político por medio de la insurrección hasta implantar la dictadura de la clase obrera, negaban la eficacia de la táctica, por no seguir exactamente el curso idéntico de la revolución soviética. Frente a las A. O. se opinían los soviets. Antes y después de ingresar los comunistas en las A. O., la mejor política, según nuestros detractores, era el desencadenamiento de las huelgas en masas, que, debilitando constantemente el poder estatal, condujese al proletariado español hacia la victoria.

"Los bolcheviques, en vísperas de octubre, organizan y dirigen una ola de huelgas por reivindicaciones Como ejemplo, "Mundo Obrero" nos brindaba con bastante frecuencia párrafos cual éste: inmediatas económicas y políticas; desencadenan estas luchas en una forma revolucionaria, las elevan a un grado superior, las transforman en una insurrección armada."

"Rusia sirve de ejemplo para todo el proletariado mundial de cómo se hace la revolución y de cómo los obreros y campesinos rusos, dueños de su propia suerte, van con pasos acelerados hacia el socialismo. Es éste el camino ruso, el que nosotros, los obreros españoles, partido hermano del partido bolchevique ruso, debemos seguir para hacer triunfar la revolución obrera y campesina en España." ("Mundo Obrero", 4 de agosto de 1934.)

Tal afirmación no justifica, ni mucho menos, la falta de triunfo de las jornadas de octubre. Lo que los hechos demuestran es que allí donde las A. O. se dedicaron exclusivamente o en su mayor parte a realizar movimientos de masas, quedaron totalmente agotadas para las luchas decisivas. Así vemos que, a la inversa de otras provincias, en Asturias no hubo apenas conflictos de carácter económico durante la preparación insurreccional. Que salvo su intervención en la concentración fascista de Covadonga y la salida para el alijo de las armas en San Esteban de Pravia, las fuerzas de choque se reservaban con todo cariño para actuaciones más amplias y de mayor envergadura. El armamento estaba bien asegurado y los objetivos perfectamente definidos.

Las huelgas de masas en un país donde el ejército está totalmente sublevado y el pueblo en armas circula por carácter reformista, sino para contribuir a la descomposición de la disciplina civil y militar, volcando del lado de las calles de todas las ciudades son imprescindibles, pero nunca para conquistar objetivos inmediatos de la revolución las unidades descompuestas de un ejército derrotado, arrastrándolas a la conquista del Poder para revolucionario, acendradamente revolucionario, dadas las formas específicas del tránsito de la monarquía a la la clase trabajadora. Estas condiciones no se daban en España. En nuestro país subsistía un espíritu República y de ésta a la rebelión popular. En España las fuerzas organizadas de la clase trabajadora frente al Poder del Estado eran infinitamente superiores.

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Las clases patronales carecían de organización. La reacción, por su constitución heterogénea, carecía de unidad en la lucha. No era precisamente sentimiento revolucionario lo que había que infiltrar a la clase obrera. Los gigantescos actos de propaganda durante la campaña electoral de fines de 1933, la unanimidad de las huelgas generales allí donde se producían, la anulación de las concentraciones fascistas de Covadonga y El Escorial, probaban hasta la saciedad que no eran demostraciones pacíficas lo que precisábamos organizar, sino armas, armas en abundancia, para dotar de elementos de combate a las clases trabajadoras que marchaban a la

La estrategia comunista y anarquista han fallado. No eran escaramuzas contra el frente armado del Estado. Era una batalla a fondo, en toda la línea, con un proletariado preparado y abastecido de armas y municiones. Se trataba de un combate general dirigido por las Alianzas obreras en cada provincia. Fuerzas de choque delante, y detrás el empuje armado de la organización. La unanimidad del proletariado para esta batalla tenía aterrada a las

Que en Valencia patrullasen las fuerzas de seguridad por las calles con más fuerzas mercenarias del Estado. miedo que vergüenza; el paseo militar de los mineros de la Arboleda hasta Bilbao, la concentración de la Guardia civil de los pueblos, en repliegue hasta las capitales de provincia; el miedo del Gobierno a declarar el estado de guerra hasta dos días después de la insurrección y la furia represiva declarada a última hora, no son otra cosa que a exacerbación del pánico, elevado a su última potencia. No se trataba de una conspiración de tipo blanquista. Se trataba solamente de un acto de presencia del proletariado revolucionario, que, con las armas en la mano, desalojaría del Poder a un régimen tambaleante, convencido de su propia caducidad.

La experiencia ha demostrado muy cumplidamente que si en octubre hubieran intervenido todas las fuerzas malgastadas inútilmente durante las diversas batallas de 1934, hubieran sobrado energías para levantar de un lado a otro de España la roja bandera del socialismo. LOS ORGANOS DE LA INSURRECCION ARMADA

Las A. O. han dado su resultado donde se las ha sabido usar. Quiere decirse que si en todas partes se hubiese hecho el mismo uso que en Asturias, otro hubiese sido el resultado del octubre rojo español. Pero las A. O. tenían como primer objetivo recoger en su seno al proletariado de las diferentes tendencias que estuviesen conformes con la conquista del Poder y la dictadura del proletariado. Era el organismo que, provisionalmente, llevaba a la clase obrera a la unidad de acción y más tarde a la unidad orgánica. Las A. O., por consiguiente, han realizado su primera etapa. Debe cumplir las demás.

Después de octubre hay una corriente de unidad en el seno del movimiento obrero. El sector confederal se encuentra enormemente dividido: unos consideran imprescindible la alianza de las fuerzas explotadas; otros, los faístas más conspicuos, la consideran inconveniente. Un sector comunista es partidario de la unidad orgánica; otro, el más ortodoxo, prefiere la unidad, la absorción, bajo la línea directriz de la Tercera Internacional. Los Sindicatos autónomos y algunas organizaciones de carácter nacional que están fuera o dentro de las Alianzas han mostrado también su deseo de unidad. Por consiguiente, puede afirmarse que, anarquistas más intransigentes, el camino hacia la unidad orgánica del proletariado, como consecuencia de las jornadas de octubre, marcha por buen camino. En tanto que esta unidad sea un hecho consumado, la alianza de los trabajadores debe continuar. Por hoy se han dado varios pasos hacia adelante en este sentido. Los Sindicatos de la C. G. T. U. comienzan a incorporarse a los cuadros de la Unión General de Trabajadores. En algunas provincias las relaciones aumentan en cordialidad con los jóvenes libertarios. En otras, donde la C. N. T. impide el contacto, numerosos grupos de sindicalistas se desgajan de la disciplina confederal para incorporarse al movimiento revolucionario.

Si en primer término afirmamos que la preparación insurreccional no puede ser abandonada, sino por el contrario, intensificada, pueden seguir y actuar aquellos organismos que no hayan renunciado a la revolución proletaria por el régimen socialista. la clase trabajadora, debemos marchar juntos a una sola central sindical y a un solo organismo político revolucionario, éstos no pueden ser otros, por todo lo expuesto, más que la Unión General de Trabajadores y el Partido Socialista. Pero esta tarea, conducente a la unidad orgánica y revolucionaria, no excluye la organización restauradora de los organismos de la insurrección.

En el convencimiento de todos está que el próximo empuje de la clase trabajadora no será resistido por el

Gobierno, a pesar del aumento de sus fuerzas represivas. La ordenación de estos esfuerzos no puede ser labor de los Sindicatos ni de los organismos políticos como tales. Si la unión del proletariado fuera tan unánime que no quedara ni una sola organización obrera fuera del frente común de los trabajadores, precisaríamos, incuestionablemente, de unos organismos insurreccionales. Podrán llamarse como quiera, pero con cualquier nombre que se les dé necesitaremos de tales organismos. Nuestra organización militar ha de ser clandestina; ha de tener un trabajo especialísimo y de gran heroicidad. Su actuación no puede, en ningún momento, estar bajo el control de la legalidad gubernamental. Nuestro ejército rojo, conforme crezca a costa del socavamiento de la fuerza represiva del Estado, ha de ser dirigido por la organización insurreccional. Por consiguiente, al margen de los Sindicatos y de los cuadros políticos, precisamos órganos específicos de lucha.

Sin unión orgánica del proletariado necesitamos la alianza de la clase obrera para el combate definitivo, hasta unir los diferentes organismos del movimiento proletario en uno solo. Con una organización sindical y un solo partido revolucionario, necesitamos también los órganos insurreccionales que preparen y realicen la insurrección.

¿Pueden serlo las Alianzas Obreras?

No nos interesa el nombre, pero, de cualquier manera, los organismos existentes o los nuevos a crear tienen que perfeccionarse en mejores condiciones, imponiéndoseles una disciplina severísima que impida la desviación insurreccional que no responda inflexiblemente al programa trazado; que sea, en suma, la plataforma de la revolución que conduzca al proletariado, de una vez para siempre, a la victoria definitiva por la conquista del

Poder político y por la emancipación de la clase obrera, bajo la dirección del Partido Socialista

(tomado de "'Octubre del 34". M. Bizcarrondo, ed. Dyoso).

EN DOS SEMANAS FUERON DETENIDOS SIETE MIL HUELGUISTAS, AUNQUE LA MAYORÍA FLIERON

PURSTOS EN LIBERTAD ANTES DE QUE FINALIZARA JULIO. ESTE FRACASO DE LA FNTT DESILL -

SIONO A LOS CAMPESINOS, DE AQUI SU ESCASO APOYO A LA HUELGA GENERAL DE OCTUBRE.