Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Italia: 15 años de los consejos de fábrica

· Inprecor n.º 39, septiembre-octubre de 1984 · pp. 36-44 · 6.120 palabras

Consejos de fábrica y unificación sindical en Italia (1968-1984)

Notas (1).— Todas estas cifras están tomadas del estudio "L'operaiomassa nello sviluppo capitalistico". "La classe" n° 8 1974.

Las mujeres (2).— son las más duramente golpeadas. En la industria manufacturera desde 1961 hasta 1969 mientras que el porcenta/e de hombre sube un 9,7%, el de mujeres baja un 14,2%. Ver "Mercato di lavoro e occupaziones feminile", "Quaderni di rassegna sindicale" n° 54/55. mayo 1975'.

Anna Libera respuesta organizada desde comienzos de este año por los trabadores italianos contra la política de austeridad del Gobierno Craxi, y especialmente contra el decreto que pone en cuestión la escala móvil de salarios, demuestra que, a pesar de los golpes recibidos estos la capacidad de lucha de la clase obre-

Run nivel suficiente como para hacer fracasar los planes de la patronal.

El amplio movimiento de lucha que ha recorrido toda la península ha dejado al descubierto, como nunca quizás en estos 15 últimos años, la fuerza que representan estos instrumentos políticos y organizativos que son los consejos de fábrica, nacidos al las grandes luchas 1968/1969. Los consejos retoman' hoy de modo natural el papel que jugaron entonces como instrumentos de lucha inmediata, se afirmaron rápidamente entonces como el motor del proceso de unificación sindical. En el momento en que la patronal considera adecuado lanzar una ofensiva decisiva contra las conquistas de estos 15 años de lucha; en el momento en que la división paraliza totalmente a las 'cumbres' sindicales, los consejos de asumen de nuevo en la práctica su papel de instrumentos de lucha y de unificación de la clase obrera italiana.

Rehacer la crónica de la unificación sindical en Italia no tiene solamente histórico. numerosos puntos fuertes, y también debilidades, del sindicalismo de los consejos encuentran sus raíces en la forma como se ha desarrollado el proceso desde 1969, luego bloqueado en 1972. Toda discusión que intente relanzar el proceso unitario no puede abstenerse de realizar un balance de esta experiencia, como ha comenzado a hacer la primera asamblea nacional autoconvocada fábrica, el 6 de marzo último, en Milán. La clase obrera y los sindicatos, luchas del año raíces en últimos años, del

(1955-1962).

potente proletariado italiano.

son producción (2).

dujo igualmente en el cadena, consejos de estas caliente una en visperas del otoño caliente

La profunda transformación del movimiento obrero organizado que se ha producido a partir de las grandes

1969 encuentra sus las modificaciones producidas en el proceso de produc ción mismo, y en la configuración de la clase obrera, en el trascurso de la fase

"milagro económico" italiano

El despegue industrial de la península empujó a una alza masiva del nivel de empleo en la industria manufacturera; esta alza afectó en primer lugar a los sectores de producción en

(electromecanica, automóvil, química) donde apareció —y pronto fue la mayoría— el obrero no especializado. "el obrero-masa" (OM) como pronto se le llamará en Italia. En la electromecánica, los OM representan el 61,7% de la mano de obra en 1962, en el automóvil el 54%. La aplastante mayoría de estos OM provienen del Sur (el 73% en Alfa Romeo, por ejemplo) (1). Estos trabajadores, contrariamente provenían de una emigración interna (Sur versus Norte, campo versus disponían de los mismos derechos que el resto de los trabajadores y estaban dispuestos a comprometerse en la lucha para cambiar las cosas aquí y ahora. Lejos de contribuir a la división, la emigración fue un factos de unificación del

Además, se realizó una homogeneización de sexo y de edad: el obrero-masa es un hombre, de 25 a 45 años. Los hombres y mujeres de mayor edad expulsados del proceso de

En fin, la homogeneización se procontenido y organización del trabajo: trabajo en parcelizado, répetitivo, cadencias o ritmos infernales, trabajo en equipos. No fue casualidad que cuestiones estuvieran en el centro de las luchas en 1969.

Había pues, en vísperas del otoño clase obrera muy

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(3).— Desde la escisión sindical de 1948 existen tres confederaciones: la CGIL, agrupa a comunistas ČISL socialistas; la de obediencia cristiana; la UlL que agrupa a la socialdemocracia y alos hasta 1969 como el "'sindicato Recordemos que en guera fría, el Partido soviético", coreadido lugar a la financiado Washington.

Segun el "Quaderni rassegna sindacale" n° 31/32, julio de 1971.

homogénea, concentrada en el trián-

Milan-Turin-Genova; en grandes unidades de producción; compuesta mayoritariamente de OM varones, entre 25 y 45 años de edad, provenientes de una emigración interna.

de que se tratase de obreros recientemente llegados de Calabria o Sicilia implicaba otra característica más: no tenían ninguna experiencia ni sindical, ni política. Y al llegar a las fábricas del Norte, enconproducto a la vez de la represión patronal y de la política colaboracionista y/o burocrática de las principales conoce el movimiento sindical italiano de estos últimos años, se hace difícil imaginar la realidad a finales de los años 50 y comienzos de los 60, época obrera califica justamente como los "años negros": triunfo del sindicalismo amarillo en la FIAT, listas negras, 'talleres-prisión' para los militantes comunistas, despidos por actividad sindical etc... A esta represión permanente, que ella sóla, habría bastado para vaciar las empresas de toda presencia sindical, se añadía las decisiones mismas de las confederaciones. La CILS y la UIL, que favorecían la colaboración estrecha con la patronal, no querían complicarse con estructuras sindicales en las empresas, que podrían cuentas y además, en definitiva, la patronal no las quería. La CGIL, por su parte, siguiendo una concepción profundamente burocrática de las relaciones trabajadores, privilegiaba la centralización extrema negociaciones organización territorial del sindicato.

No existía, por tanto, en el interior de las fábricas, más que las comisiones internas (C.l.), elegidas sobre listas sindicales, desprovistas de todo poder de negociación en el interior de la fábrica y cuyo papel era "mantener relaciones normales entre la dirección y los trabajadores de la empresa, para asegurar un desarrollo regular de la producción, en un espíritu de colaboración y comprensión recíproca" (4)

Esta exterioridad total a las empresas, impidió a las centrales sindicales, y especialmente a la CGIL, comprender las transformaciones en curso sobre, la organización del trabajo y la composición misma de la clase obrera. Ciertamente, a finales de los años 50, ante la baja de efectivos y los fracasos en las elecciones sindicales, la CGIL (pero también la CISL) comenzaron a discutir de una necesaria "vuelta a la fábrica" del sindicato. La CGIL habló de crear secciones sindicales de empresa (SS -'Sezione Sindicale d'azienda"). Pero no se desarrollaron nunca de verdad, debido, por una parte al rechazo categórico de la patronal a reconocer ninguna otra estructura sindical que no fuera la C.l. en la empresa, y por otra parte, por el rechazo de las organizaciones territoriales a delegar el menor poder de negociación. Por esta misma razón, las secciones sindicales de empresa, no fueron sentidas por los trabajadores como una necesidad, porque no veían en ellas un medio de reforzar su poder colectivo.

Sin embargo, las signos de relanzamiento de las luchas, que aparecieron a comienzos de los años 60, en particular en la movilización de los metalúrgicos para la renovación de los contratos en 1962-63, llevaron a las confederaciones a flexibilizar un poco sus prácticas de la "negociación articulada". En adelante, después de la firma de los contratos nacionales por categoría, tenía lugar una negociación con el fin de aplicar dicho contrato a nivel de empresa. Sin embargo esta apertura es extremadamente limitada, puesto que el contrato de fábrica está totalmente subordinado al contrato de categoría, y sobre todo, era siempre negociado por las estructuras territoriales del sindicato. La CGIL, como las demás confederaciones aceptó, en efecto, firmar un preámbulo los contratos de 1962-63 que limitaban estrictamente la esfera de intervención del sindicato en la fábrica, y la CGIL en particular no trató de imponer el reconocimiento de las secciones sindicales de empresa.

Así, a pesar de este ligero cambio a comienzos de los 60, el corte entre trabajadores y organizaciones muy profundo, como lo mostró la evolución de los efectivos de la CGIL y de su federación matalúrgica (FIOM) que registraron los niveles más bajos en vísperas del otoño caliente (ver recuadro).

¿Hay que'extrañarse en estas condiciones de que el movimiento sindical haya sido, en un primer momento, totalmente sorprendido por la explosión obrera de 1969, y de que los trabajadores hayan tratado de crear fuera de las confederaciones, nuevos instrumentos de lucha y organización?. Esta tendencia ha sido más fuerte aún

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centrales organizaban esencialmente a los obreros especialitradicionales practicamente acertado a atraer a sus filas a los "obreros-masa" que, por otra parte, formaban la mayoría de la clase obrera industrial.

Es necesario, sin embargo, subrayar y esto es importante para la evolución ulterior del movimiento sindical, que sectores del aparato, en particular en las federaciones metarlúrgicas FIOMCGIL y FIM-CILS de Turín, así como ciertos grupos de vanguardia habían comenzado a comprender el alcance de las transformaciones de la clase obrera y sus consecuencias para la política sindical. Por ejemplo la revista "Quaderni Rossi" de Raniero Panzieri, publicada en Turin a partir de 1960. Practicaba la "encuesta obrera" (en la tradición del 'Ordine Nuovo" Gramsci) y proporcionó los primeros análisis detallados de la nueva realidad en la fábrica; llevó igualmente un interesante debate sobre el control

Otro tanto sucedía con militantes de la FIOM turinesa (como Foa y Garavini) que avanzaban desde finales de los años 50 elementos de una nueva transformación de la de negociaciones haciendo del contrato de fábrica la base de la pirámide contractual y la elección de delegados de taller. La FIOM turinesa propuso en un documento (ien 1957!) que "la C.I. fuera flanqueada... por un consejo de delegados de taller, elegido según el porcentaje de trabajadores; que el consejo de delegados fuera elegido taller a taller, oficina a oficina, el listas abiertas; el consejo de taller debería elaborar la plataforma reivindicativa de la C.l. y debería ser consulimportantes que la Cl tomara..."

Esto no fue suficiente, sin embargo, para convertir a los sindicalistas turineses en 'padres' de los consejos que experiencia obrera. Pero fueron los sindicato comprender importancia combatieron resueltamente contra las direcciones de las confederaciones para forzarles a aceptar los 'consejos' como nuevas estructuras unitarias de base del sindicato. Los delegados y la "practica del objetivo"

Hay costumbre de fechar en otoño del 69 el relanzamiento de las luchas obreras en Italia. Sin embargo, desde la primavera del 68 los obreros iniciaron huelgas contra las condiciones de trabajo, los ritmos infernales, el trabajo a destajo. Desde esta fecha el movimiento adquiere sus dos características principales. En primer lugar, su espontaneidad y su autonomía: si bien militantes sindicales participan en el movimiento, las direcciones son exteriores al mismo y a menudo abiertamente opuestas. Además, el control obrero -o la "práctica del objetivo" como se decía entonces de forma metafórica-: los trabajadores no pedían la apertura de negociaciones sobre los ritmos o el rendimiento, sino que los reducían por su cuenta. Se buscaban las fórmulas de lucha que menos costaban a los trabajadores. Eran las 'huelgas en cascada': en el ciclo de producción cada categoría de trabajadores hacía huelga bloqueado toda la jornada.

Para llevar adelante estas luchas, los trabajadores se dotaban enseguida de instrumentos. Fueron los delegados que comenzaron a aparecer desde Emanaban directamente de los trabajadores, del "grupo homogéneo de trabajo", y eran revocables por los mismos; eran elegidos para tareas de ritmos, rendimiento, control del carácter malsano de la atmósfera en el taller, etc...) lo que permitía efectivo por parte de la obrera. La asamblea y la elección de los delegados se convierten en los rasgos más notables de la movilizagrandes industriales. En la primavera de 1969, el movimiento de delegados alcanza su punto culminante en la FIAT de Turín. El llamamiento de un grupo de delegados de esta miento que reproducimos en anexo) ilustra muy bien el alcance de esta nueva experiencia.

las organizaciones sindicales, tiempo?. Aunque no haya ninguna duda de que numerosos militantes de FIOM y FIM fueron activos en las elecciones de delegados en Turín, las confederaciones sindicales, hasta el otoño del 69, fueron abiertamente hostiles al movimiento denunciando SU "asamblearismo retrogrado" y las formas de lucha que no podian controlar. Es preciso decir que, por su parte, los trabajadores a la hora de

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elegir los delegados, no se preocupaban de saber dónde estaban o que decían las organizaciones sindicales. Los delegados se reunían frecuentemente en las universidades (entonces también en efervescencia) y no en las

(organización sindical territorial que funciona en ciertos países europeos) que, por otra parte, frecuentemente les cerraban las

Sin embargo esta potente movilización, esta unidad que se formaba en la

Men la lucha, no podía dejar de ejercer una fuerte presión sobre las confederaciones, que por otra parte, hacían un balance bastante crítico de la política del PCF y del CGT en Mayo del 68 en Francia. Esta presión de la base, combinada con la contestación interior que apareció en el interior de las federaciones de la metalurgia, llevó a las centrales a cambiar de táctica en el verano del 69 (en junio del 69 una huelga general en Turín dio lugar a violentos enfrentamientos en toda la ciudad, testimoniando enormemente explosivo de la situa-

Desde entonces, las confederaciones sindicales intentaron "cabalgar el de la revuelta obrera, como comenzó a decirse en esa época. Se esforzaron por aproximarse aspiraciones importantes surgidas de la base para mejor retomar la dirección y aprovechar la relación de fuerzas creadas por las luchas, para reforzar las organizaciones sindicales y su poder de negociación frente a la patronal y el gobierno.

La ocasión fue proporcianada por la apertura de negociaciones para la convenios que movimiento de delegados, fábricas, no había alcanzado un nivel avanzado algunas grandes de desarrollo y conciencia tal presentarse dirección nacional confederaciones seguían siendo el patronal; ésta comprendió bien, asur arte las podía sacar confederaciones y, por ello mismo, la apertura de negociaciones se adelantó

Sin embargo, el movimiento de base era ya lo suficientemente fuerte como para condicionar seriamente la polítilas confederaciones. Para

"cabalgar el tigre" de modo eficaz, era necesario recorrer un trozo del camino con él. Y fue esto lo que hicieron las confederaciones sindicales, haciendo discutir las plataformas reivindicativas por las asambleas de fábrica, retomando las principales reivindicaciones igualitarias aparecidas en las luchas precedentes (aumentos iguales para todos, paridad de salarios entre empleados y obreros, reducción de las diferencias salariales, supresión de zonaș salariales, supresión del trabajo nocturno etc...) organizando numerosas huelgas regionales y nacionales, y una gran manitestación de metalúrgicos en Roma, y en fin pidiendo el de los delegados en una serie de convenios.

Con su práctica flexible la confederaciones contribuyeron a la extensión y centralización de las luchas, pero igualmente se esforzaron por tenerlas de la mano y canalizarlas nacia sus proyectos reformistas y gradualistas. Sin embargo, vista la potencia del espontáneo, el carácter democrático y unitario de los delegados, esta segunda parte de la operación de las centrales sindicales no tue nada fácil: De hecho, se desarrolló un proceso complejo de interacción entre el movimiento de base y las confederaciones, proceso que llevó, por un lado a la sindicalización de los consejos, y

La una profunda transformación de las centrales en el transcurso de la primera fase del movimiento por la unificación sindical. Consejos de delegados y unificación sindical

Si bien numerosos contratos firmados al terminar las grandes luchas de otoño reconocían los consejos de delegados como forma de representación de los trabajadores (era el caso de la FIAT, la Pirelli, la Italsider....), estos órganos y sus funciones seguian muy mal definidas y, sobre todo, las direcciones confederales seguían viéndolas todavía como estructuras en compe tencia con las secciones sindicales.

Las diferenciaciones en el seno de las confederaciones se profundizaron pronto sobre esta cuestión. Frente a las direcciones que se preocupaban esencialmente de retomar el control del movimiento de masas, y de circunscribirlo estrictamente al movimiento de delegados antes de poder absorberlo, algunas federaciones —metalurgia, química- se pusieron a la cabeza de la generalización de los delegados y de la lucha por la unificación sindical. No era, evidentemente una casualidad: estas

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categorías habían sido las combativas en el otoño caliente; habían conocido el más fuerte empuje seno se habia desarrollado el movimiento de delegados (había 5000 en 1969).

En su mayoría, estos delegados no estaban inscritos en ningún sindicato:

FIAT, de 199 delegados, 70 estaban sindicatos, y de ellos 28 a la CGIL. Estos delegados unitarios no tenían en perspectiva la idea de adherirse a alguna confederación (por otra parte, los trabajadores que les habían elegido). La sindicalización de los consejos no podía realizarse más que en el cuadro de un sindicato unitario. Los dirigentes del FIOM (Trentin, Garavini) y de la FIM (Carniti) fueron los primeros en convencerse, seguidos de los dirigentes de federaciones química. primavera del 70, favorecieron por un lado, la unidad de acción permanente a todos los niveles entre sus federaciones, y por otro lado, la generalización de la elección de delegados en sus categorías. igualmente, también, comprometerse a esta lucha en sus confederaciones respectivas.

En efecto, hasta entonces, la cuestión de la unificación sindical quedaba reservada a las 'profesiones de fe' sin compromiso de los dirigentes. Ciertanotaba a finales de los años 60 había confederaciones a unidad de acción más sistemática.

Men 1967, precisaban de comun esta unidad de acción "no debía dar lugar tendiesen a modificar la actual realidad sindical". Las dos principales confederaciones sindicales, la CGIL y la CISL, estaban estrechamente ligadas a partidos políticos, el PCI y la D. Cristiana, que eran, a su vez, totalmente contrarios a la unidad sindical.

Los sucesos de 1969 van evidentemente a modificar profundamente esta situación. La profunda radicalización en curso de la clase obrera repercutió en el seno de las organizaciones. El fue resentido en las organizaciones sindicales de origen cristiano. Desde junio de 1969, el FIMCISL decidió poner fin a su dependencia de la Democracia Cristiana y fue prontamente seguido por otros sectores del CISL. El congreso de esta Confederación, en julio del 69, fue el mas marcado por el movimiento en curso. Incluso la UIL, el sindicato más colaboracionista, fue seriamente afectado. Su federación de metalurgia realizó un brusco giro a la izquierda bajo la dirección del socialista Benbenuto que lanzó la batalla contra la vieja dirección socialdemócrata y ganó una mayoría a favor de la unidad

Fue el congreso de la CGIL, en junio del 69, quien manifestó las mayores reticencias. En los discursos de los dirigentes apareció el temor de que la unidad sindical se convirtiera palanca de una nueva redistribución de las relaciones de fuerza políticas". Los sindicalistas comunistas temian desencadenar la unificación de los trabajadores en un sindicato de clase. Veían también cómo esta unificación iba a minar toda credibilidad en su discurso sobre el carácter "popular" de la Democracia Cristiana, si ésta quedaba sin la posibilidad de alardear de relaciones privilegiadas con un sindicato como la CISL. Sin embargo, desde ésta época, el PCI trabaja con la perspectiva de una alianza con la D.C. que llevará algunos años más tarde al compromiso histórico.

Apareció, sin embargo, una oposición, si bien con motivos diversificados. Para los socialistas "la CGIL debería estar más atenta a lo que pasa en la base", para no correr el riesgo de que se desarrollen nuevas estructuras sin nosotros y a veces contra nosotros". Por contra, Victorio Foa (FIOM y PSIUP —Partido socialista de unidad proletaria- formación nacida de una escisión de izquierda del PSI) y Bruno Trentin (FIOM y PCI) pelearon por un sindicato unitario basado en los consejos. Estas dos preocupaciones, por un lado la recuperación y por otro lado la renovación democrática del sindicato, seguirán siempre presentes en el trascurso del proceso de unificación y determinaran muchas de las contradicciones en el seno del movimiento sindical durante los años siguientes.

Hasta febrero de 1970, la CGIL continuó proponiendo la creación de las secciones sindicales de empresa, negando pura y simplemente el movimiento los consejos. La continuación de la elección de delegados y del movimiento unitario en las empresas le hizo cambiar de opinión. En marzo de 1970, las tres federacio. nes de la matalurgia, el FIOM, el FIM, y convocaron su decidió la unificación orgánica sobre la base de delegados. Las

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federaciones de químicas hicieron lo mismo. Y en diciembre de 1970, la CGIL como tal definió los consejos de

"la estructura base

Pero este sindicato unificado no vió jamás la luz, al intento de restauración conservadora en el país, correspondió una ofensiva en las confederaciones. Los sectores más moderados temían el reforzamiento objetivo y subjetivo de la clase obrera que produciría la creación de una central sindical única. En el seno de la CISL, intentaron poner freno a la perspectiva unitaria. En la pequeña UIL, los antiunitarios pasan igualmente al ataque, apoyados por los yankis. El bloqueo de la unificación: el pacto federativo de 1972

Esta ofensiva interna se desarrolla, oficialmente direcciones confederales continúan conjuntamente proyecto de unificación orgánica que respondiera a las aspiraciones de la base. En el trascurso de varias reuniones comunes (octubre 1970, febrero 1971, junio 1971, noviembre 1971), los tres consejos generales marcha las instancias que permiten un funcionamiento unitario, elaboran la programática sindicato unificado y deciden las cuestiones precisas de la fusión. A la salida de la reunión de noviembre de 1971, un comunicado conjunto anuncia que "habiendo tomado acta de la adopción confederaciones de la carta programática y de las modalidades y detalles de la unificacion orgánica, los consejos generales de la

CISL y UIL fijan el 21 de septiembre de 1972, como fecha para la realización de sus congresos respectivos para la unidad, y reafirman su compromiso común de convocar en el mes siguiente el congreso constitutivo de la organización sindical unitaria de los trabajadores italianos" (5).

La ofensiva entonces. Incluso la Iglesia toma

Men el asunto. En febrero de 1972, el secretario general de la UIL, Vanni, declara que "la unidad sindical es hoy día imposible" y relanza un debate con las otras dos confederaciones que condujo pronto a la suspen-

'sine die' de las decisiones los tres consejos generales en noviembre de 1971. (5).- "L'unita sin- La responsabilidad de la CGIL en el dacale", CISL, 93/94 la unificación es más decisiva, aunque no aparezca a primera vista. En efecto, las fuerzas antiunitarias estaban muy decididas, aunque fueran minoritarias. La pequeña UIL (menos de 900.000 miembros) estaba fuertemente dividida sobre esta cuestión. La CISL (2,2 millones de afiliados) también estaba dividida. La CGIL que, con sus 3,6 millones de'afiliados, era ella sola más fuerte que las otras dos centrales juntas, podía dar una batalla decidida, en las fábricas y no en las reuniones por la cumbre, llevar hasta el final e apoyo unitario, sabiendo que podía contar con el apoyo de las masas. Pero la cuidadosa atención a la alianza con las fuezas católicas, le llevaron a buscar la vía de un compromiso.

Fue el secretario general de la CGIL. Luciano Lama, quien propuso por primera vez, la sustitución de la unificación orgánica por un pacto federativo, que fue firmado el 10 de julio de 1972. Este pacto decidió la constitución de una unitaria CGIL-CISL-UIL en el seno de la cada confederación representada de modo paritario y con derecho de veto. Este federación aparecía como un paso adelante unitario en la cumbre para un movimiento sindical que seguía dividido, quedando cada aparato sindical en su sitio. En el mismo momento, las federaciones de la metalurgia y de la química, llevaban a cabo la unificación y creaban las federaciones unitarias FLM y FULC. Sin embargo, esta unificación orgánica parcial, estuvo fuertemente condicionada del proceso cambio de una cierta autonomía de sus federaciones, los dirigentes de la FLM y la FULC aceptaron el pacto federativo y el mantenimiento de los federaciones origen. Si hasta la mitad de los años quedaron relegadas totalmente, después del giro de los años de unidad nacional, se convirtieron en el instrumento de división del movimiento, como se ha podido ver especialmente

Fuerza y debilidad del sindicato de los consejos

El bloqueo de la unificación sindical creó una situación muy contradictoria.

Si la política de las burocracias consiguío dar un golpe al empuje unitario de la base, no pudo ignorarlo,

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(6).- Ver la encues"Consigli de fabrica e democrazia sindistórico", publicado nes la Breche, 1978.

apoya con abstención gobierno democrata-cristiano de Andreotti; en primavera de 1978, entra en la mayoría parlamentaria y en ella seguirá hasta 1979.

y.los consejos de delegados se convirtieron en las estructuras unitarias de un sindicato que no lo era. Se tuvo movimiento sindical estructurado de las siguiente manera: en las fábricas, 'consejos delegados elegidos por todos los trabajadores en listas abiertas única representación sindical. Fuera de las fábricas, los aparatos separados de las confederaciones subsisten intactos y en la cumbre, las direcciones se agrupan en. unitaria de un modo que no tiene en

Men absoluto la representatividad sindical.

Esta doble estructura determina la fuerza y la debilidad del sindicalismo de los consejos. En las fábricas, fuerza de los consejos unitarios reside en cómo son elegidos y controlados democráticamente por los trabajadores. Son estructuras muy representativas, que para la mayoría de los trabajadores encarnan "el sindicato" y que legitimidad permanente obrera. El enorme aparato sindical (hay que añadir al aparato unitario a los aparatos de las diferentes confederaciones) es totalmente exterior, fuera del control de los trabajadores, y tiende cada vez más a encontrar su legitimidad en sus relaciones con la patronal y las instituciones del Estado.

de ver el tipo de conflictos estas dobles estructuras (en una situación social que conoce una nueva radicalización en 1975-1976) es interesante ilustrar mediante cifras la profunda transforitaliano. En algunos años, el número de afiliados a los sindicatos se dobló pasando de alrededor de 4 millones de afiliados, a más de millones. La

CGIL, que registra la mas tuerte pro gresión, pasó de 2.625.000 miembros en 1969 a 3.435.000 en 1973 y a

4.316.000 en 1977. Los delegados, que eran 5000 en 1969, pasaron a 97.161 en

1972, 150.000 en 1974, 206.376 en 1977

(todas estas cifras no han evolucionado sensiblemente desde entonces).

El movimiento de sindicalización de los delegados fue también masivo. En la industria milanesa, en 1975 el 95% de los delegados estaban sindicados.

Pero, sobre la cuestión de su perteel 13% respondía:

"unitario", rechazando elegir entre las confederaciones. Los delegados son igualmente muy politizados. El 56% de los delegados milaneses afiliados a la

CGIL son miembros de un partido político, de los cuales el 12% de orga nizaciones de extrema izquierda (6).

Esta sindicalización masiva de los trabajadores y de los consejos introdujo una conflictividad permanente entre la base y las cúpulas sindicales. Se según la cual los sectores de izquierda del aparato sindical, sin hacerse jamás portadores de una alternativa conjunto a la política de la Federación Unitaria, se mostraban durante todo un periodo muy receptivos a las presiones de los consejos. Esta realidad llevó a los consejos a limitarse a una táctica de presión-delegación en las direcciones, que sustituyó a un trabajo de organización de una oposición de masas en el sindicato. Hasta los consejos consiguieron imponer sus plataformas reivindicativas para los convenios colectivos en lugar de las inicialmente propuestas por la Federación unitaria. Esto no ha hecho sino reafirmar sus ilusiones sobre su capacidad de imponer sus opciones a las direcciones mediante una simple presión de masas.

Sin embargo, a partir del momento en que los burócratas se comprometieron en la defensa de una política de austeridad y de sacrificios (a partir de la asamblea llamada de Eur en enero de 1978), en correspondencia con la defendida por los gobiernos de unidad nacional (7), esta dialéctica comienza obstruirse. Ciertamente, los consejos seguirán siendo, durante este período, la base del rechazo de la política de austeridad, recuperando con sus luchas y negociaciones a nivel de fábrica lo que las direcciones se comprometían a ceder en la cumbre. Y su rechazo de los sacrificios determinó en gran parte acuerdo de gobierno de unidad nacional en 1979.

Pero, mientras que los diferentes sectores de "izquierda sindical" entraban más o menos dócilmente en vereda, los consejos se encontraban incapaces de presentarse como una dirección alternativa. Dejaban así las manos libres a las direcciones que, a ruptura de la nacional, mantenian su compromiso de hacer aplicar la política de austeridad exigida por la patronal.

La lucha contra los 25.000 despidos en la FIAT, en octubre de 1980, ilustra perfectamente esta profunda ruptura entre los consejos y el aparato burocrático, pero también la incapacidad de los consejos para tomar hasta las últimas consecuencias la dirección del

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(8).— Ver sobre esta lucha y la evolución de los consejos el artículo de Franco Turigliatto "Fuerza y debilidad de la vanguardia obrera italiana" en IVa Internacional, Julio/septiembre 81.

La ofensiva de Agnelli, patrón de la FIAT, había sido facilitada por la política de la burocracia sindical, dispuesta a garantizar una mano. de obra" (eufemismo detrás del cual se esconce la palabra 'despido'). Uno se acuerda del famoso discurso de Lama que declaraba que era preciso autorizar a las empresas a separarse de los trabajadores "exhuberantes"....

Bajo la dirección de los consejos, los trabajadores de la FIAT, respondie-

La las pretensiones de Agnelli mediante una movilización como no se había conocido desde 1969: bloqueo de las fábricas, huelga general de 35 días. Pero el mecanismo de desbordamiento-presión no funcionó esta vez, e incluso la FLM que había avalado por un momento la lucha, cedía sugerencias direcciones confederales. Durante la reunión del gran consejo la FIAT (que reunía a consejos de taller), los delegados se opusieron masivamente dirigentes sindicales debieron marcharse en retirada; pero, al mismo tiempo, estos delegados no consiguieron tomar la dirección de la lucha hasta el final e impedir la firma por las direcciones sindicales del vergonzoso acuerdo que echaba a la calle a 25.000 trabajadores.

La misma debilidad, derivada de la táctica anterior de presión-delegación, negociaciones que acabarían en la firma del acuerdo del 22 de enero de 1983, limitando el mecanismo de la escala móvil. En el otoño de 1982, las confederaciones habían presentado a las asambleas de fábrica la plataforma ellas creían que había que defender en las negociaciones tripartitas sobre trabajo". En ella se declaraban favorable a una "reforma" de la escala móvil.

plataforma masivamente rechazada por los trabajadores desencadenaron huelgas de advertencia. A pesar de esto, las direcciones firmaron el acuerdo. También en este momento, patente potencial de oposición encarnado en los consejos, su capacidad de movilización, pero también su incapacidad en transformarse en dirección alternaLos ataques contra los consejos

Esta debilidad aparecía tanto más paralizante en un momento en que se desarrollaban ataques contra los consejos en varias direcciones. Por parte de la patronal, en primer lugar. Obligada a reconocerlos, no" los habían aceptado nunca con ganas. Desde 1972-1973 en cada renovación de contratos la patronal intentó, en vano, limitar estrictamente el terreno de actuación de los consejos, en particular tratando de limitar la negociación articulada a las empresas. En el pariodo de la unidad nacional, a pesar de la enorme disponibilidad direcciones para aceptar sacrificios, la patronal vio en los consejos, y con razón, el principal obstáculo para la instauración de una política de rentas

Italia. Entonces, táctica. Rompiendo unilateralmente el acuerdo de 1975 sobre la escala móvil, quiso forzar a la federación CGIL-CISL-UIL a comprometerse en la negociación de un acuerdo tripartito sobre el coste del trabajo, negociación que inmediatamente condicionar los contratos de categorías y fábricas.

La Federación unitaria no se quedó detrás. Buscando su legitimidad cada vez más en su relación con la patronal gobierno, los también en los consejos órganos que minaban su credibilidad a los ojos de sus interlocutores, ¿Cuánto podían imponer sus compromisos en seguir la

'sacrificios', práctica, los consejos la rechazaban? Lanzaron entonces una ofensiva a dos niveles: en primer lugar, aceptaron negociaciones tripartitas en la cumbre, fuera de las sindicales (contratos trienales), buscando así levantar un cerco en el cual encerrar a los consecolectivos que caducaban en diciembre del año 1981 no fueron renovados hasta junio del 83, después de la firma en enero de ese año del acuerdo tripartito sobre el coste del trabajo. Además, aceptaron reducir los márgenes de actuación de los consejos, el acuerdo del 22 de enero del 83 que bloqueaba durante 18 meses la negociación articulada al

En segundo lugar, comenzaron a elaborar una reforma de los consejos para reintroducir la elección sobre listas sindicales y subordinarlas más estrictamente a las confederaciones. Nada se dejó de lado para impedir que la presión unitaria de la base, que continuaba reflejándose en diversos sectores del sindicato, diera al traste con la operación. El acuerdo del 22 de

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enero de 1983 fue firmado por las tres confederaciones separadamente; y el contrato de metalurgia no fue firmado por la FML, sino por las tres confederaciones FIOM, FIM, UILM también separadamente. El relanzamiento del sindicato de los consejos

El movimiento de respuesta contra el decreto del 16 de febrero de 1984 sobre la escala móvil, demuestra hasta qué punto los consejos han encontrado en su capacidad de movilización y en sus lazos estrechos con los trabajadores los recursos para sobreponerse a la debilidad política señalada más arriba. La. novedad del movimiento actual, hace de él un acontecimiento político de primera importancia. Por primera vez, en efecto, los consejos no se han contentado con rechazar la política de las direcciones, sino que han tomado la cabeza de un amplio movimiento de lucha, se han coordinado local y nacionalmente para dar una dirección estructurada a esta lucha y han comenzado a elaborar una política sindical de conjunto alternativa a la de la confederaciones.

Varios elementos han contribuído a profunda recomposición en el seno de los consejos de delegados. Un reflexión crítica sobre la ‚practica anterior, reflexión acelerada inmedia. tamente después de la firma del enero del 83. Era, en efecto, la primera vez que la dirección sindical mantenía su opción, cediendo ni siquiera parcialmente a la presión de base. El segundo elemento consiste en la reacción de numerosos cuadros sindicales de base, delegados, en parte militantes del PCI, frente a la política cada vez más instisindicato. militantes, consejos, se preocupan ante todo de sus relaciones con los trabajadores y son más sensibles a su presión. En fin, la acción de delegados ligados a la extrema izquierda ('Democracia Proletaria y LCR) ha contribuído ampliamente a la práctica de la "autoconvocatocoordinación de consejos. El movimiento ha encontrado su legitimidad ante los trabajadores, debido a los lazos que unen a éstos con los delegados, e igualmente a causa de la parálisis casi total de las cúpulas sindicales.

Es particularmente significativo que movimiento de delegados haya relacionado inmediatamente la cuestión de la lucha contra la austeridad con la lucha por la defensa de los consejos y el relanzamiento del proceso unitario. La división y la paralisis de las direcciones frente al decreto de Craxi ha planteado de modo inmediato la cuestión de la supervivencia de las estructuras unitarias del sindicato. Los socialistas han amenazado enseguida, e incluso en algunos sectores han comenzado a retirar sus delegados de los consejos. La CGIL, que ha cabalgado el movimiento, lo ha hecho esperando reforzar sus propio aparato y no apoyándose en su aparato para relanzar la unidad. La CISL y la UIL han chantajeado a la CGIL, amenazándola con romper la unidad formal en la cumbre si no tomaban las riendas del movimiento para ahogarlo.

Así la alternativa de las burocracias ha aparecido sin máscara: estarán juntos en el seno de la federación unitaria, si consiguen domesticar a los consejos y a dividirlos sobre la base de la afiliación sindical; de lo contrario, no se dudará en realizar la escisión formal y el desmantelamiento de los consejos. De una manera o de otra, la existencia de los consejos tal como ha sido hasta ahora, esta puesta en

Los delegados, han rechazado esta falsa alternativa entre unidad formal en la cumbre y escisión sindical. El texto del balance crítico de la experiencia unitaria que reproducimos a continuación, y las propuestas de la orientadas a reforzar la democracia y la unidad sindical reflejan adecuadamente el nivel de reflexión alcanzado por millares de cuadros obreros, formados en quince años de lucha y experiencia política. Exigen el mantenimiento del carácter unitario de los consejos, elección en abiertas por todos los trabajadores, y proponen apoyarse en esta estructura para cuestionar el pacto dé federaciones.

La decisión de la coordinación nacional de los consejos de comenzar paralelamente a la continuación de la lucha contra el decreto, la elaboración de una plataforma sobre el empleo para hacerla aceptar por todo el sindicato, indica que no estamos ante un movimiento de revuelta efímero, sino ante un profundo proceso de recomposición política en el seno del movimiento sindical italiano, . cuya continuidad es la condición para la defensa y consolidación del sindicato unitario de los consejos. O