C.E.E./ ESTADO ESPAÑOL
EN EL ULTIMO VAGON,
DEL ULTIMO TREN
JESUS ALBARRACIN PEDRO MONTES
INTRODUCCION Las posiciones de la CEE y el Estado español (EE) en cuanto a la integración de este último son muy diferentes. Para la CEE, en el contexto de sus graves tensiones internas, de los desequilibrios productivos profundos, del paro abrumador existente y de los perjuicios inmediatos que para algún país entraña, la incorporación española, es una cuestión que, al margen de consideraciones políticas, perturba y crea problemas, no teniendo más significación que la de un tema secundario. Por el contrario, para el gobierno socialista español la incorporación española a la CEE es un punto esencial de su proyecto histórico, al que está dispuesto a supeditarse cualquiera que sea el precio. De estas dos diferentes posiciones surge lo que parece el futuro más probable: la integración española a la CEE se llevará a cabo a través de un largo y tortuoso proceso de discusiones, tensiones y escollos, en el que los ajustes y las contra: partidas más onerosas tendrá que sufrirlas el capitalismo español.
A excepción de la extrema izquierda, tódas las fuerzas políticas y sociales comparten el proyecto de incorporación a la CEE. El aislamiento histórico y el retraso económico del capitalismo español y el recuerdo de cuando la CEE era inaccesible para la dictadura franquista, son motivos que pesan en la inclinación "europeísta" de la sociedad española, y de ahí que ninguna fuerza política y social quiera aparecer como contraria a la integración en la CEE. No obstante, en cuanto la negociación perfila los costes, los sectores afectados, los compromisos, los riesgos, etc., surgen profundos desacuerdos sociales y resistencias a esa incorporación, pudiéndose afirmar que la opinión prevaleciente en todos los ámbitos no gubernamentales favorables al ingreso a la CEE es la de incorporación sí, pero no a cualquier precio. Tal posición tiene sus razones. Por un lado, se conoce la dureza de las condiciones de la
CEE, por otro, el capitalismo español tiene una estructura productiva e industrial muy débil para hacer frente a la competencia europea. Por último, hay que considerar que el marco actual de las relaciones de la CEE y el EE ha resultado bastante favorable para este último.
En efecto, el acuerdo comercial firmado en 1970 ha permitido una fuerte expansión de las exportaciones españolas a la CEE —particularmente de las industriales-, hasta el punto que en 1983 el saldo comercial entre la CEE y el EE ha resultado favorable al EE por primera vez en la historia (véanse cuadros). Aquel acuerdo representó un desarme arancelario muy apreciable de la CEE (un 55% como media), en tanto que el EE mantuvo una fuerte protección en términos arancelarios y de restricciones cuantitativas (la reducción arancelaria española fué del 26% como media pero sobre un nivel mucho más alto). En la actualidad, la CEE absorbe casi el 50% de las exportaciones españolas, alcanzando porcentajes del 63% en el caso de las exportaciones de bienes de consumo, del 61% de las de energía y del 54% de las de productos agrarios. Las importaciones procedentes de la CEE representan un tercio de las exportaciones españolas, alcanzando hasta dos tercios en el caso de los bienes de inversión. El intercambio de bienes industriales sigue siendo favorable a la CEE, pero la imagen de una exportación hacia la CEE fundamentalmente agrícola ya no la sostienen los hechos, sin perjuicio de que el intercambio valorado con criterios tecnológicos y de sofisticación industrial está dominado por la CEE. Los productos agrícolas solamente representan un quinto de las exportaciones españolas a la CEE (frutas, hortalizas, vino y conservas vegetales como principales productos), en tanto que las materias primas y los productos industriales alcanzan el 70% (automóviles, calzado, repuestos de vehículos, neumáticos, química orgánica, como principales productos).
1977
1978
1979
1980
1981
1982
1983
CUADROS
29,1
Total
3,8
Productos agrarios.
11,6
Energía.
rodias medios.
Bienes de consumo.
Bienes de inversión
5,1
18,4
% s/ PIB
(°) miles de millones de dólaros.
La situación de
Total Importaciones Exportaciones 17,8 10,2 18,7 13,1 25,4 18,2 34,2 20,8 32,2 20,5 31,5 2000 29,1 Importaciones (*) Total CEE
Importe Porcentaj Importe Porcentaj
100 9,4 100 13 0,8 10 00 40 0,9 23 3,6 38 6 0,9 9 18 3.3 35 5,90 las negociaciones
En los últimos meses, como consecuencia primordialmente de un cambio en la actitud de Francia, la incorporación ha cobrado una nueva perspectiva, tras muchos años de negociaciones semiparalizadas, dilaciones y obstáculos de todo tipo. Ese cambio tiene hasta el momento un alcance político, en el sentido de que Francia no se opone al proceso, pero el mismo sólo se producirá tras culminar un acuerdo en el que las condiciones y exigencias comunitarias constituyen una barrera de muy difícil superación. Se pretende concluir el acuerdo el 30 de septiembre próximo, a fin de que la integración tenga lugar a partir del 1 de enero de 1986, pero estas fechas no responden ni a la envergadura y discrepancias de los temas a negociar, ni a los hábitos y tensiones de la CEE. La integración puede llegar, pero indiscutiblemente no con la celeridad que sugieren dichas fechas. En todo caso, el cambio de la actitud comunitaria y, como se ha indicado, de Francia, es patente, suscitando el hecho interrogantes sobre las razones que lo han motivado. Sin entrar en especulaciones más
COMERCIO EXTERIOR DEL ESTADO ESPAÑOL miles de millones de dólares
Saldo
Importaciones Exportaciones
6,5
9,2
10,5
9,3
- 10,9
9,9
9,4
-9,3
COMERCIO EXTERIOR DEL ESTADO ESPAÑOL
1983
Total
%CEE/
Total
100
32
19,9
3,3
20
1,8
8
53
50
3,5
64
12,5
La agricultura y la pesca ante la integración tanto que el número europea.
CEE 6,0 8,9 10,3 8,8 9,4 9,6 Exportaciones (*) CEE %CEE/ Importe Porcentaj Importe Porcentaj Total
9.6 100 48 1,8 19 54 1,1 11 61 2,9 30 38 63 42 6,0 profundas y complejas, hay que admitir que la mejor predisposición de la CEE tiene que ver con las presiones del gobierno socialista a fín de que se le facilite "vendor" la pormanencia en la OTAN, ligándola a una integración completa a "Occidente".
Aún cuando todos los aspectos de la negociación son polémicos y conflictivos, el tema de la agricultura aparece no en vano como de los más enconados, pues los excedentes agrícolas abruman a la CEE y al presupuesto comunitario y la agricultura espafola es altamente competitiva y potente, de lo que resulta que las tensiones que suscita tienen una concreción harto precisa en los agricultores franceses. La agricultura española aporta a la CEE un 30% de la superficie cultivable, un 25% de mano de obra agricola, un 32% del número de explotaciones, en de consumidores aumentaría sólo en un 14%, con un nivel de renta sensiblemente más bajo que la media
La propuesta de la CEE, en líneas genera-
les, consiste en dividir la producción en dos grandes grupos. Por un lado, para las frutas y verduras, productos de gran importancia en las exportaciones españolas a la CEE y de alta competitividad, se quiere establecer una integración en dos etapas. En la primera (cuatro años), estos productos quedarian a todos los efectos al margen de la integración, recibiendo el trato de país tercero. En la segunda (seis años), se produciría una integración paulatina, aunque se mantendrían cautelas en cuanto a precios y producción. Por otro lado, para el resto de los productos (salvo algunas excepciones) se ordenaría un esquema de transición (de siete años) de tipo "clásico"'. Es decir, rebajas arancelarias para igualar los derechos de las dos partes, una vez conseguida una alineación de precios, aunque existiría siempre una vigilancia permanente de los intercambios. Las ayudas a determinados cultivos que son frecuentes en la agricultura española y en la comunitaria, serían ajustadas para conseguir la desaparición de cualquier tipo de asimetría capaz de provocar distorsiones en ei mercado. Por otra parte, en bienes específicos, como el vino y los aceites vegetales, para los que la integración española supone situar los excedentes comunitarios en cifras desorbitadas, serán necesarios acuerdos concretos que estarán dominados por el requisito de reducir drásticamente la capacidad productiva española. Esta propuesta ha sido valorada muy negativamente por el gobierno, el resto de los partidos políticos y los sectores afectados. La propuesta española es rechazar el modelo de fases o etapas para las frutas y verduras, apoyando la conclusión de un acuerdo que ponga en marcha, desde el principio, la integración paulatina, con las precauciones y cautelas que se discutan, y no hacer descansar el ajuste de la oferta de vino exclusivamente en la producción española.
La pesca es un sector donde los problemas serán también muy agudos. La flota española representa casi el 70% de la flota conjunta de la Comunidad y cualquier acuerdo pasará indefectiblemente por paralizar ó destruir una parte sustancial de aquella, pues la CEE pretende prolongar hasta 1992 el sistema de licencias actual, sin que posteriormente se tenga previsto aumentar los volúmenes de capturas ahora prevalecientes. Por otro lado, la CEE exige la liquidación de todos los acuerdos mixtos del EE con otros países, que alcanzan a representar casi un La industria española y la integración en la CEE
La industria española, acostumbrada a un alto grado de protección y siendo menos competitiva que la de la CEE, ha de sufrir las consecuencias de la unión aduanera que constituye el Mercado Común. A este respecto, el estado de las negociaciones es el siguiente: • a) Desarme arancelario. Existe acuerdo sobre la supresión de los derechos de aduana entre el EE y la CEE, que se realizaría durante un período transitorio; sin ambargo, no existe acuerdo sobre la duración de éste y el ritmo al que se realizaría el desarme.
b) Tarifa Exterior Común (TEC). El EE aplica desde el 1 de enero de 1981 la nomenclatura del arancel aduanero común de la CEE, y existe acuerdo sobre la adopción de la TEC a los ritmos del desarme arancelario del arancel español vigente, para aquellas mercancías cuyos derechos excedan en un 15% a los de la CEE, Y, en el momento de la adhesión, para aquellas otras cuyos derechos no excedan de dicho porcentaje.
c) Restricciones cuantitativas al comercio. Hay acuerdo sobre la eliminación de las restricciones cuantitativas a las importaciones procedentes de la CEE, así como sobre el establecimiento de un período transitorio sobre las correspondientes a 10 productos (algunos tipos de TV en color y tractores y siete productos textiles).
Además de por todos estos mecanismos comerciales, la industria española se puede ver afectada también por la eliminación de las subvenciones, la adopción del "Impuesto sobre el Valor Añadido" y la implantación de la libertad de establecimiento en territorio español por parte de las industrias de la CEE.
La integración en la CEE puede representar para la industria española algunos aspectos positivos. A este respecto, habría que señalar el mayor comercio con la EFTA y los países mediterráneos, que se derivaría de los acuerdos que estos tienen actualmente con la CEE y que en general suponen que las mercancías españolas tropezarán con menores barreras arancelarias que las actuales. La reducción de los costes de las materias primas, consecuencia de una TEC menor que los aranceles españoles actuales, la apertura de mercados europeos para las multinacionales instaladas en el territorio español (como GM, Ford, etc.,) con vistas a la integración y para los sectores punta etc., son otras posibles ventajas. Pero, en general, la integración presenta serios inconvenientes para una industria como la española, que es muy poco competitiva.
Desde el punto de vista del comercio exterior español, la integración tendrá algunas repercusiones importantes. Aumentarán las importaciones provenientes de los países de la CEE (el acuerdo vigente de 1970 es mejor para la industria española que la integración) y de terceros países, dados la más baja TEC, la liberalización del comercio que se producirá y los acuerdos comerciales que actual• mente tiene la CEE, por los que se verá afec-
tada la industria española. Desde el punto de vista de las exportaciones, las dirigidas a algunas zonas, como América Latina, pueden verse afectadas negativamente, dado que estos países tienen aranceles más altos para el Mercado Común que los que actualmente están vigentes para el EE y que los acuerdos comerciales existentes no después de la integración. Todo ello hará que se deteriore el comercio exterior español, que empeore la balanza de pagos y que aparezcan más presiones para la devaluación de la peseta.
Por lo tanto, la industria española encontrará más dificultades para competir en el exterior y éstas serán mayores que las ventajas que reportará la unión aduanera con la CEE, dada la menor competitividad de la industria española, su más reducida productividad, etc. Además, también se agudizará la competencia en el mercado interior español, europeos entraran sin aranceles, la industria española no contará con el ingente volúmen de subvenciones de que dispone actualmente, etc. Por último, la eliminación de las barreras comerciales facilitará una integración de los procesos productivos españoles y europeos, en el sentido de que se realizará cada fase de la producción en el país que cuente con menores costes, lo que para algunas ramas de la industria española puede ser particularmente
Los sectores en reconversión plantean unos problemas adicionales de cara a la integración. En la siderurgia, el EE se ha especializado en los productos de acero para la exportación. En efecto, mientras que la demanda interna es decreciente, las exportaciones han crecido desde un millón de toneladas en 1974 (el 9% de la producción interna de acero), hasta seis millones en 1980 (el «45% de la producción). Dadas las cuotas de importación fijadas actualmente por la CEE, más del 80% de estas exportaciones se dirigen ahora a mercados no comunitarios y con la adhesión esto podría cambiar radicalmente. Se comprende, por lo tanto, el interés de la CEE en la reestructuración de la siderurgia española, en el sentido de reducir su capacidad instalada actualmente.
Los problemas con el textil son menores, pero tampoco serán apreciables las ventajas que obtenga la industria española. Tanto Portugal como el EE son exportadores importantes de productos textiles, pero para la CEE es más peligroso Portugal, dados los esportaciones masivas a la CEE.
Respecto a la construcción naval, mientras que la de la CEE requiere un rejuvenecimiento radical, la española es relativamente moderna y sólo precisa de reducciones de capacidad para hacer frente a la menor demanda. Con la adhesión, la CEE se verá obligada a adquirir un aumento de la capacidad del orden del 25% de la que tiene instalada actualmente. Para la industria española también tiene repercusiones negativas, pues el 90% de los suministradores auxiliares son pequeñas industrias españolas, al contrario que la construcción naval de Grecia ó Portugal, que necesitan importar estos productos. Con la integración, el EE tendrá que desarmar su actualmente elevada protección, con el riesgo consiguiente de desaparición de esta industria auxiliar.
No es extraño que ante este panorama la posición de la CEOE sea, con palabras de su presidente Ferrer Salat, ''sí a la CEE, pero no a cualquier precio". Un documento elaborado en 1981, que sigue teniendo vigencia, resume sus posiciones respecto a la integración. Sobre el desarme arancelario, la patronal española reclama que se efectúe un período de transición "nunca por debajo de los 10 años", ', que se efectúe de forma lineal, para evitar dificultades en la negociación, y que se establezca una "cláusula de salvaguardia" para aquellos productos cuyas importaciones procedentes de la CEE se incrementen a ritmos excesivos. Para los contingentes, reclaman un procedimiento de desarme similar al arancelario, esto es, después de un período de transición.
Respecto al resto de los temas, las posiciones de la CEOE en aquellos aspectos más importantes son las siguientes: libertad de circulación de trabajadores y capitales hacia el Estado español desde el principio de la adhesión, plazo razonable para la libertad de su establecimiento, liberalización del mercado de trabajo español, aplazamiento de la adopción del IVA e implantación del mismo acompañada de la reducción de las cuotas de los empresarios a la seguridad social, etc. Como se vé, un conjunto de reclamaciones de cara a una mayor protección de la industria española durante un período transitorio, pero también un intento de aprovechar la integración para conseguir ciertas reivindicaciones patronales que son históricas, como la flexibilización del mercado de trabajo ó la reducción de las cuotas a la seguridad soLa integración es un desastre para los trabajadores
Como se desprende de todo lo anterior, el capitalismo español sufrirá en el caso de incorporarse a la CEE una profunda conmoción en sus estructuras productivas. En la agricultura, tendrán que reducirse producciones y eliminar excedentes, al tiempo que tendrá que realizarse un proceso de concentración y capitalización completamente opuesto a la reforma agraria que reclaman los trabajadores del campo, que suponen to-
davía una proporción muy alta de la población activa. En el caso de la industria, sectores fundamentales habrán de reducir intensamente su capacidad productiva y, en general, tendrá que iniciarse un proceso de ajuste y de incorporación de nuevas tecnologías para hacer frente a la competitividad
Con independencia del rigor y de la velocidad con que se produzcan estos hechos como consecuencia de los imperativos de la CEE, los mismos coinciden con el programa económico del gobierno socialista, de "modernización y saneamiento del sistema económico" , el cual, desde que accedió al poder, y dando la espalda a sus tibias promesas electorales, está imponiendo una política extremadamente austera y está llevando a cabo una reconversión industrial cuyo objetivo fundamental es reducir capacidades y elevar la productividad y rentabilidad de los sectores afectados. Cabe pués afirmar que la política económica del gobierno socialista ha estado desde el primer momento orientada en el sentido de los requerimientos de la entrada en la CEE y que las perspectivas favorables que parecen existir ahora para dicha entrada no hacen sino reforzar la brutalidad de la política económica socialista bajo el pretexto y el amparo de las exigencias de la CEE.
Para los trabajadores españoles el reforzamiento de esa política por el ingreso en la CEE tendrá unas consecuencias desastrosas en términos de salarios, prestaciones sociales, empleo y seguridad en el puesto de trabajo. No obstante, la gravedad de esos retrocesos sólo pueden valorarse desde las insólitas condiciones que ya está sufriendo el proletariado español. El nivel medio salarial se sitúa en poco más del 50% del nivel medio
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de la CEE. Las prestaciones de la Seguridad Social son manifiestamente insuficientes como ponen de manifiesto estas cifras: la pensión media sólo alcanza el 70% del salario mínimo lega, que a su vez es ridículamente bajo (unos 230 dólares por més); la prestación media por seguro de paro sólo es el 60% de ese salario mínimo y, dato aún más terrible, sólo el 26% de los parados está protegido por el seguro. En cuanto al paro, las cifras oficiales son ya de 2.500.000, lo que representa nada menos que el 19% de la población activa (frente al 11,2% en los países europeos de la OCDE). Si los trabajadores tienen que soportar más austeridad para compensar el embate de la competencia de la CEE y si el empleo sufre las consecuencias del desmantelamiento de sectores productivos y del reforzamiento de la productividad, cabe predecir un futuro siniestro para ellos. Un futuro siniestro, a menos que se logre modificar los proyectos del gobierno socialista. Este, hasta el momento, ha mostrado una dureza y una insensibilidad insospechada ante las consecuencias sociales de su política. Y la degradación de las condiciones de vida y laborales de los trabajadores españoles han llegado a un punto donde la explosividad social no puede descartarse. Evidentemente, no cabe hacer especulaciones mecánicas sobre que esa explosividad ocurra y que tenga una salida favorable par los trabajadores, pero al menos las condiciones objetivas sí se están creando.
Los partidos obreros mayoritarios, y la mayoría dentro de CCOO, están por la integración del EE en la CEE. Esto, sin duda, es un fuerte obstáculo para un objetivo fundamental de los trabajadores españoles: impedir la integración en la CEE.O boletin de suscripción
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