Marxismo contra
"totalitarismo"
DANIEL BENSAID Una tesis ha ido saltando de los coloquios a los haciendo su camino hasta adquirir la "fuerza tranquila" de un tópico: el pecado original, y la metamorfosis implacable del paraíso socialista en infierno totalitario, tiene su punto de partida en el propio Marx, no en Stalin o Lenin.
Sobre Marx deberia recaer la aplastante responsabilidad de haber reducido la Ley a un simple artificio de dominación, de haber negado la instancia jurídica y disuelto el terreno específico del derecho en el del poder, de haber liquidado toda teoría política del Estado en beneficio de un vulgar determinismo económico.
Y ese gran vacío teórico e institucional se habría convertido en la tierra prometida del Partido único y polimorfo, la cuna del Estado totalitario que, en sus propios principios, niega y ex tuye toda posibilidad de oposición interna a la sociedad.
En fin, en la misma raíz del pecado habría una doble ilusión metafísica en la misión emancipadora del proletariado y en la idea de Revolución.
El problema es muy importante por varias razones. En primer lugar, porque el estado de sitio de cretado contra el marxismo supera ampliamente el terreno del torneo ideológico y forma parte de una ofensiva general contra pueblos oprimidos. Además, porque una acusación falsa puede encubrir un problema verdadero o disuadirnos de responder a él, con el conocido pretexto de no "hacerle el juego" al enemigo. El estado, las libertades, el derecho
La acusación contra Marx es una trama de ignorancias e inconsistencias, convenientemente anudadas. (1) Es falso que Marx haya liquidado todo status específico de lo político.
Antes de bramar habría que tomarse la molestia de releer, o de leer, una cierta cantidad de páginas desde la "Crítica de la filosofía del Estado de Hegel"' hasta la "Crítica del programa de Gotha", pasando por el "18 Brumario" guerra de secesión. Sería difícil demostrar que estos textos no Estado o que la reducen a un simple reflejo de las relaciones económicas.
En el fondo, el verdadero reproche que sus detractores dirigen contra Marx es más preciso: le acusan de haber abandonado el terreno de la filosofía política clásica. Esta filosofía buscaba de un sistema político que salvara la unidad de una sociedad tendencialmente atomizada por la generalización de las relaciones mercantiles y de la ley de la competencia. Y esta filosofía buscaba también, criterios de legitimidad que pudieran hacer aceptar un poder particular como encarnación del interés general.
Y efectivamente, las cuestiones que se plantea Marx son totalmente diferentes: en vez del debate sobre los equilibrios institucionales, va a ocuparse de los fundamentales del Estado, sus de terminaciones históricas y sociales; o dicho de otra manera sus raíces de clase. A partir de ello, su trabajo le lleva a unos caminos que, aunque excluyen toda especulación institucional sobre la sociedad futura, son en todo caso profundamente
— Las condiciones de acceso del proletariado a la lucha política, es decir, las formas organizativas, sindicales y militantes del movimiento obreestratégicas de la emancipación política del proletariado, es decir (a partir de la experiencia de la Comuna), la destrucción de la vieja maquinaria del Estado burgués, que no significa la abolición pura y simple del Estado como tal, pero abre la posibilidad de su "extinción"
— En fin, las condiciones económicas y sociales de esta extinción, que indica solamente una tendencia histórica, cuyas formas sería inútil y pretencioso querer determinar:
Estos son una serie de problemas estrictamente políticos, pero para los nostálgicos de la filosofía clásica son únicamente maniobras de distracción respecto a su inagotable disertación sobre el reparto y el equilibrio de poderes. (2) Es falso que Marx haya tratado con desprecio, o hasta con ligereza, las libertades democráticas elementales.
La obra de Marx consiste también en su combate incesante contra los privilegios, las desigualdades, el despotismo, y en favor de las libertades civiles, por los derechos de organización y expresión, por la liberación de las mujeres y la autodeterminación de los pueblos oprimidos.
Los que quieren hacer de Marx el fundador del "totalitarismo" ven con satisfacción la "cues-tión judía" como el "manifiesto" y el "breviario" del aprendiz de dictador. Sin embargo es en este mismo texto donde Marx señala el carácter de democráticas burguesas, analizando a la vez su califica la "emancipación política" burguesa como un "gran progreso" "la última forma de emancipación humana en las condiciones actuales". Lo que Marx cuestiona es precisamente "la imperfección de la emancipación política", pero no con el objetivo de quitarle importancia, sino para abrir la perspectiva de su superación en un sentido que conservación y la transformación cualitativa de esas libertades.
Estos límites teóricos de la democracia política burguesa no van a tardar en encontrar su verificación práctica en las revoluciones de 1848, sobre todo en las "jornadas de junio" que trazan
una frontera sangrienta entre el proletariado y la
"Marx proyecta una luz mucho más cálida, también sobre los derechos del hombre Ha demostrado con una claridad inigualable que tienen un contenido de clase burgués, pero tienen también un contenido futuro, falto aún de raíces. Marx ha descubierto que la propiedad privada es derechos del hombre se encuentran truncados, suspendidos. ¿Acaso está Marx rechazando la libertad, la resistencia del pueblo a la opresión, etc, cuando caracteriza a la propiedad privada como un límite burgués en el interior de los derechos del hombre? De ninguna manera... La libertad no es criticada por Marx: por el contrario es el derecho del hombre que, gracias a su ímpetu y sus humanidad, le permite criticar a la propiedad priva(3) Es falso que Marx haya reabsorbido el terreno propio del derecho en la arbitrariedad sin límites del poder.
El derecho, como e! Estado, en tanto esfera específica institucionalizada, no es abolida por la revolución proletaria: solamente tiende a extinguirse. Desde el "Manifiesto Comunista", Marx sitúa el provenir del derecho, como el de la moral y la religión, en una perspectiva histórica: "esas formas de conciencia sólo desaparecerán completamente con la completa desaparición de los antagonismos de clase" , es decir en el horizonte de la
En la "Crítica del Programa de Gotha", Marx vuelve sobre el problema con una profundidad que ignoran completamente sus detractores. El derecho igual es desigual porque es incapaz de definir una igualdad efectiva entre individuos considerados en el conjunto de sus determinaciones sociales. con el mismo rasero, este derecho está obligado a reducirlos a una abstracción jurídica, del mismo modo que el asalariado reduce el trabajo concreto a trabajo abstracto y la fuerza de trabajo viva a
Esta igualdad jurídica formal es en todo caso un progreso considerable. Sólo podría ser superada en una sociedad de la abundancia, en la cual las diferencias entre los individuos contribuyan directamente a la plenitud de la creatividad colectiva, en vez de ser transformadas por el mecanismo de la competencia en desigualdades y humillaciones. Por eso, dice Marx, burgués" sólo podrá ser superado "en la fase superior de la sociedad comunista". pues, muy lejos de la simple negación del derecho. Diversidad de la clase, pluralismo, representación
Fué Fichte, no Marx, quien proponía la disolución del Estado en el "reino de la razón" y la del
Es la burocracia stalinista, no Marx, la que ha decretado la realización de la unidad sin fisuras del proletariado y la identidad de la sociedad y el Estado; la que aplasta las contradicciones de la conciencia colectiva en movimiento, bajo el imperativo de la Razón de Estado; la que funde dentro del derecho público todas las ramas del derecho. Marx veía la extinción del Estado, del derecho de (1). Ernest Bloch. la familia como un largo proceso, que marca el paso desde la era de la necesidad (del trabajo for"Derecho natural zado), a la era de la libertad, desde la prehistoria a y dignidad huma na".
Mientras la transparencia de las relaciones sociales no ha sido efectivamente realizada, sino decretada de un modo autoritario, no hay lugar para la contradicción, para la divergencia, para la opiniones; toda diferencia se transforma en delito o en desviación.
Sin embargo Marx había percibido claramente la dialéctica histórica de la conciencia de clase en el movimiento de emancipación del proletariado: ningún partido, en el sentido "efímero" del término, puede pretender encarnar la totalidad "partido en el sentido histórico", es decir la suma de las experiencias de la clase, en toda su diversidad. Más aún si tenemos en cuenta que el mantenimiento de las grandes divisiones entre campo y ciudad, trabajo manual e intelectual, hombres y ciaciones sociales objetivas, en el seno mismo de
La posición de Lenin en el debate sobre la cuestión sindical en 1921 en la URSS, demuestra que él también era consciente de la necesidad de mecanismos institucionales que garanticen la formulación y la expresión de necesidades diferentes dentro de la clase, y de la incapacidad del Estado para representar y unificar estas necesidades a veces contradictorias.
En fin, Trostky ha podido contribuir en algunos textos de comienzos de los años 20, sobre todo "Terrorismo y comunismo", e incluso Nuevo", a la confusión entre la excepción y la regla, a la justificación de la arbitrariedad del poder, en nombre del postulado de la adecuación entre la calse histórica y el poder que la representa plenamente. Pero también le corresponde el mérito de haber clarificado teóricamente y sistematizado, por medio del análisis de la degeneración burocrática, lo que en Marx y Lenin eran solamente instituciones fragmentarias.
En "'La revolución traicionada" , Trostky defiende el principio del pluripartidismo en una sociedad de transición al socialismo, en función de "la diversidad del proletariado": "porque la conciencia de una clase no responde exactamente a su lugar en la sociedad", 'porque una clase está desgarrada por antagonismos internos" puede "formar
Esta sola constatación tiene importantes consederecho a la pluralidad de partidos implica necesariamente la distinción entre esos partidos y el aparato de Estado, así como una definición institucional de sus condiciones de funcionamiento, de expresión, de participación en el ejercicio del poder; dicho de otra manera, implica un derecho público distinto del poder, una verdadera legalidad de transición.
Hay que señalar sobre esta cuestión, que la forma en que se plantea frecuentemente la alter-
Centre democracia directa y democracia representativa oscurece el problema. Es cierto que Lenin y la Internacional Comunista han rechazado todo intento de conciliación entre las formas de democracia soviéticas (comités, consejos) y las formas parlamentarias de la democracia representativa. A la luz de la revolución rusa, el núcleo de este debate contra Kautsky o los austromarxistas tuvo un carácter estratégico: se trataba de saber cuál de los dos poderes en presencia en una crisis revolucionaria saldría victorioso, cuando los reformistas se esforzaban por salvar el Estado burgués eliminarlas, pero con la condición de subordinarlas a la soberanía de las instituciones parla-
Pero a partir de esto, los detractores de la democracia socialista y apologistas de la democracia
parlamentaria, pretenden tomar al pie de la letra la noción de democracia toda forma de representación, sólo podría engendrar una suma contradictoria de intereses corporativos, extrayéndoles el mínimo común denominador. Por ello, la democracia directa sería incapaz de producir una visión de conjunto y una voluntad general coherentes y, por esta tencia, terminaría abriendo camino necesariamente al Partido único y totalitario que se impondría a la atomización de organismos encerrados en el horizonte limitado de su empresa, de su barrio o
Sin embargo, la democracia directa no es necesariamente una pirámide que funciona unilateralmente de la base a la cumbre, en detrimento de toda síntesis. Lenin era partidario de la revocabilidad de los elegiods, pero no deducía de ello el mandato imperativo. El mandato imperativo paralizaría la discusión y la modificación recíproca de los puntos de vista por medio de su inserción en colectiva más amplia. Además un sistema de democracia directa no es necesariamente un sistema inarticulado, sin mediaciones, que actúa por adición de necesidades parceladas; puede ser un mecanismo para la opción entre grandes alternativas políticas, ciales, a condición de que existan las mediaciones que permitan elaborar esas alternativas. precisamente la función del pluralismo, ya tome la forma de una pluralidad de partidos, o de la existencia de corrientes o tendencias dentro de un mismo partido (aunque el derecho de tendencia no sería nada sin el derecho a la separación), o de la existencia de un sindicalismo democrático independiente del Estado.
Pero por definición, la organización en partido político introduce inevitablemente un cierto grado de "representación" , del todo por la parte que se constituye en su intérprete. Y es que la antinomia entre democracia directa y democracia representativa se plantea con frecuencia de un modo abstracto, desde un punto de vista exclusivamente institucional, sin poner en relación el sistema de mediaciones políticas con la organización de las relaciones Lenin tenía razón cuando rechazaba radicalmente todo intento de "democracia el el marco relaciones de producción capitalistas basadas en la propiedad privada de los medios de produc-ción y en la ley del mercado, conduce a salvaguardar y legitimar la dictadura de la clase dominante bajo
Pero una vez destruída la "vieja maquinaria" del socializados, entonces los medios de producción y regida la planificación, entonces los mecanismos de representación se insertan en un contexto nuevo: por ejemplo, la democracia mixta que reivindican Agnes Heller y Ferenc Feher tiene un sentido totalmente diferente sobre la base de una economía planificada. Igualmente es falso considerar como un intento de resucitar el viejo parlamentarismo a los debates de Solidarnosc de 1981 sobre la instauración del bicameralismo por
Cámara económica compuesta por delegados de los consejos de fábrica.
Estas reivindicaciones democráticas institucionales, como todas las reivindicaciones democráticas (libertad de prensa y de organización) toman (2). Leon Trosky. muy rápidamente un contenido social concreto en "Stalin". un Estado burocrático postcapitalista: en vez de (3). Pashunakis. cuyos hombros la propiedad privada "La teoría general del dictando su ley, estas reivindicaciones abren la vía a la libre asociación de los trabajadores y a la derecho y el marxismo".
socialización efectiva de la producción.
Trotsky fue el primero en comprender en profundidad la suerte que esperaba a una sociedad devorada por el Estado, porque fue quien más avanzó en el análisis y la crítica de la degeneración burocrática: "¡El Estado soy yo!" es casi una fórmula liberal en comparación con las realidades del régimen totalitario de Stalin. Luis XIV no se identificaba más que con el Estado. Los Papas de Roma se identifican a la vez con el Estado y con la Iglesia... El Estado totalitario va más allá del "césaro-papismo", porque abraza a toda la economía del país. A diferencia del Rey Sol, Stalin puede decir con razón: ¡La sociedad
Era necesario ir tan lejos para poder trazar una frontera definitiva entre revolución y contrarrevolución, entre marxismo revolucionario y totalitarismo burocrático. Legalidad de la transición, derecho, moral.
El status del derecho, de la moral, del reconocimiento, y su autonomía relativa respecto al poder, se inscriben lógicamente en esta legalidad de transición.
La economía planificada inicia una socialización progresiva de la producción, pero no suprime de un golpe las relaciones mercantiles que sobreviven sometidas a la coerción y el control del plan: el acceso al consumo ni está ni puede estar planificado, sino que pasa por la mediación de una renta que conserva la forma de salario. Por tanto, el individuo continúa llevando parcialmente una doble vida, como productor y como consumidor, cuya reconciliación supone aún y siempre mediaciones políticas. Esto es lo que había intuido Pasunakis cuando decía: "En el actual periodo de transición, el proletariado propio interés de clase esas formas heredadas de la sociedad burguesa y de este modo agotarias hasta el final... El proletariado debe adoptar una actitud sensata y crítica no solamente hacia el Estado y la moral burguesa, sino también hacia su propio Estado proletario" (3).
Comprendiendo el enraizamiento del derecho en las relaciones mercantiles, que el derecho no puede ser suprimido, sino que debe extinguirse. Pero limita esta comprensión a suele llamarse "derecho privado", sin sacar todas las consecuencias de su afirmación sobre el derecho público y las instituciones. paradojicamente, su silencio en este terreno permite a la burocracia stalinista condenarle como un "izquierdista" , en el mismo momento en que esta burocracia da la espalda a Marx proclamando la necesidad del reforzamiento del Estado y cuando su "hombre de mano" Vichynski intenta teorizar
"derecho socialista" como normas deducidas de la voluntad de la clase domisociológico evacua de pasada la cuestión decisiva: ¿quién interpreta esta voluntad y quién garantiza la autenticidad de esta interpretación.
Así, con Vichynski el derecho soviético no es ya un derecho burgués depurado y pasa a ser un derecho de nuevo tipo, cuya definición tautológica postula la transparencia de las relaciones sociales:
el derecho es ahora "la totalidad de las reglas de conducta humana establecidas por el Estado, como poder de la clase dominante". Basando en última instancia la legitimidad de este derecho en una metafísica del instinto de clase, interpretada directamente por el partido único o por su jefe, se erige en regla la arbitrariedad y la opresión.
Es interesante en este punto considerar el
dilema histórico con la instruído por la doble experiencia del nazismo y el stalinismo: cada palabra de Ernest Bloch cobra así todo su peso de tragedia y de lucidez: "No hay forma alguna de Estado que -en tanto exista una en general- no deba mantener en un lugar de honor en la democracia, a ese homenaje del vicio a la virtud que representa el Estado burgués de derecho; evidentemente, lo mismo puede decirse cuando se trata de una auténtica virtud, que sólo extinguir. Si desaparece el formalismo jurídico, tan disimulador como vacío, no se deduce de ello que con el contenido que ya no necesita máscara, deba desaparecer también la forma jurídica democrática, que ahora ya no comporta ni vacío, ni imperfección. El Estado burgués de derecho, que reproducía los derechos del hombre burgués no pueden desaparecer en la construcción socialista, especialmente porque estos derechos sólo pueden realizarse en la medida en que son no burgueses. No es posible entrar en el socialismo con el Estado burgués de derecho, por encima de pobres y ricos, en cuanto éste es un instrumento formal, ideológico y, a fin de cuentas, falaz. Pero si estamos en el socialismo, uno de sus signos recogido, limpiado, izado la bandera de los deque el Estado burgués de y el Estado ilegalidad fascista, cómo despotismo, había ani-
Bloch afirma y mantiene los derechos del hombre como "depositario utópico concreto de una promesa que puede realizar la revolución real'. En este sentido, van "mucho más allá del horizonte
Este humanismo crítico vuelve hacia Marx, no nos aleja de él. Sin embargo, para salvar la necesidad de un derecho de transición contra los abusos burocráticos, Bloch no encuentra otra solución que recuperar la vieja trinchera del derecho natural frente al derecho positivo. rente de este derecho natural escapa a la historia: reside en un postulado ético absoluto, del de la dignidad humana.
Retomando la expresión de Brecht de que "el ser humano, y no solamente su clase, rechaza que auxilio del "ser humano", en su generalidad abstracta, y recae en la vieja antinomia del individuo y
Sin embargo, su conclusión, "no hay demo-' sin socialismo, ni socialismo sin demo , no necesitaba para nada de esta diversión filosófica, en las fronteras de la historia. El fundamento de un derecho y una moral no subordinadas al poder puede realizarse en la diversidad de la clase misma, en la dialéctica de lo universal y de lo particular que continúa atravesándola, más allá de la abolición del capitalismo. La transformación de la división del trabajo y de las mentalidades no marcha, en absoluto, que los decretos sobre la abolición de la propiedad privada de los medios de producción y sobre la planificación de la economia.
La suerte de la moral está ligada en gran parte a
En la sociedad preciso que la mano izquierda del burgués pueda ignorar lo que hace la derecha. Desde el momento en que las relaciones entre los individuos se rigen por un derecho que ha perdido sus atributos (4). Ernest Bloch. divinos o naturales, se abre la posibilidad de un ibidem. refugio en el que se parapeten los derechos sub(5). Ernest Bloch. jetivos y la libertad de conciencia.
vez que ha adquirido el carácter laico, mantiene ibidem.
sus distancias con las peripecias del derecho positivo.
Bloch afirma que una sociedad sólo podría prescindir de este "asilo interior" el día en que "ya no habría razón para oponerse a una sociedad verdaderamente buena". Sin embargo una interpretación vulgar pretende que el marxismo ha abolido este refugio del juicio autónomo, con la fragilidad de todas sus incertidumbres y ambigüedades, imponiéndole una norma externa y universal: la subordinación del fin a los medios. La idea de que todo está permitido a un ateo podría dar Trosky son todo lo contrarin de cínicos o dema-
Ellos sabían distinguir las maniobras y los trucos inevitables en la política frente a enemigos poderosos y sin escrúpulos, de una conducta moral con criterios rigurosos y apremiantes. Esta moral práctica se acomoda mal con los compromisos cotidianos entre la intención y la acción, entre la vida privada y la vida pública; no se beneficia de las indulgencias de lo confesional; no propone ninguna clase de purgatorio para una posible repesca. Sus criterios por ser inmanentes al proceso histórico no son menos exigentes: su brújula es el despertar y la elevación de la conciencia colectiva del proletariado. Por eso Lenin tomaba en serio su fórmula de que "sólo la verdad es revolucionaria". Por eso Trosky consideraba moral todo lo que
"aumentar el poder del hombre sobre la naturaleza y a abolir el poder del hombre sobre el hombre". Por eso el Che dió a las "virtude: " devaluadas por la burguesía, al coraje, honestidad, la abnegación, un contenido histórico nuevo y concreto.
La mediación práctica de la lucha de clases, el famoso "criterio de la práctica" de Lenin, tiende a hacer coincidir la política y la moral, el juicio de hecho y el juicio de valor, pero existe una larga distancia entre una tendencia y su conclusión. La moral, como el derecho, no se disuelve inmediatamente en la política, ni siquiera en el derecho. Permanece inscrita en la distancia que media entre el todo y la parte, entre la clase y el partido (incluso el más revolucionario), entre la humanicomienza a liberarse de sus cadenas. Como señala Pashunakis, incluso desembarazada de la religión, una moral sigue siendo una moral, una interpre subjetiva e intima de los intereses históricos. Cuando ya la moral no puede ignorar sus amarras sociales y políticas, continúa ejerciendo sobre ellas una tensión saludable, en nombre de una anticipación histórica.
Bloch, rechazando un despotismo ilustrado de nuevo tipo que sólo percibiría a las personas a través de su clase, que las reduciría al estado de simples recipientes o de accidentes de esta clase e igida en esencia, ha expulsado a la metafísica que acompaña al marxismo burocratizado. "Toda sustitución recíproca de la moral y la política no es auténtica... Hay en la conciencia moral, pese a todos los abusos que se han cometido, bastantes elementos que pertenecen al mañana y al pasado mañana. Que sean ellos los que juzguen todo el polvo y la hipocresía en que se ha convertido la moral, porque ¿quién, sino la moral, podría ser juez de la hipocresía? '" (5).
Sin embargo, Bloch justifica la actualidad y el nombre del conflicto no resuelto entre el inxividuo y la comunidad, cuando más concretamente estos conflictos tienen que ver con el excedente histórico de la clase sobre sus efímeras y, más allá, humano sobre la clase. Para Marx, desde los
Manuscritos de 1844, la identificación perfecta del con la sociedad, la humanidad plenamente socializada son solamente un horizonte histárico que supone que todos loș hombres y mujeres tienen en el género humano. definido a continuación los primeros pasos y los medios políticos para avanzar en ese camino, pero esto no autoriza ningún atajo que permitiría alcanzar de un solo salto los límites de este horizonte. Ciencia, saber, conciencia • Los que quieren ver hoy en el marxismo la fuente lógica del totalitarismo, cogen de Hannah Arendt el material de su discurso. Para ella, pecado original conocimiento. Si existe una racionalidad de la historia, una racionalidad exhaustiva de lo real histórico regida por un principio de casualidad, entonces el Partido es su revelador científico todopoderoso.
Esta tesis supone, una vez más, pasar al lado de Marx sin verlo, sin medir la ruptura que le desgarra de Hegel, ni la distancia que le separa del positivismo.
La burocracia ha dirigido la Razón de Estado contra la conciencia histórica. Ha rehabilitado el racionalismo abstracto en el mismo momento en que se hundía en el delirio del terror. Ha travestido el "socialismo científico" en Ha asesinado a Marx en nombre de Marx. Cuando Raymond Aron o Castoriadis acreditan esta superchería, hacen un excelente servicio a la burocracia, cubierto por una aparente intransigencia democrática: en cierto modo, ellos autentifican la usurpación.
El marxismo revolucionario y militante no tiene la nostalgia de la ciencia exacta. No tiene necesidad de verdad absoluta o revelada. Enraizado en la historia que se hace es un saber revolucionario, una teoría critica, una interpretación corregida incesantemente, "una verificación indefinida"'. El porvenir que el marxismo revolucionario trata de escrutar no es una fatalidad, sino una probabilidar: Desde el punto de vista de la acción a realizar, esta probabilidad es real. La racionalidad histórica no es formal y unívoca, sino abierta y dialéctica.
Inscrito en ese horizonte, el partido revolucionario, no es una reedición tecnocrática del "gran relojero", ni una reencarnación del sujeto plenamente lúcido y unificado de la psicología clásica. Es el nudo difícil entre unas condiciones heredadas y un proyecto, entre la acción y la conciencia, entre lo objetivo y lo subjetivo. Su mediación no deja los dos términos desunidos e intactos. Por eso aunque no puede pretender decir límpidamente "lo verdadero sobre lo verdadero", sí puede traducir en actos una parte de esta verdad histórica en la cual se encuentra "en exclusión interna"
En "L, invention democratique", Claude Lefort señala la tendencia de toda sociedad a dar un cuerpo al poder, a "incorporarlo". No faltan ejemplos de esta incorporación, desde el monarca absoluto al "padrecito de los pueblos", pasando por todas las variantes militares o presidenciales del bonapartismo.
El marxismo, acusado de llevar en su interior al totalitarismo, lanza el más radical desafío contra toda forma de encarnación del poder: al trazar la perspectiva de la extinción del Estado, se plantea el eje cicio transitorio de un poder sin localización, "desincorporado", una democracia social que marcaría realmente la salida de nuestra prehistoria religiosa y mitológica.
No es nada extraño que un salto de esta naturaleza implique una revolución en las nociones de saber y de verdad. Sólo una visión no religiosa de la historia permite actuar de un modo responsable, comprometerse y luchar, asumir si es necesario los riesgos más graves, sobre la base de convicciones y verdades que Lenin llamaba "relativas"; dicho de otro modo, sin necesidad de drogarse con ninguna clase de absoluto.
El marxismo revolucionario, liberado de desfiguraciones y difamaciones, es un antitotalitarismo radical.
Daniel Bensaid, agosto 1983