Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Nicaragua

La trayectoria de la revolución sandinista frente a la escalada imperialista

· Inprecor n.º 33, julio de 1983 · pp. 6-9 · 4.338 palabras

La trayectoria de la revolución sandinista frente a la escalada

El imperialismo norteamericano acen túa su presión militar en América Central. El incremento de la ayuda militar estadounidense a la dictadura salvadoreña (86 millones de dólares en 1983) no ha dado resultados decisivos en el campo de batalla. La guerrilla del frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) sigue mostrando una importante capacidad para tomar iniciativas militares, y la administración Reagan se desliza hacia una intervención aún más resuelta junto a las dictaduras centroamericanas.

En abril de 1982, el presidente Ronald Reagan y sus principales consejeros habian aprobado, a este respecto, un programa de actividades destinado a evitar "la proliferación de Estados calcados del modelo cubano" en América Central. La prensa norteamericana ha publicado extractos de un documento del Consejo Nacional de Seguridad, que resume las decisiones de dicha reunión.

Según este texto, los responsables norteamericanos han llegado a la conclusión de que los Estados Unidos tienen "un interés vital en no permitir la proliferación de Estados calcados del modelo cubano, que serían plataformas para la subversión, amenazando el acceso a las vias marítimas y ejerciendo una amenaza militar directa contra nuestras fronteras o cerca de

Los elementos fundamentales de este programa consisten en impedir que el Gobierno nicaragüense "exporte la revolución" a El Salvador, y en apoyar a los elementos pro-yankis en El Salvador y Guatemala. Así, el Internacional Herald Tribune del 3 de abril de 1983 informa que "el Consejo ha expresado su aprobación al golpe de Estado militar que derribó a un Gobierno elegido en Guatemala". Según el memorándum de la Administración Reagan, el golpe de Estado del general Rios Montt ha ofrecido efectivamente a los Estados Unidos "nuevas posibilidades que mejoran las relaciones con este país". "Los responsables norteamericanos discutieron también sobre la necesidad de realizar esfuerzos concertados para incrementar las fricciones entre los grupos guerrilleros y quienes les apoyan" en El Salvador.

El eje del programa lo constituyen las acciones clandestinas de presión sobre el gobierno de Nicaragua, y el documento precisa efectivamente que el

Gobierno nicaragüense se encuentra

"bajo una presión creciente gracias a nuestros esfuerzos clandestinos".

mente se propone ejercer una presión económica y pública sobre Cuba, que prevé utilizar "la comunidad cubana internacional como portadora del mensaje" y

"estrechar el bloqueo económico".

Daniel JEBRAC

NICARAGUA imperialista

N el momento actual, Ronald Reagan ha iniciado una agresión casi abierta contra Nicaragua. Son numerosos los testimonios que ilustran el papel de los consejeros norteamericanos en la organización de las operaciones militares llevadas a cabo por los antiguos guardias somocistas a partir de la frontera hondureña. La reciente revelación de que próximamente se instalará en Honduras una estación de radar norteamericana, capaz de controlar el tráfico aéreo de toda la región, ha aportado un nuevo elemento de calibre al expediente sobre la intervención norteamericana en América Central.

La Administración Reagan parece tener poco tiempo. En El Salvador, el éxito relativo que podía representar para Washington la celebración de las elecciones de marzo de 1982 se vió neutralizado en gran parte por el peso de la extrema derecha en la Asamblea surgida de dichos comicios. Las divisiones en el seno del Gobierno y en el Ejército se han incrementado. Por consiguiente, la crisis de dirección burguesa de la dictadura si-

Los Estados Unidos temen incluso cada vez más una descomposición posible del Ejército del régimen salvadoreño, a imagen y semejanza de lo que sucedió con la guardia somocista nicaragüense en 1979. Asimismo, las elecciones presidenciales previstas para finales de año sólo podrían lograr su objetivo de reestructurar la dirección dictatorial y mejorar la imagen internacional del régimen salvadoreño si coinciden con una clara transformación de la situación militar a favor de las Fuerzas Armadas de la

Es en parte con esta perspectiva que los Estados Unidos necesitan hoy internacionalizar aún más su intervención en la región. Golpeando a Nicaragua, pretenden eliminar la mismísima fuente de ayuda militar del FMNL salvadoreño, aislando así a la revolución salvadoreña para combatirla mejor. Pero si el imperialismo norteamericano trata de crear las mejores condiciones posibles para inflingir serios reveses militares a las fuerzas del FMLN antes de las elecciones de finales de 1983, su objetivo consiste también en asestar golpes severos a la revolución nicaragüense.

La escalada militar imperialista

La presión militar impuesta por los Estados Unidos sobre Nicaragua, a través de los aliados somocistas, pretende contribuir, imponiendo un esfuerzo de gastos militares extremadamente costosos, a frenar la reconstrucción económica del país. no puede pasar inmediatamente a acciones destinadas al derrocamiento puro y simple teamericano está interesado en que la legitimidad del gobierno de Managua se vea seriamente contestada y comprometida. Esta obra de desestabilización imperialista no retrocede evidentemente ante ningún medio, y lógicamente los Estados Unidos recurren a los contrincantes más resueltos de la revolución sandinista, los antiguos guardias somocistas establecidos en Honduras.

De ahí que las incursiones militares lanzadas estas últimas semanas desde Honduras, las declaraciones del estado mayor contrarrevolucionario del Frente Democrático Nicaragüense (FDN), en las que pretende haber establecido posiciones militares en tres de los 14 departamentos del país, y los proyectos aún nebulosos de proclamar un Gobierno provisional, no deban tomarse a la ligera. Si se alcanzan estos objetivos, proporcionarían - a falta de una victoria total — nuevas cartas para el juego imperialista, y preciosas contrapartidas para una negociación géneralizada en la región. Porque el imperialismo yanki no descarta necesariamente la perspectiva de "negociaciones" , sobre la base de una relación de fuerzas militar que le sea más favorable.

En este sentido, cabe decir que el imperialismo norteamericano sigue tratando de crear las condiciones para una discusión política global sobre la región, cuya necesidad ya había sido evocada el 21 de febrero de 1982 por el presidente mexicano López Portillo, en su Llamamiento de Managua. Propuso entonces un plan de paz globai, '

"por canales separa dos pero convergentes" , tres tipos de conflictos: el de Nicaragua, el de El Salvador, y el de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba... Parece evidente que esta posición puede enturbiar, en el plano diplomático, la

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NICARAGUA iniciativa militar norteamericana en América Central. Pero al mismo tiempo trata, más a largo plazo, de situar a gobiernos como los de México, España o incluso Francia, en una posición que les convierta en posibles mediadores para una eventual negociación.

Sin embargo, en lo inmediato, tales declaraciones contribuyen, en el terreno diplomático, a aislar la política de agresión norteamericana, y este proceso se vió confirmado sobre todo después de la Guerra de las Malvinas, en la primavera de 1982. La Nicaragua sandinista fue elegida como miembro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Países como Venezuela o Colombia, que figuraban entre los mejores aliados de los EE.UU. en la región, han cambiado un poco su política. Con motivo de una reunión en la cumbre celebrada en la isla panameña de Contadora, en enero de este año, México, Colombia, Venezuela y Panamá adoptaron una posición común que reclama que los conflictos norteamericanos se disocien del enfrentamiento entre los Estados Unidos y la Unión soviética, para ser objeto de una solución negociada. Durante el debate celebrado en el Consejo de seguridad de la ONU sobre la invasión de los comandos somocistas en Nicaragua, algunos aliados de los Estados Unidos, como los Países Bajos, Pakistán o España, llegaron incluso a poner en tela de juicio la versión norteamericana de los hechos.

Unicamente Honduras y El Salvador — que no son miembros del Consejo de Seguridad - manifestaron su apoyo incondicional a la política de los EE.UU. Sectores cada vez más importantes de la población de los Estados Unidos se oponen también al deslizamiento progresivo de la política de Ronald Reagan hacia una intervención directa en América Central. En el seno mismo de la burguesía norteamericana y del Congreso se alzan voces contra los riesgos de una guerra regional y contra la orientación política y militar actual de la Administración

Esta última llega incluso a molestar un poco a determinados aliados del imperialismo estadounidense. Alvaro Jerez, portavoz de la Alianza Revolucionaria Democrática (ARDE), organización antisandinista nicaragüense compuesta por elementos de la antigua burguesía anti-somocista, replegados en Costa Rica, declaraba recientemente a este respecto que "si la Administración Reagan quiere democratizar Nicaragua y pacificar la región, no es ésta la mejor manera de hacerlo". Este sector teme que las operaciones militares tramadas por Washington desemboquen en definitiva en un refuerzo de la legitimidad interior e internacional del régimen revolucionario sandinista, poniendo al desnudo el papel directo del imperialismo y de los nostálgicos del somocismo en la agresión contra Nicaragua.

La trayectoria de la revolución sandinista maniobras militares imperialistas en efecto, el riesgo, para los Estados Unidos, de precipitar una nueva radicalización anti-imperialista en Nicaragua, de hacer totalmente irreversible la ruptura ya profunda entre el poder sandinista y lo que queda de la burguesía local, de minar definitivamente el frágil equilibrio de la "economía mixta'' a través de las nuevas sanciones contra el sector privado, sospechoso de colaborar con la agresión.

Hasta el momento, en efecto, los dirigentes sandinistas han afirmado siempre su pluralismo político y su adhesión a lo que ellos mismos han denominado

"economía mixta". bargo, a este respecto, el conflicto que opone a la burguesía y sus aliados contra el revolucionario, desde miento de Somoza, se ha traducido en una evolución de la relación de fuerzas a favor del segundo.

Por supuesto, el pluralismo político sigue en vigor, en la medida en que existen varias formaciones políticas legales al margen del Frente Sandinista, en que existe un auténtico pluralismo sindical, en el que se publican diversos órganos de prensa.

Pero los elementos representativos de la burguesía no han dejado de desvincularse del poder. En la primavera de 1980, Alfonso Robelo y Violeta Chamorro abandonaron la Junta de Gobierno, constituída inmediatamente después del derrocamiento de Somoza, para protestar contra la composición del Consejo de Estado, que le asegura una mayoría absoluta a la corriente sandinista. Arturo Cruz, que los había relevado, junto con otros, en el seno de la Junta de Gobierno, dimitió a su vez para protestar contra su falta de poder real. Nombrado embajador en los Estados Unidos, acabó desertando definitivamente. El presidente del Banco Central, Alfredo César, después de haber renegociado la deuda exterior del país, tomó el camino del exilio en mayo de 1982. En diciembre, fue el sucesor de Cruz, como embajador en Washington, el que rompió a su vez con el régimen, so pretexto de que le censuraron una entrevista en la que tomaba postura a favor de la suspensión del estado de emergencia decretado en septiembre de 1981, y a favor de la convocatoria de elecciones libres. Finalmente, Edén Pastora, viceministro del Ejército Sandinista, considerado como próximo a la Internacional Socialista, pasó a la oposición en la primavera de 1982, para fundar en Costa Rica, junto con Alfonso Robelo, la Alianza Revolucionaria Democrática.

Actualmente, es la jerarquía eclesiástica, dirigida por el arzobispo de Managua, Miguel Obando y. Bravo, la que intenta ocupar el vacio dejado por el exilio de los principales representantes burgueses y actúa como catalizador de la oposición interna a la revolución sandinista. Lo que implica el riesgo de que surjan diferenciaciones sociales y políticas entre los fieles, como demostró el viaje del Papa a Managua.

En cuanto a la "economía mixta", ha evolucionado hacia un mayor control de la economía por el poder sandinista. es cierto que el sector privado sigue siendo muy mayoritario, tanto en la industria como en la agricultura, cada vez está más sometido a un control casi total del crédito y del comercio exterior por parte del gobierno. Además, si el sector público sólo representa entre el 20 y el 30% de la actividad agrícola, está estrechamente vinculado a un sector cooperativo que se desarrolla constantemente. Sin embargo, la gran agricultura privada sigue siendo significativa en el sector clave del algodón. En la industria, las sucesivas expropiaciones han hecho que el sector público alcance el 40% de la producción. La burguesía nicaragüense ha perdido lo esencial de su poder de decisión econó-

Ante cada prueba de fuerzas con los sectores de la burguesía, la dirección sandinista ha actuado en el mismo sentido. Ha jugado con dos barajas, encarcelando por ejemplo a altos responsables de la patronal (COSEP), en otoño de 1981, y poniéndoles después en libertad, en la primavera de 1982, para negociar. Pero los enfrentamientos y los periodos de tensión han tenido siempre un desenlace que va en el mismo sentido: un compromiso en el terreno económico, pero una afirmación creciente de la autoridad política y de la hegemonía

Los dirigentes sandinistas, por lo demás, han sido muy claros en lo que respecta a esta cuestión. Durante el conflicto de marzo de 1980, con Alfonso Robelo y Violeta Chamorro, anunciaron abiertamente que las elecciones sólo tendrían lugar después de la consolidación de la revolución. Al designar ella misma a los sucesores de Robelo y Chamorro en la Junta de Gobierno, la dirección del Frente Sandinista indicó claramente que su propia legitimidad se sitúa por encima de la del gobierno.

Tras la defección de Edén Pastora, la dirección nacional del FSLN publicaba de nuevo una declaración nada ambigua: "Juramos no cambiar nuestro himno, seguir siendo solidarios con los pueblos oprimidos en lucha, continuar ejerciendo nuestro derecho soberano, armarnos para defendernos, no devolver los bienes confiscados, no devolver a los latifundistas las tierras recuperadas por nuestros campesinos que las trabajan actualmente, no poner término al

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NICARAGUA castigo de los contrarrevolucionarios y de sus cómplices, no devolver nunca los bancos a sus antiguos propietarios, proseguir con nuestros programas de educación, de sanidad y de vivienda para el pueblo trabajador; juramos que esta revolución popular sandinista, la de los obreros, los campesinos, los trabajadores y los pobres, jamas será traicionada, y que los que nos amenazan y nos agreden no pasarán".

Quince días después, en su discurso del 1º de Mayo, el comandante Tomás Borge insistía en el mismo tema: "'Hay trabajadores que creen que el enemigo principal de la clase obrera sigue siendo la burquesía. Pero la burguesia como clase, está mortalmente herida. Y nunca los moribundos fueron los peores enemigos. E! enemigo principal de la clase obrera es la división de la clase obrera. (...) Nuestro pueblo, el pueblo trabajador, sabe en qué dirección vamos; por eso pregunto a los obreros y campesinos que se han reunido masivamente aquí: ¿A dónde vamos? ¡ Hacia el so-

La constante necesidad de asegurar la autodefensa de la revolución frente al imperialismo afecta gravemente a la situación económica del país, impone nuevos sacrificios a los trabajadores y a los campesinos, que ya han sufrido la guerra civil, pero al mismo tiempo impone una profundización Hacia una radicalización

En efecto, la lucha contra las actividades contrarrevolucionarias tramadas en torno a la frontera hondureña o a la de Costa Rica, desvía gran parte de los recursos financieros obtenidos por el sector nacionalizado. Hay que mantener un ejército de cerca de 40.000 personas y asumir el coste de la movilización de la milicia, sin contar la ausencia de producción debida al hecho de que una parte de la mano de obra es desviada de la producción a las tareas de defensa Según las cifras oficiales, la milicia participó en 70 acciones militares en 1982.

Por su parte, la burguesía, o lo que queda de ella, juega a la política pesimista. El propio Banco Mundial estima que la inversión privada, que representaba el 80% de la inversión total bajo Somoza, ascendía tan sólo al 10% a comienzos de 1982.

El analfabetismo ha disminuído de forma bastante espectacular. La mortalidad infantil también. El sistema de sanidad asegura la asistencia médica y odontológica, gratuitamente, a quienes la necesitan. El consumo alimenticio global ha aumentado en un 40% con respecto a la época de Somoza, si bien la distribución es defectuosa. Una encuesta de 1982, realizada en Managua, no registra ninguna mejora significativa de la alimentación de los pobres. Las inundaciones y la sequía de 1982 dañaron gravemente las co-

La caída de los precios de determinadas materias primas ha asestado un severo golpe a la economía. El padre Xavier Gorostiaga, director del Instituto Económico de Nicaragua, declaraba recientemente a un periodista norteamericano: "El problema no es tanto el volumen de la producción como su valor. Hace dos años, el azúcar se vendía a 24 centavos la libra. Actualmente está a 9 centavos. En 1982 puede que hayamos perdido 140 millones de dólares por el simple hecho del deterioro de los términos de intercambio, lo que ha reducido la renta total de nuestras exportaciones y ha frenado nues tro proceso de reformas"

Otro factor, el endeudamiento internacional, que rebasa los 2.500 millones de dólares, sigue aumentando. En 1981, el servicio de la deuda (pago de intereses y devolución) absorbia va el 28% de las rentas de la exportación, y las grandes facturas empezarán a vencer en 1985, acuerdos de aplazamiento de la deuda.

Para tratar de estrangular la revolución aún más, los Estados Unidos, al tiempo que acentúa su presión militar, se proponen reducir su cuota de importación del azúcar nicaragüense. Esto es, en efecto, lo que ha reclamado el Consejo Nacional de Seguride que la Nicaragua representa el 2,1% del total de las importaciones de azúcar, mientras que el del "fiel aliado" de los EE.UU. que es Honduras, sólo es del 1%.

Un portavoz de la embajada nicaragüense en los Estados Unidos declaró inmediatamente que la reducción de la cuota constituiría un ataque económico destinado a "asesinar la revolución nicaragüense" y que representaría una pérdida anual de millones de dólares para la economía del país.

La producción industrial, heredera de una estructura de producción arcáica y no adaptada a las necesidades descendido, según las cifras oficiales, en un 5,6% en 1982, frente a un descenso del 26% en 1979, un aumento del 13% en 1980 y del 2,8% en 1981. Sin embargo, tras este descenso global existe una diferencia entre el sector público (Area de Propiedad Pública, APP), que ha crecido en un 4,1%, mientras que el sector privado, que representa dos tercios de la producción industrial, ha descendido en un 11,7%.

Esta situación no puede perpetuarse. Los enfrentamientos militares pueden precipitar el desenlace final. En enero, el comercio al por mayor de productos básicos como el aceite, la harina o el jabón, fue nacionaliza-

También en enero, una movilización excepcional de 100.000 trabajadores permitió salvar la cosecha del café, que maduró prematuramente, alcanzar una producción récord de 140.000 quintales. En febrero se elaboró, con la participación de los Comités de Defensa Sandinista (CDS), una ley sobre la vivienda. Esta ley prevé la distribución de 67.000 viviendas a sus inquilinos, y sólo establece la indemnización a sus antiguos propietarios en casos excepcionales (por ejemplo, si son ellos mismos los que ocupan la vivienda).

No obstante, la agresión militar contra Nicaragua, si bien puede desmoralizar a sectores poco combativos de la población, tiene globalmente el efecto contrario. Estiuna reacción de autodefensa de la revolución y de reportero norteamericano lo refleja en estos términos: "La guerra y las medidas de austeridad no provocan aquí un amplio descontento. De hecho, la guerra parece estimular la unidad nacional. Los nicaragüenses parecen comprender mejor que el año pasado, en gran medida, lo que hacen sus chos parecen comprender que es la intervención norteamericana la que hace que empeoren las cosas en el país. Esto hace que la penuria de productos sea relativamente menos dura de soportar". La oposición burguesa y el debate sobre los partidos

En cuanto a la oposición nicaragüense, el desencadenamiento de la escalada militar contrarrevolucionaria comporta una polarización hacia la derecha. Los ex-guardias somocistas, que no son otra cosa, en última instancia, que los matones del imperialismo, marcan la pausa y ponen entre la espada y la pared al conjunto de la oposición: cuando el enfrentamiento pasa a ser armado, es inevitable elegir al bando.

La invasión de Nicaragua, lanzada marzo a partir de la frontera hondureña, es obra de la Fuerza Democrática Nicaragüense (FDN), el principal grupo de oposición armada. Está compuesto casi exclusivamente de ex-guardias nacionales somocistas, estacionadas en Honduras, dirigidos por el coronel Enrique Bermúdez.

Al parecer, la Unión Democrática Nicaragüense - Fuerzas Armadas Revolucionarias Nicaragüenses (UDN-FARN), dirigida por Fernando Chamorro Rappaccioli, con base en San José de Costa Rica, está coordinada actualmente con la FDN. Pretende haber infiltrado unos 600 guerrilleros al interior del país durante los últimos ocho meses.

La UDN-FARN, por otra parte, parece que ha roto con la Alianza Revolucionaria Democrática (ARDE) de Alfonso Robelo y Edén Pastora, porque estos últimos se niegan a colaborar con las fuerzas somocistas, a las que aún combatían hace algunos meses. Mientras Edén Pastora anunció con

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NICARAGUA bombo y platillo, en marzo, que se disponía a abrir un nuevo frente militar en el sur contra el régimen sandinista, Robelo declaraba, a su vez, que las fuerzas de la ARDE no participarían en ninguna acción conjunta y que descartaba cualquier invasión a corto plazo. De hecho, los dirigentes de la ARDE preferirían constituirse en solución de reserva para unas eventuales negociaciones, antes que comprometerse irremediablemente al lado de los revanchistas somocistas. Pero el espacio para una política de "tercera fuerza" disminuye a ojos vista.

Mientras la oposición burguesa se alineaba cada vez más en el bando de la lucha armada contra el régimen sandinista, en Managua tuvo lugar, en enero de 1983, un simposio convocada por el Consejo de Estado para discutir el proyecto de ley sobre los partidos políticos. La Coordinación Demo-

"Doctor Ramiro Sacasa Guerreo" que agrupa a los restos de la oposición burguesa, debilitada tras el exilio voluntario de Alfonso Robelo, se negó a participar en estas discusiones aduciendo la falta de libertad de expresión oral y escrita. A cambio, envió a una gira por América Latina a una delegación compuesta por representantes del COSEP (la organización patronal), del (MLC), del Partido Socialdemócrata (PSD), de la Central de Trabajadores Nicaragüenses (CNT) y de la Confederación de Unificación Sindical (CUS), para exponer sus puntos de vista. Una de las principales exigencias de la Coordinación Democrática es que se convoquen elecciones libres en 1984, y no en 1985, como está previsto.

En cambio, los seis partidos ue forman al Frente Patriótico Revolucionario (FPR) sí que parțiciparon en el simposio: son, además del FSLN, las dos fracciones estalinistas que componen el Partido Socialista Nicaragüense (PSN) y el Partido Comunista Nicaragüense (PCN), el Movimiento de Acción Popular (MAP), de origen maoísta, el Partido Liberal Independiente (PLI) y el Partido Popular Social-Cristiano (PPSC).

La crítica principal al proyecto de ley sobre los partidos, formulada por el PSN y el PLI, se refiere al papel otorgado a los partidos, que quedaría subordinado a las insti-

Ambas formaciones reclaman que los partidos puedan aspirar a la conquista y al ejercicio del poder político meelectoral. En cambio, el PCN y el MAP, que no están representados en el Consejo de Estado, critican el proyecto por demasiado liberal. El primero, que caracteriza la revolu-

"democrático-bur, niega toda legitimidad a los "partidos burgueses" y exige la nacionalización de los medios de comunicación. El segundo reclama la supresión de toda actividad de los partidos de la derecha, "porque la burguesía no debe tener ningún derecho".

El PPSC, que ha roto con el Partido Social-Cristiano debido al papel de la jerarquía clerical en la oposición al régimen sandinista, considera al FSLN como la vanguardia del proceso revolucionario, y si bien admite que los partidos políticos tienen como fin la conquista del poder, estima que en las condiciones actuales unas elecciones no lograrían "impulsar ni el proyecto ni el proceso revolucionario".

EI FSLN, que es de lejos la fuerza hegemónica del Frente Patriótico Revolucionario, quiere proseguir sus consultas en torno al proyecto de ley sobre los partidos políticos, al igual que en relación con las modalidades del escrutinio que deberán establecerse. Sin embargo, si bien las primeras discusiones demuestran la voluntad de respetambién los límites de su ejercicio: las futuras elecciones se conciben fundamentalmente como un mecanismo consultivo. Por consiguiente, el resultado electoral quedara subordinado a la defensa de la revolución. Las agresiones actuales refuerzan el peso de este argumento, poniendo al desnudo cada vez más los vínculos históricos y orgánicos existentes entre la oposición burguesa y los agresores somocistas apoyados por el imperialismo yanqui. De hecho, frente a la agresión imperialista y contrarrevolucionaria, la única respuesta eficaz a la agitación burguesa a favor de unas elecciones inmediatas estriba en la ampliación de los poderes reales ejercidos por los organismos del poder popular, como los Comités de Defensa Sandinista (CDS) o las milicias.

Si bien es cierto que los cinco interlocutores del FSLN en el debate en torno al proyecto de ley sobre los partidos políticos son organizaciones muy minoritarias, no por ello deja de ser importante que se celebre este debate, y que se celebre públicamente. Cuando la prensa occidental, incluso en sus órganos más "lúcidos", está al acecho de los mínimos síntomas de autoritarismo en Nicaragua, hay que subrayar los hechos siguientes: en este país, los partidos burgueses, incluso los que están en una oposición declarada al régimen, tienen derecho a una existencia legal mientras no llamen a tomar las armas. Además, la presencia de partidos de izquierda, independientes del FSLN demuestra que se mantiene una discusión política. Estos hechos constituyen, por si mismos, una conquista democrática en un país sometido al asedio militar y económico por el imperialismo.

La respuesta a la escalada de agresiones imperialistas comportará inevitablemente una nueva radicalización del proceso revolucionario en Nicaragua, nuevas incursiones del Estado en el sector de propiedad privada para responder al sabotaje y asegurar la infraestructura necesaria para la defensa, y una marginalización creciente de la oposición interior en flagrante colusión con los agresores. Pero al mismo tiempo, los dirigentes sandinistas se preocuparán de preservar la imagen pluralista de su revolución y de no hacer nada que pueda facilitarle el juego al imperialismo en la región: no ignoran que a medio plazo, el porvenir de su revolución está ligado al de la revolución en El Salvador. O