Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Argentina: De la derrota de las Malvinas a la "transición negociada"

· Inprecor n.º 33, julio de 1983 · pp. 10-12 · 3.038 palabras

De la derrota de las Malvinas a

El 6 de diciembre de 1982, tan sólo algunos días después de que los militares anunciaran la convocatoria de elecciones para finales de 1983, Argentina quedaba paralizada por su huelga general

Men la que participaron cerca de siete millones de trabajadores. Diez días después, la manifestación por la "democracia y la reconstrucción nacional", convocada en Buenos Aires por la Multipartidaria, agrupó a unos 120.000 manifestantes y dio lugar a fenómenos de desbordamiento de masas de las direcciones burguesas. El diario Le Monde del 18 de diciembre de 1982

"en medio de esta efervercencia, los dirigentes de la Multipartidaria, manifiestamente rebasados por los acontecimientos (...), abandonaron discretamente el lugar, después de distribuir un documento que pide la devolución del poder a los civiles, lo más tardar el 12 de octubre de

El 28 de marzo de 1983 se produjo una nueva huelga general de 24 horas convocada por las dos CGT. Aunque fue

"ilegal" por el ministro de Trabajo, y a pesar de que el Ministerio del Interior afirmara que reprimiría las acciones que atentaran contra guridad interior", esta huelga fue un éxito. Finalmente, el 30 de marzo de 1983 se produjo una nueva marcha "por la paz, el pan y el trabajo" en Buenos

Estas movilizaciones ilustran, siete años después del golpe de Estado de los militares argentinos y tras la derrota que sufrieron en la aventura militar de las Malvinas, el contexto en el que la Junta intenta poner en marcha una "transición negociada" hacia un régimen civil, en la que las elecciones previstas para finales del próximo mes de octubre serán probablemente el punto culminante.

Jean-Pierre BEAUVAIS

ARGENTINA la «'transición negociada"

Los militares han anunciado elecciones para octubre de 1983 U N país devastado, un país en ruinas.

Este es el balance que podria haber sacado el general Leopoldo Galtieri si se hubiera atrevido a celebrar, el 21 de marzo de este año, el séptimo aniversario de la dictadura argentina:

No es ninguna exageración. La prensa de Buenos Aires, siempre sumisa a la censura, lo demuestra todos los dias... aunque no haga sino reproducir las estadísticas oficiales aproximadas y a veces trucadas. ¿Cómo ocultar el vertiginoso aumento de la deuda aproxima ahora a los 42.000 millones de dólares -, o la persistencia de una inflación cuya tasa anual era, en los últimos meses, del orden de 250%? ¿Cómo ocultar que el aparato industrial funciona apenas al 50% de su capacidad, o que las empresas de la construcción trabajan al 30% de sus posibilidades? Fábricas cerradas o que funcionan al ralentí, obras abandonadas, inmuebles inacabados: la crisis ya forma parte del paisaje urbano de las grandes ciudades argentinas y de sus suburbios...

Según las cifras oficiales, el 12% de la población en edad de trabajar carece de empleo, y el 6% está subempleada (hay que precisar que toda persona que trabaja más de una hora por semana entra en esta última categoría). Pero también puede leerse que el número de cotizantes a las diversas cajas de pensiones ha descendido en aproximadamente dos millones. En realidad, el 20% de la población potencialmente activa no tiene actualmente puesto de trabajo y carece de cualquier recurso,

Según el diario Clarín y el semanario próximo al mundo de los negocios, El Economista, de 1975 a 1981 el salario obrero medio ha descendido en un 40%, y de julio de 1980 a julio de 1982, ha vuelto a disminuir en un 20%. Mientras que en 1975 las desciende... La miseria obrera, día a día

Por un lado están las cifras, y por otro la realidad cotidiana que vive la inmensa mayoría del pueblo argentino. Según El Eco de las 8.101 industriales que empleaban a más de 25 personas que había en 1974, en 1981 ya sólo subsistían 6.637, empleando una cifra total de asalariados que en este periodo había descendido en un 34%. A centenares de miles de trabajadores y sus familias, esto les obligó a instalarse en la miseria. Una miseria a menudo absoluta, en un país que aunque dependiente, había conocido un relativo desarrollo industrial, y cuya renta per cápita fue superior, durante mucho tiempo, y de lejos, a la de los demás países de Amé-

En los barrios obreros de los grandes centros urbanos, cuántos sobreviven actualmente tan sólo gracias a la solidaridad familiar, a la solidaridad espontánea del vecindario, a la distribución de alimentos y sopas populares por parte de la Iglesia. El analfabetismo y la subalimentación aumentan rápidamente. Reaparecen enfermedades que se creían eliminadas para siempre — como la poliomelitis -. En la periferia de Buenos Aires se extienden rápidamente colonias de chabolas sórdidas e insalubres, similares en apariencia a las que rodean a tantas otras ciudades latinoamericanas o del Tercer Mundo en general. Pero los que se amontonan allí no son desheredados venidos de las zonas rurales pobres y superpobladas. Casi todos son antiguos obreros, antiguos empleados ahora parados. Despedidos de sus fábricas, expulsados de sus viviendas, cuyo alquiler ya no pueden pagar, desterrados de su barrio donde la alimentación es demasiado cara...

A menudo, la suerte de los que tienen el "privilegio" de no haber perdido su puesto de trabajo, apenas es más envidiable. La situación de los trabajadores del automóvil es uno de tantos otros ejemplos. Se trataba de un sector clave de la industria argentina, totalmente en manos del capital extranjero. La crisis ha hecho que empresas como General Motors o Citroen cierren sus fábricas y se retiren del mercado. Así, dos tercios de los trabajadores del ramo están ahora sin empleo. Pero en las fábricas que se mantienen activas, la represión y el fantasma del paro han permitido multiplicar la productivi-

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ARGENTINA dad por dos, y a veces por tres, mientras que los salarios reales han disminuido en aproximadamente un 70%. Un obrero de la Volkswagen, que en 1974 ganaba el equivalente de 400 dólares al mes, recibe actualmente, en el mismo puesto de trabajo, el equivalente de 55 dólares. En 1974 trabajaba 43 horas semanales, actualmente tiene que trabajar unas 50 horas y a veces mas... Del golpe de estado de 1976 a la aventura de las Malvinas

Cuando en 1976, en medio de una situación política y social caótica, los militares derribaron el Gobierno de Isabel Perón y se instalaron en el poder, el imperialismo y la casi totalidad de la burguesia argentina esperaban de ellos al menos dos cosas. Por un lado, que pusieran en vereda —al fin y para mucho tiempo - a la clase obrera y a las masas populares, acentuando y sistematizando una represión ya aplicada a gran escala, liquidando a los sectores de vanguardia más combativos, quebrando una tradición de lucha y de organización de varios decenios. Y por otro, sobre la base de esta derrota de las masas trabajadoras, que establecieran un régimen "fuerte y estable", que garantizara las condiciones de una sobreexplotación severa de los trabajadores, de un nuevo proceso de acumulación capitalista, de una nueva inserción en el mercado mundial de la economía dependiente del país, en crisis desde finales de los años cincuenta.

Al precio de una auténtica "guerra interior", con sus decenas de miles de víctimas

- entre ellas, los 25.000 a 30.000 "'desaparecidos" -, sus centenares de miles de exiliados, sus millones de parados, las masas argentinas han sufrido efectivamente una derrota. Pero a pesar de ello, la crisis económica internacional ha convertido en ilusión cualquier proyecto de renovación capitalista. Es más, las antiguas recetas monetaristas aplicadas sin restricción alguna, si bien han favorecido durante algún tiempo las actividades básicamente especulativas de los sectores financieros, han contribuido en gran medida a acelerar la desarticulación del aparato económico y a ampliar los efectos desastrosos de la recesión mundial.

Por consiguiente, no fue un régimen "fuerte y estable" , sino una dictadura desprestigiada y odiada, inquieta ante los crecientes síntomas de una sorda revuelta popular cada vez más difícil de sofocar, sacudida por crecientes conflictos interburgueses e incapaz de frenar la marcha a la bancarrota, la que hace un año, en abril de 1982, se lanzó a la aventura de las Malvinas.

Aventura improvisada por unos militares que no tenían nada de antiimperialistas y que sólo podían subestimar totalmente la voluntad de respuesta británica. Unos militares que buscaban desesperadamente recomponer el marco político nacional en provecho suyo, presentándose como los defensores de la "soberanía nacional"... Aparentemente seguros en su iniciativa, y convencidos de que la causa era popular, esperaban, mediante esta huida adelante, proporcionarle un segundo aliento a su po-

La operación implicaba necesariamente una relativa apertura política en el interior. Los políticos burgueses, peronistas radicales o de otras corrientes, los burócratas sindicales, todos ellos, que ayer aún eran reprimidos o acallados, fueron invitados a colaborar. Y se apresuraron a hacerlo. Con su ayuda, se invitó incluso a la población a manifestar su apoyo a esta operación. Pero el resultado tenía que ser muy desigual. Algunos sectores de la pequeña burguesia, con su sensibilidad nacionalista heredada de la tradición peronista, responderán, por supuesto, al llamamiento, pero sin apoyar por ello al régimen. En la primera concentración de masas ante la Casa Rosada (Palacio Presidencial), y antes de que se produjeran los primeros reveses militares, el general Galtieri fue abucheado cuando se presentó como el "portavoz de todos los argentinos". • Pero la clase obrera, aplastada por la crisis y marcada por la pesadilla de la represión, permanecerá desconfiada y en gran medida pasiva, pese a la presencia colonial británica en el Atlántico Sur.

No obstante, los aprendices de brujo que estaban sentados en los Estados Mayores habían creado una situación nueva, y en muchos aspectos irreversible. Independientemente del resultado de la guerra, la "apertura" estaba inscrita en los hechos. Una "apertura"' que no se traducía en nada en un apoyo popular a un régimen demasiado desprestigiado.

El fiasco militar no hizo sino acelerar y ampliar la dinámica iniciada, máxime cuando los oficiales superiores se desgarraban públicamente entre sí en cuanto a la distribución de responsabilidades, y cuando el esfuerzo de guerra había agravado aún más la crisis económica y sus efectos para la mayoría de la población. Cuando en plena confusión el general Reynaldo Bignone es llamado por una parte de sus semejantes a asumir la presidencia del Estado, parece que los días de la dictadura están contados. "Hay que tomar el poder" , se atreverá a escribir entonces uno de los raros comentaristas de la prensa argentina que encuentran eco. Esto sucedía en julio de 1982. Sin embargo, aún hoy, y aunque se hayan programado elecciones generales para finales del próximo mes de octubre, los militares aún están allí, con sus hombres y con sus instituciones establecidas. Una situación nueva

Por supuesto, después de haber estado prohibidas o disueltas durante años, las principales formaciones políticas vuelven a estar autorizadas. Han sido invitadas, según las modalidades establecidas por la Junta, a organizar "campañas de afiliación" , al final de las cuales y después de haber verificado la identidad de sus nuevos •miembros, quedarán habilitadas, o no, para presentar candidatos en las próximas elec ciones. Algunos burócratas sindicales que antes de la guerra de las Malvinas estaban encarcelados o bajo arresto domiciliario, se han convertido en "interlocutores responsables"

Pero al mismo tiempo, el aparato represivo tentacular sigue en pie, intacto. Sus torturadores con galones y los rasos siguen actuando impunemente. Están en todas partes. Sus tristemente célebres "Ford Falcon" peinan todas las noches las calles de la capital. Todavía tienen en sus manos a miles de presos. Logran imponer a casi todo el mundo un pesado silencio — que finalmente resulta cómplice sobre la suerte de sus víctimas del pasado, particularmente de los "desaparecidos" ', esas víctimas de uno de los crímenes más recientes y monstruosos perpetrados contra la humanidad A casi todos, salvo a las madres de la Plaza de Mayo, a los militantes de las Asociaciones de Defensa de los Derechos Humanos y a los de los grupos de extrema izquierda...

Aún hoy, los criminales en uniforme no pierden ninguna ocasión, incluso con actos

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ARGENTINA que lindan con el ridículo, para recordar que el poder es la fuerza, y que la fuerza la tienen ellos. Pueden hacerlo ante todo gracias a la colaboración tanto interesada como atemorizada de sus "oponentes" dirigentes de las principales formaciones burguesas. Desde antes guerra de las Malvinas, éstas se agrupaban, fundamentalmente, en el seno de una coalición heterogénea, la Multipartidaria, incluve al Partido Radical, al Movimiento Independiente por el Desarrollo (MID), al

Intransigente, a la Demócrata Cristiana y al peronismo oficial (justicialismo), que a pesar de sus divisiones sigue siendo la fuerza política que dispone de mayor audiencia en el país.

Expresando la posición de una amplia mayoría de la burguesía argentina, coincidiendo con el deseo de las potencias imperialistas, los dirigentes burgueses se declaran abiertamente, a partir de la derrota, "favorables a un retorno de los militares a sus cuarteles". Sobre esta base, y utilizando los márgenes de demagogia tolerados actualmente, se esfuerzan por canalizar tras ellos la hostilidad popular al régimen. Pero después de casi 13 años de dictadura, sus partidos están debilitados, anquilosados. Las querellas entre clanes y las aspiraciones de los caudillos dividen a todos. Temen el vacío político y están asustados ante la amplitud de la crisis económica y los riesgos de explosión social que implica. Saben que desde su punto de vista no tienen ninguna alternativa: en materia económica, aceptan y aceptarán las directrices de los expertos del Fondo Monetario Internacional (FMI), delegados por los acreedores imperialistas, directrices que aplican ya hoy Reynaldo Bignone y sus ministros. Y no ignoran que para gobernar y continuar, básicamente, imponiendo esta política a las masas golpeadas por la miseria, tendrán necesidad de los militares. El resto no es mas que táctica.

Así, por ejemplo, el MID, cuyo dirigente es el antiguo presidente de la República Arturo Frondizi, se ha pronunciado por una candidatura única a la presidencia, que agrupe a radicales y peronistas sobre la base de un pacto negociado entre los dirigentes de las principales formaciones burguesas. Este tipo de propuesta, y muchas otras más efímeras, agitan mucho a la Multipartidaria. Están destinadas a frenar las discusiones y las posibles rupturas en el seno del radicalismo, y sobre todo del peronismo. Y ante todo, pretenden desviar a corto plazo la atención de las cuestión fundamentales que se plantean. El calendario electoral de la transición negociada

El anuncio oficial del "calendario electoral" demuestra que actualmente la gran mayoría de los militares asume la idea de un necesario retorno a los cuarteles. Pero no de cualquier manera ni a cualquier precio. Exigen tres categorías, que consideran vitales para "mantener la integridad de la institución": ninguna investigación sobre las responsabilidades guerra de las Malvinas, consenso tácito en torno a una "Ley del olvido" a propósito de la represión —en otras palabras, los muertos y desaparecidos deberán "desaparecer" por segunda vez-: y mantenimiento todas sus prerrogativas en materia de "seguridad nacional"', lo que significa compartir el poder, y en este marco, gozar de liberacción en materia de represión. Estos son al mismo tiempo, los límites, las bases y el marco de la "transición negocia-

CON

APARICION

VIDA

DE TODOS LOS

DESARABE ME

NARCI

da" que se desarrolla desde hace ya varios

"Transición negociada"' oficializada ahora desde la aceptación pública por los principales dirigentes de la Multipartidaria del "diálogo" con el poder militar.

Este "diálogo", discreto y oficioso ayer, oficial hoy, sólo puede satisfacer a la Junta:

dentro de los estrechos márgenes determinados por la crisis generalizada por la que atraviesa Argentina, y tras el_fiasco de las Malvinas, retomar la iniciativa política. ¿Podrá conservarla hasta la celebración de las elecciones e imponer, después, una forma más discreta pero muy real de participación en el poder, todo ello sin tener que rendir cuentas por sus críme-

En gran parte, la respuesta a esta pregunta depende del ritmo de reorganización, de removilización de la clase obrera. Es ella la que más ha sido golpeada por el efecto combinado de la represión y de la crisis. Ha disminuido numéricamente. Sus militantes combativos han sido los más diezmados. Sus estructuras organizativas, particularmente en el seno de las empresas, conquiscombate de varias generaciones, están desmanteladas. Sus miembros deben gastar una energía considerable para "unir los dos cabos". O simplemente sobrevivir. A pesar de todo, renacer la confianza. Lentamente. Con mucha prudencia. Surgen conflictos. Se prolongan las luchas. En las fábricas y oficinas aprecen progresivamente estructuras surgidas de la base. Es aún un proceso muy disperso, de naturaleza fundamentalmente defensiva. Pero ya los trabajadores han dejado de ser aquellos protagonistas pasivos y silenciosos que desearían que fueran las direcciones burgueseguras de llevar a buen puerto su pretendido dialogo con los milita-

La vieja burocracia sindical — que es uno de los componentes del peronismo - se encuentra, en muchos aspectos, en una posición un tanto nueva. En primer lugar, surge estructuralmente debilitada de los años de dictadura. En segundo lugar, está surgidas sobre la base de intereses sectoriales y camarillas, que explican en lo fundamental, la existencia actual de dos polos organizados, la llamada "Azopardo"' y la llamada CGT "Brasil". Pero más allá de estas divisiones, la burocracia ha desarrollado sus propias formas de colaboración con la dictadura, paralelanente a la Multipartidaria. En este marco, y en la perspectiva de una "normalización' próxima por los militares, de la vida sindical, su papel va a aumentar rápidamente. Pero los factores de crisis en el senò de esta burocracia, nutridos por su situación profundamente contradictoria, tenderán a

La huelga nacional convocada el 6 de diciembre de 1982 por las organizaciones sindicales, aunque no hubiera dado lugar a ninguna manifestación, encotró un eco muy amplio. Pocos días después, el 16 de diciembre, los dirigentes de la Multipartidaria convocaban, con el acuerdo tácito de la Junta, una gran concentración de apoyo a su política. Rápidamente desbordados, prefirieron desaparecer cuando varios cortejos, de composición mayoritariamente obrera, transformaron esta acción en una movilización de masas contra la dictadura.

Aquella jornada marcó un cambio de situación, sin ninguna duda: sectores de masas significativos mostraron que recuperaban la confianza, que estaban dispuestos a hacer frente a los esbirros de la dictadura, a luchar por su derrocamiento. Las movilizaciones nacionales de las masas trabajadoras de Argentina, previstas para el próximo futuro, lo confirmarán. O