Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

No a la militarización, no a los misiles, no a la OTAN

· Inprecor n.º 33, julio de 1983 · pp. 4-5 · 1.596 palabras

NO A LA MILITARIZACION,

NO A LOS MISILES, NO A LA OTAN

Res suyo potencio marias una ONALD Reagan ya tiene en sus

res cuyo potencial mortífero equivale a casi un millón de Hiroshimas. Y continúa aumentándolo: entre 1980 y 1983, el presupuesto militar norteamericano ha aumentado un 12% anual, en términos reales, pasando de 142.000 a 257.000 millones de dólares. Esta demencial carrera hacia la masacre pone al desnudo la realidad del imperialismo, disimulada tras los hipócritas discursos en torno a los derechos humanos.

Esta realidad eș la escalada de militarización y de armamentos nucleares. Es la movilización general de los recursos económicos, de los cerebros y de las tecnologías al servicio de una empresa de destrucción. La bomba de neutrones encarna por sí sola el espíritu del capitalismo en putrefacción, que se las ingenia para destruir a las personas protegiendo los bienes: lo que demuestra que el derecho a la propiedad termina prevaleciendo siempre, en este sistema, sobre los verdaderos derechos hu-

DECLARACION DEL SECRETARIADO UNIFICADO DE LA IV INTERNACIONAL

Esta realidad no son únicamente los Hiroshimas potenciales almacenados en los silos, los submarinos o los bombarderos nucleares, sino también los Hiroshimas silenciosos de la miseria y del hambre provocados por el pillaje de los países coloniales y semicoloniales: 40.000 niños mueren todos los días en estos países, en su mayoría por desnutrición.

Esta realidad son los programas de austeridad, que golpean cada vez más duramente a los trabajadores de los países capitalistas mismos, mientras que sus gobiernos gastan cada vez más dinero en armas. En Francia, el gobierno, compuesto por ministros socialistas y comunistas, prepara la puesta a punto de la bomba de neutrones y acaba de decretar, para los próximos cinco años, un programa militar de 120.000 millones de dólares, en el mismo instante en que ataca los aumentos salariales, el sistema de seguridad social y el nivel de empleo. La consigna "Puestos de trabajo, no bombas" , que se ha propagado en las grandes movilizaciones antinucleares, ilustra y condensa el vínculo necesario entre la lucha contra la carrera de armamentos y la lucha contra las políticas de austeridad capitalistas.

Esta realidad, ante todo, no es solamente la amenaza de apocalipsis nuclear, es también la guerra de agresión lanzada ya por el imperialismo contra las luchas de liberación de los pueblos oprimidos. En estos momentos, los Estados Unidos y la CIA están directamente implicados en la agresión armada perpetrada contra la Nicaragua revolucionaria y en el apoyo a los dictadores de Guatemala y de El Salvador. E régimen salvadoreño es culpable de 50.000 asesinatos en tres años, es decir, el equivalente de medio millón de muertos para po-

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blaciones como la de Francia, Alemania o Inglaterra... Más allá de El Salvador, Nicaragua y Granada, también amenazada, es la revolución cubana la que está en el punto de mira del imperialismo yanki. En Oriente Medio, gracias a la asistencia material y política norteamericana, el dirigente israelí Menajem Beguin pudo lanzar la invasión del Líbano, en un intento de aniquilar la resistencia palestina.

El alboroto montado en torno a las propuestas de Ronald Reagan o de Margaret Thatcher, el gran juego diplomático en torno a las negociaciones de Ginebra sobre la limitación de armas nucleares, no pueden ahogar el ruido de estas intervenciones y de estas guerras. La verdadera raíz de la carrera de armamentos

En la raíz de la carrera de armamentos se encuentra, por tanto, la crisis económica del sistema capitalista y el mantenimiento del orden imperialista frente a las luchas de los trabajadores y a las explosiones inevitables de los pueblos oprimidos condenados al desespero. El argumento que a menudo se aduce, de la pretendida superioridad militar soviética, y la pretendida amenaza que implica para el mundo que se proclama "libre" , no son más que pretextos para justificar la escalada militarista.

Como lo reconocen incluso algunos expertos norteamericanos, resulta que:

—los Estados Unidos aún disponen de un número de cabezas nucleares superior al de la Unión Soviética;

— la mayoría aplastante de los misiles soviéticos están basados en tierra y por tanto son susceptibles de ser destruidos por los misiles norteamericanos, mientras que tres cuartas partes de la fuerza nuclear estratégica norteamericana están formadas por armas transportadas por submarinos o bombarderos inaccesibles a los SS-20 soviéticos; además, los misiles de crucero (Cruise) norteamericanos hacen que una parte importante del sistema defensivo soviético quede caduco;

—la diferencia entre el porcentaje del producto interior bruto destinado a los gastos de armamento en los EE.UU. y en la que los imperialistas utilizan menudo como argumento, no tiene ningún sentido. Si bien los gastos norteamericanos declarados son del 7% y los gastos soviéticos estimados de alrededor del 10%, el producto interior doble del producto interior soviético. Por consiguiente, en términos reales los gastos militares imperialistas son superiores a los de la URSS. Este esfuerzo pesa gravemente sobre la URSS, hasta tal punto que contribuye a agravar sus problemas económicos y alimenticios. Por lo demás, las estadísticas del Instituto Internacional de Investigación sobre la Paz (SIPRI) estimaban en 1980 que la OTAN era responsable del 43% de los gastos mundiales en armamento frente al 26% del Pacto de Varsovia.

El imperialismo es el principal factor de guerra y la primera amenaza para la paz. Solidaridad con el movimiento pacifista de Europa

Por su parte, la política militar de la burocracia en el poder en la URSS y en los países del Este tiene una dimensión reaccionaria, que se inscribe en la prolongación de su política interior e internacional:

— una política internacional basada, no en el internacionalismo militante, en la solidaridad entre los trabajadores y los pueblos del mundo entero, sino en los pactos y acuerdos de coexistencia o de reparto del mundo con el imperialismo;

- una política interior no basada en la sino en la negación de sus derechos políticos, sindicales o nacionales más elementales, como ilustran las intervenciones soviéticas en Hungría en 1956 y en Checoslovaquia en 1968, así como el golpe de Jaruzelski contra los trabajadores polacos en

De ahí que nos solidaricemos con corrientes que se han manifestado contra la carrera de armamentos en Alemania del Este y, aunque de forma más limitada, en otros países del Este. El desarrollo de estas corrientes estimularía enormemente movimiento antiguerra en Europa occidental y asestaría al imperialismo un golpe mil veces más duro que algunos misiles soviéticos de más. Al exigir un control público y democrático sobre la política militar y exmovimiento antiguerra nasas independiente de los Estados en Europa del Este tendría inevitablemente una dimensión antiburocrática. Sólo la movilización puede hacer retroceder

La lucha contra la carrera hacia la guerra es asunto de todas y de todos, de los trabajadores condenados a la austeridad y al paro, de las mujeres condenadas a la explotación y a la opresión, de los jóvenes condenados al paro y al encuadramiento militar. Es un asunto demasiado serio como para dejarlo en manos de dipiomáticos o dejar que lo resuelvan entre gobernantes en de las negociaciones cumbre. Sólo la movilización puede hacer retroceder a los belicistas.

En 1982 y en la primavera de 1983, millones de trabajadores, de mujeres, de jóvenes, se movilizaron en toda Europa contra el despliegue de los misiles, como en Gran Bretaña, en Alemania, en Bélgica, en Holanda, en Italia, en Dinamarca; por el rechazo de la OTAN o el desmantelamiento de sus bases, como en el Estado español, en Grecia, etc.

En Europa occidental es factible el acuerdo más amplio y unitario contra el desplie- . gue de los misiles nucleares previsto para finales de este año:

- De Comiso (Sicilia) a Greenham Common (Gran Bretaña), no al despliegue de los misiles Pershing y Cruise.

—Fuera las bases de la OTAN. Desmantelamiento de las bases avanzadas norteamericanas en Europa. Abajo la dictadura que convierte a Turquía en una fortaleza a sueldo del imperialismo en la región.

—No a las fuerzas nucleares francesa y británica, que forman parte del dispositivo una Europa desnuclearizada, desde Polonia hasta Portugal, desde Sicilia

- Reducción masiva de los presupuestos militares, nacionalización completa y reconversión de las industrias de armamento: puestos de trabajo, no bombas.

- Apoyo a los derechos democráticos de los soldados reclutados por el ejército burgués y de los trabajadores víctimas de las leyes de excepción en torno a la contratación y la afiliación sindical en las industrias

- Alto a la intervención imperialista en América Central. Desarme unilateral del imperialismo

La amenaza de guerra nuclear comporta para la humanidad un peligro sin precedentes. Ni las protestas y ni la perpetuación del equilibrio del terror constituyen una garantía contra el desencadenamiento de esta

Mientras los gobiernos imperialistas tengan en sus manos sus mortíferos instrumentos, subsistirá el peligro nuclear.

La única manera de evitar la consiste en desarmar a los belicistas derribando al capitalismo en sus propias ciudadelas. Esta es la tarea y el deber de los trabajadores en estos países.

La Cuarta Internacional y sus secciones forman parte de la batalla contra el militarismo y la austeridad. En toda Europa debe alzarse una voz unida para decir no al despliegue de los misiles y a los gastos militares, para decir no a las secuelas de la crisis (paro, disminución de salarios y de los gastos sociales, agitación racista de la derecha). En cada ocasión importante, esta voz debe hacerse oir. En el próximo otoño, la movilización que se ha desarrollado en diversos países debería dar un nuevo paso adelante en su coordinación, acordando convocar una gran manifestación europea.

Las secciones europeas de la Cuarta Internacional contribuirán con todas sus fuerzas a impulsar este combate. O