Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Hace 50 años, Hitler tomaba el poder

Inprecor n.º 32, marzo de 1983 · pp. 11-12 · 909 palabras

Hace 50 años,

Hitler tomaba el

poder

- L 30 de enero de 1933, Adolf Hitl

• fue nombrado canciller de Alemani

Fue este uno de los días más negros del siglo XX, para la clase obrera de Alemania y Europa, incluso para la humanidad entera. Sucesivamente, en breves etapas, fueron ilegalizados el Partido Comunista Alemán (KPD), la socialdemocracia (SPD), y los sindicatos, y sus dirigentes fueron detenidos, torturados, algunos asesinados, sus miembros atomizados y aterrorizados. La clase obrera perdió todas las conquistas organizativas y políticas de 75 años de lucha. También quedaron desmanteladas buena parte de sus conquistas sociales y

Es cierto que el 30 de enero de 1933 no cayó del cielo. No era más que el punto final de un largo deterioro de la relación de favorable a la clase obrera; establecida por el comienzo de la revolución socialista alemana de noviembre-diciembre de 1918. La traición de esta revolución por los dirigentes del SPD, Gustav Noske; Friedrich Ebert y Philipp Scheidemann; 1919, el fracaso de la crisis revolucionaria de 1923, fueron las etapas decisivas que permitieron la reorganización de los personajes y de los grupos que llevaron al poder a

"para resolver" la grave crisis del capitalismo alemán, sobre las espaldas de la clase obrera: los magnates del gran capital, ante todo los del Ruhr y de la l.G. Farben; los generales de la Reichswehr; las cuerpos francos, núcleos de las futuras SA y SS.

Los obreros alemanes habían empezado a barrer a toda esta gentuza en noviembre y diciembre de 1918. Pero la socialdemocracia los colocó de nuevo en el primer plano del escenario político: El propio Leon Blum reconoció en Le Populaire, en 1937: «Hitler en el poder, este es el precio pagado por la socialdemocracia alemana por haberse negado a ir hacia la dictadura del proletariado en 1918».

Pero si la toma del poder por los nazis fue la culminación lógica de un debilitamiento progresivo de la fuerza del movimiento obrero alemán, este resultado aún no era fatal a comienzos de 1933. La clase obrera y el movimiento obrero alemán conservaban reservas, recursos de respuesta y combati-

Después del 30 de enero; entre el nombramiento de Adolf Hitler como canciller y el incendio del Reichstag (24 de febrero); alguna de las principales ciudades alemanas escenario de las manifestaciones callejeras más poderosas de toda la historia alemana, más fuertes incluso que en 1918 1919 o que en 1923. El objetivo de estas manifestaciones consistía en protestar contra el nombramiento de Adolf Hitler como: canciller, contra las primeras detenciones de diputados y dirigentes locales comunistas y socialdemócratas. Un enorme clamor subía de la base de todas las organizaciones obreras, hacia sus direcciones: "Actuad inmediatamente. No permitáis que los nazis palancas del poder: ¡Frente Unico Obrero!».

Pero los dirigentes socialdemócratas y comunistas pusieron oídos sordos. Prisioneros de su creținismo parlamentario y de grotescas ilusiones en torno a la naturaleza del fascismo, creyeron poder salvar "la or-

• si no se oponían frontalmente a los fascistas, los líderes socialdemócratas dieron un paso atrás después de otro, capitulando y traicionando. Llegaron incluso a apoyar el llamamiento de los nazis para un primero de mayo de unión nacional. Poco después de esta ignominia, no por ello el Partido Socialdemócrata y el Partido Comunista dejaron de ser disueltos oficialmente (5 de junio).

Los dirigentes del KPD, alentados por el "guía genial" José Stalin, se aferraron a una subestimación criminal del fascismo y su conquista del poder. Rechazaron con obstinación una política de Frente Unico con la socialdemocracia, en la base y en las cuspide, amparandose en la "teoría" del socialfascismo. Los dirigentes estalinistas trataron, en el fondo, de convencer a los militantes comunistas y a los trabajadores alemanes de que en realidad el 30 de enero de 1933 no había cambiado gran cosa: Centenares de miles de trabajadores alemanes y millones de trabajadores europeos (ante todo de la URSS) perdieron la vida como consecuencia de esta criminal irres-

La capitulación sin combate de las grandes organizaciones obreras alemanas frente al fascismo asestó un terrible golpe a la conciencia de clase del proletariado alemán, a su confianza en sus propias fuerzas y en su misión histórica. Los es fuerzos, la conquistas de tres generaciones de luchadores obstinados, ejemplares, los mejor formados del proletariado europeo, quedaron dilapidadas en el espacio de

Las " consecuencias siguen determinando en parte, nuestros días, la situación social en Alema-

La clase obrera europea extrajo, a su manera, las lecciones del 30 de enero de 1933. En todos los países, el grito común es: «Nunca más capitularemos ante el fascismo". Los heróicos combatientes del Schutbund austriaco de febrero de 1934; los mineros de Asturias en octubre de 1934; los trabajadores franceses que forjaron el Frente Unico el 12 de febrero de 1934, y despues la huelga general de junio de 1936; el proletariado español frente al golpe militar-fascista de Franco en julio de 1936: son ellos los que al responder por la vía insutuvieron la última palabra en cuanto a la naturaleza de los capituladores del 30 de enero de 1933:

Aunque su lucha haya sido desviada, aunque ellos mismos hayan sido traicionados a su vez, y posteriormente desmovilizados por direcciones fracasadas, comprometidas en la política de frentes populares, permitieron que el proletariado europeo preservara el futuro. Todo lo que el proletariado pudo conservar, reconquistar arrancar desde entonces, partió de allí. Es una lección sobre la que vale la pena meditar y que jamás debe olvidarse.

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