Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Gran Bretaña: Las luchas sindicales y el congreso del Partido Laborista

· Inprecor n.º 31, noviembre de 1982 · pp. 9-11 · 2.501 palabras

El Congreso del Partido Laborista (LP) y de la Confederación de Sindicatos (TUC), que acaban de celebrarse a comienzos de otoño, han permitido clarificar la situación política en

Gran Bretaña. Han dado una imagen sintética de la situación del movimiento obrero, política y sindical, tras la guerra de las Malvinas. El rasgo más destacado de estos dos Congresos es el hecho de que han reflejado con gran fidelidad las mismas tendencias fundamentales en el seno del movimiento obrero. Este fenómeno confirma de forma contundente el hecho de que las luchas en los sindicatos tienen cada vez más repercusiones inmediatas y profundas en el seno del

Aunque algunos sectores de la izquierda británica se sientan incómodos ante esta evolución, la tendencia fundamental de la política de la clase obrera apunta a la profundización continua de la interdependencia entre las contradicciones generadas en el seno de los sindicatos, las campañas de masas y los ejes políticos de estas luchas, por las divisiones

Partido Laborista, y viceversa.

en el seno del LP.

Las luchas sindicales y el

Congreso del Partido

Laborista

Las contradicciones actuales del movimiento obrero británico

ARA el conjunto de las clases socia-

Por del problema gubernamental.

gubernamental.

por el problema el problema fun-

Para la clase dominante, damental es el de mantener en pie, ante la competición que se perfila, tanto a un Par tido Conservador que está resultando profundamente impopular, como la alianza formada por los nuevos partidos, el Partido

Socialdemócrata (SDP) y el Partido Liberal, para impedir el desastre de una eventual llegada al poder, bajo la presión de las masas, de un gobierno laborista inestable.

La irrupción de las luchas

Por otro lado, los trabajadores del sector público y de la Sanidad que hoy están en huelga y luchan contra los conservadores, son los mismos que en 1979, durante el "invierno del descontento", habían participado en el derrocamiento del gobierno laborista de entonces, dirigido por Callaghan.

En este momento, son éstos mismos trabajadores los que querrían un gobierno laborista de tipo distinto. Buscan por todos los

Brian HERON medios posibles llevar al poder a un gobierno laborista que rompiera totalmente con los gobiernos de tipo Wilson-Callaghan. La perspectiva, a relativamente corto plazo, de convocatoria de las elecciones más importantes desde la guerra, tiene la consecuencia de que estos problemas se situarán cada vez más en el centro de las preocupaciones de las dos clases antagónicas, durante los próximos meses.

En este marco, asistimos a una formidable irrupción de luchas obreras, que vienen a romper la paz social que debía instaurar, entre otras cosas, la guerra de las Malvinas, Las jornadas de acción en solidaridad con la huelga de la Sanidad (que arrastraron a 4 millones de trabajadores en diversas movilizaciones de interrupción del trabajo) proseguirán.

Los técnicos de correos y telecomunicaciones han decidido convocar una huelga para impedir que los conservadores entreguen al sector privado su industria nacionalizada, que resulta rentable. Los empleados de las compañías de agua preparan una huelga nacional. Los metalúrgicos se disponen a hacer lo mismo. Ahora son los mineros los que han decidido, en su Congreso, después de una votación efectuada pozo por pozo, convocar una huelga en defensa de los puestos de trabajo y por un aumento de los salarios del 30%.

Todas estas acciones han venido impuestas a una burocracia sindical reticente y atemorizada, a la que Margaret Thatcher no ofrece ninguna condición, y que por tanto se encuentra sin nada que pudiera ayudarla a reafirmar su propia estabilidad cuando está en conflicto con su base. deseo de la burocracia de dar un toque de advertencia al gobierno Thatcher ha abierto la vía a una impetuosa oleada de cólera contra los conservadores. Pese al paro realmente masivo, los retrocesos serios y las luchas defensivas de estos tres últimos años, la base de la fuerza de los sindicatos ha permanecido intacta. Todos los problemas nacionales que emergen constituyen una ocasión para hacer resurgir la capacidad y voluntad de lucha de la masa de trabajadores sindicados. Avances de la izquierda y giro a la derecha de la burocracia

Sobre la base de las circunstancias descritas más arriba, en los Congresos del TUC y del LP han podido registrarse avances políticos muy importantes. Consisten principalmente en la adopción, por el TUC, de una resolución contra la política de rentas, y en el hecho de que varios oradores hayan subrayado la necesidad de llevar aún más lejos las acciones de solidaridad con los trabajadores de la Sanidad. Estas acciones constituyen una infracción de la nueva ley sindical promulgada por el gobierno conservador, pero ambos Congresos han manifestado su intención de romper el marco de esta ley.

En el Congreso del Partido Laborista, la batalla por el desarme unilateral conoció una victoria obteniendo una mayoría de dos tercios de los votos, lo que garantiza tradicionalmente que esta resolución figure en la plataforma electoral del Partido. Además, se adoptaron resoluciones de solidaridad con la lucha del pueblo palestino, y se reafirmó un vasto programa de nacionalizaciones.

Por un lado, la victoria en torno al desarme unilateral, y sobre todo la resolución sobre elapoyo a la Organización de Liberación de Palestina (OLP), fueron el producto del surgimiento de nuevas fuerzas que han aparecido, por vez primera, en el marco de la oposición a la guerra de las Malvinas, y que han empezado a construir una corriente antiimperialista, sobre todo entre los jóvenes militantes del movimiento antimisiles. La decisión del Congreso laborista no sólo da un nuevo impulso a estas fuerzas en el movimiento obrero, sino que también permitirá atraer la atención del vasto movi-

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Gran Bretaña miento antimisiles sobre la necesidad de llevar al poder a un gobierno laborista que ponga realmente en práctica la línea política adoptada.

El ascenso de la lucha contra la ofensiva conservadora es uno de los aspectos de la situación del movimiento obrero actualmente en Gran Bretaña. Otro aspecto es el brutal giro a la derecha, tanto en el plano organizativo como político, del conjunto de la burocracia laborista. La respuesta de esta burocracia a la nueva etapa de luchas es una ofensiva por "reestabilizar" al Partido laborista. Lo que quiere dar a entender a la clase dirigente del país es que el LP está transformándose en un instrumento estable y fiable a través del cual la burguesía podría velar por sus intereses.

Al lanzar esta ofensiva política, con aires de venganza, en los Congresos del TUC y del LP, la burocracia intenta convencer a la clase dominante de que la considere de nuevo como una parte en la negociación, capaz de desempeñar un papel de equilibrio en la polarización de clases. La caza de brujas

La pieza muestra de esta ofensiva es la caza de brujas. El Congreso del Partido laborista instituyó el registro de los grupos autorizados o no a militar en el Partido. Gran número de secretarios generales de los sindicatos aportaron todos sus mandatos a favor del registro, pese a la decisión contraria de determinadas delegaciones sindicales, cuyos Congresos se habian pronunciado contra toda caza de brujas. El objetivo inmediato de esta operación es el grupo llamado Militant Tendency y sus delegados en las secciones locales del Partido. Pero a más largo plazo, esta caza de brujas se dirige nada menos que a quebrar la fuerza del movimiento que se encuentra detrás de Tony Benn y la política radical a la que se asocia esta corriente de masas, y que él defiende efectivamente. Es esta corriente la que "desestabiliza"' al LP, desde el punto de vista de la burguesia.

La ofensiva del ala derecha ha adoptado también otras formas. Pese al voto del TUC contra la política de rentas, los dos Congresos, tanto el del sindicato como el del partido, han adoptado un documento sobre la política económica que, bajo el título eufemístico que lleva (balance de la situación económica del país), incluye una política de rentas. Este documento fue adoptado casi por unanimidad en el Congreso del

En segundo lugar, el Consejo General de la Confederación Sindical se ha reforzado en su ala derecha, gracias a una maniobra técnica que incrementa la representación de los sindicatos más pequeños.

Las elecciones al Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del Partido laborista fueron aún peor. Los partidarios de Benn en el CEN son menos - sobre todo en el sector reservado a las mujeres-, pues la burocracia está firmemente decidida a bloquear el impacto político que pudieran tener las opciones radicales del Congreso de mujeres laboristas, celebrado en la primavera de 1982, para el conjunto del Partido. Pero esto no ha beneficiado en nada al "centro" del Partido, ni a Michel Foot, ni a los demás dirigentes del Partido. Al contrario, es el líder del ala derecha, Denis Healey, el que tiene actualmente la mayoría en el CEN. Esto tendrá importantes consecuencias.

El ala derecha se refuerza

Hay actualmente una mayoría en la laborista extraparlamentaria, como entre los miembros del parlamento, que se ha opuesto al desarme unilateral y a otras opciones de máxima importancia ganadas por la izquierda en los congresos del Partido durante los últimos años. Las posiciones que ha ganado así la derecha han bastado para permitirle al representante del ala más derechista del Partido laborista, Roy Hattersley,

Yes. Are South

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que apareció en la televisión inmediamente después de tomarse la decisión histórica a favor del desarme unilateral, anunciando con seguridad que esta decisión no sería aplicada jamás por un gobierno laborista.

La profunda contradicción que se ha desarrollado en el movimiento obrero con motivo de los congresos del TUC y del LP, entre la evolución de las direcciones y el fuerte reascenso de las luchas contra el Gobierno, ha tenido efectos inmediatos y dramáticos. Los esfuerzos de la burocracia para arrastrar hacia la derecha, recuperando también su control, a la creciente fuerza del movimiento hacia la derecha, recuperando también su control, a la creciente fuerza del movimiento de masas que surge contra los conservadores, han dado lugar al congreso laborista más anárquico y desorganizado de los últimos años. Spanswick, dirigente derechista de un sector de obreros de la Sanidad, exigió el apoyo incondicional del Partido, prácticamente hasta la huelga general. toda la jornada que siguió a la aparición de Hattersley en la televisión, en la tribuna se sucedieron los delegados exigiendo que se asegurara que la política adoptada sobre el desarme unilateral sería realmente aplicada.

En una intervención muy bien acogida, Ray Hill, metalúrgico en paro, lanzó un ataque violento contra la traición del dirigente sindical del acero, Bill Sirs. Fue una denuncia tan eficaz de la demagogia de Sirs, que pretendía defender los puestos de trabajo de los metalúrgicos, que la presidencia tuvo que ilamarle a la tribuna para defendiera él mismo. Cuando se descubrió que el dirigente de los ferroviarios, Weighell, utilizaba los votos de su sindicato a favor de un candidato del ala derecha para el CEN, contrariamente a su hubo una denuncia general de todos los rincones del congreso, y después de una maniobra para tratar de recuperar a su base, dimitió de su puesto de secretario general del sindicato más importante de los La política de Benn

Si podemos decir de alguien que resume todas estas presiones contradictorias, es por supuesto Tony Benn. Después de la campaña de 1981, lanzada para conquistar la dirección del Partido, y que le había llevado a escasos decimales del porcentaje necesario para ello, tencia que no reabriría la lucha contra la dirección Foot, salvo en determinadas circunstancias negativas, a saber: la apertura de la caza de brujas, o un ataque directo de la dirección del Partido contra la política decidida por el Congreso. Estas dos condiciones existen hoy, de forma evidente. Sin embargo, pese a la creciente frustración de

Benn ha adoptado la política de tender la mano a la dirección Foot.

En el transcurso de uno de los mítines más importantes celebrados al margen del

Congreso del Partido Laborista, tras la derrota sufrida en el tema del registro de los victoria obtenida con el del desarme unilateral, Benn declaró: «Queremos los mismos militantes en el Partido, y la misma política, la misma dirección». Aterrorizado por la campaña de la derecha de achacar a la izquierda del partido la responsabilidad del desastre que conocen los laboristas en los sondeos de opinión (los últimos muestran que el LP está 10 puntos

Gran Bretaña por debajo de los conservadores), Benn quiere romper su aislamiento y tejer nuevos lazos con la burocracia laborista. Al actuar no señala qué línea de conducta deberían adoptar los que están dispuestos a luchar desde ahora contra la dirección Foot.

Sin embargo, estos han manifestado claramente su voluntad, anunciando la creación de un nuevo grupo parlamentario de antiguo grupo "Tribune", del que Foot sigue siendo

Benn ha apoyado la escisión. Pero ¿ qué va a hacer? Varios diputados implicados en esta operación están a favor de convocar una Il Conferencia Nacional del ala izquierda del sindicato, del Partido y del grupo parlamentario. Pero para Benn, esta perspectiva está totalmente fuera de lugar. «¿Por qué minorizarnos?», pregunta.

La caza de brujas que se desarrolla hoy en el Partido empieza a dar lugar a una convergencia de todas estas corrientes. Es una amenaza contra toda posibilidad de establecer en el LP una dirección y una política que aunque sea mínimamente, grandes luchas que se desarrollan contra el gobierno. En este sentido, la caza de brujas es un golpe directo contra el movimiento de masas. El ala derecha del Partido trata de iniciar la ofensiva contra los dirigentes de la tendencia Militant. Continuará con la eliminación de los partidarios de Tony Benn, de todos los puestos políticos clave en la dirección del LP. Empezará una guerra a largo plazo en numerosas secciones locales del partido, pues los derechistas van a exigir el "título de registro"' a los partidarios de la izquierda. La caza de brujas ya se ha iniciado en algunos sindicatos. Entre los ferroviarios, por ejemplo, Weighell dirige el ataque contra las actividades de la izquierda en su

En este sentido, durante el Congreso, Tony Benn y otros dirigentes quierda, consecuentes con su aproximación a la dirección del partido y de sindicato en esta etapa, dieron como consigna ignorar básicamente la caza de brujas. En lugar de una respuesta, proponen que la izquierda centre sus esfuerzos en los progresos políticos registrados en los dos Congresos obreros. En realidad, si no se lucha contra la caza de brujas, no será posible proteger las conquistas políticas ni movilizar a la izquierda en torno a la batalla que tendrá que librar sin ninguna duda.

La única línea que le permite a la izquierda avanzar en los sindicatos y en el partido, actualmente, exige un desafío frontal a

Foot y sus aliados. Naturalmente, no se trata de exigir inmediatamente la elección de una nueva dirección. Es necesario combatir la caza de brujas dirigida por Foot, y defender las opciones políticas socialistas.

Esta es la actitud que junto a una unidad de acción más estrecha entre el partido y el sindicato para derribar al Gobierno conservador, podrá asegurar la victoria obrera del