El ataque patronal contra
La decisión de la patronal italiana, tanto pública como privada, de rescindir el acuerdo de 1975 sobre la escala móvil, es el punto cultinante de una ofensiva de gran envergadura emprendida contra la clase obrera desde hace dos años, con gran determinación por parte de la burguesía. La posición de la patronal se ha reafirmado en las semanas posteriores al final de las vacaciones: en los principales sectores industriales, los convenios nacionales que caducan no se renovarán si las organizaciones sindicales no aceptan rebajar en gran medida el mecanismo de revisión salarial automática que ha protegido hasta hoy los salarios frente a la inflación (principalmente los salarios inferiores, pues los salarios altos sólo
Eletta DELANA en Turín.
Sistoria de ta tucha de ciases de los E trata de un ataque cuyo alcance
/historia de la lucha de clases de los últimos 15 años, de una gravedad idéntica y que adquiere el mismo caracter de desafío lanzado al movimiento obrero, que el ataque desencadenado por Agnelli en el otoño de 1980 contra los trabajadores de la FIAT
Se trata, esta vez, de un ataque mucho más peligroso: no está dirigido contra un solo sector de la clase obrera — aunque sea numérica y políticamente tan importante como el de la FIAT -, sino un ataque contra el movimientó obrero y sindical en su conjunto. Los patronos quieren eliminar una conquista fundamental de los años se-
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la escala móvil se revisan parcialmente).
tenta, una conquista que se ha convertido un poco en el símbolo de la fuerza y del impulso igualitario que caracterizó el ascenso de las luchas entre finales de los años sesenta y la primera mitad de los años seten-
El mecanismo actual de escala móvil es fruto de una negociación inter-profesional iniciada por la federación unitaria CGIL-CISL-UIL en septiembre de 1974, y que concluyó en enero y febrero de 1975.
Dicha negociación se inició después de un año de intensas discusiones en el seno del movimiento sindical, y después de que la base hubiera exigido desde hacía mucho tiempo a las direcciones sindicales que tomaran una iniciativa para oponerse a la degobierno de la época, dirigido por el demócrata cristiano Rumor, que había sucedido a otro demócrata cristiano, Andreotti, que cayó como consecuencia de las luchas obreras de 1973 en torno a la renovación de los convenios, había decretado un bloqueo de precios, demagógico y totalmente ficticio. Los precios habían seguido aumentando, mientras que las burocracias sindicales, con la coartada del bloqueo de precios decretado por el gobierno, hacían todo por frenar las reivindicaciones salariales de los trabajadores. Pero la presión de éstos terminó imponiendo en todos los lugares de trabajo una discusión intensa sobre el pro-
Las reivindicaciones avanzadas por la base, y que recibieron en un primer momento el apoyo de los dirigentes sindicales, eran mucho más avanzadas que las que figurarían en la plataforma elaborada por la dirección nacional de cada una de las confederaciones CGIL, CISL y UIL. Además de la unificación del índice de aumento (que hasta entonces estaba muy jerarquizado según las categorías) se planteó la exigencia de un reajuste retroactivo para los años 1970-1974, lo que habría supuesto un aumento de 40.000 a 45.000 liras para las categorías más bajas. Además, los trabajadores exigían que se reelaborara la base de cálculo del índice de precios, para adaptarlo al consumo real de los trabajadores (por ejemplo, la gasolina no figuraba en ella), y una retroactividad de los aumentos salariales que no hacían sino seguir con cierto desfase los aumentos constatados de los precios.
Los dirigentes sindicales renunciaron a todo ello: se contentaron con reivindicar la unificación del mecanismo de revisión, declarándose favorable a una aplicación progresiva de esta reivindicación.
Pese a todas estas limitaciones, la negociación tuvo resultados muy positivos para la gran masa de trabajadores, y en particular para las capas menos protegidas en el aspecto salarial, que se beneficiaron ampliamente de la unificación del índice de revisión, así como los trabajadores del sector público, que obtuvieron que el mecanismo de escala móvil se aplicara cada trimestre (además de la modificación de su índice), mientras que hasta entonces sólo era aplicado cada seis meses.
La patronal opuso una resistencia importante, pero acabó cediendo ante las poderosas manifestaciones de los trabajadores y la gran huelga general del 23 de enero de 1975. El acuerdo fue una victoria importante de la clase obrera, victoria concebida por los trabajadores como una demostración de fuerza y de unidad en defensa de sus salarios. Por consiguiente, es lógico que los patronos quieran eliminar hoy el acuerdo de 1975, en un momento en que tratan de hacer retroceder al movimiento sindical.
Italia Los objetivos patronales
Al desencadenar esta ofensiva, los patronos italianos plantean principalmente tres objetivos: poner en tela de juicio un importante mecanismo de defensa de los salarios, haciendo así que la situación económica de los trabajadores sea más precaria; modificar el sistema de remuneración, para tener en cuenta mejor las cualificaciones y la productividad de cada uno; cambiar la relación de fuerzas entre el movimiento obrero y las fuerzas burguesas en beneficio de éstas, para tener las manos libres en el proceso de reestructuración y de extensión del paro, lanzado por el capitalismo italiano en el periodo actual.
La vuelta de vacaciones a finales de agosto de 1982 ha coincidido con una profundización de los ataques contra el empleo; en todas partes, y principalmente en los grandes centros industriales, prolifern los expedientes de crisis y se habla ya de una profunda crisis en la siderurgia, sector que hasta ahora había quedado relativamente a salvo.
Según los datos publicados en agosto por el centro de investigaciones estadísticas ISTAT, el paro (parcial y completo) ha llegado ya a un récord histórico (el número de parados es de 2,5 millones), mientras que el paro parcial alcanza el nivel de 320 millones de horas para los seis primeros meses del año. La patronal, sin embargo, quiere ir mucho más allá: el paro técnico se extiende en las empresas que ya recurrièron a él con anterioridad, mientras que "los patronos, con Agnelli a la cabeza, declaran constantemente que los trabajadores incluidos en el expediente no volverán a trabajar. El gobierno prepara al mismo tiempo un ataque importante contra los trabajadores incluidos en el expediente, a través de un decreto ley que prevé la reducción progresiva (en un 10% cada mes) de la cobertura salarial garantizada hoy por el régimen de expediente (80% del salario hasta 600.000 liras).
En este contexto, una victoria de la patronal en torno a la cuestión de la escala móvil sería un elemento de división y de desmoralización de los trabajadores, que podría abrir la vía a otras iniciativas antiobreras, haciendo cada vez más difícil la lucha por la defensa del puesto de trabajo. El frente patronal aparece unido y decidido, más allá de las diferenciaciones tácticas secundarias entre là patronal pública y la patronal privada (esta última está más dispuesta a reanudar la discusión con el movimiento sindical a través del gobierno), y cuenta con el apoyo del gobierno y del conjunto de la burguesía.
El gobierno Spadolini, apenas resucitado, después de haber sido derribado en agosto, ha preparado el terreno para el ataque patronal contra la escala móvil
Italia adoptando la orientación antiobrera de reducir el coste del trabajo y amputando el presupuesto de los servicios públicos. Este gobierno plantea hoy una batalla frontal, anunciando que los trabajadores del sector público sólo recibirán este año un aumento limitado. Esto está destinado a facilitar la maniobra patronal contra los trabajadores de la industria y a erosionar los salarios de los trabajadores del sector público para aumentar el beneficio patronal.
Pese a la amplitud de este ataque, y a pesar de la campaña de prensa histérica que se esfuerza por demostrar que la crisis eco nómica se deriva principalmente del coste excesivo del factor trabajo, los trabajadores podrían ganar la batalla de la escala móvil. Esto lo demuestran las imponentes manifestaciones de la pasada primavera, y particularmente el éxito de la huelga general del 25 de junio contra la ofensiva patronal, y por la manifestación de Roma, en la que participaron 500.000 trabajadores. Lo demuestra también la encarnizada defensa del acuerdo de 1975 por parte de los trabajadores en otras muchas ocasiones, hasta tal punto que la consigna "fuera las manos de la escala móvil'' se había convertido, de forma demagógica, a lo largo del año pasado en santo y seña de los dirigentes sindicales que querían atraerse la simpatía de los trabajadores. La petición de los 50.000
Inmediatamente después de la denuncia del acuerdo relativo a la escala móvil, por parte de la confederación patronal italiana, Confindustria, algunos delegados de la Alfa Romeo de Milán, de la Breda de Brescia, de la coordinadora de los trabajadores en paro técnico de la FLM de Turín, en su mayoría Rivoluzionaria (LCR), lanzaron una iniciativa de masas cuyos primeros resultados son una prueba de la voluntad de lucha y de la disponibilidad de los trabajadores. En poco más de una semana, y con unas fuerzas al principio muy limitadas, se recogieron 50.000 firmas de trabajadores para un llamamiento directo a las confederaciones CGIL, CISL y UIL, en el que, bajo la consigna «No a la eliminación de la escala móvil, ni hoy ni mañana», se exige «La continua ción de la movilización general, para que la patronal retire su decisión, incondicionalmente, y rechazando el chantaje: o los convenios o la escala móvil», y en el que «se invita a todos los dirigentes sindicales a abstenerse de cualquier concesión en las negociaciones con la patronal en torno a la escala móvil». El impacto de este llamamiento fue muy importante: en los lugares donde circuló, no sólo los trabajadores lo firmaron masivamente, sino que en muchas ocasiones lo adoptaron los comités de empresa o expresaron posiciones muy simila-
Además, esta petición encontró una audiencia amplísima en la prensa burguesa y en la prensa de izquierdas, lo que indica que esta iniciativa lanzada en el momento más propicio, sirvió de catalizador de las fuertes tensiones que aparecen en los últimos tiempos en el movimiento sindical en torno a esta cuestión. Los principales diarios de circulación nacional dieron mucho espacio a las conferencias de prensa locales y nacionales, en las que los promotores de esta iniciativa presentaron a las direcciones sindicales los resultados de la petición. Numerosos periódicos subrayaron el carácter "espontáneo" de esta iniciativa, atribuyéndolo directamente a los comités de empresa en los que proceden los iniciadores o a la FIOM (la federación del metal de la CGIL), sin suscitar auténticos desmentidos por parte de estos organismos.
En un comunicado en prensa del 7 de julio, la federación unitaria del metal FLM (CGIL-CISL-UIL) del Piemonte, a los que habían entregado los iniciadores de la petición las firmas recogidas, afirma que «esta iniciativa es útiul para sensibilizar a los trabajadores en torno a cuestiones decisivas para el movimiento sindical» y recuerda su compromiso, en la batalla «por reconquistar los convenios, por el abandono del proyecto de denuncia del acuerdo sobre la escala móvil, y la creación de nuevos puestos de trabajo».
La posición y la voluntad de los trabajadores, por tanto, son muy claras: el éxito de la petición sólo se explica si se tiene en cuenta la fortísima sensibilización de los trabajadores en torno a la cuestión de la escala móvil, y la voluntad de defenderla que demuestran las últimas consultas a la base sindical. Hay que recordar que la propaganda contra la escala móvil se inició, en la primavera de 1981, con el lanzamiento de una campaña de prensa a todo trapo contra el mecanismo de revisión actual, al que se responsabilizó de comportar un aumento "demasiado alto" del coste del trabajo y de una tendencia a la equiparación de los salarios en detrimento de una "justa" remuneración de las cualificaciones. Pero si la mayoría aplastante de los trabajadores se expresó inequívocamente por mantener el acuerdo de 1975, no podemos decir lo mismo de las tres confederaciones sindicales cuyos dirigentes rivalizaron, a lo largo de todo el año principalmente desde comienzo de la nueva ofensiva patronal, en demoler, a los ojos de los trabajadores, el ''tabú" de la escala móvil.
Tras las primeras reacciones de las direcciones sindicales, reacciones dictadas principalmente por la preocupación de controlar y contener el descontento obrero aparecido en las fábricas inmediatamente después de iniciarse la ofensiva patronal, los. tres secretariados confederales dieron luz verde a las concesiones. La huelga general del 25 de julio, convocada oficialmente para defender la escala móvil, sirvió de hecho para abrir la fase de puesta en tela de juicio de ésta, fase en la que ya no quedaba "objetivamente" otra cosa que negociar. El hecho de que esta negociación deba desembocar en una eliminación del mecanismo actual de escala móvil se considera como hecho consumado, aunque políticamente esta liquidación adquiera formas distintas en la CGIL, en la CISL y en la UIL, pues la primera se encuentra con numerosos problemas, particularmente con su base obrera, y la segunda y tercera ya han dado a conocer las propuestas que avanzarán para llegar a un acuerdo y a una posición unitaria de las tres confederaçiones.
Sin embargo, no cabe ninguna duda de que la dirección de la CGIL desea acordar una modificación del sistema de escala móvil en detrimento de los trabajadores. Las hipótesis que circulan oficiosamente en los últimos tiempos, en los gabinetes de estudios de la CGIL, y que se someterán a los organismos difirentes que deben elaborar las propuestas a las demás confederaciones, lo demuestran. Como sucede cada vez más a menudo, la dirección de la CGIL recurrirá al chantaje de la unidad sindical para imponer su orientación en el interior de la confederación, y para advertir a los sectores críticos presentes en el interior del aparato, pero poco aguerrido, ante cualquier veleidad de lanzar una auténtica batalla de oposición contra la burocracia sindi-
Aparte de la petición de las 50.000 firmas, ninguna auténtica voz de oposición se ha alzado contra esta orientación capituladora, y la negativa de los sectores tradicionalmente más críticos y combativos de los sindicatos a emprender la batalla se ha confirmado en la asamblea general de los tres Consejos nacionales conjuntos de la FLMFIOM-UILM, que ha avalado prácticamente el abandono de la escala móvil al declarar que el movimiento sindical «no tiene que tener ningún tabú», y que el único elemento intocable son los convenios. Por lo demás se puede notar en este sentido que las plataformas de convenio de los sindicatos respetan el tope del 16% para el aumento de los salarios, rebasado ampliamente por lá inflación pero impuesto por la patronal y el gobierno. Estas plataformas se caracterizan también sobre todo por el hecho de que introducen formas de flexibilidad de plantillas productividad. Es evidente que con tales características, estas plataformas no despertarán entusiasmo entre los trabajado-
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