Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Los crímenes sionistas y la soledad de los palestinos

· Inprecor n.º 30, octubre de 1982 · pp. 6-9 · 3.974 palabras

Los crímenes sionistas

El sitio de Beirut oeste habrá durado 79 días. Durante más de dos meses, el ejército sionista se ha ensañado con la población palestina y libanesa. Para romper la resistencia ha recurrido a los métodos más bárbaros: desde la privación de agua y electricidad hasta la proliferación de las incursiones de terror aéreo, pasando por las bombas de fragmentación y

Aún es imposible cifrar con exactitud el número de víctimas (según fuentes oficiales libanesas hubo 17.825 muertos y

30.103 heridos, según los palestinos las cifras son mayores).

Una masacre de dimensiones parecidas a la de la Comuna de

París de 1871, perpetrada día tras día bajo las cámaras de

D. Bensaid

L plan Habib, impuesto por el impe-

- rialismo y garantizado por la presen-

• cia de las tropas norteamericanas, francesas e italianas, sanciona este aislamiento: da carácter definitivo a la presencia de las tropas isralíes y cubre la instauración de un régimen ultrarreaccionario en el Líbano. Para todos los que se movilizaron junto a la resistencia palestina, el combate continúa, por la retirada de las tropas sionistas y de todas las tropas imperialistas del Líbano, así como por la defensa de los derechos democráticos amenazados directamente por las falanges cristianas.

Pero la movilización sólo será posible dentro de la claridad más total en torno a •las lecciones de estos últimos meses.

El sionismo ha puesto de manifiesto sin lugar a dudas su naturaleza profunda y su misión junto al imperialismo norteamericano en la región. Desde el principio hasta el final, sólo pudo desarrollar su expedición guerrera en la región bajo la protección diplomática (expresada por los sucesivos votos de los Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de la ONU), y gracias a la ayuda militar. y económica de los Estados Unidos. La existencia del Estado de Israel, con sus estructuras actuales, aparece indisolublemente vinculada al gran hermano imperialista.

El Estado sionista también ha puesto de manifiesto su estructura colonial. Desde su origen se basa en la expulsión de los trabajadores y campesinos árabes del proceso de producción, en la expropiación de sus tierras y en la discriminación racial. Con la brutal franqueza de sus escaramuzas con el presidente francés François Mitterrand, Menájem Beguin, el primer ministro israelí, expresó el fondo de esta mentalidad: incluso explicó que las críticas francesas hacia Israel revelaban únicamente el despecho de una nación humillada por su derrota en la guerra de Argelia (1954-1962) y ante los éxitos militares israelíes frente a las naciones árabes.

Resulta difícil imaginar un colonialismo y racismo más groseros.

Finalmente, Menájem Beguin también ha expresado, en relación con la masacre del 9 de agosto en París, el carácter racial del Es-• tado sionista. La prensa francesa, por una vez casi unánime, se indignó al escucharle proponiéndole a los jóvenes judíos franceses que se armen para asegurar su autodefensa. Esta indignación unilateral lleva el sello de una profunda inconsciencia y de una profunda hipocresía. Menájem Beguin tiene el mérito de ser lógico. La Ley de Retorno establece en Israel una discriminación en beneficio de los judíos frente a los palestinos: todo judío, de donde quiera que venga, puede obtener la nacionalidad israelí de la noche a la mañana.

Menájem Beguin no hizo otra cosa que enunciar el recíproco de este principio. Si todo judio es un ciudadano israelí en poten-

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y la soledad de los palestinos el bombardeo de hospitales. todas las televisiones del mundo. Y sin embargo, el mundo no ha movido ni un dedo.

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cia, el Estado sionista se siente responsable de la seguridad de sus "ciudadanos" , donde quieran que se encuentren...

A su vez, "la izquierda laborista' israelí ha demostrado, en su gran mayoría, que sigue fiel a las iniciativas imperialistas del Estado sionista, antes de ser de izquierdas. El Partido Laborista aprobó la operación "paz en Galilea" (invasión del Líbano).

Finalmente, el jefe del Partido Laborista, Shimon Peres, aceptó una misión oficial del gobierno Beguin para presentar a los ojos del mundo, desde Nueva York a París, las razones del Estado sionista. Traidores y cómplices

La actitud de los demás grandes protagonistas del conflicto aparece también bajo una cruda luz.

En primer lugar, la del imperialismo norteamericano. El ministro de Defensa israelí, el general Ariel Sharón, repitió varias veces públicamente que había anunciado a los norteamericanos los proyectos militares israelíes, mucho antes de que se lanzaran las operaciones. En estas revelaciones no hay ninguna ingenuidad, sino la firme voluntad de implicar púbicamente al aliado norte-

A su vez, la Unión Soviética no ha ido más allá de las protestas normales. Su pasividad fue explícitamente enunciada por los propios dirigentes palestinos. Así, el dirigente de la OLP, Abou Ayad, declaró: "Hemos resistido al ajército israeli más que todos los ejércitos árabes (...). La actitud soviética es aún más inexplicable. Hemos preguntado a Moscú públicamente y en secreto. Sólo hemos recibido estímulos simbólicos. ¿Cómo puede permitirse la Unión Soviética semejante pasividad cuando los Estados Unidos están implicados en la batalla de forma tan flagrante? No lo comprendo".

Para encubrir su discreción, los soviéticos devolvieron la pelota al campo de los países árabes. Explicaron, no sin cinismo, que no tenían por qué aparecer "más árabes que los árabes". Pero ello no quita que su abstención señala los límites de su intervención en Oriente Medio y muestra los resortes de su motivación. Así, para ellos el apoyo a la OLP está subordinado a la preservación de las alianzas diplomáticas más estables y ventajosas, no desde el punto de vista de la movilización revolucionaria antiimperialista, sino desde el punto de vista de los intereses del Estado soviético. Así se observa que la protección del régimen sirio, último aliado de peso en la región, constituye el límite implícito de la intervención soviética. En cambio, la supervivencia de la OLP no forma parte de la defensa de sus in• tereses vitales.

La actitud de la diplomacia soviética en este conflicto no dejará de ser una lección para otros aliados en America Latina y América Central: la "solidaridad"' soviética no irá nunca más allá de sus intereses de Estado bien entendidos, y quién se vea tentado de confundirlos con un internacionalismo desinteresado, se llevará un enorme

La pasividad soviética sólo tiene un equivalente en la traición abierta de los Estados árabes. No han movido literalmente ni el dedo meñique en solidaridad con los pueblos palestino y libanés. La OLP se presentó. en la cumbre de la Liga Arabe, el 26 y 27 de junio en Túnez, es decir, 15 días después del comienzo de la agresión sionista, con un plan de solidaridad de 14 puntos. Dicho plan reclamaba en particular una participación efectivia: de los Estados árabes en la lucha armada en el Líbano; una condena de los Estados Unidos, "'primer enemigo de la nación árabe", por su apoyo prestado a Israel; la retirada inmediata de los embajadores árabes acreditados en Washington; el boicot de las instituciones norteamericanas y la congelación de los contratos norteamericanos en los países árabes; la retirada de los fondos árabes depositados en los bancos norteamericanos, etc. No se decidió ni uno sólo de estos puntos, y la cumbre de la Liga Arabe no adoptó ninguna iniciativa.

Egipto ha mantenido a su embajador en Israel y Arabia Saudí recibió oficialmente a Bechir Gemayel, jefe de las falanges cristianas de extrema derecha, otorgándole así una necesaria legitimidad a los ojos de la comunidad mulsumana, para convertirlo en un posible presidente del Líbano.

Esta traición de los Estados árabes, resentida y expresada con vigor por los combatientes palestinos de Beirut Oeste, no es nueva. Se inscribe en la continuidad de la masacre de septiembre de 1970 (Setiembre Negro), organizada por el rey Hussein de Jordania, de la contraofensiva apoyada por Siria a partir de abril de 1976 en el Líbano, de los acuerdos de 'Camp David, con los cuales el presidente egipcio Sadat dejó las manos libres a Ménajem Beguin para atacar a los palestinos en el Líbano. Pero jamás esta traición había sido tan flagrante, y a corto o medio plazo desembocará en inevitables diferenciaciones políticas en las filas

Finalmente, las potencias imperialistas europeas se desmarcaron de los Estados Unidos mediante algunas votaciones sin consecuencias prácticas en la ONU, pero no adoptaron ninguna medida. de fuerza significativa contra la agresión israelí: ni un boicot, ni siquiera un embargo de la entrega

El colmo de todo este asunto es que François Mitterrand haya podido aparecer, en comparación con la dimisión de la URSS y de los Estados árabes, y gracias a los ultrajes verbales de Menájem Beguin, como el más firme apoyo de los pueblos palestinos y libanés. Los dirigentes de la OLP y del Movimiento Nacional Libanés, acorralados en su aislamiento, han contribuido a dar crédito a esta imagen. Sin embargo, François Mitterrand había realizado a comienzos de año un viaje a Israel, apenas algunos días después de que Menájem Beguin hubiera decretado friamente la anexión de los Altos del Golán. Es más, en su discurso ante el parlamento israelí, el presidente francés había "olvidado"' pura y simplemente mencionar este acto de pirate-

En Junio, tras el comienzo de la invasión israelí en el Líbano, François Mitterrand se pronunciaba, durante su viaje a Viena, en Austria, por una retirada "de los tres ejércitos extranjeros" del Líbano. De este modo colocaba en pie de igualdad al ejército sirio, a la resistencia palestina y al ejército sionista, "olvidando" otra vez que a diferencia de los otros dos, la resistencia palestina sigue careciendo de patria o de un Estado a donde retirarse. De hecho, esta falsa simetría y esta falsa imparcialidad venían a justificar el mantenimiento de la presencia militar israelí mientras durara la presencia militar palestina.

A fin de cuentas, François Mitterrand presta su apoyo a un plan que lleva prácticamente a la evacuación y dispersión de los palestinos y al mantenimiento sine die del ejército de ocupación sionista. La presencia del contingente francés de la fuerza de interposición presta su concurso a la expulsión de los palestinos y avala la elección, en

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un cuartel y bajo la presión de los tanques israelíes, de Bechir Gemayel a la cabeza del

Al invadir el Líbano, Ariel Sharon y Menájem Beguin se habían propuesto tres

•en primer lugar, quebrar la infraestructura y la columna vertebral militar de la resistencia palestina, en un momento en que su actividad amenazaba con combinarse con el ascenso de la movilización en los te-

•en segundo lugar, poner fin a la presencia siria en el Líbano y debilitar a Siria;

•finalmente, contribuir a la creación de un régimen aliado en el Líbano, susceptible de firmar en caliente con Israel un acuerdo que completaría así el de Camp David con

Además de estos objetivos declarados, existían por lo menos otros dos: por un lado, afirmar el papel insustituible de Israel como aliado privilegiado del imperialismo en la región; por otro, restaurar la unión sagrada y volver a movilizar a la pública israelí para superar los efectos de las dificultades económicas y sociales cre-

Si estos eran los objetivos, la ofensiva israelí se hizo posible gracias a una coyuntura internacional particularmente favorable para el proyecto sionista.

Se inscribía en el marco de la contraofensiva imperialista y apenas corría el riesgo de verse desautorizada por los paises imperialistas, después del apoyo unánime que dieron a la expedición colonial británica en las Malvinas. Al insertarse en esta dinámica, podía gozar de un margen de autonomía relativa gracias a la crisis de dirección imperialista y a las vacilaciones de la diplomacia norteamericana (sustitución del Secretario de Estado Alexander Haig por George Shultz). Se beneficiaba de la parálisis de la Unión Soviética, empantanada propias dificultades en Polonia y Afganistán. Se beneficiaba también de las divisiones y de la impotencia de todos los organismos pretendidamente • "no alinea-

, cada vez más desgarrados por la polarización internacional.

Así, durante los dos meses que duró el sitio de Beirut, la Liga Arabe resultó incapaz de tomar la menor iniciativa. La cumbre de Trípoli de la Organización para la Unidad Africana (OUA) tuvo que ser aplazada por falta de quórum, La conferencia de Bagdad. del Movimiento de los No Alineados tuvo que ser aplazada a causa de la guerra entre Irán e Irak, y se trasladó a Nueva Delhi...

En estas condiciones, la operación sionista pudo lograr parcialmente cada uno de sus objetivos sin llevar a cabo totalmente

En primer lugar, la OLP ha sufrido una grave derrota militar que se ha saldado con la eliminación de sus posiciones en el Líbano, la expulsión y la dispersión de su punta de lanza militar. Pero no se trata de una derrota sin combate. Los setenta y nueve días de resistencia heróica, comparados con la pasividad de los regímenes árabes, habrá reforzado la legitimidad de las reivindicaciones nacionales y democráticas

Sin embargo, esto no basta para hacer de la derrota militar una victoria política. La dirección y las tropas de choque de la OLP, dispersadas en ocho Estados árabes distintos (Irak, Siria, Arabia Saudí, Yemen del

Yemen del Sur, Sudán, Argelia, Túnez) y hostiles en diversos grados (los hipócritas abrazos de Hussein de Jordania no pueden hacer olvidarlo), se encontrarán bajo una estrecha vigilancia. Los regímenes árabes sabrá más que nunca que la resistencia palestina puede gozar ante las masas árabes de una autoridad frente al imperialismo que ellos mismos han perdido o que ni siquiera han tenido jamás. Para ellos será una razón más para reforzar su vigilancia.

No faltarán las presiones tendentes a imponer a la OLP un cambio de línea y transformarla en una fuerza apoyo en las grandes maniobras de los Estados árabes. Esto es lo que anunciaba a su manera, a partir del sábado 26 de junio, el dirigente del Movimiento Nacional Libanés (MNL), Walid Joumblatt: «La OLP necesita una nueva dirección que aborde la salvaguardia de los derechos palestinos desde un ángulo distinto. (...) Lo fundamental está en una nueva legalidad palestina, una nueva estrategia, una nueva dirección. (...) Soy consciente de que la OLP corre el riesgo de escindirse y de que no es imposible una guerra civil entre palestinos».

En lo que se refiere a la retirada de las fuerzas sirias de la Fuerza Arabe de Disuación (FAD) del Líbano, Israel no ha logrado su objetivo. Sin embargo, parece encontrarse dispuesto a imponer este resultado por la fuerza. Sus ejércitos se encuentran frente a los ejércitos sirios en el valle de la Bekaa, y Damasco está prácticamente al alcance de los cañones israelíes. Pero una prueba de fuerzas de este tipo podría obligar esta vez a reaccionar a la URSS, pues pondría en tela de juicio a su último aliado diplomático en la región. Por tanto, Israel puede intentar negociar previamente una retirada paralela de sus propias tropas y de las tropas sirias. Pero evidentemente, este proceso está subordinado a la consolidación en el Líbano de un régimen aliado de Israel y a la fiabilidad de esta alianza:

Por el momento, sin comprometerse abiertamente en las operaciones militares contra la resistencia palestina, las falanges cristianas de Gemayel han empezado a implantar el embrión de su policía y de su administración sobre las huellas del ejército israelí en la montaña de Chuf, así como en la región de Saida. Han podido recuperar las armas palestinas y sirias, generosamente cedidas por el ocupante sionista. Finalmente, Gemayel ha recibido la investidura en la presidencia de la República en un cuartel y bajo la sombra de las bayonetas sionistas. Aún ha pasado poco tiempo para establecer una legitimidad y para apartar el riesgo de guerra civil, al igual que el riesgo de secesión del norte del país.

En lo que se refiere al cuarto objetivo, no cabe duda que Israel ha logrado afirmarse como el aliado más celoso del imperialismo en la región. Ha demostrado que en caso necesario puede actuar militarmente, pretexto de legítima defensa, donde difícilmente podría hacerlo un cuerpo expedicionario norteamericano, en un momento en que el imperialismo yanki tiene tantas dificultades para superar el "síndrome vietna-

By para actuar en su propio coto de caza de América Central y del Caribe. En este sentido hay que entender las declara ciones ruidosas de Ariel Sharon, según las cuales la zona de interés militar de Israel se extiende ahora del Sudán a Turquía...

Finalmente, el resultado más mático de la empresa sionista se refiere a la situación interior en Israel. Aparentemente, Menájem Beguin ha logrado su objetivo y ha galvanizado a su opinión pública. Los sondeos, a finales de agosto, daban un apoyo a la operación "Paz Galilea"'. Sin embargo, en el bloque sionista han aparecido fisuras sin precedentes en una situación bélica. Desde hace varios años, la situación económica viene degradándose. Ha aparecido el paro crónico. La tasa de inflación oscila entre el 100 y el 130% anual. La política económica neoliberal pone el acento en la reprivatización de determinados sectores, en las reconversiones y en la supresión de puestos de trabajo. A esta tendencia general se añadirá el coste de la guerra. En Agosto se estimaba oficialmente que ya había costado 1.200 millones de dólares, es decir, el 10% del presupuesto nacional. Tan sólo en el mes de julio, la inflación alcanzó una tasa record del 9,2%. El gobierno tomó medidas para, disminuir las subvenciones del Estado a los aumentar las tarifas de los servicios públicos. El precio del carburante, de la leche, de los transportes, de las telecomunicaciones y de la electricidad han conocido brutales aumentos. El IVA (impuesto sobre el valor añadido) ha aumentado, y se han establecido impuestos extraordinarios sobre los viajes al extranjero. Se ha lanzado un imponiendo una suscripción obligatoria durante nueve meses sobre los salarios brutos de la mayoría de israelitas.

Un día u otro habrá que rendir cuentas. Pueden resultar muy dolorosas, cuando no Israel ha tenido que llevar a cabo por primera vez una guerra sucia, sin excusas y sin disimulos. En el pasado, sus dirigentes han podido presentar siempre sus empresas bélicas como las de un valiente David enfrentado a una conjura de los Goliats encarnados por los Estados árabes. Esta vez, han lanzado una operación agresiva, pisoteando las fronteras y las institu-

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ciones de un Estado vecino, sin ni siquiera haberle declarado la guerra, para ir a aplastar a un pueblo sin tierra y sin Estado, abandonado por todos, cuya nueva diáspora no puede dejar de recordarle a la comunidad nacional judía de Palestina la imagen de su propio pasado.

Las protestas que han surgido en el propio Israel, al igual que en la comunidad judía de Francia e incluso en las de los Estados Unidos, anuncian el comienzo de estas dudas. La OLP en la encrucijada

La guerra del Líbano y el asedio de Beirut han ilustrado una vez más las especificidades de la lucha de liberación Palestina. Hasta ahora, esta lucha ha sido protagonizada principalmente por un pueblo disperso, sin base territorial ni social estable. La resistencia palestina extrae sus fuerzas de la población de los campos de refugiados y de la emigración, que desde 1948 se ha dispersado por la región y en los emiratos. Materialmente depende en gran medida de los subsidios de esta emigración y más aún de la ayuda financiera y militar de los regímenes árabes.

En estas condiciones, no es sorprendente que para un pueblo humillado, disperso, marginado del proceso productivo, la lucha armada haya sido un punto de referencia y la principal expresión de una dignidad defendida a cualquier precio.

Sin embargo, la lucha de liberación palestina choca con cuestiones más complejas que cualquier otra lucha de liberación nacional.

No se enfrenta a una simple ocupación colonial sino a otra comunidad nacional, que ayer aún estaba oprimida, que se constituyó en Estado con el proyecto de expulsar a los trabajadores árabes, en lugar de explotarlos. Por lo demás, esto es lo que proporciona fuerza al Estado de Israel, más allá de la ayuda tecnológica imperialista de que se beneficia: aún logra despertar un sentimiento de autodefensa nacional, alimentado por el trauma del genocidio nazi.

De ahí que la eficacia de la lucha contra el sionismo pase por el desarrollo de los antagonismos de clase en el seno de la propia sociedad israelí, y por ia unión internacionalista entre el movimiento de liberación nacional palestino y el proletariado judío!

Asímismo; la resistencia palestina debe encontrar su apoyo principal en la movilización antiimperialista de las masas árabes. No podrá obtenerlo sin chocar con la política proimperialista de la mayoría de los regímenes árabes. La OLP ha pretendido siempre mantenerse en una línea de "no injerencia" en la política interior de los Estados árabes. Sin embargo, no ha podido evitar la injerencia más brutal de estos Estados en la vida de la resistencia palestina. Jordania, Siria, el Libano no han dejado de in-. tervenir con las armas frente a la resistencia palestina, en 1970, 1976, 1982... Los regimenes árabes no pueden tolerar en su territorio la existencia de una fuerza política y militar que escape a su autoridad, y susceptible de favorecer,. con su mera presencia, la movilización autónoma de los explotados y oprimidos en sus propios países.

Mañana, en los ocho países de acogida, tras la evacuación del Líbano, los combatientes palestinos, una vez terminados los abrazos oficiales, serán severamente vigilados.

En resumen, para defender con eficacia los derechos nacionales y democráticos de su pueblo, la resistencia palestina necesita una dirección que adopte posiciones de clase frente a la política de los regímenes árabes, y posiciones internacionalistas para poder atizar las contradicciones de la sociedad israelí. Es fácil comprender que esta dirección difícilmente se forjará a partir de los campos de refugiados sin raíces en una experiencia de lucha proletaria.

Sin embargo, los terribles golpes recibidos en los últimos 15 años imponen un balance crítico y una clarificación. La respuesta de Yasser Arafat a un periodista de Le Monde, que le preguntaba cuáles eran en su opinión los errores cometidos a lo largo de este conflicto interminable, es significativa: «No hemos sabido explicar nuestra causa a los israelitas, no hemos comprendido la mentalidad israelí».

Yasser Arafat reduce a un problema pedagógica una cuestión que es fundamentalmente política. No plantea en absoluto un punto decisivo, a saber: cómo quebrar las bases del sionismo. Y plantea un comienzo de respuesta positiva: «Nuestro Consejo nacional ha adoptado varias resoluciones sobre la apertura de un debate con las fuerzas democráticas en Israel, y estamos dispuestos a establecer relaciones con todos los que reconozcan nuestro derecho a la autodeterminación». El peligro consiste en que este realismo abra la vía a arreglos diplomáticos en el momento de los acuerdos de Camp David, en lugar de una estrategia revolucionaria.

En lo que refiere a las relaciones con los Estados árabes, las lecciones no se han extraído públicamente. Es cierto que implicarian una dolorosa renuncia crítica a la política desarrollada por la dirección de la OLP en la guerra civil libanesa de 1975-1976, y particularmente a los acuerdos que permitieron que Siria organizara la elección del presidente Elías Seakis, el 18 de octubre de 1976, y preparara la contraofensiva falangista, en el momento en que las fuerzas palestinas y el MNL estaban a dos pasos de la victoria militar. Pero la traición de los regímenes árabes, esta vez, es tan flagrante, y tan profundamente resentida, que a la dirección de la OLP le resultará difícil evitar un nuevo examen de la cuestión, tanto si evoluciona globalmente como si tiene que sufrir nuevas diferenciaciones en su seno, después del asedio de Beirut se encuentra ante un nuevo giro de su histo. ria, tan importante como el que le había impulsado, tras, el fracaso de los Estados ára-. bes, al primer plano del movimiento antiimperialista árabe, a finales de los años 60.

La formación de un proletariado palestino en Israel y la consolidación de un movimiento de resistencia en los territorios ocupados, pueden desempeñar un papel decisivo en esta evolución.O