La amenaza de guerra
AY que reconocer que los propios
'acontecimientos favorecen en cierto modo esta oleada de pánico. ¿Acaso no hemos visto, en el mes de junio de 1982, cómo coincidian el relanzamiento de la guerra entre Irán e Irak con la guerra de las Malvinas, los preparativos de la invasión el Líbano por Israel, el incremento de la intervención extranjéra en la guerra civil salvadoreña, sin hablar ya de las "pequeñas guerras" más o menos olvidadas, como las del
Chad, de Eritrea, de Namibia, del Sáhara
Occidental, sin contar la guerra civil en Ye men, la guerra civil jamás extinguida en Angola y Mozambique, sin ánimo de agotar la lista...? De ahí a concluir que la guerra está a punto de estallar a escala mundial sólo había un paso, que algunce, han franqueado sin darse cuenta lo que implicaba esta conclusión injustificada. Como se trata de una cuestión de importancia capital, tenemos interés en no dejarnos arrastrar por el pánico o la euforia, ambos profundamente irresponsables a la vista de lo que está en juego, a saber, literalmente, la supervivencia física del género humano.
Avances de la revolución mundial y guerras contrarrevolucionarias
Más que nunca, el imperialismo está resuelto a oponer su violencia contrarrevolucionaria a cualquier avance de la revolución en el mundo. Esta violencia contrarrevolucionaria adquiere la forma de intervenciones armadas sistemáticas, disfrazadas a veces en forma de "apoyo" a uno de los bandos en una guerra civil, y adoptando en otras ocasiones la forma de una interven-
La amenaza de guerr ción extranjera masiva sin mayores escrúpulos. Como el sistema capitalista mundial está abocado a una profunda crisis de descomposición, como los focos revolucionay la lucha por el soci rios no han dejado ni dejan de proliferar desde hace más de medio siglo, el principal peligro de guerra procede de la multiplicación de estas intervenciones extranjeras contra las revoluciones en curso. A lo largo de estos últimos decenios, la gran mayoría de guerras han de este género.
sido
En los dos últimos años se ha creado la impresión, en repeti-
Hoy en día sucede lo mismo; y mañana también.
das ocasiones, de que está a punto de materializarse la ame-
Por consiguiente, no se trata en absoluto naza de que estalle a corto plazo la tercera guerra mundial.
de un fenómeno nuevo. De hecho, desde la
Ciertos comentaristas impresionistas no han dejado de sacar intervención contra la Rusia soviética en esta conclusión. Incluso se ha levantado un viento de pánico,
1918-1922, cada revolución triunfante, o que alcanzaba importantes victorias, ha teante todo en determinados círculos intelectuales. El movinido que hacer frente a una guerra extranjemiento anti-guerra, fuerte y lleno de promesas, que se desara contrarrevolucionaria. Enumeremos a esrrolla actualmente en los países imperialistas, se ha visto te respecto, para mencionar tan sólo las más importantes, la intervención del impeafectado, a su vez, al menos parcialmente, por dicha imprerialismo alemán contra la revolución finlansión. El número de obras consagradas a la tercera guerra desa de 1918; la intervención de la Entente mundial, que según dicen ya ha comenzado, que ya está pro-
(Francia, Polonia, Checoslovaquia, Yugoslavia, Rumania), utilizando como punta de duciéndose o incluso que está a punto de terminar, es inconlanza a Rumania, contra la República soviétable (1).
tica húngara de Bela Kun en 1919; la inter-
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H
ilismo
Ernest Mandel vención de Hitler y Mussolini contra la revolución española en 1936-1937; la intervención británica y norteamericana contra la revolución griega de 1944-1949; la intervención imperialista contra la tercera revolución china de 1946-1949; la primera guerra de Indochina en 1945-1954; la intervención imperialista contra la revolución coreana y china en 1950-1953; la guerra imperialista contra la revolución argelina en 1954-1962; la intervención imperialista contra la guerrilla en Malasia (1948-1960) y en Kenia (1952); la segunda guerra de Indochina en 1961-1975; la intervención imperialista con tra la revolución en Angola (1961), en Mozambique (1964) y en Guinea Bissau (1971); las intervenciones imperialistas y sionistas contra Egipto (1956, 1967); las repetidas intervenciones imperialistas contra la revolupalestina (1969, 1970, 1975, 1976, 1978, 1981, 1982).
Algunas de estas guerras han tenido una amplitud que no pueden compararse con la guerra de las Malvinas o la intervención imperialista actualmente en curso en América Central. Mencionemos tan sólo la primera guerra de Indochina, el ataque israelí, junto a la intervención franco-británica de 1956 en torno al Canal de Suez, la guerra de Argelia y finalmente la segunda guerra de Indochina, en la que participaron centenares de soldados de los países imperialistas.
El hecho nuevo no son estas guerras contrarrevolucionarias "localizadas": estas son más bien la regla. El hecho nuevo ha sido la excepción que representan las revoluciones nicaragüense e iraní, contra las que al menos hasta el momento de la caída de Somoza y del Sha, el imperialismo se encontraba incapaz políticamente (y no material o militarmente) para intervenir, como consecuencia de los efectos de la derrota sufrida en Indochina en 1975.
En aquel entonces la IV Internacional había analizado esta parálisis como una situación de corta duración. Tanto la resolución política votada en el Il Congreso Mundial de 1979, y la adoptada por el Comité Ejecutivo Internacional de mayo de 1981, indicaron correctamente que el imperialismo estaba dotándose de los medios para relanzar las intervenciones contrarrevolucionarias frente a las revoluciones en curso, o contra las nuevas iniciativas antiimperialistas, estableciendo, entre otras cosas, la fuerza de despliegue rápido norteamericana. Este análisis se ha confirmado poste-
Lejos de constituir una "nueva situación internacional" ', o de llevarnos al umbral de la tercera guerra mundial, la guerra de las Malvinas, la invasión del Líbano, la intervención imperialista en América Central, y de forma más ambigua, la guerra Irán-Irak, representan una "vuelta a la norma" ber, el intento sistemático, obstinado, del imperialismo de oponer su violencia contrarrevolucionaria a todo nuevo avance de la revolución, norma que se afirma desde hace casi 65 años. Guerras contrarrevolucionarias y guerra mundial
Distintas de esta cadena casi ininterrumpida de guerras localizadas que jalonan todo el periodo histórico abierto por la revolución rusa —y que muestran la incapacidad del imperialismo para asegurar la paz de la humanidad, que es una de las razones más importantes para desembarazarse de este sistema que rezuma la violencia más bárbara por todos sus poros- son las dos guerras mundiales que estallaron en 1914 y 1939. Aún más distinta de esta cadena sería forzosamente la tercera guerra mundial.
La amenaza de guerra
Estas diferencias no son únicamente cuantitativas. Son cualitativas. A diferencia de las guerras contrarrevolucionarias "localizadas" , las guerras mundiales han implicado a decenas, e incluso centenares de millones de personas, causando un número proporcional de víctimas y destrucciones materiales, alterando así a fondo el funcionamiento de la economía mundial, comportando un profundo retroceso en las fuerzas productivas, de la riqueza material acumulada por el conjunto de la humanidad, y reduciendo por tanto las bases de partida para la reconstrucción socialista del mundo. No es en absoluto dar muestras de "pacifismo" el reconocer estos efectos desastrosos' de las guerras mundiales. Recordemos a este respecto el juicio que hizo la Internacional Comunista en marzo de
"Europa está cubiera de residuos y ruinas humeantes... Las contradicciones del régimen capitalista han aparecido a los ojos de la humanidad como consecuencia de la guerra, en forma de sufrimientos físicos: el hambre, el frío, las epidemias y un recrudecimiento de la barbarie... Ahora, no es únicamente la depauperación social, sino un empobrecimiento fisiológico, biológico, que se presenta ante nosotros con toda su vergonzosa realidad". (Manifiesto del Primer Congreso de la Internacional Comunista a los proletarios del mundo entero).
Es cierto que las guerras contrarrevolucionarias "localizadas" pueden tener efectos similares en un país. Basta pensar en las terribles consecuencias de las destrucciones causadas con el imperialismo en Camboya (marzo-agosto 1973, seis meses de bombardeos de todas las zonas de población densa por la flota aérea estadounidense de toda Indochina). Pero desde un punto de vista materialista, la diferencia estriba precisamente en saber si es un país (o un escaso número de países) el que se ve empujado así al borde de la barbarie, con la posibilidad de ver compensada rápidamente su falta de producción por el resto del mundo, o si es la humanidad entera (o su gran mayoría) la que se ve empujada al desastre, sin que existan reservas para sacarla rápidamente del marasmo.
Esta diterencia entre querras contrarrevolucionarias "localizadas" y una querra mundial tiene sus raíces en las distintas causas objetivas de ambos fenómenos.Las guerras contrarrevolucionarias "localizadas" son respuestas coyunturales a avances parciales de la revolución. La guerra mundial surge de la crisis estructural del sistema, contra la que constituye en cierto modo un último recurso:
Evidentemente hay que matizar esta distinción. Los avances sucesivos, aunque parciales, de la revolución, son por sí mismos la expresión de la misma crisis estructural del sistema que fermina generando la guerra mundial. Pero si hay que
La amenaza de guerra matizar la diferencia cualitativa, no por ello deja de ser importante. Las guerras contrarrevolucionarias "localizadas" pueden coincidir, y en varias ocasiones han coincidido, con fases de ascenso "pacífico" de la economía capitalista. La guerra mundial sólo se produce cuando una grave depresión económica parece impedir durante un largo periodo toda posibilidad de que se produzca un nuevo auge pacífico de la economía capitalista internacional. Y sobre todo, las guerras contrarrevolucionarias "localizadas" , que son respuestas a avances fragmentarios de la revolución, pueden coincidir, y coinciden generalmente, con un ascenso del movimiento de masas, que frena, o incluso paraliza, la marcha general del imperialismo hacia la guerra.
En cambio, el estallido de la 2ª Guerra Mundial expresó de forma sintética una derrota, o una serie de derrotas tan graves del movimiento de masas de países clave de la lucha de clases, que fué la parálisis temporal del proletariado la que respondió a la iniciativa belicista de la burguesía. En otras palabras, las guerras contrarrevolucionarias "localizadas" acompañan a los avances o a las victorias parciales de la revolución mundial. En cambio, el estallido de la 2ª Guerra Mundial expresó una derrota histórica profunda de esta misma revolución. Armas nucleares y guerra mundial
El hecho de que la tercera guerra mundial sería muy probablemente una guerra nuclear, sólo puede subrayar aún más la importancia de dicha distinción. Le proporciona un peso aún mayor.
Sería absurdo, y contrario a los principios elementales del materialismo histórico, argumentar que la acumulación de un arsenal capaz de destrúir al menos 20 veces (2) a todo el género humano, no cambia "nada fundamental"' en la "naturaleza de la guerra mundial"', y que esta le plantearía al proletariado mundial y a los revolucionarios "problemas estratégicos y tácticos idénticos" a los que se plantearon en la primera y en la segunda guerra mundial.
Para construir la sociedad sin clases hacen falta fuerzas productivas humanas y técnicas considerables. De las cenizas nucleares no surgirá el socialismo, sino un planeta dominado por las hierbas y los insectos (3) o, en la "mejor" de las hipótesis, una sociedad humana bárbara, a partir de la cual los supervivientes del holocausto reanudarían un penoso ascenso secular. El proyecto comunista se vería aplazado en cualquier caso de la actualidad a un futuro lejano. Evidentemente cabe pensar -equivocadamente en nuestra opinión- que todo esto ya es inevitable. Pero resulta difícil percibir qué hay de particularmente "revolucionario" en la sustitución del partiendo de la hipótesis de que las bases materiales del comunismo están condenadas a desaparecer, es decir, sin partir de la inevitabilidad del holocausto nuclear.
De ahí se deriva que el objetivo estratégico del movimiento obrero y revolucionario mundial debe ser el de impedir la guerra nuclear mundial y no el de "ganarla" dependientemente del contenido aberrante que tenga esta última fórmula). Pero para expresar este objetivo de manera aún más precisa, hay que hacerlo todo por que el progreso de la revolución mundial que no pueda impedir intervenciones contrarrevolucionarias "localizadas" del imperialismo (esto es utópico mientras el imperialismo conserve el poder político y el potencial militar y material de los países clave) - paralice de forma creciente su capacidad para intervenir con armas nucleares y conduzca progresivamente a su desarme nuclear mediante el derrocamiento de su poder político.
Como han precisado numerosos documentos de la IV Internacional, este desarme sólo es posible desde el interior de las fortalezas imperialistas que disponen de armas nucleares, y no desde el exterior (4). Solo el proletariado norteamericano, francés, británico, alemán y japonés, pueden desarmar las bombas nucleares, prohibir su utilización para siempre jamás, suprimirlas radicalmente y borrarlas de una vez por todas de la Tierra (apoyados en este sentido por el proletariado soviético y chino). Todo lo demás equivale a pensar en un milagro que no tendrá lugar, a saber, que los imperialistas será siempre suficientemente prudentes, o suficientemente temerosos, o estarán suficientemente desmoralizados como para no utilizar el arma del desespero, aunque conserven el poder para hacerlo.
A primera vista se podría detectar una contradicción entre el hecho de que subrayemos la inevitabilidad de las guerras conafirmemos al mismo tiempo la necesidad y la posibilidad de impedir la guerra nuclear mundial. ¿Acaso no pueden desembocar las primeras grádualmente, de forma casi imperceptible, en la segunda? ¿No existe acaso un riesgo real de que se utilicen contra los avances de la revolución, ya sea directamente por parte del imperialismo, ya sea por alguno de sus representantes parti-
"motivado" extremistas en Oriente Medio, partidarios extremistas del apartheid en Africa del Sur)? ¿Acaso no amenaza toda escalada de las guerras "localizadas" que se extienden con desencadenar una conflagración genedesembocando en la guerra nu-
Hay un elemento de verdad en esta objeción, pero solamente un elemento. Implica que el peligro de guerra nuclear aumentará a medida que aumente el arsenal nuclear y que se multipliquen los conflictos "locales" '. Pero pasaríamos de la dialéctica al sofisma si de la constatación de que este peligro de guerra nuclear crece saca la conclusión de que es inevitable que ésta estalle. La realidad del "equilibrio del terror"
Es un hecho que a pesar de la acumulación, desde hace treinta años y más, de un arsenal cada vez más terrorífico de armas nucleares, hasta ahora éstas no se han utilizado, mientras que las guerras "locales' se han multiplicado y que se han utilizado efectivamente "armas clásicas" cada vez más sofisticadas y cada vez más mortíferas.. La razón de esta diferencia nos parece evidente.
Los que detentan las armas nucleares y pueden decidir sobre su utilización conocen perfectamente su carácter suicida para el género humano. El gran público puede ser engañado con monstruosos informes sobre las "guerras nucleares" que "sólo costarán algunos centenares de millones (sic) de muertos" y que "los que cuenten con refugios nucleares sobrevivirán", los poderosos de este mundo no se llaman a engaño.
Es cierto que unn dellos objetivos parcialmente "racionales"' de la loca carrera de armamentos nucleares está en la búsqueda frenética de armas nucleares tan "pequeñas" y "limpias" que sea posible utilizarlas como armas "tácticas" en guerras "localizadas" sin desencadenar automáticamente la guerra nuclear mundial. Sin poder excluir totalmente esta hipótesis, digamos que es muy improbable, y que de todos modos comportará un coste terrible en vidas humanas y en destrucciones.
Esto significa, en claro, que es la fabricación ý la posesión de armas nucleares por parte de la Unión Soviética la que ha salvado hasta ahora a la humanidad del holocausto nuclear. Sin este "equilibrio del terror" , es prácticamente cierto que el imperialismo ya habría utilizado el arma nuclear contra los "voluntarios chinos" durante la guerra de Corea, contra las revoluciones vietnamita y china durante la segunda guerra de Indochina (5), o contra otras revoluciones.
Más allá de la dictadura totalitaria y contrarrevolucionaria de la burocracia soviética, responsable en gran parte de la supervivencia del imperialismo a escala mundial (y por consiguiente, indirectamente, de la existencia misma del peligro nuclear), la existencia del Estado obrero sovié-
tico como Estado de naturaleza socialmente distinta a los Estados imperialistas, como Estado de una sociedad que ninguna lógica infernal empuja en la vía del holocausto nuclear, adquiere una vez más todo su signifi-: cado contradictorio para la realidad mundial de hoy, y confirma la justeza de su definición marxista, por poco que plazca a todos sus detractores superficiales e inconstantes que la definen como un Estado de naturaleza igual a la de los Estados Unidos.
Cuando afirmamos que hasta ahora el "equilibrio del terror" ha impedido efectivamente el estallido de la guerra nuclear mundial, no expresamos una opinión basada en una fe ingenua en la "racionalidad humana". Ya hemos denunciado suficientemente el carácter profundamente irracional de la "tercera edad del capitalismo" para que puedan hacernos este reproche (6). Nos basamos en algo mucho más fundamental que la razón: en el instinto de conservación, en el sentido físico del término, de las clases poseedoras, y particularmente de sus representantes más poderosos en el seno del capital financiero, del complejo militar-industrial y de sus dirigentes políticos. Esta gente forma la clase dominante más rica que haya conocido jamás el mundo. Imaginarse que estan dispuestos a sacrificar toda esta riqueza, todo este goce, todo este poder, en cualquier momento y en cualquier circunstancia, en aras de ideas abstractas o principios "absolutos" como el "anticomunismo", la "defensa de la economía de mercado" (denominada '"defensa de la libertad"'), "el odio a la revolución", es equivocarse de pies a cabeza en lo que se refiere a las motivaciones y al comportamiento de esta clase.
A lo que asistimos periódicamente es a un chantaje nuclear que tiende a modificar marginalmente la relación de tuerzas dentro del "equilibrio del terror", no a un intento suicida de utilizar las armas nucleares para reintroducir el capitalismo en el Este o para modificar a escala mundial la relación de fuerzas entre todas las fuerzas imperialistas por un lado, y el conjunto de las fuerzas no capitalistas (incluidas la Unión Soviética y China) por otro. Por lo demás, actualmente es la tercera vez, desde la 2ª Guerra Mundial, que el imperialismo desencadena un relanzamiento acelerado de la carrera de armamentos nucleares. Lo hizo por primera vez durante la guerra de Corea (1950-1953). Lo volvió a hacer a comienzos de los años sesenta. Y lo vuelve a hacer por tercera vez a partir de finales de los años setenta. Cada uno de estos relanzamientos ha desembocado en un nuevo intento de "distensión",
R
La amenaza de guerra es decir, en una confirmación del "equilibrio del terror". Los límites del "equilibrio del terror"
Pero si creemos que el "equilibrio del terror" ha permitido evitar hasta ahora la utilización de armas nucleares — y por consiguiente, a través de las sucesivas represalias y escaladas, el estallido de la 3ª. Guerra Mundial- durante todo un periodo histórico, al mismo tiempo estamos convencidos que no sucederá así para siempre. La razón del posible cambio nos parece estar vinculada de nuevo a la ampliación de la crisis estructural que golpea al sistema capitalista a escala mundial.
Lo que diferencia el actual relanzamiento de la carrera de armamentos nucleares de los años cincuenta y sesenta, es que corresponde más a una necesidad económica intrínseca de la economía imperialista, vinculada a la degradación a largo plazo de la situación económica del capitalismo. En condiciones de descenso de la tasa de beneficio y de estancamiento de los mercados "normales", la producción de armas se convierte cada vez más en el "mercado de sustitución" por excelencia que relanza la acumulación del capital. Cuanto mayor sea el peso de los gastos militares en la economía imperialista, tanto mayor será la presión para acentuar la austeridad y acabar con el estado de bienestar en todas sus formas, y tanto más se exacerbará la lucha de clases, incluso por objetivos inmediatos y defensivos, y tanto más se verá impulsada la burguesía imperialista a buscar también un cambio de régimen político en sus principales ciudadelas (7).
Cuando decimos que las clases dominantes norteamericana, europea y japonesa han estado y siguen estando motivadas, en los últimos treinta años, por todo lo que
La amenaza de guerra implican concretamente sus riquezas, y las posibilidades maniobra que se derivan de las inmensas reservas de que aún disponen, queremos expresar con ello una cosa muy concreta: un "clima'" político, social, militar e ideoló gico global derivado de un largo periodo de crecimiento impregnado profundamente al personal político dirigente del imperialismo, sobre el transfondo de una relación de fuerzas determinada, tanto con la clase obrera como las burocracias soviética y china. No cabe duda que es un personal capaz de tomar mil iniciativas bárbaras contra la revolución colonial (torturas en Argelia, defoliantes en Vietnam, masacres en América Latina, ar-
"anti-personal" pueblo palestino, etc.). Pero no es un personal político dispuesto a la barbarie suicida de un Adolfo Hitler en 1944-45 ó de un general Hideki Tojo en la misma época, en
Para que llegue a la cabeza de las principales potencias imperialistas un personal política dispuestos a la "solución final"' para toda la humanidad, es necesario que haya un clima económico totalmente distinto, que las principales fuerzas del gran capital se vean literalmente acorraladas, se requieren otras dominantes ideológicas, otras relaciones de fuerzas entre las clases en estos países. Precisamente, con la prolongación de una: "onda depresiva" de la economía capitalista internacional, con la acentuación de la ofensiva de austeridad y de militarización del capital internacional, aparecen progresivamente, entre bastidores y al borde del escenario, los personajes, las tendencias e incluso las fuerzas políticas que encarnan la resolución de luchar hasta la muerte, incluso hasta el suicidio colectivo, para gloria de la propiedad privada, de la nación o de la raza, como lo hicieron Adolfo
Hitler e Hideki Tojo (pero esta vez se tratará de la muerte nuclear).
profundamente irresponsable descartar simplemente la posibilidad de semejante "'giro suicida" del personal dirigente del gran capital, una vez rebasado determinado umbral de la crisis estructural del capitalismo declinante (como el umbral rebasado en Alemania hacia 1932). Los que creen que el "equilibrio del terror" o la propaganda antinuclear pueden salvarnos para siempre del holocausto nuclear son como los que dan crédito a la pequeña voz que susurra: "tú, tú no vas a morir". Pero el destino nuestro, de los seres humanos, no sólo es que los individuos mueren inevitablemente, sino que incluso puede desaparecer la especie si no domina a tiempo su destino social, si no lo somete a reglas rígidas frente a la amezana nuclear, mediante la creación de un orden social mundial que haga imposible la guerra. Lo que significa, en pocas palabras, la abolición de la propiedad privada del Estado nacional
ORINT O soberano, la constitución de mundial de los productores (la Federación Socialista Mundial) que prohiba la fabricación de todo arma importante y que tenga los medios para imponer el respeto de esta
El "equilibrio del terror" pierde progresivamente su eficacia, a medida que se agravan tanto la depresión como la crisis capitalista de larga duración, a medida que se altera la relación de fuerzas en el interior de las sociedades burguesas imperialistas, a medida que se amplían la austeridad y la remilitarización. Estos fenómenos vinculados entre sí estructuralmente.
De ahí se deriva una primera conclusión fundamental: la posibilidad o no de que lleguen al poder grupos de políticos burgueses dispuestos a desencadenar la guerra nuclear depende del resultado del conjunto de las luchas de clases políticas y económicas en los principales países capitalistas en los próximos años y decenios. En primer lugar tendrán que vencer al proletariado occidental (y al movimiento imperialista de los países dependientes más desarrollados) antes de poder pulsar el botón del holocausto. Esto es lo que debe guíar la orientación de los marxistas revolucionarios así como el rumbo político de todos y todas las que han comprendido la gravedad del peli-
En este contexto recordamos un precedente. Hacia finales de los años veinte, la fracción estalinista motivó en gran parte el criminal rumbo ultraizquierdista, el llamado "'tercer periodo" de la Internacional Comunista, esgrimiendo la inminencia del peligro de guerra. No cabe duda que había algunos elementos de verdad en aquel análisis. Pero hoy en día sabemos hasta qué punto tenía razón Trotsky cuando subrayó que no estaba nada decidido ni en 1928, ni en 1929, ni en 1931 (fecha del inicio de la agresión japonesa contra China, que fue en cierto modo tanto la prolongación de la agresión imperialista más general, como también más difusa contra la revolución china, como el comienzo de la marcha hacia la Segunda Guerra Mundial), ni siquiera en 1936.
No cabe duda que la marcha hacia la 2ª Guerra Mundial ya había comenzado. Pero la inevitabilidad de la 2ª Guerra Mundial pasó por la derrota del proletariado alemán en 1933, por la traición al ascenso revolucionario francés en 1936, y sobre todo por el aplastamiento y la posterior aniquilación de la revolución española en 1936-37. No había ningún fatalismo en todo ello, y mucho menos lo hubo en 1928-29.
En este sentido, y con todas las reservas que plantean las analogías históricas, la situación actual se parece más a la de 19281931 que a la situación posterior a 1938. Las batallas de clase decisivas están delante de nosotros, no detrás. Son ellas las que decidirán sobre la marcha hacia la guerra.
Podemos formular una segunda conclusión fundamental: la suerte de la humanidad se juega en una carrera de velocidad entre la capacidad del movimiento obrero internacional para derrocar el poder en las principales fortalezas imperialistas debilitamiento exterior contribuye evidentemente a este derrocamiento, pero no puede sustituirlo-, para resolver la cuestión del avance hacia el socialismo, por un lado, y el intento del imperialismo de inflingir a este movimiento obrero internacional una serie de derrotas decisivas que dejarán el campo abierto para la guerra nuclear, por otro. La " ofensiva de austeridad y de remilitarización desemboca además, pronto o tarde, en una ofensiva en que se pone en tela de juicio lo fundamental de las libertades democraticas del movimiento obrero, lo que a su vez abriría la puerta para un cambio fundamen-. tal del personal político imperialista (8).
El primer camino implica el transcrecimiento de la revolución mundial, de su desarrollo fragmentario y empírico, de un desarrollo universal y consciente. El segundo significa la derrota de la revolución mundial. La primera vía salva al género humano, preserva las posibilidades de un renacimiento de la civilización en el socialismo liberado de la angustia ante el holocausto nuclear (9). La segunda conduce eventualmente, por no decir probablemente, a este holocausto. Importancia de las movilizaciones contra la guerra y anti-nucleares
A medida que se amplía la ofensiva del capital en dirección a la austeridad, la remilitarización ampliada y los ataques cada vez más graves contra las conquistas sociales y políticas del proletariado en los países imperialistas —al mismo tiempo que se asestan golpes cada vez más mortíferos y bárbaros
colonial-, "equilibrio del terror" pierde una parte de su eficacia como obstáculo principal de la marcha hacia la 3ª Guerra Mundial. En la misma medida aumenta la importancia del movimiento contra la guerra (ante todo, contra la guerra nuclear), que se desarrolla 'hoy en los principales países imperialistas, y del que la manifestación del primero de junio de 1982 en Nueva York (la manifestación más grande de la historia de los Estados Unidos, por no decir de los países imperialistas, con un millón de participantes), no ha sido más que una degustación.
Los que motiva a este movimiento no es capitalismo, único responsable de la carrera de armamentos nucleares, o de apoyar a la revolución a escala mundial, por mucho que estas motivaciones estén presentes en numerosos participantes y que marxistas revolucionarios deban propagar incansablemente estas ideas e incrementar su influencia en el seno del movimiento. Lo que motiva a este movimiento es fundamentalmente el miedo al holocausto nuclear, el instinto físico de conservación. De ahi que, para sorpresa general, las masas alemanas, que sin embargo tienen un nivel de conciencia política bastante más bajo que las masas francesas e italianas, participen en él con mucho mayor amplitud que sus hermanos y hermanas de clase en los países vecinos. Porque las masas alemanas están convencidas de que toda Alemania quedará destruida en los primeros días de una guerra nuclear, y ellas quieren vivir. Los que niegan con pedantería que estas acciones de masas tengan un impacto objetivamente revolucionario, so pretexto de que no establecen de entrada la distinción entre Estados obreros burocratizados y Estados burgueses, de que emplean a veces la jerga
"superpotencias" puestas en pie de igualdad, de que no dan pruebas de un "internacionalismo proletario" en relación con las revoluciones en curso (reproches que por lo demás son parcialmente falsos), desconocen dos aspectos fundamentales de la situación mundial:
En primer lugar, es el imperialismo, y únicamente el imperialismo, el que necesita vital y desesperadamente armas nucleares para desarrollar su estrategia militar contrarrevolucionaria. consiguiente, concentrar al movimiento contra las armas nucleares es golpear objetivamente al imperia-
En segundo lugar, estos movimientos de masas, en la medida en que abarcan a sectores crecientes del movimiento obrero organizado y de la juventud, desencadenan una dinámica objetivamente anticapitalista, independientemente de la fraseología utilizada por algunos de sus dirigentes. Porque tienen y tendrán el objetivo de imponer no sólo medidas concretas de desarme unilateral del imperialismo (contra la instalación de los misiles Pershing y Cruise, contra las bases de la OTAN), sino también una política económica basada en la alternativa anticapitalista a la austeridad y a la remilitarización, puestos de trabajo en lugar de bombas; escuelas y hospitales en lugar de bases militares; semana de 35 horas mediante la reducción radical del presupuesto militar,
De una forma más general, la lucha contra la carrera de armamentos nucleares y contra la ofensiva de remilitarización se solapa, al menos en un aspecto fundamental, con la lucha contra la crisis capitalista y contra el capitalismo en general. Enseña a las masas más amplias que no existe ninguna fatalidad que conduzca a la 3ª Guerra Mundial, como no hay ninguna fatalidad que conduzca a la crisis, a los 35 millones de parados en los países imperialistas, al hambre en el Tercer Mundo o a la extensión de la tortura. Los "jinetes del Apocalipsis" pueden ser detenidos, a condición de que las masas, que los explotados y oprimidos, tomen las riendas de su destino en sus propias manos.
En estas condiciones, es deber de los marxistas revolucionarios luchar en las primeras filas del movimiento contra la guerra y contra las armas nucleares, actuar en él como arrastrar al máximo de fuerzas del movimiento obrero organizado y de los "movimientos sociales"' que son sus aliados naturales, hacer descender a la calle, en todo el mundo, a millones y millones de personas. Si este movimiento se extiende y generaliza, conoceremos un camino opuesto al de 1913-1914 y de 1938-1939. En aquellas ocasiones, la guerra había ahogado a la revolu-
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La amenaza de guerra ción; esta vez, la revolución impedirá la guerra. En este marco unitario defenderemos el conjunto de nuestro programa, tanto por la solidaridad con las revoluciones en curso, como con todas las víctimas de las guerras contrarrevolucionarias "locales" del imperialismo. Los marxistas revolucionarios no subordinamos la movilización unitaria al debate ideológico, porque comprendemos el impacto decisivo de estas movilizaciones en las posibilidades objetivas de la revolución mundial.
En este mismo sentido, apoyamos resueltamente a los movimientos de masas autónomos contra la carrera de armamentos en la República Democrática Alemana (RDA) y otros países de Europa oriental. No significa que pongamos en pie de igualdad a los Estados obreros y a los Estados burgueses, o que hayamos olvidado el deber de defender, en caso de conflicto militar, a los primeros contra los segundos. Pero entendemos que en la situación mundial actual, todo lo que favorece la movilización más amplia y unitaria por el desarme unilateral del imperialismo en Europa constituye un golpe mil veces más duro contra el imperialismo, y por tanto una contribución mil veces más eficaz a la defensa de la URSS y los demás Estados obreros, que unos cuantos misiles de más o algunos conflictos disciplinarios de menos en el ejército de tal o
Arrebatándole a la burguesía uno de sus principales argumentos políticos para dividir al movimiento contra la guerra en occidente y frenar su ascenso, el movimiento contra la guerra en el Este asesta objetivamente un golpe al imperialismo, más que a la burocracia. Al reclamar el control público y democrático de las masas sobre la política militar y extranjera, el movimiento anti-guerra autónomo de Europa oriental y en la URSS estimula allí objetivamente la revolución política antiburocrática. Esta es parte integrante de la revolución mundial, y por tanto de la lucha para salvar a la humanidad de la liquidación nuclear. Como acaban de demostrar sucesivamente los avances de la revolución política y de la contrarrevolución en Polonia (10), acarrean unas consecuencias casi inmediatas - positivas en el primer caso, negativas en el segundo- para la lucha antiimperialista y anticapitalista a escala internacional. Nuestro debate con los pacifistas
Es falso y contraproducente emprender el debate con los pacifistas en torno a la cuestión de saber si es o no prioritario abolir las armas nucleares (del mismo modo que los ecologistas dicen que es prioritario salvar la bioesfera de la polución), antes que abolir el régimen capitalista. Invertire-. mos la cuestión: es imposible eliminar la amenaza de guerra nuclear sin eliminar/ al
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La amenaza de guerra régimen capitalista. Mientras subsistan la propiedad privada sobre los medios de producción, la competencia y la economía de mercado que de aquella se derivan, la búsqueda del beneficio individual, la producción para el beneficio y toda su lógica infernal, incluidas las frustraciones y la agresividad exacerbadas, nada ni nadie impedirán que grupos ni individuos compren máquinas y mano de obra para ganar más dinero fabricando armas potencialmente destructoras de la humanidad. Para impedir que algún grupo social se juegue la supervivencia del género humano a la ruleta rusa, hay que crear condiciones sociales y materiales necesarias para lograr este objetivo, mediante la victoria de la revolución socialista mundial, mediante la creación de la federación socialista mundial, mediante la socialización de los medios de producción, su utilización bajo el control público más amplio, exento de todo "secreto".
Por tanto, reprochamos a los pacifistas, no que "exageren"' el peligro de las armas nucleares, sino que lo subestimen. Les reprochamos que se contenten con medidas temporales —la lucha por tal o cual medida inmediata que evidentemente apoyamos, como la lucha por la zona desnuclearizada en Europa, desde Portugal a Polonia -, sin ver que el peligro terrorífico subsistirá mientras subsistan el régimen capitalista y el Estado nacional soberano, es decir, la posibilidad, para algunos, de decidir sobre la fabricación de estas bombas a espaldas de la mayoría del género humano. Les decimos a los pacifistas radicales: la humanidad sólo se librará de la pesadilla nuclear si se apodera del derecho y del poder de decidir lo que se produce, y también lo que está prohibido producir. Esto supone la supresión de la propiedad privada, de la competencia entre individuos, entre Estados, de la economía de mercado. Si no estáis dispuestos a pagar este precio, entonces preferís correr el riesgo de ver desaparecer al género humano, antes que de cambiar el régimen social que conduce al suicidio colectivo.
Para nosotros, la causa de la lucha contra la guerra y de la lucha por el socialismo es la misma. Sólo un mundo socialista autogestionado será un mundo sin armas. Los hombres y las mujeres que habitan este planeta, una vez hayan comprendido el terrible peligro que corren, decidirán colectivamente que no se fabricarán más armas de exterminio y crearán el único régimen social capaz de hacer respetar esta prohibición.
Al mismo tiempo estamos a favor de toda lucha, de toda movilización concreta, inmediata, contra el actual relanzamiento imperialista de la carrera de armamentos, y continuaremos denunciando sin cesar la ilusión histórica de que es posible abolir las armas de exterminio sin destruir el régimen capitalista. Esta ilusión es del mismo orden que la de los años cincuenta o sesenta, según la cual habría sido posible impedir las crisis económicas sin abolir la dominación del capital. Corre el riesgo de conocer la misma suerte, con un resultado mil veces más terrible para el género humano.
Del mismo modo que la lucha contra la austeridad, la lucha contra la remilitarización sólo puede alcanzar toda su amplitud, y sobre todo sólo puede obtener la victoria si conduce a una solución anticapitalista global: arrebatarle el poder político a la burguesía. No existe otra salida histórica a la crisis de la humanidad - cuya carrera hacia el suicidio nuclear es la expresión más condensada- que la conquista del poder por los trabajadores y su ejercicio a escala mundial, en el marco de la democracia socialista • pluralista más amplia, basada en la autogestión planificada de los productores. O NOTAS (1) Citemos, entre estas obras, la de un ex-presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, que se titula "La Tercera Guerra Mundial ha comenzado", y la del antiguo Jefe de Estado Mayor del ejército británico, el general John Hackett, "La Tercera Guerra Mundial". Mencionemos también el célebre artículo de Edward Thompson, "Exterminismo, la última etapa de la civiliza-
"Exterminismo y guerra fría", publicado por New Left Review. (2) Segúr: el estudio Comprehensive Study on
Nuclear Weapons, sometido a la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1980, se ha calculado que la explosión de 1.000 cabezas nucleares de un megatón contra la URSS y los Esimuerte de 150 a 200 millones de personas en los dos países. Y actualmente existen ya más de : 40.000 cabezas nucleares almacenadas en todo el mundo. Hay que tener en cuenta también las efectos secundarios radiactivos, el hambre, la contaminación, etc. (3) Es el título del ensayo inicial del libro de Jonathan Shell, "El destino de la tierra", libro que por lo demás es flojo e inconsecuente, pero que describe con mucha fuerza de convincción las consecuencias suicidas para el género humano que tendría una guerra nuclear. (4) "'En última instancia, sólo la victoria del proletariado en los países imperialistas más desarrollados, y ante todo la victoria del proletariado norteamericano, puede librar a la humanidad de la pesadilla de la aniquilación nuclear. Esta es, en definitiva, la solución revolucionaria socialista que opone la /V Internacional a las ilusiones utópicas de la "coexistencia pacífica" y de la "victoria" en una guerra nuclear mundial". (Dialéctica actual de la revolución mundial documento adoptado por el Congreso de Reunificación de la IV Internacional en junio de 1963). (5) Son numerosas las fuentes ya publicadas que reflejan los debates en los que los dirihabían planteado la utilización de armas nucleares, en los mencionados casos. Cuando sean accesibles las fuentes que hoy se mantienen en secreto, se verá que estas ocasiones no eran las
(6) Véase nuestro capítulo sobre la del capitalismo de la tercera edad", en Ernest Mandel, la Tercera Edad del Capitalismo. (7) Un objetivo paralelo del relanzamiento de la carrera de armamentos nucleares imperialismo consiste en agravar la crisis económica y social de la URSS. Como consecuencia del descenso de la tasa de crecimiento de la economía soviética, el Kremlin se verá obligado a tomar opciones desgarradoras si quiere aumentar considerablemente sus gastos militares, como pretende obligarle Washington. Para evitar que suceda así, deberá pagar un precio político que el imperialismo intenta incrementar. (8) En repetidas ocasiones hemos insistido en los riesgos políticos inherentes al mantenimiento de la democracia burguesa para una democracia que practica una política de empobrecimiento sistemático de las masas trabajadoras. puesto, no hay nada de automático en las victorias de la izquierda reformista en tales circunstancias; dependen de muchos factores, que varían de un país a otro y de una situación a otra.
Sin embargo, el riesgo de un desastre electoral para la burguesía, comparable al del 10 de mayo de 1981 en Francia, es real en estas condiciones. Recientemente, por primera vez en la historia, la Mauricio todos los escaños parlamentarios en unas elecciones que sin embargo había sido organizadas por un gobierno de derechas. (9) Dos intelectuales anglosajones, que sin embargo no tienen nada de revolucionarios, acaban de pronunciarse por la abolición y prohibición inmediata de las armas nucleares: el británico lord Solly Zuckerman, antiguo consejero científico principal del Ministro británico de Defensa, y el norteamericano Theodor Draper, hisestudio del estalinismo y anticomunista convencido. Pero no contestan a la pregunta de saber cuáles son las condiciones políticas y sociales necesarias para permitir esta abolición y prohibi-
"Revolución política y contrarrevolución en Comité Ejecutivo Internacional de la IV Internacional el 27 de mayo de 1982 (véase ese número de Inprecor).