A batalla de Beirut ha concluido con el resultado que espe• raban todas las fuerzas burguesas e imperialistas: la salida del Líbano de los contingentes militares de la Organización de Liberación de Palestina (OLP). La calurosa despedida que brindó la ciudad mártir a los combatientes y el sentimiento de éstos de haber salvado su honor librando durante semanas un combate encarnizado, no pueden ocultar la realidad: la resistencia palestina acaba de sufrir una derrota importante, la más grave de toda su historia. Ha perdido lo fundamental de sus posiciones militares, sus militantes están dispersados en una serie de países, desarmados, condenados a vivir en guetos, sometidos a un control riguroso por regímenes que tienen tanto interés como voluntad de neutralizarlos al máximo. Centenares de miles de refugiados permanecen en el Líbano sin defensa alguna, entregados al libre albedrío de los sionistas, de los falangistas de Bechir Gemayel, de las fuerzas árabes más reaccionarias, es decir, en última instancia, del imperialismo.
De este modo, los imperialistas han alcanzado su objetivo. Menájem Begin y Ariel Sharón habían preparado la guerra desde hacía tiempo. Nadie ignoraba que iba a desencade. narse. Nadie hizo nada por evitarlo, precisamente porque todo el mundo estaba de acuerdo en que había que privar a la resistencia palestina de su fuerza militar y obligar a la OLP a capitular. Las divergencias surgidas en repetidas ocasiones entre Israel y determinadas potencias imperialistas que querían incidir en la opinión pública árabe, no han ido nunca más allá de los aspectos tácticos.
Ni que decir tiene que la derrota de la OLP es un hito en la evolución de la relación de fuerzas en la región a favor de los imperialistas y de todas las fuerzas conservadoras. Reagan se ha apresurado inmediatamente a exploțar esta situación para relanzar la lógica de los acuerdos de
Después de maniobra, concertada política.
a la presidencia de la República
"'fuerte"
men sus organizaciones y sus dirigentes.
con serios
Ronald
Camp David. Es significativo que su con determinados gobiernos árabes reaccionarios, haya encontrado un eco favorable en las filas de la OLP. Desde hace cierto tiempo, la mayoría de su dirección viene echando agua a su vino, por ejemplo al declararse dispuesta a discutir sobre la base del Plan Fahd (Arabía Saudí) y planteando incluso una solución que no implique la creación de un miniestado palestino. Si la resistencia emprende este camino, después de la derrota militar vendrá inevitablemente una catástrofe
Finalmente, la situación interior en el Líbano también ha evolucionado a favor de las fuerzas más reaccionarias. La elección de Bechir Gemayel (y tras su muerte, de Amin Gemayel)
Yes todo un simbolo. Los dirigentes falangistas, que se han afirmado en su propio terreno mediante la masacre de sus rivales y competidores, y que ya han impuesto un régimen autoritario fascistoide en las zonas que controlan, pueden esperar hoy en convertirse en los amos del país entero con la ayuda del sionismo y del imperialismo, y con la luz verde de una serie de regímenes árabes. Pueden entregarse a la tarea de reestructurar el Estado libanés basándose en el aparato militar, político y administrativo falangista. Después de sufrir los mor- frontera tíferos bombardeos de Beguin-Sharón, Beirut oeste se ve amenazado ahora por la instauración de un régique no vacilará en desencadenar una represión sistemática contra el movimiento de masas,
Gemayel, por supuesto, chocará obstáculos en la realización de su misión. Las fuerzas centrífugas siguen siendo poderosas. No le resultará fácil imponer su autoridad en el propio campo reaccionario (basta con pensar en el problema que constituye el coronel Haddad, cuya zona de influencia a lo largo de la con Israel se ha ampliado considerablemente). Y le resultará aún más difícil llevar a cabo esta estabilización global que necesitan la burguesía comercial y financiera que le apoya, y el imperialismo. Por lo demás, la evolución de la relación de fuerzas en la región no implica en modo alguno que el imperialismo podrá controlar a partir de ahora la situación y evitar nuevas crisis. En Oriente Medio siguen existiendo focos explosivos, aunque sólo fuera a causa de la inestabilidad sustancial de todos los regímenes árabes.
En cuanto a Israel, el régimen sionista no dejará de verse confrontado
con problemas muy agudos, que van de la crisis económica a la situación en los territorios ocupados. Las grandes manifestaciones que tuvieron lugar en el transcurso mismo de la guerra, indican sin ninguna duda que el tiempo de la unanimidad ha pasado para siempre y que el edificio sionista muestra fisuras hasta en sus propios cimientos.
De todas maneras esto no ocultar en modo alguno el balance fundamental. La resistencia palestina ha sufrido una derrota importante, y ha concluido toda una fase de su lucha.
De ahí se deriva que actualmente es una necesidad vital establecer un balance global de la estrategia que ha seguido hasta ahora la resistencia palestina. empezado ya a abordar de forma crítica las concepciones y orientaciones de la OLP en el transcurso de las dramáticas semanas de la batalla de Beirut, estimulados por la dura realidad de su punto de hacerlo en su nuevo exilio. ca inspirada por los imperialistas y los oportunistas de todo pelaje, está destinada según la cual el error de la OLP estriba en el hecho de haber escogido el terreno rreno político propiamente dicho. Se trata de una tesis perfectamente ilógica y que no se tiene en pie. La OLP se situó efectivamente en el terreno militar y no podría haberlo hecho de otra manera frente al enemigo sionista, poderosamente armado y apoyado sin reservas por el imperialismo. Pero su orientación militar venía dictada en estrategia política. Está estrategia se proponía llevar a cabo una conciliación extremamente difícil, por no decir imposible, más elementales de las masas desprovistas de todo y las capas palestinas privilegiadas, instaladas en los distintos países de la región. La construcción de un aparato estatal político-militar embrionario, tenía que venir condicionada de forma decisiva por sus fuentes de financiación, los regímenes árabes establecidos, que nunca han tenido voluntad de luchar contra el sionismo, ni por la independencia de Palestina, y mucho menos arreglar las cuentas al imperialismo, principal apoyo del sionismo. Los acontecimientos de Beirut han dedebe mostrado sin ningún género de dudas que esta estrategia ha desembocado en un callejón sin salida trágico. Toda ilusión se ha desvanecido, incluso para los ojos más ingenuos, y los palestinos se encuentran dramáti-
Beirut.
Numerosos militantes han aislamiento, y otros están a camente
Toda una campaña propagandístiaislados en el avalar la interpretación cisivo.
nerse militar en; detrimento del tetónomo.
última instancia por una entre los intereses rasgos momento de-
Es esta estrategia la que debe po-.
Men tela de juicio. De lo contrario, los palestinos dependerán de sus "amigos" y "aliados" aún más que en el pasado, en la medida en que ya no disponen ni siquiera de un instrumento militar mínimamente au-
La cuestión consiste en saber con qué orientaciones y métodos podrá reestructurarse la resistencia palestina, apoyándose básicamente en los movimientos de masas, en su construcción y su movilización en todos los países o territorios donde viven más de cuatro millones de palestinos. El impacto que tuvieron las luchas de masas en los territorios ocupados por Israel, y el golpe que asestaron al sionismo, dan una idea del enorme potencial que puede ser aprovechado. Esta orientación permitirá hacer frente al mismo tiempo al problema que en última instancia es decisivo: la manera de vincular de forma indisoluble la lucha de liberación de Palestina . con la lucha más general de las masas árabes por la emancipación de sus países con respecto al imperialismo, por el derrocamiento de estos regimenes neocoloniales, que por mucho que se pongan una máscara progresista o que aparezcan con los más vergonzosos de la reacción más cínica, no dejan de explotar a las clases oprimidas y de negarles a las masas los derechos democráticos más elementales. O