Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Italia: El movimiento sindical frente al Pacto Social

· Inprecor n.º 27, marzo de 1982 · pp. 26-33 · 6.788 palabras

Italia

El Congreso Nacional de la CGIL, la principal Confederación Sindical italiana, a finales de 1981, cerró una larga fase de congresos sindicales. Cada una de las Confederaciones conoció una doble fase de debates a partir de la primavera de 1981: los congresos de los sindicatos de ramo, celebrados a nivel de base, de unión local, después de unión regional y finalmente a nivel nacional; los congresos interramas, celebrados también a nivel de secciones, de uniones locales y regionales y

La nivel nacional.

Los Congresos confederales de la UIL, de la CISL y de la CGIL fueron los momentos culminantes de la discu-

El movimiento sindical sión. El debate no fue rutinario en

ninguna de estas tres confederacio-

Ones. Y esto es aún más cierto en lo que se refiere a los rámos industriales frente al Pacto Social que fueron los principales protagonistas de estos últimos diez años de lucha. Estos Congresos se han celebrado en una coyuntura de grave crisis económica, de violento ataque Franco patronal contra el empleo, los salarios Turigliato y la escala móvil. Así, las cuestiones generales de estrategia sindical han estado estrechamente relacionadas con las tareas inmediatas de las organizaciones, con las opciones políticas planteadas para oponerse a la ofensiva patronal. OS Congresos sindicales de 1973 y de 1977 se habían desarrollado en un momento en que el movimiento sindical italiano estaba en su apogeo. Dichos congresos habían sido sobre todo asambleas propagandísticas, durante las cuales las confederaciones habían dado muestras de su poderío organizativo y se habían pronunciado a favor de una política general de reforma y de cambio, y de un desarrollo económico diferente, que debían asumir el gobierno y los empresarios bajo la presión de las luchas de los trabajadores. A partir de enero de 1978, con la política aplicada a partir de la asamblea de la EUR, las direcciones confederales condicionaron cualquier perspectiva de cambio a la aceptación por los trabajadores de una política de austeridad. A cambio de una remodelación de las reivindicaciones, que debería permitir obtener mayores beneficios y una mayor acumulación, los empresarios debían desarrollar las inversiones y el empleo.

Este proyecto utópico se hizo añicos al tomar contactos con la realidad de los hechos: las inversiones han servido sobre

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todo para reducir el número de puestos de trabajo, y la crisis económica se ha agravado; la patronal se ha organizado para tomar la revancha contra los trabajadores, para volver a arrebatarles lo que éstos habían conquistado a lo largo de tantos años de luchas victoriosas. En este contexto, las organizaciones sindicales se han mostrado cada vez menos capaces de defender los intereses de los trabajadores, y se han visto afectadas por una crisis muy seria. No se trata aún de una crisis vertical, pero no por ello es menos grave y profunda. La Patronal, a la ofensiva

¿Cuáles son los rasgos fundamentales de la situación social italiana y de la situación en las empresas? La lucha de los trabajadores de la FIAT en octubre de 1980, contra los proyectos de despido masivos por parte de la patronal, fue el inicio de una nueva etapa. En aquel momento, los obreros de la extraordinaria voluntad de lucha; la solidaridad de los demás trabajadores italianos también fue muy importante. Pero las direcciones sindicales y la de los partidos reformistas se mostraron igual de decididas a poner fin a esta lucha mediante un compromiso catastrófico para los trabajadores, con el fin de evitar que la crisis social y política desembocara en un choque frontal con las fuerzas

Después del de la FIAT, actualmente se cuentan por decenas, incluso por centenas, de la misma naturaleza firmados en las empresas bajo la presión de las direcciones sindicales centrales; ,en todos los sectores industriales, la patronal ha lanzado gigantescos planes de reestructuración y reconversión, decretando que había decenas de miles de trabajadores "sobrantes". Las direcciones sindicales han hecho todo lo posible por evitar que se reprodujeran luchas como la de la FIAT, y han firmado acuerdos que, al igual que en la FIAT, condenan a miles de trabajadores a un paro técnico completo durante periodos de duración indeterminada y sin ninguna garantía de volver a obtener algún día un puesto en su fábrica. De hecho, estos acuerdos avalan una reducción del nivel de empleo a través deñ bloqueo del turn over, la jubilación anticipada y, finalmente, las "'listas de movilidad externa", es decir, las listas de los trabajadores que son despedidos de una fábrica pero que deberían ser contratados por otra (aunque no se sepa muy bien cuál, pues todos los sectores industriales, aparte del de armamento, están reduciendo sus plantillas).

A la vista de la fuerza política y organizativa global de la clase obrera, de sus organizaciones sindicales y políticas, la patronal no ha logrado llevar a cabo aún directamente estos despidos ni a descomponer así el frente obrero. Pero el recurso masivo y prolongado al paro técnico le ha permitido mantener fuera de las empresas a una parte importante de la vanguardia obrera. Todos los principales grupos industriales italianos se ven afectados; los de la química (Montedison y las empresas de la ENI), los del automóvil (FIAT y Alfa Romeo), los de la electrónica, con algunas pocas excepciones, y los de las telecomunicaciones. Sin hablar ya del sector textil, que conoce ya desde hace varios años un proceso acelerado de reestructuración. El recurso masivo al paro técnico

Actualmente hay, según cifras oficiales, dos millones de parados en Italia. Las horas de paro técnico, durante los seis primeros meses de 1981 y en comparación con el mismo período de 1980, han pasado de 90 millones a más de 240 millones. En otoño de 1981, esta dinámica se agravó aún más. El sur no es la única rgiòn golpeada por esta crisis. Los bastiones industriales del norte, Piemonte y de Lombardía (a donde acuden

Italia tradicionalmente los parados del sur), los dos grandes centros urbanos de Turín y Milán, son actualmente las zonas más duramente golpeadas por la recesión y la reduc-

En el Piemonte, las horas de paro técnico durante los 9 primeros meses de 1981, pasaron de 15,5 millones en el mismo período de 1980, a más de 110 millones; en esta región hay como mínimo 350 empresas en crisis. Hay unos 46.000 trabajadores en paro técnico completo; el número de inscritos en las agencias de empleo alcanza los 135.000, de los que más de 67.000 son jóvenes que buscan su primer empleo.

En Lombardía se cuentan 800 empresas en crisis y 50.000 obreros en paro técnico durante varios meses. La previsión es que a finales de 1981 habrá habido 60 millones de horas de paro técnico, es decir, tres veces más que en el año anterior.

En la ciudad de Milán, el número de inscritos en las agencias de empleo pasó de 55.000 en 1978 a 83.000 en diciembre de 1981. Tambén aquí se trata sobre todo de jóvenes. Desde comienzos perdieron 10.000 puestos de trabajo, tan sólo en la industria del metal.

Naturalmente, la situación es aún más grave en las regiones del sur, y sobre todo en las zonas situadas al sur de Nápoles, afectadas por el terremoto de 1980. Desde hace un año, en estas regiones no se ha hecho nada, por parte del gobierno; por reconstruir las zonas siniestradas, reina la mafia napolitana, la camorra, y el clientelismo demócrata cristiano.

La amplitud del recurso al paro técnico resulta aún más evidente si examinamos la situación de tres categorías concretas. En la industria textil, el paro técnico afecta a 150.000 trabajadores, de un total de aproximadamente 1,5 millones; más o menos de 1/4 a 1/3 de los trabajadores del metal, entre el 1,5 millones que cuenta esta categoría, están en paro técnico; finalmente, 1/3 de los trabajadores de la química (sobre un total de 600.000) conoce la misma suer-

El elevado número de trabajadores que se encuentran en paro técnico ha tenido un efecto muy negativo en el funcionamiento del sindicato a nivel de empresa: los consejos han tenido graves dificultades a causa de la fálta de delegados y de la recomposición de los equipos de trabajo; esto ha contribuido a reducir su autonomía frente a los aparatos sindicales.

Al mismo tiempo hay que decir que los efectos del recurso al paro técnico no pueden compararse con las repercusiones de los despidos auténticos, y esto no sólo a causa de la compensación salarial (que alcanza el 90% del salario original). Los obreros condenados al paro técnico siguen inscritos en el sindicato y conservan lazos orgánicos con él a través de coordinadoras que constituyen estructuras reconocidas por el sindicato; conservan también sus

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vínculos, aunque más ocasionales, con la participando internas. Por lo demás se nota que las amenazas de la situación actual impulsan cada vez más a los trabajadores a reforzar su coordinación y a estrechar sus vínculos con el resto del movimiento sindical.

La patronal, a su vez, intenta aprovechar los éxitos obtenidos hasta el momento para alzarse con una victoria política que le permita restablecer la antigua relación de fuerzas a su favor. Trata también de ganar en todos los terrenos económicos, a saber, el de la reducción de los salarios, la desarticulación de la escala móvil, el impago de los tres primeros días de baja por enfermedad; no quiere que se le imponga ningún límite proyectos de reestructuración y quiere tener las manos libres para utilizar a su antojo la mano de obra, es decir, recuperar de nuevo el derecho al despido.

En la fase actual, la patronal trata de impedir sobre todo que los trabajadores desciendan a la calle con motivo de la renovación de los convenios. Esta renovación ha dado pie hasta ahora a auténticos enfrentamientos políticos, en cuyo transcurso se han movilizado los trabajadores unitariamente y siempre han logrado arrancar económicas significativas o impedir que el enemigo de clase retome la

La patronal sabe muy bien que los trabajadores tienen una voluntad muy fuerte de utilizar una vez más el instrumento de la lucha en torno a los convenios, para defender sus salarios y los puestos de trabajo. De ahí que haya solicitado el aplazamiento de la renovación de los convenios y haya anunciado que opondría una feroz resistencia con el fin de quebrar las luchas obreras. Para lograr este objetivo, la organización patronal Confindustria ha sabido aprovechar el papel desempeñado por el gobierno del republicano Spadolini, que las direcciones del movimiento obrero presentaron a los trabajadores como una novedad "positiva" al no tratarse ya de un demócraImponer un "tope" a las reivindicaciones salariales

Desde hace varios meses, el gobierno, la

Confindustria y las direcciones sindicales han entablado negociaciones con miras de llegar a la conclusión de un pacto social. El gobierno se comprometería a contener la inflación en 1982 por debajo del "tope" del

16%, y a cambio, los sindicatos aceptarían que las reivindicaciones obreras no rebasaran dicho "tope". Todo el mundo espera que la inflación sea superior a esta cifra, y todo el mundo sabe que el gobierno es el principal responsable de la inflación, lo que significa que las direcciones sindicales se plantean, de hecho, una política que comportará una nueva disminución de los

De una manera más general, con este pacto, social, el objetivo consiste en poner de fuerza a las plataformas reivindicativas en torno a los convenios, y en suprimir la autonomía de las categorías sindicales más combativas.

La gravedad de la situación no ha comportado ninguna desmoralización ni reflujo de la clase obrera. Al igual que en la primavera, durante el otoño proliferaron las tomas de postura de los trabajadores a favor de la defensa de la escala móvil y por Durante el mismo período pudimos asistir a luchas muy duras en las fábricas o en los sectores más directamente amenazados por los despidos (como el textil). Milán y estuvieron a la cabeza de la respuesta contra la enésima vuelta del tornillo económico del gobierno. También se desarrollaron grandes movilizaciones a finales del mes de noviembre, en las zonas afectadas por el terremoto.

En el mes de octubre, cuando los dirigentes confederales llamaron a una huelga general, de hecho simbólica y mal preparada en la industria, la participación, a pesar de todo, fue masiva. Y en Turín, tras el traumatismo del año anterior, asistimos a relanzamiento de la movilización; a comienzos de diciembre, los trabajadores en paro técnico y los de las empresas en crisis de esta ciudad organizaron una manifestación con unos 300.000 participantes.

característica congresos sindicales celebrados en 1981 fué el reconocimiento de la crisis por la que

Esta crisis ha estado en el centro de las intervenciones de los militantes de base que luchan contra los despidos y las reestructuraciones, y que conocen muy bien todas las dificultades que comporta la política de las direcciones, y también la de los responsables sindicales a todos los niveles.

Estos últimos se apresuraron a denunciar la crisis, la ausencia de democracia interna, la desaparición de la confianza de los trabajadores. Se trataba por supuesto de una autocrítica general cuyo único fin consistía en enmascarar sus propias responsabilidades, atribuirlas a las demás confederaciones sindicales o a los aparatos de la competencia, o, por aún, de buscar chivos expiatorios en los consejos de fábrica. Todo ello para no poner en tela de juicio el motivo central de la crisis: las línea política de aceptación de la austeridad, de los sacrificios, de la política industrial de la patronal y del gobierno.

Una crisis que afecta a todo el movimiento sindical •

La crisis se manifiesta en primer lugar con la dificultad encontrada para renovar los carnets de afiliación y ganar nuevos afiliados. No se trata de un hundimiento, como puede ser el caso en el Estado español, sino de una disminución limitada a determinados sectores. En efecto, conquistas obtenidas gracias al sindicato, hasta un período aún reciente, han asentado profundamente entre los trabajadores la conciencia de la necesidad de conservar un instrumento de lucha colectiva. Algunas operaciones de maquillaje de las cifras han permitido que las tres confederaciones oculten en parte sus dificultades. Pero los sindicatos sólo logran mantener un número de afiliados igual al del año pasado incluyen a los jubilados, cuyo número aumenta todos los años pero que no representan ya fuerzas vivas en las empresas.

Las cifras de la CGIL en Lombardía, para 1981, ilustran este fenómeno: 23.000 trabajadores activos de menos, sustituidos únicamente en parte por los 8.000 nuevos jubilados inscritos. Y la FLM registró en 1981 una pérdida de 20.000 miembros en el piemonte, al igual que en Lombardía.

En el Congreso de la CGIL, los delegados de los jubilados (138) constituyeron una delegación más numerosa que la de la poderosa organización de los metalúrgicos, que con sus 560.000 inscritos, representa el sindicato de ramo más fuerte del país, y que sólo disponía de 75 delegados. El aumento de las afiliaciones a la CISL se debe sobre todo a los funcionarios, donde se concentran los sectores más derechistas de esta Confederación, que con su clientelismo dificultan una valoración real de las adhesiones. Pero los datos globales no pueden ocultar el hecho de que en 1981 se produjo un descenso de las afiliaciones en determinados industriales, empezando con los dos sindicatos del metal, la FIOM y la FIM. Se trata de un fenómeno prácticamente inevitable a causa de la disminución del número de puestos de trabajo, el no acceso de los jóvenes al mercado laboral y, finalmente, la incapacidad crónica de las direcciones sindicales para ofrecer perspectivas a los trabajadores y a descenso de la militancia de los cuadros obreros es un segundo factor de crisis; los mejores cuadros aún están menos dispuestos que en el pasado a convertirse en permanentes sindicales, pues para un responsable sindical intermedio resulta cada vez más difícil comprometerse a aplicar una línea opuesta a las aspiraciones de los trabajadores. Finalmente, el tercer elemento de crisis reside en el hecho de que el sindicato está perdiendo mucha credibilidad y capacidad de atractivo entre sectores sociales como los parados, los jóvenes y las mujeres, para los que en el pasado apareció como un instrumento capaz de cambiar la

La segunda característica de los congresos sindicales fue la débil participación de la base. Es cierto que en el pasado los congresos de base no fueron nunca muy

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animados, pero también es cierto que en las namiento de los consejos de fábrica, los trabajadores participaron siempre bastante activamente en la vida sindical.

Hay que subrayar aquí una "anomalía"' de la situación sindical italiana. En efecto, en los distintos ramos industriales, los trabajadores se adhieren al sindicato unitario (por ejemplo, la FLM en el metal); pero al mismo tiempo no existe la unidad sindical orgánica, ningún congreso unitario, y por tanto en el congreso sólo pueden participar los trabajadores que además adherido a una de las tres confederaciones (siguiendo con el ejemplo del metal, FIOM, la FLM y la UILM); los que sólo llevan el carnet del sindicato unitario no pueden participar en modo alguno en los debates. Para captar la dimensión del problema basta con saber que en dos de los principales centros industriales, Brescia, el 70% de los metalúrgicos sólo se adhieren al sindicato unitario.

La débil participación de la base pudo constatarse en el conjunto de los sectores y direcciones, a todos los niveles, son totalmente responsables de ello, pues no hicieron nada por organizar la participación de los trabajadores, por miedo a un amplio debate democrático en cuyo transcurso habrian tenido que rendir cuentas de sus decisiones y de sus propuestas actuales. congresos fue el fuerte debate que se produjo en los niveles superiores (regional y nacional). Este debate reveló un importante proceso de reflexión de los cuadros obreros y sindicales intermedios, y su profunda inquietud ante la política de las direcciones centrales. Su oposición se manifestó en torno a determinados aspectos, como la defensa de la escala móvil, el rechazo de la política de rentas, el rechazo del "tope" impuesto sobre las reivindicaciones salariales, el rechazo del "'fondo de solidaridad" y la exigencia de que se reduzca el tiempo de trabajo. Esta oposición de izquierda manifestó en las tres confederaciones.

El debate más vivo, sin embargo, tuvo lugar en la principal confederación la CGIL, que a la vista de su mayoría comunista, se ha considerado siempre como la más monolítica. Este sindicato, por su tradición, por su imagen como sindicato de clase, ha logrado atraerse a la parte más importante de la vanguardia obrera militante y combativa surgida en estos diez años de lucha.

El cuarto rasgo característico de los congresos fue la agravación de las divisiones entre las tres confederaciones: las que aumentaron paralelamente a la reducción de la democracia interna y de las iniciativas de lucha. Estas divisiones han aumentado, aunque durante los últimos meses, igual que ya fue el caso en la FIAT, las confedeforma unitaria para obligar que los trabajadores aceptaran acuerdos con la patronal desfavorables para ellos. Cada una de las tres confederaciones trataron de destacar, durante el año pasado y particularmente en sus congresos respectivos, sus cáracterísticas particulares y su imagen organizativa por oposición a las demás, con el fin de estimular un relanzamiento de su propia organización. Dada la profundidad del debate en su seno, la propia CGIL es la que tuvo mayores dificultades para llevar a cabo esta operación.

Las diferenciaciones entre las tres confederaciones responden a los intereses específicos de los tres aparatos burocráticos que las controlan, y no a divergencias políticas • estratégicas. Las tres tienen la misma orientación y sólo se diferencian en la manera de aplicarlas o en algunos aspectos

Naturalmente, los aspectos diferentes que adquiere la política de la CGIL, de la CISL y de la UIL, dependen de su historia, de su composición, de la cantidad y la vanguardia obrera a que agrupan. La orientación estratégica común de las tres confederaciones en la fase actual es la siguiente: según ellas, la vía seguida en el transcurso de estos últimos 10 años ya no es practicable (luchas radicales, igualita duras); toda esta política está hoy en crisis (la UIL dice incluso que el mismo sindicato basado en los consejos ha entrado en crisis; la CGIL y la CISL utilizan a este respecto expresiones menos contundentes, aunque estiman también que se imponen los "rea-

La línea del sindicato debería evolucionar en función de la gravedad de la crisis, gestionar junto con las fuerzas capitalistas reestructuración, "responsable", y sabiendo que los trabajadores tendrán que pagar una parte de esta política. Siempre actuar así sería posible limitar los desastres y crear las condiciones para un relanzamiento de la economía capitalista, que a su vez aseguraría la prosperidad y el empleo. Un lenguaje distinto para la misma política de austeridad

Desde 1978 han cambiado las fórmulas, pero en sustancia se trata de la misma política de austeridad. Las tres confederaciones están también de acuerdo en torno a la política a aplicar en el período actual: se declaran dispuestas a actuar en el sentido de "contener" el coste de la mano de obra, con el fin de favorecer la acumulación capitalista. Aceptan por tanto que el conjunto de las reivindicaciones obreras no rebase el "tope" del 16%, y renuncian por tanto de antemano a cualquier mejora, o siquiera a recuperar el 3% anual de disminución de los ingresos que se registran desde 1978. • Dado que la escala móvil permite recuperar una parte importante de los ingresos erosionados por la inflación (del 60 al 70% según los ramos), ya no queda nada que exigir en los convenios, a menos que se solicite una "atenuación" de la escala móvil para poder exigir cualquier cosa en las plataformas de convenio. Esto puede parecer una discusión de locos, pero se trata, sin embargo, del debate que se desarrolló efectivamente en las direcciones sindicales, con el único fin de despistar a los trabaja-

El objetivo declarado de estas. negociaciones es el de llegar a un acuerdo con la patronal y el gobierno para contener el coste de la mano de obra, aumentar la productividad y "defender el poder adquisitivo de los salarios". El objetivo oculto, pero buscado con todos los medios por las direcciones confederales, es el de aplazar los convenios sine die.

Las direcciones sindicales tratan de llevar al movimiento obrero por el camino de una desastrosa política de colaboración con la patronal, partiendo de la tendencia existente entre los trabajadores a no limitarse únicamente a los simples objetivos económicos y a situarse en el terreno del control obrero y del poder. La federación unitaria CGIL-CISL-UIL parte de estas aspiraciones para desvirtuarlas y canalizarlas hacia diferentes fórmulas de cogestión.

Vinculada al proyecto de la dirección del PSI de relanzar la socialdemocracia italiana, la UIL es la que invita más abiertamente a los trabajadores a practicar el "realismo" de la colaboración con la patronal. Al tratar de apoyarse en los éxitos obtenidos por las grandes centrales europeas con dirección socialdemócrata, propone una "institucionalización" del sindicato, que éste desempeñe un papel activo en la gestión de las empresas a través de la cogestión, que debe permitirle a la clase obrera influir en la acumulación capitalista y en el desarrollo económico. Para llevar a cabo este proyecto, la UIL se ha encontrado ante todo con el intento de normalización burocrática del sindicato. Dado que es la más débil de las tres confederaciones, semejante normalización podría ofrecerle mayores márgenes de

Sin embargo, este sindicato, que durgió después de la Segunda Guerra Mundial a partir de una escisión financiada por la CIA, ha conocido una profunda transformación durante los últimos 15 años, no sólo porque la corriente socialista haya asumido la dirección del mismo, marginando a los componentes burgueses, sino porque ha conocido

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una importante renovación de sus cuadros. Aunque desempeñe un papel de chantaje a favor de la moderación permanente, corre el riesgo de entrar en contradicción con sectores de base cada vez que el impulso de las luchas se hace sentir de nuevo. La CISL

La CISL es el sindicato en que hemos asistido en los últimos años a la evolución más negativa de los cuadros dirigentes. Durante dos decenios, esta confederación se ha visto atravesada por una profunda oposición y una fuerte lucha entre la derecha, cuya base está en los sindicatos de funcionarios, y la izquierda, cuyos bastio-

La dirección estaba en manos de una corriente centrista que cuenta con el apoyo de la izquierda, aunque esta (en particular, la federación del posición autónoma con respecto a la confe-

Durante estos primeros años, el antiguo dirigente de izquierda Prieto Carniti lanzó una gran operación de recomposición de la que se ha saldado con la participación plena de la derecha en ella. Las corrientes de izquierda, que se habían prestado a esta operación, han quedado muy marginadas y han perdido gran parte de su autonomía de acción. La dirección de la CISL es la que defendió, estos últimos meses, de forma extremadamente tenaz, la necesidad de modificar el sistema de escala móvil, proponiendo la recuperación que garantiza venga determinada, a priori, en función de la tasa de inflación prevista por el gobierno. Además, siguió defendiendo la idea de la formación de un '"fondo de solidaridad"' para las empresas en crisis, que se crearía a partir de una contribución de los trabajadores con el 0,5% de sus salarios.

La FIM, a su vez, retomó y amplió la propuesta de autogestión presentada por la confederación en una perspectiva de hecho gradualista, con el único resultado de dar cobertura de "izquierda"' a la propuesta del "fondo de solidaridad". Cuando la FIM concreta el contenido de la autogestión, sus propuestas aparecen como lo que son:

propuestas funcionales para el sistema. En el transcurso de su Congreso nacional, la

FIM mantuvo sus distancias con respecto a la confederación, pero al mismo tiempo combatió duramente las posturas de los sectores de izquierda dirigidos por la FIM de

Milán. En la dirección, la izquierda sólo se ha visto representada con un 4% de los puestos, mientras que en el Congreso obtuvo entre el 30 y el 40% de los votos.

Las contradicciones de la CGIL

En sus tesis, la CGIL ha retomado las reformistas características formulaciones de comienzos de los años 70. Habla de reforma en el sur, de reorganización de las finanzas públicas, de reorganización y relanzamiento sector público. La diferencia con respecto al pasado reside en su propuesta central: "la democratización de la economía y el plan de empresa".

La CGIL - y el PCI, que hace la misma propuesta- no ha logrado explicar jamás cómo podría efectuarse la democratización de las multinacionales y la planificación democrática a través del Parlamento y de las regiones, en un mundo capitalista dominado por la competencia y la lógica del be neficio. Pero en virtud de su historia y de las características de sus cuadros, la CGIL no cogestión. Veamos cómo explica el texto de su Congreso lo que debería ser el plan de

"Esta propuesta intenta manera de programar y determinar la participación del sindicato en la programación, a través de la elaboración del programa de cada empresa, en el marco de una relación orgánica entre los programas de empresa y los planes sectoriales, intersectoriales y territoriales. Se trata de superar, por un lado, los límites de una gestión de la primera parte de los contratos, al nivel gracias a este instrumento, la información sobre los programas de las empresas y su verificación, y por otro lado, el caracter indeterminado y precario de la relación entre el sujeto de la programación, las asambleas elegidas y el sistema empresarial. En este sentido, el programa de la empresa debe venir acompañado de una reforma general de la estructura de propiedad empresas y del derecho de los accionistas".

Los trabajadores de la FIAT, de la

Montedison y de otras tantas fábricas, saben muy bien que se oculta detrás de este lenguaje alambicado y nebuloso: la coresponsabilización del sindicato en el proceso de racionalización de las industrias capitalistas y la expulsión de las fábricas de decenas de miles de trabajadores.

Un proceso de reflexión crítica

La oposición y las críticas a las posiciones de la dirección de la CGIL no sólo proceden de los cuadros que se oponen desde hace años a la política de austeridad, también de numerosos cuadros que la han defendido y aplicado durante tiempo con convicción y que se encuentran actualmente con las manos desnudas asistiendo al dèbilitamiento de un sindicato que han construido pacientemente en la fabrica y en la sociedad. Son los mismos cuadros

Italia de base e intermedios los que en la primavera de 1981 presionaron con éxito sobre la dirección de la CGIL para que defendiera la escala móvil, y que en el transcurso de este difícil otoño, han encabezado las luchas contra las medidas del gobierno y las provocaciones de Confindustria. Son también los que se han opuesto a la dirección de la CGIL cuando ésta dió media vuelta en materia de escala móvil, en vísperas del Congreso nacional, aceptando el "tope" del 16% propuesto por el gobierno.

El proceso de maduración política de esta capa de cuadros sindicales, al igual que de los cuadros críticos de las demás confederaciones, no ha hecho más que empezar. Las críticas que oponen a la dirección son aún muy generales o no puntos concretos; se trata sobre todo de un estado de espíritu frente al desarrollo negativo de la situación actual del sindicato, que no se expresa aún en una línea alternativa.

De ahí que hasta ahora, esta corriente no haya encontrado aún un canal organizativo que le asegure una fuerza adecuada en el sindicato, y sólo ha ejercido un peso decisivo en algunos votos de enmiendas (en defensa de la escala móvil, contra el 'fondo de solidaridad", por la exención fiscal de la escala móvil).

La dirección de, la FIOM, en abierta oposición con la cúspide de la confederación (Luciano Lama fue recibido con un silencio glacial cuando se dirigió al congreso de esta Federación), reivindicó las luchas del pasado, la batalla de la FIAT, defendió el sindicato de consejos contra todo intento de "normalización"; denundió la política del gobierno y el proyecto de restauración de la patronal, y destacó que los contratos eran el instrumento por el que la clase obrera podía reagrupar sus fuerzas y reconquistar posiciones más favorables.

Pero en cuanto a las propuestas políticas completamente subordinada a las opciones de la Confederación. Los congresos de otros sindicatos de ramo de la CGIL, como el de los trabajadores de la construcción y el de los obreros agrícolas, se desarrollaron de forma similar.

estos congresos, además, los representantes de la corriente socialista, que habían preconizado más que fueron duramente castigados en el momento de la elección de los organismos de dirección en votación

Desde entonces," la corriente socialista ha acentuado su chantaje político con miras al acuerdo con el "tope" del 16% y amenazando con organizar una ruptura en el seno del sindicato. Pero este chantaje ha servido comunistas de la Confederación,. Luciano

Lama, Bruno Trenti, y Garavini, para ejercer a su vez un chantaje contra los militantes comunistas de izquierda y los

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demás componentes greso.

radicales, imponerles la propuesta de mediación que hizo Luciano Lama en su informe al Con-

La dirección de la CGIL presentó la siguiente propuesta, adoptada por amplia

Italia y para mayoría en el Congreso: La CGIL acepta el ciales de las empresas correrán a cargo del "tope" del 16% corresponde a 45 Estado. Cualquier aumento salarial superior puntos de recuperación de la escala móvil, al 16% será sometido a una imposición fisestos 45 puntos quedarán exentos de im- cal más severa (lo que desanima cualquier puestos para los trabajadores, mientras que inclinación a solicitar aumentos salariales); las alzas correspondientes de los gastos so- a su vez, los patronos deberán pagar más cargas sociales si no se respeta el "tope" del 16%.

Se trata de una propuesta de política de rentas contra la que se pronunciaron inmediatamente numerosos consejos de fábrica y miles de militantes de la CGIL. En el propio Congreso reinaba un clima de contestación a esta propuesta. Pero los dirigentes comunistas que tradicionalmente aparecían como referencia para los cuadros sindicales de izquierda no presentaron ninguna alternativa. Algunos de ellos, como Galli, secretario de la FIOM, se distanciaron primero y acabaron finalmente a votar a favor de la propuesta.

El hecho de que los delegados en el Congreso fueran mayoria permanentes del aparato, al igual que las fuertes presiones permitieron que se votara la moción que proponía "contener el coste del trabajo". El tercer componente de la CGIL (PDUP, DP y sindicalistas de izquierda) no podía, por sí misma, superar este voto, máxime cuando había aceptado la orientación fundamental de los textos de la dirección, no diferenciándose sino en este punto. De todos modos, su moción - muy ambigua políticamente— obtuvo el 10% de los votos y 1/3 de abstenciones. Una izquierda desorganizada

Podemos sacar una primera conclusión general de estos congresos. Mientras que la base militante y los cuadros intermedios se orientan a la izquierda, bajo la presión de los acontemientos, las direcciones confederales, a su vez, se van cada vez más a la derecha. Por otro lado, las conclusiones organizativas de los congresos, dado los procedimientos antidemocráticos de las elecciones y las diversas manipulaciones realizadas con la dirección central frente a las direcciones de las federaciones que se sitúan más a la izquierda, han sido negativas ¿ cómo explicar esta ditorsión?

Las direcciones centrales ejercen el control sobre los aparatos y aplican una línea que por muy equivocada que esté tiene el mérito de la claridad política. Por otro lado, los cuadros sindicales críticos son muy numerosos, pero permanecen totalmente desorganizados y no existe ninguna tendencia de izquierda estructurada a nivel nacional, capaz de darles un peso político en la toma de decisiones.

Desde este punto de vista, las direcciones de los ramos más combativos tienen graves responsabilidades, y, una vez más, no han querido luchar por mociones clara-

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Italia mente alternativas, terminando plegándose al chantaje de las direcciones confederales. La dirección de la FLM espera poder repetir la operación que realizó cuando se adoptó la primera plataforma de austeridad; se había declarado de acuerdo y después trató de darle una interpretación que cambiaba su contenido. Este pequeño juego sólo permitió limitar los efectos durante un breve período.

Esta vez acepta el "tope"' impuesto por el gobierno y las cúspides confederales frente a las reivindicaciones obreras, pero le da una interpretación extensiva, esperando así ganar ciertos márgenes de maniobra para los convenios. Los dirigentes de la FLM pretenden olvidar que Lama, Carniti y Benvenuto propusieron el "tope" y la definición rígida de la política reivindicativa, declarando expresamente que no había que repetir lo sucedido desde la celebración de la asamblea de la EUR, y que la FLM no podía librar ya las mismas batallas de convenios que en el pasado.

Los dirigentes sindicales del componente de la CGIL, y particularmente las organizaciones que se sitúan a la izquierda del PCI, el PDUP y la DP, son también altamente responsables de la inexistencia de una fuerte tendencia de iz quierda. Estas fuerzas, que casi siempre han estado presentes en los organismos centrales de la dirección, y que han tenido en varios congresos un número importante de delegados, votaron los textos generales de la dirección y no hicieron nada por proponer una línea alternativa de clase a los trabajadores. En muchos casos, se han preocupado simplemente de conservar sus cargos en los organismos de dirección.

Este período de congresos ha permitido verificar los avances realizados por la Lega Communista Rivoluzionaria (LCR), la sección italiana de la IV Internacional, en su trabajo por construir una tendencia de "lucha de clases" en el interior de las organizaciones sindicales. Los militantes de la LCR han participado en las batallas políticas que se desarrollaron a todos los niveles, y a menudo han sido los elementos motores del vasto movimiento de oposición que hemos descrito.

Los resultados más significativos se obtuvieron en la CGIL-Scuola, donde nuestros camaradas, aliados con una corriente de izquierdas de Toscana (formada por militantes entre los que hay algunos fundadores de este sindicato), presentaron un texto alternativo a nivel nacional. Esta propuesta, que las direcciones centrales trataron de ocultar con todos los medios a su alcance, a los afiliados, obtuvo un 5% de los votos en el Congreso nacional. También aquí se observan las responsabilidades de los delegados del PDUP y de la DP, que ante una propuesta alternativa de clase, prefirieron votar el texto de la dirección nacional.

También en la industria, particularmente en el Metal, el trabajo emprendido desde hace varios años ha permitido que los marxistas revolucionarios desempeñen un papel significativo: en numerosos congresos locales y regionales, a iniciativa de estos militantes se votaron importantes enmiendas o mociones contra los diversos aspectos de la política de austeridad. Esto le permitió a la LCR tener por primera vez delegados en los congresos nacionales en los dos principales congresos sindicales de la metalurgia, la FIOM y la FIM, y contar con numerosos cargos electos en las direc-

En los debates sindicales, los militantes de la LCR se esforzaron por combatir la argumentación de los dirigentes confederales. Hay que partir de la crisis actual, por porque la crisis capitalista acentúa todas las contradicciones de este sistema, y amenaza con comportar la liquidación de todas las sólo podrá superada en función de los intereses de una

Es precisamente por esto que el sindicato debe proponer una orientación de clase que no parta de las "compatibilidapropuestos por la patronal y su gobierno, sino de la defensa de las reivindicaciones de

Por lo tanto, hay que defender la escala móvil, defender la libertad de negociacion de los ramos, rechazar el "tope" cualquier política de rentas y de pacto

Hay que preparar inmediatamente los convenios y no dar ninguna tregua a la patronal, no dejar aisladas las las empresas amenazadas de cierre, despido de.su personal. Finalmente, la LCR luchó en todos los congresos por la reducción inmediata de la semana de trabajo a 35 horas, único medio para reabsorver el paro y ofrecer trabajo a los jóvenes, y por consiguiente, impedir la desarticulación de la clase obrera y de sus organizaciones.

Frente al cierre de numerosas empresas y de la reducción de su actividad, las direcsindicales piden que el Estado subvencione a los capitalistas, e invitan a éstos a orientar su actividad en función de los intereses de la colectividad, pero a fin de cuentas, aceptan siempre las restricciones impuestas en materia de empleo. Los militantes de la LCR, por el contrario, luchan por la nacionalización de estas empresas y el control obrero sobre sus opciones y sobre la reconversión, primer paso para que el movimiento obrero elabore y luche por un plan económico alternativo.

En lo inmediato, la batalla central de todos los militantes obreros de la LCR está destinada a exigir que las direcciones sindicales organicen inmediatamente una consulta de la base, aplazada durante meses para rechazar el pacto social, elaborar plataformas de convenio y lanzar la lucha en torno a los convenios.

Los sindicatos italianos

La CGIL (4.582.000 afiliados) es la más importante de las tres confederaciones: los comunistas tienen en ella una mayoría absoluta, pero comparten la dirección con los socialistas y los representantes del "tercer componente":] sindicalistas de izquierda, representantes del Partido de Unidad Proletaria (PDUP) y de Demo crazia Proletaria (DP). En el Congreso y en los organismos de dirección, los cargos se reparten del modo siguiente: 60% para el PCI, 30% para el PSI, 10% para los demas.

La CSIL (3.059.845 afiliados) es una central de origen católico, muchos de cuyos dirigentes están vinculados a la Democrazia Cristiana (DC); algunas federaciones de ramo están dirigidas por corrientes de izquierda; este es el caso, en particular, del sindicato del metal, la FIM.

La :UIL (1.346.900 afiliados), donde el Partido Socialista (PSI) tiene la mayoría ,en la Confederación y en su dirección; los demás componentes de la dirección son representantes de dos pequeños partidos burgueses, el Partido Republicano y el Partido Socialdemócrata.

Las tres confederaciones aplican desde 1968 una política de unidad de acción. A comienzos de los años 70, tras el fracaso de la fusión sindical orgánica, formaron una federación unitaria de las tres confederaciones. La dirección de esta federación unitaria está formada por los secretariados de las tres confederaciones. Las decisiones se toman siempre por unanimidad y no por mayoría de votos. Cada uno de los tres componentes tiene de hecho el derecho de veto sobre las decisiones.

La FLM (Federación de Trabajadores del Metal) es el sindicato más fuerte, con aproximadamente 1,5 millones de afiliados. Esta federación unitaria está compuesta por la FIOM (500.000 afiliados), afiliada a la CGIL, la FIM (335.000 afilia dos) afiliada a la CISL, y la UILM (144.000 afiliados) afiliada a la UIL.

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