Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Las raíces de la crisis económica en Polonia

· Inprecor n.º 26, febrero de 1982 · pp. 27-32 · 5.760 palabras

La crisis económica que hace estragos en Polonia es la más estabilizada — o sea, fuera de las fases de guerra en general y de guerra civil- haya conocido hasta ahora. Durante tres años consecutivos, la producción material ha disminuido sobreproducción de mercancías, caracterizada por el exceso de capitales no invertidos y de mercancías no vendibles, que conducen al paro masivo y al descenso de las rentas.

veces, de una crisis de subproducción de valores de uso, desorganización progresiva de toda la máquina productiva, a pesar de que existan rentas relativamente abundantes en la población. Pero esto es sólo una descripción sintética de

¿Cuáles son las raíces económicas de esa crisis? ¿Cuál es la relación entre esas raíces y la estructura particular de la el socialismo por la dictadura de la burocracia? ¿Hasta qué punto había podido ser evitada esa crisis en un régimen de democracia socialista, de autogestión obrera planificada, revolución socialista en los principales países imperialistas mantuviera la presión del mercado mundial sobre ese tipo

Las raices de la crisis económica en Polonia grave que una sociedad postcapitalista mínimamente respectivamente en un 2% en 1979, un 4% en 1980 y en menos del 17% en 1981.

No se trata ciertamente de una crisis capitalista de Se trata más bien, como ya hemos señalado repetidas que provoca escasez de mercancías de toda clase y la crisis, no una explicación. sociedad postcapitalista, aún a pesar de que la ausencia de una victoria de la de régimen?

A respuesta a estas preguntas es muy importante teniendo en cuenta que se manifiestan ya síntomas de crisis análoga -aunque más limitada -— en Rumanía, Hungría, Checoslovaquia y la URSS. Una crisis con las proporciones de la de Polonia no se reproducirá sin duda en ellos. Pero sí se ha manifestado ya una desaceleración pronunciada del crecimiento. Es pues muy posible que se produzca en esos países un casi estancamiento económico durante uno o varios años. El "proyecto Gierek": la multiplicación de todas las desproporciones

La raíz inmediata de la crisis actual consiste en el "nuevo curso" adoptado por la economía polaca desde la subida al poder de Edward Gierek, a partir de 1970-71. Bajo el impacto de las huelgas obreras en los puertos del Báltico en 1970, la nueva dirección de la burocracia polaca, con el apoyo del Kremlin, quiso encontrar un consenso social con la mayoría de la población urbana polaca, así como con una capa (especialmente rica) del campesinado, sobre la base de una modernización acelerada de la sociedad polaca y de su adaptación al modelo de consumo y de vida occidental. Esto implicaba una verdadera "'explosión" de las inversiones productivas, destinadas a crear una "segunda industria polaca", incluso una "segunda Polonia''. Un recruso masivo a los créditos capitalistas debía permitir financiar ese esfuerzo gigantesco, sin tener que disminuir el nivel de vida de la población trabajadora (medida que era además irrealizable dentro de la nueva relación de fuerzas sociales creada a partir de las huelgas de 1970).

La lógica interna del proyecto Gierek era la siguiente:

- calmar las tensiones mediante un recurso creciente a las importaciones de bienes de consumo o de productos intermedios occidentales;

- mantener durante mucho tiempo esa dinámica mediante el desarrollo de industrias nuevas (automóviles, productos plásticos, máquinas eléctricas y agrícolas, abonos químicos, petroquímica, aluminio, nueva siderurgia ultramoderna, etc.);

- importar de Occidente la tecnología, los bienes de equipo y, si fuera preciso, los productos intermedios y piezas de recambio para esas industrias;

- alimentar durante mucho tiempo también el mercado interior gracias a esas nuevas industrias, lo cual estimularía a la vez el esfuerzo de los obreros y la producción de los campesinos, manteniendo al mismo tiempo la "paz social";

- pagar (más pronto o más tarde) la

ZI/Inprecor

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E. MANDEL "congelada" en su transición hacia

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L

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Aspecto general del palicio de los Deportes de Oliwa (Gdansk), donde 892 delegados tomaron parte deuda extranjera provocada por esa política mediante el flujo creciente de exportaciones procedentes a la vez de la agricultura (así como de industrias agro-alimentarias), que se verían estimuladas, y de las nuevas industrias que produjeran bienes de calidad, vendibles en el mercado mundial.

El proyecto en sí mismo no era absurdo, como algunos pretenden afirmar ahora (es significativo que aquéllos que lo condenan habían dado su acuerdo entonces, tanto en los medios del COMECON y de la tecnocracia de Varsovia como en los de banca occidental). Pero encerraba muchos peligros y tendía a acentuar todos los desequilibrios y todas las desporporciones ya inherentes a la planificación y la ges-

En primer lugar, acentuaba peligrosamente los desequilibrios fundamentales que • estaban presentes en la economía polaca socializada a comienzos de los años 50: desequilibrio entre las inversiones económicas y las sociales, cuyo impacto en la productividad social del trabajo es grave y sIstemáticamente subestimado por todos los economistas desequilibrio entre la industria pesada y la industria ligera; desequilibrio entre la industria y la agricultura; desequilibrio entre la producción y la distribución (el subdesarrollo de los servicios y de la red de distribución es uno de los aspectos de la negligencia sistemática de las inversiones sociales),

Pero como el conjunto de la economía está marcado por el sello del "interés material' de los burócratas en tanto que única fuerza motriz para la realización del plan y - incluido el de Gierek-, la ausencia de democracia socialista, es decir, la ausencia de control social en la vida económica tenía tendencia a agravar considerablemente esas desproporciones mediante la aparición de desproporciones sectoriales, lo cual significa, en realidad, desintegración parcial

Cada "clan" de burócratas — se trataba todo de "clanes" regionalesintentó desarrollar "su" empresa modelo, "su" polo de desarrollo, creando sucesivos nuevos empleos de "cuadros" bien remunerados, nuevas prebendas, nuevas fuentes de prestigio, de privilegio y de poder abusivos, sin tener en cuenta el impacto de esas empresas en el conjunto de la economía.

Las relaciones estrechas entre esa "segunda industria polaca"' y los créditos occidentales eran además una fuente de corrupción evidente. El acceso relativamente fácil a los créditos extranjeros acentuaba la tendencia a importar en lugar de producir in situ (2). Las adulaciones de las firmas occidentales eran un arma de persuasión exquisita para empujar a los burócratas polacos por una pendiente en la que estaban ya muy dispuestos a lanzarse.

en el 1 Congreso de Solidaridad. Todo un mercado paralelo (casi legal) (3) de bienes de consumo a pagar en oro o,en dólares había nacido en Polonia. Los que estaban ya implicados en circuitos financieros y comerciales con Occidente tenían un acceso más fácil al oro y al dólar. El "interés material" (que sólo los "igualitaristas pequeño burgueses" pueden cuestionarlo en tanto que "principio comunista") desvió así hasta el flujo y el contenido mismos de las inversiones productivas.

enfermedad del "gigantismo", heredada de Stalin, hizo el resto para que la economía socializada polaca se inclinara hacia la desproporción generalizada y sin fases: una industria de acero gigante como la de Katowice no dispone de una base energética suficiente; las fábricas de tractores Ursus tienen que importar piezas de recambio de Occidente que cuestan más caras que el propio producto acabado;

de carbón se ven paralizadas por falta de correa para motores y cuya importación "se" había olvidado planificar, etc.

Esas desproporciones se agravan de año en año, de semestre en semestre; los retrasos en la entrada en producción normal se hacían cada vez más prolongados en las hacían así cada vez más pesadas para la economía, mediante los gastos fijos y los falsos gastos no pagados por una producción suplementaria; se producía un descenso peligroso de la tasa de utilización de la capacidad productiva existente, debido a la ausencia de valores de uso necesarios para esa utilización (la tasa actual en la inemprendía una verdadera carrera hacia el abismo, en el que la economía tenía que hundirse más pronto o más tarde.

Todo eso fue denunciado por economistas polacos competentes antes de las huel-

1091 100 1 gas de agosto del 80 (4). Todo eso fue denunciado por los propios huelguistas. En lugar de ser causantes de la crisis, las huelgas han sido precisamente un medio espontáneo de los trabajadores para detenerla antes de que fuera demasiado tarde. Afirmar lo contrario, como pretenden la burocracia soviética, sus agentes y abogados, así como los habituales adversarios de las huelgas en Occidente, es mentir en exceso. La totalidad de las huelgas hecho "perder" a la economía polaca el equivalente de tres o cuatro jornadas de producción global, desde el verano del 80, o sea, menos que los simples cortes de electricidad provocados por la imprevisión y el despilfarro burocráticos, y sin comparación alguna con la caída global de la producción, que corresponde al equivalente a 60 horas de trabajo por polaco activo en El impacto de la crisis económica internacional

Las consecuencias catastróficas del proyecto Gierek han sido multiplicadas por el impacto de la crisis de la economía capitalista internacional en la economía polaca. Para ser más precisos, diremos que el proyecto Gierek, al igual que el "programa común" de la "Unión de la izquierda" en Francia y que todas las previsiones "teóricas" la burocracia estalinista de comienzos de los años 70, partía de la hipótesis de que no habría crisis ( o al menos, una crisis grave) en la economía capitalista internacional; que ésta avanzaría a una velocidad de crucero comparable a la de los. años 60. Esta hipótesis tenía dos implicaciones que se han demostrado desastrosas para el proyecto Gierek:

- esperaban asi que habría un mercado

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para mercancías polacas de calidad en Occidente, que crecería al mismo ritmo que la venta de esas mercancías específicas que se había desarrollado en los años 60. Y lo que ha pasado es que no hay más que un sólo sector de la industria polaca que haya tenido cierto éxito en este sentido: el de los astilleros. En los demás sectores, debido a crisis, las exportaciones han crecido mucho más lentamente de lo previsto. Por esa razón, la balanza comercial y la balanza de pagos con Occidente se han ido degra-, dando constantemente.

- esperaban también que los términos del intercambio seguirían siendo en general iguales que en 1970. Sin embargo, el encarecimiento brusco del petróleo y de las otras fuentes de energía a partir de 1972, así como el alza de precios de determinados bienes intermedios, agravaban estructuralmente el déficit de la balanza comercial, ya que la "segunda industria polaca" dependía enormemente del flujo creciente de esas importaciones.

La primera reacción de la burocracia consistió en desviar una fracción mayor de la producción nacional (sobre todo, del carbón y de la carne) hacia la exportación, con el fin de enjugar el déficit creciente de la balanza comercial y tener acceso a créditos externos suplementarios para aligerar la carga de la deuda sobre la producción y las rentas ordinarias. Pero los dos remedios se han demostrado muy pronto peores que el mal.

La reducción del aprovisionamiento de las centrales eléctricas y de las familias obreras y campesinas en carbón durante el invierno del 79 al 80 comenzaba a hacer bajar a la vez la producción normal industrial y agrícola. El endeudamiento extranjero aumentaba a una velocidad vertiginosa el peso del servicio de la deuda, que terminó por agotar casi todas las divisas obtenidas de las exportaciones ordinarias.

Precisemos más el sentido de este análisis. La crisis económica capitalista no ha causado la crisis polaca. La economía polaca podía continuar creciendo a pesar de que la producción hubiera disminuido en Occidente (ese fue el caso de los años 74 y 75). En la medida que la economía polaca no está gobernada por la ley del valor, puede escapar a las crisis de sobreproducción. Puede conocer un volumen de inversión y de crecimiento más o menos estable cada año. En la medida que la economía polaca no puede evitar la influencia de la ley del valor (transmitida a la vez por el comercio con los países capitalistas y por el intercambio con el sector agrícola privado en no puede evidentemente escapar a determinados efectos negativos de la crisis capitalista (por ejemplo, el descenso de las exportaciones respecto a las previsiones hechas). Pero esos efectos adquieren el alcance catastrófico que han tenido en Polonia debido precisamente a una política económica errónea, a una dependencia excesiva respecto al comercio con los países capitalistas, y a una relación estrecha de esos factores con las consegenerales y estructurales de la gestión burocrática. Las consecuencias a largo plazo de una debilidad estructural

Durante la "era Gierek", una debilidad estructural

Gomulka", ha empezado a repercutir cada vez más gravemente en las desproporciones que se producían y ha actuado como fuente, primero potencial y luego virtual, de una crisis de subproducción: la supervivencia en Polonia

SOLDARNOS

HUTA

WARSZAWA

del más vasto sector de la agricultura privada que conozca hoy una sociedad postcapitalista, incluida Yugoslavia. El 80% de las tierras polacas está en manos de campesinos privados, desde la "contrarreforma'" Gomulka en 1956.

En sí misma, esa "contrarreforma" era inevitable, en la medida que la colectivización de la agricultura se había efectuado contra la voluntad manifiesta de los campesinos en la "era Beirut"' (5). Toda la tradición marxista, desde los célebres artículos de Engels sobre el campesinado francés e italiano de 1894 hasta las tesis de la Oposición de Izquierdas soviética, se ha manifescolectivización masiva de la agricultura sin adhesión consciente de los campesinos. En cuanto a la colectivización forzada de la agricultura al estilo estalinista, ésta provocó un desastre económico, social, político y moral de tal gravedad que todavía hoy no se ha superado sus consecuencias en la URSS, medio siglo después de haberse realizado. Ante tamaña catástrofe, incluso la crisis económica polaca de ahora constituye un mal menor evidente.

En realidad, no hay ninguna necesidad de escoger entre esos dos males, el "gran"' desastre y la catástrofe limitada en el tiempo. Hay que comprender la dinámica de las contradicciones económicas y sociales subyacentes al problema de la interconexión entre la tasa de crecimiento de la industria socializada, el nivel de vida de los obreros, el de los campesinos, la dinámica de crecimiento de la agricultura cooperativa y colectiva, y la dinámica de crecimiento de la agricultura privada. Esas cinco variables dan ecuaciones que se pueden resolver a condición de comprender que las contradicciones son reales, que hay que intentar

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resolverlas y no ocultarlas bajo el pretexto de aparentar calma o conseguir una falsa

"seguridad" política.

Sin embargo, en lugar de dedicarse a una política de solución gradual de todas esas contradicciones, las opciones de Gierek y sus consecuencias han terminado por agravarlas considerablemente.

Acentuando la desproporción entre las inversiones industriales y las agrícolas, la orientación de Gierek acentuó el retraso en el crecimiento de la producción agrícola respecto al de la producción industrial, poniendo planes de exportación y de namiento de la población urbana. Una política irracional de baja inversión en la agricultura privada (que, repetimos, posee

80% de las tierras) ha agravado más la tendencia al estancamiento producción agrícola. La reacción de la burocracia ante el estallido de las luchas obreras, ha fomentado el fenómeno de las tijeras de los precios. Para impedir nuevas explosiones de cólera obrera, bloquearon practicamente los precios de compra de los productos agrícolas, mientras que los costes de producción de los agricultores aumentaron, debido sobre todo al aumento del coste de energía. Los materiales de construcción y los bienes de consumo industriales fueron desviados del campo. El engranaje se hacía diabólico: esa política empujaba literalmente al autoconsumo campesino creciente, al descenso de la producción y a una crisis de aprovisionamiento

Como el sector colectivo-cooperativo en la agricultura alcanzaba una productividad ridícula, no podía compensar tampoco esa la economía polaca. Creó así rápidamente el primer cuello de botella del proyecto de Gierek. Con el estancamiento relativo de la producción constantemente, partir de 1976, la crisis de avituallamiento, la amenaza de descontento y la disminución del esfuerzo en el trabajo de la clase

Todos los cálculos sobre el "consenso en el consumo" se hundieron. Toda la "era Gierek" se mostraba inoperante para evitar la maduración de la crisis de la dictadura burocrática. Acabó incluso acelerando crisis a partir de 1976, después de haberla frenado únicamente durante cuatro

Pero toda tentativa de "rodear" más al campesinado mediante un desarrollo acelerado del sector colectivo-cooperativo, chocaba con el despertar político y social del campesinado, que acompaña, aunque con retraso, al de la clase obrera desde 1976, y al nacimiento de una simpatía espontánea, de una alianza obrera-campesina contra la burocracia. Gierek, al igual que Kania o Jaruzelski, no se atrevió a atacar al campesinado como lo hicieron Bieirut o Rakosy, por no hablar ya de Stalin. Sabían muy bien que corrían el riesgo de una explosión social generalizada. La crisis agrícola ha ido agravándose a partir de 1976

(6), repercutiendo 'negativamente en la crisis endémica de toda la economía y terminando por convertirse en uno de los principales factores de precipitación de la catástrofe económica de 1980-81.

Los efectos acumulativos de la gestión burocrática

Pero la causa última de la crisis económica polaca reside en la naturaleza misma del sistema de gestión burocrática que economía socializada desde el principio en Polonia. Los que, siendo partidarios del "socialismo de mercado" o de la identificación de la autogestión con la autonomía financiera de las empresas y el recurso generalizado a los mecanismos del mercado, reducen esa gestión a los simples daños causados por la hipercentralización -los cuales, lógicamente, no ponemos en duda - cometen un grave error de simplificación. Semejante análisis parcial, y por consiguiente ninguna propuesta de solución válida ni desde el punto de vista de los intereses de la clase obrera ni desde el del carácter racional que debería tener una economía pla-

En realidad, desde el punto de vista de los fenómenos de desproporción y de crisis que engendra, el sistema de gestión burocrática aparece como una mezcla burda de centralización excesivas, la una determinando a la otra. En ausencia de una democracia socialista, es decir de control y de verificación generalizada desde abajo, todo exceso de centralización, lejos de "reforzar" el plan, refuerza la tendencia a la "economía gris" siones paralelas de los directores de empresas, y hace cada vez más irreal la planificación, en el sentido literal del término. La realidad se les escapa y se "planifica" en el vacío. Lo que necesita la economía polaca no es menos planificación, es decir, menos invertir, entre la producción y el consumo, sino más coordinación, en el sentido de que de una planificación a ciegas, ineficaz y en parte irreal, hay que poner en pie una verdadera coordinación. Y ésta sólo puede hacerse con una planificación derivada del compromiso, las decisiones y las conscientemente expresadas por los propios trabajadores. Sólo la gestión obrera, planificada, coordinada, democráticamente centralizada, puede servir de.

base a una verdadera planificación de la economía socializada. Las otras alternativas, sólo llevan a la arbitrariedad, el despilfarro, la incompetencia y el fracaso.

Los expertos económicos y los medios enorme importancia a la cuestión de la transparencia de los precios. Insisten en el hecho de que el sistema actual de subvenciones incontrolables de opaco a toda la economía. No se sabe, no se puede saber, si la empresa cubre realmente sus costes de producción con sus ventas y hasta qué punto las cubre. Tienen planificación posible sin un sistema de precios transparente y sin un patrón-moneda estable:

Pero eso no quiere decir en absoluto que la reordenación toriamente por la "verdad de los precios de

, es decir, por un sistema en el que los consumidores de hoy y de mañana, empezando por los más pobres paguen los platos rotos por todos los errores de los dirigentes burocráticos de ayer. Y no quiere decir tampoco que esa reordenación económica pase necesariamente por la "racionalización del empleo"' (al considerar el "excedente de mano de obra" de las empresas como una de las causas principales de su "falta de rentabilidad").

Lo que está en juego aquí no es una cuestión técnica ¿a qué nivel hay que restablecer el equilibrio y eliminar las desproporciones?: ¿al nivel de cada empresa o de cada rama productiva separadamente?, ¿o al nivel de la economía y de la sociedad en su totalidad? Es una cuestión ¿quién debe pagar el precio del despilfarro burocrático? ¿La clase obrera, reduciendo su nivel de vida y de empleo? ¿La pequeña burocracia, disminuyendo radicalmente sus prebendas y privilegios? ¿Cuál es el fondo que habría que reducir? ¿El del consumo improductivo (gastos de administración, de Estado, de burocracia)? Si hubiera reducir los tres fondos a la vez, ¿en qué proporción y a qué precio social y político habría que hacerlo? La amenaza de reintroducir el paro — cifras de un millón y medio o dos millones de despidos después de la introducción de la "autonomía financiera total de las empresas"' han sido lanzadas -

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constituye una medida de debilitamiento y desmoralización de la clase obrera, cuyo impacto social y económico es fácil de prever.

La gestiòn burocrática no es solamente nefasta e inoperante por el hecho de minar la planificación y provocar desproporciones e incoherencias de efecto multiplicador. Es también la causa fundamental de la baja productividad del trabajo, del rendimiento cada vez más deficiente de las inversiones. La gestión burocrática, proclamar el principio del "interés material", es en realidad la irresponsabilidad generalizada elevada al nivel de principio, la incitación generalizada al menor esfuerzo y a la ausencia de toda iniciativa creadora.

Eso se demuestra ya por el solo hecho de la multiplicidad de las instancias burocráticas, que se neutralizan unas a otras y causan constantes estrangulamientos, debido al carácter particular que en una economía socializada tienen las relaciones entre la superestructura y la base social.

En este tipo de economía el rendimiento de las inversiones depende menos de su importancia absoluta y de Su contenido "técnico" que de dos factores socio-económicos exógenos: la tasa de crecimiento del bienestar de los trabajadores, es decir la relación que se establece, a sus ojos y en su conciencia, entre su esfuerzo productivo y el efecto medible y visible de ese esfuerzo para su propia vida cotidiana (8); la "tasa de moralidad social" lo de justicia social), es decir la relación que se establece, a sus ojos y en su conciencia, entre ese mismo esfuerzo productivo y el efecto de ese esfuerzo en el grado de igualdad frente a la importancia de los privilegios y la arbitrariedad.existentes en la sociedad

Cuanto más bajen esas dos tasas, o se estanquen a un nivel relativamente bajo, más reducido será el esfuerzo productivo del trabajador, y más bajo será el rendimiento de las inversiones, y mayores tendrán que ser las inversiones para obtener al menos un aumento marginal de la renta nacional. Los trabajadores pueden seguir atomizados, desmoralizados, despolitizados. Pero nada ni nadie les obligará a hacer un esfuerzo productivo voluntario, desinteresado, continuo, para "el rey de Prusia"' o para la "vojvodie" de Konin.

Ese es el talón de Aquiles de la dictadura burocrática en todos los Estados obreros burocratizados. Y cuando los trabajadores ya no están atomizados, el gigante burocrático aparentemente omnipotente queda paralizado. La dictadura burocrática se ha caracterizado desde sus inicios por una desigualdad social y un cinismo social crecientes. Un poco frenados bajo Gomulka, al menos al principio de su "era"' (9), esos fenómenos se acentuaron considerablemente en la era Gierek. La corrupción, el mercado negro, la hipocresía, el carrerismo, se instalaron sin pudor alguno. Los privilegios burocráticos se extendieron considerablemente (10), debido sobre todo a su íntima relación con los fenómenos amplificados del "mercado libre" y "paralelo", con el comercio y el artesanado privados y con el peso mayor del comercio con el Oeste.

Desde hace dos años la prensa polaca publica tantos hechos concretos y ejemplos detallados de esto que es inútil insistir. salario de los altos funcionarios representa tres veces el salario medio y ocho veces el mínimo vital por persona (cifras respectivas: 20.000 zlotys, seis a siete mil zlotys y 2.500 zlotys por mes, válidos a finales del 80 y comienzos del 81) (11). Pero con las enormes ventajas inherentes a su cargo, las tiendas especiales, las habitaciones en hospitales y la atención médica especial, los chalets y las "segundas residencias" especiales las posibilidades de viajar al extranjero y de traficar con divisas y mercancías extranjeras, esas rentas de los grandes burócratas pueden ser fácilmente multiplicadas por dos o tres (las malas lenguas dicen: por cuatro). Esto crea una "tensión"

de nivel de vida de siete a uno para el salario medio y de veinte uno en relación al salario mínimo. ¿ Hay razón para extrañarse, en esas condiciones, de la falta de respeto, del odio generalizado de los trabajadores polacos hacia la camarilla corrompida e incapaz que les gobierna? ¿Podemos sorprendernos del desprecio generalizado hacia una "doctrina" que encubre ese escándalo con la fórmula del "papel dirigente del partido en la construcción del socialismo" (¡!)?

La burocracia, cada vez más acorralada, ha buscado excusas a esa situación informando sobre directores de cooperativas, artesanos, pequeños "empresarios libres" y campesinos ricos que ganarían 100.000 zlotys al mes. Aparte de que esos casos son mucho más raros que los de los burócratas bien situados, el punto de referencia es revelador. Así, para la "moral comunista" que rechaza el "igualitarismo pequeñoburgués", miden "sus" rentas y "su" nivel de vida no con el de los trabajadores sino con el de la pequeña burguesía acomodada. No es por casualidad que Lenin había afirmado ya que los elevados salarios para los espe cialistas burgueses serían fuente de desmoralización para el proletariado, y que había que prohibirlas estrictamente a todo miembro del partido...

Mientras esa situación no sea eliminada, es ilusorio creer que se habrá arrancado las raíces más profundas de la crisis. El recurso excesivo a los mecanismos del mercado - un recurso limitado sí es inevitable en condiciones de escasez — acentuará la desmoralización, la corrupción y el cinismo en lugar de acabar con ellos, ya que aumentará las desigualdades sociales y provocara el paro. Y la desigualdad y e paro son dos golpes muy duros a la cohesión y a la conciencia de clase del proletariado, estimulando el individualismo, debilitando la solidaridad, y yendo en sentido opuesto al de los mecanismos necesarios

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para el funcionamiento de una economía socializada. sistema generalizado de irresponsabilidad, de hipocresía, de cinismo y de falta de transparancia de los costes sociales reales, puede verse consolidado por

"economía modo que por la gestión burocrática direc-

Sólo el control obrero público más amplio, y más intransigente, todos los medios de comunicación, puede desvelar sin concesiones y con eficacia todos los abusos, denunciar todos los privilegios, revelar todos los stocks desviados u evitar el pluriempleo y el despilfarro, y medir eficazmente el efecto del esfuerzo productivo en el nivel de vida de las masas en su conjunto, de toda la nación.

Pero eso significa: democracia socialista, poder político de los trabajadores, autogestión democráticamente centralizada. Ni el reino de los burócratas, ni el diktat del mercado, sino la asunción en sus propias mạnos, consciente y deliberadamente, de toda la vida económica y social, por los productores y ciudadanos. Una "mini-reforma" desastrosa

A los factores estructurales que han causado la crisis económica polaca hay que añadir otro coyuntural: los efectos desastrosos de las minireformas, gestión coherente de la economía, desde el verano de 1980. Esa minireforma fue el resultado combinado de la sucesión de acontecimientos sobre los cuales la burocracia había perdido el control, de sus vacilacio-

, y de su voluntad de impedir el ascenso revolucionario del proletariado polaco mediante la escasez y el hambre, es decir, a través del sabotaje económico.

Las medidas adoptadas por el poder a partir de las huelgas del verano del 80 detotal. Por un lado, las rentas de los obreros y campesinos son aumentadas. Por otro; las importaciones de materias primas, de piezas de recambio y productos intermedios son drásticamente reducidas a consecuencia de la caída de las exportaciones (sobre todo, del carbón), de la falta de divisas derivadas de ello y de la tardanza de los acreedores occidentales en conceder créditos suplementarios. La reducción de las importaciones conduce a una caída de la producción. De todo ello resulta un deseinflacionista muy pronunciado entre la oferta y la demanda de mercancías, que conduce a una verdadera desintegración del mercado. La especulación y el tráfico de efectos públicos han aparecido a gran escala (fuentes oficiosas dicen que el 30% de la producción de carne pasa por el mercado "paralelo"), minando en parte incluso la posibilidad de un racionamiento igualitario. Como el gobierno anuncia una "verdadera"' reforma económica, con "reales" alzas de precios para el 2 de enero del

82, tanto las granjas privadas como las emtienen interés en crear stocks "ocultos" y en no poner su producción normal en circulación, para así poder beneficiarse de esas alzas anunciadas (el deseo de debilitar a Solidaridad, con colas interminables ante las tiendas, ajeno a ese cálculo de los burócratas, que no era simplemente económico).

Además, la ausencia de aprovisionamiento en piezas de recambio a veces de escaso valor, ha bastado para provocar caídas de claves (carbón, centrales eléctricas) que repercuten en el conjunto de la economía y gran parte la grave caída de la producción en 1981, a pesar de que se diera una buena cosecha y una masa de cereales, de patatas y de azúcar en el país superiores a los años

Los efectos de las "mini-reformas" incoherentes del periodo 80-81 se han añadido a los de la crisis estructural para provocar el desastre económico que afecta actualmente a Polonia. Pero el trasfondo de

- que de todas formas es temporal — no debe ser nunca perdido de vista. La

Polonia de hoy se ha convertido en una gran nación industrial, sin duda la décima del mundo, que dispone de una infraestructura industrial desarrollada, de una agricultura que potencialmente es de las más ricas de Europa, de una clase obrera mucho más numerosa, mucho más culta y cualificada que la de antes de la guerra o de la inmediata postguerra. Son unas ventajas que siguen siendo útiles para avanzar en la solución de la crisis y en dirección del socialismo, a condición de que la sociedad y la economía se vean liberadas de la gangrena (1) En nuestro "Tratado de economía marxista"' (capítulo 15), habíamos señalado desde 1960 el error teórico subyacente a la pretendida "ley del desarrollo prioritario de la industria pesada en la construcción del socialismo". Ese error implica sobre todo la eliminación en el análisis económico del fondo de consumo improductivo, como el desconocimiento de la incidencia del consumo de los productores en el rendimiento de las inversiones. Los servicios sociales consideben ser clasificados en la misma categoria. Que sepamos, ningún economista un país del Este - por no hablar de los economistas apologetas de la burocracia en Occidenteha intentado refutar esa argumentación. (2) Según Josef Kuzmierek ("'Lo que yo sabía", Krytyka n° 3, invierno 79-80), citado en el excelente artículo de Cyrille Smulga aparecido en el n° 1 de Inprecor en polaco (artículo que incluye particularmente una crítica muy correcta a la reforma tecnocrática de la economía polaca que prepara la burocracia), esas iniciativas dispersas han conducido a la compra simultánea de once (!) marcas extranjeras de camiones para la empresa de transportes internacional PEKAES y otros servicios de transporte pesądo, lo cual ha provocado un despilfarro de divisas y paralizaciones frecuentes debido a la falta de piezas de recambio.

(3) Pese a que la posesión privada de divisas extranjeras y de oro ha estado siempre oficialmente prohibida, la Banca estatal polaca se hizo con piezas de oro y las puso a la venta privada al menos en dos ocasiones, en 1976 y en julio de

1980, al precio de 3.000 zlotys por pieza de 8 gramos, o sea por debajo del precio del mercado de oro ("Kurier Polski", 1 de febrero de 1981).

(4) Ver especialmente la declaración ya célebre del KOR sobre este tema, el artículo de Rakowski en "Polityka" del 5 de julio del 80 y el ya citado

(5) Se puede dividir la historia de la "Polonia popular" en cuatro grandes eras, según los nom bres de los jefes de partido: la era Bieirut-Ochab, de 1949 a 1956; la era Gomulka, de noviembre del 56 al 70; la era Gierek, en la década de los 70; y la era post-Gierek que empieza con las huelgas (6) Para ser objetivos, hay que señalar las graves inundaciones de 1978 y sus efectos en la producción agrícola. Pero esas inundaciones se vieron a su vez facilitadas por la negligencia en los tra bajos de mantenimiento de las presas, derivada de la desproporción entre las inversiones en la industria pesada, por un lado, y las de la ágricultura y los trabajos de infraestructura, por otro. (7) No hay menos de 40 (!) agencias diferentes que se ocupen del "control social" y del descubrimiento de los "crimenes económicos", que obtienen sin embargo resultados ridículos: sólo el 5% de los crímenes económicos efectivamente cometidos han sido descubiertos (Damita Frey: "Los controladores y los controlados", Tygodnik Demokratyczny, 11 de mayo del 80). (8) Ese efecto no se mide en renta monetaria Sino más bien en satisfacción de necesidades reales, tanto mediante la compra de mercancías deseadas como en el acceso a servicios sociales de calidad: vivienda, lavanderías y restaurantes públicos, sanidad, guarderías, enseñanza, cultura, ocio, viajes, sin olvidar tampoco los transportes públicos urbanos. (9) Así, las "tiendas especiales" para burócratas fueron cerradas después de la subida al poder de Gomulka, luego se volvieron a abrir mediante "tiendas reservadas dentro de los almacenes", como en el caso del piso 3º del "'Centrum" más grande en Varsovia ("Kurier Polski", 21-23 de noviembre y 9 de diciembre de 1980). (10) Uno de los mayores escándalos fue la aparición de verdaderas zonas de casas de lujo, bautizadas por las masas "Bermedxa" (cerca de "Ponderosa" (cerca de Wroclaw), etc. En Przy- Wyszkow), "'Hilton" (cerca de Bielsko-Biala), brodzin, la colonia consiste en 71 casas que cuestan de 800.000 a un millón y medio de zlotys cada una (el salario anual medio de un obrero industrial es de 85.000 zlotys) ('"'Slowo Powszechne", 27 de enero de 1981). El primer ministro bajo la presidencia de Gierek, Jaroszewicz, se apropió para su uso privado de un castillo cerca de Cracovia, a pesar de ser considerado monumento nacional. (11) Declaración del viceministro Piotr Karpiuk en "Dziennik Polski", del 16 de febrero de 1981. El salario mensual medio es citado por "Tribuna Ludu" del 5 de febrero de 1981.