la socialización del trabajo
El movimiento por
Informe presentado en la Conferencia de Lublin
P Polonia tuna eleon son t ARALELAMENTE a los Consejos
Polonia reflexión sobre condiciones de trabajo, el lugar de los trabajadores en la sociedad, sobre lo que es y lo que debería ser el trabajo en una sociedad libre de burócratas.
Presentamos aquí algunos extractos del informe de un periodista del semanario sindical Jednosc (Unidad) de Szczecin, en la primera Conferencia nacional sobre las condiciones de trabajo, celebrada en Lublin los días 13 y 14 de septiembre.
Este texto refleja la debates en el seno del movimiento obrero como una posición oficial del movimiento. nes obreras surgides del comite de ONSEJOS obreros en 1956, comisiohuelga de 1971 de los Astilleros A Warski de Szczecin, carta de los derechos del trabajador de 1977, comités de huelga inter-empresas de 1980, transformados posteriormente en MKZ (comités inter-empresas regionales): mirando más de cerca, se percibe que todos estos acontecimientos de la historia contemporánea de Polonia tienen un punto en común: el de una acción obrera organizada, que en agosto de 1980 agrupó en torno suyo a todas las fuerzas sociales progresistas. Los acontecimientos de junio de 1956, de 1976 y de diciembre de 1970 fueron el reflejo de un movimiento espontáneo de protesta obrera contra la política del poder (...).
Actuando casi siempre en detrimento de los trabajadores, el aparato de Estado ha buscado propios intereses de clase, tanto el terreno político como en el económico. Apostando de forma privilegiada por el desarrollo y la concentración de las industrias, ha reforzado e hipertrofiado el sector económico estatal, actuando como si se tratara de su propiedad privada. Estableciendo instancias económicas cada vez más centralizadas, ha intervenido en un terreno en que podía disponer de un poder casi absoluto, asegurándose numerosos privilegios y beneficios, así como derechos partiI culares. Esto le venía facilitado por el hecho de que disponía en exclusiva de dos instrumentos importantes: el derecho à nombrar a los directores y el pretendido plan central
En efecto, se ve que no es la clase obrera la que decide sobre la planificación, sino las
POLONIA/DOCUMENTOS
autoridades. De hecho, la socialización del trabajo no existe, pues los que establecen el plan central no actúan en nombre de los egoístas. Es interesante observar a este respecto que jamás ha habido, ni sigue habiendo en Polonia, ninguna planificación social y centralizada en sentido estricto. Así, en mi opinión las críticas contra la economía planificada o contra el principio de la planificación centralizada estan desprovistas de fundamento, aunque sean comprensibles.
La estructura actual de la economia, en efecto, da la impresión de estar planificada, cosa de las que nos quiere convencer el propio gobierno a todo precio, cuando subraya en sus declaraciones el carácter social de la planificación centralizada. A partir de ahí resulta fácil alimentar la ilusión de que todos los males vienen del principio de la planificación social centralizada (...).
Este problema es tanto más importante cuanto que la planificación social centralizada constituye, si se vincula a la gestión social de los medios de producción, es decir, a auténticos consejos obreros, la única alternativa razonable a la economía capitalista regida por la ley de la acumulación de capital, y por tanto por la realización del beneficio a cualquier precio. Pero la esencia misma del sistema económico político de nuestro país encuentra su plena expresión planificada, centralizada al extremo (por el aparato del Partido), nacionalizada pero no socializada. Este modelo económico, instaurado tras la segunda guerra mundial, fue un auténtico paraíso para el poder. Habría permanecido para siempre a no ser por las fuerzas sociales que él mismo creó (en detrimento suyo), a las que fuerza constantemente a hacerle frente en la unidad a causa de su actitud provocadora (...).
cabe ninguna movimiento emana de la clase obrera en su conjunto. Como tal constituye, en las condiciones actuales, un poderoso frente de solidaridad de todos los trabajadores que como propietarios de las riquezas del país, sistema económico-político dominante, su propio orden económico, legislativo y político, sobre bases verdaderamente socialis-
Con toda seguridad, el nuevo orden social será la continuación de una vía no capitalista de desarrollo de nuestro país, aunque rompan de una manera radical, y al actual. Porque éste ha privado a las clases
Polonia trabajadoras de sus derechos, que sin embargo, están garantizados en la Constitución, donde se estipula que el poder pertenece a los trabajadores del campo y la ciudad. Por tanto, es evidente que el del movimiento por la socialización del trabajo implica la apropiación colectiva: 1. de los medios de producción; 2. de la gestión de la economía nacional, incluida la planificación a escala de todo el estructuras y organismos del
El poder actual es incapaz de proponerle al pueblo polaco coherente de sistema económico-político que no se vea sometido ni a las leyes implacables de la economía capitalista, ni a las fuerzas de explotación del trabajo humano inherentes al sistema vigente entre nosotros. Esperar que este poder elabore semejante modelo, es creer en milagros. De ahí que el movimiento por la socialización del trabajo se encuentre frente al siguiente — o bien crea su propio modelo económico y social, centralmente planificado y dirigido.. colectivamente sobre la bse de un sistema de autogestión; — o se verá condenado a participar eternamente en un modelo económico impuesto desde arriba y que no descansa ni en la planificación ni en la socialización, es decir, en un modelo no socialista. (...).
En lo que se refiere a la apropiación colectiva de los medios de producción, hay que destacar que todo cambio estructural verdadero del conjunto de las relaciones sociales depende ante todo de la introducción de la autogestión en la esfera de la produccón. No se construye una casa empezando por el tejado, sino por los cimientos. Así no se modifican las relaciones sociales empezando por arriba, la Dieta o los Parlamentos regionales; sino empezando por abajo, a saber, las relaciones de producción, la creación de consejos obreros y organismos de autogestión. Son las relacioeconómicas, y no únicamente relaciones políticas, las que constituyen la base real sobre la que se puede construir un
Por su parte, Solidaridad es una de las formas históricas, ya bastante desarrollada, del movimiento por la socialización del trabajo. Una de las actividades de Solidaridad desde su nacimiento ha consistido en tomar la iniciativa de llamar a la creación de consejos obreros y de luchar por obtener, cosa que no era difícil en aquel momento, medidas jurídicas favorables al mundo del trabajo, otorgando fuerza de ley a las aspiraciones de los trabajadores.
Sin embargo, hay que reconocer que el examen retrospectivo de las actividades del sindicato muestra claramente que a partir de agosto de 1980, Solidaridad, día tras día,
ha perdido su tiempo en escaramuzas a veces fútiles para conseguir un puesto en el tejado, mientras que tenía acceso al sótano, es decir, a los cimientos, a la planta baja y quizás incluso al primer piso... hay que darse cuenta que el concurso de circunstancias favorables, tanto en el plano interior como en el plano internacional, que duró hasta agosto de 1981, podría no prolongarse durante mucho tiempo. Los errores de la práctica se derivan de la falta de una visión global en materia de programa sindical, lo que revelan claramente los debates de Solidaridad sobre la reforma económica.
En numerosos proyectos, discusiones y programas sindicales, los consejeros expertos atribuyen un poder casi mágico a la noción de independencia de las empresas. Es cierto que se trata de una idea justa y fundada, pero no perciben la necesidad de crear, a escala nacional y de todo el país, unas relaciones no institucionalizadas entre los consejos obreros.
A mi entender, sólo el grupo de Lublin posee una visión clara de este problema. Esta coordinación sentaría las bases para una cooperación social auténtica entre las empresas y constituiría el primer paso hacia una auténtica planificación social centralizada.
Michael KAWECKI Lublin, 13 de septiembre de 1981