Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Gran Bretaña: Lo que separa a los marxistas revolucionarios de Tony Benn

· Inprecor n.º 24, septiembre de 1981 · pp. 14-17 · 3.211 palabras

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Lo que separa a los marxistas

Gran Bretaña Ste din britinia d OCIALIST Challenge,

Marxist Group (sección británica de la IV Internacional) apoya la candidatura de Tony Benn a la vicepresidencia del Partido Laborista.

Como destaca correctamente en la entrevista, la campaña ha abierto el debate, particularmente en los sindicatos, sobre la línea política y la democracia en el PL, cosa de la que debemos felicitarnos.

Pero pensamos que el programa de Tony Benn es absolutamente inadecuado, tanto desde el punto de vista de la línea inmediata a seguir por el movimiento obrero británico en su lucha contra el gobierno conservador, como a largo plazo, para llegar al socialis-

El apoyo prestado a la campaña de Tony Benn debe ir acompañado, por tanto, de una crítica a su programa y de la presentación de los ejes políticos socialistas basados en la capacidad de la clase obrera para aplicar esta política. ¿Cuál es el papel de las direcciones obreras?

Tony Benn explica que, según él, el papel de los dirigentes laboristas es el de «apoyar las luchas» y no el de «iniciarlas» o «desencadenarlas». Los dirigentes del movimiento, dice, deben «analizar, explicar y apoyar», pero no llamar directamente a la acción masiva de la clase obrera.

En nuestra opinión, esto es una caricatura del papel que deberían desempeñar las direcciones de la clase obrera. Es falso decir a los trabajadores que deben hacer frente a los ataques de los conservadores y a los despidos masivos:. «Cuidad de vuestros asuntos, y si optáis por la acción, nosotros os apoyaremos». Hay que darle al movimiento una perspectiva en torno a acciones que puedan hacer frente realmente a los ataques de la clase dominante.

Los trabajadores enfrentados al despido en una fábrica, estarán menos dispuestos a emprender una acción combativa, como por ejemplo una huelga con ocupación, si nadie más en el país está dispuesto a adoptar una iniciativa idéntica. El PL.y los sindicatos pueden desempeñar un papel insustituible generalizando y popularizando los medios de lucha más eficaces.

Por supuesto, nadie debe dar la orden de actuar a un grupo de trabajadores. Estos sólo emprenderán la acción de masas si están convencidos de que es la mejor manera de seguir adelante. Pero si los dirigentes laboristas recorrieran el país defendiendo activamente este tipo de acciones para preparar al movimiento obrero de cara al derrocamiento del gobierno conservador, si organizaran acciones comunes entre el PL y los sindicatos, se reforzaría el papel de los militantes que quieren luchar.

Es la clase obrera quien debe detentar el revolucionarios de Tony Benn

Phil Hearse Brian Heron

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poder y la soberanía, y ro el Parlamento. Los diputados que pretenden representar los intereses de la clase obrera deberían ser responsables ante el movimiento obrero y no ante el Estado. Permitir que esta soberanía siga siendo el legado del Estado capitalista —incluso con un gobierno socialista a la cabeza— es darle el poder sobre la vida y la muerte a su propio verdugo.

Las dudas que expresa Tony Benn sobre el valor de las acciones de masas impulsadas por la clase obrera como fuerza motriz de la marcha al socialismo repercuten en sus posiciones sobre la construcción del socialismo.

En primer lugar, es extremamente reservado en cuanto a la nacionalización de los grandes monopolios, bancos y compañías financieras, que sería el primer paquete de medidas que debería adoptar un gobierno laborista si quiere emprender el camino del cambio socialista.

Es bueno que Tony Benn apoye el artículo 4 de los Estatutos del PL, que preconiza el control sobre las esferas dirigentes de la economía. Pero cuando añade que «la experiencia de la administración abrirá la vía del cambio», sugiere una estrategia gradualista.

Previamente, Tony Benn ha asociado su nombre al concepto de acuerdos de planificación con los grandes monopolios, lo que implicaría que un gobierno laborista podría colaborar con las empresas para planificar las inversiones sin llegar nunca a su nacionalización.

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Lo más asombreso es que considera la nacionalización de los sectores clave de la economía como un proceso que se escalona durante varios añes. Sería una estrategia desastrosa. Para asegurar el pleno empleo, es necesaro que la clase obrera controle desde el principio las instituciones financieras, las esferas dirigentes de la industria y los principales circuitos de distribución.

La clase dominante y las multinacionales se aprovecharían del mínimo retraso, pues seguirían controlando la economía, para sabotear las medidas adoptadas por un gobierno de izquierda. se intensificaría la fuga de capitales; habría huelga de inversiones; las multinacionales trasladarían sus unidades de producción a otros países "más seguros"; las compañías inmobiliarias y los bancos se negarían a financiar las inversiones. Y contarían con la ayuda y el apoyo del aparato de Estado capitalista.

Más importante aún es el hecho de que estas fuerzas aprovecharían el mínimo signo de relajamiento para lanzar una gran contraofensiva con miras a desestabilizar políticamente al gobierno y tratar de derribarlo.

El único medio para ganarse y conservar el apoyo popular —como demuestra la experiencia de todos los gobiernos de "izquierda", en Francia en 1936, en Italia, en Chile-. es el de asegurar que las conquistas de la clase obrera se establezcan de forma irreversible. Esto implica una estrategia de centralización del poder en manos de las organizaciones obreras.

La idea según la cual el papel de los trabajadores es el de impulsar las acciones reivindicativas y que la tarea del PL es la de

Yes la clásica repetición de la antigua división -entre la acción reivindicativa y la acción parlamentaria— que ha perjudicado al movimiento obrero.

En una situación como la que acabamos de describir, los trabajadores deberían imponer su control sobre la producción para responder al sabotaje de los patronos. La exigencia de apertura de los libros de cuentas, para sacar a la luz pública los intentos de sabotaje, el veto contra las decisiones patronales, la elaboración de un plan nacional por parte de los sindicatos, sobre la base de estas medidas, son el complemento que hay que establecer para contrarrestar la reacción en el Estado. Acción reivindicativa para derribar el gobierno conservador

Tony Benn se pronuncia enérgicamente contra toda acción reivindicativa destinada a derribar a los conservadores. Añade que esto equivaldría a un "golpe de Estado", y que lo que hay que hacer es basarse en el convencimiento y el "apoyo masivo": Por consiguiente, tendríamos que esperar hasta las elecciones legislativas de 1984...

Es un problema falso. Para amenazar a los conservadores haría falta un movimiento de huelgas que desembocara en una huelga general que englobara a centenares de miles de trabajadores. Para ser eficaz, debería arrastrar a la lucha a millones de trabajadores. Las ideas políticas circularían rápidamente en semejante clima de efervescencia; es muy distinto de un "golpe de Estado" organizado por una pequeña mino-

Los . conservadores se encuentran actualmente ante una ola de impopularidad sin precedentes. Millones de trabajadores los odian, y ahí reside la causa de su aplastante derrota en las elecciones locales del pasado mes de mayo. Ya no. disponen de ningún mandato para proseguir con su política de liquidación de la industria británica y de despidos masivos.

El argumento de Tony Benn es que toda acción reivindicativa que se plantee con fines políticos pondría en tela de juicio las reglas del juego político y las normas de la democracia parlamentaria.

Pero él mismo subraya que la clase dominante no confía primordialmente en el Parlamento y en las elecciones. Entonces, ¿por qué deben someterse los obreros a la ley de los patronos?

En la argumentación de Tony Benn, la movilización de los trabajadores está subordinada a la Constitución y a la maquinaria estatal de la clase dominante. La experiencia de Chile demuestra que para poner en práctica medidas socialistas, los trabajadores sólo pueden contar con sus propias organizaciones, ya sea para combatir hoy a los conservadores, ya sea para aplicar mañana la legislación de un gobierno socialista. i t moviene en la co de zación en el movimiento obrero y le permitiría a la derecha retomar la iniciativa.

Además, los argumentos de Tony Benn sobre el Estado presentan un punto débil importante. Durante la entrevista, Socialist Challenge subrayó que cualquier gobierno de izquierda que tratara de aplicar medidas socialistas tendría que enfrentarse inevita-

Gran Bretaña blemente al actual aparato de Estado

Tony Benn dice que esto equivaldría a reconocer el carácter inevitable de la violencia; y que si él asi lo creyera, renunciaria ipso facto a la política y se haría también él con un fusil.

A esto opone el "apoyo público de masas" y la "determinación" de un gobierno socialista. Este cuadro que pinta es un mundo al revés.

En Chile, en 1973, el gobierno de

Salvador Allende gozaba sin ninguna duda de un apoyo de masas entre la opinión pública. Exactamente ocho días antes del golpe de Estado, tuvo lugar en Santiago una manifestación de un millón y medio de trabajadores, para apoyar al gobierno contra la reacción. Pero a pesar del apoyo de masas de que disponía, el gobierno fue fácil mente derrocado por las fuerzas armadas.

Para los comunistas revolucionarios, la imposibilidad de evitar un choque con la clase dominante —que, como dice Tony Benn, gobierno directamente a través de su control sobre las instituciones decisivas (ejército, policia, tribunales de justicia, grandes monopolios) y no únicamente a través del Parlamento— significa que los trabajadores deben prepararse de antemano para este enfrentamiento inevitable.

Tony Benn nos dice que apoyaría toda acción de masas con miras a restaurar la democracia frente a un golpe de Estado militar. Pero entonces ya sería demasiado tarde.

Prepararse para el enfrentamiento implica organizar el control obrero sobre las fábrica desde el principio. Significa destruir el aparato policial, el ejército, el aparato judicial y la alta administración. Y si no se hace esto, estas instituciones frenarán como puedan la marcha al socialismo.

Y significa también organizar a los trabajadores, como parte integrante de una estrategia socialista, para que se resistan a todo intento de golpe de Estado, si es preciso por la fuerza.

El "enfrentamiento decisivo" no significa necesariamente la violencia de masas. En Gran Bretaña, las fuerzas armadas y la policía cuentan con unas 250.000 personas. La clase obrera se cuenta por millones. Ningún golpe de Estado tendría éxito si estos millones estuvieran movilizados y dispuestos a utilizar el arma de la huelga, las manifestaciones masivas y, si es preciso, a emplear la fuerza para detenerlo.

Pero ninguna de estas formas de resistencia podría producirse si la clase obrera escucha de sus dirigentes que tales aconteci mientos son improbables o imposibles.

El hecho de que esta sea la línea de la dirección actual del movimiento obrero no hace sino subrayar la necesidad de que la base de este movimento prosiga el proceso de transformación de sus organizaciones, obligando a la dirección a ser responsable ante la base y construyendo una dirección

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Gran Bretaña alternativa ligada a la lucha de clases y no a la colaboración de clases. El control de las importaciones

La versión de Tony Benn de la «estrategia económica alternativa» (AES) no es sino un programa de reforma institucional del capitalismo. Según Tony Benn, hay que relanzar la economía, concluir acuerdos de planificación con los capitalistas; para combatir los efectos inflacionistas inevitables de este programa, hay que adoptar determinados mecanismos anti-inflacionistas que van de una "política salarial voluntarista" al control de las importaciones.

Este programa es bastante flexible y puede recibir el apoyo de todas las alas del movimiento obrero, incluso el de Denis Healey, su principal oponente en la carrera de la vicepresidencia del PL.

Denis Healey minimiza los aspectos que en la "estrategia económica alternativa' favorecen a la clase obrera: recortes en los créditos para la Defensa, reducción de la jornada de trabajo sin disminución del salario, etc. Healey puede subrayar el aspecto fundamental de la AES, que es la defensa intransigente del capitalismo, y el principio de colaboración entre el movimiento obrero y la patronal con el fin de restaurar los beneficios de la clase dominante británica.

Es bueno que Benn rechace el proteccionismo comercial como estrategia para resolver la crisis. Sin embargo, sus declaraciones siguen siendo ambiguas.

Explica que haría falta una planificación del comercio exterior por parte de los sindicatos para proteger a la industria nacionalizada, cosa con la que estamos de acuerdo, siempre que esto signifique claramente que se instaura el monopolio del Estado sobre el comercio exterior, bajo un gobierno socialista que nacionalizaría y pondría bajo control obrero a los sectores clave de la indus-

Si rechaza el control de las importaciones bajo el capitalismo, no hay problemas; pero que se lo diga claramente a los dirigentes de los sindicatos que buscan una alianza con la CBI y la patronal para limitar las importa-

Nosotros pensamos que existe una alternativa, que es la del reparto del tiempo de trabajo y la de la semana de 35 horas inmediatamente. La OTAN y las armas nucleares

En la argumentación de Tony Benn no hay nada más incoherente que su posición sobre las armas nucleares y la OTAN.

Si Gran Bretaña fuera un miembro "no nuclear" de la OTAN, de hecho seguiríamos dependiendo del paraguas nuclear norteamericano, como es el caso del Canadá. Sería imposible separarse de la esfera de influencia política norteamericana mientras permanezcamos dentro de la OTAN, tengamos o no armas nucleares.

Men juego. La OTAN es una alianza imperialista. Imposible concebir una alianza entre una Gran Bretaña socialista y el gendarme internacional que es el imperialismo americano. Aún si fuera deseable tener una forma u otra de alianza contra la Unión Soviética —no es el caso—, sería imposible establecerla con una fuerza antisocialista y antiobrera en su pro-

Una Gran Bretaña socialista tendría que desarrollar una política internacional socialista, que debería incluir una ampliación de los intercambios comerciales y el establecimiento de relaciones distintas con la Unión Soviética. En este contexto, es evidente que las fuerzas de la OTAN serían utilizadas para amenazar y destruir el socialismo en Gran Bretaña. Imposible concebir alianza alguna entre el socialismo y el imperialismo. Imposible un socialismo que se conjura con él imperialismo contra la Unión Soviética.

Apoyamos el rechazo de los misiles de crucero (cruise missiles) y los Trident, así como la reivindicación del desmantelamiento de las bases norteamericanas. Pero nos oponemos irremediablemente a toda idea de "una política de defensa no nuclear" si esto significa una alianza con el imperialismo. Una política de defensa socialista debería dirigirse contra el imperialismo. Disciplina de voto y aborto

Estamos en profundo desacuerdo con Tony Benn en cuanto a su posición sobre disciplina de voto y el aborto.

Explica que, si bien apoya la política defendida por el partido sobre el aborto libre y gratuito, se niega a emprender acción alguna contra los diputados que, sobre este "problema de conciencia", votan "contra" en el Parlamento.

Esto contrasta con la postura defendida por la Campaing for Labour Party Democracy (CLDP), que ha propuesto que el voto sobre el aborto sea una de las condicioners sine qua non para poder presentarse a las elecciones parlamentarias. Pensamos que el aborto es una cuestión de clase, uno de los derechos democráticos fundamentales que los diputados laboristas deben

En Italia, el reciente referéndum sobre el aborto se ha convertido en un test de la relación de fuerzas entre el movimiento obrero y las fuerzas de la reacción. En Gran Bretaña, cualquier equívoco en el movimiento obrero sólo puede provocar una división desastrosa que llevaría a derrochar las fuerzas del movimiento obrero.

El derecho al aborto es atacado a intervalos regulares. La última vez, el TUC encabezó una importante manifestación contra el proyecto Corrie de limitación del derecho de aborto. La política del movimiento obrero debe ser la defensa de la ley de 1967 y la lucha por la creación de estructuras y el voto de créditos que permitan realmente que las mujeres puedan optar.

Tony Benn esquiva el problema del apoyo a la inclusión obligatoria de negros y mujeres en las candidaturas con el argumento de que, después de todo, hay negros de derechas y mujeres que se oponen al aborto... Es cierto, pero esto no responde al problema.

Estos sectores de la sociedad sufren una discriminación estructural. Su afiliación al PL será la expresión de la radicalización en el partido. El aumento del número de negros y de mujeres no implicará que el partido sea mas derechista, sino al contrario, más radical. Irlanda

La cuestión del estatuto político para los huelguistas de hambre republicanos concentra todos los problemas que plantea la lucha en Irlanda del Norte. Pero Tony Benn no apoya sus reivindicaciones.

El apoyo a los huelguistas de hambre ha demostrado al mundo entero la naturaleza política de la lucha; también ha demostrado que los presos republicanos de la prisión de Long Kesh son presos de un ejército en lucha por la liberación nacional.

El Estado fantoche de Irlanda del Norte y sus Seis Condados, instaurado por el imperialismo británico, es rechazado por gran número de sus ciudadanos, que son partidarios de una Irlanda unificada. Esto puede verse claramente en la elección de Bobby Sands y en los resultados de las recientes elecciones municipales.

El porvenir de Irlanda pertenece al propio pueblo irlandés. El Estado británico no tiene ningún derecho a encarcelar a los combatientes de la libertad irlandesa, a ocupar militarmente ninguna parte del suelo irlandés ni a enviar sus tropas, aunque esto se hiciera bajo los auspicios de las Naciones Unidas.

El silencio de la izquierda laborista en torno a la huelga de hambre y el apoyo sin reservas prestado a los conservadores por la dirección laborista, es un escándalo y una vergüenza.

Es bueno que Tony Benn critique la politica del bipartidismo de la dirección laborista. Su comportamiento es preferible al de muchos otros. Pero evita constantemente pronunciarse sobre el problema vital del apoyo al aspecto clave de la lucha actual en el norte de Irlanda, así como sobre el problema básico del derecho del pueblo irlandés a decidir sobre su propio destino.

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Marchar separados, golpear juntos

Aunque el Socialist Challenge esté de acuerdo con algunos de los puntos del programa de Tony Benn, está claro, después de lo que acabamos de exponer, que pensamos que desde el punto de vista general es una equivocación. Sin embargo, la campaña de Tony Benn por la vicepresidencia del PL tiene el mérito inestimable de batirse contra el ala derecha del partido, y de organizar la lucha de la izquierda por democratizar el PL y los sindicatos.

Gran Bretaña

Esta campaña crea las mejores condiciones para un debate sobre la política socialista, en el que puede tomar parte el conjunto del movimiento obrero.

En la lucha contra el ala derecha, contra los agentes del capitalismo en el movimiento obrero, estaremos codo a codo con los que apoyan a Tony Benn. Pero si después de la derrota del ala derecha queremos ir más lejos, hacia el socialismo, necesitaremos una estrategia diferente de la que propone Tony Benn, que no plantea una estrategia con miras a aplastar a los conservadores, o a hacer realidad el socialismo.

Necesitamos un programa para la acción de masas y para la revolución socialista. Con este objetivo, Socialist Challenge impulsará el combate junto a Tony Benn contra el ala derecha del PL, pero desarrollando sus propias movilizaciones, con su propio programa y bajo su propia bandera.