Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Honduras: La suerte de los refugiados salvadoreños en Honduras

· Inprecor n.º 23, julio de 1981 · pp. 35-36 · 1.630 palabras

La suerte de los refugiados salvadoreños en Honduras

A Virtud es una pequeña aldea retirada, sin luz, sin escuela ni médico. ra de difícil acceso. Situada cerca de la frontera con El Salvador, generalmente sólo contaba con un millar de habitantes. Ahora son más de 3.000 personas las que viven alli amontonadas. Los 2.000 recién llegados son refugiados salvadoreños que han cruzado la frontera para escapar a la represión. En los alrededores de La Virtud hay otros 7.000 refugiados.

Justo dos días antes de mi llegada, exactamente el 18 de marzo, 5.000 nuevos refugiados habían cruzado el río Lempa, que delimita la frontera en este lugar. Ahora están agrupados en el lugar llamado "Los Hernández", cerca del río, a una hora andando de La Virtud.

Avanzando hacia 'Los Hernández" , nos encontramos con varios grupos de soldados del ejército hondureño, armados con el fusil de asalto G3 alemán, el mismo arma que utilizaba el ejército salvadoreño antes de la ofensiva del 10 de enero pasado, lanzada por el FMLN. Desde entonces, gracias a la ayuda masiva de los Estados Unidos a la Junta salvadoreña, está dotado del fusil de asalto M16 norteamericano.

Desde las montañas que rodean "Los

Hernández" se puede asistir al espectáculo de millares de refugiados aglutinados ante una pequeña casa. Nos detiene una patrulla del ejército. Se necesita una autorización especial para reunirse con los refugiados. Cuando llegamos finalmente a "Los Hernández". , acaba de empezar la distribución de alimentos. Mujeres, niños y viejos andrajosos se ponen en fila y esperan la ración de arroz, de frijoles y de aceite que les entregan los voluntarios de la organización católica Cáritas, que trabajan en la zona.

Existen alimentos suficientes para darle a cada uno una pequeña ración, pero el agua que se saca del río está sucia. Además, casi ningún refugiado se ha traído consigo los utensilios de cocina. Los refugiados van y vienen durante horas con sus raciones, buscando el medio para cocinar sus alimentos.

Honduras Lars PALMGREN Los refugiados tienen que concentrarse en una pequeña franja de terreno que está controlada por el ejército hondureño. No existe ninguna instalación sanitaria, ni siquiera letrinas. La suciedad y el mal olor son insoportables.

Hay numerosos enfermos. Se siente la tensión y el miedo. La gente duerme amon. tonada, unos encima de otros, en este estrecho lugar. Nadie se atreve a pasearse por miedo a los soldados hondureños. Estos ya han detenido a varios refugiados. Tres de ellos acababan de ser puestos en libertad, el día anterior a mi llegada, pero no se sabe nada de los demás.

En la víspera de mi visita, un refugiado fue matado por un centinela hondureño. La explicación del soldado es simple: «No se detuvo cuando se lo dije».

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Honduras

Se comprende el miedo que reina entre los refugiados, pero aún más que los soldados hondureños, es al ejército salvadoreño y a los asesinos de los comandos de extrema derecha de ORDEN a quienes temen. En repetidas ocasiones, unidades salvadoreñas, acompañadas de escuadrones de ORDEN, han atravesado el río para lanzar ataques los refugiados. saben muy bien que sus vidas no valen mulos militares salvadoreños y hondureños.

Un anciano, apoyado en un bastón, me cuenta lo sucedido después de atravesar el río Lempa: «Empezamos a hacer la travesía por la noche, para que no nos vieran. Los que sabían nadar ayudaban a los que no sabían. Teníamos también pequeñas embarcaciones para los niños o los más viejos. Al principio todo iba bien, pero cuando despuntó el día, se convirtió en un infierno. Nos disparaban desde las montañas y nos atacaron con aviones, y un helicóptero que tiraba, tiraba, tiraba, justo encima de noso-

No se sabe cuántas personas murieron en esta ocasión. Siete cadáveres fueron incinerados en la orilla hondureña, pero varias empezó el tiroteo. Y los días siguientes, algunos pescadores, río abajo, encontraron entre sus redes cadáveres de niños ahogados. Uno de los sacerdotes que trabaja con los refugiados me ha afirmado que todos los días se descubrían cadáveres en los alrededores de 'Los Hernández'': «Pero la mayoría de los muertos han sido matados en la orilla salvadoreña». ¿Cuántos? Nunca se sabrá. Las manadas de buitres que sobrevuelan la zona del río indican que sin duda

«A pesar de todo, podemos considerarnos felices que no hayan logrado hacer un nuevo Sumpul», me dice uno de los responsables de los refugiados. Sumpul es aquella masacre, el 14 de mayo de 1980, de 600 refugiados, en su mayoría mujeres y niños, que fueron asesinados en una operación combinada de los ejércitos salvadoreño y hondureño en el momento en que intentaban atravesar el río Sumpul, que también separa a los dos países, un poco más lejos.

Esta vez, hubo dos factores que impidieron la masacre. En primer lugar, los refugiados contaban con la protección de la unidad de las fuerzas revolucionarias salvadoreñas. La mayoría de refugiados proceden del departamento de Cabañas en El Salvador, y hubo que organizar su evacuación tras los terribles ataques lanzados en esta región por el ejército salvadoreño, con objeto de liquidar las bases guerrilleras.

No sólo a causa de las masacres, sino también porque el ejército había destruído las cosechas y porque las operaciones militares impedían el envío de los productos alimenticios procedentes de otras regiones. La evacuación se convirtió entonces en una neabsoluta para impedir el hambre. Mientras que los refugiados se dirigían hacia los ríos, las unidades guerrilleras trataron de bloquear el avance del ejército.

Posteriormente, lo que evitó que el ejército hondureño bloqueara a su vez el paso del rio, es que el equipo internacional de médicos y voluntarios que trabajan con los refugiados en La Virtud llegaron al río antes que el ejército hondureño. Los hondureños no pudieron repetir la acción de Sumpul, en presencia de estos observadores extranje-

El gobierno hondureño continúa negando la masacre de Sumpul. En una respuesta oficial a los sacerdotes y las monjas que habían sido los primeros en alertar a la opinión pública sobre esta masacre, el gobierno hondureño explicó que era una pura invención. El gobierno señaló también que la mayoría de los curas eran «de origen extranjero», y que por consiguiente no debian preocuparse probablemente de la defensa de la soberanía hondureña.

El diario La Prensa mostró una reacción casi igual de cinica, tras los acontecimientos ocurridos en el río Lempa: «Debido a la distancia fue imposible que los testigos determinaran si los aviones que atacaron a los refugiados pertenecían al ejército del aire salvadoreño o a la guerrilla» (sic).

Con los últimos refugiados llegados a "Los Hernández", el número total de refugiados salvadoreños en Honduras asciende a 40.000. La mayoría de ellos se encuentran en esta zona alrededor de La Virtud, cerca de las provincias salvadoreñas de Cabañas y de Chalatenango. El resto se encuentra alrededor de Clomoncagua, al Sur de La Virtud, cerca de la provincia salvadoreña de

Según el alto comisario de las Naciones Unidas para los refugiados, que se encuentra en Honduras, Charles Henry Basoche, cerca del 40% de los refugiados son niños de menos de siete años. El 40% son mujeres y el 20% restantes son casi todos ancianos.

Aunque el gobierno hondureño haya decidido recientemente reconocer como refugiados a estos salvadoreños, de hecho no tienen el estatuto de refugiados. Les está prohibido abandonar las zonas controladas por el ejército, y a diferencia de lo que se produjo con los somocistas que tuvieron que abandonar Nicaragua, les está prohibido trabajar. No hace mucho tiempo, el gobierno trató de agrupar a todos los refugiados en dos o tres grandes campos de concentración. Parece que de momento este proyecto ha sido congelado.

Antes de abandonar "Los Hernández", una delegación de los refugiados me ha pedido que transmita su saludo a los campesinos hondureños: «Estamos profundamente agradecidos a nuestros hermanos hondureños, me explicaron, y esperamos poder volver a nuestra casa rápidamente. Esto no es mas que una situación transitoria, todos queremos volver a nuestra casa para combatir y para vencer. Entonces sabremos acordarnos de todos los que nos han salva-

No son palabras lanzadas al aire. La solidaridad de los campesinos hondureños es admirable. Han abierto sus pequeños habitáculos e incluso han dejado una parte de sus tierras a los refugiados. «Son nuestros hermanos, me explicaba un campesino de 'Los Hernández", es muy sencillo, son

Para el aniversario del asesinato de Romero, arzobispo de San Salvador, centenares de campesinos hondureños visitaron a los refugiados y les llevaron toda clase de alimentos. No sólo fue un gesto para honrar la memoria del monseñor Romero. «Nos hemos enterado que los refugiados no tienen bastante comida», me explica uno de

Esta solidaridad se observa en todas partes de Honduras. El comité coordinador para la solidaridad con El Salvador, que es la principal organización de solidaridad, está formado por representantes de los sindicatos y de las diversas organizaciones de masas. Esto significa que la solidaridad con el combate lanzado en El Salvador y con los refugiados forma parte de las luchas que se han desarrollado el año pasado en Hondu-

Tuve la ocasión de participar personalmente en una reunión organizada por este comité en la ciudad industrial de San Pedro Sula, en la parte septentrional del país. Los participantes eran en su mayoría representantes de los diversos sindicatos. La manera en que discutieron y decidieron organizar una campaña para recolectar ropa que pueda servir de uniforme para los revolucionarios salvadoreños era una demostración de la voluntad y de la experiencia de trabajo de solidaridad que existe ya en los sindicatos.

Uno de los participantes en dicha reunión, miembro del sindicato de mineros, explicó que «la solidaridad con la revolución salvadoreña es parte de nuestro propio combate. Sabemos que su triunfo en El Salvador nos acercará a la victoria en Honduras, pero sin son vencidos, nuestras posibilidades se reducirán otro tanto...».