de los indios guatemaltecos
ÎL desarrollo industrial de Guatemala se ha mantenido en un estadio relativamente limitado, en el marco del subdesarrollo j' la dependencia con respecto al sistema imperialista. Hasta el momento se ha limitado principalmente a la producción de bienes de consumo (industria alimenticia y textil, fábricas de montaje). La clase obrera guatemalteca, aunque numéricamente reducida, " pese al desarrollo que haya podido conocer con el intento -abortado-- de constitución del Mercado Común Centroamericauna legislación laboral particularmente restrictiva en lo que se refiere a los trámites de reconocimiento legal de los sindicatos y' del derecho de huelga.
Pese a la creación de toda clase de sindicatos amarillos, pese a los despidos j' asesinatos de cuadros sindicales, en el año 1976 se produjo una recuperación de las luchas de masas de la clase obrera urbana y de los mineros, Comité Nacional de Unidad Sindical (CNUS), que agrupa lo fun- culminando con la constitución del damental de las organizaciones de masas de tipo sindical independientes del régimen, en torno a los obreros industriales.
Esta Confederación fue el elemento motor de la fundación, en 1979, del Frente Democrático contra la represión (FDCR), que agrupa, además de las organizaciones vinculadas al CNUS, a organizaciones cristianas, al movimiento estudiantil y' sus diversas organizaciones, a los movimientos vecinales de los suburbios l' a dos pequeñas formaciones socialdemócratas, el Partido Socialdemócrata (PSD) y el Frente de Unidad Revolucionaria (FUR).
Gracias a una importante labor organizativa de ciertos sectores significativos del campesinado, pasando a menudo por el canal de las comunidades cristianas de base, se creó, en 1978, el Comité de Unidad Campesina (CUC), que en febrero de 1980 logró organizar una huelga de 70.000 trabajadores agrícolas temporeros, los cuadrilleros de las grandes plantaciones (café, caña de azúcar y algodón) de la costa meridional.
Como consecuencia del nuevo ascenso del movimiento de masas obrero, campesino, estudiantil, de los habitantes de los suburbios, en todo el país, escalonándose durante varios años y tendiendo cada vez más a combinarse entre sí, la represión criminal de los organismos represivos oficiales y paralelos, se ha reanudado y' se ha extendido a una escala más importante que nunca. Si es posible evaluar en unos 75.000 las víctimas del terror blanco
Guatemala La larga marcha en Guatemala, desde la caída del gobierno nacionalista burgués de Jacobo Arbenz en 1954, incluyendo las 8.000 víctimas, principalmente campesinas, de la campaña de aniquilación de las guerrillas en 1966-1968, hay que saber que la represión más sangrienta sigue siendo la norma en el país. Guatemala es sin duda el único país del mundo que no tiene efecrégimen militar son sistemáticamente eliminados; en el abanico po- tivamente ningún preso político, faltaría más. lítico, esto va desde la derecha de la democracia cristiana hasta la extrema izquierda, mientras que desde el punto de vista de las fuerzas sociales, son ante todo los campesinos, indios o mestizos, que se ven afectados por esta política de control de la población, que a veces llega a adquirir aspectos de un auténtico genocidio.
Es en este marco en el que hay que comprender el peso importante de las organizaciones obreras y revolucionarias que volvieron a constituirse tras la derrota sufrida por las fuerzas revolucionarias a finales de los años 60. Entre estas organizaciones, que han vuelto a reconstruirse, tratando de superar los errores militaristas de aquellos años, hay que subrayar el papel desempeñado desde hace varios años por los revolucionarios del EGP (Ejército Guerrillero de los ciones de resonancia racista, ya sean las que abandonan la lucha de Pobres), que han luchado en la práctica contra todas las conceplos campesinos indios a su supuesto atraso cultural, en espera de que se refuerce la clase obrera industrial, o las que han convertido a los indios y su "indianidad" en referencia absoluta y' mítica de lo que era revolucionario en Guatemala y de lo que no lo era.
Así, sobre estas firmes bases de clase, los militantes del EGP luchan desde hace años por la unidad de todos los explotados j oprimidos en el campo, ya sean indios o mestizos (ladinos), por la unidad de los trabajadores de las ciudades j' del campo, por la unidad de las organizaciones que se reclaman de la revolución socialista y de la lucha armada. Los éxitos que ha logrado esta organización en su construcción, j particularmente en sectores del campesinado pobre indio, se basan en un análisis de la formación social guatemalteca que da el lugar que le corresponde a estas poblaciones indias, que en su conjunto constituyen la mayoría de la población del país l' las fuerzas de trabajo fundamental de la economía agraria exportadora, que sigue siendo el sector determinante de Guatemala hasta nuestros días.
El texto que publicamos a continuación está tomado del n° 4 de la revista del EGP Compañero, publicada en enero de 1981. •
Guatemala H ARÁ ahora más de medio siglo que
Guatemala ejerce una especie de fascinación sobre los visitantes extranjeros, ya sean investigadores, artistas, turistas u hombres de negocios. Los arqueólogos, los etnólogos y los lingüístas han descubierto en nuetro país antiguas ciudades mayas, microsociedades con rasgos culturales precolombinos, un laboratorio vivo de lenguas mayas. Los artistas han quedado encantados con los coloridos mercados del altiplano, con sus tejidos de una singular belleza y sus productos artesanos.
El turista mal informado ha podido distraerse y descansar en medio de todo este colorido local indio, sin percatarse de lo que disimula este escenario preparado por las agencias de viajes. Numerosos jóvenes,. que se imaginan poder encontrar entre los indios un paraíso de sencillez y de silencio, se han instalado en las aldeas y pueblos. Los de negocios, más pragmáticos, han encontrado unas condiciones favorables para sus inversiones, en el turismo y otros terrenos. Todos estos visitantes han vuelto a sus países con nuevos conocimientos, con una inspiración, con proyectos. El turista se ha ido con anécdotas que contar, y con las manos llenas de regalos, sin darse cuenta de que las agencias de viajes le han dado un producto adulterado, una visión desnaturalizada del componente indio de
En el transcurso de estos últimos años, sin embargo, los viajeros más perspicaces han vuelto a sus países con múltiples interrogantes y serias preocupaciones a propósito de la población india de Guatemala, sus condiciones de vida, su papel, su porvenir. Recientemente, los hoteles de las ciudades de Guatemala, Antigua, Panajachel, Huehuetenando, han empezado a vaciarse de turistas; los arqueólogos y demás investigadores extranjeros se han hecho más escasos; los hombres de negocios han dejado de invertir en el país; los jóvenes que soñaban con la paz se han dado cuenta que los campos vivian en estado de guerra.
Hace un año, el 31 de enero de 1980, la prensa del mundo entero publicaba en primera plana la horrible masacre de 36 personas en la embajada de España en Guatemala, convertida en cenizas por las fuerzas represivas del general Lucas García. De estas 36 personas, 27 realizaban una ocupación pacífica de la embajada, como último recurso para denunciar ante el mundo civilizado la represión en forma de genocidio que estaba practicando el ejército en el noroeste del país. Entre estas personas había 23 indiios de los grupos quiché, ixil y cakchiquel, todos ellos campesinos de las regiones devastadas por la soldadesca.
En el transcurso del mes de mayo de 1978, en Panzos, aldea situada en las proximidades de los yacimientos de níquel, explotados por la Internacional Nickel Company (INCO), multinacional cuya sede central se encuentra en el Canadá, más de 100 indigenas kekchies habían sido masacrados igualmente por el ejército, en la plaza pública, cuando protestaban contra el robo de sus tierras, de las que todos los días son expulsadas nuevas familias campesinas de
Estos dos acontecimientos recientes sólo son dos ejemplos, los que han adquirido mayor publicidad, de las luchas que han emprendido los indios de Guatemala, y de la respuesta criminal que recibe toda expresión de descontento por parte del gobierno.
Pero se ha hablado mucho menos de los paros y de las huelgas de los obreros agricolas y de los cortadores de caña, de los que efectúan la cosecha del café y del algodón, en su mayoría indios, que reclaman, al lado de los trabajadores no indios, el respeto de sus derechos, que se organizan y se movilizan para luchar.
Asimismo, en el extranjero se saben muy pocas cosas de las ocupaciones temporales de localidades o propiedades agrícolas por fuerzas guerrilleras de los indios armados, que difunden en lengua quiché, ixil, mam, kanjobal y otras, las ideas de la revolución guatemalteca. Se sabe mucho menos aún de los combates que libran los guerrilleros indios, constantemente, a lo largo y ancho del pais, contra las tropas gubernamentales.
¿Qué ha sucedido, qué está sucediendo? ¿Cómo explicar el contraste entre la imagen falsamente apacible de un día de mercado en la plaza de Chichicastenango, o de cualquier otra localidad del altiplano, y la de estos millares de trabajadores de la caña, emigrantes de las regiones montañosas del país en su mayor parte, reunidos en un cruce de caminos en la costa meridional, que reclaman, con el machete en la mano, un salario más justo?.
¿Qué es lo que ha podido transformar así al taciturno sembrador de maíz de las provincias de Quiché y de San Marcos, en un combatiente de la guerrilla, dedicido como el que más? ¿Qué ha hecho que las manos de la tranquila tejedora ixil, mam o kanjobal pueda tomar las armas y utilizarlas contra sus opresores?. Estas minorías que son la mayoría
De los casi siete millones de habitantes de Guatemala, 4 millones son indios, descendientes de los pueblos que habitaban el territorio de Guatemala en la época de la conquista española, a su vez descendientes del tronco maya-quiché. En 1524, estos pueblos, los más numerosos de los cuales eran los quichés, los mames, los cakchiqueles y los kekchies, constituían nacionalidades aparentadas por su origen genealógico, cuyas lenguas y costumbres fueron diferenciándose más o menos, y que se disputaban entre si el territorio y la hegemonía sobre las
Los pueblos mayas-quichés conocían en la época un proceso de transformación y de generalizados. grupos social y políticamente bien estruc turados, eran hábiles agricultores, conocían la arquitectura y la astronomía, prueba el calendario maya que utilizaban.
Disponían de diversas y complejas formas de expresión cultural, articuladas alrededor
La victoria militar de los españoles frente a ellos comportó la expropiación de sus tierras, la sumisión de la población a las leyes e instituciones que la reducían a la servidumbre, con una religión y una cultura que les fueron impuestas. La dominación española fue total: militar, económica, política e ideológica. Los pueblos, mayas-quichés fueron subyugados completamente.
En una primera época, fueron reducidos a la esclavitud, y la población indígena sufrió una disminución radical de sus efecti-
Posteriormente fueron sometidos a otras formas de explotación. fueron repartidos entre.los conquistadores, al igual que las tierras y el derecho de explotar no sólo la tierra y las minas, también el trabajo de los hombres, de las mujeres y de los niños. Fueron obligados a pagar múltiples tributos.
En el transcurso de los tres siglos que duró el periodo colonial, los españoles impusieron medidas de control y segregación que acentuaron la fragmentación de la población india, ya dividida en diferentes grupos étnicos, que disponían de su propia lengua y de sus costumbres particulares. ron a los indios en pequeñas comunidades llamadas "aldeas indias", y obligaron a los habitantes de cada una de estas comunidades a vestirse de manera que se distinguieran de las demás. Es decir, que fraccionaron a cada grupo étnico en pequeñas concentraciones. Así, los indios tuvieron que replegarse a donde les obligaron, y fueron forzados a trabajar en las propiedades de los conquistadores, según las necesidades de mano de obra de estos últimos.
De este modo, con el trabajo forzoso de los indios, fueron edificadas las ciudades y construídas las carreteras, los puentes y los acueductos. Sobre la base de este sistema de opresión y de explotación y para justificarlo, se desarrolló la concepción según la cual los indios son seres humanos inferiores, cargados de defectos e incapaces para gobernarse a sí mismos, en suma, gente que de ninguna manera podía disponer de los mismos derechos que los conquistadores. El final del régimen colonial español, y la independencia de Guatemala, adquirida en 1921, no comportaron ningún cambio para los indios, que continuaron oprimidos, explotados y sufriendo la discriminación racial.
Los procesos de acaparamiento de las grandes extensiones de las mejores tierras,
los latifundios, y su concentración en manos de pocos propietarios, se aceleró con el surgimiento de las empresas agrarias capitalistas que aparecieron a partir de la revolución liberal de 1871. Durante mucho tiempo, los campesinos indios del altiplano, donde aún había grandes reservas de tierras, fueron oglibados por ley a descender a las regiones costeras, en la época de la cosecha del café. A medida que empezaba a escasear la tierra, debido a las expropiaciones, al agotamiento de los suelos y al crecimiento numérico de la población indica, las parcelas cada vez más exiguas se hicieron insuficientes para asegurar la subsistencia de las
La miseria y la necesidad sustituyeron entonces a las leyes y obligaron a los indios a buscar empleos temporales en las plantaciones de café. Sin embargo, numerosas comunidades se negaron a ello, y para evitar tener que bajar a trabajar en las grandes propiedades, empezaron a roturar nuevos terrenos en zonas antes cubiertas de bosques, aún más retiradas, o en cualquier lugar donde ello fuera posible, incluso en los terrenos escarpados. A medida que disminuía la extensión de las tierras disponibles, y que aumentaban las necesidades de la población india depauperada, fueron familias enteras, con mujeres y niños, las que terminaron bajando a las grandes planta-
Desde entonces, los campesinos pobres, los "minifundistas" , no tienen otra solución, si quieren sobrevivir, que emigrar al son de las estaciones, hacia las regiones costeras. Este es un aspecto de la relación necesaria entre el latifundio y el minifundio. El otro aspecto es la necesidad que tienen los grandes propietarios de poder contar con esta fuerza de trabajo, y la necesidad que representa para ellos toda esta miseria.
Este sistema, que implica la contratación de una mano de obra suplementaria en la época de las cosechas, ha incrementado la movilidad de los indios, que se han visto obligados a desplazarse periódicamente hacia las regiones costeras. Este fenómeno, combinado con el desarrollo del comercio, ha multiplicado los contactos entre las distintas comunidades y los diversos grupos étnicos, lo que a su vez ha favorecido un mayor acercamiento entre ellos, en tanto que indios.
En el marco de este proceso de transformación capitalista, los campesinos indios se han convertido en asalariados durante una época del año, en semiproletarios. Este semiproletariado rural, que aumenta todos los años, se estima en por lo menos 650.000 familias indias. Constituye la fuerza de trabajo fundamental de la industria agroexportadora, que es el factor primordial de la economía del país.
La situación actual de los indios
Al convertirse en obreros agrícolas, los indios conocen un nuevo género de vida. Sufren la explotación, cosa que es muy distinta de la miseria que soportan en el altiplano. Por primera vez trabajan para otro, el terrateniente, el patrón a cambio de una paga siempre insuficiente.
Al mismo tiempo, pueden ver con sus propios ojos las bellas mansiones de los propietarios (que además tienen otras residencias en la ciudad, ya que no viven en sus tierras); pueden ver los automóviles de lujo, las máquinas. Los indios descubren que el dinero que reciben a cambio de su trabajo no basta para comprar los bienes necesarios para su subsistencia, tanto en la gran propiedad, donde las raciones alimenticias son insuficientes, como después en su aldea.
Este magro salario permite aún menos compra de medicamentos, de abonos o de simientes. Ven como su trabajo comporta malos tratos, fraudes y abusos en la asignación de tareas y en el cálculo del peso del producto cosechado. Tienen que soportar la vigilancia constante y la violencia de los cuerpos represivos de los patronos y del gobierno. Se dan cuenta de que esta explotación es también el destino de los ladinos (mestizos) pobres, que, también desprovistos de tierras, trabajan como jornaleros en las mismas grandes propiedades.
del mundo se transforma, su visión de sí mismos y de los demás cambia a medida que integran en su vida cotidiana una serie de elementos desconocidos antes, o interpretados de otra manera. Incluso su noción del tiempo y de su aprovechamiento también cambian en la medida en que las largas horas dedicadas al trabajo dejan poco tiempo para los ritos religiosos y los trabajos artésanales. Además, el artesanado tiende ahora a inscribirse en el marco de las relaciones capitalistas, convirtiéndose en un trabajo a domicilio dependiente del capital comercial local, nacional e incluso multina-
En las ciudades se desarrolla un proceso de proletarización. Millares de indios de las provincias próximas a la capital, Ciudad Guatemala, que buscan fuentes de ingresos por falta de tierras, se trasladan todos los días o más esporádicamente a la ciudad para tratar de encontrar algún trabajo penoso, unos a cambio de un salario fijo, otros con un contrato de duración determinada: La mayoría de ellos no abandona, sin embargo, la vida campesina, en la medida en que vuelven regularmente a su comunidad, donde algunos miembros de la familia siguen cultivando una parcela de tierra que les pertenece en propiedad, o que trabajan como aparceros.
El proceso de proletarización del indio es
Guatemala un proceso violento, lleno de rupturas y de sufrimientos. Es doblemente doloroso para los indios, pues viene acompañado de la discriminación racial. De hecho, muchos los indios que toman conciencia, por primera vez, de la discriminación individual y colectiva que sutren. La explotación, al mismo tiempo que aproxima a los grupos étnicos indígenas entre sí, en tanto que indígenas, los aproxima a los trabajadores ladinos como trabajadores. La opresión étnica y cultural.
Las fronteras étnicas y culturales que existen entre los indios y los ladinos de Guatemala no corresponden a fronteras propiamente raciales, en la medida en que la sangre india fluye en las venas de la mayoría de la población guatemalteca.
En Guatemala se llaman ladinos a los descendientes de los mestizos de la época colonial, es decir, a los hijos nacidos de la unión entre españoles e indias. En aquella época, los mestizos también eran objeto de discriminación por parte de los españoles y de sus descendientes criollos, es decir, de los descendientes de los españoles nacidos en ladinos a los indios que adoptaron la lengua y las costumbres de los españoles. Así, la diferencia entre indios y ladinos afecta en gran parte a esta opción cultural. Es indio el que habla, se viste y vive de la manera tradicional de los indios, y el que, sin vestirse ni vivir como un indio, se considera a sí mismo como tal. Es ladino el que habla español, se viste y vive a la manera occidental, aunque no sea mestizo en sentido biológico. Con el tiempo, el racismo con respecto a los indios terminó formando parte de la ideología de los ladinos. La cultura india se convirtió en' una cultura subalterna, negada, despreciada, incluso por los ladinos pobres
Esta contradicción étnica y cultural encuentra su origen en la relación de dominación entre los conquistadores españoles y los indios de América, y vino reforzada posteriormente por ideológico de la discriminación que establecieron los conquistadores para justificar su opresión sobre los indios. Actualmente, el contenido racista de esta contradicción se ha atenuado, como consecuencia de la amplitud que ha adquirido el fenómeno del
No obstante, sigue existiendo una contradicción étnica y cultural, resultado de estos viejos mecanismos ideológicos, mientras que las mismas formas de dominación se han transformado. Además, la frontera étnica entre los indios y los ladinos ya no corresponde a la estructura de clases de la sociedad guatemalteca actual. A pesar de
ello, el sistema actual de. explotación se beneficia de la opresión cultural y de la discriminación que se desarrollaron en épocas anteriores al surgimiento del capitalismo..
La cultura de los pueblos indios de hoy es el producto de cuatro siglos de un modo de vida articulado alrededor de la economía agraria comunitaria del cultivo del maíz, y de su interacción con el mundo primero y el universo ladino después; combinándose en un sincretismo bien particular con elementos de la cultura occidental, especialmente la religión cristiana.
Existen diferencias en el desarrollo y el vigor de las culturas de los distintos grupos étnicos. El sentimiento de identidad, vinculado en una primera época al grupo étnico adquirida: quiché, cakchiquel, mam o tzutuhil—, encontró más tarde su expresión en la comunidad más reducida: la aldea india, de la época de la colonia española, Chichicastenango, Nahuala, Patzun. La vida capitalista rompe entonees las barreras locales entre las comunidades y abre el camino al desarrollo de una solidaridad, de una identificación y de una afirmación de su 'indianidad"
menoscabar, obstante, la identidad particular de cada
El desarrollo impuesto por el sistema capitalista a los grupos indígenas, desde una economía y de un modo de vida campesinos a la venta de su fuerza de trabajo a cambio de un salario, en las explotaciones agrarias o las empresas industriales, además de la asimilación cada vez más importante por su cultura, de los modos de vida y de las costumbres de los ladinos, no les ofrece a los indios ningún tipo de perspectiva.
Su miseria irá creciendo, acompañada del abandono de su cultura como resultado de la pérdida de sus tierras y de la destrucción de su vida comunitaria. Y además de ello, la perpetuación de la discriminación racial. La guerra popular revolucionaria y la afirmación étnica de los indios, en el transcurso del desarrollo de la guerra, constituyen hoy en día la única alternativa posible y la solución futura para la realidad étnica y cultural completa de nuestro país. Los indios en la guerra popular
América Central conoce desde hace ahora varios años un proceso de transformaciones revolucionarias. La revolución popular sandinista de Nicaragua constituye una conquista irreversible. El pueblo salvadoreño libra actualmente una guerra abierta que se acerca a sus momentos decisivos. En Honduras, las organizaciones populares hacen oir su voz cada vez más vigorosamente. El pueblo panameño está decidido a :exigir el respeto de los tratados que afectan al canal, y a liberarse de la presencia norteamericana en pleno corazón de su territorio. El pueblo de Costa Rica, en medio de una crisis económica aguda, vincula sus propias luchas a las de sus vecinos, con las que se
En Guatemala, la guerra popular revolucionaria está en marcha, y no llegará a su fin antes de la caída del poder de los enemigos del pueblo trabajador y de la edificación de los fundamentos de una socie-
En medio de este proceso revolucionario continuo y ascendente, hay una particularidistingue a Guatemala de los demás países de América Central. En nuestro país, no hay ninguna revolución posible sin la incorporación de la población india a la guerra y sin su integración de pleno derecho en la nueva sociedad, que los indios deben contribuir a edificar.
Los 22 grupos indios de Guatemala constituyen, en su conjunto, la mayoría de la población. Pero además, los indios son el factor fundamental en la producción de la • agricultura exportadora (café, caña de azúcar, algodón) y en la producción alimenticia. Constituyen el grueso del semiproletariado rural. Su papel como productores de riquezas confiere a los indios una fuerza y un derecho; una fuerza para la guerra, un derecho inalienable de participar en la construcción de la nueva sociedad.
En Guatemala, los trabajadores indios y ladinos se encuentran juntos en la lucha contra el régimen actual. Los descendientes los mayasquichés, oprimidos, explotados, reprimidos y discriminados siglos, tras centenares de rebeliones y levantamientos sin perspectivas y rápidamente aplastados, se han levantado hoy para luchar por objetivos revolucionarios clara-
Este fenómeno constituye el elemento fundamental de la historia actual de Guatemala. Es la primera vez que los indios se
Guatemala adhieren plenamente a un proyecto político revolucionario que tiene en cuenta sus reivindicaciones más profundas.
Los indios no participan únicamente en la guerra popular revolucionaria, sino que ocupan en ella el lugar principal, que les corresponde. Son los combatientes y los cuadros guerrilleros de las organizaciones revolucionarias. Eș su incorporación la que ha permitido el desarrollo de concepciones, métodos y formas de organización de la lucha revolucionaria. Es su espíritu combativo el que ha comportado el crecimiento masivo de las organizaciones populares y revolucionarias.
Los indios luchan en sus localidades, en las grandes propiedades, en las montañas, desarrollando las tareas de la guerra junto con sus compañeros ladinos. Las acciones constantemente importantes pérdidas al ejército y a los demás cuerpos represivos, las emboscadas, las ocupaciones de aldeas y de grandes propiedades, los ataques contra los puestos militares enemigos, son desarrolladas por unidades militares compuestas básicamente de indios que se apoyan en la población india de la zona en que operan.
Esta presencia india en la guerra popular revolucionaria, en todas sus formas, es un hecho político y militar que el actual gobierno, incapaz, corrompido y criminal, no puede ya negar ni frenar. Comprender esta particularidad del proceso revolucionario guatemalteco es fundamental para captar la amplitud y la profundidad de la transformación revolucionaria que vive actualmente en Guatemala.
El sistema se beneficia y reproduce actualmente la discriminación indios que los explotadores de otras épocas practicaron e impusieron al conjunto de la población como ideología dominante. El sistema mantiene la idea de la inferioridad del indio, para dividir y enfrentar entre sí a los trabajadores indios y ladinos, y para
De ahí que la eliminación de la opresión cultural sea un objetivo central de la revolución y que sólo sea posible en el marco de un proceso revolucionario. La revolución guatemalteca aportará su solución al doble: problema de la explotación y de la opresión cultural que sufren los grupos étnicos indios, o de lo contrario no será una verdadera revolución.
De hecho, el inicio de la solución reside en la lucha revolucionaria que une ya a los. trabajadores indios y ladinos en torno a los mismos objetivos. y que hace que se enfrenten al mismo enemigo. Y en el transcurso de la lucha revolucionaria, los grupos recuperarán su identidad propia, la de los indios revolucionarios,
Men lucha en la guerra de los demás indios y de los ladinos pobres, que construirán la nueva sociedad. •