Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Gran Bretaña: El desplazamiento a la izquierda del Partido Laborista

· Inprecor n.º 22, junio de 1981 · pp. 13-17 · 4.493 palabras

L panorama político de Gran Bretaña está cambiando rápidamente. La d. resistencia obrera a la austeridad —particularmente la victoria de los mineros contra los cierres de pozos, el pasado mes de febrero-- ha debilitado mucho al gobierno conservador de Margaret Thatcher.

El 26 de marzo de 1981 se creó oficialmente el Partido Socialdemócrata (SDP). Su objetivo declarado es el de ofrecer "un marco estable" para el desarrollo de la industria y del comercio... El Partido Laborista se ha deslizado a la izquierda, una tendencia que ya se había manifestado con la elección de Michael Foot a la dirección del partido. No hay que subestimar el alcance de estos acontecimientos, pues por vez primera en Gran Bretaña, la crisis política empieza a coincidir con la profundidad de la crisis social y económica.

La amplitud de los cambios políticos es más evidente que en ningún otro lado en el seno del Partido Laborista. La amplitud de las victorias de la izquierda del Partido ha provocado una reacción histérica por parte de la prensa burguesa, que ha tachado a Tony Benn de único responsable de estas victorias.

Tony Benn ha sido dos veces ministro en los gobiernos laboristas de Harold Wilson y de Jim Callaghan, entre 1974 y 1979. Durante el mandato de estos gobiernos, el número de parados se multiplicó por tres. A esto hay que añadir las enormes restricciones de los gastos sociales y la disminución del nivel de vida más fuerte de todo el siglo XX. Sin embargo, las circunstancias en las que estos gobiernos laboristas alcanzaron el poder, en 1974, eran favorables.

La caída del gobierno de Edward Heath había sido precipitada por las luchas de los mineros, y la elección del gobierno de Harold Wilson se había producido sobre la base del manifiesto electoral más a la izquierda que haya adoptado el Partido Laborista desde la Segunda Guerra Mundial.

El abandono del programa del manifiesto es la base de la crítica que efectuó Tony Benn con respecto a la experiencia de 1974-1979. Este manifiesto era un programa de reforma institucional del capitalismo británico. Su objetivo principal consistía en la creación del National Enterprise Board (Dirección de las Empresas Nacionales), que le permitiría al Estado nacionalizar importantes sectores industriales y concluir acuerdos de planificación con el sector privado.

Todo esto se combinaba con un vasto programa de gastos públicos, con el control

El desplazamiento a la izquierda

del Partido Laborista

Steve POTTER

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Gran Bretaña de las importaciones y una política salarial voluntarista, destinada a contrarrestar las tendencias inflacionistas de dicho programa. Este programa, calificado en sus líneas maestras como "estrategia económica alternativa" , ha sido modificado después, y actualmente constituye la base política del Partido Laborista, del Trade Union Congress (TUC), la federación sindical cen-

En el diagnóstico establecido por Tony Benn, del fracaso del gobierno laborista y de la no aplicación de este programa, se ha puesto en tela de juicio la estructura no democrática del Partido Laborista. Elaboró una plataforma de transformación del Partido en torno a los tres ejes siguientes: designación de los diputados laboristas por su sección local; elección del dirigente del Partido Laborista por una comisión más amplia que el grupo parlamentario; redacción y aprobación del manifiesto electoral del Partido por el Comité Ejecutivo Nacional, en lugar del primer secretario y de los miembros del gabinete, o del shadow-cabinet ("gabinete fantasma", el gobierno alternativo de la oposición).

Este programa se ganó un apoyo de masas en la base del Partido Laborista y entre los sindicalistas, centrándose en el rechazo de un nuevo gobierno del tipo de los de Harold Wilson o de Jim Callaghan. En una serie de cuatro conferencias celebradas en el espacio de dieciséis meses, se obtuvo la victoria para dos de las reformas propugnadas.

Tony Benn resume correctamente este proceso: "Es la base la que empieza a controlar al partido, en lugar de que sea la dirección parlamentaria la que controle a la base". Aunque la moción sobre la forma de redactar el manifiesto haya sido rechazada, la conferencia de Blackpool (setiembre de 1980) adoptó unas mociones extremadamente radicales. La conferencia votó: • lanzar una campaña por la semana de 35 horas, sin disminución de los salarios, y luchar contra el cierre de empresas; • nacionalizar importantes sectores de la industria británica, y renacionalizar toda empresa nacional que haya cedido al sector privado el gobierno conservador; • retirarse completamente del Mercado Común Europeo; • aplicar una política de desarme nuclear.

unilateral, paralelamente a una disminución masiva de los gastos militares; • abolir la Cámara de los Lores, la cámara alta, no elegida, del Parlamento británi-

El efecto combinado de la reforma del partido y de la línea política radical adoptáda en la Conferencia de Blackpool, ha sido el de que millares de militantes obreros abriguen mayores esperanzas de imponer un gobierno capaz de realizar este tipo de política. El resultado de estas conferencias del Partido Laborista fue el de ofrecer, a los ojos de la clase obrera, una alternativa tanto a la política derechista de Jim Callaghan y Harold Wilson, como a la política "monetaria" del gobierno de Margaret Thatcher.

El mayor interés por la política del Partido Laborista, y su desplazamiento a la izquierda, se ha traducido en el reclutamiento de 80.000 nuevos miembros durante el año 1980. El número de miembros del Partido parece situarse entre 335.000 y 365.000 (resulta difícil obtener la cifra exacta). En cuanto al número de miembros afiliados a los sindicatos, rebasa los 6 millones.

Si la clase obrera ha recibido favorablemente estos acontecimientos en el seno del Partido Laborista, no ha sucedido lo mismo con la clase dirigente, cuya reacción en la prensa linda con la histeria. El principal esfuerzo de los medios de comunicación ha consistido en lanzar una campaña a favor de la creación del "Consejo por la Socialdemocracia" en el seno del Partido Laborista, cuyo fin declarado, desde el principio, era el de preparar una escisión en el Partido en el caso de que no pudiera evitarse la victoria de la izquierda de este Partido, y una vez consumada la escisión, después de fracasar sus intentos por moderar las reivindicaciones de la base del Partido, promover a los socialdemocrátas como partido independiente.

La unión de los socialdemócratas como partido independiente ha sido un hecho saludado por prácticamente todos los diarios británicos. Sin cambiar el sistema electoral, este partido tiene pocas posibilidades de formar un gobierno, aunque puede impedir que lo alcance el Partido Laborista. Estas especulaciones sobre el resultado de eventuales elecciones generales denotan una sorprendente preocupación, si se sabe que los conservadores no han teminado aún sus dos primeros años de legislatura, que es de 5 años.

Esta preocupación se debe al hecho de que el proyecto del gobierno parece atascarse seriamente; los primeros indicios de una fuerte oposición de la clase dirigente frente a la orientación protagonizada por el gobierno, se pusieron de manifiesto durante el pasado otoño, cuando el presidente de la

Confederación de la Industria Británica (CBI), Terence Beckett, lanzó la idea de

"combatir cuerpo a cuerpo contra el gobierno". La postura de Terence Beckett destacaba la necesidad de liberalizar los controles monetarios estrictos impuestos

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por el gobierno. La patronal de la Imperial

Chemical Industries, la primera multinacional británica, había lanzado un llamamiento idéntico: "Esperábamos un clima tonificante, y nos estamos muriendo de frío".

Con estas buenas palabras anunciaba las primeras pérdidas registradas por la empresa en toda su historia.

En el pasado otoño también aparecieron los primeros signos precursores del final del repliegue efectuado por la clase obrera británica en la cuestión del paro. Los estibadores y los metalúrgicos obtuvieron sendas victorias contra las amenazas de despido y de paro técnico. Este relanzamiento de las luchas contra el paro adquirió un nuevo auge con el desafío lanzado frente a los mineros por el gobierno, que amenazó con cerrar cierto número de pozos a escala nacional. Estas medidas formaban parte de un plan global más amplio de racionalización de la industria minera.

La reacción de los mineros no se hizo esperar. El anuncio de los cierres de los pozos fue efectuado por el National Coal Board (Dirección Nacional del Carbón), el 10 de febrero, y el día 15 de ese mismo mes, los mineros del país de Gales del Sur interrumpían el trabajo sin que previamente se hubiera dado la orden de huelga. La huelga se extendió, durante los días siguientes, Escocia, a Kent y a los pozos del Sur de Yorkshire.

La retirada del gobierno fue espectacular. La Dirección del Carbón retiró su plan, y el gobierno prometió subvencionar a los pozos amenazados de cierre... Esta retirada de los conservadores, aunque temporal, indignó a algunos de sus seguidores más serviles. Así, Walter Goldsmith, presidente del Instituto de Directores de Empresa, calificó la media vuelta de los conservadores como "capitulación escandalosa" incluso añadió: "También podríamos preguntarle al sindicato de mineros qué ha decidido como fecha de las próximas elecciones generales".

El desconcierto de la patronal se ha visto agravado por el presupuesto presentado por el ministro del Tesoro, Geoffrey Howe. Si bien este presupuesto atacaba brutalmente el nivel de vida de la clase obrera, a través de los impuestos indirectos, poco tenía con que satisfacer las reivindicaciones de los industriales, que habían pedido un descenso de los tipos de interés y de cambio de la libra esterlina. Incluso se ha informado que una mayoría del gabinete Thatcher se había declarado hostil a este presupuesto o por lo menos se había inquietado por su impopularidad...

La impopularidad de este gobierno se refleja en los sondeos de opinión, que les dan a los laboristas una ventaja del 11% sobre los conservadores, cosa que debería ser suficiente para darles la mayoría absoluta en la eventualidad de unas elecciones generales.

La perspectiva de que se forme un gobierno laborista en las circunstancias actuales, no es bien vista por la clase dirigente. La importancia otorgada al Partido Socialdemócrata (SDP), y la insistencia de este último en no ser considerado como un partido de "centro" , sino como de "centroizquierda" , se debe al hecho de que tiene necesidad de morder, sobre todo, entre el electorado del Partido Laborista, para poder servir de alguna manera a la burguesía. Cosa que está muy lejos de ser segura.

Una de las manifestaciones de descontento frente a la política del Partido Conservador, después de publicarse el presupues-' to, fue la defección de un diputado conservador, que se ha unido al grupo de socialdemócratas del parlamento, que hasta entonces sólo se componía de renegados del Partido Laborista. Es probable que aparezcan otros. Los sondeos de opinión realizados para estimar la popularidad de este nuevo partido han demostrado sistemáticamente que hay más electores conservadores que laboristas que cambiarían su voto a favor del SDP.

En este contexto se han producido importantes discusiones sobre la adopción de un sistema electoral proporcional. Sería un paso importante que daría la clase dirigente; pues esto significaría, por un lado,

Gran Bretaña excluir, seguramente de forma permanente, en condiciones normales, al Partido Laborista del gobierno, y por otro lado, implicaría el fin de la alianza establecida en el Partido Conservador, entre el gran capital y la base de los políticos de clase media, como Margaret Thatcher. En el momento actual parece que la disminución de las filas del Partido Conservador sea considerada por circulos de la opinión burguesa como un precio demasiado elevado, y ello a pesar de las ventajas indudables que ofrecería la posibilidad de una coalición gubernamental permanente.

Estas grandes maniobras de la política burguesa no implican, sin embargo, que la burocracia laborista haya renunciado a la posibilidad de reducir las victorias de la izquierda del partido para convertirlo en "un partido capaz de gobernar", es decir, un partido firmemente vinculado a la política de austeridad y a la defensa intransigente del orden capitalista.

Las conquistas de la izquierda laborista, que se derivan de un desplazamiento a la izquierda de sus miembros, están vinculadas también a la impotencia de los burocrátas sindicales para mantener en raya a los avances de la izquierda en el Congreso del Partido. Pero desde el punto de vista numérico, esto puede hacerse fácilmente, pues la burocracia sindical dispone, gracias a la afiliación de los sindicatos como tales, de 6 veces más mandatos que los delegados de las secciones del partido.

En los años cincuenta, la burocracia sin-

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Gran Bretaña dical pudo aplastar a la oposición de las secciones, dirigida por Aneurin Bevan, gracias al predominio del ala derecha sobre los grandes sindicatos. Pero la situación actual es distinta: los dirigentes sindicales, bajo la presión combativa de la base, que apoya la orientación política de Tony Benn, se ven obligadas constantemente a hacer concesiones a la izquierda. La falta de organización de la burocracia sindical le ha permitido a la plenamente las ventajas de la situación.

Sin embargo, los burócratas sindicales se han apresurado a recuperar su moral. Han impulsado la candidatura de Michael Foot para la dirección del partido frente a Denis Healey, el candidato de la derecha. Esta elección fue boicoteada por Tony Benn, pues se hizo de acuerdo con las reglas antiguas, es decir, que sólo votaban los dipu-

La opción por Michael Foot era inteligente; por su pasado es el más radical de todos los dirigentes históricos; en particular. estuvo vinculado al movimiento por el desarme púclear unilateral. Pero también fue durante 10 años el lugarteniento fiel de Harold Wilson y de Jim Callaghan. Incluso es cápaz de tomar las riendas de la izquierda en el partido, y es el más incicado para haeria aboriar...

Michael Foot empezó concretando este proyecto al encabezar dos grandes manifestaciones contra el paro, convocadas por el partido aborista. Los trabajadores participaron en estas manifestaciones (150.000 personas en Liverpool, el 29 de noviembre de 1980, y 70.000 en febrero de este año), continuan viendo en Michael Foot a un dirigente de izquierdas, ilusión que el interesado ha alimentado al lanzar llamamientos por el derrocamiento del gobierno. invitando a la gente a sublevarse como leones" según la formula del poeta Shelley.

Pero el mismo desarrollo de los acontecia Foot a adoptar una orientación cade vez más derechista. En el Partido Laborista se nueva derecha, la "Campaña de Solidaridad por el Partido Laborista". Trata de consolidar así los esfuerzos de todos los que ponen en tela de juicio las conquistas de la izquierda en el Partido, y muy en particular los que quieren recuperar para los parlamentarios el papel decisivo en la elección del dirigente del Partido, a expensas de las secciones de base y de los sindicatos.

Michael Foot, si bien declaró que se situaba por encima de las fracciones, apoya a este agrupamiento. Aunque la diana principal de Michael Foot es Tony Benn, ha prometido, sin embargo, empezar su ofensiva contra la tendencié "Militant"', así como contra los militantes de otras tendencias de extrema izquierda en el partido,

Los acontecimientos en el Partido Laborista, en los próximos meses, van a estar dominados particularmente por el agrupamiento de la derecha y su ofensiva contra la

Sin embargo, la izquierda no está en absoluto desarmada frente a esta ofensiva; lo fundamental de los 80.000 nuevos miembros reclutados, que se han unido al Partido en los últimos meses, se agruparán en el campo de la izquierda. Al mismo tiempo, los militantes sindicalistas se ven arrastrados a la lucha que se desarrolla en el seno del Partido, dado que las conferencias sindicales debaten sobre la forma de votar en la próxima conferencia del Partido Laborista, en octubre de 1981

Es esta creciente unidad de acción entre los militantes sindicales y los del Partido la que constituye la piedra angular de los avances de la izquierda en el Partido, aunque también de una lucha eficaz contra los conservadores. Mientras que el Partido Laborista ha asumido un papel dirigente en la lucha contra el paro y las restricciones de los gastos sociales, el movimiento sindical empezado a desempeñar un papel abiertamente politico en la lucha contra los conservadores; asi, el TUC tomó la decisión, sin precedentes, de convocar una gran manifestación, que fue todo un exito contra los intentos de restringir la ley del aborto. Las campañas por la unidad de acción entre los sindicatos y el Partido Laborista, para derribar a los conservadores, encuentran un eco real entre los militantes activos del Partido Laborista y de los sindicatos. La creciente interacción entre la lucha en los sindicatos y en el Partido Laborista se traduce también en la plataforma común elaborada por Tony Benn (que se presenta para el cargo de secretario adjunto del partido, en octubre) y Arthur Scargill, dirigente de los mineros de Yorkshire del Sur, que se presentará para la presidencia del

National Union of Mineworkers (NUM -

Sindicato Nacional de Mineros), en 1982.

La lucha encarnizada de la izquierda en łos sindicatos, con miras a ganar en la cuestiờn del voto en bloque, y en un primer momento, para defender y extender las conquistas del año pasado, forma parte de una estrategia destinada a derrotar a la derecha.

Al mismo hempo, resulta imposible construir una izquierda en los sindicatos sin colocar en un primer plano la lucha por las cuestiones fundamentales de la batalla en el seno del Partido Laborista.

En este sentido, las organizaciones que se sitúan a la izquierda del partido laborista han fracasado manifiestamente, hasta el momento, en su intento de avanzar una estrategia adecuada a las condiciones políticas actuales.

El Partido Comunista de Gran Bretaña, lejos de aprovechar la crisis en el Partido Laborista, conoce un declive organizativo acelerado. en los años setenta, el número de miembros descendió de cerca de 30.000 a menos de 20.000. El declive del partido ha sido particularmente sensible en los medios que constituían sus bases nada despreciables en los sindicatos obreros.

Una parte del declinar del PC británico se ha traducido en el paso de sus elementos "eurocomunistas" al Partido Laborista. En las columnas del "Morning Star" diario que mantiene la lamentable postura del PC, se ha iniciado un debate sobre la cuestión de si el Partido Comunista puede justificar su existencia como organización independiente del Partido Laborista. Como respuesta, la dirección del PC ha puesto sobre el tapete la propuesta avanzada por Lenin y el Il Congreso de la Internacional Comunista, en marzo de 1920, sobre la afiliación del Partido Comunista al Partido Laborista.

Por supuesto, el PC no tiene ninguna intención de luchar por esta propuesta, en el caso de que esto contrariara a los burocratas de izquierda con los que trata de aliarse. El único objetivo de semejante propuesta, que no ha dejado de tener eco en la izquierda del Partido, es el de evitar el debate sobre la incapacidad del PC para influir en modo alguno en los acontemientos actuales quese producen en el Partido Laborista.

La existencta de una extrema izquierda fuerte y unificada habría podido influir sin duda alguna en los aconteelmientos del Partido Laborista. Pero el Socialist Workers

Party (SWP, Partido Socialista de los Trabajadores) de Gran Bretaña, con 2.500 miembros, ha rechazado toda perspectiva unitaria por parte de la segunda organización revolucionaria británica, que es el International Marxist Group (IMG - sección británica de la IVa Internacional), y ha tratado de minimizar la importancia de la evolución que se da en el seno del Partido

Laborista. Una serie de artículos aparecidos en la prensa del SWP sigue insistiendo en el hecho de que la lucha de clases en

Gran Bretaña jamás ha conocido semejante reflujo, que la agitación en el seno del

Partido Laborista no tiene futuro y que terdesplazamiento masivo hacia la derecha.

Según el SWP, la tarea fundamental consiste en reconstruir las estructuras de base del movimiento sindical. Esta estima-

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ción coyuntural equivocada se concretiza en la posición del SWP en relación al peso del reformismo, que sostiene, en sintesis, que la influencia del Partido Laborista en la clase obrera se ha reducido en relación directa con la capacidad o no de conceder reformas.

Esta teoría olvida el hecho de que el Partido Laborista, al tiempo que es un partido obrero burgués, constituye una importante etapa en la independencia política de-ta clase obrera, y que ésta es la raron fundamental por la que la clase obrera se dirige hacia el Partido Laborista para obtener soluciones politicas. Asi, el SWP desprecia la Tarea que consiste en impulsar a sus partidarios a que se organicen en el Partido Laborista, y prefiere denunciar el "entrismo".

Sin embargo, la organización de un número nada despreciable de militantes en el Partido Laborista no es ningún antidoto para el sectarismo, como demuestra el caso de la tendencia "Militant"*. Esta tendencia, que ha sido el principal objetivo de la "caza a los trotskistas**, organizada por el ala de recha de la burocracia durante los últimos seis años, se ha reforzado sustancialmente durante ese mismo periodo, y actualmente cuenta con más de 1.500 militantes

Algunos dirigentes de la tendencia "Militant" estan en el partido desde hace 34 años. Según ellos, la necesidad de que todo militante socialista esté actualmente en el Partido Laborista, constituye un principio irrenunciable. Llegan incluso a acusar a los socialistas que no están en el partido, de haberse "pasado al otro lado de la barrera de clases". Este contacto prolongado con el funcionamiento interno del Partido Laborista ha modificado la política de esta antigua tendencia revolucionaria.

Actualmente lanzan la consigna de "expropiación, mediante ley, de 250 monopolios* . Esta reivindicación, que pone en tela de juicio la idea de la revolución socialista con el método clásico de los soviets, viene acompañada de la convicción de que es posible transtormar el Partido Laborista en un instrumento para el cambio revolucionario al servicio de la clase obrera.

Los partidarios de la tendencia tant" no son educados en el espiritu de que el Partido Laborista será un obstáculo en la via de la revolución socialista, porque la burocracia no dejará nunca el Partido en manos de los que se pronuncian por esta misma revolución socialista, sino todo lo contrario, en el espiritu de un continuo desplazamiento hacia la izquierda en el partido "bajo la presión de los acontecimientos".

Este punto de vista objetivista de la politica proporciona a la práctica política de los partidarios de la tendencia "Militant" un carácter propagandista y sectario, que les lleva a oponerse a una coalición de masas como la "campaña por el desarme nuclear", porque no tiene un programa secialista, o a rechazar la alianza cen las demás tendencias de izquierda que luchan en el seno del Partido Laborista.

La tendencia "Militant" constituye el obstáculo fundamental, después de la oposición de la burocracia laborista, para la construcción de una dirección revolucionaria a la cabeza de las Juventudes Socialistas del Partido Laborista (ISPL). Esta organización ha evolucionado de forma significativa en los ultimos meses, pese a la dirección de ""Militant"' , que ha tratado de frenar en las JSPL el desarrollo de acciones de masas y de movilización de la juventud, retrasando por tanto su expansión, que se mantiene muy por debajo de sus posibilidades reales.

Los partidarios del periódico Revolution, joven publicación que se edita en colaboración con la IV* Internacional en Gran Bretaña, empiezan a presentar una alternativa a la dirección de "'Militant"*, oponiéndose a su politica derechista y desarrollando en particular la agitación en torno a la organización de campañas contra el armamento nuclear y por la retirada de las tropas britá nicas de Irlanda del Norte.

El apoyo a las luchas destinadas a lograr que el Partido Laborista adopte métodos democráticos, y una actitud no sectaria en torno a la organización de las fuerzas más amplias reformas, ha sido indispensable para la actividad de los socialistas revoluciónarios durante estos últimos meses. Para un número creciente de socialistas revolucionarios se ha hecho cada vez más necesario unirse a las filas del Partido Laborista para entrar en contacto directo con estas luchas.

Al mismo tiempo, la lucha contra el gobierno conservador ha implicado la necesidad de batallar en torno a un programa de acción capaz de ganarse el apoyo tanto del Partido Laborista como del movimiento sindical. Presentar este programa, un plan de lucha contra la crisis, es posible sobre la base de la defensa y de la extensión de las conquistas de la izquierda en el seno del Partide Laborista.

Los elementes clave de este programa son la lucha por las 35 horas sin disminución del salario; la nacionalización bajo control obrero de todas las empresas que despiden personal; la contratación preferencial de las mujeres, los jóvenes y los negros, para defenderlos frente a los efectos desiguales de la recesión; el desarme nuclear unilateral y la retirada de la OTAN, sustituyendo el

Gran Bretaña programa de gastos militares por programa de obrás públicas: la defensa de los derectios democráticos: la retirada de las tropas británicas de Irlanda del Norte.

Este programa de lucha de clases es distinto de la "'estrategia económica alternativa" de los reformistas de izquierda. La profundidad de la crisis politica hace que aparezca como aun más urgente la cuestión del gobierno. La victoria en cualquiera de los puntos de este programa implica la necesidad de construir un movimiento para derribar al gobierno conservador. Preparar tal movimiento significa en realidad prepararlo para una huelga general, y plantea la cuestión de saber por qué gobierno hay que sustituir la gobierno conservador. Aunque el punto de partida sea un llamamiento claro y sin ambiguedades a favor del retorno incondicional de los laboristas al gobierno, también es necesario explicar que hay que luchar por evitar que se reproduzcan traicio nes como las de Harold Wilson y de Jim Callaghan.

El combate por comprometer al próximo gobierno laborista en un programa de tipo anticapitalista forma parte, por tanto, de la lucha por la derrota de los conservadores.

Esta lucha por derribar a los conservadores y sustituirlos por un gobierno laborista, que se comprometiera a seguir una politica socialista, constituye la base de la cons trucción de una corriente de lucha de clases en el movimiento obrero británico. Y esta corriente debe constituirse prioritariamente en los sindicatos obreros. Los mineros han demostrado una vez más que, aunque el conjunto de la clase obrera esté dispuesto a luchar contra los conservadores, las cosas se resolverán en los enfrentamientos con los sindicatos obreros

Este ala izquierda, apoyada en los sindicatos obreros, debe construirse tanto en los sindicatos como en el Partido Laborista Actualmente no es posible construir una corriente de lucha de clases consecuente en los sindicatos sin luchar activamente en cl seno del Partido Laborista. Tampoco es posible lograr la victoria contra la burocra cia laborista sin organizarse consciente y sistemáticamente en los sindicatos.

La progresiva eliminación de las amplias ventajas materiales obtenidas por el impe rialismo británico, y que habian asegurado durante muchos años un cierto consenso politico, y habian actuado como un freno para todo cambio revolucionario en Gran Bretaña, constituye ahora un factor esencial de la vida política.

Hoy en día, los revolucionarios tienen la mejor ocasión, desde comienzos de los años setenta, para influîr-en la evolución de la situación en Gran Bretaña.