Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Gran Bretaña: El desastre de la economía británica

· Inprecor n.º 22, junio de 1981 · pp. 6-13 · 5.767 palabras

Gran Bretaña

Steve POTTER

El desastre de la economía británica

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A economía británica entró en la recesión antes que todas las demás /economías de los países capitalistas desarrollados, y será también la última en salir. Esta recesión se inició a comienzos del año 1980 (ver INPRECOR n° 21). El descenso de la producción industrial se aceleró aún más en enero de 1981, y no existe el mínimo indicio de que la recesión haya tocado fondo. Al contrario, el último presupuesto adoptado por el gobierno conservador de Margaret Thatcher comporta la retirada de la economía de 3.500 millones de libras, lo que amenaza con provocar una nueva profundización de la recesión.

Gran Bretaña ha conocido una recesión más importante que la que habían. previsto los conservadores y estimado los patronos. Pero el último presupuesto indica claramente que si la Sra. Thatcher continúa en sus trece, el desastre proseguirá hasta que la clase obrera sea derrotada o la resistencia a esta política desemboque en la caída del gobierno. A juzgar por las quejas de la patronal, con motivo de la votación del presupuesto en el parlamento, parece que estos temen sobre todo esta segunda hipótesis, es decir, el derrumbamiento del gobierno conservador, consecuencia lógica de la política de la Sra. Thatcher. Una recesión que perdura

En 1980, el Producto Nacional Bruto (PNB) descendió en un 3%. Y esta cifra da una idea aún demasiado bonita de la situación. En realidad, la disminución se aceleró durante la última parte del año 1980. Así, en el último trimestre de 1980, el PNB descendió en un 5,5% (media anual).

En comparación con el punto culminante del ciclo económico, esto constituye un descenso del 6,8%. Así, la actual recesión es sin duda mucho más grave que la de 197475, cuando la disminución sólo había sido del 4,8% entre el punto más alto y el punto más bajo del ciclo, es decir, entre el tercer trimestre de 1973 y el tercer trimestre de

Y las cosas no se arreglan, pues la producción industrial sigue disminuyendo. En descendió en un 1,3%. Es el séptimo mes consecutivo en que se registra una disminución de la producción. En comparación con el mismo período del año anterior, el trimestre que va de noviembre de 1980 a enero de 1981, la producción industrial ha descendido en un 11,5%.

Es la caída más importante desde el crac de 1930. Si no se tiene en cuenta la producción de petróleo y de gas natural, la disminución de la producción industrial alcanza entonces el 13,5%. Las cifras relativas a la industria manufacturera señalan un descenso muy importante desde enero de 1980, del 14,4%. Pero la estadística correspondiente a enero de 1980 ya estaba muy influenciada por la huelga de la siderurgia, que tuvo aquella época. En comparación con el trimestre anterior, el descenso de la producción industrial de los meses de noviembre de 1980 a enero de 1981 ha alcanza-

En lo que se refiere a los sectores industriales clave, la situación es aún peor. En el. metal, la caída de la producción se acerca al 20%, mientras que el sector de las máquinas-herramienta desciende en un 17%. En la química y la refinería de petróleo, la

Para tratar de hacernos una idea más disminución, señalar que la industria automovilística sólo produjo, en 1980, 924.000 unidades, frente a las 1.640.000 que produjo en 1970. La producción de acero ha descendido de 28 millones de toneladas en 1970 a 11,2 millo-.

Lo mismo sucede en el sector de la construcción, que es un indice particularmente sensible de la actividad económica en Gran Bretaña. La organización patronal de este sector indica que si se confirma la tendencia en 1981, la construcción conocerá una caída del 25%, en comparación con el nivel de 1970.

La respuesta de la patronal a esta situación ha consistido en aplicar a fondo una

Gran Bretaña existencias. Así, la inversión en la industria manufacturera descendió en un 6% en 1980. Las estadísticas del Ministerio de Industria prevén para 1981 una disminución del 15 al 20% del capital invertido.

En contraste con este cuadro sombrío, se el aparente mantenimiento del nivel de las exportaciones, pese a la firmeza de la libra. El año pasado, el superávit de la balanza de pagos ascendió a dos mil millones y medio de libras. Para los dos primeros meses de 1981, este excedente alcanza los 1.650 millones, es decir, la mitad de lo que se había previsto para el conjunto del año. Pero desde hace varios meses, la Confederación de la Industria Británica (CBI), la organización de la patronal británica, viene señalando que la firmeza de la libra minaría las exportaciones. Durante los dos primeros meses de 1981, el volumen de bienes industriales exportados ha disminuido en alrede-

De hecho, las exportaciones de petróleo y las rentas "invisibles" (bancos, seguros y otros servicios, incluído el reembolso de las contribuciones presupuestarias al Mercado Común Europeo) representa cinco sextas partes de este excedente de la balanza de pagos por cuenta corriente.

En realidad, Gran Bretaña ha sufrido una pérdida catastrófica de competividad que el Banco de Inglaterra, estimaba, en diciembre de 1980, en un 40% por debajo de la de 1975; esta disminución de la capacidad de competencia se expresará inevitablemente en la balanza de pagos, máxime cuando las exportaciones durante este período sólo pudieron desarrollarse porque gran: número de países capitalistas avanzados no habían entrado aún en la recesión, y esto ahora lo ha cambiado.

Otro motivo de satisfacción del gobierno es la disminución de la presión inflacionista en 1980. En febrero de 1980, el índice de precios al por menor se sitúa en un 13% por encima del de febrero de 1980. El año pasado, este índice se situaba en un 20% por encima del de febrero de 1979. Pero esta tendencia positiva está amenazada en el

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Gran Bretaña

En su lucha contra la inflación, el gobierno ha optado por restringir al máximo la expansión de la masa monetaria. La evolución de la masa monetaria es así, para él, el principal índice de la evolución inflacionista. Sin embargo, ha conocido un crecimiento dos veces más rápido de lo proyectado por el gobierno. En abril de 1981, habrá crecido en más del 20%...

Evidentemente, las tienen una gran responsabilidad en el desarrollo de la masa monetaria. En octubre, los préstamos bancarios a la industria sumaban en total 3.600 millones de libras. El desarrollo del crédito, sobre una base media mensual, asciende a aproximadamente 400500 millones de libras al mes, desde entonces. Unos tipos de interés elevados, según el

"monetarista" deberían haber mantenido la masa monetaria en un nivel bastante bajo, pero de hecho han tenido un efecto opuesto: las empresas tenido que mayores para pagar los intereses de los préstamos anteriores.

La gravedad de esta recesión es tan alta, que a la vista del número extraordinario de quiebras, los bancos se ven obligados a mostrarse más flexibles en las aplicaciones de las normas relativas al crédito, para no provocar nuevas oleadas de bancarrotas. Según el Sunday Times, "los bancos tendrán que pagar 400 millones de libras para mantener a flote a la industria británica en 1980"', correspondiendo estas sumas a las "previsiones" que deben hacer los bancos para los créditos dudosos...

Esta situación se ha visto agravada por la fuerte caída de la tasa de beneficio de las empresas industriales y comerciales. Si no se tiene en cuenta a las empresas vinculadas a la industria petrolífera (Mar del Norte), el retroceso en 1980 es por lo menos del 4,5%. Las últimas encuestas sobre la rentabilidad de las empresas que no intervienen en las operaciones del Mar del Norte, indican una disminución del 6,25%.

Este empresas punta, que tienen una alta productividad y están orientadas a la exportación, como el gigante multinacional del sector químico, la Imperial Chemical Industries (ICI) o la Metal Box y la Courtaulas.

ICI no ha anunciado ningún beneficio para los 9 primeros meses de 1980; Metal Box tuvo en 1980 un déficit en todas sus operaciones en Gran Bretaña, y esto por primera vez en toda su historia; Courtaulds sufrió un descenso de sus beneficios de 30 a 3 millones de libras...

Si observamos una empresa como la

Lucas Industries (que produce equipos y accesorios para la industria automovilística y aeronaútica), es decir, una empresa que depende mucho del sector automovilistico, golpeado por la recesión, se constata que en el segundo semestre de 1980 tuvo un déficit de 27 millones de libras, mientras que antes sus beneficios alcanzaban los 12 millones de

La GKN, empresa punta de maquinasherramienta, que también tiene importantes intereses en la siderurgia, tuvo un déficit de 1,2 millones de libras, mientras que sus beneficios alcanzaban antes los 126 millones de libras. El gobierno tuvo que salvar de la quiebra, mediante un préstamo de 200

La la International Computers Limited (ICL), la única gran empresa británica de ordenadores de alta gama. Las pérdidas de esta empresa habían ascendido a 20 millones de libras en último trimestre de 1980.

la patronal ha empezado a criticar al gobierno para que reduzca masivamente el déficit presupuestario mediante drásticos recortes. De este modo se lograría una disminución de los tipos de interés, de acuerdo con las normas de la política monetarista. En abril de 1981, el volumen de los préstamos del Estado alcanzará cerca de 14.000 millones de libras, lo que rebasará ampliamente el objetivo gubernamental, fijado en 8.500 millones de libras. Esta suma equivale al 6% del PNB, es decir, representa la misma proporción que durante la recesión de 197475. Pero los proyectos gubernamentales consistían en reducirla a la mitad, para evitar la rápida aceleración de la inflación, como ya se había producido después de la anterior recesión.

La razón de que el volumen de los préstamos haya crecido desmesuradamente no está en que el equipo gubernamental de Margaret Thatcher vacile en sus proyectos de desmantelar el sistema de seguridad social. En efecto, el pasado mes de noviembre (1980) se decidió una serie de reducciones presupuestarias muy importantes, equivalentes a 1.000 millones de libras. Al mismo tiempo, los gastos militares aumentaron en cerca del 3% y los gastos de los ayuntamientos en el terreno social se habían amputado en un 3%.

El sentido de estas medidas fue claramente descrito por el ministro conservador del medio ambiente, Heseltine, cuando afirmó que prohibiría a los ayuntamientos incurrir en gastos para la construcción de viviendas, y cuando anunció severas represalias contra todas las colectividades locales y ayuntamientos que se excedan del presupuesto.

Los recortes presupuestarios propuestos por los conservadores afectan básicamente a los salarios de los empleados del servicio público, y tratan de desmantelar estos mismos servicios disminuyendo drásticamente las plantillas, mientras que anteriormente las medidas de restricción presupuestaria que habían sido propuestas por los laboristas tenían por objeto fundamentalmente limitar el volumen general de gastos, y afectaban básicamente a los nuevos proyectos de gastos. El gobierno conservador ha hecho algunos avances en este terreno. En 1980, las corporaciones locales redujeron su personal como nunca antes lo habían hecho.

La supresión de 45.000 puestos de trabajo en los servicios públicos, es decir, el 2,2% (si no se tiene en cuenta el desarrollo de las fuerzas de seguridad y de policía), no puede compararse, evidentemente, con la disminución de puestos de trabajo en el sector privado. Para la patronal sigue existiendo un punto negro: la masa salarial en el sector público ha crecido en un 25% en 1980-81, representando 30.000 millones de

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libras. Esto quiere decir que el alza de salarios en el sector público ha sido del doble de la del sector privado.

De ahí se deduce que los planes gubernamentales han chocado de nuevo con la resistencia de la clase obrera. Esto se refleja por ejemplo en el hecho de que los ayuntamientos controlados por el Partido Laborista hayan conocido una fuerte presión por parte de los trabajadores para que se opongan a las medidas del ministro Heseltine. Esta resistencia se ha expresado también en la negativa de los trabajadores del sector público a aceptar el techo del 6% para el aumento de salarios. En el momento en que escribimos, la casi totalidad de los trabajadores de los servicios públicos ha iniciado una lucha para añadir un 7% a este tope del 6%...

Sin embargo, no hay que subestimar el hecho de que si bien esto ha sucedido de forma distinta a la que tenía prevista el gobierno, los recortes presupuestarios en la seguridad social y los servicios públicos se han materializado efectivamente. Para julio de 1981 se están estudiando nuevos proyec-

Los trabajadores manuales del sector público tienen un contrato que sólo prevé un aumento salarial del 7%, aunque hayan desarrollado una lucha muy dura contra los despidos. Si tenemos en cuenta todos estos hechos, ¿cómo se explica entonces el crecimiento del volumen de los préstamos del Estado?

El Economist, semanario de la City de Londres, resume en su estilo sardónico las razones de esta situación: gracias a estos prestamos a la siderurgia, a las minas de carbón, a los ferrocarriles, al sector del automóvil, a la industria de armamentos, el gobierno a efectuado gastos "anticíclicos", con mayor generosidad que ningún otro gobierno desde la Segunda Guerra Mundial, incluídos los gobiernos laboristas.

Pero no son estas razones "anticíclicas"

las que explican los 33.000 millones de gastos. Una de las razones clave de esta situación reside en la fuerza de la clase obrera. Esto es manifiestamente lo que ha sucedido en las minas de carbón, cuando el gobierno tuvo que hacer frente a una extraordinaria resistencia antes de renunciar a sus proyectos de cierre de pozos y de despidos masivos, tras la gran huelga de mineros en febrero de 1980. Esta acción amenazaba con convertirse en polo de atracción para toda la clase obrera, desembocando en una movilización de conjunto que podría haber derribado al gobierno.

situación era menos clara, y el éxito gubernamental contra los trabajadores más importante, una situación análoga se da también en la decisión gubernamental de conceder una ayuda a la British Steel Corporation (BSC) y a la British Leyland (BL).

Hay otras razones que explican también el crecimiento de los préstamos públicos y por tanto de la deuda. Por un lado están los gastos efectuados para mejorar la situación de los parados, y el propio coste del paro en términos de disminución de los ingresos fiscales (alrededor de 1.000 millones de

Evidentemente no hay posibilidad de poder aplicar una política "monetarista" drástica mientras persista en

Gran Bretaña la relación de fuerzas sociales actual. Gran Bretaña no es Chile. La política de la Sra. Margaret Thatcher tenía por objeto fundamental crear un paro masivo, como arma clave para asegurarse la sumi-

Pero el resultado es el siguiente: los conservadores han echado en la balanza todo lo que tenían para poner en vereda a la clase obrera, y sin embargo no han logrado ningún avance decisivo, no han logrado franquear un umbral cualitativo. Al contrario, la persistencia de las presiones contra la clase obrera amenaza con hacerle salir el tiro por la culata... El ejército de reserva industrial

Las últimas estadísticas anuncian que en el mes de marzo de 1981, el paro se situará en 2.484.000 desempleados, es decir, 10,3% de la población activa. La tasa de crecimiento del paro no disminuye, y nada indica que vaya a hacerlo. Como afirma el Guardian: "En abril, a menos que haya un milagro, se rebasará la cifra de 2,5 millones de parados, y lo peor vendrá durante el verano, cuando el mercado del trabajo reciba a todos los escolares y estudiantes que salen de la enseñanza".

Después de muchas consultas con el ministro de Hacienda, la OCDE afirma, en enero de 1981, que este año se sumará otro millón de nuevos parados a las cifras anteriores. A mediados de 1982 se alcanzarán probablemente los tres millones de parados,

Gran Bretaña es decir, oficialmente, el 12% de la población activa. Esta proyección ha venido confirmada por un comunicado del Ministerio de Hacienda Británico, que prevé 3,7 millones de parados a finales de 1983.

Estas estadísticas oficiales subestiman el nivel real de paro. El semanario New Statesman ha señalado que había que añadir a la cifra oficial aproximadamente un millón de parados, para tener una idea más exacta de la situación del empleo... Se trata básicamente de las mujeres paradas que escapan a la estadística. Si se efectúa un cálculo teniendo en cuenta la subestimación del paro femenino, se observará que este equivale al

Los jóvenes se ven duramente golpeados por el paro. En 1980, y hasta enero de 1981, ha habido un aumento del 73% del número de jóvenes parados de menos de 25 años. El secretario de Estado para el Empleo (sic),

James Prior, ha tratado de aprovechar esta situación desastrosa, a la que se enfrentan los jóvenes, para proponer la aplicación de un proyecto de entrenamiento voluntario en el ejército por un período de 6 meses...

El paro de larga duración (los parados que no han vuelto a encontrar ningún trabajo durante más de 1 año) ha aumentado en 1980 en cerca de 100.000. Actualmente afecta a 450.000 personas, lo que implica que los parados de larga duración forman el 20% del total de parados.

En 1980, un trabajador de cada diez perdió su empleo en la industria manufacturera. En la metalurgia fue uno de cada cinco, en el textil uno de cada siete. A finales de 1980, había que añadir al número de parados 501.000 trabajadores que eran víctimas, en la industria manufacturera, de las reducciones de jornada. Esto no impide que las horas extraordinarias continúen alsemanales (contra 15 millones en el año an-

Es evidente que en esta situación los trabajadores han pasado a la defensiva. La progresión de los salarios ha disminuído de trimestre de noviembre 1980-enero 1981, la media del aumento de los salarios base fue del 9% frente al 20% en el mismo período del año anterior. Sin embargo, para los que tienen trabajo, el nivel de vida ha seguido aumentando, aunque muy débilmente.

En 1980, el número de conflictos ascendió a 1.262. Es la cifra más baja desde 1941. Sin embargo, los conservadores han gritado victoria demasiado pronto. El número de jornadas perdidas por causa de las huelgas ascendió a 11.920.000. Evidentemente, esta cifra es considerablemente más baja que la cifra astronómica de 29.474.000, del año anterior. Pero es más alta que la cifra de 1970 ó 1973, bajo el anterior gobierno conservador, y sobrepasa la cifra alcanzada en los 3 primeros años gobierno laborista.

La media, en los diez últimos años, es de 12.870.000. Pero este promedio incluye 3

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Gran Bretaña años excepcionales desde el punto de vista de las luchas: 1972, con la primera huelga de mineros y un comienzo de huelga general por la liberación de los 5 estibadores encarsegún la legislación antisindical adoptada por el gobierno conservador; 1974, con la segunda huelga de mineros, que desembocó en la caída del gabinete de Edward •Heath;y 1979, con aquel "invierno de descontento" contra la política ataque a los salarios del último gobierno laborista de Jim Callaghan, que desembocó también en la caída de este gobierno.

Sin embargo, para tener una idea realista del desarrollo de los conflictos de clase, hay que añadir las jornadas de huelga motivos políticos", , que no se incluyen en la estadística oficial. Habría que incluir los paros observados en el sector aeronáutico los días 3 y 24 de marzo en señal de protesta por la desnacionalización de esta industria; las huelgas de solidaridad con los siderúrgicos del País de Gales, los paros relacionados con la jornada de acción del 14 de mayo, propuesta por el TUC (Trade Union simplemente los dos millones de jornadas de trabajo perdidas como consecuencia de estas diversas iniciativas, veremos que la cifra anual rebasa la media de los 10 últimos años.

Evidentemente, sería estúpido no tener en cuenta la mayor vacilación que puede existir entre los trabajadores comprometerse en una lucha. Esto se refleja en el descenso bastante sensible del número de huelgas, y en la disminución del número total de trabajadores que participan en las luchas (con excepción de la jornada de acción del TUC). De hecho, las seis principales huelgas representan 9,5 millones de jornadas perdidas. Entre estas, las trece semanas de la huelga de los metalúrgicos alcanza los 8,8 millones, es decir, el 74% del

En la situación actual, la relación de fuerzas entre las clases quedó puesta en evidencia durante la última huelga de los mine-

El gobierno no tardó mucho en concluir que a causa de la determinación de los mineros podía verse paralizada toda la industria británica. Los trabajadores de los puertos, los ferroviarios y los metalúrgicos habían anunciado ya su solidaridad con la lucha de los mineros. También era evidente que los piquetes de huelga organizados por los mineros no podían ser disueltos, si bien transgredían totalmente la nueva ley anti- huelga del gobierno conservador. Los mineros manifestaron claramente Su intención de enviar piquetes móviles para impedir los transportes del carbón almacenado y para bloquear el acceso a las centrales térmicas u otros usuarios importantes.

El miedo del gobierno a los mineros ya era manifiesto cuando concedió un aumento salarial del 13% y cuando se tomaron medidas idénticas, por parte del gobierno, ante sectores obreros fuertemente estructurados y organizados, como los trabajadores portuarios, que obligaron a los patronos o retroceder en sus proyectos de despido ma-

En estas ocasiones se ha observado claramente el papel de los aparatos burocráticos sindicales. En efecto, se ha observado que este gobierno podía ser derrotado y que los trabajadores tenían la voluntad de hacerle frente. Se ha visto que sólo el sabotaje abierto y patente por parte de la burocracia permitía que los patronos impusieran su vo-

Esto ya se había constatado en la huelga de la siderurgia, el año anterior. En efecto, cuando después de 13 semanas de lucha aparecía en el horizonte la conquista total de las reivindicaciones, se llegó a un acuerdo que preveía unos aumentos salariales del 16%, lo que aún así estaba por encima de la "oferta final" de los patronos que al comienzo era del 2,2%.

La burocracia se mostró particularmente activa en la fragmentación de la lucha y en la creación de una barrera entre la lucha por la mejora de los salarios y la lucha por la defensa del puesto de trabajo. Al cabo de trece semanas, y con el sentimiento de haberse visto traicionados, los trabajadores de la siderurgia se mostraron incapaces de impedir que la burocracia aceptara la eliminación de 50.000 puestos de trabajo.

A este respecto, la situación de la British Leyland aún es más elocuente. En tres ocasiones, y frente a tres ataques de la patronal, los trabajadores se han pronunciado por acciones de huelga o han emprendido acciones no oficiales. Pero cada vez fueron los burócratas los que sabotearon la lucha. La última vez fue quizás la más típica. Los trabajadores habían votado el rechazo de la propuesta del 8,2% de aumento salarial. Entonces, los burócratas simplemente se negaron a actuar y continuaron proponiendo el proyecto de acuerdo a los trabajadores, hasta que obtuvieron, a la larga, una

En la Ford y otras empresas se ha desarrollado una situación casi idéntica.

Así, las cosas están claras; los patronos utilizan a la burocracia sindical al máximo posible. Si esto fracasa, tratan de llegar a un compromiso con los trabajadores para evitar un enfrentamiento real. Esto es lo que explica que los mineros o los trabajadores del agua, del gas y de la electricidad hayan obtenido finalmente unos aumentos salariales del 13%.

Pero para los conservadores el problema estriba en que habían decidido rechazar una política que reposara directamente en la acción de la burocracia sindical para hacerles el trabajo sucio. El paro y un debilitamiento decisivo de la clase obrera en las • propias empresas debía permitir obtener, según ellos, los mismos resultados. Sin embargo, y aún con 2,5 millones de parados, el grado de organización de los trabajadores en las empresas sigue intacto (ver el cuadro), aunque algunos sindicatos

Pero el último congreso del TUC registró un nuevo aumento global del número de afiliados. Hay que subrayar que en último período, cuando hubo un crecimiento fuerte del paro, como en 1971-72, esto se había reflejado inmediatamente en un descenso del número de afiliados. Actualmente esto no sucede, a pesar de que el paro es mucho más importante.

Evidentemente, aún así hay cambios a. nivel de empresa. En la British Leyland se sufrió una derrota notable con la represión contra uno de los principales dirigentes, Derek Robinson, y otros shop stewards (delegados de taller). Pero este ejemplo no se ha seguido en otras empresas.

En las empresas se registra una aceleración de la rotación en el cargo de shop steward, y se constata la aparición de una nueva capa de dirigentes obreros, que sin embargo aún no han hecho su prueba de fuego. Incluso en las empresas donde ha habido pocos cambios de personal, constata que los comités de shop stewards conocen una inestabilidad y cambios en su composición política. A veces con desplazamientos bastante rápidos a la izquierda.

Pero el indicio más claro del carácter de la situación que prevalece en el seno de la clase obrera es el desplazamiento a izquierda en el Partido Laborista. En 1980 entraron 80.000 personas en las filas del Partido Laborista. Las adhesiones a las secciones locales del Partido Laborista, sindicatos locales, han aumentado. Son los mineros de Yorkshire los que abrieron camino bajo la dirección de Arthur Scargill, que es uno de los dirigentes de la izquierda

Las crecientes presiones sobre la burocracia sindical se manifestaron en la última conferencia del Partido Laborista

Wembley, cuando las oscilaciones de la burocracia sindical permitieron que la izquierda lograra una victoria que les permite a los sindicatos ejercer a partir de ahora un peso decisivo en la elección de los dirigentes del Partido Laborista, es decir, en la designación del futuro primer ministro laborista.

La evolución de la situación en el Partido

Laborista constituye un intento, impulsado por una nueva capa de dirigentes obreros, de resolver las cuestiones candentes á se enfrenta la clase obrera en su conjunto, y que no pueden encontrar ninguna respuesta a nivel sectorial o local. Los progresos de la izquierda combativa y la adopción por el

Partido Laborista de un programa alternativo de izquierda frente a la política de los conservadores, es un elemento que pesa mucho en el tipo de respuesta que los Tories

(conservadores) dan a la resistencia obrera.

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Este es uno de los factores que explican la capitulación frente los también un elemento importante influye en el juicio que hará la burguesía de la política de Margaret Thatcher. El descontento de la patronal

En lo que se refiere a la productividad, la situación no está clara. A finales de 1980, el banco de Inglaterra afirmaba que parece que los resultados en lo que se refiere a la productividad, hayan distintos, durante el año pasado, que los que conocimos en la primera mitad de los años setenta".

importancia del trabajo a jornada parcial (500.000 personas en la industria manufacturera), sería erróneo sacar conclusiones prematuras sobre estas cifras. No cabe duda que se han registrado importantes avances en la productividad. Esto es absolutamente cierto en lo que se refiere a British Steel, British Leyland, Ford y otras nivel, se muestran satisfechos, aunque el carácter duradero de estos avances no pueda demostrarse más que después del relanzamiento económico. A este respecto, British puede mostrarse demasiado optimista.

El problema que se les plantea realmente a los patronos, especialmente a los sectores dinámicos, orientados hacia la exportación, reside en el marco establecido por la estrategia económica gubernamental.

Todo el mundo era consciente de los promineros. Es que

N° de

Año sindicatos

1969

565

1970

543

1971

525

1972

507

"по

1973

519

1974

507 sido muy

1975

501

1975*

470

1976

473

1977

481

1978

462

1979

454

*Nueva base estadística, aplicada a partir de

1975.

blemas que se posición de la libra, que ya tiene el estatuto de divisa petrolera. Pero esta posición se ha visto reforzada aún más por el alto nivel de los tipos de interés. Así, se han producido importantes movimientos de tipo especulativo en dirección a Londres. Esto ha comportado un aumento del 40% de los costes salariales relativos.

• El grupo de economistas ITEM plantea el problema en los siguientes términos: "La pérdida de competividad en 1980 ha sido tan amplia que ha rebasado la capacidad de

Variación del n° de afiliados sindicales

N° afiliados

Variación obrera,

10.479.000

+ 2,7%

11.187.000

+ 6,8%

11.135.000

-0,5%

11.359.000

+ 2,0% título de ensayo.

+ 0,9%

11.456.000

11.764.000

+ 2,7%

12.193.000

+ 3,6%

12.026.000

12.386.000

+ 3,0%

12.846.000

+ 3,7%

13.112.000

+ 2,1%

13.498.000

+ 2,9% corto plazo.

Margaret derivarían de la fuerte cuencias tronos y cambio de la libra.

Quieren reclaman para

Gran Bretaña la industria para hacerle frente mediante avances en la productividad y reducciones de salarios". En otras palabras, los inteeses a corto y medio plazo de la patronal entran en contradicción con las consecuencias inesperadas de los planes a largo plazo de la

Sra. Thatcher. Su proyecto de poner fin a

60 años de declive del capitalismo británico, inflingiendo una derrota decisiva a la clase era compartido por la patronal. Pero ni siquiera un paro de 2,5 millones de personas ha permitido lograr la victoria en una serie de pruebas de fuerza, a

La Sra. Margaret Thatcher ha mostrado que era débil, y la serie de concesiones parciales que ha tenido que hacer han tenido consecuencias molestas para la gran patronal. Puesto que compartían los mismos objetivos, los patronos han acogido muy bien la recesión y el paro masivo. Incluso estaban dispuestos a hacer sacrificios a

Ahora, cuando la Thatcher parece fracasar, empiezan a perder su sangre fría.

Si 2,5 millones de parados no permiten alcanzar el objetivo, ¿quién sabe cuántos harán falta? ¿Quién sabe cuáles van a ser las reacciones de ello en la clase obrera? ¿Quién puede decir cuáles serán las consede semejante crisis en fundamentos industriales de Gran Bretaña?

Este es el contexto en el que el ministro de Hacienda, Geoffrey Howe, ha preparado el presupuesto presentado en el mes de marzo. Durante algunos meses han surgido toda una serie de críticas, procedentes de los pasuS representantes. Terence Beckett, el dirigente de la CBI (Confederation of British Industry), ha subrayado la necesidad de un enfrentamiento abierto con el gobierno para obligar a la Sra. Thatcher a cambiar de orientación...

Un comité interpartidos de parlamentarios, donde hay una mayoría de diputados conservadores, ha elaborado dos informes que ponen en duda las bases de la estrategia a medio plazo del gobierno. Los industriales quieren un presupuesto que señale un auténtico cambio de orientación; la CBI exige una política de relanzamiento basada en una ayuda a la industria privada para que pueda salir de la recesión, una política de redución de los tipos de interés y del exenciones fiscales, que les permitan a las empresas embolsarse 1.900 millones de libras. Todos los comentaristas una nueva "estrategia industrial". La CBI ha elaborado su propio plan relanzar la economía británica. Finalmente, los patronos desean modificar la distribución de los gastos públicos en beneficio de la financiación de los nuevos proyectos de inversión, ya que estos han

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Gran Bretaña descendido en un 40% desde 1970. Un presupuesto "puñetazo"

presupuesto presentado gobierno ha caído como una Sustrae 4.500 millones de libras del circuito económico (si se incluyen los 1.000 millones congelados desde el pasado mes de noviembre), a través de una serie de medidas fiscales directas o indirectas, pero que afectan sobre todo a la clase obrera. Este presupuesto comportará un aumento del 2% de la tasa de inflación.

EI TUC estima que habrá de aumentar en 4 ó 5 libras las reivindicaciones salariales para compensar estas medidas presupuestarias. Pero los imperativos presupuestarios hacen imposible la satisfacción de las reivindicaciones patronales. Sólo se han hecho algunas concesiones menores, representan menos de 860 millones de libras en todo el año. Sir Raymond Pennock, presidente de la CBI, ha calificado este presupuesto de "puñetazo en la cara"

El presupuesto ha sido bien recibido por la City, el mundo bancario. La Bolsa ha reaccionado muy bien tras el anuncio de este presupuesto.

Sería un error, sin embargo, pensar que están naciendo divergencias fundamentales dos sectores de la burguesía, mismo modo que sería falso pensar que la el por bomba.

que.

evidentemente demás del res, habría sido interpretado, dadas consecuencias

Sra.

Thatcher y empleo.

revelar claramente su intransigencia.

con un desastre puesto y no habían sido consultados.

el seno de la burguesia:

mayor crudeza: antiguo de una británica últimos meses, criSIS. Sra. Margaret Thatcher favorece a la City frente a la industria. Un cambio de orientación según los deseos de la CBI, que por lo favorable proseguir los ataques contra los trabajadosus inflacionistas, como un debilitamiento de la propia posición de la habría podido ser considerado como un cambio de la prioridad dada a la lucha contra la inflación, a favor de la lucha por la salvaguardia del

Ésto también podría haber dado la idea de que la clase obrera podría obtener concesiones. Y fue inmediatamente antes de la ros. Su preocupación principal estriba así

La impopularidad del presupuesto en la clase obrera amenaza a los conservadores desilusión de la clase dominante alrededor

Thatcher, la dejando aislada. Las principales personalidades de su gabinete, exceptuando el pequeño círculo de sus íntimos, han hecho saber que no estaban de acuerdo con este presu-

Se observa una creciente presión para obligar a la Sra. Thatcher a cambiar el curso de su política o que sea sustituída. El

Sunday Times resume asi este consenso en continúa, el electorado tomará la revancha y tendrá razón". El Observer habla aún con

"Hay que convencer a la Sra. Thatcher de que cambie de política, o sustituirla". Peter Walker, un viejo león de los gabinetes ministeriales y que es un partidario Heath, ha emprendido una campaña pública a favor

"nueva estrategia industrial para impedir el asesinato de la industria". Se ha expresado a favor de una política de reducción del paro.

El dilema a que se enfrenta la burguesía no será fácil de resolver. Continuar la política de Thatcher u operar un viraje de 180° son opciones igualmente peligrosas. 1981 ha abierto un nuevo período para las luchas obreras, con gran número de ocupaciones, durante los frente a las medidas de despido (y con algunas victorias).

En combinación con los últimos acontecimientos que se desarrollan en el seno del Partido Laborista, estas luchas anuncian que la burguesía no podrá obtener fácilmente la victoria que esperaba lograr en la

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Gran Bretaña