Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Estado español: La "democracia vigilada" y las tareas de los revolucionarios

· Inprecor n.º 21, mayo de 1981 · pp. 29-32 · 3.417 palabras

Resolución del Comité Central de la LCR

La "democracia vigilada" y las tareas de los revolucionarios

S Vi° Congreso sobre la especificida I bien el análisis que hicimos en e del régimen nos ha servido para comprender el margen de autonomía que podía utilizar el sector reaccionario dominante en el aparato de Estado heredado del franquismo, a posteriori debemos constatar que esa autonomía ha sido mayor de lo que se podía prever. ¿Por qué la intentona golpista?

La intentona golpista se ha producido con unos antecedentes inmediatos (dimisión de Suárez, muertes de Ryan y Arregui, derrota de Calvo Sotelo en la primera vuelta) que han profundizado los factores de crisis política y social: primeramente ese peso del sector reaccionario en el aparato de Estado ha sido utilizado a fondo para presentar un proyecto político propio (una vez más, gracias a la tolerancia mostrada a lo largo de la transición, como precio del consenso); en segundo lugar, la crisis de dirección política burguesa se ha agravado enormemente ante la incapacidad de UCD para ser representante político de la mayoría de la burguesía y dar pasos adelante en la solución de la crisis económica y la cuestión nacional, además de la dificultad para controlar el aparato de Estado; en tercer lugar, la desmovilización de los trabajadores, que ha llegado hasta tal punto que no creaba preocupación mayor en los golpistas sobre cuál sería la respuesta de masas frente a su proyecto. A esto habría que añadir la confianganarse una base social de apoyo, limitada pero muy activa, y la esperanza de que la "era Reagan" creara al menos divisiones en el imperialismo sobre su apoyo o no a un golpe triunfante.

A partir de este contexto se produce una confluencia de sectores de la jerarquía militar de cara a aplicar el golpe aprovechando un "vacio de poder" para convencer al Rey de una solución extra-parlamentaria: ahí sí se puede decir que el ala Milans-Tejero trataba de imponer una alternativa de dictadura pura y simple, mientras que Armada pretendía capitalizarla en una línea de "golpe a

En todo caso, y más allá de las especulaciones, lo que es evidente es que el golpe ha sido frenado sobre la base de un pacto político que asume parte de los objetivos (o la orientación) de los golpistas sobre todo en lo referente a la restricción de las libertades; pacto en el que ha jugado un papel protagonista el Rey. Este, después de una pausa en la que valoró la relación de fuerzas, obró finalmente como intérprete de los intereses de la mayoría de la burguesía: tanto el capital financiero como el industrial no consideran necesario un golpe militar; tampoco la mayoría de la burguesía europea parece, hoy por hoy, favorable a esa opción en un país cuya estructura de clases y consecuencias en otros países europeos (Portugal!) son muy diferentes de Turquía, lo que no quiere decir que no estén por regimenes políticos fuertes, gobernados por una gran derecha.

La actividad aventurera de ETA ha incidido en esa coyuntura como un factor que ha servido de coartada para acelerar los propósitos de los golpistas, pero sería un error pensar que es la razón fundamental, como pretenden hacer creer el gobierno y los reformistas.

Pero lo más grave ha sido el hecho mismo de que el golpe haya sido frenado por un pacto hegemonizado por el Rey y no por la respuesta popular de masas. La actitud suicida de las direcciones de PSOE, PCE, CCOO y UGT (salvo excepciones en algunas nacionalidades y localidades) no llamando a la HG y confiando en las instituciones ha impedido una movilización generalizada. La debilidad de la izquierda revolucionaria y los efectos del retroceso del movimiento obrero explican el carácter localizado de las acciones de paro y protesta realizadas al día siguiente del golpe. Y hay que decir que esto na sido particularmente trágico en el País Valencià por encontrarse precisamente en situación de estado de ex-

Es verdad que las manifestaciones del día 27 fueron una demostración, aunque tardía, de la voluntad de lucha que había en millones de trabajadores contra el fascismo y la reacción; pero también lo es que en ellas se expresaron todas las ilusiones en las instituciones del Estado que aparecían como vencedoras de los golpistas.

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La situación actual y las perspectivas

El 23-F abre una nueva etapa en el Estado español, caracterizada por una crisis abierta del tipo de régimen consolidado a lo largo de la transición, y por el protagonismo creciente del Ejército y el Rey. El resultado político inmediato ha sido el de un corrimiento general de la situación más a la derecha.

En primer lugar, dentro del propio régimen y en la burguesía en general. En el VI° Congreso destacábamos el papel del Rey como árbitro y formalizador del compromiso entre el viejo aparato de Estado, por un lado, y la burguesía, la izquierda reformista y las nuevas instituciones democrático-burguesas, por otro. Ahora mismo, se puede decir que ése papel de arbitro es cuestionado por un sector del Ejército mientras que se ha visto reforzado en el otro campo. Esto es lo que está creando un desequilibrio interno y exigiendo una remodelación del régimen mediante nuevos compromisos entre esos sectores reaccionarios

Todo esto supone abrir paso a una "reforma de la reforma' o a lo que se está dando en llamar una "democracia vigilada", destinada a satisfacer una parte importante de los objetivos y a reconstruir la dirección política de la burguesía, tratando de disciplinar internamente a sus distintas fracciones. El "pacto de la Zarzuela" ha sido la expresión del proceso abierto hacia un nuevo compromiso que

En estas condiciones, la crisis económica y social actúa como un factor de agravamiento de las contradicciones interburguesas. Ls perspectivas no son nada halagüeñas: 1980 ha sido un año de recesión tan profundo como el bienio 74-75; en el 80 se han perdido 442.000 puestos de trabajo y el paro ha aumentado en 385.000; en el 81 se espera medio millón más de parados, lo que se traducirá en un riesgo de quiebra para muchos capitalistas y una tensión social más aguda. La inflación puede dispararse, máxime con un año agrícola muy malo, que obligará a la elevación de los precios de los alimentos. El déficit de la balanza de pagos puede elevarse por encima de los 6.000 millones de dólares... Estos son algunos de los datos que, unidos a la inestabilidad política, obligarán a una reorientación de la política de austeridad de la burguesía y a diferentes tácticas en relación a las opciones políticas que pueden aparecer en el futuro. El resultado inmediato, de todas maneras, es ya el de intentar acelerar los ritmos de integración a la CEE, lo cual no ha dado sin embargo frutos muy positivos más allá de promesas y de los préstamos logrados en la Banca Europea de Inversiones.

A la hora de las hipótesis sobre la evolución de la situación, es claro que hay dos

Resolución del Comité Central de la LCR fundamentales. Una, la que actualmente propugna la mayoría de la burguesía: que el gobierno de Calvo Sotelo abra el puente hacia una gran derecha centralista que frene la dinámica de autonomización de las FAS a cambio de satisfacer muchos de sus objetivos políticos; otra, la de los sectores golpistas de las FAS que, pese a no haber triunfado, se ven estimulados por las mismas concesiones del gobierno y por la tolerancia respecto a los cómplices del golpe frustrado y cuyo objetivo inmediato es el de ganar base social y atraer al menos a un sector del gran capital y del imperialismo.

No es probable un nuevo golpe a corto plazo. Antes de agotar las posibilidades del régimen actual, no parece que pudiera realizarse con una unidad suficiente en las filas del Ejército; aunque es evidente que factores como la actividad de ETA si pueden actuar como pretexto para pasar a aplicarse

Habría que hablar, de todas formas, de qué tipo de golpe sería más viable. El golpe "duro", a la boliviana, es decir, el que podría ser reeditado por sectores afines a Milans-Tejero, es el menos credible ante un sector, incluso el retardatario, de la burguesía, por el precio político y económico que supondría; pero el grado de autonomía de que siguen gozando quienes podrían protagonizarlo y sus posibilidades de ganar apoyo en capas de la pequeña burguesía fuera de las nacionalidades históricas, temas como "unidad de la patria" y "contra el terrorismo", obligan a estar también alerta frente a ese peligro.

Por otra parte, estaría el golpe "blando", o "a la turca". ', el que se intentaria aplicar apoyándose incluso en las funciones que la Constitución otorga al Ejército y en la no oposición al mismo por parte del Rey. Es esta alternativa la que podría ganar audiencia en el futuro, en caso de que la solución a la crisis de dirección burguesa no avanzara. Un golpe semejante podría ganar el apoyo de un sector significativo del capital financiero y el industrial. Sería una fórmula de "gobierno de gestión" fuera del control parlamentario, adoptando medidas como intervención militar abierta en Euskadi, reforma de la Constitución, represión selectiva contra la izquierda y política de austeridad mayor. El problema, lógicamente, es que una cosa son las intenciones y otra la dinámica real que abriría: su transformación en dictadura no sería difícil, dado el peso que en el aparato de Estado tendría un ala "dura"' y la resistencia que podrían oponer sectores del movimiento

En resumen, no hay que descartar la hipótesis de nuevo golpe, pero lo más importante es situar nuestro análisis en como la burguesía va a jugar a fondo sobre su margen de maniobra para hacer por métodos que permitan un mínimo consenso social una parte creciente de las exigencias de la jerarquía militar. En un primer momento, esta tarea se plantea a través del gobierno Calvo Sotelo. En la medida que éste entrara en crisis, puede barajar otras cartas, como'la de un gobierno con entrada o colaboración más directa de AP y PSOE; o, simplemente, la convocatoria de unas elecciones con garantías de victoria para la derecha centralista; 0, en fin, la búsqueda de formas de participación más directa de la jerarquía militar en las decisiones del Ejecutivo...

En todo caso, frente al "alarmismo" creemos que lo fundamental es denunciar el proceso que se abre hacia la "democracia vigilada" y la diferencia menor que cada vez habrá entre ella y la amenaza real de otro golpe de Estado. La colaboración de la izquierda reformista en esos proyectos :aparece así como una política suicida.

El gobierno Calvo Sotelo ha empezado ya a actuar en ese sentido: el proyecto de ley de defensa de la Constitución, el de "armonización de las autonomías", , la anunciada reforma de la ley electoral, las medidas de excepción en Euskadi, son ya los ejemplos más sintomáticos de una política destinada a dar nuevos pasos atrás en el proceso autonómico, a restringir las libertades, a atacar a fondo a la izquierda nacionalista y revolucionaria y a disciplinar las filas de las fracciones vasca y catalana de la propia burgue-

Al mismo tiempo, ese gobierno va a combinar esa política más agresiva con la "concertación" con PSOE-PCE y los sindicatos sobre el tema "autonómico" y el paro, principalmente. Pero será sobre este último tema donde sus posibilidades siguen siendo limitadas, a pesar de la voluntad conciliadora de los dirigentes de CCOO y UGT.

La presión hacia la derecha en la burguesía va a estimular a AP y al sector democristiano de UCD hacia una política de colaboración cada vez más estrecha, mientras que por otro lado creará nuevas contradicciones en PNV y CiU. En la medida que la base de masas de estos partidos procede de la satisfacción, aunque sea parcial y deformada, de las aspiraciones nacionales de capas de la pequeña burguesía e incluso de la clase

La verse obligados a un equilibrio cada vez más difícil que, en el caso de Euskadi, puede llevar en los próximos meses a tensiones internas muy fuertes. Es ahí donde al poder central va a ser más duro, consciente de que tiene que forzar, apoyándose además en el PSOE, a que el PNV entre en posición subordinada dentro de la recomposición de la dirección burgue-

Ni que decir tiene que la extrema derecha va a iniciar una nueva escalada a la búsqueda de una mayor base social y en apoyo descarado a los "héroes del 23-F". El papel de sus organizaciones juveniles, de mujeres, de su prensa, y la agitación en el interior del Ejército, irá aumentando a medida que se acerquen los juicios a los golpistas, anunciados en principio para el próximo mes de junio.

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Por último, no hay que olvidar que las elecciones gallegas siguen previstas para antes de septiembre y pueden ser un "test" de los resultados de la nueva situación en una nacionalidad que hasta ahora ha mantenido un elevado grado de abstención ante los procesos electorales. La izquierda y el movimiento obrero y popular

La reacción del PSOE durante y después del 23-F ha sido la de ofrecerse lealmente a gestionar junto a UCD y el Rey la crisis del régimen. Dejando de lado las consecuencias dramáticas a las que les conducen sus ilusiones en ganar a sectores del Ejército para su proyecto de gobierno de coalición, su papel se está centrando en convencer a la burguesía europea para acelerar la entrada en la

La gran debilidad de este partido sigue.

su escasa base apoyo organizada como fuerza política. Su política electoralista y parlamentarista le ha convertido en un equipo de notables más que en un organismo vivo semejante a lo que pueden ser la socialdemocracia alemana o el laborismo inglés. A superar este defecto va dirigida la preocupación actual de la Ejecutiva, pero es evidente que llega demasiado tarde para conseguirlo con éxito. Es en este tema de diferenciación donde sigue habiendo unidad dentro de la "Izquierda

, pese a que conoce una práctica descomposición después de pasar a apoyar mayoritariamente la propuesta de un gobierno de coalición.

En el caso del PCE, no cabe duda que en un primer momento Carrillo se ha sentido reforzado en su política después del 23-F: del discurso anticomunista de Calvo-Sotelo antes de la investidura a su disposición a apoyarse en el PCE y en CCOO para "normalizar" al movimiento obrero, hay una diimportante; lógicamente, "concertación" va a durar poco tiempo, pero el suficiente para que Carrillo trate de demostrar su voluntad de corresponsabilizarse de la política que quieren aplicar el Rey y la UCD. Por eso, pretende un cierre de filas interno sobre esta política y, lo que es más grave, intenta hacerlo con métodos burocráticos más duros. Esto hace prever que, pese al contexto más desmovilizador en que nos encontramos, van a seguir actuando los factores de contradicción que existian antes del 23-F: la cuestión nacional (y la actitud ante temas como la ilegalización de HB o "Egin"), la democratización interna y la relación entre la política de pactos y la movilización de masas, crearán tensiones, incluso más graves, no sólo con el PSUC o con sectores críticos minoritarios en otras nacionalidades o regiones, sino también con alas de la burocracia.

En CCOO esta orientación del PCE se

Resolución del Comité Central de la LCR está manifestando de manera menos visible, pero puede provocar también diferenciaciones en función de cómo evolucionen las negociaciones con el gobierno y de las presiones de sectores de base para responder a cuestiones tan centrales como la de la lucha contra el paro.

En cuanto a los nacionalistas radicales, ya hemos valorado en Combate la crisis de estrategia que se ha abierto en su interior después del 23-F. La imposibilidad de definir una orientación en el marco limitado de cada nacionalidad ha llevado a una parte importante de esa corriente (sobre todo en Euskadi) a cometer errores sectarios e izquierdistas que pueden ver estrechado su marco de influencia a pesar de que la política centralista les siga dando base suficiente para de-

Pero lo más importante es comprender la de las distintas corrientes de izquierda en el marco de la situación actual del movimiento de masas. La indignación frente al intento golpista no se ha transfor-

Men una movilización| activa, que continúa siendo frenada por la política del "miedo" que practica la izquierda refor-

La división y la desmoralización son hoy mayores, y el problema central está en ir creando confianza en el movimiento obrero en sus propias filas.

Pero no hay que olvidar que junto al giro a la derecha de una parte importante del movimiento coexisten una politización, una reflexión y una radicalización en las bases mismas de los grandes partidos y sindicatos, en torno a cómo hacer frente a la crisis económica y al chantaje golpista. Lo importante es valorar las posibilidades de recomposición de ese movimiento a partir de las batallas políticas y sociales parciales que pueden darse en los próximos meses y del reflejo defensivo y unitario que pueden crear en sectores crecientes de la clase

Ello no significa negar un dato fundamental: la falta de respuesta de masas el 23-F y después por parte de la clase obrera expresa un retroceso en su nivel de conciencia y una mayor pérdida de su protagonismo en el conjunto de la sociedad. Esta situación va a facilitar la ofensiva de la burguesía en todos los terrenos y la demagogia fascista entre capas importantes de la pequeña burguesía y en los parados. La orientación de la LCR

Profundizar en el análisis del régimen, en las particularidades del Ejército, insistir en la combinación de las tareas de acción de masas con las de educación de masas, son tareas más necesarias que antes. Pero, sobre todo, la situación del movimiento y las amenazas golpistas exigen destacar las tareas elementales de organización de la resistencia y de defensa de las libertades, no subestimando ninguna batalla parcial; las dificultades de nuestra táctica de Frente Unico Obrero van a ser mayores, cuenta los intentos de aislamiento de los revolucionarios por parte de las direcciones de PSOE-PCE y la crisis del nacionalismo radical; en fin, la concepción del partido de los revolucionarios debe traducirse en propuestas concretas en cada nacionalidad y región a colectivos revolucionarios, partiendo de la urgencia en dar pasos en su construcción y de la reactivación de un sector de la izquierda, evitando así que sea desperdiciado el potencial revolucionario que éste encierra y respondiendo a su preocupación por organizarse.

Nuestra actividad debe basarse en la Unidad y la Movilización contra la derecha y la reacción, buscando responder a las preocupaciones del movimiento: cómo evitar la desmoralización y la repetición del golpe, cómg defender las libertades y luchar contra la opresión nacional, cómo combatir

A la hora de la táctica, como deciamos antes, tenemos que buscar los medios para evitar caer en errores sectarios o en una intervención exterior al movimento de masas. Las situaciones y relaciones de fuerzas son diferentes en cada nacionalidad o región, por lo que no es posible dar una tactica homogénea. Nuestra capacidad de iniciativa y de propuestas como partido debe reforzarse, de cara a lograr alianzas con MC y sectores del nacionalismo radical, por un lado, y para apoyar el trabajo corriente de las organizaciones de masas, por otro. Será ese doble tipo de trabajo el que nos ayudará a repercutir nuestra línea de FUO en el grueso del movimiento obre-

La orientación de Unidad y Movilización debe servir para explicar mejor sobre qué debe basarse. Nosotros pretendemos Frente Unico de sindicatos y partidos de izquierda para luchar contra el gobierno de la derecha y las amenazas golpistas. Ese frente puede estar abierto a la alianza táctica en torno a objetivos concretos con otras fuerzas no obreras; concretamente, en el momento actual, con fuerzas nacionalistas. burguesas que coincidan en el rechazo de medidas de excepción para Euskadi o del

"frenazo autonómico"'. diferencia con los reformistas está en que nosotros la planteamos sobre la base de la unidad en la acción y sin ocultar los objetivos propios del movimiento obrero, y en que, además, aquéllos tratan de justificar las amenazas golpistas para apoyar gobierno de la derecha y al régimen, que toleran y encubren a los sectorés reaccionarios del aparato de Estado. En suma, unidad e independencia de clase del movimiento obrero siguen siendo los mejores instrumentos para crear contradicciones en la burguesía e impedir que se instaure un régimen de "democracia vigilada" que no sería más que la antesala de una nueva dictadura. •

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