República Popular China DESDE la victoria de la Revolución china en 1949, las distintas fracciones y alianzas de fracciones que se han venido sucediendo a la cabeza del Partido Comunista Chino (PCC) y del gobierno, se han visto confrontadas con una serie de problemas estratégicos que se derivan del estado atrasado del país. Estas opciones clave afectan en particular a:
•la manera de alimentar a la población, que crece todos los años por lo menos en 10 millones, si no son 15 millones de habitantes, y esto cuando la agricultura tradicional ya era una de las más productivas del mundo, y cuando una modernización radical de la producción agraria ocupa demasiado tiempo como para poder resolver este problema a corto plazo;
•la manera de reducir, y de reabsorver después gradualmente, el enorme subempleo en el campo y el no menos enorme paro urbano, provocado por el movimiento demográfico y por un éxodo rural inevitable a largo plazo;
•la distribución de la renta nacional entre fondos para el consumo y fondos de acumulación, y del fondo de acumulación entre la agricultura, la industria pesada y la industria ligera, así como las incidencias de las proporciones establecidas en la solución de los dos primeros problemas cruciales;
•las técnicas de planificación y de gestión, y sus incidencias tanto en la tasa de crecimiento, la tasa de satisfacción de las necesidades alimenticias y el grado de igualdad (o de desigualdad) social, el grado de tensiones sociales, con acciones reciprocas de estas incidencias en el funcionamiento de la planificación, en la tasa de crecimiento etc.;
•el ritmo y las formas de industrializa-ción y modernización del país, que están indisolublemente ligadas, pese a todas las mistificaciones idealistas que proclamen lo contrario. Esta modernización es indispensable, no sólo con fines de defensa nacional, sino también para satisfacer las necesidades más elementales de la población, tales como la alfabetización, la garantía de un mínimo de asistencia médica para todos y todas, la elevación general del nivel cultural etc.
•la opción entre distintas relaciones con el měrcado mundial, que se articulen de la forma más coherente con las opciones precedentes (entre los dos extremos de la autarquía casi total, por un lado, y la inte-
La crisis gración total en este mercado, por otro, que
significaría la determinación de las formas de desarrollo por la lógica del beneficio capitalista y de los sobrebeneficios imperiaeconómica china listas).
En esquema, y simplificando de forma excesiva, podríamos resumir estas opciones del modo siguiente: "grosso modo", el Ernest Mandel. campesino chino produce una tonelada de cereales por año de trabajo. ¿Qué parte de esta tonelada de arroz o de trigo se destina a su propio consumo, que oscila actualmente
entre 300 y 350 kg al año, o al de la aldea en general? ¿Qué parte le queda a la aldea, con fines de acumulación en la agricultura? ¿Cuál será la incidencia de estas raciones crecientes o decrecientes, de manera absoluta o relativa, en la productividad del trabajo agrícola y en la tasa de crecimiento de la producción agraria, en el grado de tolerancia, por parte del campesinado, del régimen de propiedad socializada (es decir, objetivamente, de la alianza obrero-campe-
¿Qué parte de esta tonelada de arroz irá a la ciudad, para alimentar a obreros y burócratas, para ser exportada (intercambiada) a cambio de bienes de inversión industriales? ¿Cuál será la incidencia de estas proporciones en la tasa de crecimiento industrial, en el ritmo de industrialización, en la productividad del trabajo industrial, en la reabsorción del paro? ¿Con qué forma se sacará el excedente agrícola de la aldea? ¿Mediante suministros ¿Cuáles serán las incidencias de formas en la satisfacción de las necesidades alimenticias, en el grado de desigualdad (creciente o decreciente) en el seno del
Estas opciones tendrían que plantearse cualquier fracción, partido o alianza de partidos que gobierna un país atrasado como China, incluso una corriente marxista revolucionaria. El rechazo de la utopía reaccionaria que pregona la posibilidad de llevar a cabo "la construcción del socialismo en su solo país", no implica en absoluto el abandono de un esfuerzo constante por el desarrollo económico, a la espera de la victoria de la revolución mundial.
Esta había sido la posición de la Oposición de Izquierda, antes y después de su expulsión del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) en 1927. Esta siguió siendo la posición de León Trotsky hasta el final de sus días. La burocracia estalinista calumnió a los opositores trotskistas al afirmar que éstos habían optado por "la fuga hacia adelante" de las aventuras militares, léase "la exportación de la revolución a punta de bayoneta", como solución de recambio a un desarrollo económico de la URSS. Nada más lejos de la verdad históriLas políticas económicas sucesivas de la burocracia china
Se sabe como Stalin dirimió finalmente los dilemas análogos, pero no idénticos, que se planteaban en la URSS después de la derrota de la primera oleada de la revolución mundial (1919-1921). Optó por una industrialización extensiva, centrada en la prioridad concedida a la industria pesada, y caracterizada por una transferencia masiva de mano de obra del campo a la ciudad.
Esta opción se combinó con la colectivización forzosa de la agricultura, la planificación y gestión industriales burocráticamente centralizadas, en la que el interés material de los burócratas fue el motor principal —si no único— para la realización de este monstruoso de los privilegios de la burocracia y la desigualdad social.
La dirección del PCC empezó emprendiendo de entrada una vía bastante próxima a la de la URSS, tratando aún así de modo mucho más prudente al campesinado. Pero rápidamente se vio que el peso cualitativamente mayor del subdesarrollo de China hacía inoperante una industrialización a la Stalin. Para poder ofrecer un empleo urbano a 200 millones de asalariados de más (el "excedente" de la población número de jóvenes que buscaba un empleo en la ciudad, en un espacio de tiempo de 10 a 15 años), a 2.000 dólares de inversión por empleo, para el periodo 1955—1965 (cifra que seguramente no es exagerada), había que invertir 400.000 millones de dólares en la industria, en el transcurso de dos o tres Planes Quinquenales, suma que manifiestamente está fuera del alcance de la economía china, cuya renta nacional se evaluaba en 50.000 millones de dólares en 1957.
Por lo demás, a la vista del alto nivel de productividad de la agricultura tradicional pese a su elevada intensidad del trabajo, alimentar de 200 a 300 millones de bocas de más, con 100 millones de producde menos, era igualmente productividad marginal de la agricultura china desciende desastrosamente, precisamente en función del hecho de que en una gran parte de la superficie útil, el campesino chino es un auténtico jardinero, cuyo rendimiento no puede aumentar sin que aumenten radicalmente las inversiones: obras de regadío y empleo de abonos químicos.
Así, era un pez que se mordía la cola: no era posible ningún crecimiento radical de la producción industrial sin un crecimiento radical de las inversiones y de la producción agrarias. Y no era posible ningún crecimiento radical de la producción agraria sin un incremento radical de las inversiones. había recursos disponibles para aumentar las inversiones sin aumentar radicalmente la producción industrial y agraria. Por tanto, había que cambiar de rumbo. Se sucedieron los siguientes modelos de política económi-
• Durante el periodo 1958-1962, el del 'Gran Salto Adelante" y de las comunas populares "puras": concentración de los esfuerzos en la "inversión-trabajo" es decir, la utilización, fundamentalmente in situ, del potencial de trabajos subutilizados del campesinado para actividades que tiendan a aumentar posteriormente la producción agraria (trabajos de regadio, "altos hornos enanos", industria de pequeños útiles agricolas, etc.). La idea de partida no era
República Popular China falsa. Pero se acopló rápidamente con una punción y una centralización excesiva del sobreproducto, e incluso del producto agrario, y con métodos de dirección burocráticos. De ahí el descontento del campesinado, la grave caída de la producción, etc.
• El periodo de "rectificación" y de modernización prudente: 1962-1966. Bajo la dirección de Liu Shaoqi y de Deng Xiaoping, se abandonó la centralización del trabajo agrícola en comunas gigantes.. Las brigadas (varias aldeas) —léase el equipo de trabajo (una aldea)— y no la comuna, se constituyeron en unidades de producción de base, centradas en la cooperación y la ayuda mutua. Se restableció una libertad de comercio limitada para el excedente agrario. Se planteó una modernización limitada de la industria. Al mismo tiempo empezó la autarquía, bajo el efecto combinado del bloqueo imperialista y del Kremlin.
de la "Revolución Cultural" , 1966-1971, hasta la primera rehabilitación de Deng Xiaoping. El sector privado se vio duramente golpeado, aunque no totalmente suprimido (sobre todo no en el campo). El método de la inversión-trabajo se aplicó a la industria, particularmente la industria petrolifera, que conoció un primer auge, gracias al empleo extensivo de la mano de obra (experiencia de Daqin). La autarquía llegó al paroxismo. La modernización se frenó en seco. No cabe duda que hubo una desinversión.
• El periodo 1971-1976. Chu Enlai y Deng Xiaoping logran poner fin a la autarquía, realizando una clara apertura hacia el imperialismo. China vuelve a importar tecnología moderna, pero a una escala aún restringida. La libertad de comercio para el excampesino, que permanece en manos del campesinado, se restablece parcialmente. Pero este "nueavo curso" encuentra resistencias. La línea intermedia entre la de la 'Revolución cultural" y la de la "rectificación" es vacilante y poco efi-
• Después de la muerte de Mao Zedong: virage más radical hacia las "'cuatro modernizaciones" , tan caras a Deng Xiaoping, reintegración acelerada de la República Popular China en el mercado mundial, demanda de créditos capitalistas, desmantelamiento de las comunas populares, rehabilitación total de los "estímulos materiales". Pero la propia amplitud del cambio hace que la economía vuelva a perder el equilibrio a partir de 1979. Se impone un nuevo reajuste.
Añadamos que durante cerca de dos decenios hubo prácticamente un bloqueo de los salarios y de los ingresos reales de los trabajadores (con unos salarios de hambre para el personal "excedentario" de las comunas, prestado a las empresas industriales a cambio de salarios inferiores a las normas oficiales). Cuando estos pobres entre los pobres, los "culis de Mao", manifesta-
República Popular China ron su protesta contra este escándalo durante la 'Revolución cultural" fueron acusados... de "economismo" por la fracción maoista extremista, y fueron duramente reprimidos.
Hubo una ligera reducción (pero no supresión) de los privilegios burocráticos durante la "Revolución cultural", reduciéndose el peso de la capa "tecnocrática"" de la burocracia, en beneficio de un mayor peso de la capa política y militar. Sin embargo, a pesar de las promesas de Mao y las exigencias de los Guardias Rojos, no hubo ninguna institucionalización de un poder obrero en las empresas, para no hablar del
Después hubo dura represión contra las capas más militantes de la juventud y de los trabajadores, represión dirigida por la "Banda de los cuatro" lo que explica por qué ésta no gozó de ningún apoyo de masas cuando fue apartada del poder.
Desde 1976 ha habido concesiones materiales para los trabajadores (aumentos de salarios) y algunas concesiones institucionales que mencionaremos más abajo. Pero el poder del ala tecnocrática de la burocracia ha aumentado. Se acentúa la desigualdad social. En las ciudades se entrecruzan el bienestar y la pobreza, como en ningún momento sucedió desde comienzos de los años 50. Objetivo y contenido de las "cuatro modernizaciones"
La opción a favor de las "cuatro modernizaciones" significa ante todo una toma de conciencia por parte de la burocracia china de que es imposible convertir a China en "una gran potencia moderna de aquí al año por la vía principal de la "inversión-trabajo" , si se quiere evitar que las tensiones sociales alcancen un punto de explosión. No se podría aumentar ni el rendimiento del trabajo agrícola ni el del trabajo industrial bloqueando, incluso reduciendo, el nivel de vida de los productores durante un cuarto de siglo.
Por lo demás, también era imposible lograr una integración de la masa de parados (en las ciudades) y de los campesinos subempleados en el campo, en la industria moderna, dentro de un plazo previsible.
La solución más pragmática parece ser entonces la combinación de un desarrollo acelerado de la industria moderna con ayuda extranjera, y del desarrollo del sector privado o cooperativo, con baja productividad, pero que permita reabsorver parcialmente el paro.
Por tanto, no se trata de un retorno al modelo estalinista, en la misma medida en que, por lo demás, el modelo maoísta tampoco tenía gran cosa que ver con el modelo estalinista. Si existen "precedentes" de la política de Den Xiaoping, es sobre todo en Yugoslavia (aunque éste contaba además con la autogestión obrera), o, aún mejor, el de las "reformas húngaras". En la base de la estrategia de Den Xiaoping está rehabilitación de la economía de mercado y de los estímulos meteriales, o más exactamente, de la estrategia de Hu Quiaomu, de Chao Chiyang y de Chen Yu, los verdaderos iniciadores de la "reforma económica china".
Es el mercado el que debe enlazar las 'industrias punta" que deben permitir la modernización gradual de toda la infraestructura del país, las 'industrias de exportación" (sobre todo el petróleo, el carbón y los textiles, aunque también algunas industrias que compiten con Hong Kong y Taiwń), la agricultura estimulada por un abastecimiento mayor de abonos químicos y de bienes de consumo industriales, y el sector privado y cooperativo en rápida expansión.
El nuevo Primer Ministro de la República Popular China, Chao Chiyang, había experimentado ampliamente este nuevo modelo de desarrollo en la provincia más poblada de China, Sichuan, que administró entre 1975 y 1979, en su calidad de primer secretario provincial del PCC. Desmanteló el sistema de comunas populares, yendo más allá de lo que se ha osado en otras partes de China. La familia campesina (antes que la brigada o equipo de producción) es responsable de la realización de los objetivos (cotas) de producción. Goza de "tres libertades": la de extender sus parcelas privadas; la de extender el mercado libre para sus excedentes, y la de crear empresas privadas no agrarias (fundamentalmente artesanales y co-
Paradógicamente, vuelto al mismo tiempo a una de las ideas maestras de la política económica de Mao durante el "Gran Salto Adelante" y de la 'Revolución Cultural" (idea abandonado el propio Mao cada vez más claramente a partir de 1970): la idea de la industria rural centrada en las necesidades de los campesinos y de la agricultura, y financiada fundamentalmente por la expansión agrícola (leáse por la "inversión-trabajo" en el campo). A diferencia de Mao, trata de alcanzar el objetivo mediante "estimulos materiales" bastante groseros pero eficaces, y no mediante la movilización política, el adoctrinamiento Pero la opción básica sigue siendo la misma y profundamente distinta a la de Stalin y Jrushchof: es imposible drenar el excedente de mano de obra del campo chino hacia la ciudad y la gran industria moderna. Hay que encontrar otra vía para hacerlo desapareRecalentamiento y patinazo
Después de una salida en tromba —en 1977 parece que aumentó la producción industrial en un 14'3%, y en 1978 en un 13'5%—, la política de las "cuatro modernizaciones" chocó pronto con obstáculos y contradicciones internas:
1. Las exportaciones no han podido desarrollarse al mismo ritmo que las importaciones de tecnología moderna. Particularmente la extracción de petróleo se encuentra en relativo estancamiento, precisamente por falta de tecnología moderna y métodos de gestión adecuados. El grave accidente que se produjo en el Golfo de Bohai, donde se hundió la plataforma de perforación 2, causando la muerte de 72 trabajadores, es una
De hecho, parece que las exportaciones de petróleo hacia el Japón están disminuyendo: pasan de 9 millones de toneladas en 1980 a 8'3 millones de toneladas en 1981 y a 8'1 millones de toneladas en 1982, cuando se había establecido, mediante una aumento a 9'5 y 15 millones de toneladas, respectivamente.
ritmo de modernización previsto en 1975-1976 habría conducido a un endeudamiento colosal de China, al mismo nivel que el de Polonia o incluso el de Brasil. El déficit de la balanza comercial con los países imperialistas ha pasado de 1.200 millones de dólares en 1977 a 3.500 millones en 1978 y 4.500 millones en 1979 (aunque compensado por un balance crediticio con Hong Kong de 1.700 milones, 2.200 millones y 2.600 millones de dólares, respectivamente). Las proyecciones del endeudamiento bruto de la República Popular China, elaboradas por el Departamento de Comercio de EE.UU. (julio de 1980), preveían que la deuda exterior bruta pasaría de 3.500 de dólares en 1980 (con un coste anual de la deuda de 2.000 millones de dólares) a un mínimo de 16.000 millones de dólares en 1985 (con un coste anual de la deuda de 3.200 millones de dólares).
Esto no lo han querido los dirigentes de la burocracia china —demasiado pragmáticos y prudentes—. Por tanto, hubo que recortar las ambiciones, suprimir algunos de los proyectos más grandiosos, desacelerar el ritmo de expansión. Numerosos proyectos de exportación de fábricas "llaves en mano" quedaron anulados. Al dimitir como jefe de gobierno, Hua Guofeng proclamó oficialmente, ante el Congreso Nacional del Pueblo, el 7 de septiembre de 1980, que no se aplicará el Plan Decenal de 1976-1985, que había incorporado los objetivos más ambiciosos de las "cuatro modernizacio-
2. Numerosos proyectos de "modernización", iniciados desde el comienzo de la era Deng Xiaoping, han fracasado, y no han dado los resultados previstos, por falta de personal competente, errores de planificación, descuido burocrático, indiferencia de los trabajadores no afectados, es decir, fenómenos similares a los de la era Edward Gierek en Polonia, pero agravados por la extensión del país y la inmensidad de su subdesarrollo.
Dos escándalos han simbolizado estos escándalos: el de la acería de Wuhan, destina-
• da a producir 4 millones de toneladas de acero, y comprada a alto precio a Alemania
Federal, pero para la que se había olvidado prever, simplemente, al abastecimiento necesario de electricidad; y el de la acería de
Baoshan, cerca de Shanghai, encargada al
Japón, con una capacidad de 6 millones de toneladas, destinada a ser construida (literalmente) sobre arenas movedizas.
De una manera más general, los objetivos de expansión en materia de siderurgía, de producción petrolera y de producción de maquinaria agrícola se han reducido considerablemente. La prioridad dada al acero ("'cereales y acero" fueron los dos ejes de la expansión china bajo Mao) se ha abandonado. El objetivo de 60 millones de lingotes de acero para 1985 parece haber sido susti•tuido por el de 45 millones. Asimismo, la idea insensata de "realizar lo fundamental de la mecanización rural en 1980", que aún se afirmaba en enero de 1978, y que habría significado la fabricación del equivalente a 3'5 millones de unidades de tractores y motocultores de 15 CV en el espacio de tres años, también se ha abandonado. Sin duda, este objetivo sólo podrá alcanzarse en el
En cambio, se otorga una gran prioridad al carbón, cuya expansión debe sustituir el petróleo que no se puede exportar al Japón, y cubrir el déficit energético en la misma China, que puede agravarse en el transcurso de los próximos años.
3. Las concesiones hechas a los campesinos y a los trabajadores, en forma de aumento de los precios de compra de los productos agrarios y de los salarios obreros, no han podido ser amortizadas. De ahí se ha derivado una presión inflacionista, por un lado, y una crisis de abastecimiento de determinados productos de primera necesidad, por otro.
La Far Eastern Economic Review ha consagrado dos estudios a las presiones inflacionistas en China. A mediados del año 1980, la tasa de inflación se evaluaba en un 6-77; a finales de año, se habla de una tasa de inflación del 15 al 20%. Sí esta inflación se traduce sobre todo en un encarecimiento pronunciado de los viveres en las ciudades, su causa fundamental reside en el fuerte déficit presupuestario que ha aparecido por primera vez en la República Popular China. El Times habla de un déficit del orden de 10.000 millones de dólares, es decir, el 15% de los gastos presupuestarios totales 1979. La política de austeridad y de reajuste de los proyectos de inversión tienen principalmente por objeto reducir éste déficit.
4. La sorda resistencia que opuso una parte del aparato político —y sobre todo militar — a la realización de las "cuatro modernizaciones" ha retrasado, frenado e incluso impedido la realización de una serie de reformas, agravando aún más los deseademás, probablemente, también el fruto de la incompetencia por parte de un aparato seleccionado a través de las luchas fraccionales, frente a los problemas de gestión y de producción, como de los desacuerdos políticos propiamente dichos.
5. La amplitud de los proyectos conjuntos con el capital extranjero es mucho menor de lo previsto. En lo fundamental, al principio, fueron sobre todo los capitalistas chinos de ultramar (incluidos los de Hong Kong) que emprendieron esta vía, a cambio de importantes concesiones: la recuperación, por parte de la "burguesía nacional" parcialmente expropiada bajo la "Revolución Cultural"', de todas sus cuentas bancarias, incluidos los atrasos de los altos sueldos del periodo 1966-1976. Hubo además un fracaso sonado, el del primer "proyecto conjunto': la fábrica de hilados de lana de Jiang Sho, construida en 1978 en la provincia de Gandong, en asociación con una firma de Hong-Kong y una de Macao, cuya producción retrocedio en lugar de aumen-
En total, de los 800 "proyectos conjuntos" previstos, sólo 13 han sido aprobados definitivamente y están en marcha. Para reducir el beneficio previsto no obtenido, el régimen de Deng no vacila, por lo demás, en exportar directamente mano de obra barata. Pero el resultado vuelve a ser mediocre, al menos hasta ahora.
Si queremos hacer la síntesis de todas estas contradicciones, podríamos decir que las "cuatro modernizaciones" han pecado exactamente del mismo error del que había pecado la política de Mao. Pero esto no puede ser obra del azar. Si determinados errores se repiten con tanta constancia, es que no sólo se deben a una tara innata de la burocracia. Son fruto, también, de la enorme presión de los problemas objetivos. Asegurar que 900 millones, o incluso 1.000 millones, de bocas sean alimentadas, alojadas, que les sea garantizado un mínimo de asistencia, constituye un problema dramático para un país atrasado como China.
cualquier gobierno en poder de Pekin, sí no sirve a los intereses de una clase poseedora subordinada al imperialismo, se vería confrontado con el mismo drama. Los responsables históricos de este drama no son los dirigentes del PCC. Los responsables históricos son los militaristas e imperialistas japoneses que devastaron el país, y antes de ellos, los imperialistas británicos, norteamericanos, franceses, zaristas, japoneses, que lo habían saqueado, desmantelado y bloqueado en sus subdesarrollo. Los responsables históricos son Stalin, Jrushchof y Breshnef, son los dirigentes del movimiento obrero europeo, japoneses, norteamericano, que se negaron a aligerar este peso colosal del subdesarrollo mediante una ayuda amplia, generosa y desinteresada que podría haber aportado a China la revolución socialista victoriosa en sus países.
La revolución mundial llenará este laguna. Sin embargo, a la espera de la victotia de la revolución mundial, hay que alimentar
República Popular China a este millar de millones de bocas, ahora mismo, año tras año, mes tras mes. Ahí se encuentra, además, las raíces de los sobresaltos que ha conocido la política económica de los dirigentes del PCC desde que están en el poder. Tensiones sociales significativas
Paralelamente a las contradicciones de la política de las "cuatro modernizaciones", se han manifestado una serie de tensiones sociales a todos los niveles de la sociédad china. Estas tensiones existían ya, en parte, durante las fases anteriores del desarrollo económico de la República Popular China.
Pero la "liberalización" económica las ha que la "democratización'" limitada de 1978-1979, y el creciente escepticismo de los trabajadores y de la juventud con respecto a todas las fracciones del PC chino, les ha permitido manifestarse de forma más abier-
Entre estas tensiones sociales hay que
1. El aumento del paro de la juventud en las ciudades. Este paro, que proporciona ya en buena parte la exnlicación "materialista" del fenómeno de los Guardias Rojos, se había resuelto de forma particularmente cruel cuando la liquidación de la "Revolución Cultural" por Lin Biao y la 'banda de los cuatro". Los jóvenes fueron deportados masivamente al campo, prohibiéndoseles volver a la ciudad. Por mucho que el adoctrinamiento ideológico ("servir al pueblo") permitió atenuar temporalmente el golpe para una parte de las víctimas, estas comprendieron muy pronto a qué atenerse, sobre todo a la vista del hecho de que la acogida de los campesinos fue más que tibia (lo menos que se puede decir es que a la agricultura china no le faltan brazos).
A ello le siguió un movimiento masivo de retorno ilegal de los jóvenes hacia las ciudades, dando lugar a un ola de criminalidad inquietante. Estos jóvenes tenían que vivir de recursos extremos, pues no tenían autorización de residencia ni permiso de trabajo. Parece que el atentado a la estación de Pekín, el 29 de octubre de 1980, fue obra de un joven desesperado de este género, Wang Chiqang. La reacción de las autoridades fue sorprendentemente moderada, porque en las condiciones actuales la fracción Deng Xiaoping no quiere aparecer como corresponsable de la deportación masiva de los jóvenes en el periodo 1968-1970.
Recordemos además que el 9 de diciembre de 1968 hubo una huelga de 50.000 jóvenes que trabajaban en las haciendas del Estado en la provincia de Yunnan, seguida de una manifestación de millares de jóvenes parados en Shanghai, los días 11-13 de diciembre de 1978. A comienzos de febrero de
República Popular China 1979 se produjo un auténtico motín de jóvenes de la gran metrópoli china, que bloqueó el transporte ferroviario durante 11
"cabecillas" de estos motines fueron condenados a 9 y 5 años de cárcel, respectivamente, en un juicio celebrado el
Todo esto explica tanto la inquietud como la prudencia de la burocracia ante el problema del paro juvenil. Para hacerse una idea de la amplitud del problema, veamos dos cifras. El número de jóvenes deportados al campo a finales de los años 60 y comienzos de los años 70 se estiman en 16 millones. El número de jóvenes que abandonan la escuela y buscan un empleo en las ciudades chinas, en 1979, ascienden a 12 millones, de los que sólo 7 millones parece haber encontrado un empleo..
La burocracia ha tratado de reducir este desempleo con dos medios, que combinan de nuevo de manera típica los rasgos fundamentales de la política de Deng Xiaoping. Esta utiliza los "estímulos materiales" (y el "mercado libre".) para tratar de alejar el problema del sector público. Los jóvenes han sido autorizados a fundar pequeñas empresas como artesanos, revendedores, reparadores (es la explosión del "empleo en el sector terciario" , muy conocido en los países capitalistas subdesarrollados). Por supuesto se fomentan iniciativas en forma de pequeñas cooperativas, pero no se rechaza la iniciativa puramente privada.
Además, se continúa fomentando el retorno al campo, aunque empleando de nuevo los "estímulos materiales". Un despacho de la Agencia Nueva China, publicado a finales de 1979, afirma que un millon de jóvenes ha organizado unas 30.000 haciendas colectivas, en las que permanecen entre ellos, donde sus ingresos duplican los de las comunas populares, y es "casi igual a los ingresos de la ciudad".
2. La diferenciación acentuada en el campo. El desmantelamiento gradual de las comunas populares, el retorno acelerado a una economía rural en la que el mercado desempeña un papel preponderante, no podía dejar de acentuar las diferenciaciones sociales en el campo. Al igual que en la URSS durante los años 40 y 50, aparecen de nuevo, codo a codo, las "comunas ricas" y las 'comunas pobres" —sin hablar de las "brigadas ricas" y las "brigadas pobres", o de los "campesinos ricos" y los "campesinos pobres"—, tras el fracaso del esfuerzo de nivelación que había comportado una desaceleración demasiado peligrosa del incremento de la producción de alimentos.
Los adulones del nuevo Primer Ministro
Chao Chiyang ponen de relieve que los campesinos de Sichuan llevan ahora sus puercos (privados) con bicicleta (privada), motocicleta (privada) o camión (cooperativo) para venderlos en el mercado libre. La consigna es conocida: "¡Enriquecéos!" Pero ¿cuántas comunas populares, por no decir qué fracción del campesinado chino, pueden permitirse tales hazañas?
Ya hemos dicho que de acuerdo con las fuentes oficiales, la renta media de un agricultor asciende al 50% del ingreso medio de ,un asalariado de la ciudad, que es de 75 yuan al mes. Comparemos la cifra de 40 yuan al mes con el beneficio de 400 yuan que obtiene, únicamente con su camión, el famoso campesino Luo... Uno se imagina fácilmente en qué miseria se encuentra aún buena parte del campesinado chino, la que, sin embargo, "llevó" a la tercera Revolución china a la victoria, hace 30 años. El viceprimer ministro Yao Yilin ha reconocido que el 10% de los campesinos no tienen suficiente alimentación. Y tampoco aquí el descontento es pasivo. En enero de 1979, decenas de millares de campesinos se manifestaron en Pekín. Una de sus conignas era: "¡Abajo el hambre!".
De hecho, en un análisis deliberadamente pesimista para agravar el balance del maoismo, un dirigente de la fracción Deng ha afirmado incluso que el consumo campesino medio de cereales fue inferior en 1978 que en 1957. Esta afirmación es poco creí-
El periodista norteamericano Felix Butterfield informa que según fuentes gubernamentales chinas, la esperanza de vida pasó de 32 años en 1949 a 68 años en 1978, en la República China Popular. Cuando se sabe que el consumo medio, en 1957, ó en 1937; no era superior a las 2.000 calorías diarias por persona, en las familias campesinas, una reducción de este mínimo no habría permitido sin duda semejante aumento de la duración media de la vida, en un pais en el que el 80% de los habitantes aun viven en el campo... El argumento sirve también para dudar de la afirmación del profesor norteamericano Nicholas Lardy, según la cual el consumo de alimentos por habitante habría sido inferior al de los años 1930, durante todo el periodo de 1958 a 1978.
Al fomentar la aparición del mercado, la política de la fracción Deng ha provocado además unas reacciones que Mao había previsto correctamente y temido: las "comunas ricas", las "brigadas ricas", "los equipos de trabajo ricos" prefieren desarrollar cultivos que dan más beneficio en el mercado que los cereales, entregados a precio fijo al Estado. De ahí se deriva un estancamiento peligroso, incluso una disminución de la producción de cereales, pese al incremento de la producción agraria en su conjunto.
Según fuentes oficiales, el 14'6% de la producción agraria se vendió en el mercado libre, en 1978. El dilema para el gobierno es particularmente cruel: o bien aumenta de nuevo el precio de compra de los cereales que se paga a las comunas (lo que aumentaría el déficit presupuestario y acentuaría la inflacción), o volver al sistema de contingentes fijos, es decir, restringir severamente la "libertad de mercado" que acaba de con-
3. La creciente desigualdad en el medio urbano, es el producto combinado del aumento de la remuneración de los/cuadros superiores, del restablecimiento de los privilegios de la "burguesia nacional-patriótica" ', de la expansión del sector privado y de la aparición masiva, en la escena china, tras la interrupción de 30 años, de burgueses (y pequeño burgueses acomodados) extranjeros; técnicos extranjeros, turistas, etc. Lo que durante la "Revolución cultural", e incluso cuando ésta fue liquidada, había quedado reducido (y ocultado), vuelve a aparecer actualmente a la luz pública: tiendas de lujo, publicidad de productos de lujo, restaurantes de lujo, mercado negro, prostitución.
Al igual que en Europa del Este y en la URSS, la cuestión de las divisas extranjeras desempeña un papel clave en la extensión y en la consolidación de la desigualdad social. Se ha formado un amplio mercado negro de dólares de Hong Kong, dólares USA, yen y otras divisas fuertes, permitiendo el acceso a los productos de lujo importados (a menudo ilegalmente) o de fabricación nacional. Los turistas, que son considerados como una de las fuentes de aprovisionamiento de este mercado, se han visto obligados a cambiar sus divisas por una "moneda especial" china, lo que pretendidamente debe impedir la expansión del mercado negro. De hecho, esto simplemente a conducido a crear un tráfico suplementario, el de los "bonos especiales". Y al igual que en las 'tiendas especiales para divisas extranjeras" de Europa del Este, este doble circuito monetario ha provocado protestas, incluso manifestaciones por parte de sectores de la población china.
El régimen intenta utilizar a los políticos que alcanzaron los "'puestos de mando" después de la 'Revolución Cultural", como chivos expiatorios de la creciente desigualdad. Se denuncia su corrupción (real). La de la burocracia del Partido bajo Liu Shaoqui/Deng Xiaoping (no menos real) había sido denunciada durante la Cultural". parados y los obreros que trabajan duramente por un salario modesto ven que la antigua playa de lujo de Beihaie se convierte èn una playa de lujo reservada a los extranjeros, a los "nuevos ricos", a los "burgueses patriotas" , sin hablar de los altos funcionarios y tecnócratas actualmente en el poder, el exutorio del proceso de la "banda de los Cuatro" y otros análogos tienen poca eficacia. En China están acumulándose graves tensiones sociales. En los años próximos no se puede excluir una explosión a la polaca.
El nuevo modelo de gestión
Deng había proclamado, en la segunda sesión de la V Asamblea Popular, los prin-
cipios de democratización de la gestión empresarial, que debía acompañar a la "liberalización económica". Pero había insistido mucho en la unión indispensable entre la "democracia" y la "dirección centralizada". A la dirección centralizada del PCC a nivel nacional y provincial corresponde la dirección centralizada del director a nivel de la empresa. Los obreros adquieren el derecho a elegir a los jefes de turno y a los jefes de taller. Ni hablar de que elijan a los directores de la empresa.
todos los comentarios occidentales relativos a la "rehabilitación del beneficio" o a la vuelta a la "economía de
', son igualmente falsos que los que se profirieron cuando las famosas rede Liberman-Trapesnikov en URSS. El auténtico debate se refiere critério con que las autoridades centrales juzgarán los logros de la empresa: ya sea según la producción bruta; ya sea según el volumen de negocio (cifra de venta); ya sea según el "valor añadido"; ya sea según el "beneficio". Lejos de convertirse en un motor autónomo del desarrollo económico, el beneficio es simplemente un instrumento de la realización del plan. Las empresas no tienen ni la libertad de fijar (o cambiar) los precios, ni la libertad de modificar el surtido fabricado, en lo que se refiere a los productos considerados esenciales. En cierto modo, como señala a justo título Thierry Pairault, pese a todas las apariencias, el control de las instancias centrales sobre las grandes empresas se refuerza aún más con el nuevo sistema de gestión.
Porque aunque las empresas estén autori-• zadas a escoger a sus suministradores, y existan por tanto relaciones contractuales que se establecen entre ellas, todo gasto debe pasar ahora por el sistema bancario, que se convierte, igual que en la URSS, en el principal instrumento de verificación de la realización del Plan. Cualquier gasto que no entre en el marco de los planes de producción y de suministro previstos para los principales productos, no recibe autorización de los bancos y por tanto no puede realizarse.
El papel del beneficio, además de su aspecto contable, se reduce por tanto al de un ligero "estímulo material", es decir, de aumento de las primas, cuyo importe sigue siendo modesto para los obreros, es decir, un 10% del salario en promedio. No cabe duda que no será lo mismo para los buró• cratas, pero esto aún no se ha puesto en evidencia.
Finalmente, se tiene la impresión de que los profundos cambios no se sitúan tanto a nivel de la gran industria como al de la industria local y rural. Es en este terreno donde hubo una auténtica descentralización cuando la "Revolución Cultural", partiendo de la idea de una autosuficiencia muy avanzada para cada provincia (en parte dictada por consideraciones de defensa nacional). Esta idea vino acompañada de la de un desarrollo paralelo en la industria básica (sobre todo la siderurgia, pero también la energía) en cada provincia, con la gestión en manos de las autoridades provinciales y locales del partido.
El cambio que se ha introducido con la reciente reforma va por tanto, más bien, y también aquí contrariamente a todas las apariencias, en el sentido de la centralización y no en el de la descentralización. La idea de los "altos hornos enanos" se ha abandonado definitivamente. La autosuficiencia de cada provincia también es letra muerta.
Se pone el acento en la diversidad de recursos naturales y de una mayor división del trabajo entre industrias locales a escala nacional. Inevitablemente, el peso y el poder de las autoridades locales ha quedado reducido, a favor de los managers por un lado, y el de las administraciones centrales de ramo, por otro, sin que esto signifique que se vuelve al viejo sistema estalinista de ministerios de ramo, que controlan todo desde arriba.
Es posible que sean sustituidos, además, por "trusts" a escala nacional. Se fomenta la iniciativa local y provincial para desarrollar las posibilidades específicas de cada zona. Pero esto queda encuadrado y controlado por la autoridad central.
No hay que concluir que el peso del mer- 111
cado no haya crecido efectivamente en la economía china bajo el nuevo sistema de gestión, o que las "reformas a la húngara" son muy ficticias. De entrada se ha producido una ampliación del sector cooperativo y privado, es decir, del sector de la economía que escapa del control estatal, tanto en la ciudad como en el campo. Además, el sistema de "autogestión" —no de autogestión obrera, que implica que la última decisión, incluida la contratación y el despido del director de la empresa, corresponde al consejo obrero—, introducido con toda prudencia, y primero en las empresas más rentables, proporciona un margen de maniobras más amplio a los managers y utiliza elementos de competencia y de cooperación entre empresas para mejorar la productividad. Pero no se pone en tela de juicio ni el marco general de la planificación centralizada desde arriba (es decir, centralizada burocráticamente), ni la determinación burocrática, número muy reducido de per sonas, de las prioridades de la distribución y desarrollo de los recursos nacionales.
De ahí se deriva una contradicción fundamental que ya apareció en la URSS cuando las reformas de Liberman-Trapesnikov: "El beneficio está en el puesto de mando" pero las "empresas" (es decir, los managers) no tienen la posibilidad de influir en los factores determinantes del beneficio: precio de compra de las materias primas y de las máquinas; masa salarial; precio de venta de los productos acabados.
República Popular China
Asi; el ala tecnocrática de la burocracia quiere extender las reformas en el sentido de otorgar a los directores el derecho a despedir mano de obra, al igual que trata de hacerlo en Hungría y en Polonia (el director de una acería de Tchungking, que ocupa actualmente a 40.000 asalariados, quisiera reducir esta cifra a la mitad).
Además, las presiones inflacionistas, que se han acentuado a finales de 1980, y el nuevo control presupuestario que se ha decidido, se traducen en una clara política de austeridad. Los salarios no aumentaran más del 10 ó 15%. Y toda la cuestión de las primas será revisada a la luz de las necesidades del "control". Balance general Si establecemos un balance general de toda la evolución económica de China desde el "gran Salto Adelante", para no decir desde la victoria de la Revolución en 1949, llegaremos a dos conclusiones generales:
1. En primer lugar, la justificación histórica de la revolución socialista se confirma más que nunca. La Revolución china sigue siendo el acontecimiento más importante y más progresista de nuestro siglo, junto con la Revolución socialista de Octubre, el hecho que ha producido los cambios más importantes y más beneficiosos para el número más grande de seres humanos, pese a los costes y sacrificios desmesurados, en parte evitables e inútiles, que se derivan de los desmanes de la burocracia.
Actualmente no son solamente los círculos imperialistas por un lado, el Kremlin y sus agentes por otro, quienes contestan este hecho, síno una parte de los propios dirigentes chinos, cegados por su fraccionalismo antimaoísta. Pero los hechos son tercos.
Contrariamente a una leyenda puesta en circulación actualmente, el progreso económico de China en los últimos 30 años. es muy superior al de la India. Sobre la base de las estadísticas oficiales publicadas por la dirección actual del PC chino, en 1978, con el índice 100 de la producción por habitante de China, India se situaba en el índice 68 para la producción de cereales, en el índice 60 para la producción de electricidad en el in dice 48 para la producción de acero y en el índice 46 para la producción de cemento.
En China, la situación social puede variar considerablemente de una región a otra, o incluso de una localidad a otra. En todas partes esta presente la profunda pobreza. Pero el progreso histórico no es por ello menos indiscutible. El periodista norteamericano Felix Butterfield, dotado de un mínimo de objetividad, y a quien ya hemos citado más arriba, resume el progreso realizado gracias a la Revolución del modo siguiente:
"Todos los días, justo después del mediodía, en las oficinas de Pekín, muchos empleados sacan cuidadosamente todas las
República Popular China cosas que hay sobre sus mesas y extienden unos sacos de dormir. Se preparan para uno de los ritos más importantes y más satisfac-_ torios de la vida china, la larga siesta del mediodía, el xiu-xi.
Un ingeniro norteamericano, que visitó una plataforma de explotación de petróleo en el mar del Sur de China, se asombró al. constatar que los obreros dejaban de perforar a la hora de la comida. Pararon todas las máquinas y se fueron a dormir.
El xiu-xi es una de las comodidades que trajo la revolución comunista. Incluso ha quedado codificado en la Constitución, cuyo artículo 49 afirma: "El pueblo trabajador tiene derecho al reposo"
En lugar de la constante amenaza del hambre, el bandolerismo y las epidemias pestilentes que sacudieron al país antes de 1949, los comunistas han creado lo que parece a veces un gigantesco estado de bienes-
Además del tiempo de reposo generoso, está el empleo, garantizado de por vida, un sistema llamado el tazón de arroz de hierro: es casi imposible que una fábrica despida a uniobrero, al menos que sea ladrón o asesino. La asistencia médica y la enseñanza son gratuitas. El alojamiento urbano cuenta con fuertes subvenciones, el alquiler medio es del orden de 2'7 dólares al mes".
Se podría objetar que todo esto se tradu-. ce en una productividad media del trabajo muy baja, cosa que es incontestable. Pero apenas era más alta en la época del antiguo régimen, con la doble diferencia de que venía acompañada de un esfuerzo físico insoportable y de una miseria negra para la masa de productores.
El progreso es incuestionable y global. Este progreso se deriva del hecho de que la fuerza de trabajo ya no es una mercancia, no existe ya ningún mercado de trabajo, y de que —pese a la enorme masa de parados— los trabajadores tienen la seguridad de empleo y el salario mínimo asegurado. Se deriva de la propiedad colectiva de los medios de producción y de la existencia del Estado obrero, aunque esté muy burocratizado. Demuestra que el capitalismo no ha sido restaurado en China, quę este país. conserva una estructura económica comparable a la de la URSS y de las "democracias populares", de Yugoslavia, de Cuba, de Vietnam, lo que determina una dinámica económica igual a largo plazo, con contradicciones económicas similares.
2. En segundo lugar, el peso enorme del subdesarrollo impone unos rígidos imperativos al desarrollo económico de China, que han permanecido asombrosamente invariables en el transcurso de los últimos 30 años, pese a los cambios políticos más violentos. Si se hace abstracción de la fraseología y del peso relativo de las diferentes fracciones de la burocracia (política, militar, tecnocrática), así como del nivel fluctuante de las movilizaciones de masa, lo que resulta asombroso son las constantes y no las fluctuaciones de la política económica de la burocra-
Confrontadas a las opciones fundamentales en materia de desarrollo económico, todas las fracciones de la burocracia han dado claramente la prioridad al desarrollo de la industria pesada, han subdesarrollado, sino subempleado, sistemáticamente la industria ligera, que constituye, no obstante, la parte más desarrollada de la industria china, la más importantes tanto para la satisfacción de las necesidades de la población como para el desarrollo de la exportación.
Es posible que ésto cambie ahora, pero al
Confrontadas con los problemas planteados por la gran industria china, perdida en el océano de la producción arcáica, todas las fracciones de la burocracia han mantenido y tratado de reforzar la tutela de la autoridad central sobre las empresas, aunque por medios distintos. Ya hemos destacado ésto en relación a la política de la fracción Deng Xiaoping. También fue el caso durante la "Revolución Cultural" , hecho ignorado deliberadamente por los maoístas occidentales, pero hecho que no es menos real.
Y ante el estrecho margen que separa la satisfacción de las necesidades alimenticias de la población china y la reaparición del hambre, todas las fracciones han practicado una política sistemática de importación de
Cabría suponer que estas constantes se derivan automáticamente de los imperativos del subdesarrollo. Nada de eso. El único resultado inevitable de estos imperativos, es que el margen de las variables posibles y realizables es estrecho. Ninguna política económica puede asegurarle a un millar de millones de chinos —ya sea hoy o dentro de diez años— un nivel de consumo y de cultura comparable al de los países industrializados, o incluso de los semiindustriali-
Pero precisamente porque este margen es estrecho, la gestión y planificación burocrática, las opciones equivocadas, los desastrosos errores en materia de inversión o de•determinación de prioridades, el despilfarro de recursos, el taponamiento del potencial de iniciativas de las masas, tienen en China unas consecuencias aún más nefastas que en los países más desarrollados. Son auténticos crímenes contra el proletariado y el campesinado pobre,, crímenes contra el pueblo chino, crímenes contra la humanidad.
La crisis de la economía china es una crisis de la gestión burocrática y no dé la economía socializada, exactamente como en la URSS y en Polonia. Es una crisis de subproducción de valores de uso, no una CriSIS de sobreproducción de valores cambio, como sucede en los países capitalistas. Es una crisis de subutilización de los recursos físicos (materiales y humanos), no una crisis de sobreacumulación de capital Quien no comprenda estas distinciones no ha comprendido el ABC del análisis nómico marxista.
El ejemplo chino confirma lo que los marxistas revolucionarios no han dejado de afirmar desde haçe medio siglo. La democracia socialista no es un "lujo para ricos" No es una "norma ideal" que deba realizar se "después de la eliminación final del imperialismo" , que mientras tanto debe subordinarse forzosamente a los imperativos de la Realpolitik.
Es una exigencia material, inmediata, en todos los Estados obreros, condición previa indispensable para el empleo mínimaménte racional de los recursos materiales y humanos, único marco que permite un funcionamiento mínimamente armonioso de la planificación, el único medio de reducir de forma mínimamente suficiente los derroches, las impericias y la corrupción en la gestión de los medios de producción colectivizados.