El endeudamiento de los países dependientes "N • O es exagerado decir que el crecimiento de los países industrializados ha venido facilitado por el reciclaje de los petrodólares y por el colosal endeudamiento (cerca de 400.000 millones de dólares) de sus clientes, los países en vías de desarrollo, que han contribuido así a activar una economía desfalleciente. Este plazo de prórroga se termina en el momento en que el grado de endeudamiento de los países en vías de desarrollo se hace intolerable. Si algunos prevén aún que la tasa de crecimiento de los países industrializados deberá ser del orden del 1% en 1981, es posible que no tengan suficientemente en cuenta el efecto bumerang de las restriciones crediticias que van a sufrir los países en desarrollo no petrolero, y a través de ellos, el comercio internacional".
Este es, con la firma de J. Petit-Laurent, el grito de alarma que lanza la revista Marchés tropicaux (Mercados tropicales), publicación especializada consagrada a Africa, que anuncia: "Así se inicia, para 1981, una recesión que pese a todos los augurios podría ser tan severa como la de 1975".
Una de las características de la nueva crisis, en cualquier caso, es la recesión sin precedentes que va a desencadenar en los países dominados por el imperialismo. El "tercer decenio de desarrollo" será de hecho un periodo de lucha encarnizada de los países del tercer mundo por la supervivencia y para hacer frente a las nuevas cañoneras imperialistas. La huída hacia adelante
El endeudamiento exterior de los países dominados, ya sea con respecto a los gobiernos o los bancos imperialistas, no El tercer mundo data de la crisis de los años 70, aunque el fenómeno cambió de dimensión con la crisis. Estimada ya en 1970, por la, OCDE, en 72.900 millones de dólares, es en realidad frente a las un componente fundamental del modelo de
"desarrollo" que corresponde a los intereses económicos imperialistas.
Desde el final de la Segunda Guerra nuevas cañoneras Mundial, todos los Estados occidentales pusieron a punto unos sistemas de financiación de las exportaciones que facilitan las ventas de bienes de equipo a los paises dominados. De ahí la aparición de múltiples planes de industrialización inadaptados:
compra de bienes de equipo o de fábricas enteras, compra de tecnología y de contratos de servicio. Y en ausencia de una polítiC. Lewis.
ca de educación, de formación técnica y científica, el país comprador no puede asegurar ni la gestión, ni la adaptación, sin hablar ya de la innovación. El precio del aumento de la producción industrial, y por tanto del producto nacional bruto (PNB)
es, en estas condiciones, muy alto: débil productividad, movilización de los recursos locales para la construcción de infraestruc-
turas, éxodo rural, descenso de la producción agraria y endeudamiento.
Tomemos el ejemplo de la creación de una industria de montaje de automóviles. Los capitales y la tecnología deben proceder de las empresas transnacionales y de los bancos occidentales. El Estado sufraga gastos de infraestructura viaria muy elevados, movilizando una parte considerable del ahorro interior, generalmente muy débil y que les hace falta cruelmente a otros sectores, particularmente a la agricultura, aunque también a los transportes públicos.
Si el país, además, no produce o produce poco petróleo, el desarrollo de la circulación automovilistica, aunque limitado a una fracción minoritaria de la población, incrementa la factura petrolera y por tanto el endeudamiento exterior. El caso se repite con otros bienes de consumo duraderos reservados a una minoría (televisión o refrigeradores) y de proyectos de infraestructura de prestigio o al servicio de una economía neocolonial. Hasta el momento en que a pesar del peso de las importaciones (máquinas, componentes), de las transferencias de recursos al exterior (dividendos de capitales extranjeros invertidos localmente, royalties de todo tipo) y a pesar del peso de la deuda exterior, ya no es posible frenar la maquinaria sin quebrar la actividad económica y agravar una tasa de desempleo que ya es
Hay muchas otras causas del endeudamiento crónico de los países dominados. cuando las citras oficiales publicadas en Merece subrayar una máxime torno a las importanciones y a la deuda exterior a menudo no dan cuenta de ella: la compra de armamento. También en este terreno encuentran respuesta los intereses imperialistas, y en doble sentido: en términos de mercado y de control de la política interior y exterior del país.
Con la cuadruplicación del precio del petróleo, los países dependientes no productores de petróleo, cuya balanza de pagos ya era deficitaria cada año, en una decena de miles de millones de dólares, han visto cuadruplicar su déficit en 1974, para alcanzar cerca de 70.000 millones de dólares en 1980. El total de la deuda exterior de los países dependientes no exportadores de petróleo rebasa actualmente los 330.000 millones de dólares. La aparición de semejantes sumas se explica al menos por tres razones.
En primer lugar, las burguesías occidentales tenían necesidad de mantener la solvencia de estos mercados, en un momento en que la actividad económica descendia en todas partes. En el momento de la recesión, después de 1973, el aumento de las exporta: ciones a los países en vías de desarrollo permitió preservar. 3 millones de puestos de trabajo en los países de la OCDE, como explica el Informe Brandt.
Por lo demás, es por razones idénticas que los bancos de los Estados occidentales aceleraron su concesión de créditos a los países de economía socializada. La cantidad de créditos que se les concedieron ha pasado de 21.500 millones de dólares a finales de 1975; a 47.500 millones a finales de 1978. Y desde entonces han seguido creciendo, particularmente los créditos concedidos a Polonia, cuya deuda con respecto a los países occidentales alcanza ya los 27.000 millones de dólares. La explosión del crédito internacional guarda coherencia con la política neokeynesiana aplicada en todas partes por las burguesías occidentales, una política de huída hacia delante que explica en parte la actual recaída recesionista.
En segundo lugar, el desplazamiento de determinadas actividades productivas hacia los países con bajo coste de mano de obra, es un imperativo del capital para recuperar su tasa de beneficio y relanzar la acumulación sobre una base más "sana"
En tercer lugar, los bancos privados se encuentran en una situación de exceso de liquidez, y por tanto buscan clientes. Los países exportadores de petróleo, pese a que compran mucho armamento, y a que sus "élites" llevan un tren de vida dispendioso, y a sus seudoprogramas de industrialización (según el modelo de Irán), han acumulado unos excedentes financieros considerables, que llegar hasta los 115.000 millones de dólares en 1980. Sin embargo, la tercera parte de estos excedentes está depositada en los bancos que declaran al Banco de Pagos Internacionales 120.300 millones de dólares a finales de 1979.
Aunque los depósitos de los países exportadores de petróleo no constituyen sino una parte modesta del total de depósitos de estos bancos, se trataba de un considerable
El endeudamiento de los países dependientes aflujo de dinero fresco, mientras que los prestamistas tradicionales de estos recursos financieros —llamados aún hoy impropiamente eurodólares—, a saber, las grandes sociedades multinacionales y sus filiales, habían abandonado la mayor parte de sus proyectos de inversión y por consiguiente no representaban una clientela suficiente. Los países dependientes no exportadores de petróleo, en cambio, tenían una fuerte necesidad de estos recursos financieros, si querían, pese al de su factura petrolera, seguir importando los mismos bienes que antes. Sus necesidades de financiación, por lo demás, eran muy elevadas, máxime cuando disminuían sus exportaciones (debido al descenso del precio de las materias primas y a la desaceleración general de la expansión del comercio internacional), y cuando sus importaciones, no sóla las de petróleo, sino también las de alimentos, aumentaban (consecuencia, entre otras cosas, del modelo de desarrollo descrito más arriba).
Entre 1974 y 1978, los 39 países llamados "de renta baja" por el Banco Mundial, es decir, cuyo PNB por habitante es inferior a 300 dólares anuales, han visto cómo sus ingresos por exportación descendían en un 10%, y sus importaciones crecían en un - 3% en términos reales.
Los países dependientes, importadores de petróleo, tienen, según las estadísticas del Banco Mundial, un crecimiento anual del PNB del 2,77 por habitante, en el periodo 1970-1980, es decir, un crecimiento superior al de los países industrializados (2,4%). Pero esta cifra sólo indica un crecimiento estadístico medio (no nos dice nada de la
El endeudamiento de los países dependientes evolución de la situación del cortador de caña de Pernambuco en el Nordeste brasileño, ni del minero de Bolivia o del gana-
Sahel). Además, este "crecimiento" ha sido comprado a plazos. Al borde del precipicio
Del mismo modo que no han comprendido -o no han querido comprender- las causas y la amplitud de la recesión actual, los economistas y dirigentes burgueses han negado durante mucho tiempo la gravedad del proceso de endeudamiento de los países pobres.
ataques lanzados contra los préstamos bancarios a favor de los países en vías de desarrollo son injustificados, y sus autores hacen gala de ceguera. Porque no tienen en cuenta el hecho de que los bancos, al funcionar como intermediarios financieros, han desempeñado un papel eminentemente útil", podíamos leer, por ejemplo, en el Monthly Economic Letter del First National City Bank, de noviembre de 1976.
Desde el "segundo golpe petrolero", es decir, desde la duplicación del precio del petróleo entre 1979 y 1980, estos mismos analistas estudian la cuestión más de cerca. La ocasión se presta, pues les permite descargar sobre los productores de petróleo la responsabilidad de la situación de los países dominados. A la vista de las perspectivas del endeudamiento de los años 80, ponen en tela de juicio la capacidad de los países prestamistas para recuperar algún día el clavo.
Las diferentes proyecciones del endeudamiento de los países dominados no exportadores de petróleo conducen, en efecto, a situaciones insostenibles. De acuerdo con una de dichas proyecciones, el "modelo de evolución de los mercados de capitales privados" , elaborado por el Amex Bank, el total de su deuda con respecto a la banca privada, que era de alrededor de 150.000 millones de dólares a finales de 1980, pasará a 800.000 millones de dólares corrientes a finales de 1986, es decir, se triplicará en términos reales.
El déficit comercial sólo alcanzara ese año los 162.000 millones de dólares, pero el déficit por cuenta corriente alcanzará los 208.000 millones de dólares, debiéndose la diferencia al creciente peso del coste de la deuda (es decir, el pago de los intereses y la amortización). Este coste de la deuda crece, en efecto, en un 16% anual, en terminos reales, mientras que el volumen de las exportaciones solo crece en un 57. En estas condiciones, la tasa del coste la deuda, es decir, la relación entre el coste de la deuda y los ingresos por exportación de bienes y servicios, ascenderá hasta un 36,4% en 1986. En otras palabras, para el conjunto de estos países, más de una tercera parte de sus ingresos será absorbida por el coste de su deuda.
En estas condiciones, para muchos de ellos, cuya situación ya es alarmante, el crecimiento a crédito se frenará muy rápidamente. Por lo demás; el modelo del Amex Bank prevé que de aquí a 1982 el mercado del crédito internacional no podrá seguir a la demanda.
La composición de la deuda es otro tema de preocupación, que se añade al de su importe. La proporción correspondiente a los créditos privados, por oposición a los del sector público (préstamos de Estado a Estado, "ayuda" al desarrollo), tiende a incrementarse con el aumento de la deuda en términos absolutos. Tan sólo en la deuda exterior pública o garantizada por el Estado, la parte correspondiente a los créditos privados pasó del 32% al 49% entre 1970 y 1978.
Pero los créditos privados no sólo comportan una remuneración más alta, sino que su tasa de interés tiende, en los últimos años —el desorden monetario obliga- a fluctuar, es decir, a seguir la evolución general de los tipos de interés. "El paso del coste del dinero, en los Estados Unidos, del 5% a cerca del 20%, en 1980", observa a este respecto el informe Pisani, comporta para estos países múltiples dificultades en cuanto al coste de su deuda. Así, los bancos suspensión de pagos de importantes deudores, lo que evidentemente provocaría, er revancha, grandes quiebras'
Concurren todo los factores para hacer que el sistema bancario privado ya no pue-
"reciclaje". McNamara, presidente del banco mundial, describió, en su discurso del 30 de septiembre de 1980, ante el Consejo de gobernadores del banco mundial, un cuadro-testamento de la situación, algunos de cuyos
"Esta es la treceava y última vez que tengo el privilegio de tomar la palabra en esta tribuna. Es una ocasión que comporta determinadas responsabilidades, y por eso me propongo ser hoy particularmente franco y directo... Durante los últimos 18 meses, la coyuntura internacional se ha deteriorado considerablemente, ensombreciendo las perspectivas del crecimiento económico y, por consiguiente, del progreso social de los países en vías de desarrollo importadores de petróleo.
En primer lugar, la situación no es en absoluto la misma que en 1974-78:
• El coste real del petróleo disminuyó de hecho en cerca de un 23% entre 1974 y 1978. A partir de 1978 aumentó vertiginosamente, y se piensa que el alza proseguirá durante los años 80.
• Entre 1974 y 1979, los bancos comerciales incrementaron rápidamente sus créditos a los países en vías de desarrollo e importadores de petróleo, que pasaron de
33.000 millones de dólares a un importe estimado de 133.000 millones de dólares.
Pero la relación entre su capital y sus haberes a riesgo se ha deteriorado ahora, y en algunos casos estiman que ya se han expuesto demasiado.
• Algunos países en vías de desarrollo con una renta intermedia, que ya se han endeudado fuertemente, gozan de menos crédito que antes en los bancos comerciales.
Estos exigirán probablemente un margen mayor para sus nuevos préstamos y aumentarán el volumen de éstos con menor rapidez que antes.
• Durante el periodo 1974-1978, los programas de ayuda bilateral y las instituciones financieras internacionales han
suministrado considerables fondos que han atenuado los efectos del encarecimiento de la energía. Cabe temer, por desgracia, que el volumen de este tipo de asistencia no continuará incrementándose con la misma rapidez que en el pasado.
• El fardo del coste de la deuda al hecho se la aligerado considerablemente durante los años 70, gracias al hecho de que los tipos de interés reales eran negativos; pero desde hace poco, los países en vías de desarrollo toman prestados importes muy altos con unos tipos de interés reales positivos.
• Numerosos países en vías de desarrollo ya han reducido sus importaciones, sus inversiones y su consumo, hasta tal punto que a este respecto carecen ya casi de margen de maniobra.
• Los países exportadores de petróleo, que acumulan actualmente los excedentes, los conservarán probablemente, esta vez, durante más tiempo —lo que retrasará su reciclaje—, dado que el volumen de sus importaciones y las transferencias de dinero de los trabajadores inmigrados no aumentarán sin duda con la misma rapidez que durante el periodo anterior.
• Finalmente, la recesión prolongada que se anuncia en los países industrializados, sobre todo si viene acompañada de medidas que restringen los intercambios comerciales o los flujos de capitales, hará más difícil, esta veZ, la reconversión de los países en vías de desarrollo".
El segundo punto merece ser destacado, pues muestra hasta qué punto podría producirse una quiebra bancaria, en cualquier momento, cuando un deudor importante suspenda pagos, o cuando un gran depositario en los bancos afectados decida desplazar sus capitales (como podrían haber hecho los dirigentes iraníes si hubieran decidido no acomodarse al sistema imperialista, sino combatirlo).
La tasa de fondos propios de los bancos, es decir, la relación entre su capital y su activo (crédito a los clientes), tiende a disminuir desde hace varios años. El profesor Walich, miembro del Consejo de Gobernadores del Sistema de Reserva Federal de los Estados Unidos, señaló el problema en un
Centre el 5 y el 7 "Para los grandes bancos americanos, la tasa se establece aproximadamente entre un 3 y un 4,5%". Guth, miembro de la dirección del Deutsche Bank, cifró en un 3,93% las tasas 'fondos propios/activos" de los tres bancos alemanes más importantes, frente al 6,02% de los cuatro grandes bancos de depósito de Londres, y al 3,58% de cuatro grandes establecimientos bancarios de los Estados Unidos. Así, estos ultimos figuran en la cola, pero los bancos de los tres países mencionados quedan eclipsados por los grandes bancos suizos. En cambio, los establecimientos franceses e italianos mostrarían sin duda una tasa inferior, al igual que los principales bancos japoneses. En el caso de los nueve grandes bancos norteamericanos, la tasa media de fondos propios descendió del 5,38% en 1970 al 3,90% en 1979.
Estas tasas son muy débiles, máxime cuando los bancos afectados realizan la transformación de los depósitos a corto plazo (procedentes de los países con excedentes de capital, exportadores de petróleo en gran parte) en créditos a largo plazo, que en algunos casos incluso rebasan los 10 años. La gestión de determinados bancos aparece tanto más audaz y peligrosa, cuanto que se sabe además que los riesgos están muy concentrados.
Según The Economist de Londres, del 17 de mayo de 1981, sólo 20 países han realizado más del 80% de los préstamos en el mercado europeo, en 1974, y cinco de ellos hasta el 40%. Nueve bancos norteamericanos concedieron por sí solos las dos terceras partes, aproximadamente, del total de los préstamos norteamericanos, a países en vías de desarrollo. Seis bancos, finalmente, prestaron el equivalente de sus fondos propios a solo dos países: México y Brasil.
Ante la amenaza de un crac bancario, que adquiriría hoy unas dimensiones que no guardan relación alguna con el hundimiento del banco Hersdadt y de algunos otros en 1974, se han multiplicado las exigencias de controlar las actividades bancarias internacionales. Así lo escribía Stewart Fleming, en el Financial Times el 31 de julio de 1979:
"La importancia creciente del papel de los bancos internacionales, de la que da una idea el desarrollo de los euromercados (los depósitos en eurodivisas pasaron, en cifras brutas, según el Morgan Guaranty Trust, de 110.000 millones de dólares en 1970 a
El endeudamiento de los países dependientes 890.000 millones a finales de 1978), viene acompañada de una inestabilidad igualmente creciente del sistema financiero internacional, y de una multiplicación de los riesgos para los bancos que operan en
Por tanto, conviene evitar que estas perturbaciones, vinculadas, al hundimiento del sistema de paridades fijas, el paso a las tasas de cambio flotantes, excedentes de la OPEP, y la amplitud de la inflación, desemboquen un día u otro en un consecuencia de alguna quiebra bancaria"
En cuanto al Journal de Genéve, institución igual de respetada por los banqueros
Financial Times, comentaba del modo siguiente la situación, en su edición del 18 de abril de 1980, bajo la firma de
"Seis años después de la sonada quiebra del banco Herstadt, los banqueros centrales reconocen, al fin, oficialmente, la enormidad del riesgo que planea sobre nuestras euromercado, esta construcción financiada sin duda la más singular que jamás se imaginó en Occidente. Dilatada como una inmensa pompa de jabón por el "reciclaje" de decenas de miles de millones de dólares de excedentes financieros de los países de la este mercado enteramente libre multiplica los riesgos que ningún sistema de vigilancia es capaz de prevenir o digerir actualmente, simplemente porque no existe. En lenguaje menos diplomático, un crac semejante al que sacudió a la comunidad financiera alemana de 1974, podría reproducirse muy bien. Para ello no hace falta recurrir a especulaciones azarosas en torno al tipo de cambio: los volúmenes afectados, los riesgos de insolvencia de determinados
endeudamiento de los países dependientes eudores, las relaciones tensas entre tipos los posibles réditos, bastarían para fulminar al más ¿lido de los institutos bancarios. Pues los recanismos de la competencia, soberanos a scala internacional, donde la ausencia de ualquier legislación en materia de obligaión de cobertura, permite que los bancos ue tengan la audacia para ello trabajen on un coeficiente de reservas próximo a ero, dan una visión de la seguridad únicanente subordinada a la reputación de los stablecimientos afectados". Las autoridades monetarias norteameriante el aumento del peligro, stablecido una reglamentación restrictiva tasa de reparto de los riesgos, vigilancia de a gestión bancaria por el Comptroller of he Currency). Paralelamente, los bancos ¡orteamericanos han cedido una parte del nercado a los bancos japoneses, pero sobre odo a los europeos, como consecuencia de a adopción, también por Tokio, eglamentación restrictiva a finales de 1979. Hoy en día, sólo las dos terceras partes de os haberes de los bancos declarantes al Banco de Pagos Internacionales están depositados en dólares, el resto en marcos alemanes y en francos suizos, y en menor medida en libras, en yens y en francos fran-
Tras sus reuniones de Basilea, los días 10 de marzo y 14 de abril de 1980, los gobernadores de los bancos centrales de los países miembros del Banco de Pagos Internacionales publicaban el siguiente comunicado:
"Los gobernadores reconocen la importante participación adquirida por los bancos en el reciclaje de los excedentes de la balanza de pagos, que se han registrado durante los últimos años. Han constatado que el importe global de los préstamos bancarios internacionales ha aumentado a' un ritmo anual de cerca del 25%. Además, para el futuro, la reaparición de los excedentes de la OPEP parece susceptible de comportar una importante contribución del sistema bancario internacional al reciclaje.
Dado el volumen actual de los préstamos bancarios internacioneles y el papel que tendrán que desempeñar, sin duda, los gobernadores están de acuerdo en reconocer que hay que preservar la solidez y la estabilidad del sistema bancario internacional, y que hay que evitar que estos préstamos tengan consecuencias indeseables, tanto desde el punto de vista de la situación económica mundial como de la política ecoque se aplique en los distintos nómica
A partir de estas consideraciones, los gobernadores han decidido reforzar la vigilancia periódica y sistemática de la evolución bancaria internacional, con miras a determinar su incidencia en la economía mundial, en la situación económica de los distintos países y, más en particular, en la aplicación de sus políticas monetarias internas y en la solidez, del sistema bancario en onate tordes por
Banco de Pagos Internacionales, así como demás informaciones útiles, y dará cuenta a los gobernadores, al menos dos veces al año, y con mayor frecuencia en caso de necesidad. Este dispositivo de vigilancia más estricto podrá suministrar un materia de política monetaria.
Reconociendo que los bancos tomados por separado, y el sistema bancario internaexpuestos en el futuro a riesgos mayores cional en su que en el pasado, los gobernantes reafirman la importancia capital que para ellos tiene el mantenimiento de criterios sanos en materia de gestión bancaria —sobre todo en lo que se refiere al nivel suficiente de fondos propios, a la liquidez y a la concentración de riesgos. A este efecto deciden otorgar una gran prioridad a la aplicación completa de las iniciativas ya adoptadas por comité, de las reglas y prácticas de control de las operaciones bancarias en lo que se refiere a la vigilancia de la actividad internacional de los bancos sobre la base de consolidados, evaluación de los riesgos— paises que se corren, así como el establecimiento de datos más completos y más coherentes para permitir vigilar el grado de transformación dè los vencimientos por los bancos.
Los gobernadores toman nota de que de forma general las desigualdades en las condiciones de competencia entre las actividades bancarias nacionales e internacionales, favorecen el crecimiento de los préstamos bancarios internacionales.
Constatan además que las transacciones realizadas a través del euromercado pueden plantear problemas a la aplicación eficaz de la política monetaria interna en los países diferencias particularmente gobernadores proseguirán sus esfuerzos ya emprendidos para reducir estas desigualdades de las condiciones de competencia, reconociendo plenamente, al mismo tiempo, las dificultades debidas a las diferencias existentes en las estructuras y tradiciones de los sistemas bancarios nacionales"
De hecho, la competencia que se libran las diferentes plazas bancarias, sobre todo desde la aparición de las plazas llamadas off shore, donde la reglamentación se reduce a un mínimo, elimina toda garantía de que internacional desarrolle sin mayores catástrofes, En este terreno, como en muchos otros, la acumulación privada demuestra hasta qué punto se ha convertido, en el siglo XX, en el principal obstáculo para el progreso de la huma-
La ausencia de alternativas
A la vista de la multiplicación de los riesgos de incumplimiento, la reducción de las reservas relativas de los bancos para hacerles frente, y la ausencia de un banco central "mundial que pueda desempeñar el papel de prestamista de última instancia, las demás fuentes de financiación son solicitadas de modo creciente. El presidente del Chase Manhattan Bank, Willard C. Butcher, escribe, por afirmar que los bancos podrán bien deberán — asegurar todo el peso del reciclaje. Otros tendrán que soportar una proporción mayor, a saber, las instituciones oficiales internacionales y los gobiernos incluídos los de la OPEP" . Esta es también una de las recomendaciones del Informe
El juicio del mercado no se ha hecho esperar. En 1980, el indice Euromoney, que mide la duración y la prima de riesgo de los créditos internacionales, se recuperó muy claramente, pasando de 79,6 en enero a 117,2 en octubre. Esta recuperación del índice, cuando los recursos son más abundantes que nunca, indica una recuperación del riesgo-país, es decir, una desconfianza creciente en la capacidad de los prestatarios a devolver sus deudas. Los importes de los créditos también han sufrido un claro retroceso, hecho sin precedentes desde hacia muchos años: entre enero y agosto de 1980, los créditos en euromoneda no alcanzaron los 44.000 millones de dólares corrientes, mientras que en 1979, durante el mismo periodo, rebasaron los 53.000 millones.
Sin embargo, es cierto que las demás fuentes, quitando el mercado internacional de capitales, no suministrarán una alternativa que permita proseguir en las mismas dimensiones de crecimiento crédito de los países dominados. Existen tres fuentes de financiación internacional hacia el mercado bancario privado: los llamados créditos de ayuda pública al desarrollo, los de las instituciones financieras internacionales (grupo del Banco Mundial, FMI, los bancos regionales desarrollo) y las inversiones directas.
Pese a los llamamientos urgentes de los países afectados, de la Comisión Brandt y de las instituciones internacionales, nada permite pensar que el importe de la ayuda pública al desarrollo cambiará de volumen.
Este tiende más bien a disminuir. El de los países industrializados, miembros del
Comité de ayuda al desarrollo de la ONU, sólo ha crecido en un 1,5%, en términos reales, entre 1965 y 1979. Por ejemplo, el gobierno británico ha anunciado una reducción de la ayuda del 0,48% de su PNB en
1977-1979, al 0,38% de aquí a 1985. El de los Estados Unidos, que es el menor entre los paises industrializados (0,10%
PNB), es constantemente puesto en tela de juicio por el Congreso de los EE.UU.
El Banco Mundial, al tiempo que denunciaba el hecho de que los países industrializados gastan 17 veces más para el armamento que para la ayuda, reconoce en su último informe sobre el desarrollo en el mundo, de agosto de 1980: "Nada permite esperar que se realicen progresos sensibles. (...) La razón de ello es simplemente que la mayoría de gobiernos no consideran deseable, en el plano político, desarrollar la ayuda exterior en un momento en que restringen los gastos interiores".
Otra de las fuentes importantes de ayuda es el grupo de los pases de la OPEP. Esta ayuda alcanzó hasta el 2,7% de su PNB en 1975, y mucho más en el caso de los países del Golfo (del 5 al 15% del PNB), pero también tiende a disminuir en porcentaje. En todo caso, el total de la ayuda pública al desarrollo se evalúa, en informe mencionado del Banco Mundial, en 20.700 millones de dólares para 1980 (de los que 9.100 millones de dólares son donativos y 11.600 millones de dólares créditos con tasas subvencionadas), para un flujo neto de capitales hacia los paises en vías desarrollo de 74.600 millones de dólares.
A comienzos de 1981, las instituciones internacionales elaboran multitud de proyectos de expansión de sus recursos y de sus competencias, de que no podemos informar aquí. Basta con saber que la mayoría de los gobiernos que los controlan se oponen a una desnaturalización de su función.
La séptima reconstitución del capital del FMI, que tiene por objeto aumentarlo de 51.200 millones a 76.800 millones de dólares, ni siquiera ha concluido, pese a haber pasado varios años de negociaciones.
El aumento del capital de los principales bancos de desarrollo (Banco Interamericano de Desarrollo, Banco Asiático de Desarrollo y Banco Africano de Desarrollo) sólo se efectúa muy lentamente, pese a que el último banco citado acaba de abrir su capital a los países no africanos, y por tanto, su capital debería pasar teóricamente de 1.600 a 6.300 millones de dólares.
El relevo por estas instituciones sólo podría hacerse al precio de una contribución presupuestaria muy elevada de los países
—cosa que ninguno de ellos está dispuesto a hacer— o de la creación de dinero ex nihilo. también queda excluida, pues la inflación internacional amenaza ya suficientemente el orden monetario. Por lo demás, el experto mejor informado que nadie, René Larre, director general del Banco de Pagos Internacionales, anunció a diciembre de 1980: "Las instituciones internacionales no pueden tomar el relevo de los bancos privados".
En cuanto a las inversiones directas, siguen el ritmo de la reorganización internacional del capital, pero no pueden ir por delante de ésta. Evaluado por el Banco Mundial en 10.000 millones de dólares en los flujos de capitales hacia los países en vías de desarrollo, en 1980, su crecimiento —según la misma fuente— no sobrepasará el 3% anual en el transcurso de los 5 a 10 próximos años. En cualquier caso, se habla mucho de las posibilidades de inversión de los petrodólares (excedentes financieros de los países de la OPEP) en los países en vías de desarrollo. De hecho, si los países petroleros no se contentan más hoy con depositar simplemente sus capitales en los bancos,
El endeudamiento de los países dependientes con pocas remuneraciones y con el riesgo de perder con el cambio, tampoco están dispuestas a asumir riesgos empresariales en los países pobres, y es sobre todo en la bolsa de Tokyo donde se colocaron en 1980. Los agentes de cambio japoneses registraron en 1980 unas inversiones de los países árabes, en yens —obligaciones y acciones— por un importe de cerca de 15:000 millones de
Como escribió recientemente la revista lucidez poco común: "Según las indicaciones que podemos recoger en las grandes plazas financieras, parece que la mayoría de países subdesarrollados dudan en contratar nuevos préstamos, ante la acumulación de sus deudas; los bancos se hacen cada vez más circunspectos en cuanto a la selección de sus deudores; de hecho, la casi totalidad de los préstamos concedidos en eurodólares se destina actualmente a los países "ricos". El volumen de las sumas tomadas en préstamo por los países desarrollo no petroleros acaba por tanto de cuenta las dudas que pueden tenerse en cuanto a la amplitud de las operaciones de salvamento del FMI, se corre el riesgo, por tanto, de constatar una contracción importante del comercio internacional, correspondiente a la desaceleración de las inversiones y del consumo en los países en vías de desarrollo. Como demostrará la "calzadura" actual del crédito, el comercio de importación de los países en vías de desarrollo y las exportaciones correspondientes de los países "ricos" no pueden basarse, hasta el infinito, en el crédito. Lo que podrá expresarse diciendo que el crédito sólo puede ser una forma efimera de imperialismo económico".
Todo hace pensar, en efecto, que los países dependientes han alcanzado el límite del endeudamiento. Las situaciones son, por supuesto, muy distintas de un país a otro, como veremos a continuación, pero los dirigentes de los bancos están extremadamente preocupados por la gestión de su cartera de "riesgo-país" , y analizan estos riesgos con una atención mayor que nunca. Y los responsables políticos de los países capitalistas conciben muy claramente la amenaza suplementaria que planea sobre el sistema monetario internacional a causa del nivel y de los riesgos de la deuda internacional.
El nivel de los recursos financieros exteriores aportados a los países dependientes va a disminuir sensiblemente. Y bastaría con que el importe de estos recursos descienda en un 30% para que sólo financien ya la amortización y el interés de la deuda contratada anteriormente. Pues los nuevos créditos concedidos en 1980 han sido absoridos en un 70% por el coste de la deuda. Este porcentaje sólo era del 55% en 1975. Otra cifra que indica el límite alcanzado por la deuda.
El endeudamiento de los países dependientes Enfrentamientos decisivos
Como anunciaba el presidente del Banco Mundial, el 30 de septiembre, en Washing-
"los países importadores de petróleo son menos capaces que nunca de hacer frente a sus problemas de desarrollo". El estancamiento o el retroceso de su producción por habitante está, desgraciadamente, asegurado. El último Informe sobre el desarrollo en el mundo del Banco Mundial (agosto de 1980) lo da a entender claramente.
Después de plantear dos hipótesis de crecimiento, una alta y otra baja, proporciona él mismo todos los argumentos para refutar una y otra hipótesis. "Algunos indicios hacen pensar que se dan las premisas de la hipótesis baja: no es seguro que la ayuda encaminada hacia los países con una renta baja alcance el nivel, sin embargo modesto, de la hipótesis alta, y algunos países con una renta intermedia chocan al mismo tiempo con problemas de deudas y dificultades políticas. Por consiguiente, si los distintos gobiernos no adoptan medidas rigurosas en el transcurso del periodo de adaptación, se confirmará sin duda la hipótesis baja. Y hay diversos factores, particularmente la grave inestabilidad política, los problemas importantes de los mercados financieros o la ruptura de la cooperación económica mundial, que podrían conducir incluso a resultados aún bastantes peores":
Más adelante, abandonando su discurso sobre el crecimiento, el Informe reconoce: "La solución más sabia para determinados países importadores de petróleo podría consistir en restringir sus importes prestados y aceptar una desaceleración de su creesforzándose al mismo tiempo por reducir el déficit de sus transacciones corrientes y reforzando su solvencia y su capacidad para asegurar el pago del coste de su deuda".
La incoherencia de las previsiones del Banco Mundial salta a la vista en la conclusión del Informe, que recomienda a los países dominados "reducir su déficit no comprimiendo sus importaciones, sino incrementando sus importaciones", aunque treinta líneas más arriba anunciaba: "Los industrializados importan menos productos procedentes del Tercer Mundo".
Si no es hacia los países industriales, ¿hacia qué países podrán aumentar sus exportaciones los países dependientes? Tampoco hacia los países de la OPEP, pues también tienen un déficit de equipamientos indusde tecnología, y de alimenticios. La perspectiva. de los años 1980 no es por tanto ni la hipótesis alta ni la hipótesis baja del Banco Mundial, sino un marasmo casi general.
Dado que el capitalismo se desarrolla — y se destruye— de forma desigual y combinada, no resulta ocioso examinar la evolución probable de al menos dos grupos de países con situaciones muy distintas. El primero es el de la cuarentena de países con las rentas más bajas, del que decía el director del FMI, J. de Larosiére, el 29 de octubre de 1980 en Bonn, que tendrán "extraordinarias dificultades para financiar sus exportaal igual que cierto número de ellos clasificados por el Banco Mundial en el grupo de países con una renta intermedia, ya no tienen acceso a los créditos privados, o jamás lo tuvieron. La posibilidad de equilibrar su presupuesto, todos los años, depende ya de la buena voluntad de las potencias imperialistas. Lo que equivale a decir que las extremas dificultades en que los sume la recesión actual van a impulsar a sus gobiernos a estrechar los lazos neocoloniales con las antiguas o nuevas metrópolis. Así, hasta el gobierno Ratsiraka de Madagascar, tan firmemente antiimperialista de palabra hace pocos años, opera un acercamiento diplomático a Francia, a cambio de un aumento de 32 millones de francos en 1980, a 150 millones de francos, de los créditos del fondo de ayuda a la coopera-
En este contexto, los países capitalistas, que aprovechan la ganga, tenderían más bien a reforzar su "ayuda"" bilateral, en lugar de incrementar los recursos de los organismos de "ayuda" multilateral. El estrechamiento de los antiguos lazos coloniales a través de todo el mundo está a la orden del día, en todas partes en que los pueblos no emprendan la vía de la independencia real, es decir, la de la révolución socialista, tal como fue trazada por Cuba o Nicaragua.
Un segundo grupo de países está formado por la gran masa de países en desarrollo no petroleros, que disponen de una renta por habitante ligeramente más alta y que tradicionalmente tiene acceso al mercado internacional de capitales. En estos casos, el chantaje del FMI ya es bien conocido, por haber sido aplicado en numerosos casos (Perú, Chile, Turquía, Jamaica e incluso Portugal...): facilidades de créditos (escalonamiento de la deuda, concurso amplio del FMI de acuerdo con el crecimiento de sus recursos) a cambio de un programa de explotación mayor de los obreros y campe-
"Los países que son capaces de adoptar recuperación pueden contar a partir de ahora con su acceso a los recursos del Fondo, que en determinados casos podrá alcanzar varias veces los importes tradicionales",
J. de Larosière en la última asamblea anual
Y he aquí lo que entiende por "recuperación": "Transferir hacia la inversión una parte de los recursos que absorbe el consumo".. El precio político a pagar por estas políticas —que pueden llegar hasta la militar-policiaca,
Chile- incluso se anuncia. En la misma declaración, el director del FMI recomienda repercutir integramente en los precios al consumo los aumentos del precio del petro.
"independientemente de las repercusiones sociales y políticas"
Cabe destacar que en este segundo grupo existen algunos países que, si bien están muy endeudados, disponen de una infraestructura industrial ya apreciable (Corea del
Argentina, México, exportador del petróleo pero muy endeudado, o Brasil).
Dado su grado de industrialización, y mientras ofrezcan serias garantías políticas, pueden tratar de fomentar las inversiones directas, aligerando así la balanza de pagos. El esquema no es nuevo, pues la explotación directa por el capital extranjero es un rasgo distintivo del imperialismo.
La voluntad de industrializar a todo precio ya había empujado a las clases dominantes de algunos países a adoptar un marco legal de recepción de las inversiones extranjeras, ultraliberal, en Asia, Africa, e incluso en Europa (Eire o el Portugal salazarista) y en América Latina. En éste último continente, los intentos de desarrollo autónomo de un capital nacional, fomentados después de la gran crisis de 1929 y de la Segunda Guerra Mundiual, han cedido el lugar al modelo liberal de apertura total al capital extranjero, primero en el Cono Sur
Argentina, Uruguay, aunque también en el resto de América
A este respecto es muy significativa la evolución de la actitud de los países del Pacto Andino con respecto al capital extranjero. No sólo el Chile de Pinochet abandonó el Pacto Andino rechazando su proteccionismo y las restricciones frente al capital extranjero, contenidas en la resolución 24 del Acuerdo de Cartagena, sino que los demás miembros del Pacto Andino de hecho no han dejado de limitar su alcance. Actualmente, el proceso de penetración del capital extranjero tendría una razón más para acelerarse: la búsqueda de los recursos que el mercado internacional ya no sumi-
En esta perspectiva, el gobierno brasileño, por ejemplo, incita a las filiales multitransformar en capital propio los 14.000 millones de dólares que han prestado en el mercado internacional de capitales.
bancos saben que tendrán que defender sus préstamos mediante una mayor participación en el pais. En otras palabras, el gobierno brasileño tendrá que hacer concesiones para facilitar la compra de acciones y una entrada en el mercado financiero de los bancos extranjeros" , anuncia el Journal de
Genève del 11 de diciembre de 1980.
cuasi-monopolio multinacionales en el mercado internacional de la investigación y de las transferencias de tecnología hace ilusoria la idea de un desarrollo autónomo de un capital nacional. El nivel de endeudamiento alcanzado por la mayoría de países en desarrollo, en
un momento en que la economía mundial se hunde en la crisis, hace que este desarrollo sea ún más difícil.
Sin embargo, aunque la presión sea muy fuerte, algunas clases dominantes se apoyan auténticos centros de acumulación capitalista "nacionales" que frecuentemente están en manos del Estado. De ahí una resistencia muy fuerte a la toma del control por el capital extranjero, y el posible intento, incluso al precio de acentuar la explotación del trabajo y de una represión política aún más fuerte, de elevar
Es esta resistencia la que expresa un sector de la industria argentina opuesto a la política económica liberal de Videla y de su ministro Martínez de la Hoz, o la nueva dirección recientemente elegida en la Federación de Industrias de Sao Paulo en Brasil, opciones económicas son "nacionalistas" que las del equipo ante-
El endeudamiento de los países dependientes