Las estrechas puertas de la
"liberalización" y la construcción del Partido de los Trabajadores
Daniel JEBRAC
A economía brasileña, desde 1964 a - 1974, no ha conocido un milagro, sino, simplemente, un crecimiento económico acelerado del 7 al 10% anual, a costa de una sobreexplotación desenfrenada del proletariado, aplastado bajo el talón de hierro de la dictadura militar. En diez años, los trabajadores brasileños han visto reducirse su salario en más de la tercera parte. Hoy sería necesario más del doble del salario mínimo para volver al poder adquisitivo de 1940. Desnutrición masiva, propagación de epidemias, contaminación delincuencia récords, tales son, entre otros, los subproductos del "milagro". El reverso del milagro
Esta expansión brutal se ha traducido por un espectacular salto adelante de la industrialización y de la urbanización, al mismo tiempo que por una acentuación de los rasgos del desarrollo desigual. Desde 1964, el número de obreros industriales urbanos ha pasado de 3,5 millones a más de 12 millones, muy concentrados en las regiones de Sao Paulo, Rio y Belo Horizonte. La producción anual de automóviles ha pasado de 174.000 a 1.126.000 vehículos. La población universitaria se ha multiplicado por
Paralelamente, ha surgido una masa de 7 millones de proletarios agrícolas sin tierra, los boias frias, que reflejan la penetración del capitalismo en el campo. Los desequilibrios regionales se han agravado más aún en detrimento del Noreste. Esta región, de 35 millones de habitantes, que hace dos siglos producía la mayor parte de las riquezas y de las exportaciones del país, no suministra hoy más que el 5% de los productos industriales brasileños. El Estado de Pernambuco producía aún hace treinta años el 327 del azúcar del país, contra el 28% del Estado de Sao Paulo; hoy los porcentajes han pasado al 15% y 50% respectivamente. Al mismo tiempo, las metrópolis industriales, flanqueadas por sus favelas misérrimas, han conocido un impulso vertiginoso: desde 1950 a 1975, Sao Paulo ha pasado de 2,4 a 9,9 millones de habitantes, Río de 2,8 a 8,3 millones y la escalada prosi-
Este desarrollo económico rápido lleva la marca de una profunda dependencia del imperialismo, que ilustra bien la enorme deuda de 52.000 millones de dólares en 1979, superior —por sí sola— a la deuda total de los países del COMECON. Gracias a los superbeneficios garantizados por la dictadura, Brasil se ha convertido en un para los inversores extranjeros. Tanto es así, que las multinacionales imperialistas controlaban, en 1977, el 100% de la producción de automóviles y el 90% de la producción farmaceutica. En 1979, las inversiones extranjeras procedentes de Alemania Federal (15%), del Japón (10%) y de Francia (4,2%) suplantaban con un total del 29% las inversiones norteamericanas (28%) y confirmaban la tendencia a la diversificación de los lazos económicos internacionales.
Esta industrialización acelerada no es obra de una burguesía nacional fuerte y enérgica, sino el resultado combinado de la iniciativa del Estado y de la aportación de capitales extranjeros. El Estado populista había asegurado una primera fase de industrialización el sector de los productos de consumo. Después de agotar este ciclo de acumulación y de la crisis del pacto populista, la dictadura militar tomó el relevo e hizo funcionar el aparato estatal y militar para que desempeñara el papel que una burguesía raquítica era incapaz de ejercer por ella misma. Durante el boom de 1967 a 1973, el fueron por cuenta del Estado. El número y la parte de las empresas públicas aumentó sin cesar. El sector público empleó el 30% de la mano de obra y el capital del Estdo controló el 467 de las inversiones, contra solamente el 15% para el capital privado La radicalización obrera
El reciente desarrollo del Brasil evidencia hasta qué punto la • expansión del capitalismo engendra a sus propios enterradores. La década transcurrida ha visto formarse a una clase obrera numerosa, jóven y extraordinariamente concentrada en las grandes metrópolis. Este movimiento obrero renovado ha irrumpido en la escena política desde hace tres años por medio de huelgas cada vez más frecuentes y masivas.
Brasil
En 1979, todas las grandes ciudades industriales fueron alcanzadas por huelgas obreras de masas: Sao Paulo y su gran periferia del ABC, Belo Horizonte (donde los obreros de la construcción fueron dueños de la calle durante varios días), Rio, Puerto Alegre. Ante la carencia de estadísticas oficiales fiables, puede estimarse que el número de obreros implicados en estas acciones reivindicativas oscila entre 4 y 5 millones como mínimo, o sea más que en los últimos meses del régimen de Goulart, y más que nunca en toda la historia de Brasil.
Los 41 días de huelga de los 240.000 metalúrgicos del ABC, en abril y mayo de 1980, representan el punto culminante de esta ola de luchas. La reanudación del trabajo de los metalúrgicos, sin haber obtenido satisfacción de sus principales reivindicaciones, la puesta bajo tutela de su sindicato, la represión en masa contra los trabajadores más combativos, demuestran que cada nuevo paso adelante implica una prueba de fuerza política contra el régimen y la patronal. Por esta razón, el segundo semestre de 1980 representa una pausa y un retroceso relativo de la movilización obrera con relación a los dos años precedentes.
Los principales objetivos de lucha durante los cinco años últimos han sido el aumento de los salarios (o el pago de salarios atrasado) y, en menor proporción, la reintegración de sindicalistas o de trabajadores sancionados. Las acciones más duras fueron las de los obreros de la metalurgia, con importantes moviminetos en la construcción civil, los transportes, los bancos. Solamente en en Estado de Sao Paulo se han desarrollado la mitad de las acciones reivindicativas del conjunto del país. Lo cual indica hasta qué punto se reproducen en el mismo seno de la clase obrera los efectos del desarrollo desigual.
Esta radicalización no se limita a la clase obrera industrial, ya que ha movilizado ciertos sectores de enseñantes y de empleados. A través de la participación en las asociaciones de vecinos, en el movimiento contra la carestía de la vida y en el naciente movimiento feminista, ha alcanzado a las mujeres. Hubo en 1980 importantes luchas de estudiantes contra las reformas universitarias. También se manifestaron los primeros embriones de un movimiento negro con-
Brasil tra la descriminación racial, que sigue siendo una realidad omnipresente, a pesar de las pretensiones de la sociedad brasileña a una integración lograda.
La situación en el campo, bien que diferenciada según las regiones, combina -en un país en que la población rural es todavía de 55 millones— la tradición de la oligarquia terrateniente y la penetración del capitalismo más concentrado. Aún hay un gran número de haciendas inmensas en las que reina el terror de las milicias privadas y en las que el salario agrícola es reducido a una cuantía próxima a la semiesclavitud. Hay ya grandes compañías multinacionales que adquieren inmensos terrenos, como hay también en Amazonia y en el Mato Grosso, millares de pequeños propietarios que son expulsados:
La transformación agraria que se está operando, y que tiende a hacer del Brasil un gran exportador de productos agrícolas (soja) y a encontrar productos energéticos susceptibles de reducir la parte de las importaciones petrolíferas (Plan alcohol), bloquea el desarrollo de una pequeña y de una mediana burguesías agraria. El 2º Plan de desarrollo, para 1980-1983, reconoce la realidad de un "Proceso masivo de proletarización del trabajo rural". Este paso directo de la dominación de la oligarquía a la del gran capital se salda ya en ciertas regiones, particularmente en el Noreste, por un monocultivo casi absoluto de la caña y una agravación de los déficits nutricionales con fenómenos de deficiencias biológicas y cerebrales en la población, de baja de la fecundidad en las mujeres, de mortandad infantil Los primeros signos importantes de resistencia campesina aparecieron en 1980, con manifestaciones de masas de pequeños propietarios productores de soja en el Sur contra las tasas del gobierno a la exportación y, sobre todo, con la huelga, en setiem-
240.000 obreros agrícolas Pernambuco, que paralizaron 35 fábricas de azúcar y de alcohol de la región, huelgas en las que reivindicaban principalmente el 98% de aumento salarial, el pago del salario en dinero y no en especie, y la propiedad de una parcela de dos hectáreas que permitiera mantener un cultivo de subsistencia familiar. Esta radicalización tambiénse ha maniparticipación aumento de los campesinos en las reuniones. de las oposiciones sindicales y en la construcción del Partido de los Trabajadores movimiento obrero durante los últimos años muestra su fuerza potencial y también su debilidad: ésta es la consecuencia de la ausencia de organizaciones masas independientes del Estado y de mecanismos legales de concertación social. Los sindicatos oficiales siguen rigiéndose por una ley de 1943, directamente inspirada en la Carta mussoliniana del Trabajo, que los subordina directamente al ministerio de Trabajo. Los dirigentes son elegidos, pero el ministro tiene el poder de destituirlos, de requisar los locales, de nombrar interventores que ocupen el puesto de los dirigentes elegidos. Cosa que ocurrió en 1979 con el sindicato de banca de Porto Alegre y, más aún, en abril de 1980, al destituir y encarcelar a los representantes sindicales elegidos por los metalúrgicos del ABC.
Sin embargo, el empuje fue tal que se manifestó incluso a través de las estructuras corporativas, por la elección de direcciones clasistas al frente de determinados sindicatos y por el surgimiento de dirigentes combativos llamados "auténticos", en contraste con los pelegos, burócratas serviles a sueldo del régimen y de la patronal.
La otra debilidad destacable del movimiento obrero reside en su falta de enraizamiento en la base de las empresas: a pesar de su fuerza y de su impetuosidad, las luchas de los últimos años no han hecho aparecer en los lugares de trabajo unas estructuras presindicales comparables a lo que fueron, por ejemplo, las Comisiones Obreras en los últimos años del franquismo. Hasta hoy, una represión despiadada junto con el despido en masa de los dirigentes obreros surgidos en las luchas, se ha opuesto a la aparición de tal fenómeno.
Pero hay que reconocer también que la débil estructura orgánica del movimiento de masas y el carácter personalizado en extremo de sus direcciones, expresan una debilidad subjetiva: el peso todavía vivo del populismo y del paternalismo en el seno de la clase obrera, la falta de tradición de un inexistencia histórica de partidos obreros de masa independientes de la burguesía. combatividad y un nivel de conciencia y de siendo la contradicción más importante que tiene que superar el movimiento obrero brasileño para poder hacer frente victoriosamente a la dictadura y defender eficazmente los intereses de los trabajadores de las ciudades y del campo en los próximos enfrenLas contradicciones de la burguesía
La burguesía brasileña va a tener que afrontar ahora las contradicciones económicas y sociales acumuladas durante un cuarto de siglo de crecimiento acelerado. La deuda exterior alcanzará en 1980 los 60.000 rebasar con creces el 100% y tal vez el 110%.
Las estadísticas oficiales pretenden que sería necesaria de crecimiento anual de, cuando menos, el 7% para absorber el crecimiento del 3% de la fuerza de trabajo. Ahora bien, en el mejor de los casos, el crecimiento no alcanzará más del 6% en 1980 y podría ser inferior al 5% en 1981.
El paro, difícil de cifrar con exactitud a nivel del país entero, afecta ya al 8% de la población activa en las grandes ciudades. Debido a su profunda integración en la economía imperialista mundial, el Brasil recibirá directamente la onda de choque de la crisis. La burguesía tendrá que proceder a una reconversión de las estructuras industriales, tanto más explosiva y arriesgada debido a que no dispone aún de los amortiguadores políticos necesarios y a que la lentitud de la apertura democrática prometida puede ser aún fuente de explosiones sociales brutales. Tanto más cuanto aplastamiento de las instituciones populistas por la dictadura militar ha destrozado completamente los mecanismos tradicionales de integración de los oprimidos y los explotados en el pretendido consenso nacional.
A los primeros síntomas de agotamiento del "milagro", en 1974, el ascenso del descontento se manifestó primero por la polarización electoral en torno del PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileño), partido de oposición tolerado por la dictadura en el marco del sistema bipartito instalado por ella misma. Pero esta dictadura no ha renunciado nunca a un proceso de institucionalización tendente a reconstruir los mecanismos de integración y a restaurar la legitimidad del régimen. Es lo que intenta desde hace dos años el gobierno del general Figueiredo.
Hasta ahora, esta "apertura lenta, gradual y segura", , no se ha manifestado con nada en concreto, excepto la ley de amnistía, una mayor tolerancia a la prensa, y la ley de reforma de los partidos, que impone condiciones particularmente tortuosas para que un partido político pueda acceder a la existencia legal.
Por el contrario, los 41 días de huelga de los metalúrgicos del ABC han bastado para arrancar la careta de la liberación con la que la burguesía se ornamentaba. La ocupación de los locales sindicales, el encarcelamiento de los dirigentes normalmente elegidos, las brutales intervenciones policiales, dencian claramente las contradicciones y los límites de una apertura que nada tiene de irreversible. Después, el gobierno ha hecho aplazar hasta 1982 las elcciones municipales inicialmente previstas para 1980. Ha hecho adoptar una ley abiertamente xenófoba contra los residente extranjeros; ha hecho suspender a parlamentarios de la oposición, mientras que ciertos dirigentes del PSD, la fracción parlamentaria mayoritaria, reclamaban el restablecimiento de la inmunidad parlamentaria.
Por último, y principalmente, lo esencial de los cuerpos de represión de la dictaduar, empezando por la policía y la jerarquía
siguen intactos y dispuestos para funcionar de nuevo. Han sido puestos en litigio con motivo de la campaña de terrorismo que se desencadenó estos últimos meses contra las personalidades, los miltares y la prensa de la oposición.
Sin embargo, no se trata de un retroceso puro y simple, de un "cierre" que sigue a la apertura, sino de una voluntad de controlar más de cerca el proceso y ejercer una presión directa sobre las organizaciones clasistas susceptibles de dar otra dimensión y otro contenido a la oposición.
En efecto, la fecha de 1982 ha sido confirmada para la celebración de elecciones municipales, de elecciones generales y de elecciones directas a gobernadores, cuyo principio ha sido adoptado. Por último, los principales dirigentes de la huelga de metalúrgicos han sido. procesados y sobre ellos pesa la amenaza de condenas superiores a 12 años de prisión, en nombre de la Ley de Seguridad Nacional. La instrucción arrastra su lentitud y parece no saber cómo salirse del dilema: condenar con el riesgo de una explosión, o renunciar, con el riesgo de crear un precedente ventajoso para los obreros. Empero, es grande el peligro de ver desembocar el proceso en una suspensión de los derechos políticos (y electorales) para los principales dirigentes del PT, entre
Si la burguesía tiene tantas dificultades para coronar con el éxito el proceso de apertura que hubo entablado, se debe principalmente a que ella misma se encuentra profundamente dividida. No dispone de elementos políticos adecuados para tal empresa. El partido mayoritario en la Asamblea, el PDS, sacado directamente de la manga de la dictadura y enturbiado por el descrédito de ésta, no puede unificarse políticamente ni sobrepasar el clientelismo, los particularismos regionales y hasta gangsterismo puro y simple que ilustran toda su historia política.
A esta debilidad fundamental se añaden la divergencia de intereses en el seno mismo de la clase dominante, de la patronal y del ejército, entre los sectores cuyos privilegios están directamente ligados al peso específico del Estado y aquellos sectores asociados al capital multinacional.
La misma Iglesia no puede asegurar completamente la cohesión ideológica de la nación bajo el signo de la colaboración de clases. Las 80.000 parroquias de base que representan, después del hundimiento del popularismo, el único encuadramiento de masa de la población pobre, lejos de constituir una garantía fiable para la dictadura, refleja la radicalización.
Esta alcanza ampliamente a los curas que, en su gran mayoría, vivven en contacto directo con la miseria y con los explotados y se refleja incluso en el seno de la jerarquía eclesiástica. El viaje del Papa en junio de 1980 ha confirmado el peso considerable de la Iglesia en la sociedad brasileña. Esta supo guardar sus distancias con la dictadura y hacerse eco de las principales reivindicaciones sociales, si bien predicando la reconcialización nacional y consolidando la unidad de la Iglesia amenazada por la polarización política.
La unidad de la institución religiosa es, en efecto, muy importante para el futuro político del país. Si el bajo clero puede sentir directamente la presión de las capas sociales más oprimidas, la jerarquía eclesiástica, en última instancia, defenderá una política activa de colaboración de clases y puede representar un último recurso para la defensa de la paz social.
Si la burguesía parece conservar la iniciativa sobre el terreno pilítico, a pesar de sus debilidades y sus divisiones, ello no es a causa de su vigor y de sus propios recursos, sino más bien debido a los límites del movimiento obrero organizado. Por esta razón, por lo demás, la aparición y el impulso del Partido de los Trabajadores (PT) ha venido inopinadamente a perturbar la escena de un sistema cuatripartito imaginado por los generales reformadores, y constituye un elemento y un factor de primer orden en el desarrollo de la crisis brasileña. El Partido de los Trabajadores
La clase obrera brasileña no ha estado nunca organizada masivamente de forma independiente con relación a la burguesía. Los quince años de dictadura han agrandado el vacío aún más: mientras el PTB, el partido populista tradicional, se marchitaba en la oposición y en el exilio, mientras el PC se desacreditaba y las organizaciones armadas se aislaban, un nuevo proletariado urbano buscaba sus propias formas de expresión política. La idea de un partido obrero independiente, de un partido de los trabajadores, nació durante el año 1978 por iniciativa de dirigentes sindicales combativos para quienes los límites legales del sindicato oficial resultaban un obstáculo insoportable para las necesidades de la acción.
La Carta de los principios, documento de referencia para la construcción del PT, lo define como un partido "solamente de los trabajadores", cuya "lucha por la autonomía y la independencia sindicales efectivas, reivindicación fundamental de los trabajadores, es parte integrante de la lucha por la independencia política". Tambien afirma que el PT "trata de conquistar el poder político y de implantar un gobierno de los trabajadores basado en los órganos de representación creados por las mismas masas trabajadoras para el ejercicio de una demo-
Se trata, pues, de un partido de los traba-
"partido sin patronos", para "acabar con la explotación del hombre por el hombre". Además, construirá respetando el derecho de las minorías para expresar sus puntos de vista y respetará el derecho de fracción y de ten-
Brasil
Pero hasta 1980 el PT no adquirió su verdadero impulso. Varias generaciones de militantes sindicales combativos de la ciudad y del campo se encontraron, codo a codo con corrientes cristianas y de organizaciones revolucionarias de extrema izquierda. A medida que iba creciendo, su fuerza de atracción se confirmaba. Con ocasión de su asamblea nacional del 29 de mayo, el PT ya anunciaba 26.000 adherentes en 22 Estados. En octubre, ya contaba cerca de 70.000 y podía presentar al tribunal electoral toda la documentación necesaria para la legalización del partido.
Si logra esta legalización, a pesar de todas la puñeterías administrativas del régimen, el PT será el primer partido obrero —y tal vez el único— en llegar a obtener una existencia legal. Desde ahora mismo, ya aparece como el tercer partido político de la vida política brasileña, detrás del PDS, directamente sostenido por la dictadura, y el PMDB, partido burgués de oposición, en las filas del cual se encuentra el Partido Comunista.
En el documento de referencia, adoptado en la reunión de Mayo, el PT se define como el partido de los trabajadores, construido a partir de sus luchas, un partido que se enfrenta a la dictadura y luch a "por una alternativa de gobierno de los trabajadores contrario, la fórmula popular "partido sin patronos" ha desaparecido, lo mismo que la consigna de Asamblea Constituyente. Aún siendo de lamentar, la desaparición de tal o cual consigna no constituye por sí misma un signo de capitulación o de degeneración del partido. Dotar a la clase obrera de un partido de masas independiente de la patronal y del aparato de Estado, constituye hoy la tarea principal que se plantea ante los revolucionarios barsileños. Se trata de dar un primer paso concreto hacia delante en la senda de la independencia política de clase.
El PT nace de la efervescencia de la joven clase obrera, con los inevitables tanteos de la inexperiencia. Aún no hay en su seno intereses materiales cristalizados de burocracía aferrada a sus privilegios o subordinada a un aparato de Estado internacional. La única fuerza capaz de brindar en breve plazo un aparato y una orientación para una política de colaboración de clases en el seno del PT sería la Iglesia. Pero solamente las grandes pruebas y los grandes acontecimientos podrían demostrar una degeneración irreversible de un tal partido y de su paso hacia posiciones reformistas consoli-
El PT debe ser concebido como un partido de clase y de masas y no como un estrecho partido de cuadros ni como una gran máquina electoral sin contornos definidos. No es un trampolín para ambiciones electorales, ni una sigla-refugio para un mosaico de grupos. Ha de ser construido como un partido militante, fundado sobre una red de núcleos de base y no sobre la
Brasil estructura formal de comités electorales. Debe ser un partido de unidad y de independencia de la clase trabajadora, un partido de clase y de masas, puesto que no hay ninguna contradicción entre estos dos térmi-
Como partido de clase, el PT tiene que ser el instrumento de la defensa intransigente de los trabajadores en todos los terrenos. Existe •la posibilidad de que sea negada la independencia de clase del PT, nada más afirmada, mediante una política de alianza con la oposición burguesa. Porque la burguesía, si no puede impedir la legalización del PT, no escatimará esfuerzo alguno para hacer presión sobre los dirigentes del PT, con objeto de marginar en su seno las corrientes revolucionarias y tratar de recuperar al partido en los mecanismos institucionales.
Ciertas personalidades destacadas del PMDB han lanzado ya la idea de una oposición unificada. Nada hay que prohíba concretar con las fuerzas burguesas de oposición acciones concretas para luchar contra el terrorismo de la derecha, para arrancar libertades democráticas, o para imponer una Constitución soberana. En cambio, negociar con el PMDB o el PDT de Brizola un programa mínimo y un frente electoral permanente, sería tanto como hacer entrar por la ventana a los patronos que se pretendió echar por la puerta, y alienar por las buenas la independencia de los trabajadores, tan vigorosamente proclamada.
El PT debe ser 'el más activo y el más combativo de los partidos en el frente de las libertades democráticas. Pero los revolucionarios deben dejar sentado bien claramente en su seno que esta lucha resuelta no se inscribe en la perspectiva ilusoria de "democratización gradual" del Estado dictatorial, sino en la perspectiva real de su desmantela-
En todos sus textos de referencia, el PT se ha pronunciado por una Central Unica de. los Trabajadores, por un sindicato independiente del aparato de Estado. Ciertamente, no se trata de proclamar desde ahora mismo los sindicatos libres y una central, fuera y al margen del movimiento real de movilización y de organización de la clase obrera.
De lo que se trata es de orientar en la perspectiva de la Central única un proceso combinado de construcción que pueda abarcar lo mismo a los sindicatos oficiales arrancados de la burguesía por medio de listas clasistas, a los grupos de oposición, que a los.
embriones de comisiones o de comités sindicales que puedan surgir en las empresas en el transcurso de las luchas.
El conjunto de estos componentes, en el marco de un ascenso generalizado del movimiento de masas, deberán ser partícipes de un congreso constitutivo de la Central única. Partiendo de la corriente de "Unidad
Sindical", la corriente animada por la burocracia modernizada y el PC, estos últimos tratan de fijar los jalones de una confederación sindical fundada sobre los sindicatos dependientes, con el consentimiento de la dictadura. Una Central única, independiente de los patronos y del Estado, no podría • deslizarse en la camisa de fuerza del sindicalismo vertical. El reagrupacimiento de los sindicalistas combativos en una corriente sindical de oposición no implica abandonar toda participación en la "Unidad sindical" o en el Congreso Nacional de la Clase Trabajadora (CONCLAT) proyectado para 1981. Al contrario, permite avarizar, de cara a estas iniciativas, propuestas concretas, y exigir su preparación democrática.
Animado por sindicalistas combativos, el PT no es por ello un partido de masas basado en los sindicatos. De hecho, hay un desfase entre la construcción nacional del P1 como partido de masas, y la dispersión y la heterogeneidad de las oposiciones sindicales. Al adoptar una orientación fundamental para el movimiento sindical, el PT puede contribuir, pues, a llenar este vacio crucial del movimiento obrero y será él mismo una palanca para el desarrollo y la unificación de una oposición clasista en los sin-
Lo mínimo sería que todas las corrientes y militantes que se encuentran bajo la bandera del PT se encuentren también juntos en los sindicatos para impulsar listas clasistas independientes, frente a la de la burocracia obediente a las órdenes de arriba, en las elecciones sindicales. A pesar del carácter desigual del movimiento y de la frecuente división de las oposiciones, las últimas elecciones sindicales demuestran, en efecto, que las posibilidades de conquistar estructuras sindicales están lejos de agotarse.
Los militantes revolucionarios son leales constructores del PT. La condición de lealtad de todos, en las filas del PT, es que éste respete los derechos de las minorías, que sepa tener en cuenta la diversidad y la desigualdad de las experiencias en un país tan variado como Brasil.
Para que las corrientes y los grupos politicos que participan en la construcción del
PT puedan hacerlo con toda claridad, sin tratar de imponer artificialmente la integridad de sus posiciones o constituirse en fracciones ocultas, tienen que poder seguir existiendo como organizaciones separadas y defender abiertamente la totalidad de su pro-
A la inversa, considerar el PT como un simple frente de fuerzas políticas ya organizadas, no puede conducir más que a dividirlo y a paralizarlo. Por esta razón, los militantes se adhieren individualmente al
PT y desarrollan la intervención del PT en tanto que militantes de sus núcleos de base.
revolucionarios, construir el PT como instrumento de unificación de la clase obrera no significa disolverse, sino ser sus mejores y más activos militantes, al mismo tiempo y porque defienden la integridad de su propio programa, dado que la construcción de un partido obrero de masas es parte integrante de este programa.
En el período que se abre, el destino del
PT dependerá tanto del desrrollo concreto de la lucha de clases como de la. intervención consciente de una vanguardia marxista revolucionaria capaz de aprender las lecciones de la experiencia brasileña a la luz de los logros programáticos, que son la síntesis más avanzada de las luchas del proletariado
Los militantes revolucionarios más conscientes deben, pues, ocupar su sitio en el PT para construirlo, y no para practicar el entrismo como en un partido reformista; para contribuir a la elaboración de su programa al calor de la práctica y no para imponerle a la fuerza un programa prefabricado. Incluso en el caso de que triunfaran posiciones erróneas en el PT, esto podría significar la necesidad de una batalla política abierta en su seno, llegando a la formación de una tendencia organizada, pero no a la necisadad automática de una ruptura, mientras que no haya pruebas decisivas en Las tareas del momento
Para intentar escapar al atenazamiento de la crisis, quedan abiertas varias posibilidades frente a la burguesía brasileña. Pero no hay nada más que puertas estrechas. El actual gobierno pretende practicar únicamente una política de austeridad selectiva. La nueva ley salarial se niega a garantizar el cobro de salarios superiores a 15 jornales como mínimo (unas 8.500 pesetas mensuales). Pero cualquier medida de este tipo surtirá efectos de cadena y no podrá sino agravar, en fin de cuentas, las condiciones de vida ya desastrosas de la gran masa de los explotados. El régimen lleva a cabo una gran campaña publicitaria exaltando las riquezas naturales del país, sus capacidades y sus recursos casi ilimitados, en lo que respecta a la madera, el azúcar, la energía hidraúlica, las minas de hierro y hasta el oro (cuya producción alcanzaría, en 1985, 250 toneladas por año en lugar de las 40 actua-
Todos estos proyectos, empero, reclaman una masa enorme de inversiones. Ahora bien, de los 20.000 millones de recaudación por la exportación, los intereses de la deuda absorben ya cerca de 13.000 millones (7.000 millones de amortización y 5.000 millones por intereses).
Las previsiones y las informaciones demográficas anuncian un futuro de lo más sombrío para una población de 200 millones en el año 2000, frente a los 120 millones hoy, con un aumento dramático de las desigualdades regionales.
En la hipótesis —muy optimista si se mira la situación mundial— de un aumento medio del 7%, el 14% de la población del
Sur industrializado y el 55% de la del Norte agrario se encontrarían entonces en un estado de subalimentación. En la hipótesis inferior de una tasa de crecimiento anual del 4%, serían el 757 de la población del
Norte y el 39% del Sur quienes se enfrentarían con problemas de subsistencia elemental. Ahora bien, desde 1972 hasta 1978 el consumo anual por habitante ha caído de 78 a 63 kilos de arroz, de 27 a 21 kilos de judías, de 298 a 220 kilos de mandioca.
tales condiciones, los gobernantes brasileños dudan de su capacidad para alcanzar los objetivos políticos y económicos anunciados a bombo y platillo: las elecciones de 1982 y los 40.000 millones de dólares de exportación para 1985. No está excluído, pues, un nuevo endurecimiento del régimen, proclamando el estado de excepción y la adopción de una política feroz de recesión. Lo que plantearía a la burguesía problemas de muy distinta envergadura que en 1964 o en 1969.
Porque una represión selectiva no bastaría para amordazar a una clase obrera ya adentrada en la via de la lucha de masas. En tales dimensiones será necesaria una représión cualitativamente superior. Por otra parte, las medidas recesionistas no afectarían únicamente a los sectores arcáicos de las pequeñas empresas, sino que alcanzarían inevitablemente a los sectores clave capital brasileño y a las mismas empresas
La otra hipótesis, barajada en ciertos medios políticos, es la de un gobierno de que cambiaría austeridad negociada por la consolidación de un régimen parlamentario. El Partido Popular, partido de oposición sostenido por los grandes patronos, podría convertirse en el eje de tal solución, en alianza con el
PMDB y con el consentimiento activo del mismo PC. La perspectiva de una revisión de la Constitución o de una "Constituyente con Figueiredo", antes de las elecciones de
1982 pueden formar parte de tal proyecto.
Las dificultades de tal política son múltiples. Se deben, en primer lugar, a la gran miseria de los trabajadores brasileños, demasiado intolerable para que unas concesiones políticas formales puedan ser una virtud de apaciguamiento. En España, los pactos de austeridad llegaron después de la institucionalización. En Brasil, la miseria preexiste y es terrible. Las dificultades se deben, también a la ausencia de un movimiento obrero organizado susceptible de negociar y de encargarse él mismo de controlar las explosiones. Y se deben, en fin, a la división política y a la falta de tradición de la misma clase dominante.
La tentativa de poner en marcha tal proyecto no está excluída, sin embargo. Supondría la restauración, por lo menos parcial, de las libertades sindicales y de los mecanismos de integración en la empresa. Con unos costos salariales que no representan más que un 5% de los costos de producción, las multinacionales tendrían los medios de aplicar una política salarial que incidirá en las divisiones de la clase obrera.
Después de la Scania, la Volkswagen ha hecho la propuesta de un comité de fábrica, elegido con la mitad de representantes sindicados y la otra mitad de representantes no sindicados (y derecho al veto de la dirección sobre los elegidos). Estas proposiciones pueden hallar el apoyo de las corrientes de la burocracia amarilla "modernizada" y del PC, reagrupados en la corriente 'Unidad Sindical". En fin, a pesar de las deudas del Brasil, los bancos internacionales pueden concurso político, antes que arriesgarse a perderlo todo, política y económicamente, en un enorme crack brasile-
Tal tentativa implicaría una reestructuración profunda de la economía brasileña, el producción y la ampliación del mercado desarrollo sector de interior. También implicaría una diversificación de los lazos económicos internacionales. Brasil ha iniciado ya un nuevo despliegue, con dirección al Oriente Medio, Africa y Países del Este (especialmente Po-
Paralelamente, Figueiredo y Videla han emprendido la marcha de una cooperación nuclear e hidroeléctrica acentuada y Brasil ha concluído acuerdos nucleares con el Chile de Pinochet. En cambio, el proyecto de un tratado militar suratlántico, con Africa del Sur, preconizado por Argentina, sigue en punto muerto, ya que Brasil no quiere comprometer sus posiciones en el continente africano. Claro que todos estos esfuerzos continuan estando amenazados por la represión y la nueva contracción de los cambios internacionales que puede
Dentro del movimiento obrero brasileño, el Partido Comunista, a pesar de estar reducido a dimensiones muy modestas, sigue siendo el defensor más consecuente de una estrategia de revolución por etapas y de alianza con la burguesía liberal, con vistas a la primera etapa de democratización y de independencia nacional en el cuadro de un estado burgués. Esta línea ha conocido ya varios fracasos históricos estrepitosos, entre
La burguesía brasileña no es hoy tan débil y se halla inextricablemente ligada al ejército. Cualquier alianza con una fracción implica la subordinación abierta de los intereses de los
En cuanto al tema de la independencia nacional, éste encuentra un eco legítimo en un país que, agobiado por la presión del imperialismo, soporta sus consecuencias onerosas. Pero los lazos entre el imperialismo y el capital brasileño son tan estrechos que ia independencia no puede ser concebida sin revolución social. En la hora actual, la línea del PC se concreta en su presencia en el gran partido burgués de oposición que es el guerrillero MR-8; también concreta en la alianza con una fracción de la burocracia sindical contra las oposiciones clasistas (el MR-8 practica con gran celo el gansterismo sindical), y por la aceptación del proyecto de "Constituyente de Figueire-
La aparición del PT como partido de clase y de masas, defendiendo claramente los intereses de los trabajadores, mientras que el PC se incrusta en el PMDB, ha planteado ya problemas agudos al partido estalinista, que ha conocido una escisión entre el ala moderada y su viejo líder histórico Luis Carlos Prestes (19) deseoso de afirmar más vigorosamente la vocación de clase para hacer frente a la expansión del PT.
El eje de las luchas continúa siendo la construcción de un movimiento obrero independiente del Estado y de la patronal, la conquista de las libertades democráticas, el derrocamiento de la dictadura y la defensa palmo a palmo de los intereses y las condiciones de vida de los trabajadores contra toda política de austeridad:
a) Por las libertades democráticas: restablecimiento del derecho de huelga sin restricción, legalización de los partidos politicos, amnistía total y abolición de la censura, asamblea constituyente libre y soberana, desmantelamiento del aparato represivo, de la policía política y militar, de los servicios secretos. ¡Abajo la dictadura!
b) Contra la explotación y la opresión; contra la austeridad, con las reivindicaciones de los obreros y campesinos:
mínimo único a escala nacional para los obreros y los campesinos, basado en un indice controlado por los trabajadores, dado que el sistema actual del salario mínimo diferenciado por estados y el índice oficial de precios que sirve de base para los reajustes semestrales, de hecho, comportan la baja del salario real.
•Rechazo de las horas extraordinarias, reducción de las cadencias, reducción del tiempo de trabajo sin disminución del salario y escala móvil de las horas de trabajo;
•Reforma Agraria radical; expropiación de las grandes empresas multinacionales y nacionales así como de los latifundios; plan económico obrero de reconversión y de pro-
•Control obrero de los precios, de la producción y de los libros de cuentas (al que pretendía controlar los fondos de huelga de los metalúrgicos del
ABC, los huelguistas le respondieron muy atinadamente reclamando la apertura de los libros de cuentas de Volkswagen, Mercedes,
FIAT, General Motors, Saab-Scania, etc.).
•contra toda discriminación de los negros, los indios, las mujeres; derecho a la contracepción y al aborto.
c) Por la unidad y la independencia de
•Unidad e independencia sindical, por una Central única de los trabajadores, independiente del Estado, y por reconocimiento de los derechos sindicales en las empresas.
• por un partido obrero de masas y de clase, por un partido sin patronos, por un* los trabajadores, construcción del Partido de los Trabajado-