El Partido Comunista Francés y
Francia la Elección Presidencial
A situación política en Francia se encuentra ya desde ahora dominada por la elección presidencial que, por medio del sufragio universal, tendrá lugar en marzo-abril de 1981. Los partidos terminan sus preparativos (designación de los candidatos, temas de la campaña electoral, preparación terial...), la propaganda consagra a ello mucho tiempo, las reuniones y manifestaciones comienzan a multiplicarse.
Mencionaremos sucintamente la situación económica y social en la que se desarrollará esta elección. En primer lugar, el número de parados se cifra entre 1,5 y 2-millones y, sin duda, no disminuirá en el plazo que falta para la citada elección; las concentraciones de empresas se multiplican, al igual que las bancarrotas y el cierre de fábricas. La inflación, que constituía una de las primeras preocupaciones del gobierno, alcanza una tasa cercana al 15%, y el único medio de que dispone aquél para disminuirla consiste en modificar los cálculos del índice. Mientras que hasta finales de 1977 los trabajadores pudieron conservar el poder adquisitivo, éste ha disminuido desde hace más de dos años, aún cuando sea en menor proporción que en otros países europeos; por vez primera, el jefe del gobierno, Barre, acaba de declarar cínicamente que el año 1981 no verá mantenerse, sin variar, el poder adquisitivo —se refiere sin la menor duda al de aquellos que han de ganar su sus-
La ofensiva patronal contra los trabajadores y sus organizaciones sindicales prosigue cada vez con mayor vigor con la ayuda del Estado: delegados obreros que habían sido elegidos en las empresas y que gozaban de cierta inmunidad contra los despidos, se ven ahora privados de ella y despedidos en
Toda una serie de libertades y de derechos, conquistados en el pasado mediante las luchas, son cercenados: ofensiva contra el derecho de huelga; utilización de fuerzas armadas para evacuar las fábricas ocupadas por huelguistas; derecho de asilo prácticamente suprimido; mayor incremento de las medidas contra los extranjeros que trabajan en Francia; agravación del Código penal; nuevas leyes para otorgar a la policía poderes exorbitantes; coger de nuevo las riendas en las universidades, etc. • En la cumbre de la sociedad, los escándalos se multiplican (affaire Bokassa, affaire de Broglie, nepotismo, especulación bursátil...). La intervención de Giscard —comprometido personalmente en algunos de estos escándalos— ha hecho que la gran prensa, salvo raras excepciones, y los otros medios comunicación (radio, TV) guarden silencio. El régimen actual es, en el fondo, lo mismo que el de Petain, el de Vichy, aún cuando le falta la ocupación
En tal atmósfera, nada tiene de particular que los grupos numéricamente débiles de neonazis efectúen impunemente toda especie de exacciones. No ha habido solamente el mundialmente conocido atentado de la rue Copernic; se ha hablado mucho menos de las numerosas agresiones contra los árabes y no sólo por parte de algunos nazis, sino también por policías en uniforme. En algunos casos, ante la completa pasividad de las capas atrasadas de la población.
La benevolencia del gobierno a este respecto no ofrece la menor duda. Los secretarios de dos sindicatos de policías, que agrupan la mayoría de este personal, denunciaron la pertenencia a la policía de varias decenas de agentes neonazis, denuncia que tuvo lugar después de ocurrido el citado atentado de la rue Copernic. El ministro del Interior no ha encontrado mejor respuesta que porfiar sobre el número de tales agentes... y llevar a los tribunales a estos dos secretarios sindicales. ¿Y qué puede darse como más característico de la gente gubernamental que el lapsus de Barre, al día siguiente del atentado en cuestión, cuando habló de "un atentado que iba dirigido contra los israelitas que acudían a la sinagoga y que ha recaído sobre unos franceses inocentes"?. No es preciso ser conocedor o adepto de Freud para saber en qué medida este lapsus es revelador de los más hondos sentimientos de su autor.
El acto significativo más reciente de este la persecución emprendida contra Le Monde por cinco artículos publicados en tres años, pero no como delito de prensa, sino de derecho común, lo cual condena de cárcel. ¿Y esto por qué? Pues porque, ante todo, LE MONDE ha revelado algo que tiene todo el aspecto de una prevaricación, como es el haber sustraído del expediente, y sin el menor conocimiento del interesado, unos pliegos precintados. La violación de estos precintos y el poner a salvo los pliegos, de manera que el inculpado no pueda mencionarlos siquiera ante el tribunal, explica la razón. Bien es verdad que estos pliegos se referían al affaire Bokassa y a los diamantes que éste había re-
Pierre FRANK galado a Giscard.
La situación política y social y la política llevada a cabo por la actual camarilla gubernamental a este respecto, y de la que uno no puede escribir ni pronunciar los nombres sin taparse la nariz ante el hedor que despiden, a diferencia de los escándalos, suscitan inquietudes y divisiones en los círculos políticos de la burguesía. Algunos no han olvidado cómo Mayo del 68 estalló de manera
La mayoría parlamentaria, que sostiene formalmente al gobierno, está tan dividida hoy como lo están el PS y el PC. Entre Chirac y Giscard no hay amistad perdida. Con vistas a la elección presidencial, el RPR (el partido de Chirac) ha preparado un libro en el que expone sus posiciones sobre los problemas políticos y sociales. Al presentarlo a la prensa, Méo, consejero económico de este partido, declaró: 'Una cosa cierta es que la actual política del gobierno lleva a Francia a la bancarrota y a la revolución". (Le Monde, 22 Octubre 1980).
Incluso teniendo en cuenta un cierto exceso verbal dictado por las necesidades electorales, el representante del RPR expresa una inquietud real, auténtica.
Sin la menor duda, a fuerza de tirar mucho tiempo y muy fuerte de la cuerda, ésta acaba por romperse. Pero la clase obrera que en 1977 esperaba aún poder sacudirse a Giscard electoralmente, y cuyo potencial de combatividad sigue manifestándose episódicamente, parece estar hoy reducida a una actitud defensiva de la que, por ahora, no ve la salida. Resiste lo mejor que puede a la extensión del paro y a los ataques contra su poder adquisitivo, pero lo hace nada más que en combates limitados, parciales. En la coyuntura de crisis económica, sería preciso ofrecer a la resistencia obrera una perspectiva global рага transformar esta defensiva en contraofensiva. Haría falta una perspectiva política creíble (la de una huelga general para derribar a Giscard), porque no hay hoy ninguna salida efectiva sobre el plano estrictamente económico. Después de la ruptura de la Unión de la Izquierda, durante 1977-78, la clase obrera, que veía en la victoria de esta Unión una perspectiva política (por ilusoria que haya podido ser para los militantes revolucionarios), se encuentra hoy, cara a los partidos obreros tradiconales, que lo único que le ofrecen son las violentas discordias entre ellos, que se van agravando aún más a medida que se acerca la elección presidencial.
La segunda vuelta, una incógnita
Creemos necesario añadir algunas indicaciones generales acerca de las condiciones en que se presenta esta elección. La mayor parte de los votos será repartida cuatro candidatos: Giscard, por la UDF, Chirac, por el RPR, Mitterrand por el PS y Marchais, por el PC. Se anuncian muchas otras candidaturas, desde las de extrema derecha hasta las de extrema izquierda, pasando por las de burgueses que rompieron con su partido respectivo, la de los ecologistas, etc.
Dado que el gobierno ha hecho votar una ley que exige a cada candidatura el ser apoyado por 500 diputados, senadores, consejeros generales o alcaldes; en lugar de 100 como anteriormente, y que estas firmas habrán de figurar en el Diario Oficial (Boletín del Estado), y que los prefectos no dejan de ejercer sus presiones, habra que esperar hasta las semanas que precedan la elección para saber qué candidatos habrán podido salvar los obstáculos creados por el gobierno.
Los sondeos hechos por agencias que muy a menudo están al servicio de los grandes grupos capitalistas dan como ganador a Giscard por escasa ventaja. De hecho, como en el pasado, el resultado final dependerá del desplazamiento hacía la derecha o hacía la izquierda de trescientos mil a quinientos mil votos. Sin duda, la división obrera favorece a Giscard y perjudica tanto al candidato socialista como al comunista. A pesar de lo cual no puede decirse que Giscard tenga ya el resultado en el bolsillo. En los próximos seis meses aproximadamente, pueden ocurrir muchas cosas tanto en el plano económico como, sobre todo, en el
Y también pueden intervenir otros factores. Con relación a Giscard existen, en efecto, creciente malestar y, también, un cierto asco por sus escándalos y su actitud despreciativa; malestar que afecta a amplias capas pequeño-burguesas. manifestarse con mayor o menor amplitud en la segunda vuelta, al igual que las consecuencias de la división obrera. Todos los votos comunistas -como lo veremos después- no serán esta vez casi automáticamente para el candidato socialista, pero todos los votos de Chirac y de otros candidatos burgueses no serán automáticamente tampoco para Giscard en la segunda vuelta, por diversas razones.
Algunos gaullistas temen, no sin razón, signifique la muerte de la formación gaullista. Numerosos electos de ésta buscan, por eso, su sosten en aquel que tiene a su disposición sinecuras y prebendas del Estado y que ha demostrado saber servirse de ellas.
Otros están dispuestos a jugar la peor baza, es decir, hacer elegir o dejar elegir a Mitterrad, pensando (algunos lo dicen incluso públicamente) que éste no hará sino aumentar el desorden actual y que, ocurrió en el pasado con gobiernos de izquierdas, al cabo de dos o tres años de tales gobiernos, entonces serán llamados y constituirán el "recurso" -es su expresión-, es decir, los que pondrán la casa en orden.
Así, pues, la gran incógnita de la próxima eleccción son los votos añadidos en la segunda vuelta. De donde se desprende que los candidatos y sus partidos no piensan solamente en cómo obtener el máximo de votos en la primera vuelta sino, también, durante su campaña, en facilitar en la medida de lo posible, el desliz favorable a los electores para la vuelta siguiente. Como veremos después, no es solamente el PC quien se erige contra todos. La división de los partidos
La suerte de Giscard estaría echada muy probablemente en contra suya, sino hubiera obrado en su favor la política ejercida por los dos grandes partidos que se reclaman del socialismo. En 1978, durante los meses que siguieron a la ruptura de la Unión de la Izquierda, los electores socialistas y comunistas mostraron bastante indiferencia electoral ante esta ruptura y votaron al candidato que obtuvo mejor resultado en la primera vuelta. Hoy no es igual: independientemente de las consignas de voto que puedan lanzar estos partidos, se ha podido observar en las elecciones parciales recientes una sensible pérdida de votos en la segunda vuelta, tanto de votos comunistas para el candidato socialista, como de votos socialistas para el
¿Cómo se presenta en la actualidad el enfrentamiento en estos dos partidos? Respecto al PS ye hemos señalado la lucha entablada en su seno por Rocard contra Mitterrand para ser el candidato del partido. Tal y como lo creímos desde el primer momento, finalmente es Mitterrand el candidato.
Dejemos de lado las sagaces maniobras que han permitido a éste último bloquear a su rival, quien, a causa de su ambición, ha actuado de manera precipitada y, a veces, có-
Políticamente, Rocard creía presentar un programa tecnocrático susceptible de ganar votos a la derecha; Mitterrand creia seguir siendo fiel a su perspectiva del Congreso de
Epinay, es decir, a saber desarrollar su influencia en primer lugar a la izquierda, incluso a costa del PC, para forzar a éste a volver a una política de alianza de facto con el PS inclinándose ante la relación de fuerzas así creada. La conducta de Mitterrand le estaba dictada, por un lado, por el fracaso de la política de alianza con los centristas, seguida por Guy Mollet durante la IV
República, y que casi costó la vida al Parti-
Francia do y, por otro lado, por los acontecimientos de Mayo de 1968, aquella huelga general que hubiera podido derribar al régimen ca-
Desde un punto de vista reformista con relación al capitalismo, Mitterrand ha comprendido que la burguesía francesa tenía necesidad, al igual que en Gran Bretaña y en Alemania, de un partido socialista fuerte , dado que el PC, a pesar de ser reformista, no presenta garantías suficientes contener un potente movimiento de masas. Comprendió también que un partido socialista fuerte había de acercarse al PC con objeto de remontar la corriente para reequilibrar la relación de fuerzas y, dominar a este partido. El cambio de política de la dirección del PC no ha cambiado la querer mantenerse todavía más cerca del PC en política interior y seguir manifestándose en pro de la Unión de la zquierda.
También ha comprendido que la política preconizada por Rocard haría muy bien el juego a la dirección del PC y no dejaría de provocar tarde o temprano una escisión en el mismo PS. Nada de extraño tiene, pues, que Mitterrand se haya dirigido ya a los electores comunistas —y se dirigirá con mayor tesón aún— para pedirles que no sigan una política de la dirección del PC que él tilda de ''sensata". Ha mantenido su posición de Epinay consistente en invertir la relación de fuerzas en el plano electoral respecto al PC. ¿Conseguirá llevarlo a un plano más elevado y, sobre todo, logrará hacerlo en el seno de la misma clase obrera, en particular en el plano sindical, que es lo más importante para el caso? Sólo las circunstancias futuras darán la respuesta. La política reformista hipersectaria del PC
El PC lleva a cabo hoy una política con relación al PS totalmente opuesta a la que después, practicado durante unos veinte años. En aquellos tiempos, abandonó la dictadura del proletariado, que ya hacía mucho que no era más que una vieja reliquia, y se pronunció en pro del energía nuclear y de las armas atómicas. No ha rectificado nada de esto y se hunde cada vez más en un nacioexigencia de suprimir absolutamente la emisólo en los ayuntamientos comunistas en el momento en que en las capas más atrasadas de la población se refuerzan las corrientes racistas, xenófobas, antisemitas. Defiende a grito pelado toda clase de reivindicaciones de cualquier categoría debido a la ausencia de un programa general y de una perspectiva por poco creíble que fuera, lo cual da a su actividad un aspecto demagógico de caza de descontentos, sin la menor tentativa de educación
Francia política. Después de que el PC se hubo mantenido durante meses enteros sin gran actividad. Marchais se lanza en una sucesión desordenada de mitines y se pone a la cabeza de manifestaciones —que no surten el menor efecto en el terreno de la lucha de clases—, con el único objetivo de ganar su-
En los meses que siguieron a la ruptura de la Unión de la Izquierda, parecía que el PC ponía ciertos límites a su política contra el PS. Es como si no quisiera extenderla a los ayuntamientos de la Unión de la Izquierda, lo que ahora ya está ampliamente olvidado, por una y demás. Todavía peor: a comienzos de 1978, el Congreso de la CGT se diferenciaba un tanto de la política antiunitaria del PC y se pronunciaba por una mayor libertad de expresión en el seno de esta central sindical.
Durante cierto tiempo, la dirección el PC se conformó lanzándose en una pugna por ver quién intervendría antes, el PC o la
Men las empresas, durante las huelgas. Actualmente, la CGT ha sido arrastrada a la senda antiunitaria del PC. El pacto entre la CGT y la CFDT establecido hace ya varios años está ahora roto en la dirección y, desgraciadamente, con frecuencia también en la base. La dirección de la CFDT ha contribuido considerablemente al pronunciarse por un "recentrismo", es decir, por posiciones reformistas
Use halla muy • próxima a las posiciones defendidas por Rocard en el PS.
Ahora la dirección del PC camina en la senda de dar un mal paso en el terreno sindical. Desde que la campaña electoral ha comenzado, se manifiestan ciertos manejos en el sentido de asociar de modo apropiado a la CGT con la candidatura Marchais, burtrabajadores socialistas que se adhieren a ella. Este asunto no está definitivamente zanjado, pues la probablemente antes de fin de año. Si la CGT se asocia a la campaña electoral del PC, puede dudarse de que le proporcione un gran número de votos; sino al contrario, se verá después ciertamente muy debilitada.
En la Conferencia nacional del Partido Comunista, que aceptó la candidatura de Marchais, fue claramente reconocido el ob-
"Reforzar el partido", volver a encontrar por todos los medios una relación de fuerzas favorable con respecto al PS: "El desequilibrio de la izquierda a favor del Partido Socialista, la fuerza insuficiente del Partido Comunista, han engendrado la división y la derrota", declaró Fiterman en su informe en esta Conferencia nacional. Y añadió: "La primera vuelta será decisiva, las uerzas reunidas en torno al candidato nombre, tal será la clave del cambio"
En ningún momento la dirección del PC se plantea el poner en tela de juicio su política. Más aún, si los trabajadores no le siguen, será peor para ellos, por culpa de
"Nosotros les decimos claramente a pese con' un peso suficiente en favor suyo, en favor del cambio". (Fiterman, informe en la Conferencia nacional, HUMANITE del 13 de octubre 1980). Si el Partido intencia; si no logra el puesto que le So Comunista no rresponde, clase obrera, trabajadores, el pueblo, no conocerán más que la prosecución de las dificultades y las desilusiones". (Marchais, discurso en nacional, L'Humanité, Octubre 1980.)
Dicho en otros términos: trabajadores, vosotros realizasteis la huelga general de Mayo 1968 y numerosas luchas después, pero todo esto no vale lo que una gran cantidad de sufragios. Si no nos concedeis más, vosotros tendréis la culpa de las desilusiones y las derrotas que os esperan. Sí, la culpa será vuestra y no de nuestra política. Resulta difícil imaginar un lenguaje más vulgarmente electorero y más escandaloso.
La primera vuelta será decisiva, dice la dirección del PC. Tal es su argucia para escamotear la respuesta a los problemas que se plantearán para la segunda vuelta. La segunda vuelta, es un falso problema, dice Fiterman. El equívoco sobre este punto es intencionado. La dirección del PC no quiere decir abiertamente que ella no lanzará un llamamiento para votar por el candidato socialista en la segunda vuelta. Quiere reservarse una posibilidad de desistirse en el último momento si ello le puede dar algo a cambio. Pero cuando se declara urbi et orbi que el PS en el poder no haría otra política que la de Giscard; cuando se lucha por "la unidad de la clase obrera" solamente detrás del PC y contra el PS, es evidente que se trata de convencer a los trabajadores de que Mitterrand y Giscard es tanto como decir que olivo y aceituna es todo uno, es decir, lo mismo, y, en el fondo, tanto como señalar una preferencia por la reelección de Giscard, lo que salta a la vista de quien tenga los ojos abiertos.
En una entrevista publicada e: Le Monde, el presidente del grupo parlamentario comunista, Ballanger, ha declarado que él no votará en la segunda vuelta por un candidato socialista atlantista —como si pudiera existir la más pequeña duda sobre la posición de Mitterrand a este respecto.
En efecto, cuando fue firmado el pacto de la Unión de la Izquierda, en 1972, la dirección del PC aceptó una fórmula de compromiso que implicaba la aceptación del Pacto del Atlántico. La dirección del PC que, durante cierto tiempo, se había distanciado con muchas precauciones con respecto a la URSS, ha vuelto a un alineamiento casi total hacia el Kremlin. No ha reconocido los sindicatos polacos Solidarnose hasta que lo hiciera la dirección del PC polaco y, aún hoy, no publica nada más que lo que aparece en la prensa oficial de Polonia. También ha puesto en sordina la represión de los no conformistas en la Unión Soviéti-
Inmediatamente Conferencia nacional que aprobó la candidatura de Marchais, éste declaró en la televisión que el desistir en la segunda vuelta, en nombre de la "disciplina republicana", era una "fórmula caduca". La cuestión de la segunda vuelta tiende a polarizar las
Para nosotros no es en sí la cuestión de las cuestiones, dado que una elección no puede cambiar un régimen social. Pero tras ella se plantea una cuestión fundamental para el movimiento obrero francés: la unidad de acción de la clase obrera que, en las condiciones presentes, debe constituirse ante todo por el frente único del PC y del PS. Frente a la división política de la clase obrera, que es un hecho objetivo, no hay estrategia válida para la lucha por el poder si no tiende a realizar la unidad de acción de la clase. La táctica electoral debe necesariamente ser el resultado de tal estrategia. En la forma de escrutinio que rige en Francia, esto es, con primera y segunda vuelta, la táctica debe permitir a cada partido obrero el contar sobre su programa en la primera vuelta, y en la segunda (2) hacer una voto de clase con el candidato obrero mejor situado, con el fin de ayudar así a los trabajadores a realizar la experiencia de este partido en el gobierno, en la medida de lo posible, claro.
No se trata de "disciplina republicana", que no es una "fórmula caduca", sino que ha sido siempre una fórmula falsa desde el punto de vista de clase, debido a que tiene su origen en los partidos burgueses de izquierda cuando, antaño, éstos se oponían a las primeras candidaturas obreras propiamente dichas: También fue utilizada ulteriormente por los reformistas de todos los colores para cubrir una alianza con la burguesía de izquierdas.
Los militantes revolucionarios oponían la fórmula "clase contra clase" (pero no en el sentido que los estalinianos le dieron durante el "tercer período"), para hacer de la segunda vuelta una manifestación unitaria de los trabajadores contra la burguesía. Desistir en la segunda vuelta no significa en modo alguno un voto en pro del programa del candidato por el que se desiste, ni puede, tampoco, ser condicionado a un acuerdo programático cualquiera (3); leáse La enfermedad infantil, donde Lenin aconseja a los trabajadores británicos que voten por el Partido Laborista.
La actual táctica del PC hacia el PS en las elecciones no puede surtir más efecto que castigar a los trabajadores que voten por el PS, tal y como, en sustancia, se expresa en los términos de Marchais y Fiterman: "no habéis dado bastantes votos al PC y vosotros sufriréis las consecuencias". Por otra
parte, también estimula entre los socialistas burgueses, es decir, la colaboración de clase las tendencias a ejercer represalias contra los comunistas. Los únicos que salen. ganando con ello son los burgueses.
La dirección del PC no ignora que tal táctica electoral levanta oposiciones y no sólo en la clase en general sino, también, entre los miembros del partido, incluso entre los cuadros y el aparato. Asimismo, en la Conferencia nacional, además de las intervenciones para uso de los propagandistas del partido, pudieron oirse algunas intervenciones un poco más elaboradas, destinadas a aquellos miembros a quienes esta táctica inquieta.
Pudo oirse, en primer término, a Fiterman cómo criticaba a aquéllos que quieren ser fieles a "viejas recetas". "Hemos decidido en nuestro XXIII Congreso no volver a seguir por las sendas que conducen a las viejas costumbres у abandonar las viejas recetas que tuvieron su valor pero que lo han perdido dado que la situación ha cambiado. Nosotros dejamos eso a los dogmáticos, a los machacones que balan, incapaces de la menor imaginación creadora y de audacia combativa. Van con retraso de una guerra o de varias y, además, tienen el gusto de la derrota. Nosotros, no» (Fiterman, L 'Humanité, 31 Octubre 1980).
No perdamos tiempo de buscar la imaginación creadora de los Marchais y compañía. Francette Lazard, miembro del buró político, se pronuncia en pro de "respuesta: luevas", aunque dejando entender que las masas tal vez no las comprendan: "Esta situación requiere respuestas nuevas, sin modelo; sin que puedan repetirse ni tampoco adaptarse ni modernización aquellas fórmulas que fueron positivas en su tiempo (...) No somos lo bastante fuertes para tener la seguridad de que las posibilidades de cambio que están abiertas sean comprendidas y bien comprendidas por el movimiento popular..."
Malberg, miembro del CC, que ha reemplazado a Fiszbin en el puesto de secretario de la Federación de París, también está por una "respuesta nueva", al invocar las experiencias anteriores con el PS: "Se nos conmina, dice Malberg, a que reanudemos la Unión de la Izquierda. Pero entonces, añade, se hace el punto muerto acerca de la realidad del PS". Y estima que "responder a estas conminaciones sería ir en contra del cambio anhelado", que lo que hoy hace falta es "dar una respuesta nueva" al problema de la Unión. El orador recuerda cómo los socialistas rompieron la unidad por tres veces: "En la época del Frente popular, en la Liberación y en 1977... Votar por el candidato comunista es diez veces, cien veces más eficaz que llorar por la Unión desaparecida...
Señalemos que son los acuerdos establecidos con el PS los que son condenados en todos los casos, pero no el programa sobre el cual se establecieron tales acuerdos ni la inclusión en éstos de los partidos sobre el mismo programa. Así, pues, la colaboración de clase no es condenada ni en
Nada tiene de sorprendente que esta acentuación de la política antiunitaria hacia el PS haya puesto en movimiento, una vez más, a las oposiciones que se hubieron manifestado en diversas ocasiones después del segundo semestre de 1977 y que no habían sido suprimidas a pesar de algunas sonrisas a los intelectuales. Estas oposiciones son
Mientras que un Ellenstein se comporta desde hace algunos meses como si deseara ser excluído del partido —lo que prácticamente acaba de ser decidido (4)—, los otros repiten sus críticas, sobre todo con respecto al régimen del partido. El anterior secretariado de la Federación de Paris, Fiszbin, había pedido que le dejaran presentar su punto de vista a la Conferencia nacional, lo cual le fue denegado. Es un artículo publicado en Le Monde del 11 de Octubre, éste escribía: "George Marchais ha afirmado que Mitterrand electo haría la misma política que Giscard d'Estaing. Tal análisis manifiesta un abandono puro y simple de la política unitaria del partido".
También señala que los oposicionistas son invitados a abandonar el partido.
"Los que desde lados diversos expresan su negativa a aceptar silenciosamente el actual estado de cosas son apremiados para que comprendan, en fin, que no hay nada que hacer y se les ruega que dejen el partido. Una invitación del mismo género ha sido escrita por la pluma del secretario general: Las puertas del partido están abiertas en los dos sentidos".
Fiszbin, que a continuación fue excluído del buró de la Federación de París por votación del Comité Federal —77 votos contra 12—, ha anunciado que en las condiciones no democráticas en las que ha sido adoptada la decisión de la Conferencia nacional, no se creía obligado a tomar parte en la campaña electoral. Esta declaración ha recibido el apoyo de varios concejales de
También se dice que el PC de La Martinica, un partido independiente del PCF, que hasta ahora llamaba a los habitantes de la isla, que son formalmente ciudadanos franceses, a que votasen por el candidato del PCF, ha resuelto preconizar la abstención. Ignoramos aún los móviles de esta decisión, que todavía puede cambiar.
Probablemente no están en relación directa con las relaciones PC-PS, pero esta decisión muestra un debilitamiento de la influencia del PCF sobre el partido martiniqueño.
En cuanto a los colectivos de 'unión de las luchas", que integran miembros del PC, del PS, de la CGT, de la CFDT, han adoptado desde ahora una posición a favor del desistimiento en la segunda vuelta, por el candidato obrero de mayor votación en la primera.
Francia
¿Qué es lo que predominará entre una campaña, cuyos preparativos y primeros pasos denotan un ritmo frenético y que intentará captar a los descontentos sin tener en cuenta lo que éstos quieren, y las resistencias a la política antiunitaria y al candidato del PC incluso en el mismo partido —lo que nunca se había visto—. Eso no podrá saberse antes de la noche del escrutinio. Incluso en el caso —a nuestro parecer dudoso—- de cierto éxito con relación al resultado obtenido por el PS, la actual política del PC —una gimnasia verbal sin perspectivas, y de agitación y manifestaciones altisonantes— no surtirá otros efectos reales más que el agotamiento y el desánimo de numerosos militantes. Como esta política no pasa de ser una caricatura de la del "tercer periodo", tampoco puede surtir mejores efectos que aquélla. Por fortuna, là situación es objetivamente distinta por completo a la de entonces. No existe un ascenso fascista potente. El paro no ha roto la energía de la clase obrera. Aún siendo todavía débil y mal unida, existe una extrema izquierda surgida de Mayo del 68 que podrá desempeñar un papel eminente, incluso tal vez decisivo, en las grandes crisis que se avecinan, dado que la elección presidencial no pasará de ser más que un momento breve de la política francesa, sin la menor modificación profunda en la situación económica y social del país.
Por el contrario, acarreará inevitablemente tensiones y crisis políticas de las que no quedará excluída ninguna formación, principalmente las de la clase obrera. La dirección del PC tal vez especula con una escisión del PS en el caso de que el candidato de este partido sufriera un nuevo fracaso. Es hacerse ilusiones el creer que un relativo éxito electoral podría hacerle recobrar solidez por un largo plazo.
El descontento en aumento del país habrá de buscarse una salida contra el régimen, cuya podredumbre es bien patente y el cual no busca la solución nada más que en detrimento de la clase obrera y en el aumento de las fuerzas de represión. Que los partidos obreros tradicionales sigan desunidos como ahora o que —hipótesis poco probablevuelvan a encontrarse unidos sobre un programa reformista, como en tiempos de la Unión de la Izquierda, el cambio deseado por la aplastante mayoria de las masas trabajadoras se producirá de otro modo. Este cambio se hará mediante la intervención de las masas en una lucha generalizada dirigida contra el poder capitalista. •