Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Polonia: El proletariado polaco pone en tela de juicio el poder de la burocracia

· Inprecor n.º 18, diciembre de 1980 · pp. 23-30 · 7.184 palabras

Declaración del Secretariado Unificado de la IV Internacional

El proletariado impugna el poder de la burocracia.

1• participaron dos millones de trabaja- Tras dos meses de huelgas, en las que dores, la clase obrera polaca ha logrado una gran, una magnífica victoria. Por primera vez desde que se estableció la dictadura burocrática en la URSS, y desde que se extendió posteriormente a Europa del Este, la clase obrera ha conquistado, en un combate directo organizado por ella misma, el derecho a crear organizaciones obreras autónomas; el derecho de huelga; la abolición parcial de la censura; el acceso de los trabajadores a los medios comunicación; una libertad religiosa más amplia; la puesta en libertad de los presos políticos de la inteliguentsia, repre-

Sede de "Solidarnosc" en Gdansk.

saliados por haber manifestado su solidaridad con los huelguistas; el reconocimiento, por parte de la burocracia, de que existen unos privilegios materiales exorbitados y su impugnación parcial. Se trata de una victoria de alcance verdaderamente histórico de la clase obrera polaca e internacional.

A pesar de todos los esfuerzos de la burocracia por fragmentar, dividir y sofocar las huelgas, mediante la concesión, desde el principio, de importantes mejoras económicas a los trabajadores de las primeras fábricas que se declararon en huelga; mediante el bloqueo de toda información, otorgando a unos lo

Polonia que se negaba a otros y tratando desesperadamente de evitar toda centralización de las huelgas, los trabajadores polacos han puesto de manifiesto reiteradamente una solidaridad y una capacidad de organización de clase realmente notables.

La huelga empezó en la fábrica Ursus, que ya había encabezado la lucha de 1976. Con la ayuda, al principio, de una red de corresponsales organizada a partir de las huelgas de 1970 y 1976, y vinculada al periódico Robotnik —que, sin embargo, se limitaba a divulgar las informaciones sobre los éxitos obtenidos por las primeras huelgas—, y posterior mente, de comités obreros semiclandestinos

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• la aparición, en el seno de la clase obrera, populares de la ciudad y del campo en el

Polonia de movilización, semitolerados y que aparecieron espontáneamente en varias fábricas, el movimiento se extendió progresivamente de una zona industrial a otra.

A partir del 17 de julio, la huelga de los ferroviarios de Lublin (ja 60 km. de la frontera soviética!) adquirió la amplitud de una huelga casi general, arrastrando a 17 empresas y paralizando toda la vida económica.

Cuando la oleada de huelgas llegó a los puertos del Báltico, es decit, al sector con más experiencia de la clase obrera, alcanzo un nivel superior de organización y politización. Aparecieron los comités interempresas (MKS). El de la región de Gdansk-Gdynia-Sopot agrupaba a unos 800 delegados de 500 empresas, y estaba permanentemente reunidos en los astilleros Lenin. Por su grado de organización y de control de la zona urbana, alcanzó el umbral de un auténtico consejo obrero.

El ejemplo de los MKS se propagó por numerosas regiones. En la Alta Silesia, que se sumó a la lucha más tarde, los huelguistas, conscientes del lugar decisivo que ocupan los mineros en la vida económica de Polonia (las exportaciones de carbón traen la mayor parte de las divisas al país), formaron un MKS que englobaba a 72 empresas y lograron, el 4 de setiembre, una victoria aún más sonada que

Los 21 puntos de la lista de reivindicaciode Gdansk-Gdynia-Sopot fueron un modelo para las plataformas reivindicativas de otras regiones: No cabe duda que habría sido posible la centralización de todos los MKS del país en un único comité

Además, los huelguistas y sus dirigentes mostraron un admirable sentido de la táctica, valoraron con realismo la relación de fuerzas y tuvieron en cuenta la naturaleza misma de la burocracia. No cayeron en ninguna provocación. Convirtieron las fábricas en auténticos bastiones obreros, negándose a negociar fuera de ellas, evitando los choques callejeros o las negociaciones en los locales del partido o de la administración del Estado.

La autoorganización, la democracia de masas y el sentido de la táctica se complementaron lógicamente. La negociación se hacía bajo el control de los huelguistas, que en amplias asambleas masivas examinaban críticamente cada paso a dar, en un democrático sin cortapisas.

negaron además a mantener las reivindicaciones que no habría podido conceder la burocracia sin cometer un suicidio inmediato o provocar la ruptura abierta con el Kremlin. Esta táctica tenía en cuenta el hecho de que, si bien la huelga contaba con todas las simpatías, sólo una minoría de la clase obrera participaba directa y activamente en ella. Se trataba de consolidar la posible autoorganización de masas mediante una victoria que se podía arrancar a la burocracia sin precipitar un enfrentamiento

Las cifras son harto elocuentes en cuanto a

El Secretario General del POUP, Kania. los resultados de esta táctica. Mientras que el número total de huelguistas no superó los dos millones, el número de afiliados de los sindicatos autónomos y autogestionados Solidarnosc ya suma el doble. Asi, gracias a su combate ejemplar de julio y agosto de 1980, la clase obrera polaca ha alcanzado un grado de autoorganización superior al que logró 2. mente por Esta victoria se explica fundamental• la modificación de la relación de fuerzas sociales en Polonia, con el surgimiento de la clase obrera como clase social ampliamente mayoritaria en el país, la fuerte disminución del peso del campesinado y de la pequeña burguesía en comparación con el que ejercía aún en 1956, la extensión de la industrialización y de la urbanización, el aumento del nivel cultural y de la cualificación del proletade un sector de militantes de vanguardia probados y aguerridos en las luchas antiburocráticas de 1970, 1976 y 1980, que han perdido gran parte de las ilusiones que tenían en las una autorreforma de la burocracia, ilusiones fuerza, en 1956 (experiencia Gomulka) y 1970 • el atolladero económico en que se encuentra la burocracia, lo que ha limitado mucho su capacidad de maniobra. Tras la crisis de 1970, el régimen provocó primero un boom creciente endeudamiento con los países capitalistas, con miras a utilizar el aumento del nivel de vida de los obreros como base para una recuperación del control sobre las instituciones y organizaciones sociales, ante todo sobre los sindicatos, es decir, a restablecer un control estable sobre la clase embargo, el despilfarro, la dejadez y la corrupción de la burocracia, el frecuente doble

"el egoísmo regional y de cada empresa", que son inevitables cuando no existe un verdadero control desde abajo, así como las incidencias de la crisis económica capitalista, no previstas por la burocracia, todo ello ha desembocado en unas dificultades económicas (particularmente en relación al abastecimiento de productos alimenticios y bienes de consumo para los obreros) que el régimen ha intentado resolver mediante una disminución del nivel de vida de la clase obrera, a la que el proletariado ha venido respondiendo con energía reciente; • el fracaso de las maniobras burocráticas destinadas a dividir a la oposición antiburocrática y la ausencia de una alternativa política, presentada por una fracción del POUP, que resulte creíble a los ojos de las masas. En 1968, la oposición estudiantil e intelectual que se había solidarizado con la 'Primavera de Praga", se quedó muy aislada de la clase obrera. En cambio, en 1970-71, la revuelta obrera no encontró prácticamente ningún eco en la inteliguentsia. Cuando quedó socavado el prestigio de Gierek, por las huelgas de 1976 y las concesiones que tuvo que hacer a los trabajadores, se recompuso una oposición política intelectual que de hecho conquistó el derecho de expresión

(KOR, Robotnik, intelectuales católicos, grupos nacionalistas, etc.). En el seno del mismo POUP y en su periferia reaparecieron pequeñas tendencias de oposición, aunque incapaces de presentar una plataforma o a dirigentes con un prestigio de masas. Mientras que numerosas tendencias de la oposición intelectual y la Iglesia estaban dispuestas a evitar cualquier enfrentamiento directo con la burocracia, de evitar cualquier lucha masiva, contentándose con una política de advertencias y presiones sobre la burocracia, la gigantesca ola de luchas obreras del verano de 1980 ha modificado cualitativamente la situación. De hecho ha unificado a la inmensa mayoría de las masas apoyo de la huelga obrera.

Así, mientras que prácticamente todo el país tiene conciencia de la profunda crisis que sacude a la sociedad, es la clase obrera la que ha conseguido, luchado, la hegemonia social de hecho en el seno de la oposición antiburocrática. Si hacemos abstracción de las primèras semanas que siguieron a la invasión de Hungría por las tropas soviéticas, en noviembre de 1956, es la primera vez que se produce en un Estado obrero burocratizado un fenómeno de esta amplitud y esta duración.

Esto es todo un presagio de la revolución política futura en la URSS, donde la relación de fuerzas sociales es comparable a la de Polonia, si es que no es aún más favorable.

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ticas a escala internacional, las críticas euro- trolando el sobreproducto social y, a traves lejos de haber conseguido una victoria total y organizado masivamente, que engloba a controlando el aparato de Estado. Sigue con- amenaza de muerte para la dictadura buro-

Lo que está en el orden del día en estos países, no es la contrarrevolución social, la restauración del capitalismo, que cuenta con unas bases sociales minúsculas o inexistentes en estos países. Lo que está en el orden del día es la sustitución de la dictadura totalitaria de la burocracia por una gestión del Estado y de la economía en manos de la propia clase obrera, unificada sobre la base de la autoorganización democrática, es decir, de la democracia socialista, que no pone en tela de juicio como han vuelto a confirmar admirablemen-

—después de Hungría y Checoslovahuelguistas polacos a lo largo de todo el verano de 1980. El objetivo de los trabajadores polacos no es otro que la democracia obrera y el socialismo.

La combinación de la crisis agravada del capitalismo y del estalinismo, la feroz resistencia que pone de manifiesto la clase obrera de la Europa capitalista frente a la ofensiva de austeridad del Capital, la caída de las dictaduras del sha y de Somoza bajo los gigantescas movilizaciones masas, las crecientes divisiones interburocrácomunistas al Kremlin, las repercusiones a largo plazo de la intervención soviética en Checoslovaquia, el atasco de la intervención soviética en Afganistán, en suma, el conjunto de factores que marcan el cambio de la internacional detrimento del imperialismo y del capitalismo, junto a los nuevos avances de la revolución mundial, hacen más difícil una intervención soviética en Polonia.

Aunque sea irresponsable excluir la posibilidad de esta intervención, resulta mucho más difícil que en el pasado, y la burocracia la precio mucho más elevado, incluso dentro de la propia Unión Soviética. Todo este contexto internacional ha favorecido la acción de masas de los trabajadores polacos y su voluntad de arrancarle a la burocracia unas concesiones reales. 3. han logrado una gran victoria, están Pero si bien los trabajadores polacos definitiva sobre la burocracia. Esta sigue

Polonia de este, todos los sectores decisivos de la actividad social. El poder de la burocracia no ha sido derribado. sido contestado, sacudido, obligado a hacer concesiones, que hace poco aún eran inimaginables. Pero sigue siendo real y fuerte.

Sin embargo, estas concesiones arrancadas por la clase obrera polaca son, a la larga, in"compatibles con el mantenimiento del poder de la burocracia. La burocracia no es una nueva clase dominante. No desempeña ningún papel económicamente necesario o insustituible en la sociedad. La clase obrera es perfectamente capaz de ejercer las funciones dirgentes que aquélla le ha usurpado. La dictadura burocrática sólo puede ser ejercida de forma duradera sobre la base de la pasividad y la atomización política de la clase obrera. Si esta impugna de forma continua y masiva la gestión burocrática, esta casta se verá condenada a desaparecer.

De ahí que la aparición de un movimiento millones de trabajadores, constituye una

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Polonia crática. Ambos no pueden convivir durante mucho tiempo. O bien la clase obrera autonöma llega a abolir, en el transcurso de una serie de enfrentamientos, el poder político de la burocracia, realizando una política antiburocrática victoriosa, y estableciendo el poder político de los consejos obreros democráticamente elegidos y centralizados; o bien la burocracia polaca, fuertemente respaldada y espoleada en esta dirección por la burocracia soviética y la de la mayoría de sus demás '''países hermanos", reabsorbérá, eliminará y liquidará una tras otra todas las concesiones fundamentales arrancadas por los trabajadores el 31 de agosto de 1980.

En previsión de estos futuros enfrentamientos, en el seno de la oposición política en Polonia, de la clase obrera e incluso de la vanguardia que dirigió la huelga, hay corrientes que se esfuerzan por evitarlos, tratando limitar la actividad del sindicato autónomo autogestionado a la estricta defensa de los intereses económicos inmediatos. La burocracia, a su vez, en el mismo momento en que ha lanzado intentos de corrupción y de integración, para limitar y liquidar las principales conquistas de agosto de 1980, centra sus esfuerzos políticos en el mismo sentido: el sindicato autónomo debería ser un organismo dedicado exclusivamente a defender los intereses particulares de sectores de la clase obrera en la esfera del consumo, y punto.

Este intento está condenado al fracaso. En una sociedad basada en la nacionalización de los principales medios de producción y de intercambio, cualquier cuestión económica se transforma automáticamente en un problema político. Cualquier reivindicación de clase en la esfera del consumo plantea inmediatamente problemas de reorganización de la producción, el replanteamiento de la económica, la revisión del plan de distribución de la renta nacional y del producto nacional entre los distintos grandes capítulos (fondo de consumo y fondo de inversiones; fondo de consumo productivo y fondo de consumo improductivo; fondo de inversiones en la industria y en la agricultura, en la producción y en los servicios —distribución, transportes, etc.—; fondo de consumo individual y fondo de consumo social etc.).

Los trabajadores polacos son perfectamente conscientes de las grandes desproporciones originadas en la economía por las inversiones incoherentes y absurdas que se llevan a cabo, es decir, por el desorden, el abandono, la corrupción y la arbitrariedad de la planificación burocrática que escapa al control de las masas. Al argumento de que "cualquier aumento de los salarios que no venga acompañado de un aumento de la producción desemboca automáticamente en la inflación, es decir, no incrementa el nivel de vida" han dado las respuestas pertinentes.

En primer lugar, no sólo son los obreros los que consumen, sino también los burócratas y los pequeño burgueses acomo-

Reduciendo la proporción de estos, atacando los privilegios y aumentando la igualdad, es posible acrecentar el consumo de los obreros, incluso sin aumentar la produc-.

segundo lugar, producción no se subordina necesariamente a un nuevo aumento de las inversiones pagado por la reducción del consumo de los obreros: Puede asegurarse mediante una mejor utiliclaramente subutilizados, mediante un mejor equilibrio entre la producción agrícola y la eliminación de los abusos de la burocrática, que provocan la indiferencia de los trabajadores con respecto a la producción.

Esta manera de plantear las causas de la sacude a Polonia empuja a la clase obrera por la vía del control' obrero, reivindicación que ya ha empezado a empresas. En otras palabras, en el marco de un Estado obrero como Polonia, cualquier reivindicación económica inmediata de clase desemboca en la formulación de una política económica alternativa a la de la burocracia. Esto ya se puso de manifiesto en la 21 revindicaciones iniciales del MKS de Gdansk-

No cabe duda que es demasiado pronto para saber si la formulación de estas propuestas alternativas en el terreno de la política económica pasará por los sindicatos u otros organismos, como los consejos de empresa, cuya existencia "legal" se mantiene en Polonia gracias a la legislación de 1945 y de

Kuron, Walesa.

1956, si bien estos consejos apenas existen como órganos autónomos de la clase obrera. En el marco de estos organismos, la pluralidad de propuestas en el terreno de la política económica y social desemboca inevitablemente en la pluralidad de tendencias y partidos políticos.

Pero independientemente de cuál sea el que asuma y exprese la voluntad obrera de elaborar una política económica distinta a la de la burocracia, es esta exigencia sí misma, y no la elección organismo específico, la que es incompatible con el poder de la burocracia. En un estado obrero, toda organización obrera autónoma de masas se ve forzada inevitablemente a formular esta exigencia. conflicto entre las estructuras nacidas del movimiento de agosto de 1980 y la dictadura burocrática es inevitable. Cada una se verá forzada a eliminar a la otra.

Inmediatamente después de la firma de los acuerdos del 31 de agosto y del 4 de setiembre, la burocracia ha intentado minimizar las conquistas de la huelga. Ha procedido a la obstrucción sistemática de la formación de los nuevos sindicatos autónomos autogestionados más allá de los puertos del Báltico. En todas partes, incluso en Gdansk, ha tratado de poner trabas, y hasta de evitar que se publique una prensa obrera controlada por los propios trabajadores. Ha multiplicado sus, maniobras de división y los intentos de integrar a los nuevos sindicatos, ya sea presionando a los trabajadores con la amenaza de que perderían sus ventajas sociales si se desafiliaban de los sindicatos "oficiales", ya

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sea intentando transformar estos en parte integrante de los nuevos sindicatos autonomos, aunque con los antiguos dirigentes, nombrados desde arriba, a la cabeza.

Esto no son más que las primeras escaramuzas. Habrá nuevos enfrentamientos, bastante más duros, e intervendrá la repre-

Hasta ahora, los trabajadores han respondido inmediatamente, amenazando con ir a la huelga, o con declararse ya en huelga, para imponer el respeto de los acuerdos de finales de agosto y comienzos de setiembre. 4. complejidad al ora so de ataque al Lo que proporciona mayor lentitud y poder político de la burocracia es la contradicción entre la capacidad combativa, confianza en sí misma y la capacidad de organización de la clase obrera por un lado, y desigualdad e insuficiencia conciencia de clase por otro. El desarrollo desigual del ascenso obrero en Europa oriental opera en el mismo sentido. Estas son sin duda las principales contradicciones de la crisis actual de Polonia, sin las que el poder de la burocracia habría sido derribado de un

Esta contradicción se pone de manifiesto en dos niveles. En primer lugar, en el seno del propio sindicato autónomo autogestionado hay que distinguir al menos entre tres grupos de trabajadores: los que experimentaron en agosto-setiembre las formas de lucha y de autoorganización más avanzadas (ante todo los trabajadores de los puertos del Báltico y de la Alta Silesia, pero sin duda también los de Ursus y algunas otras fábricas avanzadas); los que participaron en las huelgas de juliosetiembre sin conocer, formas de autoorganización más avanzadas; y los que no fueron a la huelga en el verano de 1980 y sólo se unieron posteriormente al nuevo sindicato, particularmente el grueso de los trabajadores de Varsovia y de Lodz, las dos principales zonas industriales del país. El peso de la vanguardia obrera, y particularreconocidos como tales por las amplias masas, es notablemente diferente en cada una de estas tres categorías.

Además, para la gran mayoría de trabajadores polacos existe un contraste visible entre un instinto de clase y una conciencia de clase elemental, que son notables, y una conciencia política muy baja. En otras palabras: una parte importante del proletariado polaco aún sufre una confusión político-ideológica pronunciada. Esto se pone de manifiesto en la fuerte influencia de la religión y del clero trabajadores, en la presencia de corrientes nacionalistas pequeño-burguesas, en la influencia pronunciada izquierda del movimiento obrero autónomo que está reconstruyéndose.

. La causa político-ideológica no estriba en modo alguno en las presiones del medio pequeñoburgués (campesinado) de la propia Polonia ni en la presión del medio capitalista circundante. Al contrario, antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando estas presiones eran mucho más fuertes que ahora, la clase obrera polaca era una de las más avanzadas de Europa desde el punto de vista de su nivel de conciencia política.

La tradición política de clase del movimiento obrero polaco es de las más impresionantes y de las más gloriosas. obreros judíos de Polonia nació la primera organización socialista de la Rusia zarista, que dió nacimiento al POSDR y con él al bolchevismo. En la época de la II Internacional, el PSDRPL de Rosa Luxemburg formo cuadros socialistas revolucionarios que posterior. mente fertilizaron el comunismo en por lo menos tres países. Junto con los bolcheviques rusos y los espartaquistas alemanes, los internacionalistas polacos estuvieron a la vanguardia de Zimmerwald y de la lucha contra el socialpatriotismo. En el periodo de 19181925, el PC polaco era uno de los partidos comunistas más influyentes de Europa.

La causa fundamental de la enorme confusión político-ideológica que reina actualmente en el seno de la clase obrera polaca, reside en los efectos desastrosos del estalinismo en el movimiento obrero polaco durante los últimos cuarenta años. El estalinismo empezó destruyendo la integridad política y moral del PC con el apoyo que acordó al golpé de Estado de Pilsudski, en 1935, prosiguiendo esta obra de destrucción mediante un sectarismo fraccional ciego que aisló progresivamente al partido de la clase obrera. A continuación disolvió formalmente el PC y eliminó físicamente a casi todos sus cuadros dirigentes en el periodo 1937-1941. Después, colocó en el poder a burócratas mediocres, corrompidos e incondicionales del Kremlin, la mayoría venidos al amparo de un ejército extranjero e identificados por las amplias masas con los agentes del extranjero.

Finalmente, en el transcurso de los últimos

"educado" sistemáticamente al proletariado borrando la verdadera tradición internacionalista del movimiento obrero polaco, aplastando cualquier manifestación de autonomía o de actividad crítica por parte de los trabajadores, convirtiendo a partir de 1956 la actividad de la jerarquía católica en única forma de oposición semilegal de masas en el país, aunque asestando a la Iglesia miles de golpes

¿Resulta extraño que en estas condiciones, marxismo se identifica con un dogma de Estado, la religión aparezca con mayor atractivo a los ojos de las masas que no cualquier ideología que parezca conformista con respecto a la detestada dictadura burocrática?.

esta confusión ideológica implica que si la clase obrera ya ha conquis-

Polonia fundamental di esta confusión tado la hegemonía social en el seno de la oposición antiburocrática, que engloba a la inmensa mayoría de la nación polaca, aún no ha conquistado la hegemonía política de clase en el seno de esta oposición. La evolución política del país en los meses y años que vienen, el resultado de los enfrentamientos con la burocracia, las posibilidades de éxito de la revolución política antiburocrática ciernes, dependen en buena medida de la capacidad de la clase obrera para reconquistar, después de su independencia organizativa, su independencia política de clase, es decir, una concepción clara de la alternativa democracia socialista frente a la dictadura burocrática.

Esta reconquista recibirá enormes energías de la organización de masas que esta construyéndose, de la experiencia de lucha que le acompaña y le acompañará en cada fase sucesiva. Pero no podrá ser un proceso puramente espontáneo. No cabe duda que la presencia de una corriente marxista revolucionaria implantada en la clase obrera, capaz de entablar diálogo con las masas, apoyando todas sus reivindicaciones y todas sus luchas y manteniendo con firmeza el programa fundamental, desempeñará un papel fundamental a este respecto.

Con miras a combatir la influencia nefasta de ideologías católicas y pequeñoburguesas en el seno de la clase obrera, los marxistas revolucionarios deberán comprender ante todo las circunstancias específicas en que se producè el despertar político del proletariado polaco. Esto otorga una importancia particular a que todos los que se reclaman del socialismo revolucionario, del marxismo y del comunismo auténtico, asuman la defensa intransigente de los derechos democráticos más amplios para las masas trabajadoras. defenderán el derecho de huelga y la libertad de asociación, incluída la asociación política, sino también la libertad de reunión, de prensa y de religión, sin ninguna cortapisa.

Lejos de criticar el acceso de la Iglesia a la radio y televisión, impuesto por los huelguistas de Gdansk, o de oponerse a él, lo saludarán como un paso adelante de cara a la eliminación del monopolio de la burocracia sobre los medios de comunicación. Pero reclamarán que lo que se concede a justo título a la corriente católica, también se conceda al conjunto de las corrientes presentes en el seno de la clase obrera y de la oposición: a los sindicatos autónomos, al KOR, a las corrientes sindicales, a las distintas corrientes socialistas y comunistas de oposición.

Combatir la religión y al clero con medios administrativos y represivos es totalmente contraproducente y no hace sino reforzar su peso entre las masas. La única lucha eficaz contra estas ideologías reaccionarias pasa por el debate ideológico y político abierto, obligando a la jerarquía a pronunciarse sobre los grandes problemas políticos del momento, en que sus posturas —como el llamamiento al del cardenal Wyszinski en agosto, como las posturas adoptadas por el clero ante

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Polonia el aborto y el control de la natalidadterminarán reduciendo su influencia en el seno del proletariado y de la juventud, siempre que existan otras alternativas importantes al margen del stalinismo.

Por lo demás, las acusaciones relativas al papel de la Iglesia o de otras fuerzas pequeñoburguesas entre los huelguistas y la oposición antiburocrática son sumamente hipócritas, máxime cuando proceden de los portavoces o apologistas declarados o vergonzantes de la dictadura burocrática, que, a su vez, encuentra fácilmente un lenguaje político común con dichas fuerzas. Paradógicamente es la apelación al interés nacional, incluso al nacionalismo, es la negativa a apoyarse en criterios de clase claros y precisos, lo que le ha permitido al ala más flexible de la burocracia tener cierto eco tanto en la inteliguentsia y en la jerarquía católica como en una parte de los huelguistas en agosto de 1980. Pero cuanto más progresen la organización autónoma y la confianza de la clase obrera en sí misma, tanto más se descompondrá esta base de "diálogo" entre los trabajadores. 5 • cen un peso en la sociedad polaca post- Hay otras dos clases sociales que ejercapitalista, aunque bastante reducido comparación con el del proletariado: el campesinado y la pequeña burguesía urbana.

El campesinado polaco es mucho más débil que en 1939 6 1956. Después de haber logrado que se pusiera fin a la colectivización forzosa y se volviera a la propiedad privada en 1956, hoy en día está muy diferenciado. La mayoría de pequeños campesinos es muy pobre y sólo dispone de tierras de 1 a 1,5 hectáreas, explotadas de modo arcáico, sin tener acceso a los instrumentos mecánicos de trabajo. Este campesinado ya ha protagonizado importantes luchas, como la huelga de la leche en 1978. Además, empieza a organizarse.

Esta masa de pequeños campesinos comprende el motivo de las huelgas obreras del verano de 1980 y se ha solidarizado abiertamente con ellas. Ha empezado ya a crear organizaciones del mismo tipo que las de la clase obrera: sindicatos campesinos autónomos y autogestionados, que podrían elaborar soluciones, en común con los trabajadores organizados, para los problemas más acuciantes de abastecimiento de las ciudades con víveres y de los campesinos pobres con productos industriales.

La colaboración entre las organizaciones autónomas autogestionadas, en el futuro inmediato, abonaría el terreno para una sólida alianza entre obreros y campesinos a nivel económico, y el día de mañana para la victoria de la revolución política, mediante la creación de cooperativas campesinas basadas en la adhesión libre y no forzosa, estimulada por la introducción masiva de maquinaria agrícola moderna en las cooperativas, asegurando así a sus miembros, desde el principio, •un nivel de vida y de cultura notablemente más alto que su miseria actual.

De este modo, los lazos a tejer inmediatamente entre los sindicatos autónomos y los sindicatos autónomos de los pobres, desembocarían en la integración de consejos obreros y consejos de campesinos pobres en la Polonia socialista y democrática del mañana. La presencia en el campo de un semiproletariado de 3 a 4 millones de personas —pequeños campesinos que al mismo tiempo son obreros asalariados que trabajan en la ciudad— establece un vínculo social natural entre ambas clases, lo que facilitará la aparición de sindicatos campesinos primero, y de consejos campesinos

Junto a esta masa de pequeños campesinos pobres hay una minoría de campesinos acaudalados, que se han enriquecido bastante durante los últimos 25 años. Disponen de 10 a 25 hectáreas de tierra por finca, lo que les permite practicar de modo rentable una agricultura moderna con múltiples medios mecanizados. Este campesinado acomodado saludó las reformas de 1956 como una gran victoria. Está muy ligado tanto a la burocracia (en la que se integra sobre todo a nivel local) como a la jerarquía católica, entre las que teje en cierto modo un lazo social intermedio. Este campesinado es el que detenta el monopolio de los excedentes de víveres, tanto para abastecer a las ciudades como para alimentar

Es urgente que la clase obrera se libere de esta dependencia, mediante la creación de un sector cooperativo moderno, con alta productividad, que puede y debe surgir de la alianza reconstituida entre el proletariado y el

El rápido desarrollo de la industrialización, de la urbanización y de la alfabetización ha comportado el surgimiento de una capa pequeñoburguesa intelectual mucho más amplia que en el pasado, a la que hay que añadir, sobre todo después de las reformas de 1956 y de 1970-71, una capa de miniempresarios independientes en el sector servicios, que se ha enriquecido tan rápidamente como los campesinos acomodados.

Mientras que esta última capa se encuentra en simbiosis con la burocracia, sobre la base ante todo de la corrupción y del tráfico de influencias, la primera guarda unas relaciones mucho más contradictorias con la dictadura. Si bien en repetidas ocasiones ha puesto de manifiesto (en 1956, en 1968, en 1970-71 y en 1976) un espíritu de fronda o de oposición crítica más violenta, que se ha expresado de forma particularmente clara en el campo del arte (cine, teatro, carteles, literatura) y de algunas ciencias sociales, es especialmente sensible a la argumentación nacionalista del poder, pues sólo tiene unos lazos muy sueltos con el marxismo.

Así, esta capa acepta una serie de axiomas políticos de la burocracia, tendiendo incluso a considerar, entre 1977 y 1980, que era inevitable una política antiobrera de austeridad y gustosamente al chantaje de la "intervención soviética". Su influencia se ha hecho notar incluso en el seno del KOR, Pero la experiencia tonificante de la gran huelga obrera del verano 1980 y de su éxito -una tan imprevista como el otro- provocará sin duda una nueva diferenciación en el seno de la inteliguentsia. La gloriosa tradición del marxismo polaco, destruida por el estalinismo, renacerá con fuerza, de esto podemos estar seguros.

La burocracia polaca ha sufrido una

• profunda sacudida con las huelgas y se ha dividido cada vez más en torno a la respuesta a dar. Esta división se transformó en pánico cuando hizo aparición el espectro de una huelga general nacional. La capitula ción del 31 de agosto y del 4 de setiembre sólo se explica por este pánico.

Detener a cualquier precio un movimiento al que ya no se podía reprimir, ni contener, ni dividir, con miras a recuperar después la mayor parte de las concesiones, una vez el movimiento entre en reflujo: esta es la táctica por la que ha optado finalmente la burocracia, no sin proceder antes a una profunda reorganización en la cúspide (sustitución de Gierek por el descolorido Kania).

tácticos cada vez. más complejos que le planteará a la burocracia un movimiento obrero autónomo de masas que en absoluto está en reflujo, sino en plena expansión, dan lugar a múltiples divisiones nuevas y a numerosos reagrupamientos en el seno de la dirección del POUP.

Al principio, la irritó ante la manifiesta incapacidad de su aliado polaco para restablecer el control sobre la clase obrera, y después se inquietó profundamente ante la envergadura de las concesiones que tuvieron que hacer las autoridades polacas a los huelguistas. Teme con razón las repercusiones internacionales de estas concesiones en las demás "democracias populares", y hasta en la propia URSS.

Así, su reacción se produjo a varios niveles simultáneamente: silenciando tanto las huelgas como la extensión que conocieron, las reivindicaciones de los huelguistas y el contenido de los acuerdos del 31 de agosto y 4 de setiembre; calumniando groseramente a los huelguistas, los MKS y sobre todo a los sindicatos autónomos autogestionados, diciendo que están manipulados por "elementos antisociales infiltrados", lo que constituye al mismo tiempo una calumnia contra la propia clase obrera polaca (4 millones de trabajadores, en plena democracia obrera, dejándose ¡manipular por el enemigo!); haciendo el chantaje abierto con la ayuda económica y un chantaje apenas velado con la intervención militar; tratando de "juntar" al conjunto de las burocracias de Europa oriental tras una línea común que bloquee el "virus polaco".

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Hasta ahora ha conseguido algunos tantos al respecto. Pese a algunas veleidades de "independencia" por parte del régimen de Kadar en Hungría, las burocracias de las "democracia populares" todas ellas amenazadas por un despertar de su propia obrera estimulado por el ejemplo polaco, se han alineado con el Kremlin. Ejercen una presión conjunta sobre Varsovia, en pro de una "normalización" gradual de la

Es cierto que la burocracia de la RDA, informada sobre los acontecimientos de Polonia gracias al acceso a la radio y televisión de Alemania Occidental, no pudo ocultarle al proletariado germano-oriental el alcance de las reivindicaciones de los trabajadores polacos ni el de la victoria que lograron. Pero esto no le impide levantar la voz contra elementos antisocialistas que teledirigen MKS", al igual que los burócratas de Praga,

Unicamente la burocracia china ha observado un comportamiento distinto, previendo sin duda, erróneamente, una intervención militar del Kremlin en Polonia y con la voluntad de preparar a la población china para una amplia movilización frente a tal agresión. Este error de cálculo ya se ha convertido en boomerang: los trabajadores chinos han reclamado en numerosas empresas unos derechos análogos a los que acaban de obtener los huelguistas polacos.

De momento, el Kremlin juega aún la carta de la recuperación "por etapas" del control sobre la clase obrera polaca por la burocracia de Varsovia, preparando al mismo tiempo el terreno para una solución más radical. Cuanto más impotente resulte la burocracia polaca para detener el proceso de autoorganización y de politización de la clase obrera, tanto más repercusiones tendrá este ascenso en otros Estados obreros burocratizados, y tanto más fuerte será la tentación de una intervención militar. Esta sigue siendo técnica y políticamente posible mientras la revolución política no se desarrollo simultáneamente en varias "democracias populares" y el despertar de la actividad política de masas no afecte al propio proletariado soviético.

Pero la lógica de la crisis del estalinismo, de la crisis de la dictadura burocrática que sufren todos estos países, va precisamente en este sentido. Las primeras repercusiones directas de las huelgas polacas son modestas: huelga de los obreros de la Reichsbahn en la RDA (que viven en Berlín Oeste); movilizaciones de solidaridad de grupos de oposición y algunos núcleos de jóvenes en varios países de Europa del Este. Pero a medida que se vaya conociendo la existencia, el funcionamiento legal, el programa, el papel efectivo de los sindicatos autónomos autogestionados polacos, aumentará su atractivo en muchos sectores de la clase obrera de las "democracias populares" y de la URSS.

De ahí que el tiempo juegue a favor de la clase obrera polaca, siempre que no ceje su movilización ni su actividad de masas. La extensión internacional de este movimiento es la única garantía contra una intervención militar del Kremlin. De ahí que el verdadero internacionalismo proletario constituya actualmente una necesidad política para la clase obrera polaca, cuya importancia debemos subrayar constantemente.

La burguesía de Europa capitalista, y el imperialismo en su conjunto, no se vieron menos atemorizados, ante el ascenso impetuoso de la clase obrera polaca, que los burócratas de la URSS y de las "democracias populares". Temen que el ejemplo polaco cunda en la clase obrera sus propios países, el riesgo de que los trabajadores de

Polonia Europa Occidental, de América del Norte y de Japón respondan "a la polaca" a las medidas de austeridad del Capital.

Este miedo se combina con el de las burocracias sindicales y de los PS y PC, a que los trabajadores de los países capitalistas reclamen también unas estructuras de autogescomités de huelga democráticamente elegidos en las asambleas generales de los huelguistas.

que al tiempo que prestaban "apoyo" verbal a los huelguistas polacos y trataban de explotar las huelgas polacas con fines de propaganda anticomunista, todas estas fuerzas conservadoras —incluídos los dirigentes de los partidos llamados "euroco-

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fuerzas internacional en beneficio de la clase de la construcción de la IV Internacional. O munistas"— recibieron con alivio el final de las huelgas y la "prudencia" de los dirigentes de Varsovia al saber evitar un choque final.

Pero el apoyo de hecho que prestó la burguesía internacional al régimen de Varsovia no se limitó a declaraciones platónicas. Se materializó en más de mil millones de dólares entregados a la burocracia polaca permitirle sortear las dificultades inmediatas del pago de los intereses de su deuda exterior, que es enorme, y proporcionarle un pequeño margen de maniobra, tanto frente a los trabafrente a las presiones del

Pues tanto la burguesía como la burocracia temen como a la muerte una revolución política antiburocrática victoriosa en Polonia, que sería un poderoso estímulo para la revolución política en Europa del Este y en la URSS. Todo el edificio construido para fragmentar al proletariado europeo, proyectado

Yalta y Potsdam, amenazaria

A quienes dicen que el derrocamiento del poder de la burocracia en Varsovia amenazaría a Europa y al mundo con una tercera guerra mundial, les contestamos que esto es una mentira descarada. Cuanto más fuerte y activa sea la clase obrera de Europa del Este y del Oeste o en cualquier otra parte del mundo, tanto más retrocederá el espectro de una nueva guerra mundial. El proletariado movilizado por millones, como en Francia, en mayo de 1968, o en Polonia en verano de

1980: esta es la mejor barrera contra la lucura suicida de una guerra mundial. Una victoria del proletariado de Europa del Este u Occidental repercutirá profundamente en el proletariado norteamericano y soviético.

Los que emprenden el camino guerra, son los que alimentan, favorecen o toleran la carrera del armamento nuclear, los que desmovilizan, dividen y condenan a la pasividad al proletariado o apoyan abiertamente los preparativos de guerra imperialis- obrera polaca. tas, no los que avanzan por la vía de la conquista y del ejercicio directo del poder por la 7 • de obreros polacos subrayan la impor- La huelga y la victoria de dos millones tancia creciente que adquiere la revolución política antiburocrática en el proceso global de la revolución mundial. Confirman el peso vez más determinante que ejerce el proletariado en los tres sectores de la revolución mundial —la revolución permanente en los países semicoloniales; la revolución proletaria en los países imperialistas; la revolución política en los Estados obreros totalitarios.

Aportan un nuevo y cruel desmentido a todos los ideólogos que miden la historia con el calibre de sus decepciones personales y se ven tentados a decirle "adiós al proletaria-

, porque el ritmo desigual de la revolución mundial no respeta un horario o unos esquemas preconcebidos. Después de mayo de 1968, después de más de diez años de italiano, después del magnífico ascenso del combatividad del proletariado proletariado brasileño, después de las espectaculares insurrecciones urbanas Nicaragua e Irán, las huelgas de Polonia confirman una vez más la ejemplar capacidad de autoorganización, la fuerza irresistible de millones de trabajadores en lucha unida y

Espontáneamente, la clase obrera de los países capitalistas ha seguido con simpatía y entusiasmo crecientes el combate ejemplar de sus hermanos de clase de Polonia. A medida que se organiza el sindicato autónomo autogestionado, a medida que se afirma y defiende las conquistas de agosto-setiembre de 1980, a medida que se esfuerza por traducir en los hechos la capacidad de la clase obrera de formular una política económica y social alternativa a la de la burocracia, esta reflexión, de una nueva toma de conciencia verdadero rostro, la verdadera naturaleza del socialismo como alternatıva válida al capitalismo, como sucedió durante la "primavera de Praga".

irreconciliables imperialismo y del capitalismo que somos, sólo podremos alegrarnos por ello, pues esta conciencia creciente alimentará progresivamente la lucha antiimperialista y anticapitalista en los países donde reina el

Pero precisamente porque la principal amenaza que pesa sobre el "verano polaco"

sigue siendo la de la represión apoyada en una intervención militar soviética; precisamente porque el "verano polaco" es parte integrante del ascenso mundial del proletariado, se trata de convertir esta simpatía universal en un verdadero movimiento de solidaridad activa que modifique la relación de

Cuanto más fuerte sea este movimiento de solidaridad, tanto más difícil resultará la intervención represiva de la burocracia. La batalla se decidirá a nivel internacional. Y el organizado, obrera puede modificar ya la relación de fuerzas à nivel internacional, a favor de sus hermanos de clase polacos.

Particularmente en el movimiento sindical es posible tejer ya lazos de solidaridad con el obrero autónomo de Polonia. Hay que exigir a los sindicatos de los países capitalistas y a los sindicatos de los Estados obreros, donde haya la mínima posibilidad —sobre todo en Yugoslavia, en China y en Cuba-, que envíen delegaciones para informarse de la realidad sindical en Polonia, para informar honestamente a sus propios afiliados sobre lo que realmente son los sindicatos autónomos autogestionados de Polonia, para combatir las deformaciones de la información que proporciona la burocracia y la burguesía, cada una por su lado.

La información debe conducir al apoyo: los sindicalistas polacos necesitan ayuda en forma de consejos, ayuda técnica y financiera, ayuda para crear una prensa obrera independiente. El apoyo puede ir desde el hermanamiento entre secciones sindicales hasta el lanzamiento de vastas campañas de información sobre los que representa realmente la autoorganización del proletariado polaco.

Estas campañas de solidaridad sistemáticas revisten una importancia particular sobre todo en las confederaciones sindicales con fuerte influencia de los PC (CGIL en Italia, CGT en Francia, CCOO en España, CGTP en Portugal, diversas confederaciones sindipaíses semicoloniales), para contrarrestar las presiones del Kremlin. Uno de los objetivos a perseguir es el del establecimiento de relaciones oficiales, de confederación a confederación, entre los sindicatos de un número creciente de países y la confederación sindical polaca Solidarnosc.

Al mismo tiempo, es importante proseguir la lucha contra las amenazas de guerra imperialistas, contra la OTAN, la introducción de los misiles Cruise en Europa Occidental, etc.

En este contexto hay que oponerse a las maanticomunistas de los

Departamento Internacional de la burocracia sindical norteamericana de la AFL-CIO, al reaccionario de las mercancías polacas por los dirigentes del sindicato de los costa oriental de los

EE.UU., y a otras actividades proimperialistas, que sólo pueden perjudicar la causa de

Los militantes de la IV Internacional tienen una responsabilidad particular en el desarrollo de este movimiento de solidaridad. La IV

Internacional se identifica totalmente con los objetivos que persiguen los trabajadores polacos. El desarrollo de la solidaridad con los trabajadores polacos es parte integrante