Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

La guerra Irán-Irak: Por la defensa de la revolución iraní

· Inprecor n.º 18, diciembre de 1980 · pp. 17-22 · 5.883 palabras

La guerra Irán / Irak Michel Rovere NA primera constatación se impo-

One inmediatamente después de iniciarse la guerra desencadenada ¡Por la defensa por el régimen irakí: el conflicto ha servido de pretexto y de cobertura a una de la Revolución Iraní! intervención militar aún mayor del imperialismo en la región.

En los grandes medios de comunicación occidentales, para justificar estas maniobras, se agita frecuentemente la amenaza de un cierre del Estrecho de Ormuz por los iraníes y la consiguiente asfixia de petróleo de "Occidente". Los dieciseis millones de barriles que transitaban cotidianamente, antes del inicio de las hostilidades, desde Irán, Irak, Arabia Saudita y los Estados del Golfo, por el Estrecho, representaba aproximadamente el 40% de las importaciones mundiales de petróleo, el 35% del consumo de los países capitalistas y cerca del 60% de las importaciones de crudos de América, Europa y Japón juntos.

Pero las maniobras militares imperialistas comenzaron en la región muchos meses antes que la guerra irano-irakí. Hace exactamente 20 meses, Carter designó como objetivo prioritario del Pentágono la puesta a punto de un "dispositivo militar de vigilancia, control e intervención" en el Gólfo Pérsico. Para ello, la administración americana ha dado carta blanca a los militares y créditos casi ilimitados.

En su discurso sobre el Estado de la Unión, en enero de 1980, Carter explicó que "toda tentativa de hacerse con el control de la región del Golfo Pérsico por una potencia exterior será considerada como un atentado contra los intereses vitales de los Estados Unidos y será combatida por todos los medios necesarios, incluidos los militares". La formulación de esta doctrina Carter, poco después de la intervención militar soviética en Afganistán, no va dirigida solamente contra el Kremlin y su muy hipotética "marcha hacia los mares cálidos", sino ante todo contra los Estados de la región, es decir, contra el régimen iraní nacido tras la caída del Sha.

Hasta 1971, a pesar de una penetración económica y militar cada vez más importante del imperialismo USA en la región, especialmente a través de la Arabia Saudí, fue Gran Bretaña, con sus protectorados sobre los Emiratos del Golfo y sus bases militares en Adén, quien aseguraba fundamentalmente la "seguridad militar" en el Golfo.

De 1971 a 1978 es Irán, tras ocupar los tres: islotes que controlan el Estrecho (Pequeño Tumb, Gran Tumb y Abu Mussa, que debían haber sido devueltos a los Emiratos

Arabes tras la descolonización), quién interpreta el papel de gendarme del imperialismo en la región. Fue Teherán quien, para desestabilizar al régimen iraki, con la ayuda de la CIA y de los israelitas, apoyó la rebe-.

lión de los kurdos de Irak dirigidos por Barzani, para "abandonarlos" tras los Acuerdos de Argel de marzo de 1975, con los que el Sha imponía al régimen baasista irakí,

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Irán / Irak sobre la base de la relación de fuerzas militares, el reconocimiento de su soberanía total sobre Chat-el Arab. Fue también el régimen Pahlevi quien envió sus tropas a combatir contra las guerrillas de Dhofar y quien inició un acercamiento con el régimen de Daud en Afganistán, a medida que este acentuaba su evolución prooccidental.

Pero después de 1979 y tras la caída del Sha, Washington no ha encontrado todavía otro país susceptible y capaz de interpretar el papel de gendarme fiel y totalmente adicto en la región. Los estados petroleros del Golfo han comprado durante estos últimos años, y después de 1979, enormes cantidades de armamentos a los Estados Unidos, y también a Francia y Gran Bretaña. Pero en estos países poco poblados, en los que no hace una docena de años reinaba todavía la miseria y el analfabetismo, no existe aún la infraestructura humana capaz de utilizar a gran escala sistemas de armas

Incluso Arabia Saudita, con un ejército de 600.000 hombres, reforzado por una Guardia Blanca formada por las tribus beduinas, no parece ser capaz de reemplazar a lo que fue el ejército iraní en su época de esplendor imperial, cuando era el 5º ejército del mundo. Y además, los conjurados que ocuparon la Gran Mezquita de la Meca el año pasado se beneficiaron en gran medida de complicidades en... la Guardia Blanca. En fin, el último obstáculo para la administración norteamericana búsqueda de un nuevo gendarme, es la cuestión palestina. El Sha cumplía a las mil maravillas este papel, porque era a la vez el aliado privilegiado de Israel en la región, a quién vendía petróleo y cuyos servicios de información adiestraron a la SAVAK.

Todo este contexto político en el Golfo explica por norteamericana se orienta hacia la posibilidad de una intervención directa, lo que representa un paso atrás en relación a la doctrina Nixon de no implicación militar de los

EE.UU., tal y como fue

Guam en 1972. Este es el sentido de la creación de una Fuerza de Despliegue Rápido

(FDR) de 110.000 hombres. Es la razón por la cual todo el dispositivo norteamericano en el Océano Indico ha sido considerablemente reforzado (ante todo la base

Diego García), y una importante fuerza naval USA está presente a la entrada del Gol-

Tabas, un ensayo a escala reducida

La incursión norteamericana sobre Tabas, por lamentable que haya sido su resultado desde el punto de vista de Washington, contiene en sí misma todos los elementos de la nueva doctrina militar de Carter: puesta a punto de unidades de élite norteamericanas para su posible integración en la FDR, utilización de bases de apoyo en países amigos (Egipto, aunque se habla también coordinación con la importante flota de guerra de USA con base en el Océano Indico, e incluso la coordinación con cómplices dentro del ejército iraní. He ahí, a escala reducida, todos los ingredientes y montajes tácticos de intervenciones posteriores a mucha mayor escala.

Esto lo ilustran ya los, objetivos de las maniobras de intervención de la FDR en una guerra en el desierto, que tuvieron lugar en marzo de 1980 (maniobras Gallant Eagle cerca de Fuerte Irwin en California) y en junio (operación Red Flag cerca de la base aérea de Nellis en Nevada). Washington ha propuesto a París, Londres y Canberra la formación de una fuerza de intervención naval común en el Golfo Pérsico: la maniobras imperialistas —como el envio de aviones Awacs a la Arabia Saudí- tiene un significado evidente. Teniendo en cuenta la fuerza de la revolución iraní, Washington intenta asociar a sus aliados occidentales a una eventual intervención directa: y ello da una importancia especial a la batalla que el movimento obrero occidental debe emprender de denuncia de las maniobras contrarrevolucionarias del imperialismo sobre la base de las

"¡Fuera las garras imperialistas de la revolución iraní! ¡Retirada inmediata de todas las flotas de guerra imperialistas y desmantelamiento de las bases de USA en la región!"

La situación interior de Irak y las ambiciones regionales del régimen baasista

Las ambiciones regionales de Irak son relativamente recientes y tienen su base material en la expansión industrial que el país ha conocido después de 1971. Esta expansión industrial se ha apoyado a la vez sobre la

Ayatollah Jomeini.

recuperación, por parte del Estado irakí, de la renta del petróleo (nacionalización de las petroleras y en concreto la famosa Irakian Petroleum Company, en 1972 y 1975) y su elevación después de 1973, sobre la ampliación del mercado interior ligada a la segunda fase de la reforma agraria iniciada en 1971. De 1971 a 1975, el PIB se ha multiplicado por tres. El último plan quinquenal preveía un aumento anual del 16,8% de la renta nacional bruta por habitante. Con 100 mil millones de barriles, Irak ocupa el segundo puesto de los países de la OPEP por lo que se refiere a las También es el segundo país exportador de petróleo de la OPEP (3,5 millones de barriles diarios). Sus principales clientes son Francia, Italia, España, Gran Bretaña y Japón. En 1979, el petróleo ha proporcionado al Estado irakí 20 mil millones de aolares (por lo tanto, más que los ingresos iraníes en 1978; pero Irak, con 12 millones de habitantes, tiene una población tres veces menor). En 1980, cerca de 18 mil millones de dólares debían ser invertidos en proyectos de desarrollo industrial.

Pero el maná del petróleo y las reformas impuestas autoritariamente por el régimen baasista, en el que dominaba inicialmente el sector capitalista de Estado, no ha resuelto los problemas del subdesarrollo, ni mucho menos. El estancamiento relativo de los precios de los crudos en 1976-77, cuando el petróleo representa aún el 80% del PNB, ha mostrado la fragilidad de una expansión industrial basada en la importación de fábricas "llave en mano" y de tecnologías occidentales que tienen por objetivo la sustitución de las importaciones. En el primer número de su edición clandestina de Tariq

Al Chaab, el PC irakí denunciaba, después de haber roto con el Baas en 1979, la política económica, explicando —un poco tarde— que aumentaba la dependencia con

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respecto al imperialismo: entre 1974 y 1978, más del 90% de las inversiones industriales habían sido confiadas a empresas capitalistas y a multinacionales occidentales, y en 1976 la parte del sector privado había superado a la del sector público (1.200 millones de dinares frente a los 950 del sector pú-

Esta industrialización ha reforzado la polarización social, con la aparición de una burguesía ligada al aparato de Estado y al partido, y de importantes diferenciaciones en el campo, caracterizadas por el reforzamiento del peso económico de los campesinos ricos y de los comerciantes acomodados, que han sabido tejer mil y un lazos de interés, políticos y familiares, con la burocracia del Estado baasista.

Esta polarización social tiene también, sin duda, su base en fenómenos económicos, en primer lugar el mantenimiento y desigualdad de indisolublemente ligada al mantenimiento de una economía de mercado regida por la ley de beneficio y la acumulación capitalista. Es aquí donde reside el obstáculo fundamental que impide a Irak salir del subdesadestrucciones provocadas por la guerra van a resaltar sin duda más rápida y agudamente que lo previsto esta realidad socioeconómica.

En el plano político, la dictadura irakí se ha visto sacudida por la crisis del Baas, por el aislamiento creciente de la camarilla de Sadam Hussein y subre todo por el impacto de la revolución iraní en el campesinado pobre chiita del sur de Mesopotamia y el resurgimiento del movimiento kurdo.

Parece hoy evidente que el complot de julio de 1979, que provocó la detención de 250 cuadros del Baas y del ejército y la ejecución de 22 conjurados (entre ellos dos ministros y cinco miembros del Consejo de mando de la Revolución) ha sobrepasado por su amplitud todos los precedentes. Si los conflictos entre las camarillas y las fracesta conjuración, ha tenido como resultado de hecho, vistas las relaciones entre ciertos conjurados y el régimen de Damasco, la ruptura de la precaria unión sirio-irakí anunciada en junio de 1979 y que debía servir de eje natural alrededor del cual se reagruparían los Estados árabes que rechazaban Camp David. Esta unión debía igualmente, de acuerdo con ambos regimenes, servir para levantar una sólida barrera que evitase el contagio de la revolución iraní, a la que son particularmente sensibles las dictaduras laicas baasistas de Damasco y La amenaza de los chiitas y de los kurdos irakíes

Tras la industrialización que contribuyo a concentrar en los centros urbanos a decenas de miles de campesinos. kurdos y árabes chitas, en 1977 y 1979 tuvieron lugar rebeliones de las masas plebeyas en los dos grandes santuarios chiitas de Irak, Nadjaf (donde Jomeiny estuvo exiliado de 1963 a 1978) y Kerbala, rebeliones que fueron reprimidas con comienzos de 1980, más de 20.000 trabajadores chitas de origen iraní han sido expulsados hacia este país. La policia política baasista ha diezmado los núcleos de la organización terrorista chiita Al Daawa, de inspiración jomeinista, y el principal dignatario religioso chiita, Ayatollah Bagher Sadr, después de haber sido arrestado, fue degollado en su celda por los esbirros de Sadam Hussein. La ruptura con el PCI y la represión contra sus militantes busca igualmente impedir toda estructuración, por embrionaria que sea, de un movimiento obrero inde-

A esta oposición religiosa y social latente

Saddam Hussein.

Irán / Irak de los chiitas, que representan el 50% de la población (los baasistas irakíes son origen sunnita), se suma el resurgir de la cuestión kurda. Los kurdos representan más del 20% de la población de Irak. El Acuerdo de Argel entre el Sha y Sadam Hussein se firmó a su costa. Después de haber infligido una derrota militar a las tropas barzanistas, abandonadas por el Sha, el régimen iraki adoptó su solución final al problema kurdo: más de 1.000 pueblos, en una banda fronteriza de 20 kilómetros entre Irán e Irak, fueron arrasados. Sus pobladores kurdos fueron deportados a zonas ara-

A pesar de ello, debilitada, agotada por las luchas fraccionales y por la lógica implacable que hace que cada grupo kurdo iraki busque regularmente la protección de un Estado de la región, la resistencia kurda en Irak ha comenzado a reorganizar sus fuerzas, gracias, en parte, al desarrollo del movimiento que se ha producido en el Kurdistán iraní. Si las estimaciones sobre el número de peshmergas que pueden hoy alinear las organizaciones kurdas irakíes no pasa de algunos miles, son suficientes para inquietar de sobra a Bagdad, que mantiene tres divisiones enteras acantonadas en el Kurdistán (es decir, el equivalente de las fuerzas lanzadas en el primer asalto contra Irán), y que continúa enviando periódicamente sus Mig y Sukkoi a bombardear los pueblos sospechosos de dar cobijo a las guerrillas.

Después de algunos meses los kurdos irakies han visto sumarse a sus maquis, en particular en el famoso , "Valle de los Parti-

, situado en una zona liberada en la frontera irano-iraki, a los militantes del PC irakí. Aliado al Baas después de 1973, el PCI no dudó en sacrificar en el altar de la colaboración de clases y del tratado de amistad firmado en 1972 entre Moscú y Bagdad, la lucha del pueblo kurdo y los intereses del proletariado irakí. El Baas no se lo ha agradecido más que lo que se lo agradeció Numeiry al PC sudanés por el apoyo prestado.

En 1977 y 1978, decenas de militantes comunistas han sido asesinados, hasta reducir al PCI finalmente en 1978 a la semiclandestinidad. Tras el cierre, el 5 de abril de 1979, de su periódico Tariq Al Chaab, el PCI rompió con el Baas. El informe presentado al Comité Central del PCI de julio de ese mismo año llamaba a la lucha armada para derrocar 'la dictadura del Baas".

La ruptura del PCI y del Baas ha venido provocada también por el alineamiento parcial prooccidental de la diplomacia irakí. Bagdad habia roto sus relaciones diplomáticas con Washington después de la Guerra de los Seis Días en 1967. Sólo permaneció en Irak una sección para la defensa de los intereses norteamericanos, compuesta por veinte diplomáticos y que residía en la embajada de Bélgica. En 1972, cuando Sadat expulsaba a los consejeros militares soviéti-

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Irán / Irak cos anunciando el giro que debía conducirle a los acuerdos de Camp David, Irak firmaba un tratado de amistad con la Unión Soviética. Y han sido los soviéticos los que han contribuído en gran medida a forjar el ejército irakí, equipando sus 19.000 hombres, proveyendo la parte esencial de sus 350 aviones, 1.800 carros de combate y 2.000 blindados ligeros (aunque durante estos últimos años Bagdad ha diversificado sus compras militares, aprovisionándose especialmente en Francia e Italia).

El estallido de la revolución iraní, la caida del Sha y el fracaso de la unión sirio-iraki aceleraron el viraje prooccidental de la política irakí y su acercamiento a los regímenes reaccionarios del Golfo, Arabia Saudí y los Emiratos. En febrero de 1979, Bagdad firmaba con Ryad un primer acuerdo de seguridad fronteriza para congelar el contencioso sobre ciertos territorios en disputa. El verdadero giro va a tener lugar un mes más tarde, durante la última guerra entre los dos Yemen. Irak dió pruebas de su "buena voluntad" ayudando militarmente

En septiembre de 1979 se firmó un tratado de defensa mutua entre Irak y Ryad. Y Sadam Hussein propuso en febrero de 1980 una Carta Nacional a todos los Estados árabes de la región que rechazaban los acuerdos de Camp David y a la vez deseaban con-

Persiguiendo su objetivo de convertirse en una gran potencia regional, Irak aceleró a lo largo de los años 1979-80 el desarrollo de sus instalaciones nucleares construidas con la ayuda del gobierno francés. Instalaciones que, por el tipo de concurso de adjudicación escogido y por la cantidad de combustible pesado entregado a Bagdad, podrían acabar sirviendo para la puesta a punto de la primera bomba atómica árabe.

Sin embargo, este alineamiento prooccidental no puede identificarse todavía hoy pura y simplemente con la defensa de los intereses norteamericanos en la región y sigue, por varias razones, teniendo importantes limitaciones:

• por razones de estabilidad interior y de política regional, el Baas iraki quiere mantener su imagen de dirección nacionalista árabe, antimperialista y "no alineada" (en 1982, Sadam Hussein debe suceder a Fidel Castro en la presidencia de los No Alineados);

• los propios Estados Unidos, por tres veces, han mostrado su propia debilidad siendo incapaces de sostener hasta el final al Sha, en la crisis afgana, y tras la toma de los rehenes en la embajada norteamericana de Teheran;

• por último, está la cuestión palestina, la política hacia Israel de Washington, y la negativa a reconocer a la OLP como interlocutor válido, capaz de dirigir un miniestado palestino, que, tras el estallido de la revolución iraní, es cada vez más difícil de apoyar abiertamente. "Los Americanos no han comprendido nada, absolutamente nada, explicaba en julio de 1979 un kuwaití a un periódico especializado, ¿cómo podríamos apoyar a Sadat e Israel cuando una revolución islámica golpea en nuestra puerta?".

Sadam Hussein, al lanzar su ofensiva militar el 22 de septiembre, buscaba obtener dos resultados:

• sacar provecho de una situación favorable, como la que supone el debilitamiento de la potencia militar iraní y el aislamiento diplomático de Teherán, para afirmar su liderazgo en la región y recuperar zonas (Chatt el Arab) cuyo interes estrategico para Irak es evidente (es la única salida marítima del país, por la que transita la mayor parte de sus exportaciones de petróleo);

• exacerbar la crisis del régimen jomeinista y acelerar su caída, sobre la base de una guerra relámpago que le permitiese hacer conquistas territoriales importantes.

Este proyecto de los dirigentes irakies se ha visto facilitado y ha sido alimentado por la política seguida durante muchos meses por los dirigentes de la República Islámica, los cuales, tras la caída del Sha, se han negado a denunciar el tratado leonino de 1975 y tampoco han propuesto su renegociación. Aunque es difícil demostrar que las masas obreras y campesinas de Irán (o de Irak) tengán el menor interés objetivo en saber si la línea fronteriza entre ambos países se sitúa en la mitad del río (tratado de 1975), o en la orilla derecha, a excepción de los enclaves de Abadán y Jorramchar a los que divide por la mitad ( tratado de 1973). Exactamente igual ocurre con la posesión de los tres islotes del Estrecho de Ormuz, cuya ocupación por el Sha en 1971 marcó simbólicamente su aparición en la escera como gendarme imperialista de la región. Por el contrario, las declaraciones altisonantes paniraníes de ciertos dirigentes de la República Islámica, i reclamando por ejemplo la isla de Bahrein como parte integral de su territorio, han facilitado las maniobras de la diplomacia irakí.

En fin, el régimen de Teherán ha utilizado para sus propios fines políticos, durante meses, la tensión fronteriza con Irak. En primer lugar, para justificar, a traves del peligro exterior, el mantenimiento del ex-ejército imperial, de su jerarquía, limitan do las purgas y depuraciones en su seno. El complot exterior ha sido utilizado igualmente para negar al movimiento de las nacionalidades oprimidas de Irán la satisfacción de sus derechos nacionales y de su derecho a la autodeterminación.

Las manifestaciones de la población árabe del Jusestán, en mayo y junio de 1980, han sido ahogadas en sangre por los pasdars y por el ejército iraní, después de que las autoridades de Teherán hubiesen explicado que el movimiento nacional árabe era un simple complot del imperialismo y de Irak.

La segunda ofensiva militar, de nuevo por los pasdars y el ejército iraní, contra el movimiento kurdo ha sido lanzada durante la última primavera y verano, bajo el pretexto de la "defensa militar" de la frontera con Irak. Pero una "defensa militar" que para las autoridades de Teherán pasa por el desarme de las milicias y la prohibición de las organizaciones políticas kurdas que tienen en armas unos 50.000 hombres. Se podría añadir, en el caso de los campesinos que también comenzado a armarse, a ocupar tierras y a reivindicar sus derechos nacionales.

Esta política "militar" de los dirigentes de la República Islámica, que tiene unas raíces sociales evidentes, se articula alrededor de la defensa de la propiedad privada y del Estado burgués, frente a la dinámica de revolución permanente desencadenada con la caída de la dictadura Pahlevi.

La política militar de estos últimos meses (más adelante abordaremos la política militar en el conflicto actual de los dirigentes de la República Islámica) ha tenido repercusiones sobre el desarrollo primeros días del enfrentamiento con Irak. El avance militar de las tropas blindadas y motorizadas irakíes de muchos kilómetros, sin que ninguna resistencia seria le fuese opuesta, fue debida parcialmente al hecho de que el gobierno de Teherán había optado deliberadamente por mantener numerosas unidades blindadas (especialmente aquellas equipadas con tanques Chieftan, el más moderno del que dispone el ejército iraní)

nacionalidades, alrededor de los grandes centros urbanos e incluso a lo largo de la frontera soviética y afgana, como en la época del Sha. ¿Cómo defender militarmente la revolución iraní?

La agresión militar irakí ha puesto de nuevo en primer plano la defensa militar de la revolución irani, por tres razones esen-

• la ofensiva de las fuerzas armadas irakíes busca la conquista y ocupación militar de una de las zonas económicas vitales de Irán (Jusestán) y especialmente de los principales centros urbanos (Jorramchar, Abadán, Ajvas, Desful);

• el régimen iraki intenta abiertamente favorecer la caída del régimen de Jomeini y abrir la vía a la contrarrevolución iraní a través de un golpe de Estado o de una guerra civil;

• el desencadenamiento de esta guerra sirve igualmente a los planes del imperialismo, en la medida en que se piensa que debilita a las fuerzas vivas de la revolución iraní y porque permite acelerar y desarrollar los preparativos para una intervención militar en la región.

Contrariamente a las zonas fronterizas li-

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mitadas en disputa tras la abrogación del tratado de 1975, el éxito de los objetivos de guerra irakies en el Jusestán no podría dejar de acentuar el estrangulamiento económico de un país que ha visto ya una parte de su infraestructura económica destruida por las incursiones aéreas irakies. Además, semejante éxito militar iraki tendría un impacto social quizás más importante aún para el futuro de la revolución iraní al congelar (con la ocupación militar) o atomizar (con el éxodo) la actividad del proletariado del petróleo y de los trabajadores industriales

Los trabajadores de Ajvas, Jorramchar, Abadán y Dezful, que no derrocaron la dictadura del Sha y de su SAVAK para caer bajo la férula de los esbirros del Baas iraki, se han movilizado para resistir militarmente a las tropas de Sadam Hussein y defender sus conquistas. Semiespontáneamente o bajo la dirección de las organizaciones de la extrema izquierda (Mudyahidines, Fedayines, etc.) se han constituido comités de barrio y milicias. Se han levantado barricadas en las ciudades y sus accesos y la población comienza a armarse. Y tras dos semanas de combate, el resultado militar es ya asombroso: no son las unidades regulares del ejército iraní, ni tampoco su aviación, sino la resistencia en esos auténticos erizos que son los grandes centros obreros del Jusestán, la que ha detenido —al menos durante un tiempo— la marcha victoriosa de las tropas de élite irakíes.

Todavía resulta imposible predecir cuál será el resultado de los combates que tienen lugar en torno a estas cuatro ciudades, resultado que dependerá en gran parte de las opciones políticas y militares del gobierno

Jorramshar en llamas.

de Teherán. Pero se puede extraer ya una primera lección: frente a un enemigo equipado abundantemente con aviones, tanques, artillería pesada, medidas como el armamento generalizado de los trabajadores o la constitución de' milicias, no desde luego utopías a arrinconar en el trastero del romanticismo revolucionario. Contrariamente a los cálculos puramente "aritméticos" de los expertos que comparan, "siendo todas las cosas iguales por otro la-

, la potencia de fuego de un carro de combate frente al de un fusil de asalto de un tipo de medidas siendo parte de un método "realista" clusive sobre el plano militar, porque atestiguan una voluntad política de defensa que juega en los dos campos, tanto sobre el comportamiento combatiente del enemigo como sobre el del resto de las propias fuerzas (como ocurre con los soldados de la unidades regulares del ex-ejército imperial). De nuevo se ha comprobado la certeza de una lección esencial de todas las grandes confrontaciones militares ocurridas en procesos revolucionarios. Y con mayor razón en Irán, donde las masas trabajadoras han hecho ya la experiencia de la posibilidad de

La un ejército armado con los materiales más sofisticados: el ejército del Sha, cuando la correlación de fuerzas pura mente militar les era mucho más desfavoraLa inquietud de las potencias occidentales

Después de dos semanas de combates, el tono comienza a cambiar en las cancillerías

Bagdad IRAK

Irán / Irak de las capitales occidentales y también en las de los Estados del Golfo. Al comienzo de las hostilidades, a pesar de sus declaraciones de "neutralidad", no cabía la menor duda de que el "apoyo moral" de los estados imperialistas se encontraba detrás de los irakíes: por primera vez en la historia de los conflictos de este tipo, ni un sólo país capitalista o del "campo socialista"" ha condenado claramente la agresión militar irakí. La moción de las Naciones Unidas exigiendo el fin de las hostilidades y que fue adoptado unánimemente, se situa muy por detrás de la famosa Resolucion 242 sobre Israel, en el sentido de que no exige la evacuación de las tropas irakíes del territorio iraní ocupado. Las misiones de conciliación y "buenos oficios", como la del dictador pakistani Zia, en nombre de los países islámicos, como la de Yasser Arafat por la OLP, o la del ministro cubano de asuntos exteriores, enviado por Fidel Castro, han acabado enfrentándose con la no admisión por parte de las autoridades iraníes, precisamente porque se niegan a considerar esta exigencia elemental.

Mientras que al inicio de las hostilidades todos los estados del Golfo, con Ryad a la cabeza, han incitado de palabra y de hecho (ofreciendo facilidades para el aterrizaje de la aviación irakí) a Sadam Hussein, hoy se observa un distanciamiento, ligado evidentemente al atasco de la "Blitzkrieg" irakí. Pero ¿cómo interpretar el ofrecimiento israelí de proveer de ciertas piezas de recambio al gobierno de Teherán, que no va a tardar en necesitar si el conflicto se acaba URSS

M. Caspio • Tabriz

Teherán • Hamadan IRAN • Dezful • Ahvaz

Golfo Pérsico

• Boushehr

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convirtiendo en una guerra de desgaste? ¿Una maniobra de intoxicación?. Sin duda.

Pero ¿cómo interpretar entonces otra noticia, publicada en toda la prensa francesa a partir de distintas fuentes, según la cual ei Pentágono continuaba permitiendo el tráfico, vía Turquía, de un cierto número de piezas de recambio y de material militar para equipar al ejército iraní? ¿Cómo interpretar declaraciones cuando explica que "la estabilidad de la región depende de un Irán unido, fuerte, independiente y en paz con sus vecinos"?.

¿Tal vez Washington, ante el estancamiento de la ofensiva irakí, ha renunciado bruscamente a debilitar a la revolución iraní? Con toda seguridad, no. Un razonamiento de este tipo sería tan simplista y mecánico como el contrario, que pretende, como explican ciertos dirigentes religiosos iraníes, que el régimen irakí es pura y simplemente una marioneta en manos del imperialismo norteamericano.

Y basta con leer lo que escriben los editorialistas más cínicos del capital para comprender lo que se esconde detrás de esta aparente paradoja. El Economist de Londres anunciaba al inicio de los combates: "Si esta guerra significa el fin del Irán de los ayatollahs que movilizan al populacho y cogen rehenes, poca gente en el extranjero deplorará esta situación. Este ha sido precisamente el cálculo del presidente Sadam Hussein y, si hay algo sobre lo que no quepa la menor duda, es del hecho de que Irak es el agresor. Quizás ha tenido razón. Pero a condición de triunfar rápida y completamente. El suspiro de alivio que experimentaría el extranjero con la desaparición de los fanáticos revolucionarios iraníes se disiparía si al reino de los ayatollahs sucediese una guerra civil que condujese casi inevitablemente a la desintegración y destrucción del imperio persa". La dialéctica y el sentido estratégico no exclusivo de los revolucionarios...

La ofensiva militar irakí no ha hecho caer al régimen de la República Islámica. En ningún momento este se ha visto amenazado por una crisis de desmoronamiento militar que pusiese en cuestión su existencia. En la base de este error de juicio está la confusión de los dirigentes irakíes, que han asimilado la crisis evidente de la dirección jomeinista y la parálisis parcial de las instituciones iraníes con el inicio de un reflujo de la revolución iraní, que un choque militar solo po-

Error trágico, quizás fatal para los dirigentes de Bagdad: la crisis de la direción nacionalista burguesa en Irán no es el inicio de un declive del proceso revolucionario, sino que por el contrario es la expresión de su avance, de la dificultad para los dirigentes

República Islámica de bloquear el avance de las masas obreras, campesinas, de los movimientos nacionales, que no han sufrido todavía ninguna derrota importante.

Y la guerra irakí va a provocar sin duda nuevos avances del movimiento revolucionacio en Irán, desbordando las tentativas de la dirección jomeinista de utilizarlo para sus propios fines de Unión Sagrada, nacionalista y chovinista, y para la reconstrucción del aparato de Estado. El imperialismo y la reacción sólo tienen un objetivo estratégico: aplastar la revolución iraní. Lo que no se confunde con la voluntad de ver aplastado militarmente al ejército iraní, ya que saben que para lograr sus fines será necesario utilizar en gran escala la fuerza contra las masas trabajadoras que tienen ya en su activo la victoria contra el 5º ejército más poderoso del mundo.

Nadie cree hoy en las capitales occidentales que una acción contrarrevolucionaria victoriosa en Irán podría llevarse a cabo por fuerzas exclusivamente exteriores, imperialistas y árabes. La cuestión decisiva para todos los proyectos contrarrevolucionarios en Irán —más allá de las posibilidades de una intervención directa— sigue siendo la posibilidad de poner en pie dentro del mismo Irán un embrión militar y político alternativo. Esta es la razón por la que todos los planes estratégicos del imperialismo siguen centrándose en el futuro del ejército iraní y del antiguo aparato de Estado. Es a partir de este plan estratégico global como el imperialismo calibra la actuación, no las declaraciones sino las medidas concretas, de los dirigentes de la República Islámica. Y de ahí que el imperialismo distinga entre lo que esta guerra significa como radicalización del movimiento de masas, y las medidas políticas y militares adoptadas por los dirigentes de la República Islámica.

Decenas de oficiales -incluidos los implicados en el complot de julio- han sido liberados con la promesa de una amnistía

La condición de que vuelvan al servicio activo en el ejército regular. Las embajadas iraníes en el extranjero hacen lo mismo con los oficiales en el exilio, prometiéndoles la impunidad, el pago de sus salarios atrasados, e incluso un adelanto, si vuelven a Irán. Así, en París, ha sido el brazo derecho del general Oveissi, el "carnicero de Teherán", coordinador en Europa de las maniobras facciosas, el contactado para volver al servicio.

-¿Medidas de "realismo militar" y de utilización cínica de los "expertos"? No, porque al mismo tiempo, en Teherán, Jomeini y todos los dirigentes de la República Islámica multiplican los discursos rehabiltadores del ex-ejército imperial, convertido en la punta de lanza de la revolución iraní. Al mismo tiempo, no se ha tomado ninguna medida práctica para concretizar la consigna lanzada el diciembre último por Jomeini sobre el "Ejército de los 20 millones". Incluso Bani Sadr ha impedido la movilización general, limitando ésta al Jusestán: el licenciamiento de los reclutas ha sido una de las primeras medidas tomadas tras la

Irán / Irak insurrección de febrero de 1979 para evitar la acción disgregadora de los comités de espontáneamente. Estos han estado siempre prohibidos.

En fin, en el plano político, se ve cómo los dirigentes iraníes ponen el acento exclusivamente sobre la victoria militar contra el agresor irakí. ¿Qué persona con sentido común no se da cuenta que la mejor defensa de la revolución, el mejor medio de movilizar contra el imperialismo y la reacción todas las energías, es además la constitución de un verdadero ejército de 20 millones, basado en los shoras y la organización de las milicias obreras y campesinas, dar la tierra a los campesinos, reconocer los derechos nacionales, el derecho a la autodeterminación de los kurdos, árabes y otras nacionalidades oprimidas? Quizás se contenga y se rechace la ofensiva iraki, pero ¿quién puede dudar que las opciones militares de los dirigentes de la República Islámica, que siguen siendo la continuación en otro terreno y con otros medios de toda su política, no implican a un cierto plazo de tiempo nuevos peligros y nuevas pruebas para las

Todo esto es lo que da su plena significación a la línea general sobre la cuestión de la defensa militar de la revolución iraní, desarrollada en agosto de 1980 por el Secretariado Unificado de la IV Internacional, Sobre la situación y las tareas de la revolución

'Frente a la amenaza de un golpe de Estado reaccionario o la intervención militar. imperialista, los marxistas revolucionarios en Irán participan en los combates de los obreros, campesinos y masas oprimidas por la defensa —con sus propios medios de acción y organización— del actual régimen. No se trata de un apoyo político, sino de una defensa militar. En una situación en la que el proletariado y sus aliados no son capaces de reemplazar el régimen presente por una forma superior de gobierno de los obreros y campesinos— esta defensa militar es necesaria, pero está estrechamente unida a la realización de las grandes tareas (autoorganización de los trabajadores e independencia de clase, medidas anti-capitalistas, reforma agraria radical, autodeterminación de las nacionalidades... especialmente) que permitan avanzar a la revolución y sean la garantía última para derrotar los proyectos del imperialis-

"...Frente a las amenazas de tipo militar del imperialismo y de los generales del antiguo régimen, los marxistas revolucionarios proponen concretizar la consigna del ejército de los 20 millones, constituyendo milicias obreras y campesinas y armándolas. En esta perspectiva, defienden el derecho de los trabajadores en uniforme en el ejército y en los cuerpos de pasdars de formar sus propios , comités independientes de la jerarquía y de las instituciones de la República Islámica".