1970-1976: Los antecedentes del ascenso
Polonia Los antecedentes de la movilización actual
Los acontecimientos de junio de 1976 no fueron una simple repetición de las huelgas de finales de 1970. Pero la relación de fuerzas en la que tuvo que operar el equipo dirigente de Gierek entre 1970 y 1976 viene determinada en gran medida y muy concretamente por la ofensiva obrera que comenzó en diciembre de 1970 en la costa báltica. Aunque sea brevemente, hay que destacar algunos rasgos específicos de aquellos "acontecimientos del Báltico". La ofensiva de la clase obrera
Antes que nada hay que subrayar la profundidad y el dinamismo extraordinario de la revuelta de la clase obrera. El 12 de diciembre de 1970 —es un sábado-, el Consejo de Ministros de Polonia anuncia un aumento de cerca del 30% en los precios de los productos alimenticios. El lunes siguiente, por la mañana, 3.000 trabajadores se reúnen en asamblea, en los astilleros Lenin, de Gdansk, un puerto del Báltico.
Mientras que los dirigentes sindicales oficiales se niegan a emprender la mínima acción contra las alzas de precios, los trabajadores se declaran en huelga y se dirigen en manifestación hacia la emisora de radio local, para difundir un llamamiento a la población. Cuando la milicia le corta el paso, la muchedumbre se encamina hacia los locales centrales del partido en la ciudad de Gdansk, gritando: "¡Pan!" y "¡La prensa miente! la policía ataca y la muchedumbre intenta entonces quemar los locales del Par-
Al día siguiente, Gdanks vive las angustias de un levantamiento popular mientras que la huelga se extiende a Gdynia y Elblag, donde las masas apedrean también los locales del Partido. Los trabajadores de Szczecin se unen a la huelga, y el miércoles, 16, los paros ya llegan hasta la legión de Katowice, en la Alta Silesia, y a Poznan. El movimiento ya no se circunscribe al litoral báltico. El día 17, algunos trabajadores son masacrados en Slupsk. En este momento, es la clase obrera de Szczecin, que se ha movilizado a gran escala, bajo la dirección del comité de huelga de los astilleros Adolf Warski, la que toma las riendas del movimiento.
Al anochecer del 17 de diciembre, en los principales puertos del Báltico aparecen los tanques, cuando las huelgas se extienden ya hasta Wroclav y Varsovia. Todas las ciudades del Báltico, incluidas Starograd Malbork, están en huelga. El viernes 18, varias grandes empresas de Varsovia -entre ellas, la famosa fábrica de automoviles Zeran, que había encabezado el movimiento de los consejos en 1956— interrumpen el trabajo. Los dirigentes de los comités de huelga de Varsovia lanzan un llamamiento a la huelga general para el 21 de diciembre de 1970.
Durante el fin de semana del 19 y 20 se reúne el Comité Central del POUP. Cae Gomulka, ya enfermo, y es sustituido por Edward Gierek. Pero esto no pone fin al movimiento. No es sino el comienzo. Gierek anuncia a la Dieta (Seym), el 23 de diciembre, toda una serie de concesiones económicas: la promesa de no aumentar los precios durante los dos años siguientes, asignación de 7.000 de zlotys para ayudar a los trabajadores menos remunerados, anuncio de un programa urgente de obras públicas, etc.
Pero esto no pone fin al movimiento. Los comités de huelga se mantienen y organizan huelgas repetidas en el Baltico, para exigir cambios políticos en profundidad. El 24 de enero, en medio de una huelga con ocupación en los astilleros de Szczecin, y mientras en otras empresas de la ciudad también hay huelgas, el primer secretario del Partido, Edward Gierek, acompañado del primer ministro, Jaroszewicz, acude para discutir durante nueve horas con los huelguistas reunidos en una Mediante nuevas concesiones, Gierez logra que cesen las huelgas de Szczecin.
Pero esto no pone fin al movimiento. Los comités de huelga de Gdansk y Szczecin se transforman en comisiones de trabajadores que siguen en pie como direcciones de los trabajadores de los astilleros.
Conservan también su autoridad ante los trabajadores de las zonas del alrededor, celebrando gran número de mitines masivos en las fábricas de las provincias bálticas y vigilando las nuevas elecciones sindicales en los astilleros. El régimen ha congelado los precios, pero al nivel fijado por Gomulka, tras las alzas de diciembre, y no al nivel anterior. Además, la clase obrera avanza una serie de reivindicaciones políticas, en torno a la independencia del sindicato y de la prensa, al igual que sobre la mejora de las condiciones de vida económicas y sociales. Gierek ha declarado que era absolutamente imposible volver al antiguo nivel de precios de 1966; pero el movimiento no cede.
Gierek intenta apagar el foco de agitación de Gdansk reuniéndose de nuevo con los trabajadores. Pero estos no renuncian a sus reivindicaciones. Las huelgas prosiguen en otras regiones, particularmente en la gran fábrica de tractores Ursus, cerca de Varsovia, donde los dirigentes del Partido intentan —en vano— convencer a una delegación de los trabajadores de que reanuden el trabajo.
El 11 de febrero, más de 10.000 trabajadores —en su mayoría mujeres— de las siete fábricas textiles de Lodz se declaran en huelga. Al día siguiente, el segundo centro industrial de Polonia queda completamente paralizado por una huelga masiva. Gierek apela a la paciencia y a la confianza, pero sus palabras no surten efecto.
Casi entrada la noche del 14 de febrero, el primer ministro Jaroszewicz descubre que el mitin de masas, desbordante de entusiasmo, al que acaba de dirigirse en el teatro más grande de la ciudad, está de hecho encuadrado por los permanentes del
de la lucha obrera.
Partido disfrazados de huelguistas. El primer ministro se traslada entonces a una reunión de delegados de las fábricas ocupadas, que se celebra en los talleres Marchelevski. Permanece durante toda la noche discutiendo con los trabajadores. A la mañana siguiente, Jaroszewicz abandona la fábrica con las manos vacías.
Los trabajadores de Lodz se han negado variar sus reivindicaciones fundamentales, particularmente en cuanto al retorno a los precios de 1966. Ese mismo día, Gierek se reúne brevemente con los dirigentes soviéticos, y el 15 de febrero, la radio de Varsovia anuncia que la dirección del Partido ha decidido congelar los precios durante dos años, esta vez sobre la base del nivel de 1966, gracias a un préstamo soviético de 100 millones de dólares. El Partido ha cedido ante los trabajadores de Lodz, tras el fracaso de las negociaciones, mientras la huelga sigue "a tope"
Aún así, habrán de transcurrir dos días para que cesen las huelgas de Lodz. Y ni
Peter Green siquiera entonces se detiene el movimiento. El 15 de febrero se celebra una conferencia regional de los delegados obreros, en Szczecin. Tras 26 horas de debate, la conferencia propone crear una nueva federación sindical, explicando que la que existe no está suficientemente vinculada a los trabajadores.
En el Pleno del Comité. Central de mediados de abril, Edward Babiuch, miembro del. Buró Político, habló de las huelgas y movilizaciones de protesta que continuaban por todo el país. La nueva federación sindical no vio la luz del día, pero los comités de trabajadores, creados a partir de los comités de huelga, activos en el mes de abril, pues se informó que alguno de ellos se habían disuelto voluntariamente. permanecieron durante todo el año, y un informe fechado en el otoño de 1972 subrayaba que el comité de trabajadores de Szczecin seguía ejerciendo una influencia muy importante en la ciudad.
En resumen, las huelgas del Báltico —así llamadas-. contra Gomulka en 1970 tuvieron lugar sobre todo en 1971 y no se limitaron a las regiones del Báltico. Tampoco se limitaron a simples acciones de cese del trabajo. Lo más importante, para el análisis que sigue, es que no se oponían a Gomulka, sino precisamente a Gierek.
La segunda característica decisiva de los acontecimientos del Báltico estriba en el hecho de que la cuestión de los precios no era en modo alguno la única reivindicación del movimiento. Esto es importante para captar la dinámica del movimiento. Un movimiento centrado únicamente en las reivindicaciones económicas no habría podido durar tanto. La naturaleza globalmente política del movimiento de masas se puso de' manifiesto también en los ataques violentos contra los locales del Partido que hubo en las distintas ciudades, así como en la lista de reivindicaciones avanzadas por los sectores mejor organizados del movimiento.
El combate por las libertades políticas democráticas elementales revestía una importancia extrema: por elecciones inmediatas y libres de los consejos obreros y de los sindicatos, por la supresión de la censura y por poner fin a las mentiras de la prensa, por el procesamiento de los responsables de la muerte de más de un centenar de trabajadores de los puertos del Báltico en el transcurso de los enfrentamientos del mes de diciembre, por la disolución de las
Polonia fuerzas represivas: estas eran las reivindicaciones centrales de los trabajadores en el transcurso de esta revuelta en el Báltico. Independientemente de quién lo apoye, este programa constituye una amenaza potencialmente mortal para los regimenes burocráticos en Europa oriental. La clase obrera y el POUP
La prolongada ofensiva obrera de 1970-71 no tiene precedentes en toda la historia de los últimos treinta años en Europa del Este. Gierek reconoció que el país se encontraba al borde de la guerra civil. Y otra cosa que no tiene precedentes, es que la clase obrera polaca no sufrió ninguna derrota. Al octubre polaco de 1956 le había seguido la derrota de la huelga de los empleados del transporte de Lodz, en 1957. Pero al victoria de los obreros de Lodz en 1971. Y a pesar de la represión que se abatió después contra los dirigentes de las huelgas, el régimen polaco no ha intentado jamás enfrentarse y aplastar a toda la clase obrera en un combate abierto.
Tras el intento de Gomulka de aplastar el movimiento por la fuerza, la dirección del Partido se vio forzada a recurrir a maniobras desesperadas para sobrevivir recuperar la iniciativa. Todo el pueblo polaco pudo asistir durante meses a ese espectáculo, tan humillante para ellos, en que un Gierek y un Jaroscewicz trataban de recuperar su autoridad política yendo a negociar directamente con los huelguistas de Szczecin, a Gdansk y a Lodz, con esos trabajadores que habían luchado en la calle contra la policía y el ejército y habían sido tachados de criminales, de vagos, por la prensa polaca en diciembre de 1970.
Tanto en la costa báltica como en Lodz, los militantes obreros del POUP habían sido arrastrados, junto con sus compañeros de trabajo, a la lucha, y alguno de ellos desempeñaron incluso un papel destacado. Siete de los treinta y ocho miembros del comité de huelga de Szczecin eran antiguos miembros del Partido, y parece que el comité de huelga de Gdansk tenía una proporción aún más elevada.
Había que retomar a partir de cero la reconstrucción del régimen político y toda la orientación del Partido. Esto subrayaba el informe del Buró Político leído ante el Comité Central de febrero: "Los acontecimientos han demostrado que toda alteración de los lazos entre el Partido y la clase obrera (...) puede provocar un profundo trastorno político en el país". El informe añadía que el Partido "debe esforzarse de ahora en adelante en evitar todo enfrentamiento con la clase obrera".
El secretario del Partido en el distrito de Malbrok había descrito el caos que reinaba en determinadas organizaciones locales del POUP. Durante la crisis, escribió "que no
Polonia había ninguna unidad de acción en el Partido. Algunos camaradas han perdido la cabeza Partido»" han empezado a atacar al
Los regímenes como el polaco extraen su legitimidad política de lo que pretenden representar por excelencia: los intereses de la clase obrera industrial. Y es precisamente a causa de esta pretensión que los dirigentes de los PC de Europa Oriental deben esforzarse continuamente en dar pruebas de sus con el proletariado, no sólo excluyendo de la vida política a todas las demás formaciones sociales, sino mostrándose capaces, también, de demostrar que cuentan con el apoyo —aunque pasivo— de los obreros, aunque sólo sea a través de la presencia real de militantes obreros en las filas de un partido comunista que ejerce el monopolio del poder político.
La represión política, asegurada por la milicia, el ejército y la policía política, es una cuestión vital para estos regimenes burocráticos. Pero no es suficiente, particularmente durante las crisis como la de 1970-71, cuando el enfrentamiento militar resulta ser contraproducente y el régimen sólo puede sobrevivir mediante la maniobra politica el establecimiento de determinadas alianzas políticas con algunos sectores de la sociedad. Si observamos la comosición social del POUP en vísperas de la revuelta del Báltico, descubriremos —al menos según las estadísticas oficiales- que el 40% de sus miembros eran trabajadores manuales. Esto significa que a finales de los años sesenta, el 13% de todos los obreros manuales polacos eran miembros del Parti-
En el momento del levantamiento del Báltico, uno de cada diez obreros polacos era miembro del Partido. Y en el transcurso de la huelga, la clase obrera polaca desertó en masa, de forma activa y consciente, con la excepción relativa de la Alta Silesia. (En esta cuenca minera, que es también el bastión personal de Gierek, los trabajadores se cuidadosamente privilegiados perciben salarios superiores a la media
En estas condiciones, el análisis de los acontecimientos del Báltico nos obliga a precedentes de la ofensiva de la clase obrera, sino también a subrayar otro elemento notable: la manera en que la nueva dirección del POUP logró finalmente capear el temporal permaneciendo intacta, y restablecer incluso algo parecido a un orden en la vida política, en la primavera de
En su intento de responder a la crisis,
Gierek tomó una serie de medidas de carácter político y económico. Con el fin de renovar la infraestructura industrial, solicitó grandes préstamos de los países capitalistas (Francia y la RFA) y de los bancos privados imperialistas. Asi, se importaron fábricas "llaves en mano". Esta modernización industrial debía permitir un aumento de las exportaciones hacia los países capitalistas. Las nuevas inversiones financiadas de esta forma fueron enormes, entre 1971 y 1976. A finales de este último año, el 43% de los medios de producción tenía una edad de menos de 5 años.
Gierek quería vincular también el aumento de los salarios reales a un incremento de la "productividad del trabajo", aplicando los métodos clásicos en las empresas capitalistas. Para tratar de aumentar la productividad de la agricultura -en la que desempeñan un papel importante los pequeños productores privados—, en la nueva dirección decidió estimular la producción aumentando un poco los precios de compra de los productos y multiplicando las subvenciones, atribuyendo determinadas ventajas sociales y creando mecanismos económicos que estimularan procesos de colectivización y la formación de unidades de producción más grandes. Para intentar canalizar las reivindicaciones obreras, Gierek lanzó la política de "concertación" entre el Partido y los trabajadores. Partido con bastante profundidad.
Pero surgirán con fuerza nuevas contradicciones. Van a preparar la explosión de 1976. El déficit comercial con los países imperialistas sigue intacto. La penetración de las exportaciones polacas en los mercados capitalistas está lejos de corresponder a las de los planificadores, y la estructura de las exportaciones no varia productividad del trabajo sigue siendo baja. Los trabajadores no quieren esforzarse en beneficio de la casta burocrática privilegiada.
A esto se añaden los efectos de la primera recesión generalizada de la economía capitalista en 1974-75 y el rápido aumento del precio del petróleo importado de la URSS. Finalmente, la tensión entre la demanda de de consumo —estimulada por el aumento de los salarios— y la capacidad para satisfacerla se exacerba, tanto a causa insuficientes como de las presiones que ejerce el endeudamiento.
En la primavera de 1975, las crecientes contradicciones entre la necesidad de los de cumplir obligaciones para con los Estados capitalistas y los bancos occidentales, por un lado, y la necesidad de cumplir con sus promesas hechas al consumidor polaco, por otro, desembocaban en una crisis aguda.
En marzo de 1975, la carne empezó a desaparecer de los comercios polacos. La dirección del Partido fue informada de la cólera creciente que se apoderaba de las masas. Como de costumbre, Gierek propulsó a su primer ministro ante las pantallas de televisión para dar algunas explicaciones y apelar la paciencia. Jaroszewicz publico asimismo un artículo en Polytika para argumentar sobre el tema. A la semana siguiente, la revista del Partido se sintió obligada a publicar esta agria respuesta, sacada de la carta de un ama de "aunque finalmente estemos bastante acostumbradas a las mentiras de la prensa durante los últimos treinta años, lo que ha escrito Vd. (primer ministro) rebasa todos los Irhites. ¿Piensa Vd. realmente quienes le leen son un hatajo de retrasados mentales o idiotas?"
Tras la experiencia del contacto directo que había experimentado ya con los obreros de los astilleros en 1970 y 1971, la dirección del Partido lanzó las reservas del ejército —no las reservas de hombres, sino las reservas de carne- a los mercados de los puertos del Báltico y de las zonas mineras de Silesia. Resultado: las obreras del textil de Lodz tan temidas, se declararon en paro y se manifestaron contra la escasez de escaparates y aparecieron carteles contra
En otra ciudad, al sur de la capital, se produjeron importantes enfrentamientos. Siguiendo el ejemplo de lo sucedido Lodz, las obreras de una de las fábricas más grandes de la ciudad, la factoría de calzado Radoskor, se declararon en huelga para protestar contra la penuria de alimentos. Los dirigentes locales del Partido trataron de atajar el movimiento deteniendo a 150 de las huelguistas. Pero muy pronto serían víctimas de su propio celo y se vieron obligados a batirse en retirada del estilo trabajadores de la fábrica de municiones, el Taller Metalúrgico Walter, la empresa más importante de la ciudad, votaron la huelga ilimitada hasta que fueran puestas libertad las detenidas. Esto bastó. En un abrir y cerrar de ojos, las mujeres estaban en libertad. En aquella época, este incidente no llamó mucho la atención de los observadores, y muy pronto el nombre de la ciudad cayó en el olvido. Sin embargo, hoy es bastante conocido: se trata de Radom.
Amainó la penuria de carne y la crisis que había provocado. Pero fue una experiencia importante para el régimen. Como sucede en general en las sociedades no capitalistas de Europa del Este, las masas consideraban que el gobierno era el responsable de cualquier trastorno económico, pues nadie puede albergar la menor duda en torno a la identidad de los que ejercen el contro económico hasta el más mínimo detalle.
Como ya hemos visto, el acceso de
Gierek al poder no había sido recibido con entusiasmo por las masas en Polonia: solo fue aceptado por su insistencia en prometer reiteradamente que iba a mejorar de forma continua el nivel de vida.
consumo en lugar de democracia obrera:
esta fue la oferta de Gierek. Y cuando no logró ya suministrar los bienes —aunque sólo fuera durante una o dos semanas—, la respuesta de las masas fue inmediata y brutal. Las mejoras del nivel de vida que se
habían logrado previamente desactivado la cólera de las masas. Al contrario, suscitó una determinación quizas fuerte a resistirse a cualquier retorno a las privaciones del pasado. Así, la escasez de carne se resiente como un insulto y una humillación intolerables.
La crisis de la carne de marzo de 1975 se resolvió, pero las múltiples contradicciones habían provocado agravándose y adquirían una dinámica progresivamente autónoma e incontrolable, dificultando cada vez más la solución de los problemas. Hasta el mes de junio de 1976, las medidas que trató de adoptar el régimen no fueron más que simples triquiñuelas o artimañas. Pero Gierek no podía proseguir indefinida y simultáneamente, a un ritmo infernal, su doble romance amoroso con el capital financiero occidental y las amas de casa polacas. Llegó el momento fatal en
SOLIDARNOSC DZIS PRUS
SCLIDARN
El sindicato independiente por todo el país.
que tuvo que elegir. Y era poco probable que quisiera decepcionar a los banqueros.
Hacia la explosión de junio
Durante los meses que precedieron al anuncio del aumento de los precios, que se produjo el 24 de junio de 1976, los dirigentes del POUP se comportaban como si hubieran perdido los estribos. No obstante, era imposible ignorar los signos precursores del peligro. Ya a finales de 1975 se habían precios al año siguiente —Gierek señaló el decidido aumentar sustancialmente los importe del alza en su discurso ante el VII
Congreso del Partido.
brusca de importaciones occidentales habría ejercido terribles efectos disgregadores en toda la operación de salvamento a gran escala, por mundo capitalista políticamente habría sido posible—, habria tenido serias repercusiones en las relaciones con la URSS. La única solución viable era la de tomar medidas draconianas de austeridad en el terreno doméstico.
reducirse la demanda de los consumidores, detener la fantástica hemorragia presupuestaria para subvencionar los precios y había que tomar provocar importantes cambios estructurales en la agricultura polaca. Todos estos temas aparecían en el discurso sobre el proyecto de baremo de precios, pronunciado por el primer ministro ante la Dieta, el 24 de junio. Los precios de los productos alimenticios iban a aumentar en un 60%, en promedio, para nivelar la de los consumidores con la producción agraria.
Al mismo tiempo, precios de compra de los productos agrarios al campesinado debía ir acompañado de fuertes incrementos de los precios de los suministros y materias primas del Estado a los agricultores. Esto habría diezmado económicamente a los propietarios de parcelas, que habrían sido incapaces de pagar dichas materias primas a su nuevo precio. De propiedad del suelo se habría racionalizado mediante el desarrollo de grandes fincas, estatales o privadas, mientras que se habría podido liberar a una gran masa de jornaleros, sin conciencia de clase; para la industria. Estos eran los planes de la dirección polaca.
Pero se mostró incapaz de llevar a la práctica este proyecto y de concretarlo en una serie de maniobras políticas tácticas realistas. Al contrario, decidió aplicar de golpe el aumento de todos los precios, sin húngara en 1975-76. Los dirigentes polacos advirtieron de antemano a la población que extensión. No hicieron ningún esfuerzo por una atmósfera de crisis nacional designios.
organizar consultas, pero no lo hicieron.
En esa misma época, la dirección decretó una serie de reformas institucionales inspiradas en el modelo soviético. Pese a todas las protestas, las organizaciones juveniles tuvieron que fusionarse, en la primavera de
1976, para formar un único organismo, del Komsomol
El dirigente del grupo parlamentario
Znak (grupo católico liberal), miembro de la Dieta desde los años cincuenta, tachado de las listas electorales de la primavera.. Mientras, la Iglesia llamaba a los polacos que no son miembros del Partido a
Polonia desempeñar un papel más importante en la vida pública, el presidente del Frente por la Unidad Nacional, que era un independiente respetado, fue sustituido sin ninguna dirigente del Partido, poco antes de las elecciones. Se relanzó la propaganda antirreligiosa. Sin embargo, en ausencia de una fuerte represión contra la
Vestas medidas resultaban políticamente incoherentes: sólo sirvieron para enfurecer a los intelectuales y a una Iglesia que en absoluto habían quedado de-
La dirección multiplicó sus gestos fútiles para apaciguar a los dirigentes soviéticos. De este modo se preparaba para tener la peor relación de fuerzas posible en junio. Por primera vez desde que ocupara su cargo, Gierek perdía su sangre fria.
El más explosivo de estos cambios con regusto soviético, destinados a integrar a Polonia más estrechamente en el molde institucional normalizado de los Países del Este, concierne a una serie de enmiendas a introducir nuevas claúsulas que ataran con lazos de eterna amistad al Estado polaco con la Unión Soviética y legalizaran el monopolio político del Partido Comunista. Estas claúsulas ya habían sido introducidas en Bulgaria, en Hungria y en Alemania Oriental, a comienzos de los años setenta, mientras que en Rumania y Checoslovaquia existían desde hacia tiempo.
para el VIl Congreso del Partido señalaba que había llegado el momento en qué Polonia siguiera
Esto provocó una extraordinaria oleada
Men todo el inteliguentsia pasó a encabezar el mostrando asi confianza que tenía en sus propias fuerzas.
El Episcopado apoyó estas protestas, en parte por razones ideológicas generales, en parte por consideraciones tácticas y para reforzar su posición de cara a la negociación de otros asuntos.
Decenas de millares de polacos de todas las condiciones ejercieron su derecho a ser
"consultados", inundando la Dieta y la prensa nacional con reivindicaciones, cartas abiertas y protestas. En total, casi 40.000 personas participaron en esta campaña.
Todas las contradicciones de la estrategia política de Gierek estallaron en esta batalla de finales de 1975 en torno a las enmiendas a la Constitución.
La cuestión constitucional se convirtió asi en el contrapunto político de la crisis de la carne que había estallado en la primavera
Junio de 1976 y su contexto
La táctica seguida por la dirección del
Partido para imponer los aumentos de precios preveía emplear las formas más
Polonia raídas de consulta popular: esperaban evitar toda discusión real y poder proclamar que se había cumplido la promesa de Gierek de consultar a la población. Para ello, el régimen trató de planificar el anuncio del alza de los precios de tal modo que pudiera coger al máximo posible por sorpresa a la población.
El 24 de junio, los estudiantes ya estaban de vacaciones, al igual que otros muchos polacos. En el orden del día de la sesión del 24 de junio de la Dieta no había nada previsto Después de anunciarse el plan el jueves por la tarde, por boca del primer debía procederse "consultas populares", de media hora de duración, en las tabricas, justo antes de empezar la jornada del viernes por la mañana. Los aumentos empezarían a aplicarse a partir del lunes siguiente. Los dirigentes polacos esperaban evidentemente que la maquinaria local del Partido tendría la capacidad manipular una asamblea de media hora con trabajadores convocados de madrugada.
Yes imposible trazar un cuadro descriptivo completo de los acontecimientos que se desarrollaron en el país el viernes, 25 de junio, tres días antes del XX Aniversario de la revuelta de Posnan en 1956. Pero sí pueden destacarse los rasgos generales del proceso, a partir de las movilizaciones de protesta de los principales centros. 1.- La consulta, modelo Radom
Aquí, los acontecimientos se iniciaron en los Talleres Metalúrgicos Walter, donde los trabajadores salieron de la fábrica para movilizar a los compañeros de otras
By manifestarse. arrastrar al paro a las mujeres de la fábrica de calzado Radoskor, de la fábrica de teléfonos Radom, de la manufactura de tabaco, de la fábrica de conservas de carne de los talleres de reparación de material ferroviario y de otras empresas.
He aquí un testimonio de lo que sucedió a continuación, relatado por un trabajador de Radoskor: "Hacia las 10 de la mañana, salimos de la fábrica para dirigirnos a la factoría de conservas. El cortejo se detuvo la calle Seronskiego. Se sacaron cargamentos enteros de carne de la fábrica, para mostrar cuántas reservas había almacenadas, pero nadie tocó los cargamentos, que volvieron intactos a la fábrica. Hacia las once, el cortejo descendió por la calle Seronskiego, cantando la Internacional y el himno polaco. Se gritaba: ¡No a los aumentos de precios!.
mayoría de manifestantes eran jóvenes. El Cortejo iba muy ordenado y pacífico. Todos silbaron cuando pasamos por delante de la Prefectura. Pero no se rompió ningún cristal. Llegamos entonces a la sede del Comité Provincial del POUP. Los trabajadores ocuparon el edificio. Tres
Centre ellas una cogieron la bandera roja, y después de pisotearla, la sustituyeron por la bandera rojiblanca (la bandera polaca). Entonces, la muchedumbre entonó el himno nacional.
Mientras tanto, continuaban las negociaciones: pedimos entrar en contacto con el Comité Central para lograr que anulara los aumentos. Exigimos una respuesta en el segundos turnos se unieron a la manifesta-
La gente llegaba camión. Entre las 14 y las 15 horas, los trabajadores bloquearon todas las calles adyacentes al edificio del Comité Provincial
POUP, atravesando autobuses
Cuando al cabo de dos horas no había salido nadie para dar una respuesta a los manifestantes, estos empezaron a saquear el edificio. Se rompieron los cristales, echaron por las ventanas las alfombras, los escritorios y los televisores. En la cantina se conservas de carne, salchichas y charcutería. La gente gritaba: '¡Mirad cómo viven estos cerdos!' Entonces saquear las tiendas cercanas al lugar. Finalmente, incendiaron el edificio.
A las 17 horas llegó la policía, con Apareció en columnas compactas en la calle Slovackiego, y se dirigía hacia la sede del Partido. Los manifestantes incendiaron los coches que servían de barricadas, pasaron al otro lado y empezaron a atacar a la policía desde allí. Una vez dispersados los manifestantes de los alrededores del Comité Provincial, la gente se concentró alrededor de la Prefectura. Hacia las 19 horas, dos muertas, cubiertas de sangre, fueron trasladadas en Troleybus, por las calles Seronskiego y Struga. Al pasar, la gente apretaba el puño, pero permaneció informe, en estos enfrentamientos fueron muertas 17 personas, y en las tiendas se pillaron mercancias por un valor de 30 millones de slotys. Los combates callejeros prosiguieron aún durante tres horas después de que el primer ministro anunciara por televisión que quedaban anulados los aumentos de
El gobierno estaba tan inquieto que durante la noche envió seis aviones de transporte de tropas a la ciudad. Dos mil personas fueron detenidas en la oleada represiva que sobrevino después. Algunas de ellas fueron encerradas en un campo de internamiento improvisado en un suburbio de la ciudad, mientras que las demás fueron trasladadas a una cárcel que se había acondicionado a toda prisa, en Byalistok, cerca de la frontera soviética, a 480 kilómetros al este de Radom.
2.- La consulta, modelo Ursus
Esta ciudad, que se encuentra a pocos kilómetros de Varsovia, está construida alrededor de una inmensa fábrica de tractores, de 15.000 trabajadores. El viernes por la mañana, los obreros decidieron elegir un Comité de 15 miembros, para discutir sobre los aumentos de precios con la dirección de la fabrica. La propuesta de los trabajadores era la de compensar estos aumentos con un incremento de salarios. Pero la dirección de la fábrica contestó conversaciones y despidiendo en el acto a los 15 miembros
Entonces, los obreros condujeron sus ferrocarril París-Varsovia, que pasa por las cercanías, para bloquearla. Cuando la milicia empezó a sacar los tractores de la vía, los obreros se pusieron a desmontar los levantando. cortando los corriente eléctrica. Asimismo, secuestraron el tren internacional con destino a París y se negaron a dejarlo seguir hasta que no se anularan los aumentos de precios. Hasta ese momento, la policía no se dejó ver.
Tras el anuncio por televisión de que se trabajadores volvieron triunfalmente a sus casas, mientras que otros manifestaron su alegría encendiendo fogatas alrededor de la fábrica y a lo largo de la vía del ferrocarril. Este fue el momento que escogió la policía para atacar con gases lacrimógenos e incluso con granadas, golpeando a todo quisque que cogían y deteniendo centenares de personas. A la mañana siguiente había 600 obreros detenidos, y la dirección de la fábrica suspendió durante tres meses a más de mil trabajadores. 3.- La consulta modelo Plock
En este importantísimo centro de la industria petrolifera, situada a cierta distancia al norte de la capital, los trabajadores de la refinería empezaron de buena mañana a discutir sobre los aumentos de precios. Después de elaborar una lista de reivindicaciones, se la presentaron al director como base para la discusión. Este les instó a que reanudaran inmediatamente el trabajo.
Entonces, los trabajadores salieron en masa de la fábrica y se manifestaron, en número de 1.500, cantando la Internacional y enarbolando banderas rojas confeccionadas a toda prisa. Se encaminaron hacia la sede del Partido. Paralelamente, .los trabajadores de la fábrica de maquinaria agrícola de la ciudad, que ignoraban lo que sucedía en la refinería, se dirigían hacia los cuarteles del ejército. También cantaban la Internacional y gritaban: "¡El ejército con la nación!" y "¡ El ejército con el pueblo!"
Cuando se enteraron que había la otra manifestación, se le unieron delante de los locales del Partido. Las reivindicaciones elaboradas en la refinería fueron presentadas al secretario del Comité Local del Partido, que prometió transmitirlas a Varsovia. Cuando llegó la noticia de la alocución televisada del primer ministro, los obreros se dispersaron para volver a sus casas. Eran las 20 horas en punto.
A las 22 horas se produjo un extraño incidente. Una banda de 200 jóvenes recorrió la ciudad rompiendo escaparates y saqueando varias tiendas. La policía no hizo nada para pararles los pies y no practicó ninguna detención. ¿Quienes eran? ¿De dónde venían? Se rumoreaba que era una provocación de la policia. Al día siguiente fueron detenidos más de 100 obreros: 150 trabajadores de la refinería fueron despedidos, al igual que 30 de la fábrica de maquinaria agrícola.
Las informaciones procedentes de otras regiones son muy fragmentarias. Pero estallaron huelgas en todo el país. Los trabajadores de los astilleros del Báltico pararon durante todo el día. Pero no se sabe nada de eventuales manifestaciones callejeras.
Los mismo sucedió en la famosa fábrica de automóviles Zeran, en la margen oriental del Vístula, en Varsovia. En esta fábrica, los 15.000 trabajadores que fabrican el FiatPolski se negaron durante dos días a trabajar y permanecieron en la fábrica para discutir. Acto seguido, 56 trabajadores fueron convocados uno por uno despacho de la dirección, por motivos no precisados, fueron detenidos y trasladados a la cárcel.
La gran fábrica de cuchillería Karol
Swieszevski, que emplea a 5.000 trabajadores, se declaró en huelga, al igual que la fábrica de transistores Teva. La fábrica de transformadores Elta, de Lodz, elaboró una lista de reivindicaciones y la entregó en propias manos director, obligándole a ir a llevarla a Varsovia, amenazándole con declararse en huelga si no cumplía.
La única región importante de Polonia de la que no se ha informado de ninguna huelga fue la Alta Silesia, donde parece que los mineros, bien pagados, no interrumpieron el trabajo.
La respuesta de la dirección del Partido
No cabe ninguna duda que la oleada de huelgas sacudió al Partido hasta sus cimientos. Los acontecimientos de Radom y Ursus no fueron más que las puntas de lanza más explosivas de un movimiento extraordinariamente amplio en todo el país, y el régimen había comprendido perfectamente que el mantenimiento de su actitud intransigente en la cuestión de los precios
Men el mismo proceso amplia autoorganización de la clase obrera en huelga que ya había ocurrido en 1970-71.
procedió a la Gomulka. En lugar de reprimir primero para verse obligado después a hacer concesiones, los dirigentes polacos cedieron inmediatamente, junio de 1976, a la reivindicación principal de los trabajadores, prorrogando la congelación de precios. A continuación reprimiendo violentamente a los sectores más combativos de la clase obrera, mientras apoyo celebrando mitines en las principales
De hecho, estos mitines de masas apenas reunieron a más gente que los permanentes y miembros del Partido. Así, Die Zeit informa que el mitin de Varsovia sólo
La una tercera parte del número señalado por la dirección del POUP. Todos los asistentes habían sido cuidadosamente filtrados. Llevaban insignias especiales de identificación, perfectamente reconocibles por los que pudieron ver la retransmisión
El 30 de junio tuvo lugar en Ursus un trabajadores, miembros y no miembros del Partido". Es una cifra significativa, si tenemos en cuenta que de los 15.000 asalariados de la empresa, 2.500 son miembros del Partido. En otras palabras,, los dirigentes locales del POUP no habían sido capaces de movilizar ni a la mitad de los efectivos del Partido en la adoptadas en estas reuniones uniforme. Algunas eran de un clásico, y exigían "un castigo ejemplar a los responsables informa Trybuna Ludu del 28 de junio. Pero una resolución adoptada en Podlaska se contentaba con forma paternalista y equívoca a la dirección del Partido, explicando que su decisión de anular los aumentos de precios había sido
"apreciada'" y recibida "con todo el debido respeto, como expresión de un acertado juicio político".
La represión adquirió la forma de una fuerte oleada de despidos, por motivos políticos, de los obreros que más se habían destacado en las actividades políticas en el lugar de trabajo antes y durante las huelgas
Hubo además varios centenares de detenciones. Los detenidos fueron sometidos a malos tratos por la policía y las autoridades penitenciarias. Finalmente, hubo una serie
-algunos públicos, otros a puerta cerrada—, que concluyeron con manifestantes de Ursus y Radom. De este modo, los dirigentes del Partido esperaban restablecer su autoridad y colocar a la clase obrera a la defensiva, sin provocar, no
Polonia obstante, un enfrentamiento a gran escala.
Este contraataque prosiguió durante los meses de julio, agosto y septiembre. Pero ascendiente de la oposición política, que llevó la crisis del régimen a un nivel distinto:
La clase obrera ya no estaba aislada de la inteliguentsia y de los círculos culturales o de los estudiantes disidentes, como fue el caso en 1970-71. Durante los tres días de huelga, numerosos intelectuales de primera fila publicaron cartas abiertas y llamamientos, pidiendo que cesara la represión. En junio, las fuerzas que habían aparecido durante la crisis de la carne, en la primavera de 1975, se fusionaron con los dirigentes de enmiendas constitucionales de comienzos de 1976, y formaron un único frente contra
Tras una serie de protestas dispersas, algunos intelectuales formaron un Comité por la Defensa de los Trabajadores, en setiembre en Varsovia, para organizar el apoyo a las víctimas de la represión, para dar publicidad a la naturaleza de represión y para exigir la liberación de los presos y la readmisión de los despedidos. Centenares de estudiantes y militantes se difundiendo comunicados, organizando la censurada, recolectando y redistribuyendo dinero para las víctimas de la represión. Al mismo tiempo, la Iglesia pidió la puesta en libertad de los trabajadores encarcelados y prestó su apoyo tácito a las actividades del
Las autoridades se vieron forzadas a batirse en retirada ante este movimiento,
• .a trabajadores de Radom y de Ursus que habían sido encarcelados (aunque no a todos), ofreciendo conceciones institucionales a la Iglesia y explicando que las historias sobre las brutalidades de la policía eran cuentos anticomunistas.
La policía empleó toda su capacidad de imaginación para intimidar y molestar a los miembros del Comité: algunos fueron agredidos y golpeados; otros recibieron amenazas de muerte y cartas anónimas. Pero en noviembre y diciembre la iniciativa pasó a manos del Comité, que luchaba por que se formara una comisión investigadora de la Dieta en torno a las brutalidades de la policía durante los acontecimientos de junio. Un número creciente de personalidades —muchas de las cuales no habían participado jamás en protesta algunafirmaron peticiones por la apertura de una investigación oficial sobre las brutalidades policiales.
alcanzaron a la Academia de Ciencias, y la En diciembre, estas propuestas dirección del Partido pasó a la defensiva:
sus intentos de restablecer su autoridad por medio de la represión se convirtieron en otra fuente de inestabilidad...