Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

La lucha continúa: Después de la victoria

· Inprecor n.º 17, octubre de 1980 · pp. 20-23 · 3.379 palabras

Polonia Cyril Smuga

Después de la vi

1 31 de agosto, tras largos días de negociaciones en cuyo transcurso la comisión gubernamental, presidida por Jagielski, multiplicó las presiones, las maniobras y los chantajes, se firma el acuerdo. Los trabajadores conquistan el derecho a crear el sindicato libre, el derecho de huelga, la liberación de los presos políticos. El gobierno se compromete a presentar, a plazo fijo, sus propuestas para , mejorar la situación material de los trabajadores. Se revisará el sistema de precios. En Gdansk se canta victoria.

Pero esta victoria ha sido posible gracias a la extraordinaria solidaridad que se desarrolló en todo el país. Una huelga general había paralizado Wroclaw, después de una parte de la cuenca minera de Silesia. Todo el litoral báltico estaba en huelga. Y en otras muchas regiones del país, los comités obreros de movilización, los comités de solidaridad con Gdansk, preparaban la huelga general.

La solidaridad (o el miedo) no dejó de afectar al ejército y la policía. Numerosos militantes del POUP se unieron a la lucha. Una carta circular de la dirección regional del Partido de Gdansk al Comité Central. fechada el 24.8.1980, precisa: "El camarada Urbanek, antiguo delegado al VIII Congreso, ha transmitido al comité de huelga las actas taquigráficas de los debates de dicho Congreso, así como las propuestas que él había hecho y que fueron rebatidas. (...) Durante una reunión de militantes que trabajan en la Educación, hemos sido criticados. Han exigido un aumento de salarios en el sector y la unificación del calendario escolar en todo el país. (...) En Pruszcz Ganski, una parte de los militantes se ha pasado al lado del comité de huelga y se solidariza con sus reivindicaciones".

La burocracia, arrinconada, tuvo que ceder. La difícil puesta en práctica de la victoria de Gdansk

Una vez firmado el acuerdo, el MKS de Gdansk, Szcecin y Wroclaw se transforman en comités sindicales interempresas (MKZ). En el litoral, los nuevos sindicatos abarcan pocos días después hasta el 90% de los trabajadores. En Silesia, donde la huelga prosiguió, los trabajadores obtienen, el 4 de setiembre, además de las conquistas del "acuerdo de Gdansk", la supresión del trabajo distribuido en cuatro equipos de seis horas, y el sábado libre. Se les dan las garantías verbales en cuanto a sus reivindicaciones contra los privilegios. El sindicato

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ctoria: la lucha continua

oficial queda disuelto. Nace un sindicato independiente.

Los acuerdos de Gdansk no mencionan el área geográfica a la que deben aplicarse. A menudo, los dirigentes locales tratan de aprovecharse de ello para impedir la extensión del sindicato independiente. Así, en la WSK Mielec, una gran empresa aeronaútica, una reunión de cuadros del partido decide que "los sindicatos actuales son suficientes, no necesitamos otros". Y la dirección trata de hacer firmar a trabajadores un compromiso que estipula que no quieren otro sindicato. Resultado: cinco días de huelga, logran la destitución del director y del secretario del partido, se forma el nuevo sindicato independiente, que agrupa a casi la totalidad de los obreros.

Pero muchas veces las maniobras burocráticas se salen con la suya. El sindicato independiente es para los trabajadores que no han hecho la experiencia de la lucha masiva, de un enfrentamiento directo con las autoridades, una consigna abstracta. No se capta bien la diferencia entre este sindicato y el antiguo, una vez renovado democráticamente. Esta es la carta que juega el aparato la mayoría de las veces. Las federaciones sindicales abandonan una tras otra el Consejo Central de los Sindicatos (CRZZ, oficial) y "renuevan" su nombre: "sindicato independiente y autogestionado". Se prometen elecciones libres a las instancias de base, a veces incluso un congreso democrático. El riesgo esmínimo: en su marco, desde la altura de su cargo, los aparachiks sindicales tienen todas las de ganar frente a los delegados de base, inexpertos ante los tejemanejes de la cúspide. El marco es el mismo, y esto es lo que cuenta.

A menudo los debates se detienen en seco; los argumentos materiales prevalecen ("¿Quién pagará al médico, contratado por el sindicato, si se forma uno nuevo?"). Los pocos centenares de miles de ejemplares del proyecto de estatutos o del programa de acción, confeccionados y difundidos desde Gdansk, no bastan, ni mucho menos, para disipar todas las dudas. La prensa, que habla machaconamente de la "renovación" sindical, corre un tupido velo —salvo raras excepciones- ante la existencia sindicatos independientes. Una vez pasada la euforia de la huelga de agosto, aparecen las diferencias de nivel de conciencia, que se plasman inmediatamente en propuestas organizativas. La puesta en práctica de la victoria de Gdansk resulta para todos mucho más difícil de lo previsto.

Hasta el lunes, 22 de setiembre, las huelgas proseguirán, para arrancar a nivel local el dercho de organización —como en Mielec—, aunque también para obtener inmediatamente un aumento de los salarios. Los sectores peor pagados de la clase obrera pueden obtener una "próxima reevaluación" de los salarios y precios. Estas huelgas afectan a los sectores menos combativos, más dispersos, que no lograron obtener ventajas en julio o agosto. En general están dirigidas por militantes del partido y de los sindicatos oficiales en proceso de ruptura, y dan lugar a la creación de sindicatos independientes. Un sindicato nacional de masas

Las dificultades que encuentra la puesta en práctica de una nueva organización obrera dan lugar a una diferenciación entre los militantes. Apareceran con toda claridad en las reuniones nacionales de delegados de los distintos sindicatos regionales y locales, celebradas en Gdansk. Surgirán dos perspectivas organizativas, para hacer frente a dichas dificultades. Karol Modzelewski, un intelectual marxista que representa al sindicato de Wroclaw, insistirá en la necesidad de crear lo más rápidamente posible una relación de fuerzas a escala nacional, frente a la burocracia. Para ello exigirá que se funde un único sindicato y que se adopte un estatuto común para todos los sindicatos locales.

Frente a él, Lech Walesa, dirigente de Gdansk, se ha erigido en portavoz de las vacilaciones de los militantes del litoral ante la pérdida de control de los destinos del sindicato. Tras una larga discusión, en la que tomaron la palabra numerosos delegados, y de un trabajo en comisiones informales, se consiguió avanzar. El proyecto de estatutos elaborado en Gdansk con ayuda de los "expertos". - en su mayor parte, intelectuales católicos— parece haber sido aceptado por todos. Se decidió celebrar un congreso nacional. Se constituyeron una coordinadora y un equipo de ayuda a los sindicatos más débiles. Una vez más, la democracia ha permitido dar un paso adelante.

La discusión sobre los estatutos, la más difícil dada la abstracción del tema, no fue tan bien. Algunos delegados acusaron incluso a Walesa de obstruir el debate. Finalmente, los estatutos fueron adoptados por una mayoría muy amplia, y sólo se manifestaron algunas abstenciones. El día 24, una delegación del Sindicato profesional independiente y autogestionado Solidarnosc (Solidaridad) presentaba en la prefectura de Varsovia una solicitud de inscripción de la

Polonia primera organización obrera nacional e independiente de la burocracia, en nombre de más de 4 millones de afiliados. Se había ganado la primera batalla en torno a la aplicación de los acuerdos de Gdansk.

Sin embargo, la creación de una organización nacional no pone a los sindicatos independientes al abrigo de los golpes bajos de la burocracia. Los niveles de conciencia de los trabajadores siguen siendo muy distintos. Los dirigentes sindicales tienen que hacer frente a unas condiciones de lucha nuevas, muy diferentes de las de una huelga de masas como la de Gdansk, y en las que la confusión ideológica incidirá de lleno. Es más, las maniobras de las autoridades empiezan a dar sus frutos. En la clausura de la reunión en que se discutieron los estatutos, Lech Walesa se alzó en portavoz de las ilusiones despertadas por la política diferente de la burocracia. Hablando de Jagielski, el dirigente de Gdansk explicó: "Hay que ayudar a la gente como él. No hay muchos así en la cúspide del aparato. No todos son malos y algunos merecen nuestra atención".

Esto es peligroso, máxime cuando una parte del aparato, una vez encajado el golpe, se recupera y prepara el contraataque. En el ejército surgen voces que reclaman "acabar con el caos". jerarquía católica, satisfecha con privilegios obtenidos —acceso semanal a la radio— intenta desviar las energías hacia una campaña de "moralización". oposición, sorprendida por la amplitud de la movilización de agosto, acaparada por el activismo que exige la construcción del sindicato, busca su lugar. En ausencia de una estrategia, el riesgo de que movimiento obrero caiga en nuevas ilusiones es grande. La contraofensiva burocrática

El nombramiento de Stanislaw Kania (responsable de la policía política en el Buró Político), como primer secretario del POUP, con el firme apoyo del general Jaruzelski (responsable del ejército en el BP), señala claramente cuáles son los sectores en que se apoyaría la burocracia en última instancia. Cayeron las caretas.

Pero antes de jugar la carta de la fuerza, cuyo desenlace y cuyo precio aún son inciertos, el aparato trata de buscar una salida "política" a la crisis. Apenas elegido, Kania inició una gira nacional, secundado por sus pares. Había que explicar los virages, convencer a los dirigentes locales del aparato. Ventaja adicional: esta entrada en escena, orientada ante todo hacia el interior del partido, rompia con métodos principescos de Gierek. Se creó la ilusión de que coexistían un gobierno que resuelve los problemas del Estado con un partido que resuelve los suyos.

Se trataba casi de aplicar la misma

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Polonia política de profundización de las diferencias sociales que llevó a cabo durante diez años el equipo de Gierek y que cavó una fosa entre el aparato y la clase obrera (cosa que admitió el propio Kania en su primer discurso), pero también entre el aparato y la masa de miembros del partido, camino de paso y de integración por excelencia entre la burocracia y las masas. Los privilegios de esta casta han saltado a la luz. Las amenazas apenas veladas de Gierek, tanto en julio, frente a la huelga general de Lublin, como en agosto, ante la huelga de Gdansk, de pedir la "ayuda" soviética, terminaron por desacreditar al régimen.

Kania construye su contraofensiva sobre la base de esta debilidad. Como de costumbre, se intenta explicar que Gierek había amordazado a las "fuerzas sanas". Pero estas explicaciones se apoyan actualmenté en medidas concretas de represión de los elementos más corrompidos, y pueden encontrar cierto eco. Está preparándose un juicio ejemplar contra Maciej Szczepanski, ex-director de la radiotelevisión, acusado de malversación de fondos a gran escala. La habla de '800 propietarios de Polonia popular" ', que si es necesario serán procesados después de Szczepanski. Los caciques locales, como el tal Grudzien de Katowice, el tal Radosz de Leszno o el tal Zasada de Poznan, notoriamente corruptos, ya han sido víctimas de la operación. Y como todos estos señores habían intentado depositar sus "'ahorrillos" en los bancos occidentales, la "lucha" contra la corrupción podrá entremezclarse con la contra los "enemigos del socialismo".

Pues si la burocracia se guarda muy mucho de atacar frontalmente a la clase obrera, los ataques contra la oposición no cesan. Así, Leszek Moczulski, jefe de fila de un grupo nacionalista obnubilado por la "democracia" occidental, el KPN, ha sido detenido. La televisión polaca ha difundido al mismo tiempo los extractos de una entrevista que dio a la TV de Alemania Occidental. En ella, afirmaba particularmente su voluntad "liquidar la dictadura comunista" —probando así, según los comentaristas, colusión de Alemania Occidental". Por otro lado, esta misma televisión atacó también a Jacek Kuron, Autodefensa Social (KOR), presentando como resumen de su posición algunos extractos de una entrevista realizada en julio, en la que comunicaba sus temores ante una posible explosión violenta del descontento de las masas. Los intentos de desacreditar a la oposición -intentando mezclarla con las denuncias de los "acaparadores" de ayermarchan viento en popa.

Paralelamente, autoridades, incapaces de destruir por la fuerza el nuevo movimiento sindical, tratan de integrarlo y comprometerlo. Así el 24 de septiembre, el

Walesa y sus compañeros entregan los estatutos del sindicato en Varsovia. viceprimer ministro Jagielski recibió a Lech Walesa. Se formó una comisión encargada de redactar un proyecto de ley que reglahan sido invitados a formar parte de ella.

Enfín, la propaganda insiste más que nunca necesidad "entendimiento polacos", apoyándose en el sentimiento nacional. Ei conjunto de estas iniciativas se hacen eco de la aparición en el ejército de una corriente favorable al "fin del caos", es decir, bajo la cobertura de una demagogia nacionalista e igualitaria (¡contra la corrupción!), de una "normalización". El papel de la jerarquía católica

El sentimiento religioso de las masas polacas es de sobra conocido. Su raíz está, entre otras cosas, en el hecho de que la Iglesia ha sabido aparecer como un contrapeso frente a la burocracia, desde luego que ideológico, pero también político. Reprimida hasta 1956, la jerarquía se convirtió en portavoz del sentimiento nacional frente a un régimen que se apoya abiertamente en la URSS, y que por tanto era fácil tachar de "importado". Asimismo durante todos los periodos de "calma social", la Iglesia se presentaba como una oposición, respetuosa pero firme. Tras las huelgas de junio de 1976, cuando se debatió la represión sobre los trabajadores, la jerarquía católica había protestado. Numerosos curas participaron en las colectas de solidaridad. En algunos lugares, la oposición y los trabajadores pudieron reunirse en las iglesias. Y Wyszinski, el cardenal primado,

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había exigido, una vez el movimiento había entrado en reflujo, que se mejorara la suerte de los obreros.

En cambio, cada vez que se planteaba la cuestión del poder, la jearaquía defendió claramente el orden establecido. En 1956, Wyszinski llamó a apoyar a Gomulka. En 1968, cuando la burocracia atacó, bajo la cobertura de una ignomiosa campaña antisemita, al movimiento estudiantil y liquidó las últimas conquistas de 1956, la Iglesia se mantuvo en silencio. En 1970-71, tras la feroz represión de los huelguistas Gdansk y de Szczecin, Wyszinski llamó a la reconciliación nacional, a la calma y a la paz social. Apoyó abiertamente a Gierek, el nuevo primer secretario del partido.

Durante la huelga de agosto, mientras los fuerza para organizarnos", los "representantes de Dios en la Tierra" ponían toda la carne en el asador para defender el orden. En Gdansk, el obispo Kaczmarek explicó a los huelguistas, en la misa del 24 de agosto: "Presentad vuestras reivindicaciones, pero que vuestro objetivo sea, si depende de vosotros, que finalicen los paros y acaben estos momentos tan tristes actualmente litoral". Y Wyszinski, cuya declaración fue retransmitida durante una hora por la telereunidos en Czestojowa: "Pienso que a veces no hay que pedir demasiado, para que reine el orden en Polonia, máxime cuando las reivindicaciones, si son justas, y en general lo son, no pueden ser satisfechas de golpe". Ante el descontento que suscitaron estas declaraciones, la jerarquía difundió un comunicado en que explicaba que la televisión no reprodujo todo el discurso del cardenal primado, calmando así los espíritus. Pero el texto completo tampoco ha sido

Si al calor de las huelgas masivas, la dinámica del movimiento es más fuerte que las prédicas exteriores, por mucho que provengan de la más alta autoridad moral, la ideología que destila la Iglesia tiene un enfrentamiento con el régimen directo. La influencia que ejerce la Iglesia entre los trabajadores será en este caso un freno que obstaculizará la comprensión de las maniobras del aparato burocrático por parte de los militantes sindicales. Máxime cuando, como anunció un consejero del Papa en el Vaticano, poco antes de que la Iglesia polaca obtuviera el acceso a la radio, "corresponde a los católicos salvar al desacreditado PC polaco". Fuerza y debilidad de la oposición organizada

El movimiento huelguístico de julio y agosto ha sido un test decisivo para las diferentes organizaciones de la oposición.

De las tres principales organizaciones (el KOR, el Movimiento de Defensa de los Derechos Humanos - ROPCIO - y la Confederación una Polonia Independiente - KPN —), dos resultaron incapaces de captar la importancia de lo que estaba en juego.

EI ROPCIO y la KPN organizaron el 15 de agosto, en Varsovia, una manifestación. En ningún momento se planteó la cuestión de la solidaridad con las huelgas; en cambio, estos grupos celebraron aniversario de la victoria de las tropas polacas sobre el Ejército Rojo en 1920.

EI KOR, en cambio, desempeñó un papel muy importante en la primera fase de la movilización, en julio y a comienzos de agosto, popularizando las victorias locales y las formas de organización del movimiento. Su boletín obrero, Robotnik, se difundía masivamente en Gdansk en vísperas de la huelga de los astilleros. Los militantes del que desde hacia tiempo popularizaban la idea de un naturalmente un papel de dirección en las huelgas, en todos los lugares donde estaban presentes. Sin embargo, durante el período crucial de la huelga de Gdansk, la detención de algunos militantes, entre ellos los más activos, paralizaría la actividad del grupo

La victoria de Gdansk ha desorientado profundamente a los militantes del KOR. No se esperaban que la burocracia cediera, mismo modo se habían imaginado que el enfrentamiento pudiera producirse con tanta rapidez. Ahora, cuando de hecho el sindicato Solidarnose desempeña el papel que había sido el suyo, no saben adónde ir. Si bien habían sido capaces de ofrecer pespectivas al movimiento en sus comienzos, hoy en día, cuando la organización autónoma de los trabajadores plantea la cuestión del poder, vacilan. Y es que si bien habían previsto las huelgas, previeron su dinámica, ni supieron comprender cuan estrecho era el margen de maniobra de la burocracia. ¿Qué perspectivas?

Cuando ya existe ahora un sindicato como fuerza nacional, independiente de la burocracia, empieza un nuevo debate en Polonia, el de las soluciones a dar a la crisis económica. Durante la huelga, en Gdansk, se había abierto camino la idea del control obrero sobre la producción. Actualmente la retoman al menos algunos de los militantes sindicales.

El proyecto de programa de acción del sindicato, elaborado en Gdansk, estipula que si el sindicato como tal no deberá intervenir en la producción, apoyará todo intento de los trabajadores de controlarla. Paralelamente, propone reactivar los

Polonia espontáneamente por los obreros durante la liberación y que la burocracia había logrado

Woyciech Gruszeki, independiente de Gdansk, había explicado esta idea en una entrevista dada al periódico polaco había elaborado una ley que instituconsejos y sus delegados debían ser la base dilapidaron poco a poco. (...) El papel de los sindicatos independientes consistiría en reactivar estos consejos. (...) Se trataría en cierto modo de un parlamento de los trabajadores — de todos los trabajadores de cada empresa". Después explica que estos consejos no sólo deberían tomar decisiones en torno a la organización del trabajo, sino también en relación a las inversiones...

Es cierto que por parte de algunos sectores de la burocracia, la idea de recurrir a una "participación". de los trabajadores, inspirada, por qué no, en el modelo yugoslavo, también se abre camino. Ceder a nivel local para preservar el poder del Estado, proyecto. Además, permite aumentar la productividad, gracias a la integración de los trabajadores, y poner trabas a la actividad reivindicativa de los chocará con las aspiraciones democráticas de los trabajadores: proyecto de programa de acción prevé, en efecto, que los consejos serán elegidos por el conjunto de los trabajadores, derecho a presentar listas alternativas y con representación proporcional.

Este debate plantea del "socialismo polaco". En efecto, el control de las inversiones no puede limitarse —a menos que se limite a la de decisiones antemano en otras instancias— al nivel de la empresa. Pone en cuestión inmediatamente la forma de elaboración del Plan. Pero en los Estados obreros, el Plan es lo esencial del poder.

El porvenir de la revolución política, de la que la huelga general del litoral báltico en agosto fue el primer paso, depende hoy de la capacidad de los trabajadores para hacer suya la idea de los Consejos, de federarlos a

Sin embargo, las tareas son énormes, y el movimiento obrero polaco es joven y carece de experiencias. De ahí que muchas cosas dependan del movimiento obrero mundial, de su capacidad para aportar su ayuda solidaria a los trabajadores polacos, una ayuda material y política, en forma de intercambio de experiencias y contactos regulares. Los militantes marxistas revolucionarios deben ser los primeros en impulsar estas tareas. •