La huelga de los metalúrgicos ha revelado los límites de la "liberalización"
Brasil
Entre 1964 y 1974 no hubo en Brasil ningún milagro económico, sino el más burdo de los escamoteos. En diez años, machacado por la dictadura, el pueblo trabajador perdió más de dos tercios de su poder adquisitivo en beneficio de los explotadores nacionales y extranjeros.
Las desigualdades han aumentado, los contrastes se han agravado. Las estadisticas oficiales no son fiables en esta inmensidad brasileña. Sin embargo, todos los estudios recientes confirman • el 40% de la parte más pobre de la población, que en 1960 recibian el 9,8% de la renta nacional, en 1979 ya sólo recibieron el 7,8%, mientras que el 10% de la parte más rica de la población acaparaban el 50% y el 51,9%, • según otra fuente, el 5% de los más ricos de la población avanzó del 27,3 al 36,3% entre
1960 y 1970, mientras que el 50% de los más pobres cayeron del 17,7% al 13%. En 1970, menos que el salario mínimo; en 1972 ya era • De 1961 a 1976, los salarios reales de los trabajadores no cualificados disminuyeron en un 42%, mientras que los del personal directivo ascendieron en un 22%.
Esta explotación furiosa se tradujo evidentemente también en las condiciones de trabajo: cada vez más horas extraordinarias obligatorias, multiplicación de los accidentes de trabajo (de 4.000 casos estudiados, el 23% se debieron a fallos humanos y el 77% a las lamentables condiciones de seguridad e higiene), disciplina
Esta sobreexplotación se refleja también en las vida en los grandes centros urbanos: movimientos migratorios y crecimiento monstruoso de los barrios de chabolas, sin agua ni desagües, sin luz, sin calles pavimentadas, sin guarderías ni transportes colectivos, masas de niños sin escolarizar. En Sao Paulo circulan 8.550 autobuses para 6,8 millones de pasajeros al dia (o sea, 130 personas por vehículo en las horas punta). Entre 1960 y 1973, la mortalidad infantil ha aumentado en un 45%.
Este es el sórdido trasfondo del milagro.
El otro aspecto es el salto adelante de la industrialización y de la urbanización, un crecimiento espectacular del desarrollo desigual. Entre 1950 y 1970, la población de Sao Paulo ha pasado de 2,4 a 9,9 millones de habitantes, la de Rio de Janeiro de 2,8 a 8,3 millones. El indice de producción industrial ha aumentado de 100 en
Entre 1950 y 1970, la parte correspondiente a los obreros y mineros en la población activa ha pasado del 22% al 38%. Las industrias mecani-
Daniel Bensaid cas, eléctricas y de material de transporte, que ocupaban al 4,3% de la mano de obra en 1950, pasaron a ocupar al 17,5% en 1970. En 1974, en el Estado de Sao Paulo, ocupaban ya al 29,2%.
del automóvil, 174.000 vehiculos en 1963, fabricó 1.126.000
Este crecimiento económico ha venido acompañado de una entrada permanente de capitales internacionales, para los que la inversión brasileña se convirtió en un paraiso. Así, en 1977, los trusts imperialistas controlaban el 100% de la producción de automóviles y el 95% de la industria farmacéutica.
Sin embargo, la estructura de los intercambios de Brasil continúa cambiando: la parte correspondiente a los Estados Unidos, en las exportaciones, descendió del 48% en 1950 al 21% en 1974, mientras que la de Alemania Federal pasó del 1,6 al 7,5%, la de los Paises Bajos del 2,3 al 7,5%, la del Japón de 0 al 5,7%.
En lo que se refiere a las importaciones, los EE.UU. no suministraron más que el 27,7%, en volumen global, en 1974 (frente al 46,4% en 1970), mientras que Alemania pasó del 2,1% al 13,4% y el Japón del 0 al 9,8% (Alemania más Japón: 23,2%, frente al 27,7% de los EE.UU.): A partir de 1974, esta tendencia se ha confirmado, hasta tal punto que actualmente las importaciones procedentes de Alemania y Japón igualan
ya a las de los EE.UU.
Pero desde mediados de los años setenta, el gobierno brasileño despliega grandes esfuerzos con miras a relanzar los intercambios comerciales. Tras la decisión norteamericana de boicotear los suministros de cereales a la Unión Soviética, Brasil, al igual que su vecino argentino, se ha Figueiredo ha sido invitado a visitar la URSS, donde seguramente tratará de negociar nuevas exportaciones de soja.
Al mismo tiempo, Brasil ha iniciado una aproximación comercial con Argentina, concluido acuerdos con la CEE y con Polonia, firmado un contrato de 20 años con Angola, para la prospección y la producción petrolifera (participación del 17,5% de la Petrobras en Angola), y ha lanzado una ofensiva hacia los paises árabes.
En estas condiciones, si la burguesia brasileña surge reforzada de esta fase expansiva, no por ello deja de ser frágil y de estar dividida. La industrialización no es obra de una burguesía nacional fuerte y enérgica, sino de la combinación de la iniciativa del Estado y de la inyección de capitales extranjeros. En 1964, la dictadura militar tomó el relevo al Estado populista, para dirigir el proceso de desarrollo. De este modo, el aparato estatal y militar ha tenido que desempeñar el papel que la burguesia, en tanto que clase, no supo desempeñar, debido a su raquitismo. La burguesía, atrapada en las redes de su propia historia
Durante el boom económico de 1967-1973, el 60% de las inversiones corrieron a cargo del Estado. El número de empresas del Estado pasó de 37 en 1960 a 131 en 1976. La parte que les corresponde entre las 300 empresas más importantes ha pasado del 17% en 1966 (frente al 36% de las empresas privadas y el 46% de las multinacionales), al 32% en 1974 (frente al 28% de las empresas privadas y al 40% de las
Esta situación provoca importantes diferenciaciones en el seno de la propia burguesia. Una fracción está directamente asociada al Estado, en empresas mixtas, y desea que se mantenga una política altamente intervencionista. Otra fracción, más débil, en el sector del comercio y de la industria ligera, reclama asimismo la protección del Estado, mientras que el ala más dinámica, vinculada al capital internacional, desea que el Estado se repliegue y deje en manos del sector privado las inversiones en el sector de los bienes de equipo.
Si la burguesia se ha beneficiado de la fase de expansion para salir del raquitismo, desde 1973 ha resentido profundamente el sofoco del milagro, el agotamiento de un ciclo de crecimiento, y hoy en día se encuentra en una posición difícil frente a una recesión incipiente.
En efecto, la crisis amenaza con asestar un duro golpe a la economía brasileña. La tasa de inflacción se aproxima ya a las cotas que habia alcanzado durante los últimos años del populismo. En el primer trimestre de 1980, ascendió al 17,9%, frente al 13,8% del primer trimestre de 1979. De marzo de 1979 a marzo de 1980 supera el 83% (el récord fue, en 1964, del 92%). La deuda exterior ha aumentado de 6.000 millones de dólares en 1973 a 50.000 millones (!).
Las previsiones demográficas pronostican que con el ritmo de crecimiento actual, la población pasará de 120 millones a 203 millones en el año 2.000, con un crecimiento dramático
En la hipótesis (más que optimista, a la vista del contexto internacional), de un crecimiento anual del 7%, el 17% de la población del sur industrializado y el 54% de la población del norte agricola se encontrarán aún en estado de desnutrición. Pero en la hipótesis menos optimista, de una tasa de crecimiento del 4%, será el 39% de la población del sur y el 75% de la del norte. Y el año pasado, la tasa de crecimiento de la industria del automóvil descendió del 13% al 5,5%.
Este descenso tendrá que confirmarse en el año en curso, con los efectos acumulados de la recesión y de los 4l dias de huelga de los metalúrgicos del ABC, en la región de Sao Paulo, que comporta la pérdida irremediable de por lo menos el 12% de la producción anual.
Es ahora cuando la burguesia tendrá que hacer frente a las contradicciones acumuladas durante un cuarto de siglo. La profunda integración de la economía brasileña en la economía imperialista mundial le hará encajar directamente la onda expansiva de la recesión y la crisis previsible en el sector del automóvil. En estas condiciones, la burguesia brasileña tendrá que proceder a una reestructuración tanto más explosiva cuanto que no dispone de amortiguadores políticos, y que la lentitud de la "apertura democrática" fuente de brutales explosiones sociales.
Además, la aniquilación de las instituciones populistas por la dictadura militar ha quebrantado los mecanismos tradicionales de integración de la clase obrera en el pretendido consenso
Uno de los dirigentes del Partido de los Trabajadores de Porto Alegre, Raúl Pont, analiza esta debilidad política en los términos siguientes: "Las raíces históricas de la estructura politico-partidaria en Brasil residen en la incapacidad de la clase dominante burguesa para aceptar la democracia y romper con su subordinación al capital extranjero. El carácter elitista y exclusivo es una constante de la política brasileña. Así fue bajo el Imperio, con el voto censitario, directamente subordinado al poder económico. Continuó siendo así en la República, con el sistema de partidos regionales, que defendian los intereses de las oligarquias latifundistas y agroexportadoras de los Estados, al tiempo que reprimian ferozmente todo intento de representación política de las clases popu-
El paternalismo de Vargas durante los años 1930-1945, con todo el prestigio de que gozaba un gobierno nacionalista atento a la cuestión social, no fue menos desmovilizador y contrario a la participación colectiva de las masas. Y no fue menos cruel en la represión. Las prisiones estuvieron siempre llenas de comunistas y sindicalistas que luchaban por la autonomía y la libertad de las estructuras sindicales.
El pais no conoció una vida más nacional y programática de los partidos hasta después de
América Latina 1945, cuando se aceleró el proceso de industrialización y urbanización, cuando las mujeres pudieron votar por vez primera y era imposible no percibir el nuevo perfil de las clases sociales del país. Aún asi, el Partido Comunista, que habia sido el cuarto partido en número de votos en 1945, fue prohibido de nuevo.
El decenio de 1950 a 1960, dominado por el populismo nacionalista, que trataba de ganarse el apoyo de los trabajadores para el proceso de industrialización patrocinado por el Estado, fue insuficiente para que se crearan partidos políticos más sólidos y con raíces profundas en los movimientos sociales. Tras el golpe militar de 1964 se repite la historia de todos conocida. Sin lograr mantener una legitimidad ante la sociedad, que prosigue su proceso de aprendizaje político a lo largo de los años sesenta, el grueso de la clase dominante apoya el golpe y acentua su dependencia con respecto al imperialismo, haciendo imposible un capitalismo brasileño internacionalmente emancipado.
Sin lograr adquirir la menor legitimidad, el gobierno aseguró un decenio y medio de dominio mediante el terror policial y el aplastamiento de cualquier intento de organización popular masiva. Este proceso histórico es el que da cuenta del desinterés de las masas por la política...
Esta desorganización extrema de las clases explotadas es, por supuesto, uno de los mejores triunfos de la burguesía. La inexistencia de un movimiento obrero organizado le da cierto margen de iniciativa y de maniobra en el terreno político. Pero la inexistencia de toda tradición parlamentaria y el sofocamiento de los partidos políticos constituyen al mismo tiempo una debilidad de la propia burguesia.
Al querer abordar una "apertura democrática" controlada, no dispone de instrumentos adecuados de representación política. Sus dos principales partidos, el PDS y el PP, surgidos del molde de la dictadura, no le permiten unificarse políticamente y superar el clientelismo, la fragmentación regional, el gangsterismo, que caracterizan su historia. Si bien no está tan desarmada como lo estuvo la vieja burguesía colonial portuguesa cuando se hundió la dictadura de Salazar, tampoco dispone del aparato pre-partidario que supo construir la burguesía española para preparar el postfranquismo.
De manera que la transición es para ella un verdadero rompecabezas. Tendría que ganarse una nueva legitimidad en un proceso electoral: pero nada asegura que en caso de haber elecciones relativamente libres y sin censura, el gobierno se alce con la victoria frente a los partidos de la oposición legal, y particularmente frente al PMDB, que a su vez es demasiado frágil como para controlar y canalizar al movimiento de masas.
De ahi que la burguesía haya tomado la iniciativa, frente al nuevo ascenso del movimiento de masas, de operar una liberalización limitada, concretada en los decretos de amnistía bastante amplios y en la elaboración de un mecani». mo muy complejo de legalización de los partidos. concebido inicialmente para desembocar en un sistema cuatripartidista. (PDS, PP, PMDB ! PTB), excluyendo a toda organización indepen
América Latina
Pero de ahí, también, que ante la aparición imprevista del Partido de los Trabajadores y la irrupción de las huelgas obreras, como la del ABC, el aparato de la dictadura se ande con rodeos y trate de contemporizar, aplace las elecciones municipales, anunciadas al principio para finales de año, y difiera la adopción por el Senado de la Enmienda Lobao, que restablecería la elección de los gobernadores de los Estados por sufragio universal directo. De esta manera intenta ganar tiempo para consolidar sus instrumentos parlamentarios antes de las elecciones legislativas, previstas para 1982, y las presiden-
Pero, ¿cómo poner en práctica un plan electoral quinquenal, mientras la economía navega a salto de mata, sin ni siquiera un plan anual?
Minado por sus propias contradicciones, el régimen muestra cada vez más sintomas de putrefacción. En los últimos meses han proliferado los escándalos, que alcanzan hasta las más altas esferas del aparato de Estado. Así, el ministro de Agricultura, A. Stabile, y el propio hijo del presidente Figueiredo, están implicados en la venta ilegal de un millón de hectáreas a una multinacional japonesa en el Mato Grosso. Asi, el general Golbery, eminencia gris del régimen, se ha visto implicado personalmente en un asunto de malversación de fondos de los servicios de sanidad. Asi, el ministro de Finanzas, E. Galveas, y el presidente del Banco Central, Carlos Langoni, también se han visto directamente
Las plagas de la burocracia y de la corrupción, heredadas de un Estado providencial y omnipresente, fuente de riqueza y de poder, saltan cada
No por ello reina más unidad en las filas de la patronal. El ala más dinámica es consciente de que la ausencia de canales de negociación y de integración de la clase obrera a nivel de empresa constituye una amenaza a corto plazo: favorece la globalización de las luchas (como la Asamblea monstruo del ABC) y su rápida politización, dirigida directamente contra el Estado todopode-
De este modo, entre los representantes patronales se han observado vacilaciones que se entrecruzan con otras divisiones estratégicas. Por ejemplo, Luis Vidigal presenta su candidatura a la presidencia de la poderosa confederación patronal de la industria del Estado de Sao Paulo, para oponerse a la costosa política de los planes estatales de industrialización en las regiones "atrasadas, y para pregonar la concentración aun mayor de los polos industriales existentes en virtud de los mecanismos salvajes de la competencia. Es sintomático que el presidente Figueiredo apoye discretamente al presidente saliente, De Nigris, más estrechamente vinculado a la burocracia militar-tecnocrática del Estado.
En fin, las 80.000 comunidades de base de la Iglesia, que desde el hundimiento del populismo constituyen el único cuadriculado de masas de la población pobre, no son, ni mucho menos, el principal bastión de la dictadura. Un ala radical y militante cuenta con puntos de apoyo hasta en la jerarquía. Durante la última huelga de Sao Paulo, el obispo de Sao Bernardo (Claudio Hummes) y el arzobispo de Sao Paulo (Paulo Arns), apoyaron activamente a los huelguistas, abriéndoles las iglesias y ofreciéndoles ayuda material. Parece que el Vaticano los llamó al orden, dos meses después de la visita de Juan Pablo II, que ya ha rechazado su propuesta de visitar la zona particularmente turbulenta del ABC y las regiones rurales que han presenciado, en los últimos tiempos, violentos conflictos sociales. Austeridad a cambio de liberalización: un timo
Tras el toque de advertencia de los movimientos huelguísticos de 1979, la burguesía trata de neutralizar a la clase obrera más combativa, para ganar tiempo en el terreno económico y en el
Este es el sentido del sistema de revisión salarial, especie de escala móvil trucada, llevado a la práctica por el ministro de Economía, Delfim Neto. Este sistema prevé una revisión semestral automática en función del índice nacional de precios al consumo y una negociación nacional de los aumentos salariales en función de los aumentos de productividad. Por otro lado, en nombre de una mayor justicia social, Neto trata de crear un impuesto sobre el capital, afectará a las 35.000 familias más ricas.
Pero pocos meses después de llevarlo a la práctica, el sistema de revisión salarial revela todas sus contradicciones. De entrada, la inflación es demasiado rápida (40% por semestre): así, los salarios no hacen sino correr detrás de la inflación. Esto empuja a los trabajadores de determinados sectores a exigir una revisión tri-
Además, el procedimiento de negociación anual en función del aumento de productividad constituye, pese a que las negociaciones estén desincronizadas por ramos y regiones, una ocasión regular y frecuente para luchar contra la erosión del poder adquisitivo. Si la noción de aumento de la productividad pretende proporcionarle al asunto un aire tecnocrático, los trabajadores se han dado cuenta muy prondo de su arbitrariedad seudocientífica. Asi se ven empujados a exigir el control sobre la marcha de la empresa para poder evaluar la naturaleza de esta progresión, y entretanto exigen aumentos salariales que según ellos necesitan, como el 15% por encima del indice que reivindicaban los metalurgicos del ABC y el 10% arrancado por los estibadores del puerto de Santos, pese a la traición de la burocracia sindical.
El riesgo de que al cabo de algunos meses estas huelgas y explosiones se sincronicen, confluyendo en una huelga general, es grande. Unicamente la inexperiencia y la debilidad organizativa del proletariado retrasan estas posibilidades.
Finalmente, el mismo indice le plantea problemas al gobierno. Este asegura que la tasa de inflación no es la misma en todos los Estados de Brasil, que es menor en las grandes regiones industriales del sur, donde se concentran las grandes fábricas. Tiene la desfachatez de pretender que la revisión en función del indice favorecería a los trabajadores de estas regiones, y se piantea la elaboración de índices diferenciados
En cuanto al impuesto sobre el capital, es inútil precisar que en ausencia de un mecanismo de control y dado el grado de corrupción de los altos funcionarios, tiene muy pocas posibilidades de dar resultado alguno.
Todas estas operaciones de la burguesía pueden parecer muy acrobáticas, pero en el fondo de la cuestión es que le resulta dificil hacerles tragar a los trabajadores y campesinos sobreexplotados de Brasil la misma supercheria que logró imponer la burguesía española con la ayuda inestimable de los partidos comunista y socialista: la aceptación de una austeridad drástica a cambio de la consolidación democrática.
De un lado, porque la burguesía española condujo esta delicada operación a partir de 1976, antes de iniciarse una nueva recesión, mientras que la burguesía brasileña tendrá que hacerlo en caliente, con la recesión encima.
De otro lado, porque no dispone de partidos obreros legales y de masas, tan dóciles como el PCE y el PSOE, capaces de convertirse en el seno de la clase obrera en los artesanos de esta política de colaboración abierta.
Finalmente, y sobre todo, porque las promesas democráticas no dan para mucho en un país donde reina una pobreza absoluta, donde la mayoría de los obreros y asalariados agricolas ganan un salario mínimo de 75 dólares al mes (los metalúrgicos del ABC reivindicaban un salario/ hora de 0,56 dólares; el precio de un litro de leche es de 0,45 dólares, el de un paquete de cigarrillos de 0,50 dólares, el de un litro de gasolina, 0,63 dólares y el de un diario, de 0,30 dólares; y dicen que los metalúrgicos son una aristocracia obrera...). En el campo, los agricultores grandes propiedades están sometidos a la semiesclavitud, bajo el control de las milicias patronales, y la mitad del tiempo se alimentan únicamente de plátanos verdes.
En estas condiciones, el ejército sigue siendo la fuerza más coherente y más unida del régimen. Aun así, en su seno han empezado a aparecer diferenciaciones. En 1978, el PMDB apoyó la candidatura del general Euler Bentes frente a Figueiredo. Y más recientemente,ante la huelga del ABC: "Acaban de hacerse públicas varias revelaciones, reconoce el Journal de Genève, en el sentido de que el ejército ha desempeñado cierto papel en el endurecimiento inesperado de Brasilia. Se trata de un plan orquestado por el segundo ejército brasileño, estacionado en Sao Paulo, que ha permitido la detención de los principales líderes sindicales. Ha sido la Seguridad Militar la que desarrolló la operación, cuya ejecución se ha amparado en una ley de excepción militar. El Brasil de los generales sigue siendo una realidad."
Por consiguiente, si la burguesía tiene enormes dificultades para extraer de su propio seno los recursos y las fuerzas necesarias para conducir el proceso de institucionalización democrática, su ventaja principal reside sin duda en la debilidad de las organizaciones obreras y populares. Es lo de siempre. La actitud moderada y el papel de mediadores respetuosos desempeñado por los partidos de la oposición legal (PMDB y PTB) durante la huelga del ABC lo ilustra.
En lugar de exigir el restablecimiento de las
libertades democráticas y la convocatoria de una Constituyente soberana, que figuran en su programa, se esfuerzan en desempeñar el papel de mediadores para no comprometer la apertura gradual prometida por los generales. El Partido Comunista, integrado en el PMDB en nombre de la necesaria etapa democrática, que debe franquearse junto a la burguesia nacional, no fue precisamente el menos activo en las operaciones de desmovilización, de acuerdo con una función que ya está acostumbrado a cumplir.
Es por tanto la irrupción del movimiento de masas y el posible surgimiento de un partido obrero independiente, el Partido de los Trabajadores, los que pueden convertir en papel mojado todos los precarios proyectos y arruinar los cálculos de los estados mayores de Brasilia. El despertar masivo de la combatividad obrera
La explosividad del movimiento obrero y campesino es el corolario lógico de su debilidad organizativa y de la ausencia de mecanismos legales de integración.
La radicalización que ha venido desarrollándose durante los tres últimos años es el signo de un despertar masivo de la combatividad, aunque el nivel de conciencia sigue siendo muy elemental. El detonador de este renacimiento del movimiento obrero fue la revelación, por el FMI, en 1977, de la manipulación por el gobierno del indice de precios, que habría provocado una pérdida de los salarios del 34% en un año. Este escándalo, exhumado por un organismo oficial, dio a los explotados la conciencia de la legitimidad de sus reivindicaciones y los animó a luchar para recuperar lo perdido.
En 1979, y pese a las imprecisiones de la estadística, el número de trabajadores implicados en acciones reivindicativas se estima en 4 ó 5 millones: más que en los últimos años del régimen Goulart y más que nunca en la historia de Brasil.
La mayor parte de estas huelgas planteaban reivindicaciones salariales, y algunas exigían derechos sindicales o la reintegración de los delegados sindicales sancionados: 14 días de huelga de los 240.000 metalúrgicos del ABC por el aumento de salarios y la puesta en libertad de sus delegados; 8 días de huelga de los 10.000 obreros de Mannesmann (en Contagem, en los aledaños de Belo Horizonte), por aumentos salariales; 12 días de huelga de los 3.800 obreros de FIAT de Rio, por aumentos salariales readmisión de los delegados; 5 días de huelga de los 35.000 metalúrgicos de Contagem por un 80% de aumento del salario; 2 días de huelga de los 80.000 trabajadores del transporte de Sao Paulo, por un aumento salarial del 80% y el reconocimiento de su comisión sindical; 2 días de huelga, por motivos análogos, de los 222.000 trabajadores del transporte en la región de Rio; 6 días de huelga de los 80.000 trabajadores de la construcción en Belo Horizonte, y cinco días de los 64.000 de Porto Alegre, por un 100% de aumento de salarios.
Si bien los puntales fueron las luchas de los metalúrgicos del ABC y la de la construcción de
Belo Horizonte, donde los obreros ocuparon las calles durante varios dias en un clima insurreccional, también los enseñantes y empleados de banca protagonizaron luchas masivas.
Así, en los últimos cinco años, las luchas más duras fueron las del metal. Los motivos más frecuentes de las huelgas fueron los aumentos de salarios o el pago de atrasos. El Estado de Sao Paulo registró, por si solo, la mitad del número total de acciones reivindicativas del conjunto del país. Lo que refleja fielmente los efectos del desarrollo desigual en el seno del propio movi-
La radicalización no se ha limitado a la clase obrera. Afecta en buena medida también a los enseñantes y empleados, a las mujeres, a través de las asociaciones de barrio y el movimiento Lula, representante del PT, y dirigente de los metalúrgicos. contra la carestía de la vida (pero también con la
Run movimiento autónomo, que celebró un congreso con 4.500 mujeres en Sao Paulo, el 8 de marzo), y los estudiantes (pese a que las movilizaciones de solidaridad huelga del ABC hayan sido decepcionantes en la
Universidad de Sao Paulo). Ha movilizado a sectores enteros del campesinado, sobre todo hace poco en el sur, contra los impuestos del gobierno sobre las exportaciones de soja, con manifestaciones de pueblos enteros.
Pero la debilidad organizativa del movimiento obrero apenas ha permitido obtener victorias a la altura de las movilizaciones. Hay más derrotas que éxitos en todas estas luchas, a menudo admirables, de 1979. Y sobre todo, dejaron muchas huellas en la conciencia de un amplio sector de trabajadores, pero pocos avances organizativos. No existen comisiones sindicales o comités en las empresas que puedan compararse, ni de lejos, con las Comisiones Obreras, embriones de un sindicalismo independiente en el
América Latina crepúsculo del franquismo español.
En efecto, los sindicatos oficiales siguen regidos por una ley de 1943, directamente inspirada en la Carta del Trabajo de Mussolini, y que los* subordina directamente al Ministerio de Trabajo. La cotización sindical es obligatoria, pero la afiliación, voluntaria, y sólo los adherentes eligen a la dirección. Pero esta dirección elegida puede ser suspendida por el Ministerio de Trabajo, sucedió el año pasado con la de los empleados de Banca de Porto Alegre, y como acaba de ocurrir con la de los metalúrgicos del
El problema de la independencia sindical co respecto al Estado y el de la unidad sindical sigue siendo, pues, un problema central.
Los sindicatos, en efecto, están organizados por profesiones, sin la menor estructura intersindical. Es cierto que a comienzos de los años sesenta hubo cierta tolerancia para estructuras de coalición sindical, como el Commando General dos Trabalhadores (CGT), bajo incluso como el movimiento intersindical contra el bloqueo de salarios en los años 67-68, a partir de las grandes huelgas de Osasco y de Contagem. Sin embargo, posteriormente, el endurecimiento de la dictadura impuso el retorno a la atomización total y ahogó el poder de negociación directa de los servicios sociales, bajo la batuta de los "pelegos", dóciles al régimen (1).
A nivel de empresa no existe prácticamente ninguna actividad sindical reconocida. El caso de Saab Scania, donde los sindicatos suecos impusieron en 1977 el reconocimiento de un comité sindical en la empresa, es una excepción.
El bloqueo de la vida y de la acción sindical en la empresa empuja inevitablemente a los militantes y dirigentes sindicales combativos, llamados "auténticos", a la búsqueda de soluciones políticas. De ahí que no sea asombroso que después de explorar los límites de la lucha dentro del marco de las estructuras sindicales oficiales, los responsables sindicales, entre ellos los más prestigiosos, como Jaco Bittar (presidente del sindicato del petróleo. en Campinas), José Ibrahim (ex-presidente del sindicato metalúrgico de Osasco), Manoel da Conceiçao (ex-presidente del sindicato de trabajadores rurales de Pindare-Mirim), Olivio Dutra (presidente del sindicato bancario de Porto Alegre), Paulo Skromov (presidente del sindicato del cuero y plástico en Sao Paulo), Wagner Benavides (presidente del sindicato del petróleo de Minas Gerais), y sobre todo Luis Ignacio da Silva, "Lula" (presidente del sindicato del metal de Sao Bernardo), hayan encabezado el movimiento por un partido obrero independiente, el Partido de los Trabajadores.
Tras un comienzo vacilante y dificil, este movimiento ha empezado a consolidarse en los últimos meses de 1979, hasta el punto de ganarse la adhesión de parlamentarios y concejales municipales y de convertirse, más que en un grano de arena, en un verdadero guijarro en el engranaje de la reforma partidaria que el gobierno intentaba laboriosamente poner en pie.
Los 41 días de huelga en el ABC
Desde que se iniciaron los preparativos. la
América Latina huelga de los metalúrgicos de Santo Andre, Sao Bernardo y Sao Caetano, fue denunciada por los medios de comunicación como una huelga politica, una huelga del PT, pues Lula ya no era simplemente un dirigente sindical, sino el líder de un partido en construcción. Esta ofensiva estaba destinada a aislar la huelga para mejor aplastarla.
Una derrota clara de los metalúrgicos habria asestado un golpe a la vanguardia más combativa del proletariado brasileño, desacreditado a su dirección sindical y, de carambola, decapitado al PT. Por tanto, la apuesta era de calibre.
Los trabajadores del ABC, con su reivindicación salarial del 15% por encima del indice, amenazaban con hacer añicos la política salarial de Delfim Neto. Al exigir la estabilidad en el empleo al menos por un año, el derecho a poner carteles y el respeto de sus delegados sindicales, querían recuperar los derechos sindicales en el interior de la empresa. Al declararse en huelga, desafiaban abiertamente la pretendida "apertura" prometida por Figueiredo.
Al principio, el gobierno creyó poder apostar a que la acción se pudriría rápidamente. Pero en esto no contaba con la experiencia acumulada rápidamente por los metalúrgicos. El 16 de marzo, en el estadio de Sao Bernardo y antr 50.000 personas, Lula expuso una autentica estrategia: había que empezar inmediatamente a frenar los ritmos ("operación tortuga") y a negarse a hacer horas extraordinarias, con el fin de reducir los stocks de la patronal. Había que recolectar un fondo para la huelga y seguir negociando. A la vista de los resultados, los trabajadores de pronunciarían entonces sobre la huelga el 1º de abril, con la paga del mes de marzo en el bolsillo.
Durante 15 días se celebraron mitines volantes en los barrios y a las puertas de las fábricas, se informaba en los autobuses de transporte. El 1° de abril, 60.000 metalúrgicos votaban unánimemente a favor de la huelga, en respuesta a la intransigencia patronal. A medianoche del 2 de abril, el "hormiguero" del ABC se quedó paralizado, al 90%, sin piquetes.
Como la huelga no se desmoronaba, el gobierno terminó declarándola ilegal, el 17 de abril. Clausuró los locales sindicales y detuvo a los dirigentes, entre ellos a Lula. Pero todo estaba
Las reuniones y el abastecimiento se organizaron en los locales eclesiásticos. Una dirección de 400 trabajadores eligió en su seno a los sustitutos de los dirigentes detenidos. La aparición de "400 Lulas" amplió el sector de trabajadores que hicieron la experiencia de la dirección de una lucha.
La huelga prosiguió, en estas condiciones, hasta el 1° de mayo, y mostró aún su fuerza con una manifestación de 120.000 personas, que hicieron que las autoridades, que ante la firmeza de la asamblea temía un enfrentamiento generalizado, retiraran la prohibición de manifestarse. Pero al día siguiente volvió a acentuarse la represión y al cabo de 41 días de huelga, los metalúrgicos decidieron reanudar el trabajo, si bien prosiguiendo la guerra en el interior de la fábrica, mediante el ritmo lento y la insubordinación: a partir de ahora, detrás de cada máquina el patrón se encontraria con un enemigo irreducti-
Así, el balance es muy contradictorio. En el plano reivindicativo, los trabajadores no han obtenido gran cosa. Pero contrariamente a todas las previsiones, han dado una extraordinaria demostración de fuerzas y un ejemplo a todo el proletariado brasileño.
La patronal habrá pagado la huelga a un precio elevado (algunas estimaciones oficiales hablan de mil millones de dólares). Pero sobre todo la tenacidad de la huelga y la intervención directa del gobierno han hecho caer la máscara liberal de quería dotarse la dictadura. Ahora dificil legitimar el proceso electoral anunciado para 1982, manteniendo en prisión a los dirigentes sindicales. Y si los ponen en libertad, la represión aparecería como impotente y encadenada por sus propias contradicciones: el año pasado, el Ministerio de Trabajo ya tuvo que restituir a Lula en el cargo sindical del que había sido suspendido. Y poner en libertad a Lula sin reintegrarlo a su cargo, sería convertirio en un mártir de la libertad, totalmente disponible para consagrarse a la construcción del PT.
La burguesía internacional, más lúcida, no se engaña: el Journal de Genève, tan serio, titulaba el artículo de balance de la huelga: "Victoria pírrica para los generales brasileños".
Los obreros, a su vez, han adquirido la convicción de que la democracia de que se relamen los periódicos "se detiene a las puertas de la fábrica". Los partidos de la oposición respetuosa ni siquiera han tenido el valor de luchar por su programa. Únicamente el PT ha aparecido como un partido militante, un partido de auténticos trabajadores que pelean contra la dictadura. Abajo la dictadura militar
•La huelga de los metalúrgicos del ABC revela claramente cuáles son las tareas del movimiento obrero brasileño, que giran en torno a tres ejes:
1. En primer lugar, la lucha por las libertades democráticas: el restablecimiento del derecho de huelga, la legalización de todos los partidos políticos, la abolición de la censura y la amnistía total, la convocatoria inmediata de una Asamblea Constituyente libre y soberana. palabra: el derrocamiento de la dictadura es una
En este mismo sentido se orientaron las propuestas del PT en el transcurso de la huelga, según declaraciones de uno de sus dirigentes, Paulo Skromov, al periódico Em Tempo (1.5. 1980): "A través de su dirección nacional, el PT ha propuesto a las demás corrientes del movimiento sindical la convocatoria de todas las categorías de trabajadores para discutir las perspectivas de una huelga general de solidaridad, propuesta que ha chocado con la intransigencia de la pretendida 'unidad sindical' (animada por el PCB), y que a todas luces no podía llevar a cabo el PT por sí solo. A nivel de movimiento democrático, el PT ha propuesto lanzar una amplia campaña por la libertad y la autonomía sindical, por el derecho de huelga."
En segundo lugar, la lucha sin compromisos contra la explotación y por las reivindicaciones obreras:
• por un salario mínimo único para obreros y campesinos, y por una verdadera escala móvil de • por un salario minimo único para obreros y campesinos, y por una verdadera escala móvil de salarios, basada en un índice contro lado por los trabajadores. Estos hicieron la experiencia, en 1973 y 1974, del fraude del indice. Ahora quieren dividirlos y engañarlos con indices diferenciados por Estados. Constatan todos los días que los salarios no hacen más que arrastrarse detrás de una inflación galopante: incluso con un aumento del 15% por encima del indice, los metalúrgicos del
ABC no habrían obtenido más que un aumento del 86% anual, frente a una inflación superior al 83%, es decir, el salario real habría disminuído debido a los retrasos del reajus• la negativa a las horas extraordinarias, la desaleración de los ritmos, la escala móvil de las horas de trabajo; • la expropiación de las grandes empresas multinacionales y nacionales, de los latifundios;
un plan económico obrero de reconversión y de producción; • el control obrero sobre los precios, sobre la producción, sobre los libros de contabilidad.
Al gobierno, que pretendía controlar la caja de resistencia de los huelguistas de Sao Bernardo, estos le respondieron, de modo muy pertinente, reclamando la apertura de los libros de contabilidad de Volkswagen, Mercedes, FIAT, General Motors, Saab Scania,
Perkins, Ford, Chrysler, Toyota, etc.
3. Finalmente, la lucha por la unidad y la independencia de clase: • por la unidad y la independencia sindical, por una central única de los trabajadores, independiente del Ministerio de Trabajo; por el reconocimiento de los derechos sindicales en la empresa; • por un partido obrero de masas, por un partido sin patronos, por un partido de los trabajadores, por la construcción del PT. (1) Pelegos: burócratas sindicales, literalmente "manta sudadera", que se coloca entre la silla de montar y el lomo del caballo. La analogía es muy elocuente. No sólo son burócratas, sino unos "vendidos"