Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Economía: La coyuntura internacional a mediados de 1980

· Inprecor n.º 16, septiembre de 1980 · pp. 22-26 · 4.481 palabras

La coyuntura económica internacional en el primer

Economía semestre de 1980

AY numerosos factores que indican que el desarrollo desigual, vacilante e inflacionista que habían conocido las economías imperialistas entre 1976 y 1978 se acaba y que entramos en una nueva recesión internacional. En el momento en que escribimos, esta recesión ya ha comenzado en los Estados Unidos, Gran Bretaña y los Países Bajos. En Francia; Italia y Alemania Federal se espera para antes de fin de año, lo que hará que se extienda a la mayoría de los demás países capitalistas de Europa. En Mayo de 1980, las ventas de automóviles han caído brutalmente en Francia. gobernador del Banco Central de Italia ha anunciado oficialmente la recesión en su país. En la República Federal Alemana, los pedidos a la industria han disminuído en un 4,5%, en Abril de 1980, en relación a Marzo (corregidas algunas variaciones estacionales).

Después de haber negado esta eventualidad, los expertos norteamericanos, entre ellos los del Chase Manhattan Bank, consideran ahora la probabilidad de una nueva recesión sincronizada en 1980 en todos los países imperialistas.

La única cuestión pendiente se refiere a la suerte del Japón. No cabe duda que se producirá una clara disminución del crecimiento económico bajo el efecto de las medidas deflacionistas que el gobierno japonés debe tomar para hacer frente al importante déficit de la balanza de pagos que ha sobrevenido bruscamente, y al alza subsiguiente de la tasa de inflación (que ha alcanzado en Febrero de 1980 el equivalente de una tasa del 18% por año para los precios al detall y del 8% para los precios mayoristas). Los observadores están divididos en lo que se refiere a saber si estas medidas van a conducir a una verdadera recesión, es decir, a una baja absoluta de la producción industrial, o solamente a una baja de la tasa de crecimiento, haciéndola descender de un 5.5% a un 2,5% o incluso a un 1,5%.

Asimismo, según que la economía japonesa logre escapar a la recesión internacional de la economía capitalista o la trans-

Ernest MANDEL forme en una recesión generalizada análoga a la recesión de 1974-75, esto tendrá efectos importantes tanto sobre la amplitud y la duración de la recesión internacional como sobre el impacto que ejercerá en una serie de países capitalistas semiindustrializados de Asia oriental, en particular Taiwan, Hong-Kong y Singapur. Si estos países se ven afectados por una reducción de sus ventas al Japón, podrían ser a su vez aspirados por el "maelström" recesionista. Esto contribuirá, a su vez, a reducir los mercados de venta de sectores clave de la economía japonesa, que exportan máquinas-herramienta y bienes de equipo, lo que agravaría más todavía la recesión japonesa.

Si en cambio estos países llegan a mantener el desarrollo de sus exportaciones, podrán escapar en gran medida a la recesión y ayudar a la economía japonesa a evitarla igualmente (1). En todo caso, Corea del Sur se verá afectada por la recesión.

La recesión de 1979-80, como la recesión de 1974-75, ha comenzado en los Estados Unidos, dentro del sector de bienes de

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consumo duraderos. La industria del automóvil y la construcción se han visto particularmente afectadas. Al comienzo del mes de Mayo de 1980, la producción de automóviles y camiones, como la venta de viviendas individuales, habían caído en un 40%, en relación al nivel de Febrero de 1979. La construcción de nuevas viviendas en Abril de 1980 representaba una cifra anual de un millón, es decir, ha sufrido un descenso de 700.000 en relación a la media del último trimestre de 1979. En Mayo de 1980, la producción de acero era un 25% inferior al nivel de Mayo de 1979.

Los electrodomésticos y la madera de construcción se ha visto muy fuertemente afectadas. Los pedidos de madera para armazones y contrachapados son inferiores en un 25 a 30% del nivel normal, los precios de los productos de madera están 40 dólares por encima de los costos medios de producción (Business Week, 2.6.80).

Es cierto que el débil valor del dólar ha permitido a los EE.UU. aumentar todavía sus exportaciones en el curso de los primeros meses de 1980, en el momento en que los consumidores, advirtiendo la inflación, han caído en un frenesí comprador, gastando sus economías hasta tal punto que la tasa de ahorra ha caído, en el curso del cuarto trimestre de 1979, al nivel más bajo en 30 años, es decir, a un 3,3% de las rentas disponibles (cuando estuvo todavía en un 5,5% un año antes). Es posible que haya estado cerca de cero en Enero de 1980 (Bussines Week, 25.2.1980). Los gastos no se han podido mantener mucho tiempo mismo ritmo, dada la tasa de inflación del

13% que se observa en este momento en los gastos de los consumidores han aumentado más rápidamente en Enero que sus ganancias: los gastos de los consumidores de los hogares han aumentado a 19.500 millones de dólares, mientras que las rentas de elevaban a 11.400 millones de dólares solamente

(Bussines Week, 3.3.1980).

generalizado de los beneficios, en 1978 y

1979, en los Estados Unidos, así como en la mayoría de los países imperialistas, permitido retardar una disminución de las inversiones. Los pedidos de bienes duraderos han aumentado de nuevo en un 4,3% en

Enero de 1980, en los EE.UU., sucediendo a otro aumento en Diciembre de 1979, después de una baja en Noviembre. Pero han decrecido en Marzo de 1980, tendencia que continúa actualmente.

Y si se ha de emitir un juicio sobre la tendencia general de la economía, se puede decir que la "estanflación" vuelve con fuerza. No solamente la inflación no ha disminuído en los EE.UU. después del comienzo de la recesión, al contrario, se ha acelerado.

Observamos —por tomar una metáfora un poco traída por los pelos— que la inflación actúa con la misma eficacia que un freno grasiento para frenar la actual recesión, y

Use trata de una inflación que comporte un relanzamiento moderado para escapar a la recesión. Esto aparece claramente si observamos que, el 30.1.1980, los préstamos al comercio, la industria y la agricultura, en los EE.UU., eran superiores en un 19% con relación al año anterior, aún cuando el índice de la actividad económica del Bussines Week hacía aparecer una baja del 0,5% para el mismo periodo, a pesar del frenesí comprador manifestado por los consumidores (el índice de producción industrial de Abril de 1980 era inferior en un

Esto no podrá durar mucho tiempo. La tasa de inflación y la tasa de interés ("costes del crédito") han alcanzado, ambas, cimas históricas en los EE.UU. La "tasa de interés preferencial" ha sobrepasado el 16% por primera vez en la historia de los Estados Unidos. Y los demás países han seguido el movimiento. Gran Bretaña, Canadá, Italia y Francia tienen tasas de descuento que alcanzan o sobrepasan la de los EE.UU.; incluso en Japón y Alemania Federal las tasas de interés sobrepasan actualmente el 7%. (En Alemania, el importe global de préstamos para el sector privado se ha doblado desde 1977). El hecho importante señalado por el gráfico es que, durante la recesión de 1974-75, la tasa de inflación y la tasa de interés habían disminuído después del comienzo de la recesión, mientras que vez continúan aumentando. obliga a casi todos los gobiernos imperialistas a tomar medidas muy severas en lo concerniente a las restricciones del crédito y, por consiguiente, a reforzar las tendencias recesionistas. En efectgo, los préstamos a las empresas han comenzado a disminuir a partir de Abril de 1980, y las tasas de interés han comenzado a disminuir paralelamente.

Esta situación generalizada no es accidental, por supuesto. No hace más que reflejar la tendencia fundamental a la sobreproducción y a la sobrecapacidad de producción que caracteriza a la economía imperialista desde finales de los años 60

—obligada a la utilización de la inflación del crédito (la inflación del endeudamiento)

como único medio de evitar una crisis explosiva cuyas dimensiones serían del mismo orden que la de 1929-32. Entre la recesión de 1974-75 y la de 1979-80, el importe total de las deudas públicas y privadas ha aumentado en un 25% en los Estados

Unidos, alcanzando la suma exorbitante de

4 billones de dólares, para permitir un crecimiento global del rendimiento real de menos del 10% entre 1973 y 1979 (2).

Es en esta contradicción estructural de la tercer edad del capitalismo y no en la explosión del precio del petróleo donde debemos buscar las raíces fundamentales de inflación irreductible y permanente.

El único factor que podría permitir invertir seriamente la tendencia general hacia una recesión internacional sería un fuerte aumento de los gastos militares. En efecto,

Economía desde la caída de la dictadura del Sha, el imperialismo norteamericano no ha cesado de preparar a la opinión pública para una política exterior más agresiva (que no deja de tener relación, seguramente, estancamiento" que la economía capitalista internacional está atravesando), basada en el despliegue de fuerzas en el extranjero y en una nueva generación de cohetes y aviones aún más sofisticados.

El aumento de los gastos militares para el año fiscal en curso es del orden de los 15.000 millones de dólares (3,3% en valor absoluto). Eș insuficiente para detener la recesión, evidentemente. ciertos programas ambiciosos, que prevé la producción del nuevo ICBM (Misil Balístico Inter-Continental), llamado MX, implican unos gastos totales, que han sido ya aprobados, del orden de 30.000 millones de dólares. Pero en la hora actual hay serios cuellos de botella, en particular en la industria aeronáutica y electrónica, que retardan la completa puesta en marcha

Estos llegarán probablemente demasiado tarde para impedir que la actual recesión siga su curso natural.

Además, todo aumento de los gastos militares acrecienta la inflación en una medida bastante superior a la media (porque genera ingresos para los consumidores e inversiones para las empresas, y al mismo tiempo no produce bienes suplementarios).

Dado que la tasa actual de inflación es ya alarmante, la Administración Carter se ha visto obligada a anunciar que el aumento de los gastos militares sería con importantes restricciones en los gastos civiles del gobierno, es decir, en particular, los recortes en los supuestos "gastos sociales" a expensas de la clase obrera norteamericana y de las capas más desfavorecidas

(Carter ha anunciado una reducción del déficit del presupuesto). Pero en períodos de recesión, tales reducciones en los gastos tienen como contrapartida un efecto deflacionista multiplicado sobre la economía en su conjunto. Este efecto deflacionista, por consiguiente, por lo menos va a neutralizar, si no a anular, el etecto provocado por los aumentos de los gastos

En fin, de la misma manera que la actual recesión arranca con una tasa de inflación y unas tasas de interés más elevadas que las de la precedente, comienza también con un absorbido durante el precedente periodo de residuo muy reactivación. De hecho, mientras que el paro en los países imperialistas (países de la

OCED) alcanzó los 10 millones de personas en el curso de la recesión de 1970, y los 15 millones en 1975, alcanza los 20 millones en

1980. Y no se puede asegurar que ésta vaya a ser el máximo en el curso de esta recesión.

Esta tendencia está estrechamente unida a un punto que hemos señalado en nuestra !

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Economía concerniente a las inversiones (que han sido débiles en 1974-75 y que han comenzado a aumentar rápidamente en 1978-79). esencialmente inversiones de "racionaliza-

(''inversiones profundidad" como se dice en la jerga habitual). No se utilizan para construir nuevas fábricas, ni para aumentar sustancialmente las capacidades de producción existentes (que sufren, todavía en gran escala, sobrecapacidades heredadas de la recesión de 1974-75 y del periodo de prerrecesión).

A pesar de que sea posible, pero en modo alguno seguro, que la actual recesión sea un poco más leve que la de 1974-75, a causa gastos militares, es igualmente cierto que el ciclo actual comporta numerosas contradicciones no resueltas, que son consecuencia del periodo precedente y que, por consiguiente, acumulan los apremios más severos y las amenazas más graves de explosión en el curso del próximo periodo. Las. amenazas pesan sobre los gigantes "más débiles" de —como Chrysler en los EE.UU., British Leyland en Gran Bretaña, SEAT en España y una o dos firmas en Japón- cuya caída comportaría cientos de miles de despidos, son un ejemplo de la situación.

Además, la economía capitalista internacional entra en una nueva fase de recesión bajo un cielo cubierto de nubarrones. Las dos válvulas de seguridad que desempe ñaron un papel importante en la limitación de la amplitud y duración de la recesión de 1974-75, van a funcionar probablemente de mucho más modesta esta vez. en: el crecimiento de las exportaciones a los países semicoloniales (y en primer lugar, pero no únicamente, las exportaciones a los países de la OPEP), y el aumento de los intercambios Este-Oeste. Pero la expansión en estas dos direcciones resulta cada vez más difícil debido a la enorme deuda acumulada por los países semicoloniales y por los Estados obreros burocratizados. Se estima que la suma de estas deudas ha alcanzado, a finales de 1979, los 350.000 millones de dólares para los países semicoloniales, y los 70.000 millones para los Estados obreros burocratizados (de los cuales, más de 200.000 millones corresponden a bancos privados de 10 países).

El mercado de los países de la OPEP, en lo que se refiere a las exportaciones imperialistas globales, ya se ha contraído de masignificativa, después de haber alcanzado su apogeo en 1976-77; los efectos de la revolución iraní juegan, por supues to, un importante papel en este proceso.

El llamado "reciclaje" de los petrodólares por los grandes bancos imperialistas privados es en realidad una financiación a través del crédito (es decir, mediante la creación de nuevas deudas) de las exportaciones occidentales a los países semicoloniales. Estos países absorben actualmente cerca del 30% de las exportaciones de los imperialistas, la mayor máquinas, equipos y medios de transporte, pero una parte importante está constituida por los productos alimenticios (sobre todo procedentes de los EE.UU., Canadá y Australia), bienes duraderos, artículos de desde luego, armamento. permite suponer que sin esta expansión de las exportaciones de los países imperialistas contracción del comercio mundial de 1975 habría durado más y que el relanzamiento de la producción industrial —al menos en algunos sectores clave de la industria— en Europa Occidental, Japón y América del Norte se habría producido más tarde.

función objetiva de la enorme deuda que aplasta a los países semicoloniales. La motivación de los bancos privados era todavía más evidente: en periodos de recesión y en un periodo que sigue inmediatamente a la recesión, hay abundancia de préstamos bancarioas procedentes de las empresas capitalistas es débil en los países búsqueda de nuevos clientes cuando los capitales de que disponen han aumentado a causa de la masa de petrodólares no utilizados procedente de los países de la OPEP, los más ricos, y depositados en los grandes bancos imperialistas. Por eso estos bancos desean prestar a los países semi-coloniales y a los Estados obreros

Pero lo que se está produciendo tiene un significado mucho más profundo. Aún cuando gracias a la enorme expan sión del crédido bancario (dinero bancario), los bancos privados, tras numerosos decenios, han llegado a ser los principales creadores de dinero en los países imperialistas (con la benevolencia de los centrales, los gobiernos y, en definitiva, en interés del sistema capitalista en su conjunto, sin considerarción de los efectos inflacionistas que tiene esta creación de dinero), estos bancos privados han tomado actualmente el control de la creación (y la redistribución) de las "liquidaciones internacionales", ante todo a través del sistema "eurodólares" y actualmente a través del reciclaje de los "petrodólares"

Pero hay una diferencia bastante más profunda entre la expansión inflacionista del crédito (expansión del dinero bancario) sobre el mercado nacional y la expansión inflacionista del crédito sobre el mercado mundial. En el primer caso, hay un prestamista de último recurso: el banco central nacional. Un Estado burgués nacional, en detinitiva, puede "arbitro" entre los intereses contrapuestos que pueden enfrentar a diferentes sectores de la clase dominante, cuando llegue a ser necesario fiar a las empresas en quiebra o impedir a los bancos que quieren y, por consiguiente, prevenir un pánico generalizado entre los bancos. En el segundo caso, no existe el prestamista de último recurso. No hay un gobierno capitalista mundial. Y aún cuando los burgueses están unidos entre ellos tanto como los dedos de la mano, cuando está en cuestión el reparto de los beneficios, la ley del "cada uno para sí" entra en vigor a la hora de repartir las pérdidas (y en el caso que nos interesa, las pérdidas pueden ser considerables) (3).

Así, la incapacidad de pagar sus deudas por parte de alguno de los grandes deudores entre los países subdesarrollados puede ser un peligro y provoca entre los banqueros y todos los financieros del mundo capitalista muchas novhes sin sueño (4). Un cierto número de países no han podido hacer frente a sus vencimientos durante un breve periodo (es decir, que no han podido reembolsar sus préstamos en la fecha para la que estaban comprometidos); es el caso de Turquía y Zaire. Pero los montos eran lo suficientemente escasos para que el capital financiero internacional, con la ayuda de algunas instituciones públicas internacionales, como el Fondo Monetario Internacional, pueda encontrar una solución al problema. Pero el incumplimiento de un gran deudor como Corea del Sur, por no todos-, o una revolución social en uno de estos países, colocaría un punto de interrogación en cuando a su continuar reconociendo y reembolsando las deudas contraídas por las políticas económicas contrarias a los intereses de las masas trabajadoras y asestaría un golpe fatal a los bancos más fuertes de los países imperialis-

En efecto, las falsas maniobras de Carter para intentar congelar los fondos iraníes depositados en los bancos norteamericanos (incluso en sus agencias en el extranjero) permiten sospechar cuáles serán las reacciones en cadena frente a una revolución en un país importante o en un país semicolonial. No podemos olvidar lo que implica el supuesto "reciclaje" de petrodólares por los imperialistas violación de una de las reglas de oro del sistema bancario capitalista, que xonsiste en no prestar a largo plazo sobre la base de préstamos a corto plazo. La mayor parte de los petrodólares son depósitos a corto plazo. Todos los préstamos a los países del 'Tercer Mundo" lo son a medio y largo plazo. Cabe imaginar lo que pasaría si la solvencia del banco más grandes, y no solamente la de uno de los deudores más importantes, se viera amenazada, y también si uno de los países clave de la OPEP retirara de sopetón sus fondos de estos bancos (cosa que el régimen de Jomeini no ha hecho y que revela claramente su naturaleza burguesa, pese a toda la retórica antiimperialista y todos sus conflictos reales, pero limitados, con el imperialismo norteameri-

Es en este contexto de crecientes amena-

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zas de crisis, sinó de derrumbamiento de lo que se llama el "'sistema monetario internacional del papel-dólar" (o mejor dicho, el "no sistema"), donde puede comprenderse la fantástica subida del "precio del oro" que se produjo en 1979, cuando la onza pasó de 220 dólares a comienzos del año a más de 600 dólares en febrero de 1980 (con una cresta de 835 dólares el enero de 1980). Esta extraordinaria alza de los precios no es debida, en primer lugar, a la conspiración de especuladores privados, sino a la acción de los países de la OPEP de Oriente Medio, en un intento de convertir sus reservas de dólares en reservas de oro. Esto muestra el fracaso de la tentativa norteamericana de imponer una "desmonetarizarión" del oro, es decir, de instaurar un 'sistema monetario" permanente, fundado constante depreciación del

En efecto, dado el ascenso vertiginoso del "precio del oro", , las reservas de oro de los importantes, en la parte de las reservas totaexistentes inmediatamente de la Segunda Guerra Mundial, "patrón oro" (es sistema monetario internacional en el que varias monedas nacionales sirven, además

Moro, como reserva para las monedas) comienza a aplicarse a gran

Y aún cuando los Estados Unidos son todavía los mayores poseedores de reservas de oro, su participación en las reservas totales de oro de todos los bancos capitalistas centrales es actualmente más débil que jantes de la Primera Guerra Mundial!.

Nada muestra mejor el cambio de la situación existente —y las reflexiones que hacen los principales tecnócratas de la burguesía internacional— que la declaración hecha por Jacques de Larosière, presidente del Fondo Monetario Internacional, institución que se ha esforzado en lograr la "desmonetarización" del oro en el transcurso del último decenio:

''Convendría) calmar a los mercados de cambios y al sistema de liquideces internacionales, especialmente con la creación de una cuenta de sustitución fuertemente garantizada, quizás por el oro del Fondo

Internacional" (Le Monde,

¿Significa esto que estamos en vísperas de retorno al patrón ejemplo del Sistema Monetario Europeo, que basa sus haberes comunes en una cobertura media de oro? Creemos que no.

La distribución de las reservas de oro es extremadamente desigual en los países capitalistas. Los países imperialistas se cortan la parte del león (y entre ellos, el lugar del

Japón no corresponde de ninguna manera a su puesto actual en el comercio mundial).

semicoloniales, globalmente, que participan con el 22% en los intercambios internacionales, detentan apenas el 10% del oro de los bancos centrales capitalistas. Los países de la OPEP, que participan con aproximadamente el 11% en las exportaciones mundiales, detentan sólo del 2,5 al 3% de las reservas mundiales de

En estas circunstancias, dado el déficit prolongado y estructural de la balanza de pagos de la mayor parte de los países de 'Tercer Mundo", un retorno a un patron oro "normal" los condenaría seguramente a la bancarrota, a una reducción estricta de sus importaciones, a una crisis social explosiva. Esto podría conducir a una contracción generalizada del comercio mundial.

La burguesía internacional intentará evitarla con todas sus fuerzas. jugará un papel cada vez más importante en el sistema monetario mundial, así como los otros papeles-moneda menos devaluados

, en primer lugar el marco alemán, el franco suizo y el yen (que, mientras tanto, ya ha perdido el 25% de su valor en el mercado de cambios en el último periodo, frente al dólar.

Además, es poco probable que puedan presentarse salidas suplementarias significativas a la economía capitalista internacional gracias a una rápida renovación de la expansión del comercio Este-Oeste. En efecto, el peso de la deuda y la presión creciente de la inflación que repercutiran a nivel del mercado mundial en los Estados obreros crean problemas —incluídos los problemas explosivos a nivel social—, hasta tal punto que sin duda se puede predecir que en el momento actual se ha llegado a un umbral que no será franqueado más que marginalmente en el próximo perido.

La integración de China en el comercio mundial, que se ha producido muy ruidosamente después del programa de las "cuatro modernizaciones" de Den Xiaoping, ¿tendrá una incidencia decisiva en este campo?. Esto parece poco probable, por lo menos en la actual etapa. Los grandiosos planes que habían sido hechos en los círculos imperialistas, desbordantes de optimismo, poco. Las importaciones chinas provenientes de los países imperiadesde luego han aumentado. El total de las importaciones (la fracción proveniente de los Estados obreros burocratizados es ha pasado de dos mil millones de dólares en 1972 a 6.000 millones en 1977, 10.000 millones en 1978 y 13.000 millones en 1979 (lo que es ya un retroceso en relación a las previsiones, que eran de

15.500 millones de dólares). Pero el déficit acumulado de la balanza comercial en los tres ultimos años parece exceder los dos mil millones de dólares y China se dirige a los bancos occidentales para obtener créditos.

Sólo el Japón ha desarrollado relaciones comerciales importantes con China: el

4,2% de sus exportaciones totales han estado dirigidas hacia la República Popular en 1979. En cuanto a los demás países imperialistas, menos de 1% de sus exportaciones

Economía se hicieron hacia China —se está bien lejos de repetir la historia de Alemania del Oeste con el éxito de la "Ostgeschäft" (la apertura comercial hacia el Este). E incluso el Japón ha sido capaz de instalarse de manera significativa en la República Popular China en tanto proveedor de bienes de consumo, sólo porque ha aceptado acordar a este país varios miles de millones de dólares en créditos (a tasas de interés muy bajas) bajo la forma de contribución a algunos de sus proyectos de expansión más importantes.

Así, el balance general es poco más o menos el siguiente: no aparece por el momento que haya en la economía internacional ninguna tendencia de importancia suficiente para revertir en 1980 el curso de la recesión americana, y su extensión hacia todos, o casi todos, los países imperialistas. El único elemento nuevo, si se la compara a la de los años 70 —el aumento de la carrera armamentista—, tendrá, después de esta recesión, una influencia sobre el ritmo de la reactivación, pero no podrá impedir el estellido de la crisis. Y sus consecuencias, en la medida que aumentará la tasa de inflación y que el sistema monetario y bancario internacional en su estructura será cada vez más vulnerable, quedan por calcular, particularmente en relación a la capacidad de la clase obrera de los países imperialistas para resistir a las reducciones salvajes de sus salarios reales, directas e indirectas. D Notas: (1) Los capitalistas de Europa Occidental y EE.UU. temen que el déficit de la balanza de pagos de Japón incite a este país a lanzar una ofensiva que, en medio de la recesión, podría provocar grandes problemas, detonadores de una nueva "guerra comercial" y generadores de severas medidas proteccionistas. (2) Aunque sea más moderada que en otros lugares, "la explosión de la deuda" no es de ninguna manera un fenómeno propio de América del

Norte. En Alemania Occidental las deudas del sector privado (de empresas y particulares) han pasado de 764.000 millones a 927.000 millones de marcos en el curso del relanzamiento especialmente moderado, de 1977-78 (''Wirtschaftswoche", 26 de Febrero de 1979). Este aumento de más del 20% debe ser comparado con el crecimiento de la producción real, que es de menos del 10%.

(3) El vicepresidente del "Morgan Guaranty

Bank", Rimmer de Vries, ha declarado sin ambigüedad: "Esta vez., el sistema bancario privado no puede llevar a cabo el reciclaje de los petrodólares sin ayuda, ni fianciar los déficits vertiginosos de la balanza de pagos de los paises en vías de desarrollo". ("International Herald

Tribune", noviembre de 1979, suplemento

"Euromarkets").

(4) Según el "Wall Street Journal" del 10 de

Enero de 1980, las autoridades monetarias norteamericanas están preocupadas por el deterioro de la relación entre el capital propio y las reservas de los bancos americanos de una parte y el monto total de sus préstamos de la otra, incluidos algunos de los bancos más importantes).

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