Europa
Gran Bretaña
La huelga de la
siderurgia.
Brian Grogan
Al cabo de trece semanas de una lucha muy dura, la huelga de los obreros siderúrgicos en Gran Bretaña ha terminado. El acuerdo final constituye una traición vergonzosa. Los huelguistas han obtenido el 16
POR CIENTO DE AUMENTO DE LOS por ciento de aumento de los salarios, a cambio de la aceptación de una importante reducción de puestos de trabajo por parte de los sindicatos, y de un aumento de la productividad.
embargo, el gobierno tory y la administración de la industria nacionalizada del acero no pueden cantar victoria. Los importantes despidos reclamados por los tories, que antes de la huelga parecían iban a pasar como una carta por el correo, puede convertirse ahora en el objeto de un nuevo combate. La huelga en la siderurgia ha elevado la temperatura de la lucha de clases en todo el país. Con ella, los trabajadores de una de las industrias básicas han salido de un largo período de letargo. Una traición — pero no una derrota
El mismo día de la vuelta al trabajo surgieron dos conflictos distintos entre los trabajadores y sus patronos, uno en el sur de Yorkshire, otro en Port Talbot, en el sur del país de Gales, en torno a un boicot de los camioneros que habían transportado a esquiroles durante la huelga, y que se negaron a respetar los piquetes de huelga. El segundo día después de la renudación del trabajo, unos 20.000 obreros de la siderurgia volvieron a protagonizar huelgas sal-
El acuerdo de reanudación del trabajo fue aceptado finalmente después de que una comisión investigadora pretendidamente "independiente" hubiera aumentado la oferta final de la administración (14 % de aumento salarial) en 2 puntos adicionales. Pero el acuerdo comprende dos partes.
El 11 % del aumento se paga sobre la base de las normas salariales en vigor en el momento en que estalló la huelga. En promedio, esto constituye un incremento de 10 libras (unos 2,30 dólares USA) por semana. Para financiar este aumento, habrá que encontrar 180 millones de libras.
Casi la totalidad de esta suma procederá de una reducción del número de puestos de trabajo, puesto que el gobierno ha limitado estrictamente el importe total de los subsidios que otorga a la industria nacionalizada. La British Steel Corporation (BSC) estima que habrá que suprimir 52.000 puestos de trabajo para financiar este aumento salarial.
La segunda parte del aumento, es decir, el 4,5 %, sólo será definitivo tras la conclusión de las negociaciones locales en torno al aumento de la productividad, que implican cambios radicales en la organización del trabajo, la introducción de una mayor "movilidad de la mano de obra" y sobre
SCOC Mar del Norte
IRLANDA
DEL NORTE
GRAN BRETANA Mar de EIRE Londres todo una aceleración de los ritmos, que suprimir 12.000 puestos de trabajo adicionales. Durante los tres primeros meses posteriores al final de la huelga, este 4,5 % de aumento se pagará en forma de adelanto. Al cabo de este trimestre, sólo continuarán pagándose si se concluyen los acuerdos locales para satisfacción de la administración. En numerosos casos, por tanto, los trabajadores sólo recibirán el 11 % —y esto cuando existe una tasa de inflación que alcanza ya el 18,5% y que sigue aumentando. Lo que recibirán efectivamente los trabajadores se reducirá aún más como consecuencia de un acuerdo de renegociar la norma vigente sobre la semana de trabajo, es decir, sobre el salario semanal garantizado. Sin embargo, un 16 % de aumento salarial, con todas las reservas que acabamos de señalar, es más que el 12 por ciento ofrecido al comienzo de la huelga por los patronos del complejo nacionalizado. Así, no puede decirse que los trabajadores de la siderurgia hayan sido aplastados, como deseaban los tories.
Estos querían haber dado una lección al conjunto de la clase obrera británica. No podrán intimidar a los sectores más fuertes con ayuda del acuerdo de la siderurgia. Esto se refiere particularmente a los mineros.
Evidentemente los sectores más débiles de la clase obrera compararán la duración de la huelga, necesaria para alcanzar el incremento salarial deseado, con lo que se ha obtenido. En estas condiciones, no pocos sectores de los más débiles se lo pensarán dos veces antes de desencadenar huelgas en torno a cuestiones secundarias.
La situación en el interior de la industria siderúrgica se ha transformado completamente. Hubo una explosión de cólera entre los trabajadores cuando se aceptó el acuerdo. Delegaciones que habían acudido a la sede del sindicato, para influir en el voto en torno a la reanudacióon del trabajo, abuchearon, hostigaron e incluso atacaron fisicamente a los miembros de la ejecutiva que habían votado por la reanudación del trabajo. La dirección sindical tuvo que llamar a la policía para protegerse contra los huelguistas.
Había prácticamente unanimidad entre los huelguistas activos para rechazar el acuerdo. Pero este sector activo de los huelguistas no representaba más que una minoría en el conjunto de los trabajadores de la siderurgia, pues una parte importante de estos permaneció en buena medida pasiva durante la huelga. Además, habían sido sometidos a una presión constante por parte de los medios de comunicación capitalistas. Bil Sirs, el dirigente del principal sindicato implicado en la huelga, ISTC (Confederación de Trabajadores del Hierro y del burócratas sindicales, habian propiciado todas luces una situación semejante.
Por consiguiente, los dirigentes locales de los sindicatos adoptaron en general la posición de que era preferible volver al trabajo todos juntos, para mantener la combatividad de todos los afiliados. Una vez aceptado el acuerdo por la ejecutiva —apoyada por la comisión negociadora del principal sindicato, la ISTC, que se compone de delegados locales—, las regionales sindicales más combativas temieron verse aisladas y derrotadas una después de otra si proseguían con la huelga, con el
riesgo adicional de verse involucradas en violentos conflictos entre unos sectores de trabajadores y otros. Así, prefirieron esperar la ocasión para nuevos combates, para tomar la revancha. Sin embargo, la dirección local de Yorkshire del sur -una regional sindical particularmente combativa- tuvo que poner toda la carne en el asador para lograr una pequeña mayoría a favor de la reanudación del trabajo, en la Asamblea General de huelguistas convocada con este fin.
El hecho de que la huelga en la siderurgia haya durado 13 semanas, de que fuera la huelga a escala nacional más larga desde la 2.ª guerra mundial, ha sorprendido totalmente a todo el mundo, empezando por los tories. Cuando era aún uno de los principales dirigentes, el diputado Nicolas Ridley había tenido la idea de escoger deliberadamente un sector de la clase obrera para darle una lección al conjunto de
Los tories habían hecho balance de la experiencia del precedente gobierno conservador, el gabinete Heath, que a comienzos de los años 70 había querido hacer frente a las fuerzas vivas de la clase obrera en su conjunto, lo que provocó la explosión de la huelga de los mineros, que terminó derribando al gobierno. Esta vez iban a , aplicar una táctica diferente, con miras a dividir deliberadamente a la clase obrera.
Así, los miembros obtuvieron un 21% de aumento salarial, sin lucha. Los trabajadores del consorcio privado British Oxigen recibieron el 30 % de aumento en las mismas circunstancias. Estos aumentos son evidentemente contradictorios con el objecapitalismo británico vuelva a ser competi- tivo de los tories, de hacer que el tivo y expansionista en el mercado mundial.
En estas condiciones, una derrota aplastante de los trabajadores de la siderurgia se consideraba como indispensable para vérselas después con los mineros, y después con otros sectores combativos en las posteriores negociaciones salariales.
Escoger como víctima un sindicato como la ISTC parecía una buena opción para la burguesía. Su dirigente, Bill Sirs, es un notorio "moderado". Además, se trata de un sindicato en que apenas existe democracia interna en su más simple expresión. En toda su historia no ha celebrado más que cuatro conferencias, la primera en 1976, y todas eran puramente de carácter consultativo. Desde la huelga general de 1926, en
Gran Bretaña los trabajadores de la siderurgia jamás realizaron una huelga nacional. En el transcurso de los dos últimos años, la dirección del sindicato había aceptado la supresión de 40.000 puestos de trabajo. En las anteriores negociaciones salariales había aceptado un incremento de tan sólo el 8%, mientras que obtenido incrementos del orden del 15% en promedio, cuando la tasa de inflación era ya
Los trabajadores de la siderurgia británica son de lejos los peor pagados de Europa. Incluso en la escala salarial de Gran Bretaña ocupan tan sólo la 17.ª posición, si tenemos en cuenta las horas extraordinarias efectivamente pagadas, y el puesto 60 entre 120 categorías, si tomamos el salario base. En vísperas de la huelga, Sirs proclamó que el sindicato no se opondría a una nueva supresión de 53.000 puestos de trabajo, reclamada por la British Steel Corporation.
La oferta inicial del 2,5 % de aumento salarial por parte de la BSC, que se realizó tras el anuncio de despidos masivos, fue la chispa que despertó a este gigante dormido que era la clase obrera del acero. Pese a las sucesivas retiradas y capitulaciones de la dirección, los obreros siderúrgicos fueron a la huelga en su totalidad desde el primer día. Incluso los trabajadores de acerías como las de Shoton, Corby y Consette, que prácticamente deben hacer frente a un cierre total, participaron en bloque en la huelga, con la que sin embargo aparentemente no podían ganar nada. Una dirección sindical capituladora
Bastaron pocos días de huelga paralizar todo el consorcio nacionalizado. En el transcurso de las semanas siguientes, se crearon piquetes volantes masivos, con miras a actuar en otros sectores de la industria, particularmente el sector privado de la siderurgia y en los puertos en los que llega el acero importado del extranjero.
Estas acciones se emprendieron en contradicción con la orientacióon, y en numerosos casos, con las instrucciones implícitas dadas por la burocracia sindical a escala nacional.
Esta se oponía a los piquetes dirigidos contra los accionistas y contra otros "objetivos secundarios".
Al principio, Sirs se opuso incluso a un llamamiento a los trabajadores de las empresas privadas de la siderurgia, para unirse a la huelga, aunque este sector suministre el 26% de producción siderúrgica. Todo el fracaso —sino la traición deliberada— de este burócrata sindical se expresa en el hecho de que anunció la intención del sindicato de desencadenar la huelga, con cuatro semanas de antelación, lo que le permitió a los compradores de acero constituir tranquilamente unos stocks.
Europa sólidos, reduciendo así el impacto económico de la huelga. Al mismo tiempo, no fijó ningún objetivo preciso ni ninguna estrategia para los huelguistas. Pero fue la energía y la resolución de los militantes de base la que permitió empujar la lucha hacia
El objetivo de la huelga lo formularon las direcciones locales: el 20 % de aumento salarial, sin ninguna condición previa (en materia de supresión de puestos de trabajo o de productividad). El comité de huelga de la regional de Yorkshire del sur desempeñó el papel de vanguardia en el transcurso de la lucha. Decidió particularmente oponerse a todo transporte de acero, en todo el país. Envió piquetes volantes a través de toda Gran Bretaña; fueron financiados por los comités de huelga locales.
La amplitud de los piquetes móviles y la de sus objetivos rebasó de lejos el nivel más elevado alcanzado anteriormente, durante la huelga de los mineros de 1972. Resulta típico que el comité de huelga regional de Yorkshire del sur escogiera como consejero a este respecto al dirigente combativo de los mineros, Arthur Scargill, que había sido el principal artesano de combate, en la huelga de mineros de 1972. El grado de autoorganización militantes huelguistas de base fue notable. Se combinó con una pronunciada desconfianza con respecto a la dirección sindical, popularizada con la exigencia de dimisión
La empresa siderúrgica privada Handfields, propiedad del conglomerado internacional (bajo control birtánico) Lonhro, apareció pronto como centro de atención del combate. La movilización de millares de trabajadores de la siderurgia de Yorkshire del sur, organizada por el comité de huelga regional, y a la que se habían unido millares de mineros y metalúrgicos de la región, desembocó en el cierre de dicha fábrica.
Pero la falta de determinación de la dirección nacional y la ausencia de una estrategia global en dirección al sector
Los Tories, con Margaret Thatcher al frente, querían dividir al movimiento obrero.
Europa permitieron a los patronos Handfield explotar el miedo de los trabajadores a perder sus puestos de trabajo. Reanudaron el trabajo algunas semanas más tarde. Sin embargo, hasta ese momento fueron las acciones a nivel local y regional de este tipo, encabezadas por direcciones sindicales alternativas, surgidas de la base, impulsar y hacer
La política de Sirs consistió desde el principio en la búsqueda de un compromiso con la administración en cada hito del conflicto. Una semana después de comenzar la huelga, propuso incluso (con el apoyo del jefe del TUC —la Confederacióon sindical—, Len Murray) detener la huelga con un 8 % de aumento salarial, más un 5 % a cambio de acuerdos locales en torno a la productividad. Una dirección de recambio surgida de la
Entonces se puso de manifiesto que había que forjar una nueva dirección de la huelga. La comisión negociadora nacional, compuesta por delegados locales, respondía en cierta medida a la presión de la base. Cuando la administración, tras 5 semanas de huelga, ofreció como fórmula de compromiso un 2% de aumento más un 12 % a cambio de la aceptación de la reducción de puestos de trabajo, esta comisión nacional apenas necesitó 20 minutos de reunión para rechazar esa oferta. Pero la comisión no pudo actuar como dirección cotiiana de la huelga.
Fue el comité de huelga regional de Yorkshire del sur el que cumplió más o menos esta función, constituyendo una dirección coordinadora. Fue este comité el que decidió la intervención de los piquetes volantes, la que los organizó y los financió. Observó también una actitud constructiva de cara a propiciar la participación de los militantes de base y de los habitantes de los barrios obreros en la marcha de la huelga. Organizó incluso una serie de mitines y manifestaciones con el fin de informar a la masa de huelguistas sobre el desarrollo del combate y mantenerlos movilizados. En muchos casos, sus comités de huelga locales eran elegidos y estaban sometidos a las asambleas generales.
Pero un comité que sólo se apoya en una única regional no puede adquirir evidentemente la autoridad necesaria para tomar abiertamente en sus manos la dirección de la huelga a escala nacional. Muchas cosas debían hacerse entre bastidores. Esto provocó la aparición de un comité nacional de huelga no oficial.
De nuevo, la iniciativa partió de Yorkshire del sur. Su primera reunión se celebró en condiciones de secreto parcial, en el tránscurso de la séptima semana de huelga. Asistieron representantes de la mayor parte de regiones. A partir de entonces celebró reuniones semanales regulares. Su objetivo inmediato era el de realizar a escala de todo el país la detención de todo el transporte de acero, extender la acción a los principales usuarios de acero, y popularizar el objetivo central de la huelga: el 20% de aumento sin
Fue este comité nacional de huelga no oficial el que decidió el cierre de la fábrica de Ford en Dagenham, la fábrica más
Cuando se iniciaba la última semana de huelga, Ford-Dagenham estaba a punto, en efecto, de cerrar sus puertas. Fue el mismo organismo el que envió delegaciones masivas al local de la dirección nacional del sindicato, con miras a presionar en contra
La formación de este comité nacional de huelga inoficial constituye un enorme paso adelante. La coordinación realizada y los contactos establecidos permitirán crear una estructura capaz de sustituir a la dirección traidora. Pero el hecho de que no haya habido en este sector de la clase obrera ni un mínimo de organización de los militantes de base antes de la huelga, unido a la falta de implantación de una organización revolucionaria a escala nacional, ha impedido que el comité nacional de huelga lanzara en el momento decisivo un auténtico desafio a la dirección nacional oficial del sindicato. La huelga general en el país de Gales
En otra región combativa, la del sur del país de Gales, la situación era más complicada. Las amenazas de supresión de 11.000 puestos de trabajo en las acerías de Port Talbot y Llanwern, galvanizaron toda la región. En efecto, se trataba de una amenaza de aumento del paro en muchos como el del ferrocarril, los estibadores y los mineros, arrastrando en definitiva una pérdida de por lo menos 45.000 puestos de trabajo. Esto habría tenido efectos devastadores en toda la
Por esta razón, en el país de Gales la huelga se extendió hasta convertirse en un enfrentamiento del conjunto de la clase obrera con el gobierno. El 28 de enero de 1980 hubo una huelga general de 24 horas, en la que participaron 200.000 trabajadores del país de Gales, de todos los sectores. Esta dinámica iba a desarrollarse hacia una huelga general de duración dirigida por los mineros, y que debía empezar el 10 de marzo de 1980. Pero ante las tergiversaciones del TUC del país de Gales, y el sabotaje del TUC nacional, un referéndum de los mineros rechazó la propuesta de una huelga general de duración ilimitada, pese a la opinión favorable de la dirección regional del sindicato de los mienros. Esta decisión, así como la reanudación del trabajo en las fabricas Hadfield, fueron el primer revés que sufrió la huelga.
La situación en el país de Gales del sur reveló muy claramente la dinámica subyacente a la huelga. Era indudablemente una dinámica que conducía a la movilización del conjunto de la clase obrera en una huelga general contra el gobierno tory. La única razón por lo que esto no se produjo, por la que hicieron falta tantas semanas antes de que se notaran los efectos de la huelga en la economía británica, fue el sabotaje de las direcciones burocráticas de los sindicatos.
Pocas dudas puede haber en cuanto a la simpatía de que gozan los huelguistas entre la masa de trabajadores. Se daban cuenta que la huelga estaba dirigida fundamentalmente contra el gobierno tory como tal, pese a las declaraciones hipócritas del ministro de Industria, sir Keith Joseph, sobre la pretendida "no intervención" del gobierno. La clase obrera odia al gobierno conservador
La clase obrera resiente un odio profundo hacia ese gobierno. Desde el verano de 1979 se han ampliado cada vez más las acciones de masas contra las medidas antiobreras de los tories. A finales de noviembre de 1979, 50.000 personas salieron a la calle para manifestarse contra la reducción de los gastos sociales. La movilización por la defensa del derecho de las mujeres al aborto fue tan amplia —incluyendo una manifestación de 40.000 personas, dirigida por el TUC—, que el proyecto de ley tory que tendía a restringir estos derechos fue abandonado, aunque sobre el papel podría haber contado con la mayoría absoluta de los tories en la Cámara de los Comunes.
Mediada la huelga de los siderúrgicos, el TUC convocó una manifestación contra el proyecto de ley antisindical de los conservadores; participaron 80.000 personas. El TUC se vio forzado a convocar una jornada de acciones contra el gobierno, para el 14 de mayo, que podría adquirir la amplitud de una huelga general nacional de 24 horas.
Ha sido convocado un congreso extraordinario del partido laborista, con el fin de elaborar un plan de acción contra los ataques antiobreros de los tories, pese a los enérgicos esfuerzos del jefe del partido, el ex
COLD
COLD STEEL
STEEL FOR
FOR•
IRON
'Acero frio para la dama de hierro", dicen las pancartas. primer ministro James Callaghan, de oponerse. La lucha de clases evoluciona manifiestamente hacia un erifrentamiento global con el gobierno conservador. Los dirigentes sindicales hacen todo lo que pueden por desviar la voluntad de acción de los trabaja dores hacia vías inofensivas. Pero para alcanzar este objetivo se ven cada vez más obligados a ponerse ellos mismos a la cabeza del movimiento, para poder siquiera controlarlo.
Desde que se inició la huelga de los obreros de la siderurgia, los mineros, ferroviarios y estibadores más combativos manifestaron su solidaridad con los huelguistas y se ofrecieron a organizar acciones con miras a interrumpir los transportes de acero. Pero el TUC se negó a organizar la solidaridad intersectorial. La situación real se manifestó sobre todo en los puertos. En los puertos con una tradición combativa, de Liverpool y de Hull, los estibadores actuaron inmediatamente en ese sentido. Pero en los demás puertos la acción sólo fue parcial. Cuando se planteó la cuestión concretamente en el puerto de Liverpool, 6.000 estibadores pararon en solidaridad con los
STOP siderúrgicos en huelga. El mismo día en que se decidió la reanudación del trabajo en la siderurgia, iba a proclamarse una huelga general de solidaridad con los huelguistas decidida por una conferencia nacional de en todos los puertos del país, huelga delegados de todos los estibadores. Está claro que una acción semejante de solidaridad podía haber sido organizada desde el comienzo de la huelga, si no se hubiera enfrentado a la negativa de la dirección nacional del sindicato, la Transport and General Workers Union (TGWU), que agrupa a la mayoría de estibadores sindi-
El sabotaje de las acciones de solidaridad por parte de la dirección nacional de la TGWU era el principal obstáculo para el inicio de la acción por parte de otro sector clave, el de los camioneros. Tan sólo en la primera semana de la huelga de los trabajadores de la siderurgia se lanzó una consigna a los camioneros, de no rebasar los piquetes de huelga de las propias acerías. Pero la dirección sindical dejó a la "conciencia" de cada camionero si quería rebasar o no los piquetes de huelga llama-
Europa dos "secundarios", es decir, los que se habían instalado particularmente ante las empresas usuarias de productos siderúrgicos.
Y era precisamente en ese punto donde el acero procedente del sector privado o del extranjero hacía más daño a la huelga. Esta "libertad de conciencia" fue interpretada por la mayoría de burócratas locales como luz verde para rebasar los "piquetes de huelga secundarios", saboteando así la acción de los piquetes. Sólo en el transcurso de la novena semana de huelga fueron dadas instrucciones más claras a los camio-
La consecuencia de todo ello es que se semanas para que los efectos de la huelga se notaran realmente en la industria. La patronal, por supuesto, no dio muestras de la misma "moderación". Organizó a gran escala la distribución de los stocks de acero acumulados, a todas las empresas usuarias de productos siderúrgicos. Con la ayuda de la administración de la BSC, mantuvo un flujo constante de importación de acero pequeños puertos, donde la mano de obra no está sindicada.
Sin embargo, en el transcurso de las dos últimas semanas de la huelga, sus efectos económicos empezaron a golpear a la industria en su conjunto. Las grandes empresas usuarias de productos siderúrgicos, como la Ford y la British Leyland (automóovil), se veían amenazadas con el estrangulamiento de la producción. Se había convocado una huelga nacional de los estibadores. Esta fue la razón de la prisa escandalosa con lá que la comisión investigadora "independiente" presentó su informe. Se trataba de detener la dinámica hacia una huelga general, que habría podido derribar al gobierno.
El fracaso de la estrategia reformista
La huelga de los trabajadores de la siderurgia pone en evidencia la estrategia global de los dirigentes reformistas de la
ISTC, representativa del conjunto de los reformistas en Gran Bretaña. La estrategia de Will Sirs y de sus aliados en la dirección de la IST parte de la aceptación de la tesis burguesa de que la British Steel Corporation debe poder competir "en pie de igualdad" con sus principales competidores en el mercado mundial. Toda la argumentación de la ISTC consiste en acusar a los patronos de la BSC como "incompetentes", incapaces de organizar una ofensiva exportadora agresiva. Si llama al gobierno a aumentar los subsidios a la siderurgia nacionalizada, lo hace aceptando de antemano todos los proyectos de "racionalización" que impli-
Europa can la supresión de puestos de trabajo cuya extensión esta prevista por los mismos dirigentes de la BSC, así como el abandono de los derechos de los trabajadores en el seno de las empresas, derechos conquistados tras duros combates en el pasado.
Es cierto que la administración de la BSC es incompetente. La administración burocrática provoca la ineficacia tanto en el sector privado como en el sector público. Sólo el control obrero sobre la producción, realizado por una masa de trabajadores bien informada, y en el marco de un plan obrero global para toda la industria, toda la economía y toda la sociedad, puede eliminar el despilfarro y la ineficacia que reinan en las grandes empresas.
Pero el colosal derroche de recursos, que
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hay que achacar a los patronos de la BSC, no es el resultado únicamente de la incompetencia, sino de los proyectos erróneos en cuanto a las futuras tendencias de la producción y del mercado, debidos a la anarquía de la economía capitalista internacional. Reclamar un control restrictivo de las importaciones de productos siderúrgicos, en un intento de superar las consecuencias de dicha anarquía, es hacer un frente único con la patronal, con miras a ayudar a resolver sus problemas a expensas de los trabajadores, en este caso de los trabajado-
Pero el interés de los obreros de la siderurgia, revelado claramente por la huelga, fue el de una solidaridad internacional de los trabajadores (1).
La nueva dirección combativa que está
DIUP
SHER emergiendo de la experiencia de esta huelga, debe centrar su estrategia en el mantenimiento de los puestos de trabajo.
Los trabajadores de la siderurgia apenas tenían voz y voto cuando se tomaron decisiones anárquicas y descoordinadas en materia de inversión. Estas decisiones fueron adoptadas por los capitalistas, a escala nacional e internacional. No son los trabajadores los que tengan que pagar ahora los platos rotos. Hay que quebrantar los límites impuestos por los tories a los subsidios otorgados a las empresas nacionalizadas. Hay que asegurar todos los subsidios necesarios para que se mantengan los puestos de trabajo. El punto de partida debe ser la garantía de las 40 horas de salario pagadas por semana, lo que no obsta para que se reparta el número de horas efectivamente trabajadas entre toda la mano de obra actualmente inscrita, sin reducción del salario semanal.
Los comités de shop-stewards (delegados) creados en Yorkshire del sur, deben extenderse a todo el país. Hay que crear un comité nacional de coordinación de estos comités, que aplique una estrategia de lucha de clases. Al mismo tiempo, hay que proseguir la lucha en el seno del sindicato ISTC. El comité de enlace por la reforma de la ISTC, que ya existía antes de la huelga, puede operar ahora a un nivel más elevado, integrando una orientación sindical de lucha de clases con el combate por el control democrático del sindicato por los (1) A este respecto hay que denunciar la ausencia o la insuficiencia escandalosa de una campaña sistemática por que los marineros, los estibadores, los ferroviarios y los camioneros de Alemania occidental, de Holanda, de Bélgica y Francia, se nieguen a transportar a Gran Bretaña el acero fabricado en el continente o en otras partes, importaciones que ayudarán objetivamente a la burguesía británica a minar la huelga de los siderúrgicos. Pero una dirección reformista, orientada totalmente hacia la salvaguardia de la industria "nacional", no está por supuesto en buena posición para reclamar u organizar la solidaridad internacional. Son los trabajadores británicos los que han pagado los gastos de esta política llamada de "compre inglés". Esto es un aviso a los partidarios del "compre francés" en Francia y de similares políticas en otros paises...