Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

El Salvador: Declaración del S.U. de la Cuarta Internacional

· Inprecor n.º 15, mayo de 1980 · pp. 7-9 · 2.388 palabras

Defendamos la revolución salvadoreña contra la intervención imperialista

Declaración del Secretariado de la IV* Internacional.

y la represión sanguinaria

1 impetuoso ascenso de las luchas de las masas salvadoreñas, que había obligado al imperialismo y a la oligarquía a desprenderse del general Romero el 15 de octubre de 1979, no ha dejado de desarrollarse desde entonces en este pais. Alcanzó un primer punto culminante en la gigantesca manifestación de masas del 22 de enero de 1980, que, convocada por la Coordinadora Revolucionaria de Masas, reunió a un cuarto de millón de personas en la capital. Pese a una represión que va en aumento, hubo a continuación dos huelgas generales, la del 17 de marzo de 1980 (con ocupación de empresas) y la que se produjo en respuesta al asesinato del arzobispo Oscar Romero. En los funerales de este, centenares de miles de personas se manifestaron de nuevo en las calles de la capital. Al mismo tiempo proliferan las ocupaciones de tierras por los jornaleros, obreros agricolas sin tierra. A su vez, las clases poseedoras y el imperialismo multiplican los actos de terror y de intimidación contra las masas en movimiento.

De este modo, todo revela una situación extremadamente explosiva, que evoluciona rápidamente hacia una prueba de fuerzas.

Aleccionados por el precedente de la victoria del FSLN en Nicaragua, y por la destrucción total del régimen y del aparato represivo de Somoza, el imperialismo y la oligarquía concentran todos sus esfuerrepita la revolución nicaraguense en El Salvador. Para ello, habían instalado primero una Junta "democrática" que prometió "reformas", con miras a desarmar el potencial revolucionarios y anticapitalista del empuje de las masas. Se estorzaron en asegurarse el apoyo de algunos sectores de la oposición burguesa y pequeño burguesa.

De hecho, una parte de la democracia cristiana continúa apoyando a la Junta, pese a las masacres de que esta es responsable (más de 1.000 muertos en menos de 6 meses). El PC y su organización de cobertura, la UDN, así como el partido liberal burgués MNR (formalmente miembro de la II" Internacional), participaron también, al principio, en el gobierno.

Grosso modo esta maniobra "aperturista" ha fracasado. Ante la exacerbación de las contradicciones sociales y el peso creciente de las organizaciones revolucionarias, las luchas y movilizaciones de masa no se han atenuado a la espera de las "reformas". Al contrario, se han extendido aún más. La Junta ha respondido intensificando la represión, quitando todo margen a las ilusiones reformistas. Así, la reforma agraria decidida por la Junta vino acompañada de la proclamación del estado de sitio. Su objetivo efectivo no es sino la ocupación por el ejército de las grandes propiedades agrarias y la represión sanguinaria de los jornaleros y de los campesinos pobres. De hecho, empezamos a asistir a una verdadera operación de limpieza del campo salvadoreño.

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Fueron precisamente estas infames matanzas las que llevaron a monseñor Romero a llamar a los soldados a no obedecer más a las órdenes de matar que les dan los oficiales. Este llamamiento fue calificado de "crimen" por el coronel Marco Aurelio González, portavoz del ejército. Selló el destino del arzobispo de San Salvador. El 24 de marzo de 1980 fue abatido por un pistolero a sueldo de la extrema derecha.

De este modo se desvela claramente la nueva etapa en que ha entrado la lucha de clases en El Salvador, tras el fracaso de las maniobras de "apertura liberal". El imperialismo, la oligarquía y la extrema derecha salvadoreñas preparan el aplastamiento fisico de las organizaciones revolucionarias y de los sectores de masas que las apoyan. La reacción salvadoreña dispone para ello no sólo de un ejército bien entrenado, que el imperialismo está reforzando continuamente, sino también de milicias de extrema derecha, como la ORDEN, que cuenta con millares de personas y que se apoya en los sectores atrasados del campesinado, y que han sido creadas y entranadas por cuadros dirigentes del ejército y de la policia y están estrechamente vinculadas a estos.

Las fuerzas contrarrevolucionarias son por tanto más numerosas y más fuertes que en Nicaragua. Son la expansión política de la oligarquía salvadoreña, independientemente de las divergencias tácticas que la separan a unas de otras; por lo demás, esta oligarquía no es novata en materia de represión sanguinaria. Ya en 1932 había aplastado la insurrección desencadenada por el joven Partido Comunista, asesinado a 30.000 campesinos pobres y jornaleros agrícolas con el fin de "pacificar el país". Las famosas 14 familias que poseen el 60% de las tierras y que tienen en su poder una buena parte de la industria, de las finanzas, y del comercio al por mayor, aliándose así con amplias capas de la burguesía, no están dispuestas a ceder sus riquezas y su poder al pueblo sin una lucha a muerte. Los crímenes y las masacres que están dispuestas a perpetrar no tienen límites.

Junto a la oligarquía, el imperialismo, y en primer lugar el imperialismo norteamericano, se compromete a fondo en la lucha contra la revolución salvadoreña en ascenso. No sólo continúa suministrando su ayuda económica corriente a la Junta, su hijo legítimo, con vistas a compensar los efectos de la evasión masiva de capitales que se desarrolla desde hace meses, sino que intensifica también sus suministros de armas al ejército, aduciendo hipócritamente que Cuba ayuda a las guerrillas de extrema izquierda. Moviliza a la burguesía centroamericana y a la del "Bloque Andino", para evitar

"no intervención" o de rechazo del apoyo a la Junta. Esta presión ya ha tenido un éxito notable en el caso de Costa Rica y de Venezuela, cuyas burguesías manifiestan una hostilidad muy clara hacia las organizaciones revolucionarias salvadoreñas, mientras que anteriormente se habian estorzado en ayudar en cierta medida al FSLN contra Somoza, tratando además de este modo, de mantenerlo en el marco del régimen capitalista, gracias a una solución de recambio a la dictadura que no pusiera en entredicho este

En las próximas semanas no podemos excluir formas aún más directas de intervención contrarrevolucionaria del imperialismo. Ya ha llegado una fuerte misión militar norteamericana a El Salvador, compuesta de numerosos "consejeros". Hay que recordar que la intervención masiva del imperialismo norteamericano contra la revolución vietnamita también empezó a comienzos de los años 60 con el envío de numerosos "consejeros militares" norteamericanos al servicio de la dictadura de Diem en Saigón.

En la frontera de Guatemala está dispuesto a intervenir un ejército de 10.000 contrarrevolucionarios cubanos y exguardias nacionales nicaraguenses. Frente a estas numerosas amenazas y provocaciones que pesan sobre ellas, las masas trabajadoras salvadoreñas y las cuatro organizaciones revolucionarias que han creado hasta ahora, el FAPU, las LP 28, el BRP y el MLP, se topan con dificultades mayores a las que tuvieron que hacer frente las fuerzas del FSLN en Nicaragua. Pero disponen también de bazas más importantes.

Entre las dificultades mayores hay que mencionar: el carácter más estructurado y mejor armado de la clase dominante y de su base en la pequeña burguesía. La configuración topográfica (una planicie grande), que es menos favorable para la lucha de guerrillas masiva que la geografía de Nicaragua; la imposibilidad de constituir una base armada junto a la frontera inmediata del país. La mayor división entre las propias organizaciones revolucionarias, las tradiciones sectarias en las relaciones mutuas que tienen algunas de ellas; la ausencia, hasta hoy, de auténticos órganos unitarios en la base, en los barrios y en las aldeas.

Entre las bazas que favorecen el desarrollo de la revolución salvadoreña hay que mencionar el efecto positivo que tuvo para la combatividad de las masas en toda América Central la caída de la dictadura de Somoza y los avances de la revolución nicaraguense; el mayor peso del proletariado salvadoreño, en comparación con el de Nicaragua, y su mayor experiencia y tradición de lucha; el carácter semiproletario de una fuerte proporción de la población rural (el 80% de la población rural tiene como principal fuente de ingresos el salario, aunque sólo sea temporero), acostumbrado a formas de organización sindicales o semisindicales; la tradición de lucha de clases, más pronunciada en El Salvador que en Nicaragua, donde el enfrentamiento directo entre la burguesía "oligárquica" y "nacional", por un lado, y las masas desheredadas por otro, ha impregnado desde hace tiempo la ideología y la práctica de las organizaciones revolucionarias (en parte también como consecuencia del mayor peso de un PC derechista sumergido hasta el cuello, aún hasta hace poco, en una práctica de colaboración de clases).

En la etapa actual, la tarea principal de las masas salvadoreñas y de sus organizaciones revolucionarias consiste en hacer frente a la represión sanguinaria de la Junta, de las organizaciones de extrema derecha, de los representantes directos del imperialismo y de sus mercenarios. Para ello, es necesaria la unidad de acción más amplia entre organizaciones obreras y campesinas, no sólo en la cúspide -donde se ha formado la Coordinadora Revolucionaria de Masas, el 11 de enero de 1980-, sino también en la base. La unificación de las organizaciones de masas y de los sindicatos es el medio más apropiado para superar el estadio en que cada una de las organizaciones revolucionarias creaba su propio "frente de masas", excluyendo a militantes o simpatizantes de otras organizaciones, o a independientes. Esta unificación también es indispensable para desarrollar organismos masivos de autodefensa, apoyados por todas las masas urbanas y rurales, como ocurrió en Nicaragua con el desarrollo:de los comités unitarios de defensa civil.

Las tareas de autodefensa, de protección frente a la represión y a la contrarrevolución, están además estrechamente vinculadas a las tareas vitales inmediatas de la propia revolución salvadoreña, que sólo podrán realizarse mediante la insurrección popular generalizada. Estas tareas están resumidas en grandes trazos en la "Plataforma programática del Gobierno Democrático Revolucionario", publicada el 15 de febrero de 1980 por la Coordinadora Revolucionaria de Masas.

completa destrucción de la maquinaria político militar de la dictadura existente desde hace medio siglo, es decir, el aparato estatal burgués; la liquidación definitiva de la dependencia económica, política y militar del imperialismo; la garantía de las libertades democráticas; una revolución agraria radical; la transferencia al pueblo, mediante la nacionalización y la creación de empresas colectivas y cooperativas, de los medios de producción y distribución fundamentales, en especial las compañías de producción y distribución de electricidad, las refinerias de petróleo, las grandes empresas industriales, el comercio exterior, la distribución, el transporte y las finanzas (Bancos y Compañías de Seguros).

Este programa, más radical que el del FSLN en la fase final de la lucha contra Somoza, abre claramente la perspectiva de una revolución que pasa sin solución de continuidad de las tareas antiimperialistas y antioligárquicas a las tareas anticapitalistas de la revolución. Un gobierno que aplique todas estas medidas no podría estar ya al servicio de los capitalistas y de la casta militar, sino que sería un gobierno que defendería los intereses de los obreros, de los campesinos y de las demás capas explotadas. Los marxistas revolucionarios luchan consecuentemente y sin componendas por esta perpectiva, la

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de un gobierno obrero y campesino sin generales ni patronos: Su realización reclama la movilización y la organización de masas, así como su armamento general. Este proceso desembocaría en una amplia red de comités populares democráticamente elegidos en las ciudades y en el campo, que asestaría el golpe final al poder económico y politico de la burguesía, que como clase comparte, medio siglo, de todos los crímenes cometidos contra ellas. si fracasa la política de represión. La ampliación de las fuerzas que se preparan para crear un gobierno de recambio al de la Junta puede ser la ocasión para semejante maniobra.

Cualquier bloque político con la burguesía que trabe la movilización y la autoorganización unitaria de las masas con miras a llevar a la práctica las tareas centrales mencionadas más arriba constituiría en este sentido un freno, y no un motor de la revolución salvadoreña. Facilitaría objetivamente los esfuerzos de las clases poseedoras por sustituir el aparato estatal de la dictadura que quieren destruir las organizaciones revolucionarias y las masas, por un aparato estatal burgués con una forma distinta.

El primero de abril de 1980, la Coordinadora Revolucionaria de Masas lanzó un llamamiento a la solidaridad Internacional con las luchas en El Salvador. La IVª Internacional llama al movimiento obrero y al movimiento antiimperialista en América Central, en el Caribe y en toda América, en los Estados Unidos, en Europa y en todos los demás países, a organizar una vasta campaña de información sobre la represión sanguinaria, los riesgos de su extensión cualitativa y de intervención imperialista directa que pesan sobre la revolución salvadoreña, y a organizar en su apoyo un amplio movimiento de solidaridad internacional.

El imperialismo desea crear a cualquier precio un cordón sanitario

Documento "...La división entre las propias organizaciones revolucionarias, las tradiciones sectarias en las relaciones mutuas que tienen algunas de ellas; la ausencia hasta hoy de auténticos órganos unitarios en la base, en los barrios y en las aldeas, son algunas de las dificultades mayores..." en torno a la revolución nicaraguense, para impedir que se extienda a toda la región. Si logra sus riesgos ahogar esta revolución, o incluso los de una nueva agresión contra la revolución

Pero si fracasa la contrarrevolución salvadoreña, si la revolución de algunos pasos decisivos, se desarticulará todo el triángulo contrarevolucionario -El Salvador, Honduras, Guatemala-, lo que sería un gigantesco paso adelante para el conjunto de la revolución latinoamericana, al tener un efecto acumulativo junto con la revolución nicaraguense.

Todos los revolucionarios, todos los militantes obreros y antiimperialistas, deben ser plenamente conscientes de la importancia de la prueba de fuerzas que se prepara en este pequeño país de América

Por esto, es nuestro deber movilizar todas nuestras fuerzas, desplegar todos los esfuerzos para detener el brazo criminal del imperialismo y de la oligarquía en América Cèntral. FUERA LAS MANOS DE LA REVOLUCION SALVADOREÑA DETENCION INMEDIATA DE TODOS LOS SUMINISTROS DE ARMAS Y DE TODO ENVIO DE "CONSEJEROS" Y MERCENARIOS IMPERIALISTAS A EL SALVADOR NINGUN CENTIMO PARA LA JUNTA, PARA LOS ASESINOS DEL EJERCITO Y DE ORDEN DERROGACION INMEDIATA DEL ESTADO DE SITIO Y RESTABLECIMIENTO DE TODAS LAS LIBERTADES DEMOCRATICAS SIN RESTRICCION ALGUNA DEFENDAMOS A TODOS LOS QUE LUCHAN CONTRA EL IMPERIALISMO Y LA OLIGARQUIA Y A TODAS LAS VICTIMAS DE LA REPRESION SOLIDARIDAD CON LAS CUATRO ORGANIZACIONES REVOLUCIONARIAS DE LAS MASAS SALVADOREÑAS: BPR, LP 28, FAPU Y MLP TODO EL PODER A LA COORDINADORA REVOLUCIONARIA DE MASAS •