Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Mujer: El derecho al trabajo, una lucha internacional

· Inprecor n.º 13, marzo de 1980 · pp. 27-31 · 3.372 palabras

una lucha internacional

Las discriminaciones de la mujer en el terreno laboral suscitan la respuesta de las trabajadoras

El derecho al trabajo

Jacqueline Heine

VEREMOS trabajo", gritaban las mujeres italianas que el 8 de marzo de 1979 salieron, por decenas de millares, a la calle. la mujer en lucha, no toquéis su puesto de trabajo", trabajadoras romanas. Y, haciéndose eco de esto, las obreras milanesas exclamaban: "¡Todas a la Pirelli! Cuando el trabajo era agotador también empleaban a mujeres. Ahora que algunos trabajos muy duros los hacen las máquinas, ya no quieren saber nada de ellas. "

Las discriminaciones de toda clase que sufren las mujeres en el terreno laboral suscitan reacciones cada vez maś fuertes entre las trabajadoras y sus organizaciones. Como señalaba el artículo sobre "La Europa de las mujeres trabajadoras", publicado en el n° 10 de Cahiers du Féminisme, las probabilidades que tiene una mujer de encontrar un empleo bien remunerado y a ser posible interesante, son más que escasas. A pesar de las estadisticas que reflejan un aumento muy fuerte del número de mujeres activas durante el decenio pasado (tanto en cifras absolutas como en porciento sobre el conjunto de la mano de obra), las trabajadoras están muy lejos de ocupar un lugar idéntico al de los hombres en el mercado del

En la mayoría de países industrializados o semiindustrializados, la cura de la proporción de mujeres asalariadas sigue ascendiendo, ya sea en relación con la expansión del sector terciario, ya con las proliferación de empresas "típicamente femeninas" en sectores como el de la electrónica. En algunos como en Alemania, Suiza, Francia, Gran Bretaña, Canadá, etc., este crecimiento debe ponerse en relación directa también, con la política de la burguesía hacia la mano de obra inmigrante: las medidas de control que de una manera general tienden a imponer una limitación estricta de la entrada de inmigrantes en dichos países, comportan un aumento de las necesidades de mano de obra en puestos de trabajo no cualificados y mal pagados, que parcialmente son ocupados por mujeres.

Existe evidentemente una contradicción flagrante entre la propaganda de la burguesía a favor del retorno de la mujer al hogar —que se ha expresado en campañas viciosas sobre el "papel de la madre" con motivo del Año Internacional del Niño- y las necesidades inmediatas de la patronal. Asi, en

Japón, donde las relaciones económicas y sociales hacen que la mujer depende aún enormemente del hombre y de la familia, el ministro de Trabajo ha propuesto, en nombre de la igualdad entre hombres y mujeres, la abolición de las leyes de protección que prohiben el trabajo nocturno para las mujeres, su empleo en puestos peligrosos para su salud, o que establecen un descanso mensual para las reglas. A lo que un centenar de feministas conocidas y dirigentes sindicales han respondido en un llamamiento, diciendo que más bien se trata de luchar por la reducción de la jornada y la mejora de las condiciones de trabajo para todos los asalariados, en un país en que la semana laboral legal sigue siendo de 48 horas, en que el patrón puede imponer las horas extraordinarias sin otra limitación que el consentimiento de los trabajadores de la empresa, y en que es sumamente difícil que estos obtengan los días de descanso pagados a que tienen derecho. En semejante contexto, la "igualdad" no puede significar otra cosa que la sobreexplotación, máxime cuando la mayoría de trabajadoras japonesas ocupan puestos temporales o trabajan a tiempo parcial, sin ninguna garantía del puesto de trabajo.

y sus organizaciones.

Mujer El trabajo a tiempo parcial: una tendencia general.

El aumento del número de pl.estos de trabajo a tiempo parcial, es por cierto, un fenómeno generalizado qui adquiere proporciones sin preceder es en los países en que el porcentaje de ma o l: obra femenina es más alto. En Suect : . nde en 1977 el 66% de las madres con t : jo de menos de 7 años y el 70% de las pujeres en su conjunto eran asalariadas ¡rente al 38 y 54%, respectivamente, quince años antes), se ha observado que en determinadas ramas del sector público, que emplean sobre todo a mujeres, los puestos de trabajo de media jornada han pasado del 31 al 53% en diez años, alcanzando incluso el 77% entre las empleadas de los servicios municipales.

La introducción de la media jornada o de cualquier otra forma de distribución del tiempo de trabajo, so pretexto de "liberar a la mujer para su deberes de madre", está destinada sobre todo a aligerar las cargas salariales de los patronos. Son otras tantas medidas que se oponen a la estabilización del empleo de las mujeres y a sus posibilidades de acceder a puestos de trabajo cualificados.

La política de la burguesía de los países capitalistas desarrollados es sin duda menos brutal, en apariencia, que la de la clase dominante en determinados países subdesarrollados, donde las mujeres pueden ser despedidas cuando se casan (como en la India). Pero en todos los casos los objetivos son los mismos: mantener una reserva de mano de obra no cualificada, a merced del patrón, sin ninguna clase de garantia en el empleo.

RABAD, MUJERES COLO

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La mayoría de trabajadoras en los ramos en que los salarios son tradicionalmente más bajos.

Mujer

Es con estos datos en la mente que hay que apreciar las cifras avanzadas por los economistas burgueses de todas las nacionalidades, que prevén un aumento de la tasa de empleo de las mujeres en los próximos años (+ 1,8% en Francia para 1980, según Expansion), pese a que todas las estadísticas revelan un incremento del paro femenino mucho más fuerte que el del masculino. En los EE.UU., donde se prevé que en 1980 trabajarán el 66% de las madres (frente a un poco más del 50% actualmente), estos señores no se molestan en señalar que esto implicará una disminución de los salarios de los sectores tradicionalmente femeninos (secretarias, enfermeras, etc.), a menos que aumente paralelamente el número de puestos de trabajo, cosa que no parece formar parte de sus previsiones... ¿"A trabajo igual..."?

En esta situación, las feministas de diversos países se preguntan cuál es el sentido real de una reivindicación como "A trabajo igual, salario igual". ponga en duda el principio elemental a que hace referencia esta consigna. Pero cada día está más claro que es insuficiente y que no saca a la luz las raíces de la sobreexpiotación y de la opresión de las mujeres.

virtud de la división del trabajo, de las tareas y funciones que subyacen a las relaciones sociales y que determinan el lugar de las mujeres en la sociedad. Según si se realiza un aprendizaje o no, no se tienen las mismas posibilidades de encontrar un trabajo cualificado. Según si se sigue un cursillo para ser electricista o mecanógrafa, no se tienen las mismas oportunidades. ciones" que vienen determinadas tanto por las relaciones económicas y sociales como por la ideología dominante y el tipo de educación dispensado en la escuela y en la familia desde la más tierna infancia.

¿Cómo explicar sinó que en Alemania, donde más de un tercio de los aprendices en formación profesional son chicas (cifra sensiblemente idéntica a su porcentaje en la población activa), ellas sólo optan por hacer un aprendizaje en el 17% de los sectores que se les ofrecen? Esto "explica" además por qué las mujeres constituyen el porcentaje más elevado de obreros "especializados" (que no tienen más especialidad que el nombre), sin más formación que la que adquieren en la misma cadena, para hacer una o dos operaciones limitadas. Esto también que, en el actual contexto de crisis económica, y en un pais como donde las conquistas de los trabajadores en el plano social y en el de la formación profesional están lejos de ser insignificantes, los formación para determinados puestos de cualificados, excluyen explícitamente a las mujeres —que antes eran admitidas— sin suscitar la mínima protesta por parte de las trabajadoras ni de sus organizaciones.

¿Qué significa, entonces, igual, salario igual"?. ¿Cómo aplicarlo a la mayoría de mujeres que, como es sabido, trabajan en los ramos en que los salarios son tradicionalmente los más bajos y que, además, están en crisis? ¿Qué significa esta reivindicación para la obrera francesa del textil, que sabe perfectamente que en quince años se han suprimido, en su sector, la mitad de los puestos de trabajo (600.000 en 1979, 1.140.000 en 1964), y que los responsables del Ministerio de Trabajo no descartan la desaparición de este ramo si las importaciones siguen aumentando? En Suecia, en Bélgica y bastantes mas países, las cifras cantan: el número de mujeres activas en la industria ha disminuído, mientras que ha aumentado en el sector terciario (servicios). Lo que implica una reducción de la media de los salarios femeninos.

salarial no ha desaparecido, ni siquiera en aquellos sitios en que las mujeres realizan un trabajo idéntico al de los hombres. Como botón de muestra, la lucha que tuvieron que lidiar las trabajadoras alemanas de la empresa Foto Heinze, de Gelsenkirchen, para que se aplicara el principio del "salario

• So pretexto de que los hombres son físicamente fuertes (mientras que se trataba de un taller para revelar películas...) y que la mano de obra masculina es más "flexi-

_(léase que se les podía exigir que trabajen por la noche), el patrón pagaba 2.

más la hora a los trabajadores masculinos. 29 mujeres de este taller interpusieron una querella colectiva y la ganaron el pasado mes de julio. Con efecto retroactivo hasta octubre de 1978: el patrón pasó a deberles más de 20.000 marcos.

Así, si bien la reivindicación "a trabajo igual, salario igual" conserva toda su actua-

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lidad, sólo puede conservar toda su fuerza si se articula con una serie de otras reivindicaciones que planteen claramente los objetivos de la lucha por el derecho a un puesto de trabajo, a la cualificación y a unas condiciones de trabajo iguales a las de los hombres, sin discriminación de ningún Quebrar las resistencias

Como demuestra el ejemplo de la batalla que libran actualmente las trabajadoras canadienses, uno de los primeros cerrojos que hay que hacer saltar es la negativa de numerosos empresarios a contratar mujeres en los sectores no tradicionalmente "femeninos". Pero mientras que no se contrate a mujeres en la siderurgia, la aviación, los astilleros, la madera, etc., será sumamente difícil, sinó imposible, que las mujeres puedan hacer valer sus derechos (o en todo caso de modo excepcional y a título individual).

Hay que hacer tabla rasa de las ideas preconcebidas sobre la debilidad de las mujeres y su incapacidad para hacer determinados trabajos. Uno de los argumentos avanzados por la Stelco en Canadá para negarse a emplear a mujeres en Edmonton, era que las mujeres en cuestión no eran suficientemente fuertes —más exactamente: ¡que su peso no era suficiente!— mientras que saltaba a la vista que algunos hombres de la empresa no pesaban más que ellas y habían contratados con una cualificación menor que la de ellas. Este género de pretextos, que casi nunca son cuestionados por los trabajadores cuando no se plantean en casos muy concretos, se utiliza generalmente, por parte de los patronos, para intentar desanimar a las mujeres durante su periodo de prueba, cuando han aceptado, por casualidad, emplearlas en puestos de trabajo supuestamente "masculinos",

Así, para tratar de eliminar a una de las mujeres que quería entrar en los ferrocarriles canadienses, se le obligó a levantar con una sola mano un peso dos veces más pesado que el que habitualmente se exige que levanten los hombres con ambas manos. La dirección intentó después desanimarla asignándole las tareas más duras y peligrosas, y amenazándola con el despido si no firmaba un papel diciendo que aceptaba trabajar como mujer de limpieza durante toda la vida... La mayoría de mujeres que han logrado entrar en sectores no tradicionales pueden dar fe de este tipo de intimidaciones. En los Estados Unidos...

En las minas de los EE.UU. se ha llegado hasta las amenazas y las agresiones físicas. Las mujeres de la Jim Walter Resources, de Brocklwood, empezaron encontrando pinchadas las ruedas de sus coches cuando

Comun de Na salían de la mina; después encontraron el coche incendiado por una bomba. Por lo demás, la dirección las obligaba a trabajar en algunos de los sitios más peligrosos en el fondo de la mina, y fueron víctimas de un accidente que se parecía mucho a un atentado. Sin embargo, en todos estos casos, estas mujeres afirman que cuentan con la solidaridad de sus compañeros de trabajo desde que decidieron luchar abiertamente contra estos intentos de eliminarlas por la

En el caso de Brockwood, particularmente, la respuesta de los sindicatos fue inme-

Mujer

8 DE MARZO

DIA DE LA MUJER

TRABAJADORA

El 8 de maro i: 790s

CC.OO.

diata. Aunque las dos mujeres en cuestión, militantes del Socialist Workers Party, han decidido no ir al trabajo a la vista de que sus vidas estaban realmente en peligro, lo que podía parecer una derrota se ha transformado en una batalla de alcance nacional, revelando así el impacto positivo de la lucha de estas mujeres entre los trabajadores de numerosas empresas mineras, de la siderurautomóvil, que han afirmado gia y del explícitamente su solidaridad con el combate que habían emprendido contra la política sexista de los patronos.

Frente a ello, es evidente que la cuestión

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de la formación profesional de las mujeres en los oficios tradicionalmente masculinos es un factor clave para facilitar la batalla que les permitirá hacer valer sus derechos. Este tipo de lucha puede emprenderse desde ahora, para que esta formación sea dispensada en el propio lugar de trabajo, reservando el tiempo necesario para ello. Pero esto exige que las trabajadoras estén dispuestas a librar una batalla colectiva en la empresa. Lo que plantea todo el problema de los cupos de contratación o de las medidas preferenciales, con el fin de conseguir una contratación colectiva de mujeres en estos sectores.

Tras un largo debate en el movimiento obrero, las obreras de Turín han conseguido que las listas de contratación confeccionadas por los sindicatos no se elaboren únicamente según criterios de antiguedad, sino teniendo en cuenta las discriminaciones específicas de que son objeto las mujeres. En el caso de la FIAT, esto se ha trael hecho de que en el último periodo la mayoría de personas contratadas han sido mujeres. Por lo demás, han hecho escuela en todo el país, hasta tal punto que las campesinas de una pequeña aldea de Calabria, que sistemáticamente se veían relegadas a los trabajo agrícolas simples, mientras que a los hombres se les asignaban los trabajos más cualificados en los bosques, han reclamado también que se adopten criterios distintos a los que rigen ahora.

innumerables procesos iniciados por mujeres a las que se había negado el ingreso en empresas siderúrgicas o en minas, han dado lugar a una movilización tan fuerte de la opinión que se han promulgado leyes que obligan a las direcciones de las compañías a contratar un cupo fijo de mujeres —el 10% en el caso de las minas, el 20% en la siderurgia, etc. Aunque esto no quiere decir aún que estas leyes cuando las direcciones se ven forzadas a contratar a mujeres por miedo a un proceso, tratan de aprovechar la primera ocasión para despedirlas (y la ley no dice nada a este respecto). De ahí otro problema: el de los criterios de despido establecidos en todos los paises donde prevalece el "seniority system" o cualquier otro sistema basado en la antiguedad.

Tanto en los EE.UU. como en Suecia, las mujeres y una parte del movimiento obrero exigen ahora que se adopten criterios compensadores, teniendo en cuenta el hecho de que la mayoría de mujeres han tenido que interrumpir el trabajo para ocuparse de los niños (sin hablar de las que nunca han trabajado), y que su antiguedad es forzoце

Contra las agresiones sexistas

Por supuesto que ello no resuelva el problema de las agresiones sexuales y las humillaciones de que son víctima constantemente las mujeres, particularmente en los sectores de mayoría masculina. Sin llegar tan lejos como la situación denunciada en el congreso de las trabajadoras brasileñas de la metalurgia, que se celebró el otoño pasado en Sau Paulo, donde las mujeres contaban cómo los encargados las obligaban a demostrar cada mes que tenían la regla con el fin de cerciorarse de que no estaban embarazadas, sabemos hasta qué punto utilizan los patronos las situaciones humillantes que crean, deliberadamente (ausencia de vestuarios, de lavabos propios para las obreras), para tenerlas bien agarradas y crear un clima de miedo.

Pero la lucha de las trabajadoras contra las agresiones sexistas verbales o físicas aparece cada vez maś como una palanca para combatir no sólo la política antifeminista, sino también, más generalmente, la política antiobrera de la patronal. Ante la negativa de su compañía a instalar duchas y vestuarios en los edificios en que trabajan las obreras de la U.S. Stell de Chicago (se les ha propuesto utilizar las instalaciones que se encuentran al otro extremo de la factoría, lo que implicaría una hora suplemen-

Inho

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SOLIDARIDAD CON LA LICHA

La batalla por el derecho al puesto de trabajo no se limita a los sectores "no tradicionales" taria de trabajo), estas trabajadoras organizaron un piquete delante de los locales de la dirección, con el apoyo directo de los sindicatos, que organizaron un mitin para denunciar estas discriminaciones.

En cuanto a los 1.400 trabajadores de la madera de Shelton, en el Estado de Washington, se declararon en huelga para exigir la readmisión de una obrera despedida después de haber iniciado un proceso contra la compañía a causa del carácter sexista del interrogatorio a que tuvo que someterse para ser contratada.

Este género de luchas no sólo tiende a plantear el conjunto de problemas ligados a la opresión específica de las trabajadoras, sino que permite además dar un paso adelante muy concreto en la batalla contra la política de división impulsada por la clase

La batalla de las mujeres por el derecho al puesto de trabajo no se limita evidentemente a las luchas que protagonizan las trabajadoras en los sectores no tradicionales. Esta batalla es también, al mismo nivel, la lucha de las obreras del textil contra los despidos y por un salario decente. Es la lucha de las mujeres de todos los sectores contra la introducción de la media jornada y de cualquier otra forma de distribución del tiempo de trabajo para las mujeres, concebida como una forma de relegarlas a una categoría aparte y de encerrarlas en su función tradicional de madres y

En este sentido, las trabajadoras de la Mondadori, en Italia, que estuvieron a la -cabeza de la lucha contra la jornada parcial en este país, tienen razón cuando subrayan en los documentos que han escrito, que esta batalla plantea todos los aspectos de la opresión específica de las mujeres, la lucha global que hay que impulsar contra la división del trabajo y de las tareas, por la formación profesional de las mujeres, por

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Mujer la creación de equipamientos colectivos que les permitan liberarse de las tareas domésticas y no tener que asegurar sólo ellas la educación de los niños.

Pero ello no quita que la lucha emprendida por trabajadoras de América del Norte у Europa septentrional para entrar en los sectores clave de la industria, pone de relieve una serie de problemas a los que el movimiento de mujeres debe prestar atención. Confirma que la batalla por el derecho al puesto de trabajo no puede ser victoriosa si no se inscribe en una batalla general contra la división del trabajo, por la disminución radical del tiempo de trabajo y por el reparto del trabajo entre todas y todos. Porque para que las mujeres puedan ocupar el lugar que les corresponde, primeramente hay que crear las condiciones de unidad de los trabajadores.

Pero revela también que las organizaciones feministas y sindicales no pueden contentarse con avanzar la reivindicación "a trabajo igual, salario igual" , y que desde ya hay que aplicarse a la elaboración de un programa reivindicativo que tenga en cuenta las experiencias concretas realizadas por las trabajadoras de numerosos países, que han decidido no dejarse relegar más a las "'eternas tareas femeninas'.

TODAS LRS MUJERES

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